Capítulo 13 – Sala Slytherin II-.
-Malfoy, aquí no, nos pueden pillar – dijo la castaña con temor y lujuria en su voz.
-Me da igual, quiero estar contigo, ahora – le susurro sensualmente cerca del oído haciendo que Hermione se estremeciera.
Entraron en un aula y allí Malfoy la aprisionó contra una mesa y su cuerpo y la empezó a acariciar como solía hacerlo siempre.
Sus bocas se deseaban, necesitaban el uno del otro.
Se unieron en un beso y comenzaron a besarse al principio en pequeños pero intensos besos y más adelante el beso volviéndose más rápido.
Draco posó una mano en el muslo de la chica, ese contacto excito muchísimo a la castaña que empezó a bajar al cuello del chico. Vio la marca en el cuello de este que ella le había hecho en otra de sus 'visitas', sonrió y empezó unos besos que pronto acabarían con otra marca.
Draco por su parte acariciaba el cuerpo de la chica. Estaba seguro que era la chica más perfecta que había conocido en su vida, esas curvas, esa pequeña cintura, esos senos perfectos y redondeados, ese culo perfecto. Comenzó a subir la mano por el muslo ocasionando un gemido por parte de la castaña. Aquel gemido le excito tanto al rubio que comenzó a desabrocharle la camisa. Hermione no se quedaba atrás le quito la camiseta a Draco rápidamente.
Cuando Draco estaba con el torso desnudo y Hermione solo con el sujetador sus miradas se encontraron. En ellas se podía ver toda la pasión que les rodeaba. Hermione empezó a acariciar el torso desnudo de Malfoy…
En ese instante una castaña despertada sobresaltada de su cama.
Al despertarse sintió un pequeño dolor en su interior y no tardó en recordar lo ocurrido. Malfoy con Parkinson. En sus narices.
Sabía, desde que comenzaron sus idas y venidas con el rubio, que él no le iba a ocasionar nada bueno. Pero la castaña se escudaba pensando que sólo era algo físico. Sin embargo, ahora se daba cuenta de cuán equivocada estaba. Se sentía engañada, aunque ella misma sabía que sin derecho alguno ya que Malfoy no era nada suyo. –Ni quiero que lo sea- pensaba ella.
Desde que comenzaron esa especio de relación, ella sabía perfectamente que se trataba de un juego. Una atracción por parte de los dos, una pasión que los dos tenían al tener al otro cerca. Pero ella, con esos besos pasionales y con un toque de dulzura, había caído en el juego.
Se levantó sin ninguna gana, se duchó y se puso el uniforme. Se maquillo, y se definió los rizos con espuma de rizos dejando su preciosa melena suelta. Salió con la esperanza de no verlo en todo el día hasta que recordó que tenían Transformaciones. Se odió a sí misma por tener que sentarse a su lado.
Salió de su cuarto, saludó a Pansy que estaba cambiándose y salió por la puerta para ir a buscar a Ginny.
Estaba llegando al cuarto de Ginny cuando una mano agarró su muñeca. Se giró y vio la eterna sonrisa de Seamus.
-Me has asustado – le dijo la castaña.
-No era esa mi intención – dijo bromeando Finnigan.
-¿No vas a desayunar? – le preguntó la castaña deseando que su respuesta fuera un sí para que la acompañara.
-Sí, te estaba esperando – le dijo mirándola a los ojos.
-¿A si? – Suspiró encantada.
-Que va – dijo bromeando mientras se reía y hacía reir a la castaña– le estoy esperando a Neville.
-Hoy me estas asustando demasiado – dijo riendo - ¿Neville está aquí?
-Sí.
-Luego le iré a ver – dijo aún con una sonrisa en sus labios.
En ese preciso instante una cabellera rubia aparecía por el mismo pasillo que los dos leones. Draco, al ver la escena abrió desmesuradamente los ojos aunque siempre sin dejar de caminar con esa arrogancia y esa chulería que lo caracterizaba.
Malfoy le miraba a los ojos a Hermione, pero esta hacía como que no veía a nadie. Al pasar no dijo nada pero cuando pasó al lado de Seamus su hombro chocó con el de Seamus ocasionando un quejido por parte de Finnigan. Malfoy hizo como que no iba con el él asunto y siguió para adelante.
Draco caminó por los pasillos hasta dar al Gran Comedor. Su mente divagó pensando en cómo ella podía hablarle a aquél Finnigan después de que le intentara besar sin su consentimiento. –Es idiota- sentenció él.
Durante la noche no había podido conciliar bien el sueño. No sabía por qué le preocupaba tanto lo que pensara una hija de muggles, una chica que durante años había sido su enemiga. Quería recuperar a Granger en cierto modo, con ella se sentía cómodo y se lo pasaba bien. No quería dejar de verse con ella por estupideces. Era consciente que ya no la tomaba como un capricho, sabía que eso que sentía era más fuerte que un polvo con la castaña.
-¿Estás bien? – le preguntó Hermione a Seamus.
-Sí, sí, esta serpiente me pone enfermo – le dijo Seamus.
-Olvídalo, siempre ha sido así y seguirá siéndolo, me voy a buscar a Ginny – y se despidió dándole un beso en la mejilla.
Buscó a Ginny y salieron las dos leonas por la puerta. Se dirigieron al Gran Comedor a desayunar, fueron a la mesa de Griffindor. Se sentían a gusto todos juntos de nuevo, era un gran cambio pasar de dormir con los amigos de siempre, a los enemigos de siempre.
Saludaron a Harry y Ron y se pusieron a desayunar.
La relación entre Harry y Ginny había llegado a ser cordial, que era un paso, ahora se hablaban aunque no era lo de antes. Tardaría demasiado tiempo, y sobre todo madurar; para que retomasen su relación de amistad. Además Harry, entre clase y clase siempre se veía con Cho y esto no pasaba desapercibido para la pequeña de los Weasley.
-¿Qué te pasa hoy que no comes nada? – le preguntó preocupada la pelirroja.
-Nada, es que no me he levantado con hambre – le contestó con una media sonrisa.
-Pareces Malfoy con esa media sonrisa – dijo bromeando Ginny.
-No me digas eso – dijo Herms con un deje de nostalgia en la voz. En ese momento su mirada se posó en la mesa de Slytherin, la recorrió con la mirada hasta que sus ojos avellana chocaron con unos grises que la miraban queriéndola decir algo. Hermione rápidamente apartó la mirada de ahí y volvió a la conversación de sus amigos.
-Hoy ¿qué clases tenemos? – preguntó Ron, todavía bostezando.
-A primera Transformaciones – contestó Hermione.
Terminaron de desayunar y se dirigieron a la clase de Transformaciones. Cuando entraron en clase ya estaba la profesora McGonagall y varios alumnos sentados. Cada uno se dirigió hacia el pupitre que ahora ocupaban.
Poco a poco, los alumnos fueron entrando, entre ellos los slytherins. Draco se sentó al lado de la castaña y ella hizo caso omiso al notarlo a su lado. La profesora McGonagall empezó su clase hablando de las transformaciones erróneas.
-Muy simpático tu amigo Finnigan – dijo Draco con tono burlón con la idea de entablar una conversación con aquella castaña.
-Sí ¿verdad? – dijo con ironía la chica.
-No sabía que fueras tan tonta Granger – dijo Draco empezando a enfadarse al ver como Hermione pasaba de él.
-Ni yo que tú fueras tan mala persona - comenzó a decir Hermione.
-Calla Granger – la cortó Malfoy – no digas cosa de las que luego te vas a arrepentir.
- ¿En serio crees que me arrepentiré? – le preguntó alzando una ceja.
-Sí.
-Según tú, ¿por qué soy tan tonta? – le preguntó encarándole Hermione.
-Por hablarte con ese acabado de Finnigan después de lo que te hizo – dijo con simpleza.
-Malfoy – dijo alzando la voz y ganándose una mirada asesina de la profesora – no me hizo nada, fue una estúpida equivocación.
-Sí quieres pensar así, allá tú, yo solo te digo que ese tipo no es de fiar.
-Lo que tu digas Malfoy – dijo recalcando su apellido con desprecio.
-Vaya Granger, encima de tonta celosa – dijo con sarcasmo en la voz, sabiéndo que así obtendría su atención.
-¿Celosa? – dijo mirándole a los ojos. Era la primera vez en toda la conversación que le hablaba mirándole a los ojos y ahora sabía el por qué. Se perdía en ellos, en ese mar gris, rápidamente apartó la mirada de ahí.
-Sí Granger, ayer no es normal como te pusiste, aunque a decir verdad suelo causar ese efecto en las mujeres – dijo con arrogancia, una arrogancia que a Hermione le pareció demasiado atrayente.
-¿Acaso te crees que yo ayer me puse así por ti? – dijo riéndose por el comentario del rubio – fue por lo que dijo Parkinson.
-Lo que tú digas Granger – dijo Malfoy imitándola.
Sonó el timbre que anunciaba el fin de la clase y Hermione fue la primera en salir.
A lo largo del día no había vuelto a ver a Malfoy y eso la aliviaba. No podía estar mucho tiempo cerca de él, la sacaba de sus casillas y además, siempre se quedaba pensando en él después de sus charlas. No, definitivamente era mejor ni verle.
Se dirigía hacia los jardines de Hogwarts cuando se encontró con Víctor.
-Hola pequeña – dijo dándole un beso en la mejilla.
-Hola, ¿qué tal el día? – se interesó la muchacha.
-No me puedo quejar. Pero veo que tu sí, no traes muy buena cara – comentó preocupado.
-No es nada, es que no dormí bien –dijo con una sonrisa forzada.
Los alumnos empezaron a salir a los jardines y con tanto bullicio no se oía nada.
-Oye, aquí no se puede estar ¿quieres que vayamos a charlar a mi cuarto? – se ofreció Hermione.
-Vale – dijo Víctor levantándose y comenzando a andar junto a la castaña a la Sala Común de Slytherin.
Entraron y pasaron por el cuarto de Pansy para llegar a la habitación de la castaña. Para desgracia de esta última el cuarto de la Slytherin estaba ocupado por una morena y un rubio que se hallaban charlando tranquilamente en la cama.
-¿Qué haces aquí? – le espetó Pansy al verlos, de forma de saludo.
-Ir a mi cuarto, por ejemplo – dijo con sarcasmo la castaña. El rubio hizo un amago de sonrisa al escuchar la respuesta de la castaña pero la borro inmediatamente al ver con quien venía Hermione.
-Eso ya lo sé, digo con él – dijo refiriéndose a Víctor.
-Creo que ayer te dejé bien claro que iba a traer a quien yo quisiera cuando yo quisiera a mí cuarto – dijo con arrogancia dirigiéndose a su cuarto con Víctor de la mano.
-Al fin – dijo cuando llegaron a su cuarto – en fin, cuéntame que ayer casi no tuvimos tiempo.
-No hay mucho que contar – dijo ya cansado de la insistencia de la chica por saber a cerca de sus últimos cuatro años, quería olvidarlo.
-Está bien, yo te tengo que contar muchas cosas – empezó la castaña echándose en la cama.
-Soy todo oídos – dijo bromeando sentándose al lado de la chica.
La castaña comenzó a contarle las vacaciones en Egipto que había pasado con sus padres el verano pasado, descubriendo miles de cosasa fascinantes sobre aquella cultura. Le explicó las personas que había conocido en más viajes que había realizado durante aquellos años.
Él se interesó en los ligues que había tenido y ella se los explico con sencillez por encima.
– ¿Tú? – preguntó la castaña.
-Sí, alguno que otro, pero ninguna como tú pequeña – dijo acercándose peligrosamente a la cara de la bruja, hasta que en un abrir y cerrar de ojos los labios del búlgaro se encontraban pegados a los de ella. Oyeron el sonido de la puerta y Krum se giró.
En la puerta se encontraban Pansy y Draco observando la escena. La primera con una tonta sonrisa en su rostro y el segundo con la cara desencajada, se notaba a kilómetros que estaba enfadado.
-Quítate –le ordenó la castaña a Víctor que aún no se había percatado de la interrupción por parte de las serpientes. No era que el beso le hubiera disgustado pero, no se lo esperaba y desde luego no lo quería recibir.
Krum le hizo caso pero sin quitar la vista de la puerta. Hermione se percató de ese detalle y se giró. Se llevó una sorpresa al ver a esos dos mirarlos cada uno con semblante diferente. A la chica le causó mucha gracia la cara de asombro y desagrado que tenía Malfoy. Ninguno de los cuatro reaccionaba hasta que Hermione habló.
-¿Se puede saber qué hacéis ahí parados? – preguntó la castaña que luchaba consigo misma para contener la risa.
-Observaros, parejita – dijo Pansy con burla.
-Se ve que vosotros os aburrís demasiado solos – comentó Hermione con sorna.
-No creas, sangre sucia – dijo marcando bien las dos últimas palabras la morena.
-Ni se te ocurra volver a decir eso – saltó Krum agarrándole a Pansy del brazo. Draco entonces reaccionó y comenzó a tomar parte en la discusión.
-¿Quién te has creído que eres para coger así a mi novia? – dijo mirnado al decir la última palabra a Hermione.
-Pues que ni se le ocurra volver a llamarla así – le reprochó el búlgaro mientras soltaba a Pansy.
-Bueno anda tranquilízate – le dijo con desprecio el rubio sin ni siquiera mirarle.
-Víctor, será mejor que te vayas, mañana estamos – dijo la castaña que quería quedarse sola.
-Está bien pequeña – dijo ocasionando una mueca de desprecio por parte de Malfoy, fue a darle un beso en los labios a la castaña y ella se apartó. Lo que produjo un beso en la mejilla. El rubio que había visto toda la escena, sonrió al ver la reacción de Hermione.
Cuando Krum ya había desaparecido Pansy y Draco seguían mirando a Hermione.
-¿Os vais a quedar mucho rato mirando? Ya habéis molestado lo suficiente por hoy… -les dijo la castaña.
-Aquí la única que se tendría que ir eres tu sangre sucia – le dijo Pansy.
-Siempre estás igual, Parkinson – le dijo Hermione con desprecio.
-Granger, no mientas, te hemos salvado de estar con ese primate – dijo Malfoy que quería hacerle decir a Granger que lo que había visto era un error.
-¿Salvado?– le escupió Hermione- lo único que habéis conseguido ha sido estropearme una preciosa cita – dijo la castaña intentado enfadar al rubio.
-Cuida esa boquita –dijo Draco acercándose a Hermione con ímpetu. Lo había conseguido.
-¿Por qué? ¿A caso te crees alguien para mandarme callar? – le dijo Hermione acercándose también. Ambos estaban a una peligrosa distancia, mirándose con reproche.
-Sí, y lo sabes bien – dijo Draco con una voz odiosamente sensual. Sus alientos se mezclaban, el cuerpo de ambos les traicionó a la mente y se aproximaban más y más. Draco comenzó a oler ese perfume que tanto le gustaba y que tanto le hacía enloquecer, ese aroma a fresas. Los dos estaban juntos en un mundo aparte cuando una estúpida vocecita les hizo volver a la realidad.
-Perdona – dijo con sarcasmo – quita tus garras de mi novio.
-Tranquila Parkinson, a mi tu novio no me interesa para nada – dijo esto mirando a Draco a los ojos – marcharos de mi cuarto. Pansy salió la primera y Draco se dispuso a marcharse pero antes de ir se volvió a acercar a Hermione y le dijo:
-Eso no te lo crees ni tu Granger – dijo señalándole la pequeña marquita de su cuello.
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