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Había pasado un susto de muerte.
En pleno combate había perdido a Isil mientras una de las arañas le atacaba sin piedad alguna, en la euforia del momento podía comprender porque su Ada había ocupado esa espada en vez de Anar, la fuerte. El filo mucho más preciso no era impedimento ante la coraza de aquellas arañas, pero también que se deslizaba especialmente bien pero no así a la salida.
Con la espada perdida en el cuerpo de la aceitosa criatura no había tenido más remedio que correr.
Además de ello uno de los guardias había caído por lo que incapaz de pensar en ninguna otra cosa corrió hacía el Roble en busca de la Noble o alguna de sus flechas, pero dos arañas le habían comenzado a seguir demasiado rápido. No había podido liberar a Noble cuando una de esas le pego en el costado, había tenido la increíble suerte de poder utilizar uno de los atizadores al rojo vivo de la fogata para defenderse, pero no fue lo suficiente, la araña enfurecida se la había quitado de un golpe y su único escape había sido comenzar a subir las ramas en una carrera alocada.
Uno de los guardias había ido en su ayuda, pero no con la araña especialmente enfurecida que ahora escalaba dejándole sin escape. Asustada como estaba, cuando el grupo de hombres cambia pieles había entrado en el claro su corazón se alivió un segundo. Antes de darse cuenta que ya no tenía escapatoria.
En busca de un escape había visto aquel rayo amarillo moverse con una letalidad y elegancia digna de un gran guerrero. Ada Thranduil fue su primer pensamiento, pero no era la contextura ni su altura. El guerrero rubio era alto y delgado, como un brioso árbol joven. Sus manos se movían con dos largas dagas como dos extensiones más de sus firmes brazos. Y llevaba ropas de viaje…
No había podido obsérvalo más cuando la araña casi le atrapa un pie. El Roble se movió peligrosamente de un lado a otro y se le atenazo el estómago de miedo mientras se aferraba fuertemente al delgado tronco.
Fue un chasquido y una fuerte sacudida del roble, el joven guerrero moviéndose rápido y letal había logrado cortar las patas traseras de la araña, desestabilizándola lo suficiente para en un movimiento mortal enterrara sus dagas en el asqueroso bicho.
Y lo había visto, el peligro. El miedo paso a la adrenalina, sobrepasando el miedo de que alguien le hiciera daño a alguien más y se lanzó contra la espalda del guerrero para apartarlo del peligro, mientras sentía el roce en su pierna escocerle ante el envenenamiento. Mientras resbalaba, la fuerte mano del joven le atrapo.
Y mientras colgaba y se balanceaba una emoción inestable subió por su cuerpo hasta su garganta.
Porque esos ojos grises azulados como el cielo de verano no eran otros, porque ese rostro joven afilado, esos rasgos eternos solo podían ser de una persona. Porque cuando le vio, su cara, esa carita era de él. Era de su Legolas.
Se ahoga, y no puede dejar de verlo, porque no ha cambiado lo suficiente para no saber que es él. Que es su hermanito que había ido a la guerra.
— Hermanito- susurro y se sintió como una niña. Como una niña observando asombrada a quien había sido simplemente su mayor héroe de toda la historia. Era su Legolas.
— Lumya.
No tiene idea como le sube a la rama tan rápido o como sus brazos le rodean con fuerza. Ella se aferra a su cuello y le abraza. Le abraza como si no quedara un mañana. Y aunque ya no siente su pierna, no le importa. No le importa, porque jamás creyó que estaría tan feliz de ver a su hermanito.
— Dioses, Lumya. Dioses. Dioses- susurra este acariciando su cabello y puede escucharlo llorar y ella se ríe y llora y lo abraza con fuerza.
Este le aleja un poco y le toma el rostro acariciando sus mejillas y ella le sonríe, pero no puede detener las lágrimas. Es cuando de pronto una palpitación le hace ver doble es que Legolas le mira preocupado.
Le mira detenidamente hasta ver su pierna.
— Lumya- susurra y la toma en brazos cuando ella comienza a sentir aquella sensación de petrificación. Quiere hablar, pero entre las lágrimas y la sensación del veneno invadiéndola no puede.
No quiere cerrar los ojos. No quiere. ¡Es su hermano! Es su Legolas… había, querido tanto tiempo… tanto tiempo.
Levanta una mano temblorosa y la pone bajo la barbilla de su asustado hermanito.
No. No. No quiere… solo un poco más. Solo un poco más.
Puede ver colores, movimientos, la ponen sobre el césped limpio, la luna alumbra a lo lejos. Legolas se mueve, le habla, pero no le escucha. Su mente de embota.
Puede ver movimiento, el tiempo de ralentiza…
Unos ojos y un rostro conocido. Puede ver a su ada Thranduil mientras se inclina hacia ella.
Y es cuando ve a aquellos dos… a aquellos dos que de pronto son su mundo, comienza a irse a la deriva.
Observa su Roble moverse a un suave compas. Y a una figura pelirroja sentada sobre una rama.
Sonríe… sonríe…
Porque su corazón está volviendo a latir.
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Hay mucha luz por todos lados, los rayos traspasan la copa del árbol entibiando su rostro, tranquilizando su espíritu, pero la brisa es fresca y puede escuchar el arrullo de las ramas del Roble al rozarse entre ellas. Está apoyada contra el tronco, aletargada contra la rasposo cubierta. Esta tranquila, feliz, relajada como hacía tiempo no lo estaba.
Una suave caricia le hace abrir los ojos, hay una figura contra luz.
Y sabe quién es. Conoce ese pelo rojo, esa figura y esa sonrisa en su rostro. Su pecho se hincha de felicidad al verlo, este le toma la mejilla y ella se deja acunar por aquella mano que conocía tan bien.
— No aun. No ahora. Levántate, prometí que no te dejaría sola y no estarás.
— Ada…
Despierta de golpe. Lo primero que ve es la noche, las estrellas y la luna que la deja momentáneamente ciega por su brillo.
Una suave y firme mano le acaricia la mejilla, y se da cuenta que está llorando. Su cuerpo esta adolorido y muy tieso. El cuerpo caliente como si se hubiera quedado dormido especialmente cerca de una fogata.
— ¿Te duele mucho, Lumya?- pregunta una voz a su lado.
Le cuesta reconocer la mano que le quita las lágrimas con cariño. Está preocupado, se le ve en los ojos levemente vidriosos y en el mohín de su boca. Está despeinado y eso le llama la atención. Nunca lo había visto tan desmejorado... tan… normal.
— No.- responde con cuidado. Su voz suena áspera y reseca. Tiene mucha sed.
Puede sentir que alguien le mueve la pierna, y aunque la siente tiesa y tirante, el dolor es mínimo. ¿Cuánto habría pasado?
— Ya había sido atacada con anterioridad, su mejora debe haber creado anticuerpos contra el veneno. Solo debe bajarle un poco la fiebre, mi señor. Pero lo mejor será no moverla demasiado.
No logra ver con quien habla. Pero su Ada Thranduil asiente y se inclina un poco más sobre ella, cuando le acaricia el pelo, ella se relaja. La levanta un poco y le da de beber agua mentolada que le despeja la mente y le refresca el cuerpo. Se siente mucho mejor después de ello.
Puede recordar el ataque de las arañas, a los guardias. Puede recordar los ojos azul cielo de su hermanito.
— ¿Dónde…
— Aquí viene.
Se le hace un nudo en la garganta cuando lo ve.
Ya no es el joven que recuerda, sus rasgos han cambiado. Más maduros, más marcados, pero esa sonrisa en su rostro y sus ojos eran los mismo.
— ¿Cómo estas hojita?- le pregunta con la voz levemente acongojada.
Y ella no quiere seguir llorando pero cuando se le inundan los ojos no puede evitarlo. Asiente repetidamente mientras este le toma una mano firmemente y le acaricia el cabello.
Luego de lograr calmarse un poco, su Ada Thranduil los ha dejado solo y ella no puede dejar de mirarlo.
— Espere tanto esto- susurró y le beso la mano- soñaba. Soñaba que volvías a nosotros, que aquel día en el claro solo jugabas a las escondidas. Solo encontramos las guirnaldas que habías entretejido.
Había recordado muchas cosas, pero no esos detalles. Ahora, mientras su hermanito hablaba podía recordar la corona que había hecho al encontrar el círculo de hadas.
— La había hecho para Ada- susurro con los ojos en el cielo, podía recordarlo muy bien. Había pensado que se verían muy bonitas sobre el cabello dorado- blancas y azules. Las recuerdo. Estaba muy asustada, porque podía escucharlos pero no podía acercarme por las arañas. Luego corrí, corrí mucho cuando una de ellas comenzó a perseguirme… una de ellas me atrapo y mordió. Lo siguiente que recuerdo es a mi Ada en una vieja tienda.
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Él no puede dejar de mirarla. Porque aunque ya no hay nada de esa niña en la joven ahora allí a su lado, son sus mismos ojos llenos de cariño y la misma sonrisa placida al descansar lo que gratifica su alma. Es su Lumya, su hermanita. Y los Dioses le han bendecido con su regreso.
Esta amaneciendo cuando sus ojos comienzan a cerrarse una vez más. Su padre le ha hablado de sus extrañeces. De sus ojos cerrados al dormir por lo que intenta no preocuparse cuando esta le sonríe antes de caer de nuevo en un profundo sueño.
Se tranquiliza al saber que la fiebre solo le ha golpeado por un par de horas, que ha creado una inmunidad ante tan espantoso veneno. La observa esperando que no deje de respirar, que se quedó con ellos una larga temporada más.
La acaricia y le mira. No puede dejar de mirarla, es hermosa y etérea, es como la brisa y la lluvia. Había demostrado ser una guerrera que lucho y ayudo a sus soldados, y luego ante la adversidad se mostró entera y firme. Era su hermanita, era todo lo que alguna vez había querido volver a ver. Respira profundo para no dejar escapar las lagrimas de felicidad y se encarga que este lo más cómoda posible.
Su padre está más allá, hablando con Grimbeor, quien había pasado la noche con ellos ayudando a los soldados a quemar a las espantosas arañas. Su Ada no había querido mancillar lo que había sido el hogar de su hija por tantos años así que había ordenado llevar los cadáveres dentro del bosque donde habían sido quemados uno a unos.
Le dio una breve revisión al talón de Lumya para ver que no había desmejorado, le tapo con la manta y se levantó.
Su padre venía de regreso cuando este le sonrió.
— ¿Volveremos pronto?- le pregunta y su padre hace un mohín con el rostro.
— Eso depende de Lumya.- él le mira sin comprender- luego de meses este ha sido el único momento en que me ha dejado acercarme a ella.- eso le sorprende, y mucho.
— Pero ella…
— No ha querido volver, no quiere volver, no la puedo obligar, Legolas.
— Pero ahora. No la podemos dejar aquí…
— Y no quiero dejarla aquí, pero tampoco la puedo obligar.
Su padre hace un extraño mohín cansado y va a sentarse junto a su hija. Él los deja un momento y se acerca a Tauriel y Galael, con quienes apenas había podido hablar.
— ¿Cómo está?- pregunta Tauriel observando el cuerpo de su hermanita más allá.
— Mejorando.
Sus amigos no demoran mucho en apabullarlo en preguntas sobre su misión. Les hace un resumen ya que tantos meses es un poco complicado de resumir. Hasta que Gimli había salido a la conversación.
— ¿Un enano?- pregunta Galael- ¿Te has hecho amigo de un enano?... espera. ¡Me ha cambiado por un enano!- él rueda los ojos porque sabía que de hecho, Galael no se lo iba a tomar muy bien.
— No te he cambiado- le responde a lo que Tauriel se ríe por lo bajo.
Es en aquel momento en que los guardias informan de un jinete entrando en el claro. Le sorprende ver al joven Bressair allí. Y le sorprende mucho más verlo tan… tan no él. Lleva el cabello ondulado encintado, y el simple hecho de no verle con esas típicas túnicas que utilizaba para la biblioteca por un traje de montura normal verde y café lo deja confundido, se veía… como de su verdadera edad.
Es su comandante Gilwën quien es el primero en detenerlo. Y parece sorprendido y muy molesto. Desde su lugar, es bastante cerca para escucharlo refunfuñar, Tauriel suelta un: "Reprimidor" bajito con la risa de Galael socarrona de fondo.
— ¿Ha viajado solo?- le pregunta antes que nada, deteniendo su caballo. Él puedo ver como Bressair levanta la cabeza hacía el cielo, como si ya hubiera tenido esta conversación- ¿Y quién te ha dicho? ¿Tu madre te dejo venir solo?
Para él no era ninguna novedad que Gilwën tratara a su hijo menor con especial cuidado. Como si fuera, de hecho, de porcelana.
— Cruac me ha avisado. ¿Dónde está?
— Estoy hablando contigo.
— Ada, de verdad, ya tuvimos esta conversación- le corta y se baja del caballo algo tambaleante.- ¿Cómo esta Elensil?- le pregunta nervioso.
— Eru- gruñe el hombre y se gira para mostrarle la dirección- está por allá.- le informa. El chico no mira a nadie más mientras se dirige hacía el Roble, donde su hermana descansa en un camastro.
Lo ve sentarse aún lado de Lumya, aunque les da la espalda a ellos. Su padre le habla tranquilamente al joven. Y él se gira a Tauriel quien con una sonrisa baja sigue arreglando las plumas de su carcaj.
— ¿Qué hace Bressair aquí?- pregunta sentándose una vez más.
— ¡Ho! Se han hecho muy amigos con Elensil.- le comenta Tauriel y él espera una respuesta más elaborada, su amiga resopla y le mira con una sonrisa torcida.
— No pongas esa cara. ¡Míralo! Hasta le ha dado un poco más el sol desde que llego la princesa. Además, fue el primero en reconocerla y eso que ni siquiera la había conocido directamente.
— ¿Es así?- pregunta y se gira para ver como su ada se levanta y deja al joven con su hermana.
— Sí. Por lo que supe, Bressair fue al único que acepto en este tiempo de adaptación.
— Gilwën déjalo tranquilo- es la voz de su padre quien le llama la atención. Se gira y puede ver a su comandante observar detenidamente a su hijo, como si estuviera planeando algo realmente malvado.
— Me quiere provocar algo, lo sé.
— Es bastante mayor para hacer lo que quiera, Gilwën.
— No lo suficientemente mayor- le responde este con un mohín molesto. Su padre resopla.
— Ven acompáñame a hablar con Grimbeorn.
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Puede escuchar movimiento, y algo que le hace cosquillas en la mano. Aun con los ojos cerrados, reacciona y acaricia las suaves hebras que se deslizan por sus manos. Puede reconocerlo, y aunque está cansada y adolorida. Sonríe antes de abrir los ojos.
— ¿Estás haciéndote la dormida?- pregunta una voz que conoce y sonríe aún más.
Abre los ojos con un poco de molestias por los rayos de luz que se filtran por las hojas de roble.
— Bressair, ¿Cómo has llegado?
— Cruac me ha avisado- responde el chico con una sonrisa. Sus ojos violáceos destellan.- creo que estoy teniendo una suerte genial en solo haberme caído del caballo un par de veces.- ella ríe pasito, le gusta mucho la simplicidad del joven, se toma muy bien su poca coordinación.
— ¿Tu Ada?
— Regañando como siempre. ¿Has visto a tu hermano, ya?- le pregunta suavemente. Y ella asiente con una sonrisa.- ¿Vas a volver con nosotros?- le pregunta y ella observa detenidamente el movimiento de las ramas.
— Aun… no lo sé- susurra con duda. Perdida.
— ¿No lo sabes? – le pregunta el chico y ella le mira, porque hay cierta sonrisa oculta en lo que dice.- Pues yo tengo algo que de seguro te hará decidirlo por ti.
Lo ve inclinarse hacia un lado, y luego le muestra algo. Es un libro de encuadernación azul. Tiene escrito algo en la tapa de color plateado.
— ¿Qué es?
— Ábrelo.
Hay algunos dibujos preciosos de colores. Hermosas damas elfas y antiguos guerreros en armaduras de plata y oro. Pero lo escrito allí estaba todo en un idioma irreconocible.
— Son los cuentos de un antiguo pueblo. Fue hecho e ilustrado por un gran elfo del bosque para sus hijos. Cuando marcho a Almar lo dejo en la biblioteca del reino. Hay historias increíbles, Elensil, de verdad, preciosas. Antiguos reinos elfos, con reyes poderosos que lucharon contra enemigos antiguos y, y princesas guerreras. ¡Y la historia de Beren y Lúthien! Te va a encantar, yo lo sé.- le dijo absolutamente emocionado.
— Pero no entiendo…- susurro defraudada y emocionada a la vez, contagiada por la alegría del chico.
— Yo podría enseñarte- le sonríe.
— ¿De verdad?
— Sí. No es difícil.
— Muy bien.
— Pero…
— ¿Pero?
— No te puedo enseñar aquí. No tengo los… implementos necesarios. Además, no tengo la paciencia para soportar a mi Ada enviándome con mil guardias para hablar contigo.
Ella se lo queda mirando y el chico le mira esperando una respuesta. Aunque hay un vibro perverso en su mirada y una sonrisa escondida en su rostro.
Algo de lo que colgarse, le está dando algo de lo que aferrarse.
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Observa al chico de reojo hasta que es su ada quien se acerca a los dos jóvenes. Bressair se levanta y se acerca a ellos con una sonrisa enorme y una luz divertida en sus ojos violetas.
— Legolas. Me alegro que hayas regresado bien- le saluda el chico con una breve venia. Él le sonríe de vuelta.
— ¿Por qué te vez como si acabaras de derrotar tú solo la guerra?- le pregunta su hermana. Él chico sonríe aún más si es posible. Mostrando los dientes y todo.
Cuando va a responder es cuando escucha la breve agitación desde el roble. Su Ada tenía contra su pecho a Lumya y la abrazaba con fuerza mientras reía emocionado. Se levanta y se dirige hacia ellos, cuando escucha a Tauriel y Bressair.
— ¿Qué has hecho?
— Ustedes guerreros no saben el poder de un par de palabras. Y la maquinación de una mente que necesita ser despierta.
Su Ada tiene a Lumya entre sus brazos incapaz de soltarla, le habla bajito y con voz trémula como si temiera decir algo que molestara a la joven. A esta no podía verle el rostro ya que estaba medio oculta entre las piezas de ropa de su padre.
Cuando su Ada levanta la mirada hacía él siente una extraña sensación en su pecho, como si algo allí por mucho tiempo hubiera estado encerrado y atormentado. Como si de pronto su corazón pudiera volver a latir en paz, y es aquel mismo sentimiento lo que ve en los ojos de su padre. Libertad, esperanza y amor. Porque sus ojos ya no se ven envejecidos por el dolor de la perdida, sino por la esperanza de una familia nuevamente reunida. Son brillantes y jóvenes, son vivos y llenos de un cariño tiempo perdido.
Sonríe y ríe, y su pecho se abre a sensaciones por tanto tiempo ofuscado. Toma la mano de su hermana y le besa los nudillos, emocionado luego de tanta oscuridad, muerte y la guerra. Porque jamás habría esperado un regalo así a la vuelta de una travesía de tanto tiempo como lo había sido su marcha por la comunidad.
Es un regalo, que no piensa desperdiciar.
Porque está allí, y lo va a disfrutar.
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La comitiva se mueve, los beornidas se han marchado y solo quedan ellos. Reacomoda la yegua que tiempo atrás se había llevado de los establos reales y con la cual había pasado su tiempo muerto en el roble. Los guardias se mueven, la comitiva marcha. Y ella se queda unos momentos atrás. Su familia y amigos se ponen en marcha, sabe que le dejan unos momentos detrás para darle su espacio.
Sujeta a Noble entre sus manos y se dirige allí donde tanto tiempo atrás había pasado sus días con la única familia que había conocido. Deposita la espada entre las raíces y las oculta con las hojas. Acaricia el tronco y sonríe cuando una brisa le acaricia el rostro, las ramas del roble se mueven de un lado a otro como si se despidiera.
Puede recordar con una sonrisa triste, la primera vez que cazo su primer conejo, lo lloro y pidió disculpas por casi un mes y se limitó a comer frutos hasta que su ada intento explicarle de la mejor de las formas que los círculos de la vida debían funcionar. La primera vez que tomo por sorpresa a su ada en combate. La primera vez que su ada llego herido, una herida pequeña pero que ella lo mimo hasta lo indecible. Puede recordar todas esas primeras veces, y segundas y quintas y novenas. Puede recordar toda la vida que había tenido bajo ese bosque, bajo ese Roble.
Su mundo está cambiando, pero debe hacerlo. Porque su padre le había pedido una promesas y ella iba a cumplirlo. E iba a disfrutarlo aunque le sorprendieran.
Se monta sobre la yegua y se aleja sin mirar atrás. Porque le duele el corazón y la garganta, pero ve hacía adelante, solo hacía al frente donde van las personas que quiere aprender a conocer y a querer como antaño.
Son emociones más encontradas que nunca. Está feliz, porque allí delante están los dos hombres que por mucho tiempo que haya pasado podía recordarlos dándole todo el amor de su niñez sin dramas, sin quejas, siempre con una sonrisa y una abrazo, una caricia y una palabra de cariño, porque eran su familia que nunca dejo de buscarla. Porque se sentía querida, y su corazón se llenaba de alegría al ver a su Ada sonriendo como nunca lo había hecho, o ver a Legolas mirándole con ese cariño intenso de protección y amor. Pero triste, porque dejaba atrás su hogar y su pequeñísima familia, porque aunque por mucho le hubiera dicho a su Ada Erisë saber de su familia estaba allí no podía haberle negado.
Llega junto a Ada, quien le sonríe, y su sonrisa le da ánimo y pena a la vez. Y quiere un abrazo por lo que lleva su yegua hasta la suya y le tira la manga completamente avergonzada.
— ¿Qué sucede?- le pregunta su Ada y ella oculta la mirada sonrojándose profundamente.
— ¿Puedo cabalgar contigo?- murmura bajito y tensa como un arco. Su ada no dice nada y ella se sonroja aún más si es posible, la vergüenza por sus palabras le comen y está a punto de salir cabalgando como la brisa cuando su Ada toma su mano y la invita a sentarse delante suyo.
Da un salto y se sienta delante de este, pasando sus bracitos por su cintura y ocultando su cara en su pecho. Se acurruca allí mientras este le abraza. Y con las caricias en su pelo cierra los ojos y se invita al descanso de su cuerpo y alma demasiado abrumada.
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Ese pequeño acto de Elensil recae tan profundo dentro suyo que es incapaz de hablar o de hacer otra cosa más que de sentir su cuerpo contra el suyo buscado confort. Le acaricia el cabello aún demasiado corto y se deja endulzar por su olor y su pecho contra el suyo.
Legolas aún lado les sonríe, una sonrisa que le ilumina los ojos y le cambia el rostro. Una sonrisa completa y llena de alegría.
Son una familia de nuevo. Y están juntos nuevamente.
Le da un beso a la cabeza de Lumya y eleva sus oraciones hacía los Vala.
Gracias… es lo único que puede decir.
Lamento la demora, la verdad es que de pronto como que no me gusto el final que le estaba dando e intente cambiarlo, pero se estaba volviendo muy forzado, asi que simplemente deje que siguiera como estaba. Por lo que según yo y mis arreglos, quedaría solo el epilogo. Segun yo.
Y eso. Se los tendre pronto todo dependiendo de sus reviews XDDD, nha mentira, pero cualquier comentario me alegraría el día, de verdad.
Bueno, eso. Gracias Yo-Yo Fire, lamento la falta, y ya tenemos a nuestro Legolas de vuelta :3 si es tan bonito él, aunque yo personalmente ahora lo este cambiando por su padre XDD. Saludos, y cuidate.
