Antes que nada, miles de gracias a Mar Hudson, Vale, soolfinchelLover3, Hannita y fuckyeahfinchel por sus comentarios del capítulo de ayer. En serio me alegraron el día :) Y considerando que al parecer ninguna tiene problema con leer algo como lo que se viene... acá lo tienen. Es particularmente por este capítulo que cambio el rating del fic, así que no significa que todos los próximos van a tener el mismo tipo de contenido. Bueno... espero que haya quedado bien. Trabajé bastante, porque por encima de que cuesta escribir algo así, desde el punto de vista del varón es peor :B En fin... los dejo leer de una vez.
DISCLAIMER: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.
Una vez que mi torso había quedado completamente desnudo, levanté a Rachel tomándola por sus muslos, y ella envolvió mi cadera con sus piernas, dejando caer así sus zapatos de tacón. Sin dejar de besarnos, la conduje de aquél modo hasta su cama, acostándola allí y yo quedando encima. Por un lado, no podía creer que en serio estábamos a punto de estar juntos de esa manera de nuevo. Por el otro, mis deseos aumentaban más y más… mis necesidades como hombre que no había satisfecho por dos años, al igual que mis ganas de hacerla mía en todos los sentidos posibles.
Me despegué de sus labios y la observé por unos segundos. Cuando había llegado al restaurant estaba prolijamente peinada, y aunque ahora aquello se había perdido… seguía pareciéndome absolutamente preciosa. Sus oscuros ojos bajaron a su pecho, y luego de vuelta a los míos, solicitantes. No tardé demasiado en comprender qué era lo que me estaba pidiendo, y tampoco en atender a su demanda.
Llevé mis manos hasta sus caderas, y comencé delicadamente a levantar la tela de algodón, exponiendo poco a poco su abdomen. Deposité un beso en la zona de su ombligo, y continué subiendo su camiseta lentamente hasta el momento en que llegué a su pecho. Busqué autorización en su mirada, y ella como respuesta se sentó, facilitándome así el que se la quitara del todo.
Para el punto en que lo único que cubría su torso era su sostén, fue ella misma quien lo desató de atrás, dejando sueltos ambos de sus senos. Recordé entonces nuestra primera vez, en mi casa luego del estreno de West Side Story, y noté que mi admiración por su cuerpo no había cambiado para nada. Quizás, eso sí, los años se habían llevado algo de mi inocencia, por lo que no tardé en tener cada uno de esos perfectamente redondos senos en mis manos.
Apenas Rachel volvió a recostarse, empecé a acariciarlos suavemente, manteniendo contacto visual con ella cada segundo. Sin soltar el izquierdo, decidí dedicarme al derecho en particular, y desplacé un dedo alrededor de ese pezón, provocando que un delicioso "Oh" se liberara de sus labios. Aquello me sirvió como motivación para intercambiar dicho dedo por mis labios, y luego también por mi lengua, lamiéndolo hasta humedecerlo por completo. Durante el transcurso de esta acción, apreté su seno izquierdo lo suficiente como para obtener múltiples gemidos de parte de su boca, a tal punto en que ella necesitó agarrarse de las sábanas para contenerse.
Cuando al parecer no podía más, se movió con rapidez hasta sentarse entre mis piernas, dedicándome una sonrisa peculiar. En su caso, ella no pidió ningún tipo de autorización, y tras desplazar sus manos sensualmente a lo largo de mi torso, desprendió mi cinturón y comenzó a bajar mis pantalones, arrojándolos al suelo junto a mis medias y zapatos apenas lo logró. En cuanto a mis bóxeres… optó por besarme profundamente, y mientras tanto deshacerse de ellos también.
Ahora que estaba literalmente desnudo, no pude evitar sentir una punzada de timidez al estar tan expuesto. ¿Y si no le agradaba mi cuerpo? Con los chicos aún salíamos de vez en cuando a jugar baloncesto, por lo que me mantenía en el mismo estado de físico que antes… pero sabía que nunca había sido nada parecido a un sex symbol. Era demasiado grandote, y temí que a Rachel ésto pudiera causarle algo de repugnancia.
Sin embargo, estas preocupaciones desaparecieron en un santiamén apenas sentí sus manos sobre mí, masajeándome del modo más complaciente que un hombre podría pedir. Era tal el placer, que necesité pensar en mi antiguo amigo el cartero para no "llegar temprano".
- Oh, Rach… - murmuré como pude – Eso se siente tan bien…
- ¿Ah sí? – preguntó – ¿Y cómo se siente ésto?
De repente, mi miembro empezó a humedecerse con velocidad, y abrí los ojos para observar una de las imágenes más sexys que había visto en mi vida: estaba en su boca. Cuando su lengua tocó la punta, me tiré sobre el colchón, flotando en una nube de satisfacción, llegando a mi primer orgasmo. Definitivamente la masturbación, cosa que me había visto obligado a practicar durante este tiempo, no se comparaba en absoluto al efecto que Rachel tenía sobre mí.
- Detente… por favor. – rogué.
Me obedeció, se limpió los labios, y me miró confundida.
- ¿Hice algo mal?
- ¡No! – exclamé, sentándome para quedar frente a frente con ella – Sólo fue… demasiado. – confesé, sonriéndole después.
- Oh… lo siento. – pronunció con una tímida sonrisa.
- No te disculpes… fue simplemente increíble. – tragué saliva recordando las sensaciones de hasta hace un momento – Gracias.
Soltó una risita y regresó a mi boca, abrazándome por el cuello. La rodeé por la cintura, y luego descendí mis manos un poco más, palpando su minifalda que todavía llevaba puesta. Con mis labios aún pegados a los suyos, ubiqué su cuerpo nuevamente sobre el colchón, y busqué el botón para desprenderlo. Una vez hecho ésto, llevé mis labios a su abdomen, y a medida que bajaba su minifalda, besé cada rincón de piel del mismo posible.
Rachel estaba usando medias femeninas, de esas color piel y largas hasta los muslos (probablemente por el frío), que honestamente… me estaban molestando. Con un solo dedo cada una, las quité con suavidad hasta lograr que sus piernas quedaran completamente descubiertas. ¡Eran tan hermosas! A pesar de no ser precisamente una chica alta, siempre me habían parecido esbeltas e irresistibles.
Nos miramos a los ojos, sabiendo que faltaba sólo una prenda para quedar desnudos del todo. Ella sonrió, animándome a continuar, y yo le devolví la sonrisa… sintiéndome cada vez más enamorado.
Posicioné mis manos nuevamente en sus caderas, y con la mayor delicadeza que encontré, la liberé de su ropa interior. Me atreví a observar el lugar de su cuerpo que acababa de exponer por un momento, y simplemente tuve que besarla de nuevo.
- Eres preciosa. – le susurré al oído.
Inicié por segunda vez mi sesión de besos sobre su cuello, pero en esta ocasión aproveché para devolverle el favor que me había hecho hace unos minutos. Llevé un dedo a su entrepierna, y lo conduje hasta el centro, obteniendo un profundo gemido de su boca. Comencé a dibujar círculos alrededor de su clítoris, sorprendiéndome de lo mojada que estaba mas orgulloso de que se debiera a nadie más que a mí. Rachel gritó mi nombre un par de veces, y a la tercera me animé a ingresar un segundo dedo, a lo que ella contestó agarrándose sus propios senos cuyos pezones yacían ahora erectos. Interpreté ésto como una buena señal, y con mis manos extendí la abertura entre sus muslos para otorgarle paso a mi cabeza.
Mi lengua emprendió así una degustación de total exquisitez, humedeciendo la zona aún más si eso era posible. Sus gemidos continuaron a una creciente intensidad, y mis oídos se deleitaron por ende con semejante sonido.
- ¡FINN! - gritó - Hazme el amor. Por favor… te necesito.
Me pasé un dedo por los labios, quitando los restos de Rachel, y me permití una última probada metiéndomelo dentro de la boca.
Yo también la necesitaba. No sabía, incluso, cuánto más podría aguantar, mas antes de hacer lo que seguía la besé en los labios una vez más. Hice lo que pude para demostrarle en ese beso cuánto la amaba, y cuán feliz estaba de estar con ella.
Entonces estuve listo. Me posicioné en su entrada, y empecé a impulsarme hacia adentro. Gemimos juntos entre cada empuje, el placer imposible de describirse con palabras.
- Más fuerte… - suplicó.
Al principio había temido que le doliera, pero con esas palabras descarté esa opción, y seguí su orden. Estar así de unido a ella era una sensación maravillosa, y que sin dudas había extrañado. Fue ahí cuando recordé la razón por la que me había negado a hacerlo con otras mujeres… Porque no significaría nada en absoluto. En cambio, con Rachel, el sexo tenía un valor más profundo… se trataba de, justamente, hacer el amor.
Luego de algunos extraordinarios minutos de esa manera, llegamos al clímax a la par, y caí ardiendo sobre su tan pequeña pero potente anatomía.
- Te amo. – musité, aún dentro de ella.
- Te amo. – replicó en un susurro.
Luego de otro intenso beso, salí de su interior y la abracé con fuerza.
- Dulces sueños. – me deseó, sonriente.
- Acabo de vivir el mejor de todos. – dije, besándola una última vez.
Y así, con ella acurrucada entre mis brazos como tanto lo había soñado desde su partida, cerramos los ojos hasta dormirnos.
Si les soy sincera a veces me da un poco de vergüenza escribir estas cosas xD Es la segunda vez que lo hago, por lo que no creo que esté muy bien escrito ya que no tengo demasiada experiencia, pero hice lo que pude. ¿A ustedes qué les pareció?
Love,
Mari.
PD: Hubo una cosa que faltó, y fue totalmente intencional. No sé si se habrán dado cuenta...
