Bajo las Estrellas
El sol comenzaba a esconderse, siendo reemplazado por la tenue oscuridad y el frío de la noche, y sin embargo, las dos chicas seguían afuera.
-¿No deberíamos volver a casa? Está oscureciendo…
Las palabras de Amy fueron acalladas cuando los labios de Reagan encontraron los suyos. Ambas reposaban sobre unas sábanas en el suelo, bajo la poca luz que restaba del día. Estaban muy cansadas, especialmente hoy que hubo tanto trabajo en la granja, pero ninguna se quejaba de eso. Después de un par de años estaban más que acostumbradas, claro que sus cuerpos siempre agradecían el descanso. Y el tiempo a solas. Sobre todo el tiempo a solas, pensó Amy que seguía relajándose mientras Reagan exploraba su boca, saboreando cada parte que podía de ella.
-Como desearía poder hacer esto toda mi vida sin parar. –le susurró Reagan en su oído, su voz llena de necesidad, una que Amy no tenía problemas para satisfacer, pero ya era realmente tarde y si no regresaban pronto ya sabía el tipo de regaño que su mamá le daría.
-Tenemos que volver, Reagan… mamá se volverá loca si tardamos mucho más…
Gimiendo de frustración, Reagan se separó de Amy dándole una mirada rebelde. –No tenemos que hacer todo lo que mamá dice, ¿sabes? No pasa nada si nos atrasamos un ratito.
-Pero…
-Tan sólo un ratito, Amy –Los ojitos de Reagan brillaban-, por favor...
Sabiendo que había vuelto a perder, Amy se dejó besar, y si bien iban a ser regañadas después al menos debía valer la pena.
-No tienes idea de lo feliz que me haces. –Le susurró Reagan al oído un par de horas después. –Estar contigo, vivir aquí en la granja, todo esto…es más de lo que siquiera soñé que podría tener. Tú eres más de lo que siempre podría soñar.
Amy moría lentamente cada vez que Reagan se ponía a hablarle de esa forma, bajo su imagen de chica ruda era en realidad una persona tan gentil y amable. Todo en ella le enamoraba más cada día.
-Eres tan linda conmigo –Amy besó la mejilla de Reagan suavemente-, yo desearía que los días fueran más largos para pasar aún más tiempo contigo.
-¿No te aburrirías de mí?
-Jamás podría aburrirme de ti. –Amy se fundió en un abrazo con su novia. –No podría imaginar mi vida sin ti, Reagan, realmente no podría.
Luego de vestirse, llegaron en poco tiempo a su hogar, pero algo detuvo a Reagan que sujetó a Amy por la cintura.
-¿Qué sucede algo, Reagan?
-Esos caballos –apuntó hacia unos caballos que se encontraban a un lado de la casa-, jamás los había visto, deben ser visitas.
-¿Y por qué te pones así? –preguntó Amy sin dejar de sonreír. -¿Acaso tiene algo de malo?
-No… -suspiró la niña. –Es sólo que odio que otras personas vengan aquí, quizá suene tonto, pero siento que este es nuestro hogar. Sólo nuestro.
Amy tomó la mano de su novia y la apretó con cariño, acariciándola. –Vamos, veamos quienes son.
Al cruzar la puerta, su mamá las abrazó a ambas. –¡Niñas! Justo hoy deciden perderse. –su voz sonaba como si tratara de estar enojada, pero se podía percibir cierta alegría.
-¿Qué sucede, mamá?
Farrah apuntó hacia las dos personas en la sala. Uno era un hombre alto, con el pelo muy largo; por alguna razón Amy no sintió mucha simpatía por esa persona, al contrario de su madre que no dejaba de sonreírle; la otra persona era un muchacho que debía tener la edad de Amy, o quizá fuese un par de años mayor. Tenía el cabello rubio y ojos verdes al igual que ella.
-Déjame presentarte, Amy –dijo Farrah-, ellos son Frank y James.
…
…
…
…
…
Sus párpados pesaban, todo su cuerpo estaba tan agarrotado que ni hacía el esfuerzo de moverse. Sentía unos brazos que se aferraban a ella, y la imagen de lo que soñaba volvió a sus ojos de golpe.
-¿Reagan…?
-¡Amy! –La voz de Karma sonaba tan fuerte que le hizo doler los oídos. -¿Estás lastimada?
Haciendo un esfuerzo enorme, la rubia logró abrir los ojos. La vista de la tierna pelirroja que le robaba el aliento la invadió, tranquilizándola un poco.
Karma está bien.
Quiso preguntarle pero si ya abrir los ojos le había parecido una tarea imposible, mucho menos podría articular una palabra.
-Amy… -Karma la abrazó más fuerte todavía.
Estaban en el frío suelo. A su alrededor, distinguió un par de sombras que Amy supuso debían ser sus amigos.
Un grito de dolor la hizo despertar completamente.
-¿Qué está pasando? –preguntó Amy, que con ayuda de Karma se había puesto en pie.
Se acercaron con cuidado, Mike seguía pateando a un tipo que se encontraba amarrado.
-¡Mike! –gritó Karma. –Déjalo, yo me encargo de él.
Lauren ayudó a Amy a no caerse mientras Karma se encaminó hasta estar de pie frente a su rehén. –Dinos, ¿dónde se está escondiendo James? –Su voz sonó firme, no como la inocente niña que Amy había conocido en un principio.
-Estás loca si crees que… -empezó a amenazar, pero Karma le puso su pie en la boca acallándolo.
-¡No te hagas el valiente! –Karma se cruzó de brazos. -¡Sólo dime dónde está James!
-Nodigueada…
Karma le quitó el pie de la boca para que pudiera hablar.
-¡No diré nada! –repitió el muchacho con los ojos rojos de rabia. -¡¿Quién te crees que eres para hablarme así?!
-¡Tú hermana!
-¡Qué! –Lauren estaba con la boca abierta. –¿Esté idiota es tu hermano?
Karma sacó un cuchillo de su cinturón y se agachó. –No es mi hermano. –posó el cuchillo con cuidado sobre un párpado del chico. –Es una basura, y si no habla ahora será una basura con un ojo.
-¿Qué? No serías capaz…
Pero se pudo oír el miedo en su voz, y, con la mirada que tenía Karma en su rostro hasta Amy se lo hubiera pensado dos veces antes de cuestionarla.
-No sería capaz. –repitió Karma jugueteando con el cuchillo tan cerca de los ojos del tipo que seguramente era capaz de ver su propio reflejo en él.
La pequeña chica apretó con más fuerza en el párpado de su hermano haciéndolo gritar.
-¡Está bien! ¡Está bien! ¡Te diré todo pero quítame esa cosa de encima!
Sonriendo triunfante, Karma, dejó de presionar con fuerza, pero manteniendo todo el tiempo el cuchillo cerca.
-James… bueno, no sé dónde está ahora mismo… ¡pero, pero sé dónde estará! –agregó rápidamente al ver a Karma enojarse. –Está preparando un gran golpe… atacará el banco de la capital para mañana en la noche…Es todo lo que sé…
De un movimiento Karma lo golpeó en la cabeza con su cuchillo dejándolo inconsciente allí mismo. –Bien, vamos. –Dijo y sin más se dirigió a los caballos.
Todos se quedaron mirando un segundo, sin saber qué hacer o decir.
-Bueno. –dijo Amy recuperando fuerzas. –Ya la escucharon, vamos.
Un Mal Presentimiento
Pocos caballos para muchas personas, todos tuvieron que compartir. Amy se subió con Karma que fue la primera en cabalgar hacia su destino.
Nadie dijo nada sobre Reagan. No había nada qué decir al respecto. Le había salvado la vida a Amy, y los demás muchas veces, Karma incluida. Ir detrás de James era la única idea que tenían, después de todo, seguramente era lo que Reagan habría hecho.
Si había algo que hacer para recordarla, eso era acabar de una vez por todas con la maldita banda de James.
Karma seguía repasando en su mente las imágenes de lo ocurrido en el tren. Cuando Duke hizo caer a Amy… el corazón de Karma casi se detiene ahí mismo, pero, Reagan logró sujetarla antes de caer. Era cuestión de verla para saber que era fuerte, pero nunca imaginó que fuera tan fuerte.
Y, por supuesto al final no lo fue lo suficiente. No para salvarse a sí misma junto con Amy. Karma no podía bajar mucho más, la cuerda no daba, y todavía le faltaba para alcanzar a Amy que estiraba las manos hacia ella, entonces fue cuando Reagan uso toda su fuerza para subir a Amy, pero…
-Karma. –la voz de Amy la trajo de vuelta. -¿Estás bien?
La pequeña la miró con los ojos abiertos. –¿En serio me hiciste tú esa pregunta a mí?
-¿Acaso no puedo preguntar?
-Sabes porque lo digo. –le reprochó Karma que esta vez se había girado para verla a los ojos. –Ya sabes, si quieres hablar…yo estoy aquí.
-Me gustaría hablar, sólo… no ahora, por favor. –su voz sonaba tan débil, Karma no la había visto de esa forma. –Así que, ¿ése era tu hermano? –le preguntó, obviamente tratando de cambiar de tema.
-Sí, es Zen, mi hermano. –respondió Karma.
-¿Y está del lado de James?
-Está del lado de quién le pagué más. –gruñó la pequeña. –Ya lo escuchaste, es un cobarde. De pequeño siempre fue un delincuente menor, en un momento lo perdimos como familia, había decidido irse a vivir como criminal. –Esa palabra sonaba tan extraña para Karma ahora. Ellos eran los criminales para empezar, y los tipos buenos.
-¿Nunca lo habías vuelto a ver?
-Sí, lo he visto varias veces, siempre venía a pedirme dinero cuando yo y Liam vivíamos juntos…
Se detuvo un momento, su vida con Liam ahora le parecía cosa de un pasado tan lejano, además de ser un tema complicado de hablar justo con Amy, la mujer con la que había hecho el amor unas horas atrás.
-Sí. –le dijo Amy. –Tú y Liam.
-Amy…
-No digas nada. No tienes por qué.
-Quiero hablar. –Karma se sentía molesta sin saber por qué. -¡Quiero hablar! ¡y quiero que hables conmigo!
-¡Estoy hablando contigo!
-No de lo que deberías…
¿Por qué es tan difícil que podamos hablar?
La rubia apretó los dientes, molesta. –No voy a hablar de Reagan, Karma.
-Yo sólo decía que…
-¡Cállate! –gritó Amy sobre el ruido de los caballos. -¡Cállate, Karma!
Sus palabras la hirieron un poco, pero trató de que no se le notase mucho. Amy había pasado por mucho el día de hoy.
Ninguna dijo más después de eso.
La mañana llegó más temprano que tarde. Todavía estaban a unas horas de la capital, así que no pudieron detenerse en ningún momento. Amy se ofreció a manejar las riendas un tiempo para que Karma durmiese, pero no puso conciliar el sueño por más que cerraba los ojos. Recordaba todo lo que le había dicho Reagan en su camino al tren. Toda la historia de Amy, pero, así mismo sólo imaginaba como sería la propia historia de Reagan.
Nunca le hice ni una sola pregunta acerca de ella.
Miró su reloj, el que le había dado la vieja Abigail. Lo llevaba colgado al pecho como si fuera un collar, más que nada porque no tenía dónde más llevarlo. Todos sus bolsillos o tenían armas o balas.
Liam lo había notado antes, cuando le preguntó que era de lo suyo. Pero era difícil hacer esa pregunta, seguramente si ahora se mirara en un espejo no reconocería a la persona en frente.
Las manecillas de su reloj se movían tan lento como podían, y así el tiempo avanzaba.
Eran las cinco de la tarde cuando llegaron a las afueras de la capital. Allanaron el hogar que por suerte no se encontraba. Necesitaban comida, y un poco de descanso antes de ir con todo detrás de James.
Amy cayó en el sofá y en un minuto se durmió sin decirle nada a nadie. Karma sólo la observó durante unos segundos antes de salir afuera. Por alguna razón se sentía rara estando en una casa normal.
-Oye. –le dijo Mike, que fumaba un cigarro. -¿No tienes sueño?
-¿y tú?
El chico agachó los hombros. –Ya dormí mucho en el tren.
Por alguna razón Karma sonrió. Había algo en él que le hacía sentir cómoda. –Sabes, nunca te pude decir gracias por cómo me protegiste cuando esa mujer nos atacó…
-No es necesario. –le dijo Mike sonriendo. –Eres una de nosotros, eso es lo que hacemos. Si quieres darme las gracias, sólo cuida a Amy, debe estar pasándolo muy mal ahora.
Karma lo miró un momento, así tan tranquilo como se veía, también distinguió en sus ojos la pena que sentía.
-Tú conocías a Reagan desde el principio, ¿verdad?
-Sí. –pensó un momento antes de continuar. –Ella me salvo la vida muchas veces, yo, en un momento había llegado a pensar que nada podía acabar con ella. Nadie ha dicho nada ahora, pero sé que están todos muy afectados.
-Lo sé.
-Por eso mismo, tú cuida a Amy. Cuando nos encontremos con James necesitara de tu ayuda. –tiró su cigarro al suelo. –Vamos, hay que descansar al menos, harán falta nuestras fuerzas.
Entró a la casa lentamente, dejando a Karma sola con sus pensamientos. Desde esa posición se lograba ver el banco de la capital, ostentaba cuatro pisos. Era grandísimo. Y guardaba más dinero que cualquier otra parte del país.
Si alguien le hubiera dicho a Karma un mes atrás que ahora se encontraría a horas de irrumpir en el banco más importante del país en compañía de Amy Raudenfeld y su banda de fugitivos, seguramente se habría reído como nunca.
-Seguramente. –repitió la pequeña en voz baja, dirigiéndose hacia adentro, sintiendo el frío del reloj contra su pecho.
Peleas, Recuerdos y el Desastre a Punto de Ocurrir
Amy despertó sintiendo que no había descansado ni siquiera un poco. Su cuerpo le pedía más descanso pero ya no tenían tiempo. Debían detener a James ahora y de una vez por todas.
Karma tenía pinta de no haber dormido nada, pero no se atrevió a preguntarle, desde que le había gritado no se habían dicho nada. Echaba de menos tenerla cerca, pero ya habría tiempo para eso.
Theo, como siempre tenía un arsenal de armas y municiones para disponer. Aunque Amy siempre prefería su vieja Colt, su arma favorita, le había salvado la vida muchas veces y usarla a la perfección. Abrió la boca cuando vio a Karma tomar una escopeta, una winchester.
-Karma. –dijo Amy en voz baja. -¿Estás segura que sabes usar eso? No es como la pistola que te di antes.
-Bueno, tampoco soy la de antes así que seguramente no tendré ningún problema. –respondió la pequeña alejándose sin decir más.
-Amy. –Lauren la llamó desde otra habitación. -¿Podrías venir un momento por favor?
-¿Qué pasa? –preguntó Amy cerrando la puerta detrás de ella.
-¿Estás segura que te sientes bien? Digo, sería comprensible que no estés tan bien ahora.
-¿Qué intentas decir, Lauren?
-Mira, yo… creo que tal vez deberías quedarte aquí. –Lauren se apresuró a agregar cuando vio como Amy abría los ojos amenazadoramente-. ¡No estás bien, Amy! ¡Podrías ponerte en peligro, o los demás!
-¿Qué acabas de decir? –susurró Amy sin querer creer lo que había escuchado. –¡Tú no eres nadie para darme órdenes!
-¡Soy tu hermana! –gritó Lauren de vuelta. –Sólo intentó cuidarte, Amy.
-Yo necesito que nadie me cuide, ¿escuchaste bien? ¡Nadie!
Salió, azotando la puerta de la habitación sin mirar atrás.
Luego de muchas miradas y silencios incómodos se encontraban frente al banco, pero se podía sentir la tensión en el aire, con lo de Reagan, y las peleas de Amy con Lauren y Karma. Nadie se sentía muy bien, o muy seguro de lo que hacía, excepto por Amy.
O eso es lo que ella creía.
Estuvieron esperando que llegaran los problemas, pero los minutos transcurrían sin menor problema. Esperaban caos en cualquier momento, pero nada sucedía. Por un momento Amy pensó si tal vez el hermano de Karma les había mentido.
Lauren se sentó a su lado, y, con cuidado puso su chaqueta en los hombros de su hermana. –Comienza a hacer frío aquí. Mejor que te abrigues o te enfermaras.
Amy tomó la chaqueta, agradecida. –Lauren, yo…
-No digas nada, está bien.
-Lo siento. –soltó Amy de todas maneras. –No debí tratarte así, perdón.
-Sólo quiero que entiendas, Amy, que intentó cuidarte, nada más.
-Lo sé. –de verdad se sentía muy tonta por cómo se había puesto antes. –No sé qué me pasa…
-Bueno, además de lo obvio –Lauren hizo unas comillas imaginarias con sus dedos-, creo que todo esto de ver a James otra vez, en un banco no es tan buena idea.
Eso hizo pensar a Amy durante unos segundos. –Te refieres a lo de antes, a esa vez…la primera vez que estuvimos en el asalto hacia un banco.
-Sí. –suspiró su hermana. –No lo sé, Amy, tengo miedo que termines lastimándote allí dentro, yo… no puedo perder a nadie más, menos a ti.
-Nada me va a pasar, ni a ti, ni a nadie. –dijo Amy, más segura que nunca. –No permitiré que lastimen a nadie más, todo terminará esta noche.
Lauren sólo vio a su hermana, tratando con todas sus fuerzas de creerle, pero mucho que había entendido que los finales felices no existen, menos cuando se lleva una vida como la de ellas.
Asintió, cansada. –Espero que tengas razón, Amy. Sabes, quizá deberías tratar de descansar nuevamente, todavía no llega nadie, yo te despierto cuando llegue el momento.
La oferta era más que tentadora y Amy se vio aceptándola en un segundo. Se apoyó en el regazo de su hermana y en un par de minutos cayó en sueños una vez más.
…
…
…
…
…
Los disparos lograron despertarla, pero no totalmente. Todo seguía siendo sacado de una pesadilla, de la peor de todas sus pesadillas, pero ahí estaban los recuerdos tan vividos, tan reales.
-¿mamá? –logró decir, apenas audiblemente.
No había preguntado a nadie en particular. Sentía que se movía, entonces logró entender que estaba en una carreta. A su lado, Lauren gemía apretando con sus manos en su pierna, dónde una mancha de sangre había manchado su ropa.
No había sido un sueño.
-Lauren…
-¿Amy? –respondió su hermana con los dientes apretados. -¡Amy!
Trató de abrazarla, pero apenas puso unas manos lejos de su herida el dolor la hizo querer gritar así que puso sus manos de nuevo con su herida.
-¡¿Amy estás bien?! –La voz de Reagan le llegó desde adelante.
-Reagan… ¿qué está pasando?
Como respuesta le llego el grito de uno de hombres del sheriff. Las estaban persiguiendo.
-Las cargue cuanto pude. –le dijo Reagan. –Y entonces vi esta carreta sin nadie, y, bueno, la robé.
-¿La robaste?
-Eso no es lo importante ahora, sólo tenemos que… ¡CUIDADO, AMY!
Les habían bloqueado el paso los oficiales, de pronto se encontraron con una docena de hombres del gobierno con armas apuntando hacia ellas.
-¡Amy!
La rubia miró hacia todas partes, moviendo su cuerpo rápidamente. Tardó unos segundos en entender que estaba con Lauren y los demás. Había sido sólo un sueño. Un recuerdo.
-Lauren.
-Amy, prepárate. –anunció su hermana con el rostro serio. –Ya están aquí.
Se separaron para entrar al banco; la entrada principal estaba completamente bloqueada. En un par de segundos se las habían arreglado para entrar y destruir.
Lauren y karma fueron con Amy por una de las ventanas traseras. Lograron esconderse detrás de un mueble momentos antes de que los hombres de la banda de James aparecieran. Ante la sorpresa de Amy, uno de ellos era el Carnicero.
Sólo ver al sujeto fue suficiente para que Amy sintiera deseos de salir y destruir su ya feo rostro a balazos, pero Lauren la contuvo, poniendo una mano en su hombro a modo de recordatorio.
Ellos tenían un plan. Debían acabar con James, entonces luego se ocuparían de los demás. La idea era tener que salir de allí lo más pronto posible. Y con James muerto, toda su maldita organización quedaba destruida también.
Esperaron a que los hombres salieran de la habitación antes de continuar. Karma se adelantó a las otras y con un gesto con su mano les indico que la siguieran. Sostenía su rifle como si lo hubiera usado toda su vida, y Amy no pudo evitar sorprenderse y sentirse atraída aún más hacia ella. Era increíble cuanto había cambiado desde la primera vez que se vieron.
-Karma. –susurró Amy sin poder contenerse.
-¿Qué? –susurró la pequeña de vuelta, sorprendida.
-Sabes, cuando tomas el control de esta forma, me vuelves loca.
Seguramente era lo más tonto que pudo decir en una situación como aquella, pero vio a su placer como Karma sonreía a sus palabras, ruborizándose ligeramente.
-Concéntrate en la misión, Amy. –le respondió Karma todavía sonriendo.
-A sus órdenes, capitán.
-Podrían por favor –susurró Lauren, retorciéndose sus manos, si hubiera estado en otra situación les habría dado un golpe a ambas en la cabeza-, callarse la boca antes que nos descubran.
Sonriendo al igual que una niña pequeña, Amy y las demás continuaron su camino. Lograron subir hasta el primer piso sin mayores incidentes, pero James no aparecía y no había señal de sus demás amigos, aunque eso debía de ser bueno.
-¿Dónde está ese maldito? –susurró Lauren, molesta, y en su enojo no se había fijado en la silla de un lado.
De un pequeño toque, la envió directo al suelo haciendo, haciendo a casi todos los hombres de James mirar hacia su dirección.
De pronto todos sacaron sus armas y cuando todo se veía perdido, Shane, Liam y Theo aparecieron disparando.
-¡Corran! –gritó Shane cuando el canto de las balas inundó el banco de la capital.
Amy y las chicas tiraron una mesa al suelo para hacer de escudo salvarse de las balas. Karma ya había comenzado a disparar, no dudo ni un segundo, parecía una experta.
Amy, sin embargo, se veía dudosa. Estaba tan enojada que no quería matar a nadie que no fuera o El Carnicero o James. Apretaba el gatillo de su arma con toda la fuerza que podía sin disparar su arma.
-¡Amy! –oyó gritar a John. -¡Me enteré de lo que sucedió con tu novia! ¡Era linda, es una pena!
El insultó lo escuchó como si estuviera amplificado diez veces. Entonces, para su sorpresa, su arma se disparó. No lo había pretendido, seguro en su rabia debió disparar sin querer. Por suerte la bala no le había dado a ninguno de sus amigos.
-¡Amy!, ¿Estás bien…?
La rubia se giró, esperando encontrarse a Lauren, pero se topó de lleno con el rostro de Karma que la miraba preocupada.
-¡Y fue todo un desperdicio! –volvió a gritar el Carnicero. -¡Al menos debía tenerla yo un rato por lo menos!
Y fue entonces cuando Amy perdió la paciencia, no iba a permitir bajo ningún concepto que ese idiota bromeara con su recuerdo de Reagan.
Se arrastró por el suelo, usando una silla como escudo para las balas e ignorando el grito de sus amigas que la llamaban. Cuando salió del área de fuego se dirigió al tercer piso, de dónde había venido el grito de antes. Entró corriendo por el pasillo, con el arma en alto, esperando ver a su enemigo, pero había nadie. Siguió caminando, sin pensar en nada más que en acallar la risa de ese maldito, y al girar por una puerta, sintió como su cara se partía en dos.
Le habían pegado de lleno en la cara con la parte de atrás de una escopeta. Unas manos la levantaron y tiraron contra la pared mientras la sangre escurría de la boca de Amy hasta su cuello.
El Carnicero la tenía atrapada.
-Vaya, así que este es el final de la gran Amy Raudenfeld. –suspiró John, dándose importancia. –Tengo que admitir, que pensé que sería más intenso, no tan fácil, no tan simple.
-¡Cállate la maldita boca! –gritó Amy dándole un cabezazo y enviando a ambos al suelo. Sus armas cayeron lejos, pero no le hacían falta a la rubia, que, comenzó a darle puñetazos al Carnicero en toda la cara.
El hombre se levantó limpiándose la sangre de la nariz. -¿Quieres pelear? –se rio divertido. –Peleemos entonces, me gusta cuando luchan antes de tener que matarlas.
Una Última Pelea antes de Morir
El del Carnicero pareció desencajarle la quijada. Ni siquiera trató de golpearla de nuevo, sólo se rio y esperó a que Amy se levantara.
Era mucho más fuerte que ella, pero Amy no se iba a echar para atrás ahora. Vio como un golpe, nuevamente iba directo hacia ella, y logró esquivarlo a centímetros.
-¡Toma esto, maldito! –gritó Amy golpeando la nariz del Carnicero, éste se echó contra el muro y Amy aprovechó la oportunidad para masacrarlo a golpes. -¡Muérete, maldito! ¡Muérete!
John sacó un cuchillo que tenía escondido en el cinturón y trató de cortarle el cuello a Amy que por suerte se agacho antes.
-¡Ven acá, cobarde!
Las armas estaban en dirección opuesta, no había posibilidad de llegar a ellas, pero el Carnicero tampoco le dio tiempo para pensar puesto que se abalanzó sobre ella rápidamente, sin embargo, Amy podía no ser más fuerte, pero sí era más rápida.
Esquivó cada golpe del carnicero sin desesperarse. Sabía que el menor descuido terminaría en su muerte.
Amy vio cómo su oponente comenzaba a cansarse, y cuando esquivó nuevamente el ataque del cuchillo se tiró contra el Carnicero sujetando su brazo con todas sus fuerzas, tratando de quitarle el cuchillo de sus manos. Rodaron por el suelo, bajo el sonido de las balas que todavía se hacían presentes. Amy quedó abajo mientras el carnicero sonreía de manera cruel.
-Esto me trae recuerdos. –le dijo sonriendo como un lunático. –¿Recuerdas que así te hice esa linda cicatriz en su mejilla? Esta vez me asegurare de cortarte el maldito cuello.
Comenzó a poner presión, apuntando el cuchillo hacia Amy que retenía su ataque con todas sus fuerzas posibles, pero no podía más. Sus manos comenzaron a perder la batalla, lentamente dejando bajar el cuchillo más y más hacia su garganta.
-Al menos veras pronto a la perra de tu novia. –le susurró el Carnicero. –Y no te preocupes por la pelirroja, también te la enviaré pronto, pero no sin antes divertirme con ella.
-No si puedo evitarlo, basura. –dijo una voz.
Cuando el Carnicero se encontró de cara con un rifle, sostenido por Karma, que tenía el labio sangrando, la cara llena de rasguños y moretones además del desastre de su cabello, y lo único que pudo pensar fue "oh" antes de que Karma apretara el gatillo de su rifle destruyendo, literalmente su rostro.
La sangre salpicó a Amy y Karma que se quedaron pasmadas durante unos segundos, luego, la pequeña pareció recordar dónde se encontraban y le tendió una mano a Amy.
-Vamos, terminemos con esto.
Amy se levantó con ayuda de Karma, todavía sintiendo como le pitaban los oídos por el sonido del disparo. En ese momento, Mike y Lauren seguidos por los demás entraron apresuradamente.
-¡Maldita idiota! –gritó Lauren contra el rostro ensangrentado de Amy. -¡No te vuelvas a ir de esa forma, idiota!
Si no hubiera visto a su hermana en tan mal estado quizá la habría golpeado, pero a juzgar por su rostro, ya había tenido bastante de eso.
-James debe estar en el último piso. –dijo Mike limpiándose la sangre dela frente. –Mejor que nos apresuremos.
-Ustedes no irán. –dijo Amy sintiendo como las fuerzas venían a ella nuevamente. –Yo me tengo que encargar de esto sola.
-Estás loca si crees que te dejare ir sola. –dijo Lauren de manera definitiva. -¡No vas a ir sola!
-¡Tengo que resolver esto de una vez por todas, Lauren!
-¡Apenas puedes moverte!
Más disparos se hicieron escuchar desde abajo lo que significaba que la compañía había vuelto.
-¡Vamos, chicos! –se oyó gritar a un hombre. -¡No hagan esto más difícil!
-¡Jack! –dijo Liam sosteniendo con fuerza su arma. –Yo mismo acabaré con ese idiota.
-Liam. –dijo Amy de pronto. –Tú lleva a los demás y terminen con ellos, mientras yo me ocuparé de James.
A nadie pareció gustarle la idea, en especial a Lauren y Karma, pero había algo en la voz de Amy que no ofrecía otra solución.
Todos empezaron a bajar, listos para volver a pelear, Lauren le dedicó una última mirada a su hermana esperando que no fuese la última, y Karma le dio un abrazo antes de irse.
Amy se encontró de frente a las escaleras, sola. Imágenes de la noche en que conoció a su padre y a James vinieron a ella, golpeándola tan fuerte como los puñetazos del Carnicero; su recuerdo de la huida del banco, momento en que su vida había cambiado para siempre.
Cada paso hacia arriba le hacía recordar más. Cuando les habían bloqueado el paso y entonces Mike y hermano habían llegado para ayudarlas, como caídos del cielo. Lograron sacarlas de allí de milagro, y sin saber que todo sería diferente desde entonces.
Por supuesto, Amy debió haber supuesto eso cuando le disparó a su padre. Jamás había usado un arma contra una persona, si apenas podía cazar, no era realmente buena para eso en aquellos días, pero al ver a Lauren en peligro no se controló, después de ver morirá su mamá, habría hecho lo que sea para salvar a su hermana.
Y ese momento, recordó cómo le rogaba a su padre que detuviera todo, pero éste parecía fuera de sí. Y disparó el arma, con lagrima en sus ojos, pero sus manos sobre el arma firmes, sabiendo que no podía fallar.
Había sido sin duda uno de los momentos más difíciles en toda su vida, tener que dispararle a alguien de su propia familia. Era como si algo dentro de ella también hubiese muerto.
Y ahora tendré que hacerlo otra vez.
Todo se veía vacío en el cuarto piso, entonces miró hacia arriba, a la escotilla que daba al techo, y con una intuición comenzó a subirse a una mesa para llegar arriba.
…
…
…
…
…
Karma estaba viviendo el momento más loco de toda su vida. No sabía de dónde había sacado esa habilidad para disparar de tan buena manera. Sonaría estúpido, pero casi sentía que Reagan estaba allí con ella, ayudándola. Nunca habían sido amigas, y a pesar de sus encontrones, ella le había salvado la vida más de una vez.
Se encontraba al lado de Liam, que descansaba sujetándose del estómago donde otra bala le había dado. Había bajado tan rápido que sorprendió a todos, incluso a Jack que miro a Liam sorprendido antes de que este lo matara, pero no había pensado en los demás, y una bala le llego de lleno en el estómago, por suerte para él Karma y los demás lo salvaron a tiempo, antes de que terminaran de matarlo.
Ahora se encontraban allí, disparando hacia los sujetos que resguardaban la salida, pero nadie tenía su mente en el lugar. Todos pensaban que estaría pasando con Amy ahora mismo, sobre todo Karma, no podía quitarse esa imagen de su cabeza.
De repente, a su lado llegó Lauren, más preocupada que nunca.
-¡Karma! –le dijo moviendo el hombro. -¡Estás disparando hacia la pared!
-¿Qué…?
Tenía razón. Ni siquiera se fijaba a dónde disparaba.
-Te preocupa Amy, ¿verdad?
-Claro que sí. –gruñó Karma. –Yo…sólo desearía estar allí con ella.
Lauren pensó durante unos segundos. –Ve con ella. –le dijo mirándola fijamente.
-Pero no nos dijo que…
-¡¿Qué importa lo que dijo?! –Lauren estaba exasperada. –A nosotros nos importa así que no tenemos que seguir sus órdenes siempre, yo… me sentiría más segura si fueras.
Karma vio en los ojos de Lauren, casi suplicantes por que ayudara a su hermana. Y sin sorprenderse mucho, se encontró a si misma deseando ir.
-Cuida a Liam por mí. –fue lo único que dijo la chica dirigiéndose hacia arriba lo más rápido que podía.
Llegó al cuarto piso esperando encontrarse a los dos, pero no había nadie, entonces se fijó en unas mesas apiladas hacia una pequeña especie de puerta en el techo. Subió con cuidado, a pesar de su miedo a las alturas y subió hasta el tejado del edificio.
En el límite del edificio, vio a Amy y a su hermano, James.
Una última Despedida
Amy se encontró de cara a cara con su hermano en lo más alto del edificio.
-James. –dijo la chica que sostenía su arma inmóvil a un lado.
-Tardaste en llegar. –fue lo único que dijo su hermano a principios. También sostenía un arma, inmóvil hacia un lado.
-Tuvimos algo de compañía. –dijo Amy. –Entiendes qué pasara ahora, ¿verdad?
James comenzó a reírse sin mirar a su hermana. –Claro que sí, Amy, viene a terminar su trabajo, como si no hubiera sido suficiente matar a tu propio padre…
-¡No me vengas con eso! –le gritó la rubia hacia su rostro, desfigurado. -¡No fue mi culpa lo que pasó! ¡Mis manos están limpias!
-¿A sí? –se burló James. –Miente todo lo que quieras, los dos sabemos que eres solo una maldita asesina.
-Todo fue culpa suya, si no hubiera aparecido con sus ideas de robar un banco y se hubiera adaptado a nuestra vida…
-¿A su vida? ¿A ser unos estúpidos granjeros? –soltó James sin creer a su hermana. –Mi papá siempre fue más que tú, Amy. Sabía que merecíamos más. Y todo habría salido bien si no te hubieras entrometido en todo.
-¿Por qué era tan importante el dinero?
-No lo entenderías. –dijo James sintiendo la rabia crecer dentro de él.
-¡Bueno explícamelo! –le gritó Amy tratando de hacerlo reaccionar.
-¡Porque somos mejores, Amy! –le gritó James sin poder contenerse. -¡Porque me encanta mirar a esa gente estúpida pasarse una vida en trabajos asquerosos mientras yo vivo como un rey! ¡¿Y sabes por qué?! ¡Porque soy más inteligente que todos esos! ¡Más que tú! ¡Más que tu estúpida madre! ¡Más que todos!
Seguía gritando pero Amy vio cómo su sano comenzaba a humedecerse.
-¡Todo fue tu maldita culpa! ¡Estábamos bien antes de conocerlas a ustedes! Yo…
-James… -Amy trató de acercarse a él, pero este le apunto con su arma directamente al corazón.
-Aléjate de mí… tú… no te me acerques…
A su derecha se escucharon pasos y ambos miraron rápidamente, encontrándose con Karma. El arma de James fue directa hacia ella.
-¡NO! –gritó Amy tan fuerte que sorprendió a todos. –No le hagas daño.
Se puso frente a Karma para protegerla. James sólo la miraba, con el arma tiritando en sus manos, y Amy sintió como su dolor volvía cuando pensó que exactamente así debió de estar ella cuando le disparó a su padre en el banco aquella vez. Exactamente igual.
Asustada.
-James. –dijo Amy levantando las manos. –Suelta el arma.
-Tu… ¡TU NO ME DICES QUE HACER!
-Por favor…
Bajo el arma un poco y Amy aprovechó para tratar de quitársela, pero James estaban listo y la empujó de una patada lejos de él.
-Nunca lo entenderás, Amy. –le dijo el chico con la voz rota. –Yo no tengo a nadie… tú me quitaste a mi papá. La persona que más me amaba. –miró a Karma un última vez. –Ahora entenderás…
Y disparó su arma contrala chica, que tan sorprendida estaba ni trató de moverse o defenderse de alguna forma. Cayó al suelo haciendo ruido brusco y Amy perdió el sentido nuevamente, levantó su arma y con una última mirada a su hermano le disparó, enviándolo hacia abajo.
-¡Karma! –gritó Amy sosteniendo a la chica, inmóvil en sus brazos. –Nooo… por favor, Karma… vuelve conmigo, por favor no te vayas, lo siento, lo siento tanto… -lagrimas caían de su rostro, lágrimas por todo lo que había pasado; por Reagan, por su hermano, y ahora por Karma, la pequeña que quitaba el sueño de noche. –Karma… -acarició su rostro y besó sus labios con cuidado-, Karma… perdóname por todo…yo te maté…
Cerró los ojos y lloró sobre el pecho de su pequeña. Ya debía estar alucinando porque después de un rato juró que una mano le acariciaba la cabeza.
-Todavía estoy aquí, tonta. –susurró una voz hermosa en su oído.
Abrió los ojos, con miedo, pero al ver la imagen de Karma, mirándola con los ojos llenos de amor ya nada más ocupó su mente. Tomó su rostro entre sus manos y la besó allí, en lo más alto del edificio, bajo las estrellas, sabiendo que ya ni sabía qué era real y qué no lo era.
-Amy. –gimió Karma en su boca después de unos minutos. –Tenemos que irnos antes de que vuelvan los tipos del sheriff.
Amy sostuvo el rostro de Karma sin atreverse a creerlo todavía. -¿Estás aquí de verdad…?
-Claro que sí, tonta, ¿te crees que soy inventada?
-Vi cómo te disparaban.
Una mirada de confusión se produjo en la cara de Karma, entonces, ambas chicas miraron el pecho dela muchacha viendo… el maldito reloj que usaba como collar. Había parado la bala y le salvado la vida como resultado.
-Ese reloj. –susurró Amy sin poder creerlo.
-Lo sé. –susurró Karma de vuelta. –Es increíble… supongo que la vieja Abigail realmente sabe lo que hace…
No pudo seguir hablando porque Amy volvió a besarla, ahora sabiendo que era real, que estaba con ella. No la había perdido. Su pequeña estaba con ella.
Ambas estaban juntas.
…
…
…
…
…
Luego de escapar en una carreta robada (nuevamente) se encontraban frente a un pequeño lago en el medio de la nada. Habían decidido acampar allí. Era un lugar solitario, nadie pasaba cerca y podían vivir tranquilamente sin la interrupción de nadie. Además, Liam necesitaba reposo por sus heridas y allí era ideal.
La semana pasó rápidamente, todos necesitaban descanso y nadie se quejó mucho de no seguir disparando. Para variar, venía bueno el descanso. Amy había pasado cada momento posible junto con Karma. Sólo con ella, eso era todo lo que quería.
La hacía feliz.
A pesar que la muerte de su hermano le atormentaba, la sola idea de Karma la hacía feliz. Le recordaba que no todo terminaba en muerte, Karma había sido la excepción, para ella, era la visión de una vida más feliz. Una vida más feliz que podía llevar con ella.
Es anoche se acercó al lago, donde Karma leía un libro tranquila.
-¿Todo bien? –le preguntó la pequeña haciéndole un lado para que se sentara.
Amy se sentó dándole un tierno beso en los labios. –Todo bien. –asintió Amy sonriéndole como la primera vez que se habían visto.
-Sabes que no soporto esa sonrisa tuya. –gruñó Karma.
-Lo sé, ésa es la razón de que la haga.
Las dos se rieron alegremente. La imagen del lago bajo el cielo era tranquilizante. Estuvieron así un rato.
-Karma. –dijo de pronto Amy. -¿Puedo pedirte un favor?
-Lo que sea.
-¿Podemos hablar? Digo… ahora, ¿podemos hablar?
Karma sonrió al mismo tiempo que atrapaba la vista de Amy con sus hermosos ojos azules. –Siempre, Amy, siempre.
Todavía había mucho por hablar. Qué harían a continuación, qué sucedería con Liam, y por supuesto hacia donde se dirigían sus vidas de ahora en adelante, pero en ese momento, y por primera vez en mucho tiempo, Amy sintió que no tenía ninguna prisa. Sólo quería estar allí, y hablar un rato con Karma.
No tenían prisa alguna.
