Capitulo 12
Todo estaba pasando demasiado rápido. Solo habían transcurrido unos pocos minutos desde que confirmara su embarazo, y no había tenido tiempo para pensar en cómo iba a decírselo a Terry. Ahora él estaba frente a ella, parado en el umbral de la puerta.
- ¿Terry? – Preguntó Tom a sus espaldas - ¿Eres tú? - Candy volteó sorprendida a ver a su primo ¿De dónde conocía a Terry? – Candy... muévete de la puerta, déjalo pasar – Ella comprendió que estaba bloqueando la entrada, entonces dio un paso al costado para que Terry pudiera pasar – ¿Cómo es que has encontrado mi dirección?
- ¿Ustedes se conocen? – Preguntó Candy, confundida.
- Tom y yo estuvimos en el mismo campamento de reclutas hace cinco años – Contestó Terry, sentándose en el sofá.
- Pero luego fuimos envidado a diferentes pelotones – Continuó Tom – Dime Terry... ¿Qué te tare por aquí?
- En realidad he venido a ver a Candy... no sabía que vivía contigo.
- Es mi prima – Tom estaba confundido - ¿Por qué has venido a verla a ella?
- Tom, será mejor que me dejes hablar un segundo con Terry en privado – Candy comenzó a temer que su primo pudiera sospechar algo, y no quería que las cosas se le fueran de las manos.
- Aún no lo entiendo... ¿De dónde se conocen?
- Pues... – Terry quiso contestar, pero Candy lo interrumpió.
- Vamos a la cocina, Terry – Lo tomó de la mano, y quiso arrastrarlo hacia la cocina, pero Tom no iba a quedarse de brazos cruzados.
- ¡Un momento! – Los detuvo – Candy, ven aquí – A ella no le quedó más remedio que hacerle caso - ¿Qué me estas ocultando?
- Nada – Contestó demasiado rápido.
- Dime la verdad.
- Yo tampoco entiendo a que se debe todo esto, Candy... solo he venido a ver como estabas ¿Has conseguido empleo?
- ¿Cómo sabes que está buscando empleo? – Quiso saber Tom.
- Terry...
- Candy y yo trabajamos en la misma escuela, nos despidieron a ambos.
El rostro de Tom cambió rápidamente, al parecer se había dado cuenta de todo.
- Tú eres...
- Si – Fue Candy quien contestó.
- ¿Qué? – Preguntó Terry, ajeno a todo lo que estaba sucediendo entre los primos, no entendía porque Tom lo estaba mirando como si tuviera ganas de matarlo.
- Deja que yo se lo diga – Pidió Candy.
- Si no lo haces en cinco segundos, lo haré yo.
- ¿De qué demonios están hablando? – Terry estaba confundido, no entendía porque esos tres lo estaban mirando de esa forma.
- Terry, pues veras... ¿Recuerdas esa noche en que estuvimos juntos?
- No creo que sea adecuado hablar de eso ahora – Dijo Terry por lo bajo.
- Si lo es – Contestó ella – Porque esa noche trajo consecuencias.
- ¿A qué te refieres? ¡No entiendo que es lo que tratas de decirme!
- ¡Está embarazada, imbécil! – Tom no pudo aguantar más y se lo gritó en la cara, ante la mirada de reproche de Candy.
Terry no podía creer lo que acababa de oír, se sentó en el sofá temiendo que sus piernas le fallaran. Medito sobras lo que Tom había dicho "Está embarazada" Candy iba a tener un hijo suyo.
- ¿Cómo pudo pasar esto? – Murmuró Terry para sí.
- ¿Quieres que te lo explique? – Dijo Tom irónico.
- Pes eso no importa ahora – Intervino George – Candy está embarazada, y lo que hay que pensar ahora es en el bebé.
- Voy a tenerlo – Candy fue firme, sin dejar lugar a dudas acerca de sus deseos – Es mi hijo y mi responsabilidad.
- ¡También mía! – Exclamó Terry.
- Entonces tendrás que responderle a mi prima.
- ¡Tom, por favor! Eso es algo que debemos hablarlo nosotros dos.
- No voy a permitir que te abandone como lo hiso...
- Tom ¿Podemos hablar en privado? – Pidió Terry.
- Vamos a mi oficina – Lo siguió, y atrás de ellos iba Candy - ¡Tú no!
- Pero si van a decidir sobre mí – Protestó ella - ¡Soy yo la que está embarazada!
- ¡Por eso mismo! – Le dijo Tom – Con tus cambios hormonales no podrás pensar con claridad sobre qué es lo mejor para ti y para el niño.
- ¡No pueden dejarme fuera!
- ¿A no?- Se burló Tom, antes de cerrarle la puerta en la cara.
Candy paseaba de un lado a otro por la sala, no podía creer que le estuvieran haciendo eso, ella tenía tanto o más derecho de estar ahí adentro con ellos. Odiaba que la tratasen como a una niña incapaz de decidir por sí misma.
- No es justo, George – Se quejó ella, mientras se desplomaba sobre el sofá.
- Tom solo busca lo mejor para ustedes.
- Pero no puede mandar en mi vida de esta forma ¡Soy una persona adulta! – Candy notó como George reprimió una risa - ¿Qué?
- Nada.
- ¿Porqué no salen? – Volvió a ponerse de pie, ya no aguantaba la ansiedad de saber de que estaban hablando aquellos dos.
- Pero si acaban de entrar...
- Pues para mi han pasado horas – Se acercó a la puerta y tomó el picaporte con la mano, pero antes de que pudiera abrirla, Tom salió, seguido por Terry.
- Ya está decidido – Anunció Tom.
- ¿No creen que soy una parte importante de todo esto? Deberían consultarme antes de tomar una decisión definitiva.
- No es discutible – Le dijo su primo, seriamente – Se casaran la semana que viene.
- ¿Qué? – Candy no podía creer lo que estaba oyendo, le acababan de anunciar que se casaría, como si estuviera viviendo en el siglo XVII, claro que las jóvenes del siglo XVII no se casaban embarazadas, pero de todas formas no podían hacerle eso.
- Si por mí fuera – Continuó Tom – Se casarían mañana mismo... pero hay ciertos temas legales de los cuales hay que ocuparse antes.
- Pero... – Miró a Terry buscando alguna respuesta, sabía que él no deseaba eso, Terry no quería casarse y tener hijos. Lo de los hijos ya no tenía vuelta atrás, pero nada los obligaba a contraer matrimonio, nada excepto Tom – Terry... ¿Podemos hablar un momento?
- Claro – Fue Tom quien contestó – Deben ponerse de acuerdo con lo de la boda... vamos George, dejémoslos solos.
En cuanto Tom Y George se fueron, Candy se sentó en el sofá, e invitó a Terry a hacer lo mismo, necesitaban aclarar unas cuantas cosas.
- ¿De qué se trata todo esto? – Fue la directa pregunta de Candy.
- Estas embarazada, y vamos a casarnos.
- Eso lo entendí perfectamente, lo que quiero saber es porque has accedido a esto.
- Porque también soy responsable por lo que ha sucedido – La expresión de Terry era inescrutable, Candy no podía adivinar cuáles eran sus pensamientos en esos momentos.
- Si eso es lo único que te ata a este compromiso... puedes estar tranquilo que nunca te reclamaré nada, puedo encargarme yo sola de mi hijo.
- También es mío.
- Pero no lo quieres.
- Escucha, Candy – Le dijo tomándola de las manos – Yo no había planeado esto para mi vida, y estoy seguro que tu tampoco, al menos no en estos momentos, pero ha sucedido, y ni tu ni yo podemos desentendernos de esto.
- No quiero que mi hijo crezca con un padre que no lo quiere.
- ¿¡Quieres dejar de llamarlo "Mi hijo"! – Le dijo con exasperación – Es mi hijo también, y nunca he dicho que no lo quiero.
- No quieres tenerlo.
- Dije que no quería tener hijos, incluso no creo que sea apto para criar niños, pero pienso hacerme cargo de este – Candy pudo notar como sus ojos se humedecían por las lagrimas, aunque él intentaba ocultar su rostro – Te juro que haré todo lo posible para que nuestro hijo no sufra lo que yo he sufrido de niño.
- ¡Oh, Terry! – Candy quiso abrazarlo pero se contuvo, sabía que él estaba sufriendo y a Terry no le gustaba que nadie viera su lado más vulnerable.
- Quiero darle un hogar – Continuó Terry – Nuestro hijo crecerá junto a sus dos padres, no pienso discutir sobre eso... no vas a quitármelo.
Candy se conmovió al escucharlo, no tenía idea que Terry se mostraría tan protector con su hijo, hasta llego a creer que no quería saber absolutamente nada del tema, pero le alegraba no fuera así. Él quería a ese bebé tanto como ella.
- Esta bien, Terry – Le dijo, con la voz temblando por la emoción – Nos casaremos.
ooo
Una semana después se estaba llevando a cabo la boda de Terry y Candy. Todo era muy sencillo, se casarían en la casa de Tom con él y George como únicos testigos frente a un juez de paz. Candy se había puesto un sencillo vestido blanco, pues no tenía dinero suficiente para comprar uno como el que quería, y no quería seguir abusando de su primo, quien había tenido la amabilidad de pagar todos los gastos prenupciales y un banquete para ellos cuatro, y Rafe. Terry había insistido en que su perro este presente, Candy no entendía porque, ella ni siquiera le caía bien al perro, quien no perdía oportunidad de gruñirle y ladrarle siempre que podía. Ella esperaba que eso acabase pronto, pues después de la boda, se mudaría al apartamento de Terry y no quería escuchar los quejidos del perro todo el día. Afortunadamente, Terry había conseguido un empleo en una fábrica de autopartes, el sueldo no era muy bueno, pero con eso y su pensión, sería suficiente para que pudieran vivir los tres, cuatro si contaban a Rafe.
Terry estaba parado frente al juez, había insistido en vestir su uniforme de marine, y Candy estaba a su lado, pronunciando sus votos. Intercambiaron anillos, unas sencillas alianzas de oro que habían pertenecido a los abuelos de Candy. Y como último paso para quedar definitivamente unidos en matrimonio, firmaron el acta y sellaron el compromiso con un tierno beso en los labios.
- Felicitaciones – George y Tom se acercaron a abrazar a los recién casados, y desearles sus más sinceras felicidades.
- ¿Estás seguro que Candy estará bien viviendo con ese perro? – Preguntó Tom a Terry, señalando a Rafe, quien estaba sentado mirando con desafío a la rubia.
- No le hará nada.
- Eso espero... recuerda que está embarazada.
- Lo sé, lo sé – Estaba cansado que dudaran del buen comportamiento de su perro – Rafe se portará bien, te lo prometo – Sabía que no sería capaz de atacar a Candy.
Algunas horas después, cuando hubieron terminado el banquete que Tom había encargado, Terry y Candy se retiraron al apartamento que a partir de ese día, se convertiría en su hogar. Un verdadero hogar, algo Terry nunca había tenido y Candy se lo estaba brindando, solo que él no se sentía digno de recibir aquel regalo.
Una vez que hubieron entrado al apartamento, Candy quiso desempacar sus cosas, pero Terry no se lo permitió, no era momento para ello.
- Vallamos a la habitación – Le dijo en un susurro provocador.
- No puedo dejar la maleta aquí – Candy había comenzado a excitarse por la cercanía de su marido – Temo que Rafe destroce todas mis cosas.
- De acuerdo – Terry tomó la maleta de Candy y la llevó a la habitación, ella lo siguió y se encerraron dentro para que Rafe no pudiera entrometerse en un momento tan íntimo como ese.
Una vez dentro, ninguno de los dos perdió tiempo. Deseaban volver a sentir lo mismo que aquella noche en que habían concebido a su hijo. Terry depositó a Candy sobre la cama, y esta vez sí se tomo tiempo para atenderla como ella se merecía, con suaves caricias y besos por todo su cuerpo, no quería volver a comportarse como un salvaje, y tampoco quería hacer nada para dañar al bebé.
- ¿Estás segura que podemos hacerlo? – Le preguntó una vez que estuvieron los dos desnudos, tumbados en la cama – Puedo esperar hasta que el bebé nazca si esto puede traer complicaciones – Sabía que era mentira, no podría contenerse por mucho más tiempo, pero de todos modos quería estar seguro que todo estaría bien.
- Claro que si – Candy sonrió y se puso encima de Terry, provocándolo hasta el límite – El médico me ha dicho que todo está bien con el bebé, y que podemos llevar una vida sexual como cualquier pareja – Llevó su mano al miembro de Terry y comenzó a acariciarlo, hasta que una parte de ella le exigió más, entonces lo llevó hacia su intimidad. Terry gimió de placer y comenzó a moverse debajo de ella, mientras le acariciaba su plano vientre, con la certeza que allí dentro estaba creciendo su hijo. Nunca había hecho el amor de esa forma, no sabía qué, pero estaba seguro que había algo diferente esa noche entre ellos, ya tendría tiempo para descubrirlo. Candy intensifico sus movimientos, y Terry ágilmente y sin lastimarla, la coloco debajo de él y tomó mando de la situación.
Terminaron exhaustos, después de haber hecho el amor al menos tres veces. Ella estaba apoyada sobre su pecho, sus dedos delineaban las cicatrices que Terry tenía en su pecho, sintió escalofríos tan solo de pensar en todo lo que había tenido que pasar su marido, no solo en Vietnam, sino en la vida. Sabía que las heridas más profundas que Terry tenía no eran físicas, él había sufrido desde niño por culpa de sus padres, y nunca había conocido lo que era tener el cariño de alguien, pero ahora eso cambiaria, ella estaba allí a su lado para, y también tenían al hijo que venía en camino. A pesar de lo que dijera Terry, Candy estaba segura que sería un excelente padre, y no cometería los mismos errores que el suyo había cometido con él.
Minutos después, pudieron escuchar unos rasguños detrás de la puerta.
- Debe ser Rafe... – Dijo levantándose, completamente desnudo para abrir la puerta.
- Espera – Lo detuvo Candy – No puedes hacer eso.
- ¿Por qué no?
- Porque es nuestra noche de bodas, no podemos compartirla con tu perro.
- Destrozará la puerta.
- Pero Terry... – Ella quiso protestar, pero entendía la postura de Terry, Rafe era el único amigo que había estado siempre a su lado – De acuerdo – Terminó por aceptar. Terry abrió la puerta – Pero no dejes que se suba a la ca... – No pudo terminar de decirlo, ya que el perro entró como una bala dentro de la habitación y saltó a la cama, desplazando a Candy con su peludo cuerpo - ¿Puedes decirle que deje de empujarme? – Terry reía al ver como Rafe se movía para quedarse en el lugar donde estaba su esposa.
- Es que ese ha sido siempre su lugar en la cama – Dijo él mientras se acostaba de su lado.
- Pues a partir de ahora dormirá en el piso – El perro gruño - ¡Terry! ¡Quítamelo de aquí! – Él volvió a reír fuertemente y corrió a Rafe hacia el pie de la cama, esa situación se estaba volviendo en verdad cómica.
Esa noche volvieron a hacer el amor numerosas veces, a pesar de las protestas del perro, en esos momentos no importaba nada más que ellos dos, y la vida que acababan de comenzar juntos.
Continuará...
Mil gracias por todos los comentarios, y espero que continúen leyendo este fic... =)
