Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son de propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 12 : Ilusiones

Edward me evitaba desde aquella noche.

Lo veía con poca frecuencia. Pasaba los días fuera y llegaba a cenar a veces. Ya no me hablaba directamente y si nuestras miradas se cruzaban, él desviaba la suya de inmediato.

Mi inocente pregunta lo desconcertó, pero su actitud me dejó perpleja. ¿Qué representaba aquella melodía para él?

Por mucho que haya pensado en el motivo de su reacción, no he descifrado qué fue aquello que le molestó. Mi intención nunca ha sido incomodarlo, pero ignoro qué sucedió. Edward es todo un misterio para mí. Daba la apariencia de ser hermético y de encerrarse en sí mismo. Generalmente no demostraba emociones ni sentimientos, salvo aquella noche.

Unos golpes en la puerta me sacaron de mi ensimismamiento. Al pensar en Edward, me introducía inconscientemente en una burbuja de la que por alguna razón no deseaba salir.

-Adelante – dije, mientras terminaba de cepillar mi cabello

Alice asomó su cabeza y me mostró una radiante sonrisa.

-¿Lista?

Asentí con resignación mientras me ponía de pie y cogía el teléfono móvil. A pesar de que me había comprometido a comer mejor, mi amiga insistía en realizarme algunos análisis para descartar cualquier diagnóstico médico desfavorable. Era una exageración, pero había notado a Alice muy preocupada por mi salud. Luego del desmayo, había sentido algunos leves mareos. Me sentía muy cansada y somnolienta por mi reciente insomnio. Pasaba las noches tratando de conciliar el sueño y sólo lograba dormir ya entrada la madrugada. La consecuencia del desvelo era un rostro agotado y un sueño insoportable durante el día. Algunas veces me permitía una siesta que me recomponía en gran medida.

Las pesadillas continuaban, pero ya no eran aterradoras. Por algún inexplicable motivo, me despertaba con una extraña sensación de alivio y esperanza.

El recuerdo del encuentro aún subsistía, pero me parecía lejano y en ocasiones como si se tratara de otra persona. Me sentía ajena a toda esa situación y aquello permitía sobrellevarlo de mejor manera.

Me subí al asiento del copiloto del Porshe de Alice y nos encaminamos rumbo al Hospital, aquel lugar que se había convertido en un tormento, pero también en un refugio. Pasaba casi todo el día con mi madre. Renée estaba, como dicen los médicos, "estable dentro de su gravedad". Los medicamentos le ayudaban a soportar el dolor y su expresión era optimista. Me recluía ahí, en ese cuarto blanquecino, para evitar en parte la indiferencia de Edward. Me dolía que me ignorase y también me enfadaba puesto que no había hecho nada para merecer su desprecio. Además, no quería que mi presencia impidiese su convivencia familiar. Si yo era la razón por la que pasaba todo el día fuera de casa, yo era quien debía desaparecer. Nadie manifestó ninguna opinión sobre el cambio de actitud de Edward, pero veía reflejadas en sus rostros la confusión y extrañeza. Sin embargo, mi esfuerzo por darle más espacio era en vano. Emmett o Rosalie me relataban su diario vivir y nunca mencionaban a Edward. Jamás pregunté por él. No quería estar en la mira y Alice intuiría de inmediato que algo ocurrió. Pero no podía dejar de preguntarme qué demonios sucedía con Edward.

Suspiré pesadamente.

-¿Pasa algo? – preguntó Alice con el ceño levemente fruncido

Había olvidado dónde me encontraba y con quién. Alice era muy perceptiva.

-Pensaba en los análisis – mentí rápidamente, mirando el paisaje por la ventana – Sabes que no soporto ver u oler sangre.

Alice rió, burlándose de mi aversión.

-Te recompensaré – susurró más para ella que para mí

Giré automáticamente el rostro y sus ojos brillaban de anticipación.

-¿Qué tramas? – interrogué, entrecerrando los ojos

No respondió, sólo se limitó a sonreír con fingida inocencia mientras estacionaba el coche fuera del Hospital.

Bufé y bajé del automóvil.

Caminamos por los interminables pasillos hasta que llegamos frente a una señora de edad avanzada, sentada tras un pequeño escritorio caoba.

-Buenos días, Señora Cope – saludó con amabilidad Alice

-¡Qué gusto verte, pequeña! – exclamó la señora, abrazando a mi amiga - ¿Qué te trae por esos lados?

-Mi amiga Bella tiene cita con el doctor Banner – informó

-Tomen asiento – sonrió la anciana – Enseguida la atenderá.

Nos sentamos en unos cómodos sofás blancos a unos cuantos metros de la puerta del despacho.

-¿De dónde la conoces? – le pregunté a Alice

-El Señor Banner es el médico de la familia y gran amigo de Carlisle – respondió – La Señora Cope ha sido su secretaria desde siempre.

-¿En qué área se especializa? – indagué con la esperanza de que él tratara a Renée.

-Sólo se dedica a medicina general – contestó con tristeza, adivinando mis intenciones – Era cirujano, pero debido a su edad, ahora sólo se especializa en consultas.

Bajé la mirada y Alice inmediatamente me alentó.

-No te preocupes – dijo con más entusiasmo – He pedido referencias y el doctor Smith es muy competente.

Mi sonrisa quedó sólo en un intento que resultó ser una mueca.

La puerta del despacho se abrió y un hombre de mediana estatura perteneciente a la tercera edad, con el cabello blanco y unos enormes anteojos, nos dirigió una dulce sonrisa.

-¡Alice! – saludó, extendiendo sus brazos

Mi amiga se levantó de un salto y el Señor Banner la envolvió en un familiar abrazo. Me puse de pie y el médico se separó de mi amiga, al notar mi presencia.

- Tú debes ser Isabella – sonrió con calidez

- Sólo Bella – corregí, correspondiendo su gesto

Entramos a su despacho y tomó asiento frente a nosotras.

-Y bien, ¿en qué puedo ayudarles? – preguntó con profesionalismo

Alice inmediatamente me observó para no perderse ningún detalle de mi relato.

-Sufrí un desmayo hace unos cuantos días - puntualicé

-¿Sueles sentir ese tipo de decaimientos con frecuencia? - interrogó

-Últimamente me he sentido más cansada que de costumbre – respondí – A veces tengo mareos e inapetencia y no he podido dormir bien.

El Señor Banner entrecerró los ojos y me evaluó velozmente con la mirada. Anotó algo en una ficha y alzó el rostro.

-¿Existe alguna probabilidad que estés embarazada? – preguntó con cautela

Me congelé.

¿Yo? ¿Embarazada? No, no podía ser cierto. ¿Estaba esperando un hijo del desconocido que compró mi virginidad? No, no podía ser cierto.

Comencé a negar frenéticamente con la cabeza, como si con ese simple gesto la sola posibilidad desapareciera.

Las carcajadas de Alice me sacaron del shock.

-¡Imposible! – dijo entre risas – A menos que estemos frente a la nueva Virgen María

Mi amiga aún creía que era virgen. No podía sacarla de su error sin confesárselo todo, por lo que sonreí forzadamente.

-No quise ser indiscreto – se disculpó el doctor – Pero tienes los síntomas. Te practicaré algunos análisis y así sabremos con certeza qué sucede.

Asentí, incapaz de pronunciar alguna palabra coherente.

¡Dios! ¿Qué pasaría si realmente estaba embarazada? ¿Cómo decírselo a Renée? Su estado era lo bastante delicado para alterarla con una noticia tan inesperada. Esa noche no estaba en mis días fértiles y el extraño usó protección…. Sabía, sin embargo, que el riesgo siempre está presente. Pero, de ser así, ¿por qué? El destino no podía jugar sus cartas de manera tan cruel.

Salimos del consultorio, luego de despedirnos del Doctor Banner con la promesa de volver cuando los resultados estén listos.

-Estás muy pálida – notó Alice con preocupación y una orden médica en sus manos

-No es nada – respondí – Salgamos de todo esto de una buena vez

Estaba tan ensimismada que ni siquiera el olor a óxido y sal lograron sacarme de mi aturdimiento. Sentía la mirada de Alice fija en mí, pero no hice contacto visual con ella en ningún momento.

-Los resultados estarán listos esta misma tarde – informó la encargada

Agradecí su atención, antes de ponerme el abrigo.

-Quiero ver a Renée un momento – dije en un susurro al abandonar el laboratorio

-Tengo que hacer unas llamadas – contestó – Te esperaré en el coche

Asentí y me dirigí a los elevadores.

Mi madre tenía mejor aspecto, pero sus ojos denotaban cansancio y desánimo. Se veía extremadamente vulnerable. Me sentí fatal por poder agravar su estado en caso de estar embarazada. ¿Qué pensaría de mí? Una enfermera le estaba dando de comer.

-Yo me encargo – aseguré

La enfermera salió de la habitación y me acerqué a Renée para abrazarla.

-¿Cómo amaneciste? – pregunté, tomando una cucharada de sopa

-Bien – respondió simplemente, abriendo la boca y sorbiendo el líquido

Sus ojos me analizaron y frunció el ceño.

-¿Qué sucede, hija? – preguntó con cautela

La intuición de las madres nunca falla, pero no admitiría mi incertidumbre frente a ella.

-Nada – negué con la cabeza, desviando la mirada

-Bella…

-Todo está en orden – mentí

Me lanzó una mirada que dejaba en claro que no creía mis palabras.

- Ven – dijo, moviéndose un poco y dejándome un espacio a su lado

Me acosté junto a ella y apoyé mi cabeza en su pecho, procurando no aplastar las vías intravenosas ni los múltiples cables que la conectaban a una infinidad de máquinas. Envolvió mis hombros con un brazo y acarició mi cabello.

-Sabes que puedes confiar en mí, ¿cierto? - susurró

-Sólo abrázame – pedí en voz casi inaudible, dominando las lágrimas que provocaban un nudo en mi garganta

Me estrechó contra su débil cuerpo aún más y pasé un brazo sobre su cintura, aferrándome a ella como hace mucho tiempo no lo hacía. En este instante, Renée estaba jugando el rol de madre y en cierta modo eso me tranquilizada. Me sentía libre de alguna manera, como si algún tipo de responsabilidad ya no cargara sobre mí. Volvía a ser la hija a quien ella debía proteger frente al mundo. ¡Qué cómoda era aquella sensación! Pero también era transitoria.

Cuando salí de su habitación, luego de despedirme de mi madre minutos más tarde con un ansioso abrazo, me encerré en el cuarto de baño destinado a los parientes de los pacientes ubicado en el pasillo próximo a la salida. Cerré con seguro y liberé todo el llanto contenido, doblándome de dolor y cubriendo mi boca con ambas manos para evitar ser oída. Los gritos sofocados desgarraban mi garganta, pero necesitaba imperiosamente dejar salir toda la preocupación que sentía y la eventual decepción que provocaría si todo resultaba ser cierto. Mordí el dorso de mi mano para desahogar mi impotencia y la otra mano descansó inconscientemente sobre mi vientre plano. No, no podía ni siquiera darme el lujo de imaginarlo.

Enderecé mi postura y me mojé la cara en reiteradas ocasiones, buscando en vano eliminar todo rastro de lágrimas. No podía dejar de Alice me viera así, pero mis ojos estaban hinchados y rojos. Estaba cansada de ocultar mis emociones, así que salí del baño sin importarme que pudiesen pensar.

Caminé hacia el estacionamiento y de inmediato vi el llamativo automóvil de Alice. Ella estaba frente al volante y tecleaba rápidamente algo en su celular. Se sobresaltó cuando abrí la puerta del copiloto.

-¡Me asustaste! – chilló, llevándose una mano al corazón

Al mirarme fijamente, frunció el ceño. Noté que se percató de la irritación de mis ojos, pero no pretendía dar explicaciones. Me subí al coche, dejando que ella pensara lo que quisiese.

-Lo siento – me disculpé, mirando por la ventana mientras ella ponía en marcha el vehículo – Estabas muy concentrada

-Sólo enviaba algunos correos electrónicos – respondió simplemente

Luego de ese breve intercambio de palabras, nos sumimos en un silencio algo incómodo. Sentía la mirada de Alice sobre mí, tal vez pensando en que estaría llorando nuevamente, pero yo seguía disimulando contemplar el frondoso paisaje que pasaba a una gran velocidad.

Mi mente no me daba tregua y se empeñaba en pensar en la posibilidad de estar embarazada. ¿Qué haría con un bebé? No tenía trabajo y, por lo tanto, carecía de sustento económico. Si realmente llevaba un niño en mi vientre, me convertiría en madre soltera. No tendría estabilidad familiar. No podría brindarle un hogar con un padre presente. Tendría que salir adelante sola. Sin embargo, ello no me preocupaba mayormente. A pesar de la debilidad externa, era una mujer fuerte. Podría afrontarlo. Lo que más me preocupaba era la reacción de Renée y, en segundo lugar, la de los Cullen.

Estaba ensimismada en mis pensamientos y no me percaté hacia dónde nos dirigíamos. Noté que no era el trayecto a la casa de los Cullen. Alice tomó la autopista que conducía al área financiero y legal de Forks.

-¿Adónde vamos? - pregunté, rompiendo el silencio

- Tengo que recoger unos documentos – sonrió – Será sólo un momento

Aparcó frente a un enorme rascacielos cuya fachada estaba recubierta de vidrio sólido. Debía tener al menos 30 pisos y ser el edificio más elegante de todo Forks. Una placa de bronce rezada "C&B asociados". Ese nombre…. lo había oído antes, pero ¿dónde?

Alice aparcó en el estacionamiento subterráneo.

-Te esperaré aquí – anuncié

-Acompáñame – pidió

-Pero…

-Vamos – me interrumpió – No tardaremos

-Está bien – acepté resignada

Subimos al ascensor y mi amiga apretó el botón número 15. Alice se notaba algo ansiosa, pero no pregunté. Sólo quería que el tiempo transcurriera lo más rápido posible para conocer el resultado de los análisis. Las puertas del elevador se abrieron y dieron paso a un recibidor lujosamente decorado en tonos marrones. Al fondo, había un gran buró atendido por una mujer rubia de aspecto arrogante que nos lanzó una mirada despectiva.

-Vuelvo en un instante – me susurró mi amiga

¿Para qué quería que la acompañara? Entrecerré los ojos, pero ella sólo me sonrió. Percibí un brillo de travesura en su mirada. Antes que pudiese preguntar algo al respecto, ella se acercó el escritorio.

-Buenas tardes, Jessica – saludó Alice cortésmente, pero con indiferencia

Eso era extraño. Generalmente Alice era siempre amable. Eso sólo indicaba que Jessica no era digna de confianza.

-Buenas tardes, Señorita Cullen – respondió la aludida

Y desapareció de mi vista tras entrar a un despacho como si fuese su casa. ¿Por qué Alice se comportaba con familiaridad en este lugar? Me senté lo más lejos de la secretaria y tomé una revista al azar. Intenté concentrarme en un artículo, pero la tal Jessica no me quitaba los ojos de encima. Alcé la mirada para encararla silenciosamente y ella, al verse descubierta, desvío la vista. Volví a mirar la revista. Pasaron algunos minutos cuando escuché pasos. Me puse de pie, pensando que era Alice. De inmediato maldije a mi amiga por dejarme sola y a mí misma por estar en el lugar menos adecuado en el momento más inoportuno.

-¿Bella? – preguntó sorprendido - ¿Qué haces aquí?

Se veía deslumbrante en ese traje oscuro, sus cabellos levemente desordenados y sus ojos intensamente verdes. Volvía a acaparar la atención de Jessica, quien ahora miraba la escena sin ningún tapujo. Me quedé muda por el impacto que significó su presencia. Traté de buscar palabras en mi cabeza, pero sólo lo vi fijamente. Sabía que esperaba una respuesta así que intenté decir algo.

-Yo… - musité

-¡Edward! -gritó emocionada Alice

¡Gracias a Dios por aparecer! Estaba feliz por su interrupción. Ambos nos volteamos hacia ella.

-¡Qué alegría verte! – dijo con entusiasmo

-A mí también me da gusto, Alice – respondió un poco confuso Edward, mirándonos alternadamente - ¿Por qué no me avisaste que vendrían?

-Era una sorpresa – sonrió mi amiga

En ese momento, sonó el móvil de Alice y se apresuró a contestar. No sé por qué, pero me dio la impresión que ella había tramado algo más que este inesperado encuentro y que esa llamada no era del todo casual.

-Hola, Jazz - saludó - ¡Oh! – nos miró con fingida sorpresa en su rostro - No, no te preocupes. Estaré ahí en 10 minutos.

Colgó y me miró directamente.

-Lo siento, Bella – puso cara de tristeza – Los planes que teníamos para comer juntas tendrán que postergarse.

¿Planes? En ningún minuto habíamos hablado de eso. ¿Qué demonios estaba pensando Alice? ¿Acaso pretendía que….? No, no se atrevería.

-¡Edward! – exclamó, como si recién se le hubiese ocurrido una idea - ¿Por qué no llevas a almorzar a Bella? Iría con ella, pero Jasper me necesita urgentemente.

Se atrevió. ¡Maldito duende con alma de Cupido! La iba a matar lenta y tortuosamente. ¿Cómo me dejaba con él? Ella no sabía de su indiferencia hacia mí respondí internamente.

-Claro – accedió Edward, no muy convencido

-Alice…

-Después hablamos, Bella – me interrumpió y salió disparada hacia el ascensor

Me quedé de pie frente a él, con la cabeza gacha mirando mis manos. Debía ponerle fin a esta situación tan embarazosa, pero Edward se me adelantó.

-Tengo que revisar un expediente – informó claramente incómodo - Si quieres, puedes esperar en mi oficina.

-No es necesario – negué con la cabeza – No quiero importunarte. Será mejor que me vaya a casa.

Me giré con la intención de alejarme de él, pero Edward no lo permitió. Cogió mi brazo y me volteó. Lo miré asombrada por aquel gesto.

-Por favor – susurró

Me observaba detenidamente y expectante. Estaba muy cerca. Podía sentir su cálido aliento sobre mi cabello y la ligera presión que ejercía su mano en mi antebrazo. Realmente no lo entendía. Un instante parecía incómodo y al siguiente ilusionado.

Un almuerzo con él no me haría daño, ¿cierto?

-Está bien – me rendí

Sonrió tan arrebatadoramente que sentí mis piernas temblar. Le devolví la sonrisa sin ser consciente de ello.

Jessica me lanzó una mirada venenosa mientras Edward me conducía hacia su despacho.

-Toma asiento – indicó - Regreso en un momento

Me acomodé en uno de los sillones de su amplia oficina y observé. La fachada de vidrio ofrecía una vista panorámica de la ciudad, mientras la pared opuesta estaba repleta de libros ordenados cuidadosamente. En el otro extremo, habían dos sofás y una elegante mesa de centro. Su escritorio estaba cubierto de carpetas y papeles.

Me acerqué al estante y vi que se trataba de Códigos, libros de derecho y algunas leyes dispersas.

La puerta se abrió de golpe.

-No encuentro las declaraciones del caso Marshall… - se calló al verme

Un hombre joven de cabello negro y ojos oscuros me miraba con sorpresa.

-Lo siento- se disculpó – Pensé que Edward estaría aquí

-Regresa en un momento – repetí sus palabras

-Lo esperaré, si no te molesta – sonrió y unos hoyuelos aparecieron en su rostro

Sonreí, dándole a entender que su presencia no me incomodaba.

-Por cierto, soy Jacob Black – extendió su mano – Socio de Edward

-Bella Swan – me presenté, mientras se la estrechaba – Amiga de Alice Cullen

-¿Alice? ¿Dónde está ese pequeño demonio? Hace un buen tiempo que no la molesto

Solté una carcajada ante su comentario.

-Estuvo aquí, pero desapareció rápidamente – respondí, recordando su huida

-Como un huracán - bromeó

Edward entró mientras controlaba mi risa y alzó una ceja al vernos.

-Jacob – masculló de manera cortante - ¿Necesitas algo?

-Oh, sí – sonrió divertido - Las declaraciones del caso Marshall

Edward rebuscó sobre su escritorio y le tendió una carpeta a Jacob.

-¿Algo más? – inquirió impaciente

-No sé… - se burló, poniendo un dedo en su barbilla – Déjame pensar

-Black…. – gruñó

-Está bien, está bien – dijo Jacob alzando las manos a modo de defensa– Los dejo en paz

Edward le lanzó una mirada de advertencia, pero Jacob lo ignoró y me miró.

-Un gusto conocerte, Bella - sonrió – Espero verte pronto a ti y a la saltimbanqui

-Le daré tu mensaje - reí

-Disfruta, Cullen – murmuró mientras salía de la oficina.

Edward bufó y se dirigió a la puerta para sostenerla.

-¿Nos vamos?

Caminé con él a mi lado en silencio y abordamos el ascensor sin darle ningún tipo de explicación a Jessica, quien nos miraba desconcertada.

No levanté la vista en ningún momento, pero miré de reojo cómo Edward jugaba nervioso con sus manos y las llaves de su carro. Esto era realmente incómodo. Tal vez él se sentía comprometido, pero no quería obligarlo a hacer algo que no quisiese.

-Edward – lo llamé

Lo observé antes de continuar. Su atractivo era innegable. ¿Qué haría un hombre como él con una mujer simple y corriente como yo? Probablemente, sería una pérdida de tiempo. Estaba abusando de su buena voluntad y no podía permitirlo.

-No es necesario que te sacrifiques…

-Bella – me interrumpió- Créeme que no es un sacrificio

-Pero…

-Nada de peros – me cortó nuevamente – Quiero hacerlo

Ante esa declaración y su maravillosa sonrisa, me callé y todas las futuras protestas murieron en mis labios. Quería hacerlo repetía mi mente una y otra vez.

-A menos que tú no lo desees - agregó segundos más tarde

-¡No! – chillé, ansiosa de aclarar sus pensamientos y luego recompuse mi voz para hablar más calmadamente – Por mí está bien

Como todo un caballero, abrió la puerta para que subiera y luego él se puso frente al volante. El trayecto transcurrió en silencio, hasta que minutos más tarde aparcó frente a la fechada de un sencillo, pero acogedor restaurant llamado "La Bella Italia". El lugar era agradable y el ambiente parecía ser familiar. Pensaba que Edward estaba acostumbrado a restaurantes finos y elegantes, pero jamás imaginé que él frecuentara ese tipo de lugares tan simples. Una vez más, Edward Cullen me sorprendía.

Una escultural anfitriona batió sus pestañas tratando de ser coqueta al percatarse de la presencia del hombre que estaba a mi lado, como si yo no existiera. De pronto, me sentí ofendida. Edward estaba conmigo. Perfectamente podría ser mi novio o mi marido. Ella no debería seducir a hombres acompañados por otras mujeres. Me golpeé mentalmente. ¿Quién podría pensar que este joven tan atractivo podía fijarse en una castaña sin gracia? Bufé ante esa verdad absoluta. Sus esfuerzos por atraer su atención era notorios, sin embargo, Edward la ignoró olímpicamente mientras me miraba fijamente.

-Mesa para dos – anunció con su aterciopelada voz, sin despegar sus ojos de mi sonrojado rostro.

-Síganme – pidió la mujer un tanto molesta por no atraer su atención.

Contorneó sus caderas en un afán de que él se fijara en aquella parte de su anatomía, pero él seguía inmune a sus encantos. Por alguna razón desconocida, esa actitud me alivió. Caminamos detrás de ella hasta que nos guió a una mesa en el centro, rodeado de comensales charlando amenamente y en voz alta. Iba a tomar asiento, pero Edward me tomó suavemente del brazo poniéndome de pie.

-Quisiéramos algo más privado – anunció, mirándola por primera vez y deslizando un billete de 20 dólares en su mano sin tocarla.

-Por supuesto – sonrió encantada y nos indicó el camino con un ademán de cabeza– Por aquí

Esta vez nos ubicó en una mesa aislada y oculta por una mampara de vidrio oscuro, rodeada de dos confortables sillones rojos. Nos entregó la carta y fingí estar concentrada en ella.

-De inmediato tomarán su pedido – sonrió, mirando sólo a Edward y desapareció.

Lo que me intrigaba saber era porqué Edward no le había prestado atención. La mujer era hermosa, sin embargo él tenía su mirada fija en mí.

Ambos nos dedicamos a leer las sugerencias del chef, sin cruzar palabra.

-Lamento eso – murmuró súbitamente, indicando el camino por donde había salido la anfitriona.

-Podrías evitarlo – respondí sin pensar

Al percatarme de mis palabras, me sonrojé y bajé la vista al menú.

-¿Evitarlo? – preguntó totalmente confundido

Ya había comenzado, así que continuaría con mi verborrea.

-Si no las deslumbraras – expliqué – no revolotearían a tu alrededor buscando llamar tu atención

-No pretendo deslumbrar - contestó

-Quizás no seas consciente de ello, pero produces una gran impresión - concluí

Agradecí que el camarero llegara en ese preciso instante. No podía seguir hablando de lo que Edward me provocaba, utilizando a otras mujeres como pretexto.

El joven, que no debía superar los 20 años, me sonrió cálidamente y se la devolví de la misma manera. Pensé que la anfitriona comentaría con sus compañeras de trabajo el atractivo de mi acompañante y pronto todas se turnarían para verlo. Me alegré al saber que quien nos atendería sería un hombre.

-Buenas tardes. Mi nombre es Tyler y estoy a su servicio – se presentó - ¿Qué desean beber?

-Una coca-cola por favor

-Una copa de chardonnay reserva 2008 Caliterra – pidió con autoridad

-¿Decidieron lo que ordenarán o les gustaría alguna recomendación? – preguntó luego de apuntar las bebidas

-Quiero los ravioles de setas, por favor – respondí, devolviéndole la carta

-Tomaré la pasta di mare – anunció Edward, quien parecía ansioso a que el mesero se fuera

Tomó nota de la orden y cogió la carta de Edward.

-Volveré enseguida con su pedido – avisó, guiñándome un ojo y acto seguido salió de la sala que sólo nosotros ocupábamos

-¿Sólo yo deslumbro? – preguntó son sorna, reclinando su espalda en el sillón.

-Paso totalmente desapercibida en comparación a ti – repliqué

-No te ves a ti misma con claridad – susurró más para él que para mí

Preferí no responderle, aunque tenía claro que estaba en un error. Me veía con claridad, tal vez con demasiada claridad. ¿Para qué engañarme? Yo sabía cómo era y debía conformarme. No podía aspirar a otra cosa.

Tyler irrumpió nuevamente con una enorme bandeja sobre su hombro. Dejó las bebidas y los platos sobre la mesa.

-Cualquier cosa que necesiten, no duden en llamarme – me guiñó nuevamente el ojo y se retiró

Edward bufó y tomó un sorbo de vino.

-Nunca respondiste mi pregunta – inquirió, cogiendo la pasta con un tenedor

Desvié la vista de mi apetecible plato y la clavé en él.

-No has hecho ninguna – dije con confusión

Masticó lentamente, recorriendo mi rostro con la mirada.

-¿Qué hacían Alice y tú en mi oficina? – interrogó curioso

Cobardemente, comí para pensar qué decirle. Tragué y opté por la verdad.

-Dijo que tenía que recoger unos documentos

Frunció el ceño y siguió bebiendo.

-Ya entiendo – murmuró – Ustedes no tenían planes

Negué con la cabeza, temerosa de que pensara que yo había tramado todo esto.

-Alice – suspiró

-Sí…

Continuamos comiendo en un incómodo silencio. De repente sentía su mirada, pero cuando lo sorprendía él se concentraba nuevamente en su comida.

-Esme comentó que estás buscando un departamento – dije con la intención de iniciar una conversación

-De hecho, ahora tengo que ver uno al oriente de la ciudad – anunció, tomando su café - ¿Te gustaría acompañarme?

-¡Claro! – accedí gustosa

Me dedicó una sonrisa torcida y llamó al mesero para pedir la cuenta. Mientras Edward pagaba, Tyler deslizó un pequeño papel sobre la mesa hasta mí. Lo tomé y leí: "Llámame. 555- 4720. Tyler". Hice una bola con el mensaje y lo guardé en el bolsillo de mi pantalón para tirarlo en algún basurero. Edward me miró y se despidió secamente del camarero. Tomó mi brazo con gentileza y sentí nuevamente esa corriente eléctrica, mas esta vez ninguno se alejó. Salimos al frío de la calle y boté el papel de Tyler.

Durante el camino, sólo observé por la ventana. El sector residencial era uno de los más exclusivos de Forks., ubicado en una colina antecedida del espeso bosque. Hermosas mansiones se alzaban imponentes con estilos arquitectónicos variados. Todas las propiedades estaban deslindadas y separadas por varias hectáreas unas de otras. Edward giró hacia la izquierda y se estacionó frente a un edificio de poca altura, pero gran opulencia. El piso del hall de entrada era de mármol blanco y las paredes de un marrón negruzco, divididas horizontalmente por una cinta de metal dorado. El ascensor guardaba directa armonía con sus colores. La puerta se abrió en el quinto nivel y dio paso a una amplia sala de suelo oscuro y muros blanquecinos, iluminada tenuemente por pequeñas luces dispuestas en forma estratégica. Una pared estaba recubierta de vidrio y en la pared contigua había una artificial chimenea, a cuyo costado se hallaba una escalera que guiaba al segundo piso. Era espacioso, iluminado y sobriamente elegante.

-Es…. – musité, acercándome al ventanal

-…perfecto – completó Edward

Asentí en señal de acuerdo.

-¡Tienes una vista magnífica! – exclamé

Se apreciaba el extenso bosque y, a lo lejos, este se perdía en las aguas de la Península de Olympic.

-Sí – susurró en mi oído

Me giré y él estaba muy cerca. Me miraba con un brillo especial y sus ojos viajaban de los míos a mis labios. Acarició una de mis mejillas y recargué mi rostro en su mano, disfrutando de su roce. Se acercó lentamente sin perder el contacto visual. Entreabrió sus labios y sentí su cálido aliento aturdiéndome.

El sonido de mi móvil nos sobresaltó y retrocedí unos cuantos pasos. Bufé sonoramente, no sé si agradeciendo la interrupción o maldiciendo a quién fuese que estuviera llamando.

-¿Sí? – contesté con la voz agitada, alejándome de Edward

-¿Señorita Swan? – inquirió una voz masculina – Habla el doctor Smith

El pánico me invadió.

-¿Cómo está mi madre? ¿Ella está bien? ¿Qué sucede? – pregunté atropelladamente

-Calma – me tranquilizó - ¿Podría venir al hospital?

-¿Qué pasó? ¡Dígame! – chillé con el corazón desbocado

-Encontramos un donante compatible - informó


Hola! Muchas gracias por sus reviews, alertas y favoritos! También muchas gracias a todos los que siguen la historia de manera silenciosa

No tengo palabras de agradecimiento para su apoyo! Es realmente conmovedor ver las muestras de cariño y solidaridad que nos brindan! Poco a poco Chile se va a recuperando… y también estamos felices por los triunfos obtenidos en el mundial de fútbol!

Respecto al capítulo, espero que les haya gustado. No tuve tiempo de revisarlo, así que espero que me adviertan si hay algún error. Es más extenso de lo normal... Es mi manera de pedir disculpas por todo el tiempo que he tardado. Sé que, producto de mi tardanzas, algunas piensan que abandonaré mis historias. Tranquilas porque las terminaré, cueste lo que cueste. No quiero hacerlas esperar más, así que actualizaré la próxima semana!

Al parecer, me hackearon el correo así que debí cambiarlo. Es el mismo, pero en vez de punto com es punto cl. Si les interesa, está en mi perfil. Por lo mismo, hay reviews de personas registradas que no pude responder. Siempre los contesto, pero en esta ocasión no pude.

Un abrazo,

Chemita


Como no se pueden responder los reviews anónimos de manera privada, lo haré aquí:

-dianita: Antes que todo, gracias por tus palabras de apoyo! Realmente me emocioné con tu comentario! Asimismo, te agradezco que sigas esta locura y me alegra mucho que te guste! La actitud de Edward se comprenderá más adelante. Por ahora, pretendo darle un poco de paz a Bella. Qué te pareció este capítulo? Espero no defraudarte! Nos leemos! Un abrazo!

-diana: La identidad del hombre que compró la virginidad de Bella se revelará más adelante. Por ahora, disfruta esta actualización! Espero seguir leyendo tus comentarios! Un abrazo!

-Marat: Aquí tienes un nuevo capítulo. Te gustó? Házmelo saber! Un abrazo!

-Poison_Ivy.e: Gracias por tus buenos deseos, por ser una fiel lectora y por comentar como siempre! No te preocupes porque no pienso abandonar ninguna de mis historias. Me tardo, pero no soy malagradecida para dejarlas colgadas para siempre. Así que terminaré mis historias, cueste lo que cueste! Jajaja Jamás me molestas, así que sácate esa idea de la cabeza! Jajaja Paciencia respecto al desconocido! La historia está centrada en Bella, pero a medida que transcurra incluiré un Edward's POV. Cambié mi correo por si quieres agregarme: alfa _ chat aroba Hotmail punto cl. Sé que nos leeremos pronto! Un abrazo!

-je_tatica: Agradezco mucho tu apoyo! Algo pasa con Edward, pero eso lo descubriremos más adelante. Espero que este capítulo también te haya gustado! Un abrazo!

-ivi: Hola! Gracias por tu comprensión, por seguir esta historia y por opinar como siempre! Como ya dije, no te preocupes porque no abandonaré ninguna de mis historias. La identidad la conoceremos más adelante, por ahora un poco de tranquilidad para nuestra sufrida Bella. También su relación con Edward irá evolucionando. Nos leemos! Un abrazo!

-sophia: Agradezco tus buenos deseos! Aquí tienes una nueva actualización. Espero no defraudarte! Un abrazo!

-Fran Masen: Estoy totalmente de acuerdo contigo. Los chilenos tenemos garra y siempre nos levantamos! Ojalá este capítulo también te haya gustado! Un abrazo!

-V: Me alegro saber que te entretengo durante el trabajo! Espero que tu jefe no me odie! Jajaja Esta historia tiene mucho drama, pero también mucho amor. Por ahora, pretendo darle un poco de tranquilidad a Bella. Ha sufrido demasiado y escribir cosas tristes todo el tiempo tampoco es lo ideal. Respecto a la posibilidad de que esté embarazada, lo sabremos el próximo capítulo! Espero seguir leyendo tus comentarios! Un abrazo!

-blanche: Me alegro mucho que la historia sea de tu agrado y espero que esta actualización también te guste! Nos leemos! Un abrazo!

-LENA CULLEN: No quiero que sufras un ataque, producto de la desesperación. Lo siento por la espera, pero aquí tienes un nuevo capítulo! Un abrazo!

-BLANCHE: Te dejo un nuevo capítulo y espero que te guste! Un abrazo!

-jetatica: Lamento la tardanza, pero despreocúpate porque no pretendo dejar mis historias inconclusas. Las terminaré, cueste lo que cueste! Un abrazo!

-anonimo: Bienvenida! Espero que disfrutes de este capítulo! Un abrazo!