Capítulo 13: Los sentimientos que vienen del alma
Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen son de propiedad exclusiva de Masami Kurumada.
Ok, sé que me tardé, no tengo excusa, solo espero que les guste el capítulo, solo queda un capítulo más y un epílogo que pienso hacer. Me da algo de pena terminar esta historia, ya que tiene más de un año y me he divertido escribiendola.
Gracias a la persona que me hizo a aclaración acerca del gentilicio y la religión de Shaka, una amiga me hizo la misma aclaración por lo que del capítulo 7 deje de usar el termino Hindu para referirme a él, Gracias de todas maneras, siempre es bienvenido un comentario que ayude a mejor siempre que sea hecho con respeto.
Nos leemos pronto.
El ver a Camus frente a sus ojos lo descolocó, y es que nunca ni en sus más absurdos sueños esperó encontrarse con el acuariano en un lugar tan apartado del Santuario. ¿Estaría en una misión? Pues no se le venía a la mente otra razón para su presencia en la isla. "Mentiroso", le gritaba su mente, en cierto lugar recóndito mantenía la pequeña esperanza de que Camus fuera por él, o que al menos buscara la forma de comunicarse, pero la otra parte de él, la más segura y convencida, trataba de negar ese hecho, que aquello solo sería una coincidencia. Pero por desgracia él jamás había creído en las casualidades. Maldita fuera ahora su creencia en el destino.
—Camus —volvió a repetir sin mucha convicción, ¿cómo se suponía que debía actuar?
—Al fin te encuentro —la voz del galo sonó trémula, casi ansiosa o al menos es lo que Milo pudo detectar, aquello lo dejó más perdido todavía. Se estaba haciendo un lio con toda esa situación. Se había ido del Santuario para no tener que ver Camus, no deseaba enfrentarlo, al menos no por ahora.
—¿Qué haces en un lugar tan apartado como este? —Milo intentó sonar neutral, no quería dejar salir a relucir sus emociones, no cuando se sentía tan frágil.
—Tenemos que hablar de la carta que dejaste —la voz de Camus fue firme, decidiendo ignorar a la chica que estaba todavía del brazo de Milo. No dejaría que sus celos ganasen a su razón.
Milo comenzó a temblar, Serena pudo sentirlo de inmediato al estar en contacto directo con el heleno, eso la preocupó, era obvio que la presencia del chico recién llegado estaba afectando demasiado a Milo, le recordaba mucho al semblante que le había visto aquella noche en el bar. Su amigo se veía herido y perdido. Tratando de infundirle confianza y fuerza, afianzó más su agarre sobre su brazo, quería decirle que estaba ahí para él, apoyándolo. Milo sintió el aumento de fuerza y volteó a observar a Serena, esta le miraba con confianza plasmada en sus ojos. Le sonrió agradeciéndole el gesto, con su apoyo no se desmoronaría con tanta facilidad.
Aquel acto acongojó y enojó a Camus al mismo nivel, era obvio que la chica era especial para Milo, sino este no permitiría ese nivel de confianza. Necesitaba alejar a Milo de esa chica y hablar a solas con el heleno.
—Camus, no sé cómo llegaste, pero como te dejé claro en la carta, no quiero nada contigo.
—No te permitiré alejarme Milo, me ha costado mucho encontrarte.
—¿Encontrarme? —la duda amenazó al heleno, quizás su criterio acerca de Camus estuvo errado, tal vez…, negó con la cabeza, no podía tirar por la borda todos los esfuerzos que había estado haciendo para poder olvidar al francés, su presencia podía llegar a hacerle mucho daño. Recordaba con claridad los muchos desaires y duras palabras del galo, aquellas quedaron grabadas en su corazón y no sería fácil olvidarlas.
—Sí, Milo —Camus intentó suavizar su expresión, no quería espantar al griego, necesitaba mantener su propia calma para poder entablar una conversación civilizada—. Por favor…
Una súplica, Milo no podía creer que Camus estuviera suplicando, desde que tiene memoria no hay ningún recuerdo del acuariano pidiendo por algo, aquello lo sorprendió mucho.
—No sé qué te traes entre manos Camus, pero este no es lugar para discutir nada, además no pienso dejar a Serena sola —dejando toda indecisión de lado Milo habló firmemente.
—Milo… —Camus quería chirrear los dientes de frustración. El escorpión no quería hablar con él, y no solo eso, sino que su atención estaba colocada totalmente en aquella chica que seguía aferrada a su brazo ¿Qué clase de relación tendrían ambos?—. No voy a rendirme.
Serena observaba el intercambio de miradas entre ambos, el chico que los había interrumpido parecía desesperado, y Milo a pesar de su semblante en apariencia calmo, escondía un enorme nerviosismo. Para ella eso era obvio, siempre había mantenido una rara conexión con Milo, que a pesar de los años pasado no se había roto. ¿Qué debía hacer?
Serena se acercó un poco más a Milo, solo para que él lo escuchara.
—Milo si quieres hablar con él yo puedo marcharme, no me importa.
—No Serena, no es necesario.
—Milo… —ella lo miró fijamente, gesto que no pasó desapercibido para Camus, nuevamente volvía a molestarse. Esa chica era un peligro para él, un verdadero riesgo—. No sigas escapando, por tu mirada sé que es él quien lastimó tu corazón, pero correr no te ayudará.
El griego suspiró, sabía que su amiga tenía razón, pero enfrentar a Camus, parecía ser más de lo que podía soportar, le costó tanto tomar la decisión de alejarse, inclusive antes de tener la conversación con Aioria y partir del Santuario, desde antes venía dándole vuelta a la idea en su mente.
—Supongo que tienes razón, has aprendido mucho en estos años pequeña tonta.
—Solo por ser esta ocasión te perdonaré el insulto —Serena golpeó juguetonamente el hombro de Milo para luego sonreírle.
—Gracias —Milo devolvió el gesto.
Serena se separó del griego unos pasos. —Cualquier cosa estaré donde mi madre —la chica sonrió una última vez, para luego alejarse, Milo la siguió con la mirada, ahora vendría lo más complicado.
Camus observó en silencio toda la escena, tenía tantas ganas de hacerle pagar a esa chica su acercamiento con Milo, pero se contuvo, con los celos haciéndose tragar su propia bilis de la furia tuvo que mantener su férreo autocontrol. Milo hasta donde recordaba nunca le había dado motivos para sentirse celoso e inseguro, a pesar de su reputación de coqueto, pues no pasaba de eso, de ilusiones de personas que querían a la persona que él amaba, y que hasta hace poco había sido suyo.
—Acabemos con esto Camus.
El galo entrecerró los ojos, las palabras de Milo no le gustaron nada.
—Comenzar a hablar —corrigió. Milo solo le dedicó una larga mirada.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
—Dohko ¿Cómo se te ocurrió traernos a un lugar como este? —Shion observaba con cierta curiosidad el sitio, en verdad que el poblado era hermoso, pero le extrañaba que el chino hubiese escogido ese sitio tan apartado del resto del mundo. Aunque eso era lo de menos, lo que más lo entusiasmaba era poder pasar un tiempo a solas con su querido Dohko.
—Islandia es tan buen lugar como cualquiera, además necesitas descansar no andar de fiesta, así que… —Dohko se alzó de hombros sin terminar la frase, Shion intuyó automáticamente lo que el libriano quiso decirle. El lugar era un recinto de relajación natural, Islandia a pesar de ser un país frío y nevado durante el invierno, en verano sus temperaturas menguaban y dejaban disfrutar de sus bellezas naturales, tales como las termas a las que habían ido.
—Supongo que tienes razón —el semblante de Shion se dulcificó. Con todo y hasta quizás podría decirle lo que sentía, aunque cabía la posibilidad de que Dohko estuviese enterado a su manera, después de todo su relación como amigos jamás había sido del todo normal. Los roces y caricias en muchas ocasiones no correspondían al del cariño de un camarada.
Al final Dohko se había decantado por alejar lo más posible a Shion del Santuario, y al estar distraído descansando no se percataría de cualquier tontería que pudieran hacer los dorados. La Playa termal de Nautholsvik le pareció el sitio más adecuado, el lugar tenía una visita de turistas regular, pero no demasiado, tenían buenas instalaciones para quedarse y disfrutar. Y el contraste de la playa de arena dorada con el campo verdoso de esa época les daba a los visitantes la calma que buscaban. Eso sin contar las infinitas posibilidades de visitar otros lugares, y por las noches podrían divisar en todo su esplendor la belleza de la aurora boreal.
—Vamos Shion, debemos registrarnos y después podrás visitar el lugar.
El sumo pontífice asintió, esperaba que esos días de descanso le brindaran la paz que necesitaba, y que de paso también pudiera cumplir un deseo que tenía desde que habían vuelto a la vida.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
Milo no había querido llevar a Camus a su hotel, cabía la posibilidad de que Aioria estuviera ahí, y deseaba resolver todo ese asunto en privado, o al menos cerca de personas que no los conocieran.
El galo dijo que le costó encontrarlo, eso implicaba que estuvo buscándolo. Aunque también abría una palestra de dudas ante esto, ¿Cómo se supone que debía actuar ante esa posibilidad? El motivo por el que dejará a Camus había sido su falta de tacto y frialdad, pero el que al menos se haya preocupado de él indicaba que sentía algo más que solo la estoicidad que solía demostrarle, pero… ¿sería suficiente?
Ambos terminaron en la cafetería donde Milo y Aioria se hubieron tomado la fotografía y la que había sido la causa de que Camus y Shaka hubiesen llegado a Honolulu.
Ambos sentados en un rincón de la cafetería se sentían como dos personas ajenas, o al menos esa era la sensación que invadía a Milo, él mismo se sentía otra persona, no era la misma que había salido como alma en pena del Santuario; una nueva voluntad y deseo había nacido de su alma, quería encontrar su felicidad y alegría, pero no sabía si podía involucrar al acuariano en esa búsqueda.
Camus escudriñaba a Milo, era obvio que estaba perturbado por su presencia, sabía que cuando hallara a su querido escorpión nada sería fácil, pero sentía algo quebrarse en su interior, todo el ambiente, la tensión y la desconfianza no presagiaban nada bueno.
—Milo… —comenzó el francés al ver que el heleno no estaba dispuesto a tomar la palabra—, sé que no deseas hablar de esto, o más específicamente conmigo —Camus soltó una risa seca—, pero entiende por favor, necesito que me escuches.
Milo respiró profundamente tratando de llamar a su sentido común para no pararse y alejarse de aquel sitio.
—Aquí estoy Camus, di lo que tengas que decir y acabemos con esto.
A Camus volvió a encogérsele el corazón, sabía lo rencorosos y duros que podían ser los escorpiones, pero jamás pensó vivirlo en carne propia, al menos no con Milo, siempre lo pensó seguro a su lado, realmente había sido un iluso. Todo su ser temblaba ante la antelación de la conjunciones de palabras que amenazaban de salir por su garganta, una frase mal dicha y podría condenarse para el resto de su vida, decidió ir directo al grano. No mencionaría su propio resentimiento, ni la carta que tanto disturbio fue capaz de causar en su vida.
—Quiero volver contigo Milo.
El aludido abrió los ojos de sorpresa, y luego con cierta molestia plasmada en sus ojos frunció el ceño. Controlándose, Milo se mordió los labios, aquello no hacía más que causarle una ferviente rabia. ¿Volver con él?, ¿Así de seco y frío era capaz de decírselo?, ni siquiera le había brindado una disculpa, o un me has hecho falta.
—¿Qué te hace creer que quiero volver con alguien como tú?
—Milo yo…
—Milo yo… —el enojo fluía en todo el rostro del heleno—, siempre son excusas o comentarios escuetos, jamás le diste prioridad a nuestra relación, siempre fui yo quien dio todo para que esto funcionara, tu tareas siempre estuvieron por sobre nuestra relación y muchas veces te avergonzaste de que nos vieran juntos. ¿Cómo puedo estar con alguien así? Con quien tengo que estar prácticamente escondiéndome como dos niños pequeños, pensando que lo que teníamos estaba mal, o que simplemente no me amabas como yo a ti. Te amo Camus, pero me has causado mucho dolor, más del que puedes llegar a medir, nos hemos conocido desde pequeños, pero a ti jamás pareció importarte lo que yo sentía o pensaba, cada cosa que te decía o cada pequeño detalle que deseaba que notaras era una pequeñez para ti, realmente te convertiste en caballero de los hielos eternos, incapaz de sentir, y de amar… —Milo desahogó todo lo que guardaba su corazón a vista y paciencia de todos, necesitaba poder comunicar todo lo que pasaba por su destrozada alma, el escapar solo había sido un bálsamo temporal, pero más que nada deseaba poder darle a conocer a Camus todo el mal que le había hecho.
El francés sonrió tristemente al verse increpado y al escuchar todas aquellas verdades fluyendo de los labios de su amado, sabía que todo era cierto y gran parte de la culpa era suya, pero era por eso que deseaba una nueva oportunidad, para corregir todos los errores que cometió, para demostrar que su amor era más fuerte y que podía cambiar aquello que los estaba destruyendo.
—Hay muchas cosas que quiero decirte, muchas más de las que soy capaz de expresar, fui criado de una manera muy distinta a la tuya, eso lo sabes, nunca se me ha dado bien hablar de mis emociones, tu eres el único que me conoce a cabalidad, la única persona capaz de comprender mi corazón. Al final del día me doy cuenta de que sin ti me es muy complicado seguir, has estado conmigo toda mi vida y eres el único amor que conozco, al menos el único verdadero, el primero de todos.
Milo y Camus callaron, el heleno todavía con duda y el galo con mucha pena. Ambos no sabían cómo actuar.
—¿Cómo he de creerte Camus? —Milo comenzó a flaquear, veía al acuariano hecho una pena como él y no podía evitar ese sentimiento de preocupación, maldito fuera su enamorado corazón.
—Solo puedo ofrecerte mi vida como garantía Milo, es lo único más valioso aparte de ti que tengo.
—No puedo simplemente olvidar, yo…
La situación estaba haciéndose a cada segundo más difícil, Camus tomó una decisión; con paso decidido y fuerte se paró de su lugar hasta llegar justo al frente del escorpión, y sin mayor aviso lo besó enfrente de todos los comensales presentes en la cafetería. Milo se sorprendió hasta donde recordaba Camus jamás había sido partidario de las expresiones públicas de cariño, era una de las cosas a las que más reticencia tenía, pero ahí estaba él, besándolo bajo su propia voluntad, frente a varias personas que los miraban con distintos sentimientos plasmados en sus rostros, unos con sorpresa, otros con cierta ternura y los menos con reproche y algo de enfado.
—Camus…
—Déjame demostrarte que todo valdrá la pena, sé que tomará tiempo, pero juntos podremos superar cualquier cosa.
Milo suspiró, debía pensarlo, no tenía que actuar con impulsividad.
—Necesito tiempo para meditarlo —Milo murmuró esas palabras, como no queriendo dejarlas salir.
Camus comprendió, solo sería una prueba más, sino era capaz de superarla no tendría derecho a tener a Milo nuevamente a su lado.
Con dulzura no mostrada antes a Milo besó su mano y acarició su rostro para después sentarse nuevamente en su asiento.
—Todo el que quieras Milo, sin embargo entiende que no te dejaré escapar una vez más —Camus sonrió con ánimo renovado—. Por ahora ¿por qué no comemos algo juntos e intentamos calmar las aguas?
Milo frotó con una de sus manos su cabello en signo de nerviosismo, pero no podía negarse a la sonrisa abierta que Camus estaba entregándole.
—Como quieras.
Camus asintió mientras con una mano llamaba a una de las meseras para que pudiera atenderlos, sería una mañana larga y bastante complicada, pero el tener a Milo a su lado sería recompensa suficiente.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
Mu veía a Saga que portaba un mejor semblante después de haber pasado un "tiempo de calidad juntos", tanto así que no le había cuestionado nada cuando decidió ir a hablar con Camus y Shaka.
—Me voy Saga, nos vemos en un rato.
—No te tardes mucho con el Buda y el cubo de hielo —fue toda la frase que soltó Saga, quien estaba más centrado en acabarse un trozo de pastel de chocolate extra que había pedido. Mu sonrió, el dulce sería una excelente distracción mientras no estaba.
Al menos podría serle de ayuda a sus amigos, aunque fuera a costillas de su pobre novio.
Al llegar a la cabaña de sus compañeros fue Shaka quien le abrió, inmediatamente preguntó por Camus, pero este le comunicó que había salido muy temprano sin haberle dicho a donde iría, aunque se lo imaginaba, por su parte él había decidido centrar su atención en la playa del día anterior.
—Sé dónde se están quedando Aioria y Milo —soltó de sopetón Mu sin querer alargar más todo el asunto, quería ver a sus amigos reconciliados lo más pronto posible.
—¿Pero cómo…?
—Sin cuestionar Shaka —la voz de Mu fue amable, pero firme—, solo ve a buscar a Aioria, se están quedando en el Hotel Sheraton Waikiki, habitación doscientos ocho.
—Gracias Mu —fue todo lo que Shaka pronunció antes de salir corriendo en busca del caballero de leo, esperaba que la fortuna ese día estuviera a su favor y pudiera encontrar a Aioria, de preferencia solo.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
El hotel era enorme a los ojos de Shaka, fácilmente una persona podría perderse, por lo que decidió pedir orientación en el mesón de registro.
La apariencia del caballero no pasó desapercibida para el joven que atendía en esos momentos el registro.
—¿En qué puedo ayudarlo señor?
—Estoy buscando a una persona, quisiera saber si se halla en su habitación.
—Bien —el joven le sonrió coquetamente incomodando a Shaka— ¿podría decirme el nombre del huésped y su número de habitación?
—Aioria Katalakos, habitación doscientos ocho.
El joven asintió a Shaka, para luego teclear en un computador cercano.
—El señor Katalakos parece hallarse en su habitación, hace solo media hora mando a pedir el desayuno. Si gusta pasar al ascensor ahí cada botón indica el número de las habitaciones de cada piso.
Shaka suspiró, tal parecía que por lo menos en esa ocasión tenía algo de suerte.
—Gracias.
—Cuando quiera señor —una nueva sonrisa deslumbrante, Shaka solo se retiró del sitio, pensando que quizás solo era la naturaleza del chico. Sin tener en cuenta su propio atractivo natural.
No tardó en encontrar la habitación, mil y unos pensamientos atravesaron su mente, hasta de su apariencia se preocupó en esos instantes dándose cuenta de que salió tal y como iba vestido, pero ya no podía retroceder, debía enfrentarse al orgullo león si quería tenerlo a su lado. Tocó con fuerza para hacerse oír, del otro lado escuchó un fuerte grito pronunciando un "ya voy". Con el corazón frenético y el nerviosismo a flor de piel Shaka era consciente de cada movimiento, desde los pasos al interior de la habitación y el lento movimiento de la perilla y la puerta abriéndose, solo restaban unos pocos segundos para volver a encontrarse con Aioria, esperaba que al menos este quisiera escucharlo.
Aioria había decido pasar esa mañana en su habitación, podría disfrutarlo estando solo por esa ocasión, dada la ausencia de su compañero. Quería pensar un poco en todas las ideas que seguían agobiándole, mucho más con una imagen que se le venía continuamente a la mente, la dulce esencia de Shaka, creyó haber sentido con tal nitidez su presencia y calor, tanto así que había llegado a añorarla y por primera vez en algunos días se daba cuenta de que tanto lo extrañaba, sus sentimientos afloraban con rapidez en su interior, quizás este nunca fue muy emotivo y daba prioridad a otras cosas, pero ¡demonios lo amaba!, y como tal lo quería, si tan solo estuviera consigo en esos momentos, tal vez podrían hablar y resolver algo.
Aioria salió de sus pensamientos cuando sintió el golpe en la puerta de su habitación, con rapidez se levantó del sillón y grito para avisar su presencia. Con un par de tropezones y todavía en pijama abrió la puerta dándose la sorpresa de su vida. Sentía que sin quererlo su mente había invocado al causante de sus pesares y felicidad. Frente al él estaba Shaka nervioso y ruborizado al ver sus penetrantes ojos verdes de lleno. Sentía un calor recorrerlo, y a su corazón latir frenéticamente, no era un ilusión, sino su querido Shaka, sin pensar en su accionar se tiró a abrazarlo. Shaka se descolocó pensando en que sería recibido con reproche y mucho malestar, pero finalmente se dejó llevar por el abrazo del griego, ¿cómo podía haber sido tan tonto y olvidar el extenso placer que le daba la calidez del heleno? Cada caricia, cada roce le recordaban la estupidez que había hecho, pero a la vez se sentía confortado al estar aferrado a los fuertes brazos de la persona que amaba.
Aioria peinó con delicadeza los finos cabellos de Shaka, para luego enterrar su rostro en ellos. El indio enredó con más fuerza sus brazos por la cintura de Aioria.
—Te he extrañado —dijo Shaka una vez que el heleno lo soltará para poder ver su rostro.
—Veo que mi ausencia si ha servido de algo.
—Aioria… —el caballero de Virgo quería comentarle de la carta y de su relación, pero tampoco deseaba arruinar el momento.
—Mejor pasemos adentro —el griego sonrió tratando de infundirle confianza a Shaka. Este se adentró a la habitación cuando Aioria le dio el pase libre. El lugar era grande y lujoso, bastante fastuoso para los estándares del oriundo de la India. Aioria tomó una de las manos de Shaka y lo llevó hasta el sofá más cercano donde lo sentó a su lado. Tenía tantas preguntas que hacerle, el cómo llegó hasta ahí entre ellas. —Creo que debemos hablar ¿cierto?
—Te marchaste sin decir nada y lo de la carta… —Shaka quería exponer cada duda que azuzaba su corazón, deseaba conocer cuál era panorama que pintaba en su futuro.
Aioria suspiró, había olvidado la famosa carta que dejó Milo, veía a Shaka quien lo miraba con temor, no le gustaba esa expresión en la persona que amaba, ¡cielos!, si su intención jamás fue dejarlo, solo quería pensar un poco y quizás preocuparlo, pero nada más. Aunque debía admitir que tal vez la idea de Milo no fue tan descabellada, dado que Shaka se hallaba frente a él en esos momentos, eso debió ser fruto de una fuerte investigación y planeación, más teniendo en cuenta de que era Shaka y que lo más probable es que hayan tenido que escapar del Santuario, todo un logro para el siempre recto caballero de Virgo.
—Esa carta —Aioria alargó sus palabras para observar la expresión de Shaka, lucía ansioso por saber la respuesta—fue idea de Milo, no fui informado hasta llegar aquí y nunca estuve realmente de acuerdo, te amo demasiado para hacer eso.
"Te amo demasiado para hacer eso", Aioria seguía amándolo, a pesar de todas las estupideces que había cometido al pensarlo seguro a su lado. Estaba más feliz de lo que hubiera recordado nunca, todo la pena, la paciencia, la investigación y el viaje habían valido la pena. Sonrió de felicidad.
—Gracias por aceptarme con mis cabezonerías Aioria.
—Siempre —sonrió el griego para luego besarlo con ansias, no le importaba lo que había pasado, solo quería pensar en lo mucho que lo amaba.
Shaka devolvió el beso con el mismo ímpetu. Estuvieron juntos hasta que ya no pudieron mantener el aliento.
—Prometo que todo lo malo cambiará, esto me ha enseñado a ser un poco más humano, este susto casi se lleva mi corazón.
—Hay muchas cosas que hablar, pero por ahora solo me basta con tu presencia aquí Shaka —Aioria volvió a besarlo—, todo será a su tiempo.
Shaka asintió, se dejaría hacer por el griego, dejando de lado todo miedo y culpa, ya llegaría el tiempo de aclarar todo, pues disfrutar del reencuentro era más importante.
