Capítulo 10 parte 3
Varios días después de lo relatado anteriormente…
En la pequeña aldea situada cerca del árbol que divide el tiempo, era una mañana hermosa y se suscitaría un acontecimiento particular en la vida de nuestros amigos de la época Sengoku. Ese día temprano, a la hora del desayuno, una joven de buena figura y castaña cabellera por poco se cae… al parecer le dio un mareo.
¡Amor mío! — su marido se levantó rápidamente de su lugar, sosteniéndola antes de que cayera —. ¿Qué te sucede? — dijo preocupado.
No sé — contestó ella enderezándose en su abrazo, recuperándose un poco, aunque había perdido algo de color —, sentí que el suelo se movía de repente… Creo que por hoy me quedaré en casa — trató de acomodarse en su "asiento".
Por su puesto — afirmó su esposo y se sentó con ella sin dejar de abrazarla —. Es mejor que no te esfuerces.
El joven hermano de la castaña, Kohaku, y su mascota Kirara la observaron con inquietud. Inuyasha y Shippou, amigos del matrimonio e invitados cortésmente a compartir el almuerzo, también se pusieron serios. La exterminadora se caracterizaba por ser muy saludable y ahora parecía enferma de gravedad.
Hermana… — preguntó Kohaku sin disimular su angustia —, ¿te sientes muy mal?
No te preocupes — contestó Sango dirigiéndole una dulce mirada de sus ojos cafés, mientras seguía abrazada por su amado —, ya se me pasará.
Cariño, por favor — le dijo Miroku con un deje de seriedad, después de mirarla fijamente con ternura —, te quedas a descansar.
Muy bien — respondió ella recuperando un poco el color en sus mejillas ante la mirada azul de su marido —, pero ya es hora que vayan a trabajar — y se soltó delicadamente del abrazo de él —. Hoy tienen un largo camino que recorrer.
¡Keh! — intervino Inuyasha porque, a su parecer, su amigo se estaba preocupando de más por el mareo de su mujer —, Sango tiene razón… vámonos ya.
Salieron de la cabaña, no sin antes tener que soportar un "cursi" sermón del monje para su esposa: "Te cuidas, no te esfuerces, descansa… si quieres me quedó para que no estés sola…".
Cariño en serio — Sango lo empujó delicadamente hacia la puerta en tanto los demás hicieron el característico gesto anime con ojos de puntito—, no me voy a morir. Anden ya, con cuidado.
Y lo besó delicadamente en los labios para hacer que se callara cuando iba a empezar nuevamente con su perorata. Inuyasha y Shippou casi corren para simular que no habían visto nada. Kohaku no pudo huir a tiempo y recibió posteriormente un abrazo de su hermana mientras su cuñado ponía ese típico gesto de idiota perdido que no sabe lo que le ocurrió.
No se preocupen y cumplan con su deber — le dijo cariñosamente mientras lo abrazaba —. Nos vemos en la noche.
Adiós hermana — contestó el muchacho, bastante colorado de las mejillas.
El pecoso exterminador tomó al monje por un brazo y así se fueron. Inuyasha tuvo que arrastrar a Miroku cuando éste reaccionó a los cinco segundos:
¡Mi amor, mejor me quedo contigo…! — iba a empezar otra vez con su insistencia.
¡Keh! ¡Ya vámonos! — espetó el Hanyō jalándolo "delicadamente" por el cuello de la túnica.
Esta vez tomaron rumbo hacia el norte en lo que el kitsune se iba a su escuela.
Mientras tanto… Sango se dedicó a avanzar con la limpieza de su hogar, pero seguía sintiéndose algo mareada.
Menos mal que no fui porque Miroku estaría insoportablemente atento — susurró mientras barría el patio —, no me dejaría respirar.
Sonrió un poco al pensar en las exageradas atenciones de su amante esposo y… tuvo que ir rápidamente al baño porque sintió unas terribles ganas de volver el estómago.
¡Iugh! — dijo para sí misma al terminar, saliendo del sanitario en cuanto se aseó la boca — Tengo una corazonada… — recordó que estaba retrasada unos días en su periodo —, pero lo confirmaré con la anciana Kaede. De todos modos también debo saludarla porque hace unos días que no la he ido a ver.
Se dirigió con paso lento a la cabaña de la vieja sacerdotisa, su cabellera castaña ondeaba al compás de su caminar… aún le parecía que el piso se movía. Encontró a una pequeña niña, de negros cabellos y ojos achocolatados, muy ocupada en limpiar el exterior de la vivienda; la chiquilla levantó la vista en cuanto se percató que Sango estaba allí, apoyándose en donde podía porque sentía que la cabeza le daba vueltas.
¡Señorita Sango! — la saludó Lin alegremente —, ¿cómo está? — preguntó algo dudosa al ver la expresión en el rostro de la joven.
Bien pequeña — le respondió tratando de sonreír aunque le dolía la cabeza —. ¿Está la anciana Kaede?
La ancianita de blancos cabellos se asomó a la puerta al escuchar su nombre.
¡Buen día muchacha! — saludó Kaede un poco sorprendida —. Pensé que te habías ido con los demás.
Buenos días — contestó con respeto la exterminadora, queriendo aparentar que no le pasaba nada —. Precisamente quería preguntarle… — decía pero corrió nuevamente al baño. "¡Estas náuseas!" pensó al llegar a tiempo para… vomitar otra vez.
Lin se quedó con los ojos muy abiertos al ver a Sango ir al baño de esa forma tan precipitada, y escuchar lo que pasaba adentro.
Creo que la señorita Sango no se siente bien — observó agudamente con gesto de incredulidad.
Cierto — dijo la mujer mayor, quien también había visto a la castaña correr hacia el baño —. Mmm… al parecer será una buena noticia.
¿En serio? — preguntó extrañada la pequeña —. ¿Cómo es eso?
Bueno, ahorita platicamos — concluyó Kaede mientras la joven mujer regresaba tambaleándose un poco.
¡Uf! — dijo la exterminadora en cuanto llegó otra vez, mientras Lin la miraba con sus ojos como platos —. En realidad no me siento muy bien.
Pasemos a la cabaña — dijo Kaede —. Debes reposar un poco.
La pequeña ayudó a Sango a entrar tomándola del brazo. Entraron y llevaron a la castaña a recostarse en la "camita" de Lin, mientras la anciana Kaede preparaba un té.
Señorita Sango — le dijo la chiquilla mientras la observaba con preocupación —, ¿por qué su Excelencia se fue si usted no se siente bien?
No te preocupes — le contestó ella sonriéndole —, no es nada de gravedad.
Lin no quedó muy convencida y no le quitaba el ojo de encima mientras la anciana Kaede le ofreció el té y le dijo:
Si mis sospechas son correctas, le darás a su Excelencia la feliz noticia.
Sí — afirmó Sango mientras bebía el té con pequeños sorbos —, me parece que eso es. — y su mirada se dulcificó al momento que continuaba —. Mi esposo estará más que contento… — después cerró un poco los ojos, cambiando un momento el gesto por uno de desesperación —, ¡no habrá quien lo aguanté! — y volvió a mirar a la anciana Kaede —. Sólo quería que usted me confirmará.
¿Pues qué es señorita Sango? — interrumpió Lin —. ¿Por qué su Excelencia se pondrá contento porque usted se sienta mal? No entiendo.
Lin… — dijo la aludida mientras la ancianita sonreía — lo que pasa es que… ¡voy a tener un bebé! — y también sonrió complacida.
¡Oh! ¡Qué bien! — respondió la pequeña cambiando la cara de preocupación por una de alegría, y la abrazó efusivamente —. ¡Felicidades señorita Sango! De verdad que su Excelencia se pondrá muy feliz.
Gracias Lin, eres muy amable — le contestó abrazándola también —. Ahora, te pido que me ayudes un poco más tarde, cuando ya me sienta mejor… — y la tomó de los hombros con ternura — para preparar una cena especial y darle a mi esposo la buena noticia.
¡Sí! — respondió muy contenta —. Y Kohaku también se pondrá feliz… Le diré al Señor Sesshōmaru ahora que venga, le dará mucho gusto enterarse del gran acontecimiento.
Claro — dijo Sango mientras, junto con Kaede, miraron a la pequeña como diciendo "No creo que a Sesshōmaru le importe mucho", pero prefirieron no externarlo para no desilusionarla.
Bueno — dijo la viejecita recuperando la compostura —, descansa un momento aquí Sango. Lin, vamos a recoger las hierbas que necesitamos — y salió junto con la pequeña, quien amablemente se despidió de la castaña con un gesto de la mano.
Sango volvió a recostarse mientras recordaba… "Por lo menos disfrute un buen tiempo sin embarazarme muy pronto, gracias a ti Aome". Volvió a pensar en su esposo… "Bien querido Miroku, ahora no podrás quejarte", y sonrió, cerrando sus bellos ojos para dormir un rato, soñando en la reacción de su marido cuando le diera la noticia que venía esperando desde antes de que se casaran.
Al caer la noche, cuando ya el sol se ocultaba en el horizonte pintando el cielo en tonos rojizos, volvieron los amigos.
Miroku había estado insoportablemente preocupado la mayor parte del tiempo, y alentaba a Kohaku para que se encargara de todo; por supuesto que auxiliado "incondicionalmente" por Inuyasha si acaso algo se salía de control. "Yo confió en ti," le había dicho sonriente al jovencito "tú también confía".
¡Keh! ¡Miroku, ya cálmate! — dijo bruscamente Inuyasha al ver la ansiedad de su amigo mientras se acercaban a la cabaña —. Te aseguro que Sango está bien.
¡Ay Inuyasha! — le contestó con tono de preocupación y gesto de duda —. No sé, se puso muy pálida en la mañana…
¡Keh! No te pongas así — le interrumpió el Hanyō —. Me huele a que no es nada grave.
Kohaku también iba serio, con Kirara a su lado.
Aún así… — siguió diciendo Miroku — si todavía continua indispuesta, mañana no saldré. No quiero dejarla sola.
Yo también me quedo con mi hermana — intervino el muchacho asintiendo con la cabeza.
Vieron a lo lejos a Shippou, fuera de la cabaña. En cuanto el kitsune los divisó parece que gritó algo porque inmediatamente Sango salió corriendo, con la cabellera al aire, mientras Lin se asomaba y decía "¡Hola!" con la mano. Miroku apuro el paso para alcanzar a su amada.
¡Querido! — la castaña se abalanzó sobre él, abrazándolo y besándolo suavemente con ternura —. Los esperábamos — y le dedico una dulce mirada de sus ojos cafés, los cuales habían recuperado el brillo.
¿Cómo te sientes? — le dijo sin soltarse de su abrazo. "¡Qué siempre me reciban así!" pensó muy feliz, guardándose una expresión de bobo pervertido y las ganas de agarrar… lo que más le gustaba de la anatomía de su amada.
Mucho mejor — sonrió ella y saludó a los demás en cuanto estuvieron cerca —. Kohaku… Kirara… Inuyasha, me da gusto que ya estén aquí.
Hermana, veo que ya te sientes mejor — le dijo sonriente el jovencito.
¡Keh! — respondió Inuyasha bruscamente sin dejar de pensar que las mujeres eran… muy especiales —, ya sabía que no tenías nada.
Te equivocas — continuó la castaña esta vez con aire de importancia, aún se veía un poco pálida —. Pero pasen a cenar que tengo algo importante que decirles — terminó de decir al tiempo que volvió a ver a su esposo con mucho amor.
"¡Keh!... De verdad me matan con sus cursilerías" pensó el ojidorado mirando la escena con fastidio.
¿Qué es? — preguntó Miroku curioso sin dejar de abrazarla y mirándola también con amor.
Vamos a cenar, ya les contaré — terminó Sango sin borrar la sonrisa.
Kohaku se había adelantado, llevando a Kirara sobre su hombro. El ver a su hermana mejor le hizo sentirse más tranquilo. Saludó a Lin muy sonriente.
¡Hola Lin!
¡Es una gran noticia! — contestó la pequeña a modo de saludo —. Ya verás — y también le dedicó una linda sonrisa.
Entraron a la cabaña… la anciana Kaede también estaba ahí.
¡Comida! — dijo el peli plateado con emoción y se sentó velozmente para esperar su triple ración —. ¡Qué bien huele!
La exterminadora les sirvió al Hanyō y a los demás la porción que siempre acostumbraba servirles. Al monje le dio un poco más que de costumbre mientras le ofrecía los bocados en la boca. Por supuesto que a él no le desagradaba para nada la buena atención de su mujercita y se dejaba querer.
¿A qué se debe toda la atención? — preguntó mientras saboreaba un buen bocado de arroz.
Come más que se enfría — respondió su amada con una sonrisa y le sirvió el té, acariciándole suavemente la mejilla.
Inuyasha no dejaba de verlos con el enojo reflejado en su mirada ambarina.
¡Keh! De verdad que a veces las mujeres son… convenencieras — masculló entre dientes mientras continuaba tragando.
Lin estaba muy sonriente y la anciana Kaede también se veía feliz. Kohaku y Shippou miraban un poco extrañados el cariñoso comportamiento de Sango hacia Miroku… no es que no lo amara, eso ni duda, pero no le gustaba ser muy demostrativa ante los demás.
¡Keh! — soltó el peli plateado en tono de molestia —. Ya habla de una vez Sango que me desesperas.
La aludida lo fulminó con la mirada… y le lanzó un palillo en pleno rostro, escuchándose un golpe seco en cuanto lo golpeó… ¡PAF!
Momentito… — le dijo aún indignada — terminemos de comer. A ver cariño… abre la boca — y le dio a su amado los últimos bocados de arroz mientras lo miraba con amor.
Inmediatamente después de eso… Kohaku se dedicó a hablar con Lin sobre las aventuras del día y también Shippou le contó a la anciana Kaede sobre su día en la escuela de zorros mágicos. Inuyasha se sobó la frente y pensó con molestia "¡Keh! Esa Sango… en serio que cuando se enoja… por algo es exterminadora. ¿A qué se deberá tanto revuelo por el mañoso de su marido?".
Y bien… — habló Miroku sintiéndose satisfecho cuando ya tomaban el último té del día, servido amablemente por Lin, mientras su esposa continuaba abrazada a él —, ya con el estómago lleno queremos saber la buena noticia — y le dio a Sango un suave apretón por los hombros —. Dime de que se trata amor mío.
¡Seremos padres! — le dijo ella mientras le dedicaba una bella sonrisa.
Todos se quedaron un momento en shock, menos Lin y la anciana Kaede porque ellas ya lo sabían. Hasta que el ojiazul reaccionó y se levantó con su esposa entre sus brazos:
¡Querida mía! — dijo mientras le salían lágrimas de felicidad —. ¡Es una gran noticia!... ¡Soy tan feliz! — y la besó con ternura y pasión.
La castaña esta vez no se hizo mucho del rogar, pues correspondió a la caricia más apasionada de lo usual, como si estuvieran solos. Lin aplaudió con ganas.
¡Felicidades Excelencia! — dijo emocionada la pequeña —. ¡Felicidades Kohaku, serás tío! — y le dedicó a su amigo una gran sonrisa.
Eee… — el pecoso pareció algo achicopalado por el gesto de la niña y la exhibición apasionada de su hermana y su cuñado —, gr… gracias.
El de plateada cabellera contempló la romántica escena con un deje de fastidio en la dorada mirada, "¡Keh!, ya se salió con la suya este manolarga" pensó un poco divertido.
¡Chaparro, ya perdiste! — le dijo burlón al pequeño kitsune.
Pero… a Miroku le ganó la pasión y su mano "maldita" hizo su movimiento acostumbrado (puros pretextos, insisto en que esa mano era maldita aun sin la maldición de Naraku)… ganándose un buen bofetón.
¡Miroku! — le espetó Sango soltándose de su abrazo y mirándolo enojada —, ya te dije que no delante de las visitas.
Todos pusieron ojos de puntito, incluidos Kohaku y Lin.
Lo siento — contestó él sobándose la mejilla —, me ganó la emoción. Pero… ¡Amor mío, que gran noticia! — y volvió a abrazarla mientras le salían nuevamente las lágrimas, aunque esta vez procuro no ir más allá de lo decentemente permitido.
No la haga enojar Excelencia — le dijo Lin sonriendo nuevamente —, cuide a la señorita Sango por su bebé.
Por supuesto — agradeció el monje con una sonrisa, pero sin dejar de llorar y sin soltar a su esposa —. Muchas gracias por tu buen consejo.
Tenemos que irnos hija mía — intervino la anciana Kaede dirigiéndose a la chiquilla —, se hace tarde y los esposos deben descansar. Muy buenas noches a todos.
¡Buenas noches! — se despidió la niña —. ¡Qué descansen! — y salieron de la cabaña.
¡Buenas noches! — contestaron todos mientras ellas se iban.
El ojiazul seguía derramando lágrimas de alegría y abrazando a su amada.
¡Que feliz soy! — dijo por todo lo alto —. Toda mi labor no ha sido en vano.
Cariño, vamos a despedirnos — dijo su esposa sin guardarse una sonrisa, se separó de él delicadamente —. Kohaku, aséate y a dormir — y le dio un beso a su hermano.
Buenas noches hermana — dijo el chico algo apenado —. Y felicidades a los dos por el gran acontecimiento.
¡Qué lindo! Gracias. — le contestó Sango dedicándole a su hermanito una sonrisa —. Buenas noches chicos — y también besó en la mejilla a Shippou, consiguiendo que el zorrito se sonrojara, y a Inuyasha.
¡Keh, Sango no es necesario que hagas esto! — dijo el Hanyō enrojeciendo un poco.
Duerman bien — fue la respuesta de la joven.
Miroku aún continuaba llorando de éxtasis, así que su amada esposa lo tomó suavemente de la mano derecha y le dio un leve tirón para dirigirse a su habitación, al tiempo que le decía:
Camina amor — le sonrió con ternura y picardía —, ahora te daré un masaje para el estrés.
Al oír esas palabras reaccionó y volvió a abrazarla sin dejar de llorar. Kohaku se fue a su habitación.
Muévete chaparro — le dijo Inuyasha a Shippou y lo empujó hacia la puerta —. Buenas noches — y observó a los esposos con una mirada de "malicia".
"Ese Miroku… se pondrá cariñoso otra vez" pensó mientras salía con Shippou de la cabaña.
Oye Inuyasha, ¿crees que Miroku se tranquilice? Ya obtuvo lo que quería — dijo Shippou mientras caminaban hacia el árbol sagrado.
¡Keh! Mientras pueda darle vuelo a la hilacha va a aprovechar, — contestó bruscamente — ya lo conoces. Pero eso de "llorar"…
Es que de verdad se emocionó, — contestó Shippou — después de tres meses era obvio que ya esperaba este día.
¡JAJAJA! — se rió Inuyasha — no contaba con la astucia de Sango ni la ayuda de Aome… Perdiste chaparro, tendrás que respetarme.
¡Fueron tres meses y medio, nadie ganó! — le dijo Shippou con enojo.
¡Sango no se embarazó ayer, tonto! Por lo menos tendrá tres semanas o un mes, así que perdiste.
Pues ya que — respondió el kitsune —, pensé que a lo mejor Sango no le permitiría excesos.
¡Keh! Pues hizo lo que pudo — dijo Inuyasha aun sonriente —, porque Miroku no le daba reposo, sino a estas alturas ya tendría más de tres meses de embarazo.
Bueno, te respetaré — continuó Shippou —. Pero no seas abusivo.
¡Pues no me provoques! — le espetó el Hanyō.
Mejor me voy con la anciana Kaede — dijo Shippou, y se fue corriendo mientras le gritaba a su amigo —. ¡Qué descanses, enojón!
Inuyasha lo fulminó con la mirada, pero lo dejo ir. "¡Keh! Mejor" pensó "Así no tendré que preocuparme por él y podré concentrarme… en mis asuntos".
Llegó junto al árbol sagrado, observando como la suave brisa agitaba las ramas, y pensó en Aome. Ella estaría feliz por sus amigos. Y súbitamente cruzó por su mente una imagen en donde Aome la decía: "¡Seremos padres!" mientras él lloraba como Miroku, loco de contento. Sacudió la cabeza. "¡Keh! No es momento de pensar en eso" se dijo a sí mismo. Pero no pudo evitar sonreír. "¿Acaso seré más cursi que Miroku cuando llegue ese día?" pensó divertido. Y cerró sus ambarinos ojos evocando el hermoso rostro de su amada Aome.
