Por que los buzones también se enferman.
Cuando menos lo esperes ya estarás al 100%,
aunque con el 80 % me conformo, buzón ;)
13. Rompiendo las reglas
Jueves 29 de octubre. 0550 horas. Downtown. Los Ángeles.
-Esto ya está bien. Lo único que tienes que hacer ahora es descansar- fue la orden directa que recibió del médico que su padre había pedido que se trasladara a La Guarida para que atendería a los que estaban heridos, prácticamente todo el Team Quick.
Se encontraba en la parte trasera de la sala de La Guarida viendo como el resto de sus amigos eran atendidos por los ayudantes del médico que la atendía a ella, aun así no podía evitar chequear cada dos minutos su teléfono móvil en busca de algún tipo de información respecto a Rachel.
-Todo bien. Gnomo a salvo. (A)- decía el mensaje de texto que le envió Alyson con una imagen adjunta donde se podía ver a los secuaces de Weston padre muertos en el suelo.
Pero ella no quería eso, ella quería una imagen de Rachel. No, tampoco quería eso, quería a Rachel en persona, comprobar por ella misma que la morena estaba bien, asegurarse de que nada le había pasado y que no tenía ni un rasguño encima. No como a ella que tenía dos costillas fisuradas, un ojo morado, los nudillos raspados, un corte en la ceja, el labio partido y todo el cuerpo adolorido.
El resto del equipo estaba igual o peor que ella. Isabelle se había llevado varios golpes de arriba además del susto de que casi recibe un disparo en la cabeza, Samantha se había golpeado el hombro al caer, Puckerman, Dave Pratt, Brody y Tyler también se llevaron varios golpes dejando sus rostros casi irreconocibles. Mia y Jake tenían un brazo y una pierna rota respectivamente. Ívan se había dislocado un hombro pero quien se llevo la peor parte fue Bastian que había recibido un disparo en el abdomen. No era nada grave, de hecho estaba fuera de peligro pero aquello era suficiente para desquiciar a Isabelle que estaba como un león hambriento y enjaulado.
-Lo acompaño hasta la salida- se ofreció Quinn bajándose de la mesa con mucho cuidado antes de dirigirse hacia salida de La Guarida.
Al llegar a la parte delantera de la sala se encontró con una Isabelle completamente sacada de quicio siendo sostenida por Puckerman e Ívan. Aquello la sorprendió por que jamás había visto a la chica de aquella forma. Bueno, quizás una o dos veces pero esta vez era distinto, esta vez Quinn podía ver la rabia y el odio impregnado en los ojos marrones de Roxont.
-Mi hermano está herido- grito Isabelle mientras forcejeaba entre los brazos de su hermano y Puckerman. -Qué casualidad que el golpe era secreto y aunque sabíamos que posiblemente Weston padre nos estaría esperando se supone que él estaría en su horripilante mansión pero no estaba allí- Quinn busco con su mirada a quien era que Isabelle le gritaba todas esas cosas y se dio cuenta de que se trataba de Parker. -Escúchame bien, pendejo. Yo que no me entere que tú estás pasando información sobre nosotros porque te juro que te matare.
-¿De qué me acusas? ¿Te escuchas cuando hablas o uno de los golpes te afecto las pocas neuronas que tenias?- replico Parker con una sonrisa de lado que molesto a Quinn. -¿Por qué no te vas a cuidar de tu hermano? Ve a jugar a la mamá, si es que sabes lo que es eso.
Quinn, aun con todo su cuerpo adolorido, sintió ganas de golpearlo pero eso no fue necesario porque en cuanto las palabras abandonaron la boca de Parker tanto Ívan como Puck soltaron a Isabelle de su agarre. Ni siquiera se molesto en detener a su amiga, Parker tenia merecido todos y cada uno de los golpes que estaba recibiendo por parte de Roxont. No todos sabían la historia detrás de Isabelle respecto a sus padres pero evidentemente John si lo sabía y por eso la provocaba por ese lado.
-Vamos, defiéndete... putita- escupió Isabelle con los dientes apretados mientras volvía a golpear a Parker que la miro con odio. -¿Te gusta atacar con esas cosas? ¿Te gusta causar dolor de esa manera? Pues yo prefiero el dolor físico y con una muestra permanente de eso. No me des la espalda, ni siquiera me mires porque tu cara de idiota quedara marcada por mi fuego y hablo literalmente.
-Parker, vete. Ya, Clarisse, tranquila- intervino Quinn metiendo entremedio de Isabelle a la que tomo por el rostro mirándola a los ojos. Muy pocas veces usaba el segundo nombre de Isabelle y siempre lo hacía para tranquilizarla, como lo era en ese caso. -Shh... Tranquilízate. Está todo bien. Ya le diste su merecido, respira.
La recostó en su pecho como si se tratase de una niña pequeña y la saco de enfrente de Parker llevándosela a la habitación. Ya se recuperaría y se vengaría ella misma del chico, como hacía cada vez que alguien lastimaba a su amiga o alguien cercano a ella. Reprimió una mueca de dolor cuando Isabelle presiono más fuerte de lo debido el brazo con el que le rodeaba la cintura y sintió el dolor en sus costillas.
-Voy por un poco de agua. Quédate aquí- indico Quinn cuando llegaron a la habitación de Roxont y ésta simplemente asintió.
En realidad su intención era dejar sola a su amiga para que se tranquilizara a su manera. Con Isabelle las presiones no funcionaban y sabía que debía darle su espacio para procesar todo aquello. No importaba cuantos años pasaran, la perdida seguía doliendo y Parker no había tenido la delicadeza de cerrar la boca a tiempo. No solo se vengaría por eso sino que también lo haría por otras cosas más.
-Ey, Dave. Espera- pidió cuando se cruzo con Pratt que la miro con una sonrisa incitándola a hablar. –Necesito tu ayuda, ¿Puede ser?- recibió como respuesta un asentimiento de cabeza por parte del chico. Quinn miro alrededor y tras asegurarse que no había nadie cerca de ellos continuó: –Necesito que mantengas vigilado muy de cerca a Parker. Puedes usar los métodos que quieras pero lo quiero vigilado las veinticuatro horas del día. Si se le rompe una uña quiero saberlo, si va al baño, lo que come, lo que vomita, con que sueña al dormir. Absolutamente todo, ¿Esta claro?
-Sí, capitana- afirmo Pratt hablando por primera vez. Bueno era la primera vez que hablaba con ella directamente.
Ya había conocido a Dave Pratt de trabajos anteriores pero jamás se detuvieron a cruzarse aunque sea dos palabras hasta ese momento en que Pratt dejo al descubierto su voz grave y varonil que cautivo a Quinn. Lo miro unos segundos a los ojos encontrandose con un azul eléctrico hasta que Dave sonrió con timidez dejando al descubierto los dos hoyuelos en su mejilla.
-¿Algo más, capitana?- pregunto Pratt desviando la vista.
-Sí, tu lealtad, fidelidad y más entera discreción en esto- respondió Quinn sin dejar de mirar al chico. –No eres de hablar mucho, ¿Cierto?- recibió una negación de cabeza como respuesta. -¿Por qué?
-Por que no es necesario hablar todo el tiempo. No solo las palabras esconden verdades, los silencios también- indico Dave encogiéndose de hombros. –A diferencia de muchos yo si aprecio el valor del silencio. Y por mi lealtad, fidelidad y discreción no se preocupe, que estoy de su lado. Parker y todo su linaje están en mi lista. Si es un topo la pagara. Ahora si me permite…
-Por… por supuesto- cedió Quinn haciéndose a un lado para dejar pasar a Dave que le sonrió. Lo vio irse pero a los pocos segundos volver sobre sus pasos y eso la desconcertó.
-Casi lo olvido. Su hermana llego con los agentes Pierce y Evans- informo Dave parándose erguido mientras los nervios ya se apoderaban de Quinn. –También está la testigo Berry con sus amigos, Lopez y Hummel. Al parecer…
No escucho nada de lo que dijo Pratt a continuación por que empezó a caminar con toda prisa. Poco le importo sus costillas fisuradas, lo único que quería era ver a Rachel y asegurarse que estaba sana y salva, tal y como le había indicado Alyson por medio del mensaje de texto.
Llego al final del pasillo que daba a las escaleras y desde allí arriba paseo su mirada por toda la sala de La Guarida en busca de Rachel. Fue inexplicable las sensaciones que la asaltaron de repente, el vuelco en su estomago, una punzada en su corazón, una descarga eléctrica en su columna vertebral y una sonrisa tonta fueron las muestras más notable de su estado al verla en el piso de abajo tomada de la mano de Kurt Hummel, que parecía asustado. Su sonrisa se ensancho al ver como Rachel buscaba algo desesperadamente con la mirada y se ilusiono pensando de qué quizás la buscaba a ella. Aun así, con un poco de orgullo y dignidad, bajo las escaleras lentamente y se detuvo al pie de la misma cuando vio a la morena correr hasta ella provocando un ruido seco cuando ambos cuerpos chocaron.
-Pensé que… Estas… Quinn- balbuceo Rachel apretando con fuerzas sus abrazos alrededor del cuello de Quinn que escondió su rostro en el cuello de la morena mientras se aferraba más a su cintura levantándola del suelo.
Poco le importo las voces de alrededor, los movimientos del resto, la mirada atenta y perspicaz de Parker que estaba serio observándolas con una ceja en alto como si hubiese descubierto un hecho puntual. Ni siquiera le importo el dolor de sus cosquillas, o quizás si pero no se concentro en eso, se concentro en disfrutar el cuerpo de Rachel entre sus brazos, el perfume de la morena colándose sin permiso en su nariz, su cuerpo sintiendo una paz interior que no había sentido antes.
Rachel por otro lado no pudo evitar que algunas lágrimas de tranquilidad se le escaparan de sus ojos al sentir los brazos de Quinn rodeando su cintura. Era real, Quinn Fabray estaba sana y salva, estaba junto a ella, con su rostro hundido en su cuello, acción que le empezaba a gustar, con su perfume exquisito y elegante instalándose en cada resquicio de sus pulmones. Quería quedarse así durante un buen rato. Tener a Quinn pegada a ella después todo lo que su mente había imaginado era la mejor prueba de que todo estaba bien.
-¿Estás bien?- le pregunto la rubia en susurro antes de separarse lentamente aunque sin intenciones de hacerlo del todo. Vio el rostro preocupado de Rachel y con ternura le corrió el cabello del rostro mientras la morena cerraba los ojos. –Pensé que el desayuno seria en tu departamento, no aquí. Me hubieses dicho que venías y ordenaba este desastre.
-Fue cosa de último momento- señalo Rachel siguiendo la broma de Quinn que sonrió de lado. –Mi departamento está siendo pintado de color rojo sangre- sonrió orgullosa por su broma una vez que escucho la risa de Fabray que lentamente la fue soltando del abrazo para su propia desilusión. Alzo una mano con temor e intenciones de acariciar el rostro de Quinn que se dejo hacer. Dejo que varias muecas de dolor se reflejaran en su rostro mientras repasaba con las yemas de sus dedos las heridas que tenia la agente. –Mira como te dejaron, ¿Alguna vez se curan esas heridas? ¿O podre verte sin ellas? Desde que te conozco siempre estas marcada. Aun no conozco tu rostro sin un moretón o un corte en él.
-Bueno, salvo vidas. Si fuera payaso me verías con la cara pintada todo el tiempo y sería lo mismo- bromeo Quinn ganándose una mirada asesina por parte de Rachel. –Era broma. Supongo que estarás cansada por el viaje así que, ¿Qué te parece si vas a ducharte mientras yo preparo el desayuno para nosotras? Aunque lo cierto es que tendría que ser al revés pero el desayuno en tu departamento me lo debes.
-Si quieres una cita, solo tienes que pedirla- indico Rachel con una sonrisa traviesa antes de dejar un beso en la mejilla de Quinn y alejarse de ella dirigiéndose hacia donde estaban sus amigos.
Fabray se quedo en el lugar procesando lo que había dicho la morena. ¿Le estaba dando vía libre a que le pidiera una cita? Jamás le había pedido una cita a nadie antes, sus conquistas llegaban solas y se iban de igual manera. Los pocos novios que había tenido habían propuesto las citas y la única relación que tuvo con una mujer no necesito de una porque solo duro tres semanas y la única que habían tenido en ese tiempo la había propuesto la chica en cuestión.
Podía sentir como algo en su interior la incitaba a proponer aquello. Una cita con una chica no era nada fuera de normal, quizás lo era una cita con Rachel Berry, su testigo. Sonrió de oreja a oreja antes de subir nuevamente las escaleras y dirigirse hacia la habitación de Isabelle.
Se pregunto en qué momento Samantha había llegado a la habitación de su amiga por eso se sorprendió cuando se las encontró a ambas riéndose, Roxont desde su cama y Fox apoyada al pie de la misma.
-Hola, Quinn- saludo Samantha amablemente sorprendiéndola aun más. –Le estaba informando aquí a tu amiga piromaníaca que el fuego que prendió en la mansión de Weston padre arraso con toda el ala este del lugar y que ya sabe que estuvimos allí gracias a Ívan que pinto en la habitación de Weston padre "Aquí estuvo el Team Quick, fósil". Por cierto, ¿Cómo te encuentras?
-Bien, ¿Y tú?- pregunto Quinn aun sorprendida antes de mirar a Isabelle que bajo la mirada. Samantha se encogió de hombros con una sonrisa en los labios a modo de respuesta. -¿Segura? Recibiste un disparo que de no ser por el chaleco antibalas te habría dado en el corazón.
-He hecho cosas peores y por personas que no valían ni la mitad de la pena que…- Fox se detuvo a último momento. Carraspeo y continuo hablando: -Sera mejor que me vaya ya. Seguramente tienen cosas que hablar. Las veo en el desayuno.
Y sin más se fue. Quinn la observo abandonar la habitación antes de girarse hacia su amiga que se recostó dándole la espalda y así Fabray no viera la sonrisa que había aparecido en sus labios. Isabelle se tapo con el edredón antes de que la rubia se acostara a su lado abrazándola por la espalda.
-¿Qué fue todo eso?- cuestiono torciendo la cabeza para mirar a Isabelle que se ruborizo pero aun así no respondió. -¿Te gusta Fox, Isa?
-¿Qué? No- negó Roxont quitándose de encima a Quinn para sentarse en la cama y mirarla directamente. –Es… hermosa, la has visto, y también es divertida pero no me gusta. Además que tú estés jugando al histeriqueo con Berry no significa que yo esté haciendo lo mismo con alguien del equipo.
-Estas a la defensiva- acuso Quinn señalándola con un dedo y una sonrisa traviesa. –Si te gusta.
-No, no me gusta ella. Mmm… Escucha, Quinn. No quería decírtelo por que eres mi amiga y la amistad es importante para mí, más que una… Bueno, más que una mujer o un hombre- empezó diciendo Isabelle con el rostro completamente serio mientras se removía nerviosa alertando a Quinn. –Yo no quise, ¿Si? Simplemente paso. Es solo que la veo tan pequeña, tan desprotegida. No debería decirte esto después de lo que me confesaste en el avión pero lo cierto es que ya no puedo seguir callándolo. Me gusta…
-No lo digas- interrumpió Quinn la determinación a pesar de su voz temblorosa. Se levanto de la cama de Isabelle y empezó a dar vueltas por toda la habitación de su amiga mientras esta fingía estar avergonzada. –No quiero escucharlo, Roxont. No quiero…
-¿Por qué? Yo tampoco quería escucharlo y me lo dijiste- replico Isabelle mirándola directamente ocultando una sonrisa. –Quinn… Me gusta Rachel y peleare por ella. Ya me conoces.
-Tú no harás nada- ordeno Fabray con los dientes apretados mientras soñaba con un dedo a su amiga que empezó a reír a carcajadas desconcertándola. –Hablo en serio. Tú no harás nada. ¡Deja de reírte! ¿Qué es tan gracioso?
-Tú, Quinn. Tú eres lo gracioso- respondió Isabelle riéndose. -¡Dios! Te quiero tanto, amiga. ¿De verdad pensaste que Berry podría llegar a gustarme sabiendo que ya te gusta a ti? Solo bromeaba, Fabray. Respira, tranquilízate y baja tu espada.
-Eres una maldita perra- espeto Quinn mientras Isabelle se encogía de hombros sin dejar de sonreír. –Tú y tu maldito humor. Pensé que hablabas en serio. Ya estaba planeando como romperte la cara. En arruinar tu bonito rostro para que quedes con una horripilante cicatriz y Rachel no se fijara en ti.
-Tienes más imaginación que Beth, salvo que en ella es normal porque tiene once años pero tú ya tienes veintisiete- remarco Isabelle burlándose mientras Fabray rodaba los ojos sin dejar de dar vueltas por el lugar. –Ya, tranquila. Ven aquí, Quinnie. He dicho que vengas aquí, Quinn. Mierda, chica que no haces caso cuando estás en modo celos, eh.
-No estoy celosa- negó la rubia deteniendo su caminata antes de que Isabelle la tomara de la mano y la obligara a sentarse en la cama. –Yo… lo siento, Isa. No me gusto tu broma. Es lo mismo que yo bromee con Britt y contigo.
-¿Qué pasa con Britt y conmigo?- cuestiono Isabelle con desconcierto mientras Quinn le hacía señas para que entendiera lo que quería de decir. -¿Crees que entre Britt y yo pasa algo? Oh, dios, Quinn. Es como mi hermanita. Que nos comportemos de manera algo intima no significa nada. Contigo también me comporto así y no por eso tenemos algo, ¿o sí?- Fabray negó con la cabeza sintiéndose algo ridícula. –Ya fue, mejor dime lo que te trajo aquí, porque a traerme mi vaso de agua estoy segura que no viniste porque estas con tus manos vacías.
-Rachel esta abajo…- susurro Quinn con un rubor en las mejillas mientras le contaba todo lo sucedido entre ellas a Isabelle que simplemente asentía escuchando las palabras de su amiga. –Entonces, ¿Qué piensas? ¿Crees que de verdad me dejo entrever que quiere que la invite a una cita o…? No sé qué pensar por que esto es nuevo para mí y quiero hacer las cosas bien porque ella me interesa, Isabelle. A pesar de la situación que nos encontramos. Quiero conocerla y que me conozca.
-Entonces, es fácil. Convierte ese desayuno que compartirán dentro de un rato en una cita- indico Roxont mientras Quinn a su lado la miraba con los ojos entrecerrados. –Quinn, si bien debemos ir al hospital para reclamar que te devuelvan la sutileza que te borraron al nacer… No me mires así, la sutileza y tú no son muy compatibles que digamos, pero esta vez, si quieres hacer las cosas bien, debes hacer tu mayor esfuerzo para ser sutil. No le digas que es una cita, pero déjaselo entrever.
Quinn se quedo procesando todo eso y estaba por decir algo al respecto cuando la puerta de la habitación de Isabelle se abrió de par en par dejando al descubierto una cabellera rubia con el gorro en forma de panda algo ensangrentado. Apenas tuvo tiempo de hacerse a un lado de la cama cuando Brittany salto sobre Isabelle abrazándola y llenándole de besos todo el rostro. Quinn abandono la habitación justo cuando Britt empezaba a relatar la aventura que vivieron en Nueva York.
Si bien podía quedarse y escuchar la versión de Brittany que seguramente sería algo un poco fantasioso y mentiría si dijera que no le gustaban las versiones de Britt respecto a las batallas que libraban, pero lo cierto era que ella quería escuchar otra versión de la historia. Una versión más dramática quizás.
-Así que… ¿Esta es la famosa Guarida?- pregunto Santana en la cocina del lugar una vez que Alyson los guio hasta allí para prepararles el desayuno que no pudieron disfrutar en Nueva York. -¿Aquí viviremos durante este tiempo? No te ofendas, Legolas, pero, ¿No estaremos todos apretados como las sardinas enlatadas?
-No todos los agentes viven aquí- respondió Alyson pasándole una taza de café a Kurt que aun se mantenía callado. –La mayoría volverá a su trabajo, a la ciudad donde estas sus protegidos esta tarde por lo que prácticamente aquí quedaremos tus guardianes, los de Kurt y los de Berny. Ey, Rachel, ¿Estas… estas bien?
-Sí, solo un poco cansada- respondió la morena con una sonrisa. -Creo que le hare caso a Quinn e iré a ducharme, así luego desayuno.
-Así me gusta. Que me hagas caso, Berny- intervino la voz de la rubia entrando a la cocina mientras la morena rodaba los ojos. –Ve a la ducha. Yo preparo el desayuno… y no es una orden, es una petición- agrego cuando Rachel iba a recordarle que no funcionaba con órdenes o eso intuyó que le diría. –Así que, ve a ducharte y luego desayunamos.
-Está bien- aseguro Rachel dejando inconscientemente, o quizás no tanto, una caricia en el hombro de Quinn antes de acercarse a Kurt y regalarle un beso en la mejilla a modo de despedida.
Vio una sonrisa traviesa por parte de Santana pero prefirió ignorarla. Choco contra el cuerpo de alguien cuando salía de la cocina y supo que se trataba de Parker en cuanto levanto la vista. Lo saludo con una sonrisa que el chico respondió de manera amable. Después de eso se perdió de vista escaleras arriba.
-Idiota- susurro Parker viendo como Rachel subía los escalones de la escalera a toda velocidad. Cuando la perdió de vista entro a la cocina encontrandose con los amigos de Berry y las Fabray. –Wow… demasiadas bellezas juntas, menos tú, Hummel. No sea cosa que te lances sobre mí pensando que soy como tú…
Pero quien se lanzo sobre él no fue Kurt, Santana o quizás Alyson. No, ninguno de ellos. Fue Quinn quien se lanzo sobre él acorralándolo contra la pared con el antebrazo presionando el cuello del chico y con una rodilla haciendo lo mismo pero en la entrepierna.
-Eres un maldito maleducado- afirmo Quinn apretando más el cuello de Parker que pidió por que lo soltara solo consiguiendo a cambio más presión. –Kurt es nuestro invitado y se respeta a nuestro invitado. Lo que haga de su cama y entre sus sabanas no cambia lo que es como persona. Y lo que le dijiste a Isabelle hoy, eso fue lo peor. Puedes atacar de las maneras que quieras pero no con eso.
-¿Por… por qué? ¿Extra… extraña a… mami?- logro articular con burla mientras Quinn apretaba más su garganta cortándole un poco más la respiración. –Quinn… suéltame.
-No lo hare. ¿Viste que feo que es? Sentir que te quedas sin aire de a poco, sentirse ahogado, que la falta de aire te haga marear. Si sigo presionando te desmayaras y con un poco de suerte te harás mierda la cabeza contra el piso- repuso Quinn dejando al descubierto la rabia en cada palabra pronunciada. –Escúchame, Parker. Que no sea cierto que estas traicionándonos porque te juro que tendrás una muerte lenta y muy dolorosa, sobre todo dolorosa.
-Quinn, suéltalo. Se está poniendo morado y no quiero que el primer día de nuestro invitados aquí sea recordada por como la desquiciada agente Quinn Fabray mato a su colega por presionarle los huevos- intervino Alyson sin darle demasiada importancia mientras untaba una tostada que le ofreció a Santana. –He dicho que lo sueltes, Quinn. Dios, mujer. ¿Qué es lo que te pasa que no haces caso? Piérdete, Parker… ah, y si eres un maldito traidor cortare tus pelotas y se las daré a Lord Tubbington para que juegue con ellas. Como veras, si eres un puto traidor no libraras tan fácil.
-Ey, Alyson. ¿Con esa boca dices 'mamá'?- pregunto Quinn soltando a Parker de su agarre dejándolo libre mientras el chico se iba de la cocina soltando improperios por lo bajo.
-Con esta boca hago muchas cosas, Quinnie-respondió Aly con picardía haciendo que Santana la mirase con una ceja en alto y un wanky escapando de sus labios. –Lamento lo que tuvieron que presenciar. Quinn con hambre se trasforma.
-Quiero entrar- dejo caer Santana de repente llamando la atención de todos que la miraron sin entender nada. –No me miren así. Quiero entrar. Están protegiendo a Rachel y el hobbit es mi amiga. Soy un poco violenta a veces, quizás un poco más que la agente Fabgay…
-Es Fabray- corrigió Quinn.
-A porcelana y a mí nos saltaron las alarmas en cuanto te vimos por primera vez. Así que no intentes hacerte la totalmente hetero- replico Santana quitándole importancia al asunto con un gesto de su mano. –La rubia ya no tan infantil me dijo que podía entrar. Que si tengo habilidades podría hacerlo y créanme, tengo habilidades. Sé sobre armas, sobre todo las caseras. Sé pelear, pregúntale a Hummel cuantas veces me ha visto pelear…
-Sobre todo a la salida de las discotecas- intervino Kurt mordiendo otra de las tostadas que Alyson le pasó. –Si quieren alguien sanguinario y violento están frente a la persona indicada. Yo también les pediría entrar, sobre todo si es para proteger a mi estrellita pero soy demasiado delicado como para hacer ese tipo de trabajos.
Que Kurt haya mencionado a Rachel le recordó el por qué estaba allí y lo que tenía que hacer. Dejo que su hermana hablara con Santana sobre si podía entrar o no al Team Quick y ella se encargo de preparar el desayuno que compartiría con la morena. Poco le importo sentir las miradas de los tres sobre ella mientras tarareaba una canción por lo bajo. La misma que se había colado en su repertorio perfectamente ordenado y si bien no se sabía la letra la melodía se había quedo guardada en su mente.
Tomo la bandeja con el desayuno y al pasar junto a Alyson le regalo un beso en la parte alta de la cabeza. Paso por la sala encontrándose con las miradas sorprendidas de todos los que allí estaban pero aquello poco le importo. Subió despacio las escaleras, recordando de pronto que tenía dos costillas fisuradas hasta que llego al final y se dirigió hacia la biblioteca. Una vez allí perfumo el lugar con olor a lavanda, acomodo algunas cosas y rogó por que la morena llegase rápido a su encuentro aunque recordó que no le había dicho donde la esperaba.
No necesito hacerlo, Rachel la encontró a los seis minutos, contados por reloj, de haberla esperado allí. Mentiría si dijera que los nervios no se apoderaron de ella o que Rachel no se encontraba realmente hermosa solo con un vestido sencillo de color rosa, color que no le gustaba hasta ese momento.
-Esto es realmente hermoso, Quinn- murmuro la morena mirando todo alrededor viendo como los almohadones de los sofás estaban tirados en el suelo para que se sentaran sobre ellos mientras que dos tazas de café humeante de café con algunas tostadas, mermelada de fresa y algunas galletas se encontraban en el medio de aquel improvisado lugar. Vio a Quinn perderse por uno de los ventanales y se pregunto a donde había ido hasta que la vio aparecer de nuevo con algo en la mano.
-Estaba amenazando a Parker y no me dio tiempo de ir a comprarte algo mejor- indico Quinn con timidez mientras le entregaba a Rachel tres margaritas que llevo a la morena a sonreír tontamente mientras tomaba las flores. –Recordé que tenemos muchas de esa en las macetas de afuera, las rosas aun no crecieron y sinceramente creo que son algo trillado. Una margarita es poco común y algo original. No todos regalan margaritas en su primera…
-¿Primera…?- cuestiono Rachel cuando Quinn se detuvo mirando al piso con las mejillas sonrojadas causándole ternura. Le acaricio el pelo y la rubia levanto la mirada haciéndola temblar de pies a cabeza. -¿Quieres que sea una primera cita? Puede ser lo que tú quieras que sea, Quinn- agrego cuando Fabray no le respondió. –Es todo muy lindo y me gusta esto de desayunar juntas. Por cierto, también lo haremos en mi departamento cuando terminen de quitar los cuerpos y la sangre de las paredes y la alfombra. ¡Oh, dios! Ahora que lo pienso, no quedaran los fantasmas de esos tipos en mi casa, ¿O sí? No me gustan los...
En parte si hablaba de fantasmas y eso era para eliminar rápidamente el hecho de que había hablado de más. Era obvio que Quinn no había pensado en aquello como una primera cita y ahora iba ella y por mucho que lo negase internamente, lo tomaba como tal. Quizás podría ella dar el primer paso y pedirle una cita a Quinn, hacerle saber que estaba interesada más allá de lo profesional pero no lo haría. Quinn era su protectora, no su posible conquista.
-Ey, esto está muy rico, ¿Tú lo preparaste?- le pregunto una vez que le dio el primer trago a su café. Fabray asintió con una sonrisa tímida mientras imitaba a la morena y se sentaba ella también en el suelo al lado de la chica. –Definitivamente me podría hacer adicta a tus cafés en la mañana.
-Puedo preparártelos cuando quieras- ofreció Quinn recibiendo un asentimiento de cabeza por parte de Rachel. –Entonces, cuéntame, ¿Que tal la noche en Nueva York? ¿Los tipos que entraron te hicieron daño? ¿Te lastimaron?
Rachel negó con la cabeza antes de relatar todo lo que había pasado en Nueva York la madrugada de aquel día. Quinn escucho atenta cada una de las palabras de la morena sintiendo como la sangre empezaba a hervirle, pero aun así no pudo evitar desviar sus ojos a los labios de Rachel viendo como estos de movían sin parar. Jamás había deseado besar tanto a alguien como en ese momento. Se mordió su propio labio y bajo la mirada para no ceder a la tentación y arruinar el buen momento que estaban pasando juntas.
Le gusto muchísimo como paso del momento drama de Nueva York a momento parlanchín de Broadway, esos cambios de conversación de un momento a otro, como acompaño cada palabra con movimientos de sus manos hasta que la vio reprimir un bostezo y fue en ese entonces que recordó que Rachel había dicho que no durmió en toda la noche, por lo que supuso que estaba agotada y con sueño. De hecho, ella lo estaba pero lo estaba pasando tan bien con Rachel que dormir era lo último que quería aunque los ojos se le cerraran.
-Ven aquí- le pidió a la morena de manera autoritaria para que no notara los nervios que la estaban invadiendo en ese momento.
La tomo de la mano para dirigirse hacia el sofá donde se recostó y obligo a Rachel que hiciera lo mismo. Sabía que aquello sobre pasaba los limites y que no debía hacer ese tipo de cosas con una testigo pero Rachel ya no era una testigo más, Rachel se estaba convirtiendo en mucho más que una chica del montón. Sin proponérselo le estaba abriendo un mundo nuevo que ella desconocía.
-¿Esto no va en contra de las reglas?- le pregunto la morena cuando ambas estuvieron acostadas en el sofá. Sentir el brazo de Rachel alrededor de su cintura era más de lo que podía pedir esa mañana. Reprimió una mueca de dolor cuando la morena sin querer presiono demasiado sus costillas. Obviamente aquello no paso desapercibido para Rachel. -¿Qué te paso? Quinn, ¿Qué le paso a tus costillas?
-Nada, solo están fisu… fisuradas- tartamudeó cuando Rachel sin reparo alguno le levanto la camiseta para chequear con sus propios ojos la herida. La vio reflejar la misma mueca de dolor que ella misma había hecho cuando los dedos fríos de la morena se posaron suavemente allí. –Despacio que duele.
-Son unos desgraciados. Mira lo que te han hecho- susurro Rachel sin dejar de acariciar el moretón sobre la piel blanca de Quinn. -¿Cómo estuvo eso?
Quinn relato como fueron las cosas en Santa Bárbara mientras veía como Rachel no solo inspeccionaba el golpe en sus costillas sino que ahora lo hacía con los golpes de su rostro. Tembló cuando los dedos de Berry volvieron a delinear con delicadeza cada resquicio de su cara.
-Eres hermosa- susurro la morena con un rubor en sus mejillas que se acentuó aun más cuando Quinn la miro sorprendida. -Lo eres, no deberías dejar que arruinen eso con golpes. Mmm... Será mejor que me vaya a mi dormitorio a dormir, estoy un poco cansada y con...- añadió cuando se dio cuenta de las palabras que había utilizado.
-Quédate- pidió Quinn sin dejarla levantarse del sofá. La morena la miro con desconcierto. -No me preguntes nada, porque no tengo claro nada. Estoy rompiendo todas las reglas solo con estar contigo en una habitación a solas, eres mi testigo y yo tu agente pero eso se me olvida cuando estamos así, hablando, riendo o simplemente mirándonos. Solo quédate, Rachel. Espera a que me duerma y luego te vas si quieres pero ahora solo quédate, por favor.
-¿Está mal que rompas todas las reglas?- pregunto la morena una vez que se acostó de nuevo al lado de Quinn que la miro con una sonrisa indescifrable. -No sonrías y respóndeme.
-¿No puedes resistirte a mi sonrisa?- bromeo la rubia mordiéndose el labio con diversión ganándose un suave golpe por parte de Rachel que oculto un bostezo. -Hora de dormir, Berny. Estas tan cansada y necesitas recuperar fuerzas por que mañana empezamos con el entrenamiento.
-No lo haremos. Al menos no hasta que te recuperes del todo- sentencio Rachel con seriedad acomodándose mejor en el pecho de Quinn. -No quiero que digas que te patee el trasero por qué no estabas al cien por ciento.
-¿Tus pies llegaran a patearme el trasero?- se burlo Fabray riéndose cuando la morena la miro con los ojos entrecerrados. -Dudo que lleguen pero prometo agacharme para que puedas golpearme... ¡Auch, Rachel!
-Fingiré que no escuche nada de lo que dijiste o mejor voy a fingir que es porque estas toda golpeada y eso te afecta- indico Rachel ahogando otro bostezo. Se acomodo mejor sobre Quinn y cerró los ojos dejándole lugar a que el sueño la invadiera por completo pero antes de que pasara tenía algo que decir: -Gracias por el desayuno, Quinn. Hacía tiempo que no tenía un desayuno así.
-Pórtate bien y tendrás muchos más- aseguro Quinn quedándose dormida también. -Si vas a soñar no aprietes demasiado mis costillas, ¿De acuerdo? Auch, Rachel- se quejo cuando la morena con una sonrisa traviesa le toco donde tenía el moretón. -Lo que tienes de enana lo tienes de maldita.
-Duérmase ya, agente Fabray- ordeno Rachel dejando un beso en la mejilla de Quinn que sonrió colocando de lado su cabeza para por fin dormir.
-Solo lo hare si al despertar estaremos así como ahora- susurro Fabray haciendo enternecer a Rachel que levanto la cabeza nuevamente antes de dejar otro beso en la mejilla de la rubia que tomo aquello como una respuesta afirmativa. -Si voy a romper más reglas que sea contigo al lado, ¿No?
-Así será, Quinn- afirmo Rachel quedándose dormida ella también pero aun así pudo sentir la caricia que Quinn dejo en su cintura y lo tomo como una señal de que la había escuchado. -Estaré aquí cuando despiertes y a ti te conviene estar también cuando yo lo haga.
-Estaré aquí, lo prometo...
Hola!
Como siempre gracias a todos y por todo =)
rosemarie: /SirshaRomanoff es mi twitter. Hablame por ahí cuando quieras =)
Sol: Gracias a vos =)
El lunes que viene no hay actualización asi que nos estaremos leyendo el miércoles siguiente!
Hasta la próxima!
Besos & Abrazos =)
