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Adv: LEMON

Emmett escuchó un golpe seco en el segundo piso mientras se acercaba por el pasillo de la casa. Un Cazzo (Mierda) le siguió un segundo después de atravesar la habitación que compartía con Rosalie, pero no la vio por ninguna parte. La luz del armario le hizo saber que estaba allí, también el hecho de que estuviera maldiciendo en voz baja por alguna razón desconocida.

-¿Qué haces?- preguntó divertido al verla saltar en un pie mientras se sostenía el otro, que, si su teoría no fallaba había sido aplastado por la caja que ahora estaba desparramada en la alfombra -¿Estas bien?- preguntó más serio, el rostro de la rubia tornándose rojo por estar aguantando el grito de dolor que temblaba en su garganta, listo para salir.

-Me cayó la caja encima del pie.- dijo ella entré dientes, apoyándose de una de las tantas repisas del armario que era del tamaño de un baño regular. Él lo había mandado construir para ella. Necesitaba un espacio donde guardar tantos zapatos y carteras, a él le bastaba el gabinete de aspecto gastado que adornaba la habitación y era una reliquia. Las mujeres eran un caso aparte cuando de armarios se trataba.

-Iré por algo de hielo.- le informó, saliendo rápidamente en busca de una compresa o algo. Rosalie se sentó en el piso, quitándose la media que traía y masajeándose de manera suave la extremidad que le punzaba con cada latido de corazón. Su mirada de odio encima de la caja toda deshecha a su lado. Ella solo quería buscar las chaquetas invernales para empezar con la limpieza de otoño e iniciar a guardar las prendas más ligeras y asi tirar fuera las del invierno que se acercaba -Aquí.- regreso Emmett con una pequeña bolsa de hielo en cubos. Arrodillándose a su lado para ponerlo encima del pie lastimado bajo la mirada reacia de ella.

-Gracias.- susurro, brincando cuando sintió el toque helado. Se mordió el labio, ardía por el raspón que había hecho uno de los extremos del cubo de cartón. -No sé cómo demonios hizo a no caerme en la cabeza.

-Ahora estaríamos en emergencias solo por un moretón.- ella lo miró sin entender a lo que se refería. Emmett en cambio trataba sin éxito de no reírse de la situación, estaba claro que se sentía muchísimo más relajado ahora alrededor de su mujer por más extraño que eso sonase -Visto los antecedentes de cabeza dura.- dejó salir algo inseguro. Esperando su reacción la cual no podía anticipar para nada. Ella lo miró mal por un momento, sopesando si levantarse y dejarlo solo o reírse ya que esas eran las típicas bromas que la habían conquistado de él.

-Spiritoso (Gracioso)- pronunció al final, lanzándole la bolsa de hielo que esquivo con bastante rapidez. Riéndose de la reacción y de la cara de enojo fingido de ella.

-Siempre.- él le guiñó el ojo, haciendo ser imposible por más tiempo mantener su expresión sería e indignada, riéndose de su mirada de niño travieso. -¿Tenemos alguna pomada para los golpes?

-En el botiquín de la cocina debe haber algo. -Emmett asintió. Poniéndose de pie para ir por la caja de medicinas. -¿Podrías traerme mi tratamiento, por favor?- Le pidió cuando ya estaba saliendo al pasillo. Ella oyó una afirmación de su parte y después el ruido de las escaleras rechinar. Su pie ya iniciaba a tener un tono violeta en la parte donde más se habia lastimado. Maldijo una vez más, observando las cosas que se habían salido de la caja al caer. Unos escarpines azules diminutos estaban tirados a su lado, también un gorrito de bebé de color rosa con el escrito de "Soy la estrella de papá" bordado en un costado. Ella lo tomó, riendo por lo bajó al recordar el día que lo habían comprado sólo una semana después que le hubiese dado la maravillosa noticia de que serían padres a Emmett. Él decía que intuía que su hijo sería niña y siempre apuntaba por las cosas rosas, con flores y lazos por más que ella le decía que era un varón. Su intuición masculina haciéndolo perder en todas las apuestas del sexo del bebé una vez nacido porque nunca quiso que le dijesen el sexo. Ella suspiró con una sonrisa. Eran hermosos recuerdos.

-¿Por qué sigues tomando antidepresivos?- se sobresaltó por la gruesa voz. Al alzar la vista lo vio de pie en el marco de la puerta, sosteniendo los pequeños botes de medicinas en una mano, uno su tratamiento de por vida para la hipertensión y otro los antidepresivo que le había recetado su psicólogo desde la desaparición de Ian. La crema mentolada reposaba en su otra mano junto con un vaso de agua y su expresión era de desconcierto y algo de pena. Ella sabía porque. Pena por ella, pena porque se sentía culpable de que tuviera que tomar aquellas pastillas.

-Tengo que ir al médico antes de dejar de tomarlos, Emmett. No puedo solo dejarlos-
le informó, Encogiéndose ligeramente de hombros. Estirando una mano para que se las diera. Él volvió a su posición de minutos antes, arrodillado a su lado, tendiéndole los envases y colocando el agua a un lado. Observando como ella abría cada uno y sacaba las medicinas.

-Podría ser una buena excusa para hace venir a Carlisle.- propuso así de la nada mientras ella lanzaba las cápsulas en su boca y tomaba pequeños sorbos del vaso con el ceño fruncido hacia él.

-¿Para qué?- demando una vez hubo tragado.

-Pues, así te revisa y te quita estas cosas y aprovechamos a hacer una pequeña reunión de bienvenida para Ian.- le sonrió -Hacemos venir a todos.- ella movió los ojos, sopesando aquella idea.

-Carlisle no es Psicólogo- le recordó- ¿Y además crees que sea una buena idea?- inquirió dudosa -Aun nos estamos adaptando nosotros para involucrar a más personas.- él se quedó pensativo. Tenía razón en aquello, Ian estaba aún nervioso cuando de estar rodeado de personas nuevas se trataba así que tal vez fuera solo demasiado pronto. No podían culpar el querer festejar que su angelito había regresado cuando alguna vez pensó no lo volvería a ver.

-Tienes razón, tal vez en unas semanas.- le dijo -Necesita hacerse algunos amigos aquí.- la rubia asintió, de acuerdo con ello. Tenían que iniciar a pensar en escuelas, actividades deportivas o culturales para que se fuera adaptando a la sociedad. Ella siguió la mirada del moreno cuando regresó de sus pensamientos. Estaba posada en su mano cerrada que sostenía el pequeño gorro rosa. Ella se lo tendió, sonriendo ante su mirada risueña.

-Su primer gorro- le recordó aunque aquello fuera innecesario. Él tenía aquel recuerdo tatuado en su memoria. Todas las discusiones entre ellos por el sexo del bebé, el nombre, los lazos, los carros, el color de las paredes viniendo a su mente como flashes hermosos.

-No volveré a confiar jamás en mi instinto.- le informó apenado y divertido. Tomando los pequeños zapatitos azules que estaban frente a él. -Era diminuto.- pronunció con asombro. Aquellas cositas cabían en su mano sin ningún trabajo igual que Ian cabía con facilidad cuando estaba recién nacido.

-Sí, nuestro bebe- pronunció ella iniciando a sentirse nostálgica. Observando como él comenzaba a sacar las demás cosas. Álbumes de fotos de su hijo pequeño. Recuerdos de comunión y bautizo. Su chupón favorito, su primer osito de peluche. Prendas de ropa que había guardado Rose como recuerdo de cuando estaba recién nacido. Inicio a sentir como nacían lágrimas en sus ojos. Tal vez el traer todos esos recuerdos a su mente ayudaría a que regresará el instinto de madre que estaba dormido. -¡Es mi vieja cámara!- le dijo asombrada cuando lo vio sacar el aparato desmontado con cuidado. Tantos recuerdos viniendo a su mente, tantas fotos tomadas, tantos momentos inmortalizados en una imagen.

-Tal vez podamos regresar a trabajar.- pronunció distraído. Soplando el polvo de años que reposaba sobre ella.

-El dúo dinámico.- sonrió él al oírla decir aquello. Así solían llamarlos en la empresa que trabajaban luego de haberse casado. -¿Qué haces?- inquirió al verlo sacar las demás piezas e iniciando a armarla rápidamente.

-Quiero ver si funciona.

-Seguramente no.- negó ella. -Sabes bien que se dañan los anillos de enfoque y el espejo con el tiempo.- él la ignoró, dispuesto a hacerla funcionar.

-Probemos.- dijo. -Te saco una- apuntó el visor hacia ella quien se tapó el rostro con la mano.

-¡No!- pronunció. Emmett rio mientras ella intentaba tapar el objetivo con la otra mano. Varios sonidos de explosiones salieron del aparato pero en la pantalla no se lograba ver nada. Era obvio que estaba dañada por los años en los que había estado guardada pero él no se lo hizo saber. Se estaba divirtiendo como un colegial avergonzándola bajo el visor.

-¡Esta irá enmarcada!- se burló. Intentando quitar las manos de ella para enfocar por el visor su rostro rojo de vergüenza.

-¡Basta!- le saltó ella encima para arrebatársela. Emmett la esquivo por instinto. Dándose cuenta al instante que ella iba directo a caer de bruces al piso. En cuestión de nano segundos la sostuvo de los brazos girándola en el mismo movimiento mientras amortiguaba la caída con una de sus manos, terminando encima de ella sobre la alfombra peluda. Él sintió como su pierna derecha, la que había sido lastimada salía de debajo de su peso, enroscándose en su cadera. Noto con nostalgia que aun sus cuerpos encajaban demasiado bien.

-¿Duele?- inquirió. Bajando su mano libre hasta tocar su pie. Ella hizo una mueca al sentir los dedos presionando suavemente. Pasando la mano abierta por su mejilla en una caricia lenta, disfrutando de su suave piel, de lo áspero de su barba naciente.

-Tal vez debería tomar una pastilla antes de que se inflame- dijo mientras miraba aquel masculino y perfecto rostro a centímetros del suyo, sintiendo como en su cuerpo despertaba ese calor característico bajo el vientre al igual que en el del moreno. Él se apoyó a su toque, cerrando los ojos, disfrutando del contacto. Conocía otro método para aliviar el dolor pero no se atrevía a decirlo en voz alta. Estaba demasiado cómodo solo sintiéndola, sólo teniéndola así.

Su iris azul cielo lo recibió cuando abrió los ojos. Ella estaba serena y hermosa. Nada quedaba de la expresión de pánico o dolor o miedo que habían sido parte de sus facciones a lo largo de los dolorosos años. Simplemente podía distinguir cariño en esos ojos, cariño hacia él y paz.

Él depositó un beso en sus labios entreabiertos, bajando un poco en su cuerpo un segundo después para recostarse en su pecho, aspirando su aroma femenino. Sintiéndose también lleno de alguna emoción que hacia descansar su alma. Se quedaron por minutos interminables allí, solo abrazados. La mano de Rose hundida en el cabello largo de él, rizándolo con sus dedos y Emmett jugando con la otra mano de ella, entrelazando, acariciándolas en un momento que para muchos parecería aburrido pero para ellos resultaba sanador.

-Vamos a la cama.- pronunció, llenando el vacío silencio. Su rostro subiendo y bajando por la respiración tranquila de ella. Pudo sentir sus codos protestar al rasparse en la tela de la alfombra cuando buscó enderezarse, observando como la rubia negaba con la cabeza con una expresión que él conocía muy bien. Ella se sentía demasiada cómoda en ese lugar o era solo el hecho de que estuviese él encima de ella. -Te vas a lastimar la espalda.- advirtió siendo silenciado por un pálido dedo.

-Shhh...- ella no quería pensar, ni romper ese momento en el que se sentía nuevamente conectada a él. Esta vez no serían interrumpidos. Esta vez ella dejaría todo pensamiento estúpido atrás para entregarse a él y así empezar a sanarse como pareja. ¿Qué mejor manera de demostrar su compromiso que entregarle todo lo que era? se dijo. Tal vez no sería como años atrás, tal vez hasta su instinto de mujer se había perdido entre tanto dolor pero ella lo daría todo y él lo comprendió inmediatamente al ver la decisión en sus ojos brillantes. Solo pudo besarla despacio, recibiendo así todo lo que le estaba dando.

Su espalda contrayéndose cuando ella la recorrió con manos temblorosas. Tomando el borde de la camiseta de algodón que usaba para sacarla por su cabeza. Se dejó hacer. Sus manos sosteniendo su propio peso y picando por tocarla pero conteniéndose al sentirla pasar los dedos por su pecho lentamente, que se contrajo ante la sensación.

-Vamos a la cama- le repitió. Separándose de sus labios, jadeante por el beso compartido. No quería que se lastimara más y muy en el fondo de su cabeza, por encima de su instinto que le decía que la tomara allí mismo, en el piso del closet, pensó en que ella necesitaba algo más suave, más romántico que solo sexo en el guardarropa. Después de todo, ésta sería su primera vez después de tres años.

-¿Desde cuándo nos atenemos a una cama?- inquirió ella con la respiración agitada. Hundiendo las manos en su cabello para atraerlo una vez más a su boca, desesperada. Todos sus sentidos despertando, cautivada solo por el aliento de él en su rostro. Lo quería allí mismo, en ese mismo momento, dentro de esas cuatro paredes, en la mullida y vieja alfombra. Ni ella misma estaba consiente de cuanto su cuerpo lo había extrañado, de cuanto estaba necesitándolo.

-No se te ocurra.- la detuvo el moreno cuando sintió las intrépidas manos de ella bajar mucho más, queriendo meterse por debajo de su pantalón.

-Quiero tocarte.- se excusó, besando el hueco que se formaba bajo su oreja.

-Si lo haces esto acabará primero de lo que tú y yo queremos.- Agradecía al cielo el que aun llevase puesto Jeans, de no ser así no habría respondido de sus actos. –Lento, Rose.- le susurro. Cerrando los ojos cuando sintió los dientes de ella mordiéndole el lóbulo y tirando. Su respiración irregular justo en esa zona lo estaba matando lentamente.

-No éramos conocidos por ser lentos- le susurro casi sonriendo, causando miles de corrientes recorrerle la espalda. Había tanta verdad en aquello dicho, su cuerpo masculino empujando y gritando al querer ser liberado del encierro de sus pantalones.

-Esta lastimada, no quiero herirte.- le acaricio la mejilla tiernamente. Ella negó, derritiéndose ante su toque lánguido que se escurrió desde la mejilla hasta su garganta, pasando por su clavícula hasta el valle de sus senos, trazando el borde del delgado sweater de cuello "V" que endosaba. Contuvo la respiración cuando un dedo largo se hundió en él, tirándolo hacia abajo para dejar descubierto uno de sus pechos, un pezón erguido recibiéndolo y allí ya no pudo seguir pensando en ser suave, en ir lento. Los tres años en los que no había visto su cuerpo, en los que no había causado esa reacción cayéndole encima como un yunque, aplastando su autocontrol.

Fue cuestión de segundos para que el sweater terminara tirado en un rincón, al igual que el sujetador simple, que le hizo compañía luego. Sus labios atacando enseguida aquellas montañas de carne erguidas. La espalda de Rosalie formando un arco digno de fotografiar, rendida a las húmedas caricias. El dolor en su pie olvidado, desplazándose a una zona más ascendente, bajo su vientre, un dolor diferente, creciente y cálido.

-Emmett…- ella susurro su nombre cuando los labios se cansaron de atormentar sus pechos, bajando con lentos besos por el centro de su tronco. Deteniéndose encima de su ombligo para darle una mirada encendida y juguetona mientras trazaba un círculo con su lengua experta. Su piel erizándose por el choque del aire frío de la estancia y el calor emanando de su cuerpo cuando él se detuvo a jugar con el borde de sus aburridas bragas una vez se deshizo del grueso pantalón deportivo, que para él eran la mejor envoltura de regalo.

La beso allí, por encima de la tela blanca y húmeda por él, torturándola, haciéndola retorcerse ante la anticipación. Ella quería que hiciera algo ya, tenía todos los sentidos sobre excitados y eso que aún no la había tocado. Emmett sonrió con malicia al verla completamente rendida. Sus ojos conectándose cuando el inicio a bajar las bragas por aquellas piernas perfectas. Una promesa anticipada pasando por entre sus miradas. Besos iniciando desde el empeine lastimado y ascendiendo, húmedos por la parte interna de los muslos femeninos.

La rubia sintió el aliento cálido de su marido en aquella zona tan privada y ardiente antes de que su boca se posara sobre ella, urgente, impaciente y hambrienta. Su cabeza enterrándose en la alfombra al caer hacia atrás ante la tortura divina, sus manos apretando el borde de la alfombra y el cabello rizado con rudeza, perdida ante cada giro de aquella lengua traviesa. Todos los músculos tensándose ante el creciente ardor que comenzaba a expandirse desde lo más profundo de su vientre.

-¡Oh dios!...- gimió ahogada al sentir como se adentraban dos dedos intrépidos en busca de aquella pared rasposa que la llevaría a la gloria en una milésima de segundo. Su cuerpo arqueándose violentamente hacia arriba ante la llegada rápida de aquel orgasmo inesperado. El mundo desvaneciéndose en un grito silencioso mientras Emmett la sostenía de las caderas, calmando sus bruscos movimientos y besando con labios húmedos la cicatriz casi imperceptible de la cesárea en su vientre, en espera de que ella se recuperara de las emociones. Él contuvo sus propias necesidades solo para verla venirse de manera gloriosa, era el espectáculo más increíble que un hombre podía apreciar. La piel brillante, perlada de sudor, las mejillas ruborizadas, el cabello alborotado y aquella sonrisa de satisfacción y gratitud que adornaba su preciosa cara. No había más hermosa visión que esa.

-¿Quieres enviudar?- le pregunto ella de manera divertida y con voz ronca una vez su errático ritmo cardiaco volvió a la normalidad. O ella había olvidado lo que se sentía o aquel había sido el orgasmo más intenso que había alguna vez tenido. Se mordió el labio, saboreando aun los remanentes de la explosión maravillosa de su ser. Solo dios sabía cuánto lo había extrañado.

-Cualquiera pagaría por morir así- le contesto, subiendo por su piel con besos cortos hasta besarle los labios secos. Sus lenguas explorándose de manera sincronizada, como si nunca se hubiesen olvidado. Ella se saboreó en su boca, gimiendo bajo en su garganta cuando el bulto de los pantalones de su marido se frotó en su área sensible. Se estaba conteniendo por ella, lo sentía y conocía, siempre poniendo su placer ante todo.

Rosalie rompió el beso, mordiéndole el labio en el camino lo cual causó otro empuje de la pelvis masculina contra la suya.

-Ah- gimió Emmett de manera gruesa y dolorosa, sentía que si no hacía algo rápido iba a terminar en sus pantalones como un adolescente. Quería alargar muchísimo más aquel momento pero tanto deseo parecía no estar ayudando y la rubia se percató de ello cuando él apoyo la frente en la suya, temblando y respirando de manera lenta, tomándose un minuto, tratando de calmarse.

Aprovechando aquel momento de tranquilidad y distracción ella se movió, enrollando las piernas alrededor de su cintura y girándolos con algo de dificultad. Quedando ella encima de él, a horcajadas. Su cabello cayendo hacia adelante en una cascada dorada cuando se inclinó para besarlo lentamente.

-Lento…- le recordó ella, mordiendo y ejerciendo presión con los dientes en su mejilla derecha como distracción. Emmett lo agradeció, sonriendo ante la manera de ella de ayudarlo a drenar la tensión con el dolor mientras la acariciaba, la espalda, el cabello, aquel trasero divino.

-No me culpes porque eres irresistible, Hale.- susurró en su oído, sus manos entretenidas en sus caderas. Ella batió el cabello fuera del rostro, sonriéndole mientras pasaba un dedo por la marca roja que habían dejado sus dientes en la piel de su rostro.

-Todo lo que digas...- le dijo picara, riendo por lo bajo cuando él intentó morder el dedo travieso que le acariciaba los labios. -...Podrá ser utilizado en tu contra.

-En este momento está claro lo que quiero utilizar en tu contra.- respondió del mismo modo juguetón. Moviendo sus caderas hacia arriba en el punto justo, logrando sacarle un jadeo tembloroso e inesperado que la hizo erguirse en una posición vertical y a él sonreír triunfante. No era el único que estaba demasiado encendido.

Rosalie lo miro de manera felina, arrastrándose un poco más abajo para atacar el botón de su jean obscuro. Podía sentir y ver como de excitado estaba aún por encima de la tela de sus bóxers. Él la ayudó, alzando la pelvis cuando arrastró ambas prendas de ropa juntas, sin perder tiempo. Un puchero sobresaliendo de los labios femeninos cuando le sostuvo las manos que iban directo a su miembro sobre excitado.

-No.- volvió a detenerla, sosteniendo ambas manos estiradas frente a ella, invitándola así a subirse sobre él -Así- le indico, haciéndola descender tortuosamente lento, el cuerpo abriéndose como una flor al suyo, abrazándolo de la manera más carnal que podía existir. Rosalie se soltó de su agarre bruscamente, abrumada y perdida en la sensación exquisita de recibirlo después de tanto tiempo, su cabeza cayendo hacia atrás mientras un gemido largo abandonaba su boca. Emmett la sostuvo de las caderas, hundiendo los pulgares en su ingle, impidiéndole así moverse, dejándola aclimatarse a su intrusión, saboreando como los músculos internos de ella protestaban y se amoldaban a su intromisión, contrayéndose alrededor de su carne y arrebatándole un gruñido masculino. Ella se dejó caer hacia adelante, besándolo torpemente con los labios tremando por las emociones que la golpearon en ese instante, necesitaba drenar tanta tensión, quería comérselo, quería que se moviera o que no lo hiciera, quería que se quedara allí, dentro de ella toda la vida.

Jadeo en su boca cuando él la meció, moviendo sus caderas, dejándole saber así que no podía esperar más. Frotando el botón del placer con su ingle, lo cual le provoco un largo gemido que desato la locura. Labios urgentes, lenguas chocando, el sonido de los dientes al colisionar y los jadeos creando una música erótica mientras ellos bailaban sincronizados la mejor de las piezas. Las frentes unidas mientras las pelvis se mecían a un ritmo delicioso. Los años perdidos descargándose en ese carnal momento. Emmett gimió cuando la rubia hizo un círculo perfecto con sus caderas balanceantes, sentándose aun con ella encima y sintiendo como su cuerpo era apretado de manera erótica con cada estocada, anunciándole así que ella estaba al borde, haciéndolo incrementar la velocidad y así, la serie de gemidos y jadeos dentro del pequeño armario.

Sintió las lágrimas de tensión escurriese hasta su boca mientas se doblaba hacia atrás, dejando que su cuerpo tomara las riendas mientras gozaba el alivio que se expandía como fuego por todos lados con la boca abierta en un grito silencioso. No supo en que momento Emmett la giró, hundiéndola en la alfombra para arremeter dos veces más contra su pelvis de forma ruda, alargando así el placer de ambos y explotando en su cuerpo. Desplomándose encima de ella con el aliento silbando entre los dientes. La frente clavada en medio de su espalda, mientras respiraba hondo para regresar un poco de oxígeno a sus pulmones.

-Dios.- ella lo escuchó susurrar, sintiendo el delicioso peso en su cuerpo. Emmett sintió más que escuchar la risa catártica de ella. Aun recuperando y volviendo a los cinco sentidos.

-Extrañaba esto.- dijo la rubia. La voz rasposa por la resequedad en su garganta. Él también rio. Dejando un último beso en su columna y desplomándose mirando el techo, exhausto, drenado y bañado en sudor.

-Sexo en el armario.- secundo con un atisbo de incredulidad. -Nos estamos superando.- Rose rio, como afirmando sus palabras. Observando cómo se tumbaba de lado para mirarla, desnudo y glorioso. Ella no podía mover un músculo. Su cuerpo lánguido y exquisitamente relajado se lo impedía, tumbada boca abajo con el rostro apoyado sobre sus brazos doblados.-También te extrañaba.- agregó al final. Estirando una mano alejó el desordenado cabello que le cubría las mejillas ruborizadas. Acercándose para pasar los dedos por la longitud de su espalda, aun sintiendo esa necesidad de tocarla. Ella cerró los ojos, disfrutando de las caricias.

-Siento haber sido una perra todo este tiempo.- soltó de la nada. La mano de su esposo se detuvo, analizando. Sus ojos culpables lo miraron para luego bajarlos apenados sacándole una mueca.

-Rose, no t...

-Si Emmett.-ella lo silenció -Me tome el dolor para mi sin preguntar siquiera si el tuyo era más grande

-No supimos cómo lidiar con ello-explicó por lo bajo, alzándole el rostro para que lo mirase.

-No tenía por qué darte toda la culpa- se disculpó con lágrimas naciendo en los ojos azules -Se ve que la desesperación no ayuda.- él negó con la cabeza, abriendo un brazo, invitándola a unirse a su lado lo cual ella hizo sin dudar, acurrucándose y encajando en él perfectamente.

-No hablemos de ello, por favor.- le pidió, besándole la frente. -No ahora.

-Lo siento.- dijo nuevamente. El hombre le dio una mirada de ojos entrecerrados con desaprobación. No quería arruinar el momento con recuerdos amargos.

-No hay nada que sentir, ¿De acuerdo?- le dijo en tono serio, sosteniéndola de la barbilla. Ella le asintió, cerrando los ojos cuando él los beso para pescar las lágrimas. -Vamos a la cama...- susurró, haciendo a la rubia acurrucarse mucho más a su lado. Ella estaba más que a gusto en ese pequeño mundo.

-Es cómodo aquí.- suspiró y río al darse cuenta que su marido la miraba como si estuviera loca.

-Eso está claro ya que el lumbago no lo tendrás tu mañana.- ella se rio entre dientes, dejando un beso en su pecho, justo donde el corazón latía. No le hizo caso a sus palabras. Cerrando los ojos y disfrutando el momento. -Ven bella durmiente.- sintió como palmeaba su trasero desnudo, ajustándola en sus brazos y poniéndose de pie en un fluido movimiento, como si ella fuera una pluma. La depositó en la cama, mientras buscaba con la vista algo que ponerse para ir por un poco de agua a la cocina. La mirada de ceja alzada que le hacia su mujer lo desconcertó.

-¿Ya vamos a dormir?- ella hizo un puchero. Cruzándose de brazos y él contuvo la risa.

-¡Rosalie dale un descanso a este hombre!- exclamó sobre actuado y ella se hizo la ofendida.

-No me culpes porque eres irresistible, McCarthy.- se defendió. Recostándose en la cama, extendida, desnuda, hermosa. Logrando que se le olvidara lo que estaba por hacer. Mientras su cuerpo despertaba dispuesto para una segunda ronda.


MI PRIMER LEMON Y NO SE QUE PENSAR, ESPERO LES HAYA GUSTADO. ESTE CPITULO NO ESTABA PLANEADO PERO HE ESTADO UN POCO TAPADA DE IDEAS XD POR FORTUNA YA ESTAN REGRESANDO

HE VISTO Q LA HISTORIA TIENE MUCHOS VIEWS PERO POCOS RV Y NO SABEN CUANTO DESANIMA =S PORFIIIIS APIADENSE DE LAS Q LO DAMOS TODO POR ESCRIBIR Y ENTRETENERLAS, AL MENOS UN ME GUSTA =)

LAS DEJO, NOS LEEMOS LA PROX SEMANA

BYE

TITI