Mary: -Buenos días, tardés ó noches, sempais :D Mary los saluda desde su computadora.

Deidara: -Y nosotros, sus sempais Akatsukianos también, hum.

Itachi: -sigo sin ver caso de qué estemos aquí.

Sasori: -cállense mocosos. Esta claro que debemos hacer acto de presencia para el último capitulo de fic, así como debió serlo desde hace varios.

Mary: es usted muy cruel Danna ¬¬

Sasori: Has hecho esperar a los leectores, y encima SOY UN CRIMINAL DE RANGO S! QUÉ ESPERAS!

Mary: =.=

Deidara: bueno si, pero no hace falta gritar, hum.

Itachi: (suspira) bueno, en todo caso, queremos dejarles pues, el último capitulo de Anata no tejun o mite.

M/D/S/I: esperamos que la disfruten!


=CAPÍTULO 12=

PARTE 1.

SASORI PO´V

Las palabras de Madara eran horribles, sorprendido incluso de mí mismo me arroje contra él. Entonces ambos caímos en una cascada de cristales.

.

.

No puedo decir si algún día le tuve miedo a la sangre y me gustaba pensar que no. Pero en el momento en que la sangre corrió por el cuello de Sasuke se me hizo un nudo en el estomago y la garganta. Ahogué una exclamación y sentí algo muy parecido al alivio al ver que el hermano menor de Itachi seguía vivo. A mi lado, Kisame se había tensado e incluso había estirado el brazo hacia ambos Uchiha.

–Oh– exclamó Madara por encima de la canción –¿Qué pasa? ¿No hay el suficiente valor para hacerme algo estando Sasuke de por medio?

–Madara– susurro Sasuke entrecortadamente –¿Qué…?

Madara le torció más el brazo, haciendo que después de un grito ahogado cerrara los ojos y respirara con cierta dificultad. Madara soltó una risa casi psicópata, que se escucho demasiado al acabar la canción justo en ese momento. Fruncí el ceño, mientras me enderezaba.

–Quiero que se arrodillen, con las manos en la nuca y se tiren pecho tierra– declaró Madara, miré a Kisame, esperando ver alguna reacción –Ó lo mató.

La navaja se hundió un poco más en el cuello de Sasuke y Kisame inmediatamente levantó las manos y las puso en la nuca, se arrodillo y se puso pecho tierra. Madara me miró a mí, y con cierta humillación imite a Kisame. Nunca apartando la mirada de los ojos negros del Uchiha mayor y de vez en cuando, la navaja.

–Bien hecho– dijo con sorna Madara, por el rabillo del ojo vi como empujaba a Sasuke –Ahora… He de preguntar… ¿Por qué han venido ustedes y no mi sobrino querido, Itachi?

–Itachi está muerto– susurre y Madara me miró con una sonrisa.

–Sé que no lo está. Mis hombres lo corroboraron. No soy tan idiota, Kaoru. Ese es tu verdadero nombre, ¿lo sabías?

–Mi nombre…–

–Madara– exclamó Sasuke y calló cuando el Uchiha levantó la navaja y le hizo un profundo corte en la mejilla –Itachi… dijiste que…

Madara con un ágil movimiento aventó a Sasuke contra un buró, debido a la fuerza se pegó con la esquina de éste. No perdió el conocimiento, pero si quedo totalmente aturdido, la sangre ya corriendo de un punto abierto en su frente.

Madara camino hacia mí.

–Puedo decirte todo de ti, Kaoru. Tu vida. Tus padres. Tu familia. Tu pasado. Solo tienes que entregar tu futuro. Ja–ja.

Traté de ponerme de pie, pero en ese instante, Madara levantó violentamente la pierna hacia mí y me propinó una patada en el pecho que me tiro atrás.

–¡Quédate quieto, mocoso idiota!– gritó mientras me apuntaba con la navaja, vi que Kisame se ponía de pie y antes de que Madara pudiese hacer algo se le tiró encima, la navaja salió volando debajo de la cama y me arrastre para tratar de alcanzarla. A mi lado, Madara y Kisame giraban tratando de ponerse en ventaja–¡Idiota!

Sasuke me miraba desubicado, tocando su frente con la mano ya completamente manchada de sangre. De repente escuché un golpe y Kisame gritó, gire a verlo. Madara le había golpeado con una caja musical de madera y había logrado ponerse encima de él. Con las piernas le bloqueo los brazos a Kisame y comenzó a golpearlo.

Mi única reacción fue aventarme contra él y tirarlo de lado. Ambos caímos en la alfombra con un golpe sordo. Él gritó y Kisame se puso de pie con dificultad. Madara me sujeto de los cabellos y me estrelló dos veces la cabeza y luego, con sus enormes manos me sujeto el cuello y comenzó a apretarme con fuerza. Vi a Kisame ponerse de pie con la caja en manos, la levantó mientras yo trataba de aferrar los brazos de Madara para que no pudiera moverse.

Su mirada era la de un completo desquiciado, sus ojos parecían saltarse de sus cuencas y estaban inyectados en sangre. Tenía una sonrisa grande, sus dientes blancos me parecieron de repente púas. Madara entonces volteó a ver a hacia atrás en el momento en que Kisame le golpeo con la caja en la cabeza y él me soltó, solo tuve tiempo de dar arqueadas y toser buscando aire. Kisame me jaló del brazo y me puso de pie violentamente.

–Gra…Gracias– jadee mientras me sobaba el cuello.

–¡Cuidado!– gritó alguien y me di cuenta de que era Sasuke.

Ambos giramos a ver a Madara que levantaba la caja musical, como si se tratara de una pelota de beisbol se preparaba para lanzarla.

–¡Abajo, Sasori!– gritó Kisame y me empujó hacia un lado justo en el momento en que la caja musical chocaba contra la pared y se rompía en mil pedazos. Restos de astillas y mecanismos regados por todas partes.

–Escorpión– llamó Madara y giramos a verlo, tenía en una mano aferrada a su rostro, tras sus dedos corría sangre pero él parecía más consciente de todo que ninguno de nosotros tres –Que nombre más interesante.

La alfombra ya tenía rastros de sangre. Del rostro de Madara salían borbotones rojos de su ojo derecho. Mientras se ponía de pie y nos miraba con aquel resto de ojo, sentí miedo por primera vez en mi vida, al menos que recordara.

~~FLASH BACK~~

La brisa golpeaba mi rostro mientras miraba el mar. Era hermoso. El agua mecía la embarcación y me daba una especie de seguridad que nunca había tenido dentro. Todo estaba en silencio, la oscuridad sobre mi cabeza era profunda, pero era tranquilo. Mantenía en mi rostro una sonrisa y suspire con fuerza el aroma tan característico del mar.

Hasta aquella vez no había visto nada parecido. Mis padres querían (de una manera muy espontanea, me atrevo a decir) viajar hacia el sur, según ellos para conocer algo además de Japón. Decían que visitaríamos a mi abuela y eso me llenaba de una felicidad acogedora. No la había visto durante mucho tiempo, desde que mi padre había decidido trabajar como detective en una estación de policías muy prestigiada de la ciudad. Mi abuela había dicho que no quería ir, que necesitaba un lugar tranquilo donde descansar, quedándose cerca de Austria, en parajes tranquilos y más que nada naturales.

Era ya entrada la noche, y los únicos que pasaban a mi lado eran los de seguridad, vigilando que todo en los pasillos estuviera en orden. Un hombre de castaños cabellos se acercó a mí mientras meditaba con los ojos cerrados.

–¿Está usted bien, señor?– preguntó con voz amable –Ya es muy noche y no debería de estar despierto.

Giré a verlo y le sonreí amablemente.

–Estoy bien. Solo, quería ver un rato el mar.

–Si quiere puedo darle una pastilla para dormir. Son muy efectivas.

–No… ya voy al camarote. Gracias.

El hombre asintió y se dio media vuelta. Suspire, cansado de haber tenido que mantener esa conversación donde me vería obligado a ir al camarote. Decidí echarle un último vistazo al mar, y entonces lo vi.

Era una lancha pequeña, donde venían algunos hombres vestidos de negro. Tuve que forzar un poco más la vista para darme cuenta de que iban armados con metralletas, ó pistolas de alto calibre. En su pecho tenían un símbolo extraño. Una especie de abanico blanco y rojo. Abrí la boca para gritar o algo, pero mi voz se quedo ahogada en mi garganta cuando vi que uno de aquellos hombres se ponía una pistola al hombro y apuntaba.

Disparó. Fue como un silbido. La bala me pasó al lado, sentí su brisa moverme mis cabellos y entonces escuche el gemido de alguien. Cuando gire la cabeza observé como el hombre castaño que me había ofrecido la pastilla caía al suelo, en un charco de sangre.

Aquellos hombres llegaron, utilizaron cuerdas e instrumentos para escalar y subieron a cubierta.

Corrí cuando los disparos comenzaron. Aquellos hombres abrían camarotes y disparaban a sangre fría. De repente, los oficiales del barco disparaban desde arriba. Todo se había convertido en un tumulto de gritos, aquellos pasajeros cuya oportunidad se les dio al no ser los primeros en morir corrían impidiendo el paso de los demás. No podía describir el horror que me daba saltar ó pisar incluso los cuerpos inertes de las personas que ahora formaban un mar de sangre. Podía ver incluso en algunas partes de los cerebros.

Solo la adrenalina impedía que me detuviera y vomitara. Por fin me encontré frente al camarote donde se hospedaban mis padres. Había dos cuerpos ahí tirados, el de un hombre y una mujer. Se me hizo un nudo en el estomago.

–¡Kaoru!– gritó una mujer a mis espaldas y por horrible que suene, agradecí infinitamente que aquellos dos desgraciados no fueran mis padres. La mano de mi madre tomo la mía y me ayudó a correr hacia el lado contrario de donde los disparos se escuchaban.

Corrimos. Poco a poco se iban apagando los disparos en el almacén en que nos estábamos metiendo. Me daba miedo preguntar dónde estaba mi padre. Bajamos las escaleras y nos escondimos detrás de unas cajas. Mi madre respiraba agitadamente y me abrazaba como no lo hiciera desde hace tanto tiempo.

La puerta del almacén se abrió y alguien bajo corriendo las escaleras.

Luego fue un lapso de felicidad, hasta que la sangre manchaba mi rostro y escuchaba a mi lado el agudo grito de mi madre.

~~ FIN DEL FLASH BACK~~

Una fuerte punzada cruzó mi cabeza hasta hacer que me dieran náuseas y me doblara sobre mí mismo, comenzando a vomitar.

–¡Sasori!– gritó Kisame a mi lado, pero sus gritos ya algo muy vago, volteó a ver al Uchiha –¡Basta, Madara!

Madara lanzó una carcajada grave que hizo estremecerme, incluso medio inconsciente.

–¿Dónde está el respeto que infundías en tu voz cuando me hablabas?– gritó, caí de costado, al lado del vómito que había expulsado hace unos momentos, vi que Sasuke se arrastraba hacia la cama y pensé en la navaja –¿Qué le paso al chico que sería mi aprendiz?– continúo Madara con voz visiblemente cargada de falsa tristeza, torció los ojos y volvió a reír.

–¡Yo no quería esto! ¡En verdad había pensado que Sasori era culpable!– gritó Kisame, su voz quebrada –¡No pensé que quisiera hacerle daño a sus sobrinos! ¡Ni que era usted el culpable!

–¡Lo sabías muy bien!– gritó Madara –Te apuesto a que lo sabías y no te importaba. ¿Qué te hizo cambiar tan repentinamente de opinión?

Kisame apretó los puños. Traté de ponerme de pie, mis brazos temblaban y me sentía muy cansado. Pero logre ponerme a gatas. De repente Madara dejó de sonreír un momento, algo tras sus ojos destello.

–Es una broma, ¿verdad?– preguntó burlonamente segundos después, incluso repartió una mirada conmigo para volverla con Kisame, al parecer sin percatarse de Sasuke, que continuaba gruñendo bajo la música –¡No lo creía posible hasta ahora! ¿Fue Itachi? ¿Itachi te convenció de algo así? ¡No me jodas, Kisame! ¿O esto es simplemente una muestra de tu amor hacia él?

Kisame se quedo estático, con los ojos abiertos de par en par.

–¿Lo es?– volvió a burlarse Madara, y metió la mano debajo de su camiseta, al resorte de su pantalón, sacó una pistola Magnum 357 y la preparó. Kisame se quedo quieto, al parecer sin percatarse de que estaban a punto de dispararle –¡Qué dulce y tierno! Esto parece una película de drama. El chico perdido se enamora de la mujer hermosa, quien tiene una amistad con el sobrino del malvado hombre que quiere asesinarlos a todos. ¡Y este pobre chico, amigo de la mujer, enamorado de ella, busca consuelo en quien resulta ser un cómplice del crimen! ¡Bello, y tan trágico al mismo tiempo!– apuntó hacia Kisame y sonrió –Pero él no te amará jamás, Kisame. No te puede perdonar nada de esto, y tú no te puedes lavar las manos. Él debe odiarte con toda su alma. Te diré qué pasará ahora…Te liberaré de tu pesar. Solo necesito una bala y listo…

Vi a Kisame cerrar los ojos, resignado.

–¡Kisame!– grité justo en el momento en que me ponía de pie y empujaba a Kisame. El disparo se efectúo y entonces sentí un terrible dolor en el abdomen –¡agh!

Escuche como Madara gruñía un par de maldiciones y cargaba la pistola de nuevo. Kisame permanecía debajo de mí, gritándome algo.

De repente escuché un grito distinto. Grave. Era Madara.

Trate de enfocar la mirada y observe que Sasuke había corrido con navaja en mano hacia Madara y le había clavado ésta en el hombro, solo quince centímetros lejos del corazón. Parecía tan poca esa medida, y tan maldecida para mí en estos momentos. Sasuke jadeaba y miraba a Madara cubierto de su sangre. Y Madara lo miraba atónito.

–Por… Itachi…– jadeo Sasuke antes de sacar nuevamente la navaja y tratar de clavarla en el corazón de Madara, pero éste, le propino una patada en el estomago, luego le pego de nuevo en la frente con la empuñadura de la pistola, lo sujeto de los cabellos y lo aventó contra la pared. Sasuke cayó inconsciente, manchando la pared blanca con sangre.

–¡Toma esto, pequeño bastardo!– gritó Madara mientras apuntaba la pistola a Sasuke. Kisame se puso de pie, apartándome de al lado y se arrojo contra Madara, y el impulso le hizo a Madara tirar del gatillo. El disparo le pegó justo en el hombro a Sasuke. La pistola salió de las manos de Madara y cayó a solo un metro de mí.

Yo aún aferraba mi mano contra mi herida. Y trate de ponerme de pie. Quería llevarme a Sasuke. Ó ayudar a Kisame.

Madara aventó a Kisame, y trató de correr hacia la pistola. Yo también me arroje hacia ella y la alcancé primero. Madara se detuvo en seco al verme apuntarle con la pistola.

0*0*0

El disco paró en la grabadora. El silencio se hizo presente en nuestro alrededor. Madara estaba quieto, mientras sin dejar de apuntarle me ponía de pie. Kisame había corrido donde Sasuke y prácticamente lo acunaba en su pecho, sin preocuparse al parecer de Madara, pues parecía que habíamos ganado. Yo tenía la pistola, después de todo.

Sin embargo, Madara enmarco una sonrisa, un tanto nerviosa me atrevo a decir.

–No tienes las agallas– dijo burlonamente.

Fruncí el ceño.

–¿Cómo lo sabes?– grité –¡Vete a esa esquina!– le ordene, señalando con la pistola hacia la esquina cerca de un enorme cristal, solo cubierto por cortinas de color vino –¡Ahora!

Madara levantó las manos y se fue haciendo para atrás, sujetándose con una mano el ojo, al parecer la herida con la navaja no le afectaba demasiado.

–Dispara– me dijo con una sonrisa al llegar a topar espalda contra la pared –Adelante, mátame.

Mi mano comenzó a temblar y él a reír.

–¡Sasori, no lo hagas! ¡No lo mates!– me gritó Kisame –¡No te conviertas en un verdadero criminal!

–Ya lo eres– dijo Madara –¿Quién podría creer que el inocente, buen y protector de todos: Madara Uchiha, ha sido el criminal, cuando tú has escapado siempre? ¿De qué escapas, Kaoru? ¿Te doy miedo? ¿Piensas que nadie sospechara de ti? ¡Si me dejan vivo pueden contar con que haré arrasar el mundo entero para liquidarlos! ¡Y si me matan, todos harán lo mismo y por propia voluntad!

–¡Cállate!– grité, con la voz ronca –¡Quiero que dejes de hablar ó jaló del gatillo!

–Hazlo. Te reto.

–¡Sasori, no lo hagas!

Madara sonrió.

–Debiste verlos. Sus rostros. Estaban seguros de que comprarían la estación de policías. Esos dos imbéciles: tus padres.

Abrí los ojos de par en par.

–¿Qué…?

–Tu madre se habría revolcado conmigo de así poder vivir. Y tu padre lamido mis pies. No les importabas, ¿sabías?

–¡Sasori!– gritó Kisame, pero hice un gesto despectivo hacia él y volví a mirar a Madara –¡No le creas!

–Ni ellos mismos, que profesaban amarse tanto habrían salvado al otro. Y tú, Kaoru. Llevas un nombre que jamás debió ser tuyo. ¿Akasuna? ¡Eres un pequeño vástago de esa mujer y de la ignorancia de ese hombre!

No. En mi cabeza se repetía una y otra vez aquella palabra.

–¡No es verdad!– grité. Entonces noté que mis ojos desprendían lágrimas, ¿sería cierto? ¿mi cuerpo estaba reaccionando ante recuerdos olvidados por mi memoria?

–Esa cicatriz que tienes en el pecho… te la hizo tu padre al enterarse de quién eras– continúo Madara. Por el rabillo del ojo vi a Kisame acercarse hacia mí –¡Bien podría haberte matado, pero era un pobre animal cobarde! ¡Y decidieron darte de carnada! ¡Tus padres te enviaron a ese crucero! ¡Pago por pago! ¡Tú serías el culpable de la muerte de aquellas personas, pero más importante: de Mikoto Uchiha y la hija recién nacida, amenazadas por mí para irse y abandonar a sus dos primogénitos! Y así pasarte como el culpable. ¡No sabían que la jugarreta les saldría mal y yo mataría dos pájaros de un tiro! Que tú sobrevivieras al accidente fue tan solo mala suerte para mis planes.

A mi cabeza vinieron imágenes distintas y completamente atropelladas una con otra. Mi mano temblaba con tanta fuerza que solté la pistola. Vi los ojos de Madara destellar. Vi como se hacia adelante para coger la pistola. Y entonces dejé mi mente en blanco. Solo fui consciente de correr hacia él y sujetarlo de los brazos, con inusitada fuerza, fui capaz de hacerlo retroceder hasta que ambos topamos con la ventana y caímos entre un mar de cristales hacia el piso.

0*0*0

–¡Sasori!– gritó Kisame mientras yo trataba de recuperar el conocimiento. Sentía un profundo dolor en todo el cuerpo –¡Sasori, corre!

Levanté la mirada y vi que las luces de Ferrari de los Uchiha se encendían y me pegaban directo en la cara. Al volante, Madara continuaba con una sonrisa bajo la sangre.

Me puse de pie lo más rápido que pude. Justo cuando el Ferrari avanzo me eche hacia un lado y éste choco contra botes de basura. Sentí que mi corazón latía con fuerza. Eso había estado cerca, yo podría haber sido uno de esos botes metálicos doblados por la mitad. Corrí hacia la calle, y me gire para ver a un atónito Kisame.

–¡Sácalos de aquí!– grite, aún aferrando mi herida –¡Lo alejaré! ¡Váyanse! ¡Escóndanse!

–¡Sasori!– gritó Kisame.

–¡Lárgate con Sasuke y sálvalos!– grite. Madara retrocedía el carro.

Por favor… dile a Deidara que me perdone.

Y volví a entrar en un callejón tan estrecho, que cuando Madara trató de cruzar por ahí el carro sacaba chispas. Y aún así, permanecía en movimiento.

0*0*0

Creía que moriría desangrado cuando vi una bicicleta fuera del callejón. Era una de esas bicis que usaban los chicos carteros. Corrí hasta ella, y no dispuesto a morir, me monté y comencé a pedalear.

El dolor en donde me hubiera disparado Madara era horrible pero no quería morir.

A mi cabeza se agalopaban imágenes de mis padres. Sonriéndome y abrazándome. Recordé entonces a mi madre sonreírme al verme con raspones en las rodillas por andar en la bicicleta. Dicen que esto no se olvida. Y no, no lo había olvidado. Y todo lo demás… lo estaba recuperando.

Cuando gire por una calle (cada vez mi velocidad disminuía) el Ferrari iba pisándome los talones. Madara me perseguía e iba en serio.

Desfalleciendo entre más pedaleaba, llegué a una zona de monte donde solo unas barras metálicas distinguían la carretera del camino llano. Iba a morir. Iba tan rápido que cuando salté un tope la bicicleta resbalo al caer en el concreto y caí de costado.

Deidara, lo siento. Voy a morir. Pensé mientras observaba como Madara se acercaba con la mirada completamente desquiciada.

Ignoré los raspones en la frente y el cuerpo que me había producido la caída, cerré los ojos con fuerza. Solo… solo que sea rápido. Por favor.

Y entonces hubo otro rechinido terrible a mi lado. Después solo un estruendo que hizo estremecer mis oídos. Luego solo silencio.

0*0*0

Cuando abrí los ojos, solo vi como la camioneta donde antes habíamos ido todos, se estrellaba contra el Ferrari rojo de Madara y lo llevaba cuesta abajo.

INTERMEDIO

ITACHI PO´V

Solo va a ser un segundo, me repetí mientras cerraba los ojos. Sonreí como si esto fuera lo más gracioso del mundo. Después de todo quizá lo era. Bien, pues eso se acababa ahora.

.

.

Deidara permanecía mirando la casa desde aquel callejón, se mordía las uñas y no se atrevía a respirar demasiado fuerte, como si en algún momento quisiera escuchar un susurro distante que le indicar que todo iba bien allá dentro, ó que de lo contrario, iba todo mal. Pensar en aquella palabra hizo que mi estomago se encogiera en el mismo instante, todo mi mundo se venía abajo. Ahí estaba Sasuke, con el desquiciado de mi tío. Ahí estaba la única persona que parecía hacer feliz a Deidara: Sasori. Voltee a verlo y fruncí el ceño.

Yo nunca he podido hacerte tan feliz. Y quizá nunca lo esperé.

Los ojos de Deidara destellaban de miedo y estaba completamente pálido. Verlo así me producía una sensación desoladora, porque si él no podía ser optimista en esta situación, ¿cómo podría hacerlo yo?

–Deidara– le llame con la voz ronca y él apenas si volteó a verme –Deidara… todo estará bien.

Deidara me miró con aquellos azules ojos que siempre había añorado en infinitos días y que parecían tan lejanos ahora. Solo le importaba que todo saliera bien, pero más que nada, que a Sasori no le pasara nada.

Quizá fuera esa mirada la que me había hecho quererlo tanto. Deidara tenía una capacidad para vivir la vida de una manera tan llena de luz, mientras que mi vida era solo un remedo de la palabra. Cada vez que Deidara me había sonreído había sido como esperar a que pudiese dejar los libros a un lado y vivir mi propia aventura.

Las palabras de Deidara cuando me vio tumbado en la cama de aquel edificio resonaron en mi cabeza: Siempre me ha gustado cómo leías libro tras libro y me contabas sus aventuras… yo pensaba… yo pensaba que esperaba vivir una aventura así contigo… con todos… y tú y yo… siempre como los amigos locos que se pelean pero…Iríamos a alta mar a pescar el pez más grande… siempre compitiendo por ver quién lo hacía primero, hum… y que al final… lo haríamos los dos…

No tienen idea de cuánto lamentaba que nuestra primera historia de novela, fuera la última para alguno de nosotros. Cuando un personaje en la historia muere, cuando se hiere quien te agrada más ó algo así, piensas que fue un héroe, y piensas que te gustaría morir como él: Salvando una vida, luchando por su sueño, dejando a un lado el miedo a la muerte por la aventura. Y crees que es digno de ver así la muerte con una sonrisa.

No tienen idea de cuán equivocado se está en ese momento. Porque la vida se acaba, porque pese a solo ser una y tener que vivirla con gusto y que cuando la muerte viene a cobrarte el aire que respiraste en tu vida, se tiene miedo, se trata de repeler.

Pensar que uno de ellos podía morir –estoy hablando incluso pensando en Sasori– me provocaba un pavor horrible en la boca del estomago.

Pero me esforcé en sonreírle a Deidara.

–Te prometo que todo estará bien, Dei– susurre de nuevo, pero él tan solo hizo una mueca y volvió a ver la casa.

Fuera de la camioneta el aire movía lentamente sus cabellos. En otro momento habría estirado la mano y querido rozarlos, enredar mis dedos en ellos y acercarme a respirar su aroma. Ahora quisiera hacerlo, pero me faltan ganas, me falta esa extraña necesidad de antaño. Me falta algo, y mientras más miro a Deidara, más grande se hace el hueco en mi pecho.

También miré hacia la casa. Ahí estaban Sasuke y Sasori.

Ahí estaba Kisame. Antes de pensar cualquier cosa busqué entre el resorte de los pantalones el libro de Romeo y Julieta, al no encontrarlo sentía que esta vez si me derrumbaría en el momento en que hubiera un sonido desde la casa.

–Itachi san– llamó Tobi de repente –¿Qué le pasa?

–Mi libro– susurre de manera frenética –Tobi. Mi libro, ¿dónde está?

Tobi frunció el ceño y comenzó a ayudarme a buscarlo entre los asientos. Deidara al parecer no se había dado cuenta de lo que pasaba y seguía pendiente de la ventana.

–No está aquí– me informó Tobi y yo no pude contener el gruñido que se formo de mi garganta.

Desistí cuando encontré debajo de los asientos un tubo. Lo miré largo rato en silencio, pensando que sería un arma potencial en caso de que…

Y entonces escuchamos el disparo. Tobi dio un salto y ahogó un grito. Deidara abrió los ojos de par en par mientras dejaba caer los brazos a su costado y abría la boca. Yo me quede quieto, con el corazón pendiéndome de un hilo. Entonces de los ojos de Deidara brotaron lágrimas y echó a correr.

–¡Tobi, detenle!– grité.

Mi primo hice justo lo que le pedí y echó a correr en dirección a Deidara, con una fuerza impresionante logró tirarlo al suelo, a pesar de que Deidara se retorcía de un lado a otro y gritaba el nombre de Sasori.

Al no escuchar otro disparo supe que ó habían matado a Madara ó solo habían matado a uno. El estomago se me encogió, pues en todo caso, aquella muerte sellaría cualquier alegría que pudiésemos celebrar de poder salir vivos. Hubo un tiempo de silencio, con un movimiento que me supuso un dolor terrible, logré pasarme al puesto de piloto en la camioneta. Fuera cual fuera el caso, si teníamos que escapar, preferiría que estuviéramos preparados para echar a correr.

Mi corazón latía con fuerza mientras veía como Tobi lograba rodear completamente con sus brazos a Deidara.

–¡Sempai!– gritaba –¡Espere, por favor! ¡No cometa una locura!

–¡Sasori, hum!– gritaba Deidara con una voz tan ronca y quebrada, tan desesperada y amarga que incluso comenzaron a brotar lágrimas de mis ojos mientras prendía el motor –¡Sasori!

–¡Deidara sempai!– gritaba Tobi.

El motor no arrancaba, y mis manos estaban muy torpes y mojadas por el sudor de la adrenalina que corría por mis venas. Rezaba interiormente porque no fuera a pasar nada tan horriblemente malo como para…

Y entonces vimos como dos figuras caían desde la ventana de la habitación de mi tío. Al reconocer entre ella a mi tío, se me hizo un nudo en el estómago, y al reconocer la cabellera de Sasori, iluminada tenuemente por la luz, no pude contener que se escapara de mis labios un gemido lamentoso.

En los brazos de Tobi, Deidara había dejado de removerse. Vi que Kisame se asomaba por la ventana a ver el resultado de la caída. Y entonces todo perdió sentido para mí.

Mi tío se puso de pie casi enseguida de caer sobre Sasori y corrió hasta el Ferrari. Ya no podía ver claramente después de eso porque las lágrimas me interrumpían la visión.

–Sasuke…– susurre sin fuerzas, ahora mi respiración volvía a ser un silbido profundo, como un grito interior.

Madara entró en el Ferrari. Kisame le gritaba algo a Sasori cuando éste logró ponerse de pie. Las llantas del Ferrari rechinaron y el carro fue a estrellarse contra unos botes de basura. En ese momento había creído que Deidara había sido el que gritó, pero después de unos segundos, me di cuenta de que había sido yo.

Sasori había logrado esquivarlo, y mientras mi tío hacía retroceder el carro, Sasori levantó la cabeza y gritó algo. ¡Qué lejana se veía esa escena! Tan solo como un buen libro en el que la emoción de los protagonistas te ha absorbido por completo y…

¡Debo dejar de comparar la vida de verdad con las historias de los libros!

–¡Sasori!– volvió a gritar Deidara cuando el Akasuna echo a correr hacia un callejón, con el Ferrari detrás de él.

Tobi ya no tenía fuerzas para seguir sujetando a Deidara y lo soltó. En el instante, Deidara salió corriendo tras el Ferrari y Sasori. Tobi me miró, su rostro era una mueca de terror indescriptible que jamás podría olvidar.

–¡Lo siento!– comenzó a gritar entonces mientras se sujetaba los cabellos y tiraba de ellos –¡Lo siento, lo siento, ay, Itachi san, como lo siento!

No supe si hablaba de haber soltado a Deidara, ó por el contrario, gritaba por… Sasuke.

–¡Lo siento, lo siento!– seguía gritando y creí que se estaba volviendo loco, así que abrí la puerta de la camioneta y me acercaba a él, ya doblado por la mitad y sollozando mientras se golpeaba la cabeza –¡Itachi san, lo siento tanto!

Lo abracé y él se removió un poco, pero al final se dejo hacer. Así que unos segundos después lo hice erguirse.

–Debes ir por Deidara– susurre con la voz quebrada –Iré a ayudar a Sasori.

Tobi me miró. No espere mucho y eché a correr lo más rápido que pude a la camioneta.

–¿Itachi san?– susurro mientras entraba al auto, y luego corría hacia mí –¡¿Qué piensa hacer, Itachi san?

Lo miré ahora. Creo que supo que había en mi mirada.

–No…– susurro –¡NO! ¡NO LO DEJARÍA! ¡ITACHI SAN, POR FAVOR!

–Tobi– lo interrumpí –¿Sabes por qué Madara atrapó a Sasori?

Él me miro y negó con la cabeza.

–Fue por mi culpa– respondí con una sonrisa triste y arrepentida –No podré volver a verle la cara a Deidara si algo le pasa a Sasori. ¡Así que cállate y escucha!– interrumpí lo que parecía ser su nueva indisposición –No te sientas culpable. Y quiero que a ambos nos entierren al lado de nuestros padres. No dejes que Madara le haga daño a Deidara… y…– miré instintivamente a la ventana, donde Kisame parecía petrificado antes de girar y ver hacia el auto. Tendría muy buena vista porque frunció el ceño con la vista fija en mí, y antes de poder decir nada echó a correr hacia la puerta de la habitación –Tobi por favor, dile a Kisame… dile a Kisame…

–No– interrumpió Tobi –Usted se lo dirá.

–Sube– le dije. Tobi dio una vuelta y se subió a la camioneta –Te dejaré donde Deidara.

El motor rugió y me mantuve firme al pisar el acelerador. Kisame salía de la casa.

–¡ITACHI!– gritó, pero para entonces solo le dirigí una mirada y seguí en el camino.

Atravesar el callejón donde se habían metido el Ferrari, Sasori y Deidara fue bastante dificil, pero cuando salíamos el Ferrari giraba con fuerza hacia la avenida y Deidara seguía corriendo. Con cierta torpeza logre hacer correr al auto y detener a Deidara girando y poniéndome entre él y el camino. A Tobi no le hizo falta que le dijera que se bajara y se llevara a Deidara e inmediatamente lo hizo e inmovilizo a Deidara cerré la puerta. Me querría despedir de Deidara y decirle… decirle cuánto había significado para mí. Pero no lo hice y volví a pisar el acelerador, metiéndome en una de las calles laterales a la avenida.

Por el retrovisor, y sí, pese a que no sabía conducir muy bien, me atreví a lanzar una mirada a mi primo y a Deidara. Volví la vista al camino y aceleré lo más que pude. ¡Qué bueno había sido tomar ese curso de conducción! El cual por cierto no había terminado porque en esos días había llegado Sasori y Deidara tenía mejores cosas en que pensar que en pasar un rato con nosotros y eso me había molestado lo suficiente como para volver a mi antigua manía por los libros.

Sonreí mientras recordaba cuán molesto se había puesto Deidara para que tomáramos los cursos juntos. Gire hacia la avenida en una calle y escuche como rechinaron las llantas. Pude ver que Sasori iba en una bicicleta de las que usan los chicos carteros, suspire de alivio porque aún no había pasado nada. Pero entonces, la llanta se atoro y Sasori fue a dar hacia delante contra el pavimento.

Lo vi quedarse aturdido mientras cerraba los ojos con fuerza.

Yo iba a gran velocidad, si un niño salía corriendo y atravesaba la calle lo mataría.

–Solo será un momento– me dije mientras apretaba el volante hasta hacer que mis dedos se volvieran blancos –Solo espero que coordine bien esto. Solo será un momento.

Cerré los ojos y sonreí, como si esto fuera lo más gracioso del mundo. Quizá lo era. Después de todo, aquí terminaría mi aventura. La única y la última. Abrí los ojos y sonreí todavía más.

En ese momento llegué a la avenida. El Ferrari de mi tío cruzaba exactamente a mi nivel.

–¡Esto es por todo lo que has hecho, hijo de…!

Como habría querido ver la sorpresa de sus ojos viéndome llegar. Pero no tuve ese placer, y de haberlo tenido no lo habría apreciado, porque en el momento en que se dio el impacto y fui impulsado hacia delante, un sonido insoportable se hizo presente en mis oídos. El cinturón que me había puesto me apretó con tanta fuerza el abdomen que el liquido caliente que salió instantáneamente me hizo saber que la herida estaba de nuevo abierta.

¿Pero qué iba importarme eso cuando al abrir los ojos tan solo vi la inmensa oscuridad del vacío?

La camioneta rodo igual que el otro carro, y con certeza puedo decir que no era como un buen juego de feria. Mi cabeza parecía volar por todos lados, y aunque quería gritar mi voz se había ahogado en algún momento tras mi garganta. Seguimos rodando hasta que por fin los autos se quedaron quietos. La camioneta cabeza abajo.

Abrí los ojos solo para ver el resultado. Las ventanas estaba rotas y había un mar de vidrios en el techo. Mi cabello caía sobre el techo, y cuando puse mi mano en el abdomen sentí como la sangre manaba. Pero el Ferrari –arrumbado unos metros lejos de la camioneta– presentaba una hendidura que fácil habría partido al copiloto en dos. Éste si había quedado derecho, y por entre el cristal roto podía ver la nuca de mi tío, tumbado sobre el volante.

Mientras cerraba los ojos, por primera vez mi corazón se hizo pequeño al detestar a alguien con tanta fuerza y desear que estuviera vivo solo para ir y matarlo con mis propias manos. Pero… por ahora… estaba bien… si ya estuviera… muerto…

Si no fuera a despertar nunca más, de lo único que se me ocurrió arrepentirme fue de no haber besado nunca a Kisame.

–Je…– susurre con un gemido de dolor –Pienso… en Kisame… ¡Ja!, amar… amarlo a él cuando moriré…

Fui consciente de que mi sonrisa se fue desvaneciendo, y que mi mano perdió fuerzas y cayó hacia el techo del auto. Entonces todo volvió a convertirse en oscuridad.

PARTE 2 Y FINAL.

DEIDARA PO´V

Nuevamente el lago se extendía ante los dos, con nuestras manos asidas fuertemente, por primera vez desde que recordaba este sitio, volvió la paz.

.

.

Nunca podré describir el terror que me dio al llegar corriendo junto con Kisame a esa avenida. Habíamos dejado a Tobi en la misma casa Uchiha, al cuidado de Sasuke y para que llamara una ambulancia, mientras nosotros –casi desfalleciendo por el tramo tan largo que tuvimos que recorrer– llegamos a donde Sasori.

Una mujer en su auto ya marcaba al celular mientras en sus rodillas sostenía a Sasori, que gemía de dolor y –desde esa distancia pude notarlo– señalaba hacia el barranco.

–¡Sasori!– grité mientras mis ojos se llenaban de lágrimas y me tiraba de rodillas a su lado. Era consciente de que Kisame ya se había quedado atrás pero no me había importado. Sasori estaba terriblemente pálido y respiraba entrecortadamente –¿Estás bien?

–Dei…– susurro con la voz ronca, mirándome como si fuera a morir, lo que me causaba terror. La mujer ya indicaba por celular el lugar donde nos encontrábamos.

Le tome de la mano, ésta estaba manchada de sangre y sentí que por mi columna bajaba un escalofrío, pero Sasori no dio cuentas a la herida en su abdomen, sino que miro casi suplicante hacia el barranco. Fue entonces que dejé de respirar, recordé a Itachi yéndose en la camioneta. Mi corazón dio un vuelco y tuve que tragar la bilis que subió por mi garganta. No supe qué decir, y ni siquiera me atreví a mirar sobre mi hombro, fue tan solo escuchar aquel desgarrador grito de Kisame lo que nos hizo a la mujer y a mí, voltear hacia fuera de la avenida, donde tan solo había una cuesta empinada.

–¡Itachi!– gritó Kisame mientras se arrojaba rápidamente cuesta abajo y lo perdía de vista.

–Ita…– empecé a susurrar. ¡Por Jashin! Creía que el corazón se me salía de la garganta si no iba a ver a Itachi, pero tampoco podría dejar de aferrar la mano de Sasori, ahora temblorosa y fría. Nunca había tenido tanto miedo.

–Ve… Ve con Itachi– susurro Sasori y yo lo miré, trataba de sonreír pero sus ojos no me engañaban –Te… Te necesita…

Y aquí había de tomar una importante decisión. Itachi era amigo de prácticamente toda mi vida, jamás lo habría dejado solo. Pero al ver una vez más el rostro de Sasori supe que no lo dejaría, no podía. Más lágrimas corrieron por mi rostro para acercarme y besarlo en los labios. Sasori soltó un gemido de exclamación, e incluso la señora se tensó un poco al vernos y ciertamente pareció incómoda, pero aquello solo sirvió para que yo me uniera más a sus labios y buscara su lengua con la mía.

Sasori logró levantar la mano para acariciarme la mejilla y enredar sus dedos en mis cabellos. No quería separarme, y por un momento creería que Itachi estaba bien y no tenía de qué preocuparme, después de todo ahí estaba Kisame.

La idea de perder a cualquiera de los dos me hizo separar mis labios de los de Sasori. Él sonreía. A lo lejos comenzaron a escucharse la sirena de las ambulancias. Aferré más la mano de Sasori, pidiendo que Itachi estuviera bien.

0*0*0

El hospital jamás había sido mi lugar favorito, y francamente no existía algo peor. Ó así al menos lo había creído hasta ver como daban electrochoques en el pecho de Itachi para revivirlo. Todo mi mundo se había derrumbado cuando hablaba con Kisame fuera de la habitación de Sasori y aquel horrible pitido comenzó a hacer eco en todo el pasillo. Los doctores habían corrido hasta la sala donde Itachi moría.

¡Qué cara debí de haber puesto! Una enfermera se acercó a mí y –mientras veía esta horrible escena del cuerpo de Itachi levantándose por la corriente– me extendió una cubeta, donde no tardé en vomitar.

En otra sala, Tobi cuidaba de Sasuke. Él ahora tenía la frente vendada y su herida en el hombro ya estaba curada. Sasori estaba todavía pálido, pero en lo que bien respectaba se veía cada vez mejor. Kisame se golpeaba la frente mientras los doctores iban y venían. Fueron unos terribles segundos hasta que por fin, Itachi recupero la vida. Unas cinco horas más tarde Itachi estaba despertando –ahí ya estaban todos: Hidan, Kakuzu, Konan, Pein y Zetsu, aglomerados en el pasillo. Habían venido Sakura, Naruto, Hikari y mi padre, incluso estaba ahí Kakashi sensei– y quise francamente ser el primero en ver a Itachi, además Kisame había insistido y rehusado mi oferta de verle primero.

Después de disculparme con Sasori fui al lado de Itachi. Su respiración era lenta y era nuevamente un silbido. Cuando me miro, una sonrisa leve se asomo por su rostro.

–He volcado una camioneta– me dijo con voz ronca. Me senté en un banco y le pedí que no hablará, pero antes de replicar algo, atajó: –¿Y Madara? ¿Está… muerto?

Me quede callado un momento.

–Sí– respondí en voz queda –Se rompió el cuello mientras caían cuesta abajo, hum.

El rostro de Itachi se encendió de un rojo como la sangre.

–¿De…de verdad?

–Sí, hum– contesté –Yo… eh…

Los ojos de Itachi brillaron con lágrimas, y no precisamente de paz y felicidad.

–Ojalá y hubiese sido una muerte lenta– susurro con la voz ronca. Enrojecí –Y ojalá y hubiera muerto yo también. Soy culpable de su muerte…

–¡Nada de eso! Hay suficiente evidencia, proporcionada por los reportes de Madara, para decir que él fue culpable de lo que pasó en el barco y todas las negligencias contra la masacre del clan Uchiha, hum.

Pese a esto. Lo único que logré fue hacer que las lágrimas corrieran por sus ojos.

–Sasuke…

¡Lo había olvidado por completo!

–¡Itachi!– grité, sonriendo de oreja a oreja, él me miro sorprendido –¡Sasuke! ¡Sasuke está vivo, hum!

Nunca vi tanta felicidad en el rostro de Itachi como en ese momento. Sus ojos resplandecieron un momento y luego me miro completamente serio.

–Deidara– dijo –¿Está aquí Kisame?

–¿Kisame?– pregunté en tono confundido.

–Dile que venga.

–¿Para qué…? ¡Ah! Sí, claro. Le digo en seguida, hum– me puse de pie torpemente. Di media vuelta y luego me detuve, gire a ver a Itachi y le extendí la mano –Me alegra que estés bien, hum.

Él asintió.

–Lo que sea– respondió –Anda, vete a ver si Kisame puede entrar.

–Hai.

0*0*0

–¿Cómo está?– preguntó Hikari cuando le dije a Kisame que pasara. La mire con el ceño fruncido.

–Bien– respondí. A su lado llego mi padre y me miro mientras pasaba su lengua por los labios.

–Deidara– dijo de pronto, sonrojándose –Ese chico… que está en esa habitación– hizo un gesto de cabecera hacia Sasori, que platicaba con Kakashi –¿Es tu novio?

Me sonroje inmediatamente y sentí como todo mi ser se ponía a la defensiva.

–Lo es, hum– respondí, orgulloso.

–Es… Es muy apuesto– comentó Hikari con una sonrisa. Y tuve que girar a verla con cierta sorpresa –Y parece un buen chico, ¿no es verdad, Yondaime?

Mi padre me miro con un destello en sus ojos azules.

–Pero para estar con mi hijo…– susurro, con voz alegre –Tendrá que cenar un día con nosotros. ¿No te parece?

Parpadee sorprendido.

–¡No, Sakura, déjame!– gritó Sasuke, desde su habitación donde Sakura lo había abrazado, Naruto reía nerviosamente.

Miré de nuevo a mi padre.

–Creo que a Sasori le encantaría, hum– respondí sonriente. Mi padre me devolvió por primera vez en mucho tiempo una cariñosa sonrisa.

–¡La mierda!– gritó de pronto Hidan –¡Itachi está besando a ese chico!

No tuve que voltear para verlos. Itachi aferraba con fuerza el cuello de Kisame y lo atraía hacia sí, el pitido del medidor cardiaco estaba al máximo, e incluso algunos doctores fueron a separarlos que porque resultaba peligroso que Itachi tuviera tanta excitación después de lo que le había pasado.

Giré a ver a Sasori. Desde la camilla él me miraba y me invitaba a ir con él. Así que lo hice.

DOS MESES DESPUÉS.

Habíamos dejado a petición mía la amigable comida que compartíamos todos fuera de la casa de verano de mis padres. El clima era perfecto: los rayos del sol se colaban tras las hojas de los árboles y marcaban las sombras sobre nuestros rostros.

Todos reían, pero yo quería un momento a solas con Sasori. Él, tomando mi mano me había acompañado hasta el lago.

–Es hermoso– comentó él en voz baja.

–Sasori– le llamé con voz ronca y él me miro.

–¿Sí?

–Kakashi sensei me contó que estabas empezando a… recordarlo todo.

Sasori se quedo callado.

–Sí– se limitó a responder –Sí ya… recuerdo cosas.

–Me preguntaba entonces… si… debería llamarte Kaoru, después de todo ese es tu verdadero nombre, hum.

Él lanzó una carcajada melodiosa y yo giré a verlo. Estaba sumamente guapo, con sus ojos dorados brillando tras los rayos de sol, brillando al mirarme. Me sonroje de nuevo y trate de ocultarlo girando mi rostro, pero Sasori tomo entre sus manos mi rostro y me hizo girar la cabeza nuevamente hacia él.

–Mi nombre es Sasori– me dijo con tono firme, pero con una sonrisa en los labios –Pese a que comienzo a recordarlo todo, pareciese como si fuese un sueño. Nada es real si no estoy contigo, Deidara. Me gusta llamarme Sasori porque es el nombre que me he dado después de conocerte. Salvarte de ese escorpión ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida.

–¿Y por qué dices eso, hum? No recuerdas toda tu vida.

La intensidad de su mirada me hizo dejar de respirar.

–Ahora que la estoy recordando, lo sé.

Su respiración era la mía. Y la mía era suya. Se acercó y me beso con delicadeza. ¡Pareciese como si fuera la primera vez! Rodeo mi cintura con sus brazos y me pegó más a su cuerpo mientras yo le enredaba los brazos al cuello. Nos separamos por falta de aire.

–Deidara, ¿te he dicho ya que te amo?– me preguntó, con voz burlona. Asentí levemente.

–Pero no me canso de escucharlo.

–Y espero que no lo hagas. Porque lo seguiré diciendo por siempre.

Sonreí mientras volvía a rozar mis labios con los suyos.

FIN


Sasori: y con eso das fin al fic!

M/D: =.= hai~

Itachi: osea... ¿yo mate a Madara? ¡Tan ridiculamente fácil?

Mary: lo siento Itachi sempai, pero no se me ocurrió nada mejor.

Sasori: y deberías de estar agradecido, has sido el "héroe de la historia".

Deidara: cierto, hum.

Itachi (sonrojandose): pues... es que esperaba una muerte más... eh... digna.

Mary: ¬¬###

Itachi: pero supongo que esta bien si satisface a los leectores.

Deidara: jejeje. Bueno, hora de...

Mary: ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS! no tienen ideas de cuanto significaron sus constantes reviews, siempre alentadores y pidiendo continuación. ¡Cuántos de ustedes leyeron la historia y apoyaron desde sus casas! Si lo releeían, gritaban, arrojaban tomatazos, etc... Mary es eternamente agradecida.

Itachi (levantando un cartel que dice: "Cesión de curiosidades"): Comentarios de Mary.

Mary: jejeje. Sabían que..? *Mary tenía planeado que Sasori fuera una especie de ángel de la guarda para Deidara los primeros tres capítulos? jajaja, supongo que no, si yo soy la autora y al final me decidí por este curso del fic. Por eso, si de repente perdíió coherencia entre los primeros capis de la historia y los últimos ahí esta la justificación. *Itachi no me fue pensado como el héroe de la historia porque según yo sería que Madara no muriera en aquel barranco, sino que sobreviviera y atacara a Dei, pero Sasori lo mataba. *¡Iba a existir más historia del pasado de Sasori! :O pero realmente, me secaba el cerebro para nada =.= porque la inspiración se iba.

Deidara: hacemos estos comentarios como una especie de... despedida en el fic, hum.

Mary: lo voy a extrañar.

Sasori: los invitamos a dejar un último review.

Itachi: Mary volverá con otra nueva historia.

S/D/I: Probablemente pronto.

Mary: Mary is a good girl :D Me despido por ahora sempais. Volviendo a agradecerles, me inclino ante ustedes, causa, razón y circunstancia de que esta historia haya empezado y hoy tenga su final. Espero haya sido de su agrado y... nos leemos ^w^

S/D/I: Matta ne~