- Oh, Dios mío… Lo sabes…
- ¿El qué, Ren?
- Tú… tú…
- ¿Yo qué, Ren?
"No… No hay forma de que ella lo sepa, no puede saber quién soy".
- Nada, Kyoko. No... Estaba equivocado…
- Perdóname, Ren…
- Kyoko, ya te he dicho…
- ¡Lo hice a propósito! -interrumpió ella.
- Pero… ¿Pero cómo lo sabías? -y vuelve a sentir en su pecho el aleteo del pánico por verse descubierto.
- Oh, eso fue fácil… Me di cuenta de que jamás te he visto comer nada salido del mar. Bueno, pescado sí, pero nada de lo demás, nada de marisco… Y pensé que sería porque no te gustaba. Y, bueno, me pareció un buen castigo por intentar mentirme. Pero… no quería ponerte malo…
"Dios mío, pues el día que le cuente sobre mí, más me vale tener preparadas las maletas para dejar el país…".
- Eso lo sé, Kyoko. No te preocupes más. Ya estoy bien…
- Hmm… No sé… Aún estás un poco pálido…
Y vuelve a llevar su mano a su frente. Ren se envara ante el contacto. Su mano cálida contrasta con su frente fría.
- Sí, estás helado. Sería mejor que te fueras ya a casa a descansar. No quisiera que enfermaras más…
- Kyoko…
- ¿Sí, Ren?
- No…
- ¿No qué, Ren?
- No me voy…
- ¿No?
- No… Íbamos a cenar juntos y eso es lo que haremos…
Kyoko le sonríe de oreja a oreja y le dice…
- Aunque quizás algo más ligero que lo que tenía pensado estaría bien, ¿verdad?
Ren le corresponde con una sonrisa luminosa.
- Eso sería estupendo, Kyoko…
Pasaron los siguientes quince días enviándose mensajitos de texto. Primero que si estabas mejor de tu indisposición, Ren… Que sí, Kyoko, que podías comprobarlo personalmente cuando quisieras, en cualquier momento… Luego, cuando ese tema se acabó, que si hola, Kyoko, ¿cómo estás?… Que muy bien, ¿cómo estás tú, Ren?… Que ¿qué estás haciendo hoy?… Que lo de siempre, ¿y tú?... Y todo el tiempo comentándose tonterías… Y de vez en cuando se llamaban solo para oírse la voz. Pero entre col y col, lechuga…, dice el dicho. Kyoko no sabe aún cómo pasó. Y mucho menos en qué momento dijo ella que sí. El caso es que habían quedado para verse el próximo sábado en el centro comercial para cenar, y si les apetecía después, cine y película. Y por favor, que no fuera de terror, acordaron los dos… Ren estaba distraído, en permanente estado de ausencia feliz de este plano terrenal. En las nubes, le diría Yashiro. Pero Kyoko no sabía cómo sentirse. Las cosas habían cambiado. Y mucho. Su relación había dejado de ser la de un senpai y su kohai. Hasta ella podía darse cuenta de eso… Pero… ¿realmente había algo más? ¿O era solo su anhelo de que lo que se estaba atreviendo a soñar fuera verdad? Y lo del sábado… ¿Era o no era una cita? ¿Era como una de sus reuniones de siempre o era una cita-cita? Agh… Ojalá lo supiera… Todo se reducía a una simple cuestión de semántica…
Y Ren, mientras tanto, estaba de vuelta en Guam para terminar definitivamente su papel como BJ. Su alegría por el avance tan grande que había dado su relación con Kyoko solo se veía ensombrecido por uno de sus dilemas éticos más antiguos. La edad de Kyoko… Ella seguía siendo legalmente una niña. Por lo menos ocho meses más. Una cría que aún iba al instituto… Hace tiempo que había decidido mantenerse a un lado, pero bien cerca. Sí, al acecho, lo reconocía… Pero ahora…, tal y como habían evolucionado las cosas, era imposible. Kyoko se estaba abriendo a él. Lo trataba casi igual que a Corn, allá en Guam.
Quién diría que hace dos semanas y media estaba él, en este mismo hotel pensando en ella. Pensando en que el paso de tortuga en su relación le estaba volviendo loco. Aunque sabía que así le llevara años, él iba a estar ahí. Aunque la esperanza pareciera burlarse de él. Porque ella lo era todo, su pasado, su presente y su futuro... Porque sin ella no hay futuro. Más claro, agua. Eso es así…
Pero ahora… Ahora no puede hacerse a un lado. No. Kyoko está derribando el maldito muro y él no piensa perdérselo. En teoría debería esperar todavía esos ocho meses. Pero ¿y si se la roban? ¿Y si llega otro a su corazón antes que él? Nooo. No hay forma de que ahora se aparte solo a mirar cómo florece…
Y menos cuando ¡por fin! había conseguido una cita con ella…
"Aunque lo más seguro es que ella ni siquiera se haya dado cuenta de que es una cita…".
