Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo beteado por Esmeralda Cullen.
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Capítulo 13
La sensación de pérdida no se alejaba de Isabella desde el momento en que vio a su amigo salir. Aun así se mantuvo firme en su decisión y, junto con su novio, salió de la empresa. Andrew tomó su mano ante la atenta mirada de todos, quienes no ocultaron su sorpresa. Ella no pudo evitar sentirse incómoda por las miradas de desprecio que algunos le dirigían y, para su sorpresa, otros la veían con compasión. No soportó tal escrutinio y apresuró su paso, al llegar al estacionamiento y subir al auto logró relajarse un poco.
—¿A dónde deseas ir? —preguntó Andrew cuando se sentó a su lado—. ¿A tu departamento?
—No, creo que me sentiría tranquila en cualquier otro sitio —contestó mientras pensaba en lo que haría durante el día. Su idea original no incluía la compañía de su novio, aunque creyó que quizá sería lo mejor, de lo contrario hubiera ido en la búsqueda de Edward y ella estaba convencida de que él era el que estaba equivocado.
—Te llevaré a mi casa, allá podrás descansar y te puedo asegurar que te sentirás mejor; claro, a menos que no quieras estar ahí.
Él puso en marcha el auto y salió del edificio esperando obtener alguna respuesta de Isabella.
—En tu casa estaremos bien —respondió en un susurro, no tenía ningún sitio al que acudir.
Poco a poco el cansancio empezó a vencerla, deseaba tanto lograr descansar un poco y olvidarse de todo lo sucedido que cerró los ojos ignorando cualquier pregunta de su novio. Él no dijo nada, era evidente que estaba cansada y si tenía que verla dormir, eso haría, al menos sabría en dónde se encontraba.
Edward se levantó muy tarde aquella mañana y con un gran dolor de cabeza. Cuando salió de su habitación se encontró con Rose en la cocina, recordaba haber hablado con ella, aunque en realidad no estaba muy seguro de lo que sucedió. Miró a su alrededor esperando hallar a Seth, ya que sentía que le debía una disculpa.
—Tuvo que ir al trabajo, pero me dijo que te mantuviera vigilado —explicó Rosalie mientras depositaba delante de él su desayuno.
—No tengo hambre —contestó y se alejó de la comida, caminó hacia el sofá para descansar un poco más. Ella lo siguió y se sentó a su lado—. Gracias por estar aquí —agregó y le dedicó una sonrisa sincera.
—Siempre que me necesites —dijo y se dejó abrazar—. Pero debemos hacer algo para solucionar lo de tu familia, no estoy muy informada, pero estoy segura que encontraremos alguna solución.
—No te preocupes, que pienso ponerme a cargo ahora mismo —aseguró—. Iré a casa de mis padres para conseguir todos los documentos y ponerme a leerlos uno por uno.
—Primero deberías ducharte, estoy segura que a Esme no le gustará verte así —sugirió, y él asintió—. Date prisa que quiero también pasar por mi casa para cambiarme.
—¿No deberías ir a trabajar?
—No, Jasper me ha dicho que él tiene todo controlado, además tengo que ir a ver a mamá, hablé con ella y dijo que tenía que decirme algo importante.
Alice llevaba varios minutos frente a una habitación del hotel, había sido muy cautelosa al seguir a su esposo y no podía negar que temía lo que podría llegar a encontrar. Para ella no tenía sentido que él estuviera en aquel lugar.
—¿Se encuentra bien, señora? —preguntó una de las empleadas del hotel. La había visto ahí ya demasiado tiempo y parecía no tener intención de moverse—. ¿Se perdió la llave de su habitación?
—Sí, no sé en dónde las dejé. ¿Cree que podría ayudarme? —contestó tranquilamente, si quería saber lo que sucedía dentro, ese era el momento.
—Sería mejor que bajara a recepción y les explique la situación, ahí la ayudarán. —La observó con atención, dudaba que fuera un huésped del hotel, ya que nunca antes la había visto, pero quería averiguar qué hacía ahí.
—Tengo un poco de prisa y estoy segura de que usted sabe cómo abrirla —dijo impaciente y sacó dinero de su bolsa—. Le daré lo que me pida.
La empleada la miró dudosa, pero finalmente accedió, de todos modos, no tenía nada que perder. Así que, sin ni siquiera preguntar su nombre y asegurarse de que efectivamente estaba hospedada en el hotel, sacó una de sus llaves y abrió.
—¿Necesita algo más? —inquirió, y Alice le indicó que guardara silencio—. ¿Qué sucede?
Alice entró lo más sigilosamente posible y por curiosidad la empleada la siguió. Caminaron hacia donde escucharon algunos ruidos, tras unos cuantos pasos se detuvo. Abrió y cerró los ojos varias veces, no daba crédito a lo que veía. Ni Jasper ni Irina se dieron cuenta de su intromisión, y ella, rápidamente, salió de ahí.
Se sentía estúpida por no haberlo notado antes, no quería que él supiera que lo había descubierto, necesitaba pensar en cómo lo iba a enfrentar. Al inicio consideró hacer un gran escándalo, pero no quería que nadie más se enterase de eso, no pensaba hacer el ridículo frente a todos.
Edward y Rosalie llegaron a la casa Cullen, saludaron a Esme y a la señora Hale. Desde el día anterior, Carlisle no había salido de la biblioteca, no comió ni durmió, solo leyó una y otra vez todos los papeles que firmó, esperando encontrar alguna cláusula que lo ayudara. Consultó con su abogado y con varios colegas, pero nadie le dio alguna esperanza, e incluso algunos a los que consideraba sus amigos le dieron la espalda.
—Papá, no te desanimes, juntos encontraremos una solución —dijo Edward y se acercó a él, verlo tan abatido le dolía, deseó poder encontrar una solución inmediata, pero en realidad no había nada que hacer.
—Perdóname, no sé ni cómo mirarte a ti o a tu madre después de lo que hice —susurró sin levantar la mirada.
—Todo mejorará, estoy seguro que conseguiremos recuperar lo que nos robaron. —Trató de sonar convincente, aunque no con mucho éxito.
—Les fallé, lo siento tanto. —Estaba deprimido y convencido de que era su culpa, quiso poder hacer más, pero le parecía imposible.
—Nadie te culpa por nada —aseguró su hijo.
La señora Hale le comentó a su hija los planes que tenía: un viaje fuera del país para visitar a su hermano, quien hacía mucho que insistía con que fuese a verlo; además había decidido ayudar a los Cullen con cualquier cosa que necesitaran, poniendo a su disposición todo lo suyo para ayudarlos a salir de ese problema, desde abogados hasta dinero para solventar sus deudas. Rosalie se mostró de acuerdo y aseguró que Jasper tampoco tendría ningún inconveniente.
—Carlisle no ha querido verme y mucho menos hablarme, pero no creo que Edward esté de acuerdo en aceptar nada, de todos modos se los agradezco —dijo Esme sinceramente—. Con contar con su apoyo es suficiente.
—Yo hablaré con Edward, él es consciente de la situación que están atravesando y estoy convencida de que nos permitirá ayudarlos —replicó Rose.
Edward se unió a ellas tras dejar a su padre solo, ya que no había manera de convencerlo de salir de ahí. Escuchó la propuesta de su amiga y aunque en el fondo él reconocía que necesitaban ayuda, quiso negarse a admitirlo, no quería aceptar su dinero. Rosalie le dio varios argumentos y en el instante que él iba a rebatir escucharon el timbre de la puerta. Esme se apresuró a abrir y recibió la notificación que le entregaron, en la cual el banco les informaba que tenían que entregar la casa en menos de veinticuatro horas.
Un profundo silencio se instaló en el lugar, nadie se atrevía a hablar, Esme había tenido la esperanza de poder conservar su hogar, sin embargo, eso era ya imposible. Edward pensó en llevarlos a su departamento, pero no era grande y aunque Seth lo comprendiera, no quería incomodarlo.
—Pueden quedarse en nuestro departamento —propuso la señora Hale—. Le harían compañía a mi Rose.
—No es necesario, yo buscaré un lugar para nosotros —aseguró Edward, aunque dudaba encontrar algo en el transcurso del día.
—Yo estoy por irme de viaje y no quisiera que mi hija se quedara sola, sé que ustedes cuidarían bien de ella —replicó la madre de Rose, ella quería mucho a la familia Cullen.
—Gracias por ayudarnos —intervino Esme y la abrazó—. Estaremos encantados de vivir con tu hija, trataremos de buscar un lugar para nuestra familia lo más pronto posible.
Edward no pudo hacer nada más que agradecerles, y enseguida empezaron a recoger algunas de sus pertenencias.
Al despertar, Isabella no reconoció el lugar en donde se encontraba, miró a su alrededor un poco confundida, se asustó al notar que alguien la tenía abrazada y rápidamente intentó apartarse, aunque no logró hacerlo.
—Espero hayas descansado bien —susurró Andrew en su oído y le besó en la mejilla para tranquilizarla.
—Gracias, logré descansar —contestó nerviosa, recordó que antes de dormir iban a casa de Andrew, así que sin duda esa era su habitación. Trató de levantarse nuevamente, pero él no se lo permitió.
—¿Por qué tanta prisa en marcharte?
—No es eso, sólo que creo que he estado demasiado tiempo acostada —dijo, pero al sentir los labios de su novio en su cuello se estremeció—. No quiero incomodarte.
—No lo haces, estoy feliz de tenerte aquí conmigo —continuó besándola. Ella cerró los ojos y se dejó llevar por lo que sentía, permitió que él la acariciara, aunque en su mente algo le decía que no debía hacerlo.
Tal vez era la pesadilla que tuvo mientras dormía, o únicamente sentía que todo pasaba demasiado rápido, pero no pudo evitar sentirse incómoda al lado de Andrew, y mucho más cuando él comenzó a despojarla de su blusa, sin embargo, no dijo nada. Se mantuvo en su sitio intentando no dejarse en evidencia, ella deseaba con todos sus fuerzas querer tenerlo cerca y estar con él para demostrarse que había tomado la decisión correcta. Pero, luego de unos minutos que a ella le parecieron toda una eternidad, se separó de él abruptamente.
—¿Qué sucede? —preguntó él confundido e intentando acercarse a su novia, dejó de hacerlo cuando la vio alejarse—. Siento haberme comportado de esta forma, no era mi intención presionarte…
—No, no, no es tu culpa, es solo que esto no está bien, a mí me han enseñado que únicamente debo entregarme a alguien cuando estemos casados —dijo, aunque a quien trataba de convencerse era a sí misma.
No mentía completamente, ya que eso era algo que le venían repitiendo desde que era niña.
—Eso puede suceder pronto si lo deseas —contestó—. Tan pronto como quieras puedo entregarte un hermoso anillo de compromiso y casarnos. Aunque ya eres lo suficientemente madura como para saber que no está mal hacer el amor con tu pareja… Yo te amo.
—No estamos listos para casarnos, hay que esperar. Ni siquiera sé que pensarán mis padres, tienen que conocerte y luego… —No supo cómo continuar, la idea de un matrimonio la desquiciaba, todo sucedía demasiado rápido y ella no sabía bien cómo proceder.
—Ok, tranquila, intenta calmarte —pidió cuando vio que parecía cerca de entrar en una crisis nerviosa, se acercó a ella y la rodeó con sus brazos—. No nos comprometeremos hasta que no estés lista —aseguró—. Pero, sobre lo otro, te aseguro que no tiene nada de malo, te trataré como una princesa y disfrutarás tanto o más que yo.
Isabella se tensó al escucharlo, en verdad deseaba poder entregarse al hombre que amaba, siempre supo que no le importaría no estar casada, sino enamorada; solo que no sabía que tan preparada estaba para dar ese paso con Andrew, ¿lo amaba? Debía hacerlo, de otra manera no estaría a su lado, pero no sentía nada de lo que añoraba; había leído infinidad de libros románticos y tenía muchas expectativas sobre el amor. Andrew era todo lo que un día soñó, pero le faltaba algo, por alguna razón se sentía incompleta.
—Hoy no sucederá nada, pero te aseguro que encontraremos el momento adecuado —prometió ella, y dejó de pensar en todo lo que atormentaba su mente.
—Y yo te aseguró que será perfecto y no te arrepentirás —contestó y la besó intentando que olvidara todos sus miedos.
Carlisle se negó a abandonar su casa, pero entre el llanto de Esme, las palabras de Rose y un poco de fuerza por parte de Edward, lograron sacarlo de ahí y lo convencieron de ir al departamento de los Hale. La madre de Rosalie los instaló y aquella noche fue al aeropuerto acompañada de su hija y de Edward, se despidió y les dijo que se mantendría en contacto por si se presentaba algún inconveniente.
—Tenemos que hablar con Isabella —comentó Rose cuando estaban regresando a casa.
—No tengo nada que hablar con ella, sé que es tu amiga, pero te pido que a mí no me la nombres —solicitó Edward y se concentró en el camino, lo menos que necesitaba era más problemas en su vida y, sin duda, Isabella podía convertirse en uno grande.
—Al menos debes contarle la verdad… —empezó a decir, pero la mirada furiosa de Edward la detuvo.
—No volveré a hablar con ella —aseguró fríamente.
Rosalie se enojó ante la actitud de su amigo, a pesar que lo entendía sabía que no podía dar por terminado ese asunto sin antes hablar. El resto del trayecto fue en completo silencio. Cuando entraron al departamento, encontraron a Esme sentada en el sofá, llorando, al verlos se acercó a ellos de inmediato.
—Carlisle salió, estaba muy mal, se llevó su arma, no pude detenerlo —dijo entre sollozos—. Hay que encontrarlo, no sé lo que piensa hacer.
—Quédate con mi madre, yo llamaré a Seth para que me ayude a buscarlo —intervino Edward de inmediato, la depresión de su padre era evidente y temía lo peor.
Rosalie asintió e intentó calmar a Esme, minutos después llegó a visitarla Jessica, quien se preocupó por lo ocurrido y se quedó con ellas.
Isabella regresó a su departamento por la noche, después de cenar con Andrew. A pesar de no haber trabajado se sentía sumamente cansada; intentó llamar a Jessica pero no le atendía. Telefoneó a Rose, pero tampoco tuvo suerte.
—Vaya amigas que tengo, nunca están conmigo cuando lo necesito —se quejó, dejándose caer en su cama.
Llamar a sus padres no era una opción, buscar a Edward tampoco. Estaba enojada con él por su comportamiento, y antes de que ella lo perdonara, él necesitaba darle una buena explicación y ofrecer una disculpa a su novio.
…..
Seth salió con su amigo a buscar a Carlisle, fueron a todos los lugares que se les ocurrió, pero no tuvieron éxito, pasaron horas recorriendo las calles de la ciudad, incluso visitaron hospitales. Al amanecer, regresaron para ver si en el departamento tenían noticias, pero lamentablemente no sabían nada. Esme dormía, lo cual alivió un poco a Edward.
—Lo encontraremos —aseguró Rosalie mientras le servía una taza de café
—Hay que dar aviso a la policía —sugirió Jessica, quien hasta ese momento se había mantenido alejada—. Le pediré ayuda a mi papá, él tiene muchos contactos y estoy segura que lograremos encontrarlo pronto.
—Gracias —dijo Edward, le sorprendió su presencia, ya que ellos nunca habían sido amigos, incluso él creía que lo odiaba.
Cuando iba a responder, Jessica recibió una llamada y se apartó un poco para contestar, era Isabella quien le pidió que fuera a verla.
—Lo siento, Edward tiene un problema y estamos ayudándolo —contestó Jessica a su amiga con un tono bajo de voz, no quería incomodar a nadie.
—¿Desde cuándo eres amiga de Edward? —cuestionó Isabella y antes de que Jessica pudiera responder, añadió—: Ni siquiera me importa, lo que me molesta es que mis amigas prefieran estar con él en los momentos que yo más las necesito. Ni siquiera lo habrían conocido de no ser por mí, y no es la persona que dice ser. ¿Sabes qué hizo ayer? Vino a armar un escándalo a la oficina y a decir mentiras sobre Andrew, y ahora solo quiere alejarme de mis amigas, por venganza —agregó molesta.
—Estás equivocada… —No pudo continuar porque su amiga ya había colgado.
Jessica se quedó sorprendida con el teléfono en la mano, no comprendía la actitud de su amiga.
—¿Era Isabella? —preguntó Rosalie al acercarse a ella.
—Sí, creo que debemos hablar con ella antes de que no quiera volvernos a dirigir la palabra —contestó no muy segura y preocupada—. Primero hablaré con mi papá y luego iré con ella.
—Está bien, yo tengo que salir, iré con Jasper y luego te acompañaré a ver a nuestra amiga.
Edward salió nuevamente con Seth a buscar a su padre, dejaron a Esme con Tanya, que afortunadamente ese día llegó a visitarlos. Jessica le pidió ayuda a su padre y él no dudó en complacerla, habló con sus contactos en la policía y la búsqueda se inició de inmediato. Mientras tanto, Rose fue a la oficina en busca de Jasper.
—Mamá me puso al tanto de la situación y me pidió que facilitara cualquier recurso para ayudar a los Cullen —le comunicó Jasper—. Si necesitas ausentarte por unos días, lo entenderé.
La actitud de Jasper la sorprendió, le pareció que estaba más relajado, incluso le sonrió un poco. En ningún momento cuestionó la decisión de su madre y lo que era más extraño, tenía la mejilla roja, como si alguien le hubiese golpeado, y parecía feliz por eso. Tuvo el impulso de preguntarle qué le sucedió, pero cuando iba a hacerlo Alice entró a la oficina.
—Nos vemos en unos días —dijo Jasper, entonces Rose supo que era el momento de marcharse y, sin decir nada, salió.
Isabella se había quedado en su apartamento, no tenía intención alguna de levantarse de la cama, necesitaba desesperadamente hablar con alguien, por eso intentó hacerlo con Jessica, pero ella le dijo que estaba con Edward, lo que la puso furiosa. Trató de dormir un poco pero no lo conseguía, la imagen de su amigo aparecía siempre y, lo que es peor, ella se sentía culpable, pero no lograba descifrar el motivo.
Rosalie y Jessica llegaron al mismo tiempo, aún conservaban las llaves, por lo que no tuvieron que esperar a que Isabella abriera la puerta. Entraron y fueron de inmediato a su habitación, la encontraron en la cama, lo cual las preocupó.
—¿Acaso Edward les dio permiso de venir? —preguntó sarcásticamente Isabella.
—Deja de comportarte como una niña y explícanos lo que ocurre —contestó Rosalie, obligándola a sentarse.
—Habla de una vez, Isabella —dijo Jessica al ver que su amiga no pensaba decir nada, solo las miraba con reproche.
—Edward fue ayer a golpear a Andrew, solo porque se enteró de nuestra relación, inventó algunas mentiras y se fue —explicó, esperaba que eso fuera suficiente para que ellas entendieran su actitud.
—Estás equivocada, lo que debes hacer es ir y hablar con Edward —aconsejó Jessica—. Hay cosas que no sabes y deberías dejar que él te las explique.
Rosalie se limitó a dejarlas hablar, conocía a Isabella, sabía lo testadura que podía ser y si no se le hablaba con las palabras adecuadas, sin duda terminaría echándolas de ahí. Así que esperó pacientemente a que Jessica lograra convencerla.
—No pienso dirigirle la palabra hasta que él no se disculpe con Andrew y conmigo —aseguró—. Y si en realidad ustedes me tuvieran un poco de aprecio, tampoco le hablarían.
Jessica iba a responder, pero fue Rosalie quien se le adelantó.
—Isabella, sabes que te quiero como a una hermana, pero sinceramente ahora te estás comportando como una idiota. —Su amiga la miró sorprendida—. Conoces a Edward y sabes que él no actuaría así sin motivo, y mucho menos inventaría nada para separarte de Andrew. ¿Acaso no has pensado que es él quien miente?
—Andrew jamás me mentiría, y si vienen acá solo para interceder por el cobarde e inmaduro de Edward, mejor váyanse porque no las necesito.
