La historia no se detiene... llegamos al capítulo de la yeta, el número trece.

De ahora en más, la historia se centrará sólo en los chicos y Perry hasta dentro de algunos capítulos, con alguna que otra aparición corta de los demás personajes.

Sin más que decir, aquí va un nuevo capítulo del fic: "Por favor, bésame contenta". ¡Que lo disfruten!


Capítulo XIII

Por favor, bésame contenta

Luego de la asombrosa huida, el viaje transcurrió bastante tranquilo. Mientras recorrían la autopista cercana al desierto, Phineas, Ferb e Isabella hacían lo imposible para no aburrirse en la parte trasera del auto: cantaban con la guitarra de Jeremy, jugaban a recordar patentes de autos, y hasta contaban historias con el rubio. Mientras manejaba, éste intentaba constantemente integrar a Candace, pero ella no le correspondía.

-Vamos, Candace, ¿qué te sucede? ¿Por qué no te unes a nosotros?

Pero la pelirroja se limitó a dar un profundo suspiro y seguir mirando por la ventanilla del auto. Confundido, el rubio se limitó a conducir.

"No entiendo qué le pasa" pensó. "Claro: todo sería más fácil si le dijera simplemente 'yo también te amo' y así alegrarla, pero este no es el momento…"

-Oye, Jeremy-lo interrumpió el chico de cabeza triangular, inclinándose hacia adelante-¿Qué le pasa?

-No lo sé, Phineas. No es el momento para hablar de esto.

-¿Por qué no se lo dices y ya, eh?-preguntó, picarón-Dile que siempre la has…

Una vez más, Isabella lo agarró de la oreja y lo arrastró hasta el asiento trasero.

-¡Phineas, ya te he dicho que no te metas en asuntos ajenos!-le dijo ella, enojada, en voz baja.

-¡Bueno, perdón!-se disculpó, y luego siguió hablando con el adolescente:-Por cierto, Jeremy... ¿sabes acaso a dónde vamos a ir?

-Lo he estado pensando desde que salimos de la prisión... y creo que ya lo tengo decidido.

-¿De veras? Entonces nos vamos a...

-¡A la soleada California, ni más ni menos!-exclamó, contento.

Los que iban en la parte trasera festejaron a los gritos, ensordeciendo al conductor. Candace permaneció ajena al feliz momento.

-Chicos, no griten tanto...

-¡California será nuestro nuevo hogar!-gritó Isabella, ignorándolo-Pero... ¿qué ciudad?

-Viviremos en los suburbios de Los Ángeles-respondió Jeremy, molesto-¿Pueden dejar de...?

-¡Wow, podremos ir a pasear a Hollywood!-interrumpió Phineas-¡Tal vez nos descubran y podamos hacer un programa!

-¿No te conformas con uno?-le preguntó la morocha, molesta.

-Oye, tú sabes lo que es la actuación... un día eres el programa con más rating, y al otro...

-¡Estamos grabando, imbécil!-le gritó alguien a Phineas, detrás de escena.

-Ups, lo siento, Swampy... eh... ¿en qué estábamos...?

El adolescente perdió la paciencia y le gritó, enojado:

-¡Que se dejen de gritar! Me van a distraer y me van a hacer volar como nave marciana.

El muchacho se calló, y se sentó. Pero, en eso, las ideas regresaron a su mente luego de mucho tiempo.

-¿Volar?-preguntó-¡Ferb, ya sé que vamos a hacer hoy! Vaya, que tarde que lo dije… ¿qué crees que haya sido, hermano?

-La cinta, hermano, la cinta-respondió el chico de pelo verde.

-Jeremy, ¿te queda gasolina?-preguntó el pelirrojo.

-Casi nada-respondió, un poco más calmado-Y la próxima estación está muy lejos de aquí. Debiste traer ese balde, Isabella.

-¡Bueno, perdón!-gritó, imitando a Phineas, a quien le dirigió una mirada cómplice.

-Entonces, para aquí. Ferb y yo haremos lo indicado para convertir esta cafetera en algo más… ¿cómo decirlo?

-¿Más que una cafetera?

-Ups, iba a decir dinámico, pero… ¡eso está mejor! Puedes ayudarnos, Jeremy.

-A mi me gustaría hablar un rato con Candace-pidió la niña de pelo negro-¿Está bien?

-No me parece malo-dijo Phineas.

-A mi tampoco-comentó el rubio.

La pelirroja se limitó a dar otro suspiro melancólico. El muchacho, entonces, paró el auto en medio de la carretera y, ayudado sólo con la caja de herramientas, comenzó a ayudar a los chicos en la reparación del vehículo. Perry no bajó: dormía profundamente adentro del coche.

-¿Saben, chicos?-preguntó el adolescente, y, viendo que las chicas se alejaban, siguió:-Creo que la prisión me hizo olvidar muchas cosas... menos mal que no olvidé lo que siento por Candace.

-A mí me pasa algo parecido-afirmó Phineas-No se me olvidó lo que me confesaste hace unos días, pero sí se me han olvidado otras cosas... prácticamente, es lo único que recuerdo de todo lo que hice esta semana... bueno, además de cuando nos llevaron.

-¿Te has olvidado de todo?

-Casi todo...

-O sea... ¿quieres decir que no te acuerdas de...?

-Espera-lo interrumpió-No le hemos preguntado a Ferb... hermano, ¿qué recuerdas?

-Todo-respondió el peliverde.

-¿Qué? ¿Todo?

-Sí... y hago énfasis en todo-dijo, alargando la última palabra a propósito.

-Vaya... debo mejorar mi cerebro-opinó Jeremy.

-Lo mismo digo-reforzó el pelirrojo, y siguieron trabajando.

Mientras tanto, la niña se limitaba a hablar con Candace, sentadas ambas en dos rocas que reposaban inmóviles en la tierra desértica.

-¿Nos oirán desde aquí?-preguntó Isabella.

-¿Y qué caso tiene?-preguntó la pelirroja, muy triste.

La niña tenía muchas ganas de romperle la cara a golpes por su actitud, pero la violencia nunca arreglaba nada. Así que decidió hablarle de frente:

-Escúchame, y escúchame bien-su cara comenzó a ponerse roja de furia-¿Por qué crees que Jeremy te guarda rencores? ¿Acaso te ha mentido alguna vez?

-Pues… no recuerdo…

-¿Lo ves? Te haces problema por algo que no debería ser. Le dijiste a Jeremy algo que yo jamás podría decirle a Phineas, porque a diferencia de mí, tú tienes el valor.

-¿Yo? ¿Valor? No, tú querrás decir que soy una tonta por decir eso.

-¡Jamás dije ni diría eso! Oye, ¿acaso no viste con cuánta pasión te hablaba? No sé si te ama, Candace (en realidad lo sé, pero jamás se lo diría antes que Jeremy), ¡pero él no te odia, debes saberlo!

Candace se quedó pensando. ¿Realmente sería verdad eso que su amiga le decía? ¿Realmente Jeremy no estaba enojado con ella?

En eso, los chicos llamaron a las dos.

-¡Oigan, ya nos vamos! ¡Esto fue más rápido de lo que pensaba!-exclamó Phineas.

-¡Ya vamos!-gritó Isabella, y luego volvió a hablarle a la pelirroja:-Una última pregunta, Candace… ¿por qué crees que nunca respondió cuando le dijiste que lo amabas? ¿Y qué crees que te hubiera dicho si la pared no hubiera estallado? Piénsalo. Cuando despiertes de ese estúpido trance, habla con Jeremy. Verás que yo tenía razón.

Bajó de la piedra y corrió hasta el auto. Dubitativa, la pelirroja se limitó a seguirla, aunque caminando. Cuando llegó, se subió al asiento delantero, al lado de Jeremy, y siguió pensando, aunque no tan triste.

-¿Y ahora qué?-preguntó Isabella.

-Sí, Phineas, vi que hicieron muchas cosas, ¿pero qué realmente?

-¡Pues ponlo en marcha y verás cómo funciona este bebé!-le dijo, confiado.

Ni bien insertó la llave y lo puso en marcha, el auto lanzó una llamarada desde el caño de escape y salió disparado a mil kilómetros por hora.

-¡Phineas!-gritó Candace-¿Qué demonios hiciste?

-¡Saluden a la cafetera más cafetera de todas!-bramó el chico pelirrojo, y, apretando un botón a costa de Jeremy, de abajo del auto salieron varios caños de escape más, haciéndolo volar.

-¡Genial!-gritó el rubio-¡Es como si levitara!

-¡Idea de Ferb, por supuesto!-gritó Phineas, e hizo cinco con su hermano.

-Ahora… ¿Cómo se detiene esto?

-¡No se puede detener!

Y así, siguieron a toda velocidad mientras cruzaban el desierto. En un cierto punto, se cruzaron con la avioneta de Baljeet, Buford, Django y Ginger.

-¿No era ese Baljeet?-preguntó el rubio.

-¡No!-gritó Phineas-¡Baljeet no sabe pilotear aviones!

Curiosamente, dentro del avión se preguntaban lo mismo.

-Buford, ¿no eran los chicos conduciendo un vehículo del futuro?-preguntó el hindú.

-¿No estás muy grande para creer en esas cosas?-le preguntó el bravucón, y comenzó a hablar imitando al chico-¡Oh, mírenme! ¡Soy Baljeet, el niñito que cree en marcianos y todavía moja su cama!

-¡Cierra la boca, imbécil!-lo desafió Ginger.

-¡Oh, mírenme! ¡Soy Baljeet y me escondo tras mi novia!-la siguió.

Esa palabra hizo sonrojar a mil a la chica, mientras que el chico se puso nervioso.

-¿Novia?-preguntó él-Ella no es mi novia…

-Es una forma de decir que eres un dominado…

-¡Cállate!-le gritó nuevamente ella-No le hagas caso, Baljeet… yo estoy aquí.

Esa frase sorprendió al moreno, el cual se quedó mirándola, sonriendo.

-¡Ja! ¿Se van a declarar ahora?

-¡Ya basta, Buford!-lo calló Django, bastante enojado-Recuerda que soy el único que sabe lo del budín...

Inmediatamente, la sonrisa del bravucón desapareció de su rostro, y mostró señales de sentir temor.

-Sí, sí... lo recuerdas, ¿verdad?-siguió el australiano.

Flashback

Los chicos están festejando la victoria en la noche del partido, cuando a Django se le da por ir al baño.

-Wow, no puedo creer que haya aguantado tanto tiempo... oigan, ¿no es Buford?-se preguntó.

Mientras iba camino al baño por los pasillos del estadio, logró ver que el bravucón se infiltraba secretamente en el vestuario y cerraba la puerta.

-¿Y éste qué hace?-se pregunta, y lo espía por el ojo de la cerradura-¡Oigan, se está comiendo nuestro budín!

En efecto, el centro half se había devorado el postre que la madre de Baljeet había preparado para ellos, y que reposaba en una mesa.

-Je, je... eres hombre muerto, Buford-susurra, antes de retomar su camino al sanitario.

Fin del flashback

-¡No! ¡El budín no!-gritó, atemorizado-¡Me portaré bien!

Si bien Buford intentaba erigirse como capitán, las amenazas de Django de revelar el máximo secreto del bravucón eran algo que le impedía controlar completamente a la escasa tripulación del avión. Claro: era algo que ponía en peligro su reputación y su propia cabeza... los chicos lo matarían si se enteraban que él había arruinado los festejos en el vestuario comiéndose el postre.


Al mismo tiempo, en las ruinas de la Agencia, el Mayor Monograma había logrado salir vivo del terrible derrumbe, aunque no pudo evitar ver a Carl enterrado bajo una pila de escombros.

-¡Carl!-gritó, horrorizado-Oh… fue un gran interno…

De repente, una mano salió violentamente de en medio de las piedras y, poco a poco, Carl comenzó a salir de lo que parecía era una tumba asegurada.

-¿Qué dijo de mí, señor?-preguntó, ilusionado.

Monograma se quedó mirándolo un momento, y dijo:

-Que no te pagaré tu sueldo mensual y tendrás que limpiar todo este desastre.

Y, mientras el interno comenzaba a juntar todo con una escoba y una pala, el celular del Mayor Monograma (sí, el aparato también sobrevivió) comenzó a sonar, y éste atendió inmediatamente.

-¿Hola? Sí, aquí el Mayor Monograma… Ajá, el chofer del vehículo de la prisión…-y, de repente, su rostro se puso blanco-¿qué? ¿Qué los niños y los adolescentes escaparon de la prisión con todos los presos de allí? ¿Qué Honrado está muerto? ¿Chamuscado? ¿Y usted logró escapar? No diga más, señor… iremos en busca de esos renacuajos y los encontraremos… tenemos el número telefónico de todos sus celulares, y con cada llamada que hagan los encontraremos… ah, y también vamos a interferir en sus comunicaciones de correo electrónico. ¿Qué le parece? ¿Qué está bien? ¡Muchas gracias! Escuche… ¿podría ayudar a la Agencia? ¿Sí? ¡Excelente! Entonces, diríjase al Área Limítrofe y espere mi llamado… adiós.

Apagó su celular, y se dirigió al interno.

-Carl, escucha, cuando termines eso, llama a las tropas de la Agencia y diles que quiero una búsqueda nacional completa. Esos niños no escaparán.

-Bien, señor-dijo, y siguió trabajando-Oiga… ¿cree que por limpiar esto pueda usted darme un aumento?

-¡Tú limpia y después veré que hago! ¡Y apresúrate, que debes hacerlo antes del anochecer! ¡Los mosquitos nos volverán locos!


Pasando del pantano a la Ruta 66 nuevamente, los chicos iban evitando la noche al viajar de este a oeste. Iban tan rápido que ya estaban muy cerca de la costa pacífica de los Estados Unidos.

-A este paso, saltaremos al mar-comentó Isabella.

-Tranquila, estamos bien-dijo Phineas-Según mis cálculos, adelante está…

Y allí la vieron: la ciudad de Los Ángeles, en el estado de California, ya comenzaba a mostrar sus primeras luces. Oscurecía y estaba cada vez más cerca.

-¡Los Ángeles!-gritó Jeremy-¿Qué les parece? No es un mal lugar para vivir, ¿no?

-Sí, pero… ¿con qué lo pagaremos?-preguntó la niña de pelo negro.

-No sé… tendremos que trabajar. ¡O mejor, venderemos este auto, el más rápido del mundo, y ganaremos miles de dólares!

-Yo no contaría con eso, Jeremy-dijo Phineas, preocupado.

-¿Por qué…?

En ese momento, el coche comenzó a quedarse sin combustible.

-¿Qué pasa, Phineas?-preguntó Isabella.

-Ups, demasiada energía. Creo que no tardará en detenerse.

-A propósito, ¿de dónde sacaste el combustible, amigo?-preguntó el rubio, preocupado.

-No era combustible, era una mezcla secreta que Ferb siempre guarda en su caja de herramientas. De hecho, sólo él sabe que es y no lo quiere decir.

El chico de pelo verde negó con la cabeza.

-Vaya, duró mucho para ser sólo un frasco.

-Sí… es que es ecológica. Pero ahora estamos en problemas.

-¿Qué pasará?-preguntó Jeremy.

-Primero, se romperán los caños de levitación…

Dicho esto, los caños debajo del auto explotaron, y el auto cayó en la carretera.

-Luego, se dañará el motor y perderá velocidad.

Eso fue lo que pasó precisamente.

-Y tercero…

-¡Creo que es demasiado obvio que lo tercero significa estar parado en medio de la ruta!

Y así era… ¿así era?

-Eh… no… lo tercero es que la cena está lista.

-¿Cena?

-Por supuesto… le agregamos una cocina dentro del auto. Ya podemos comer.

Y apretando otro botón, de la guantera salió una cena completa, suficiente para llenar a todos. Otros lugares del auto también tenían comida incorporada.

-¡Pero si no la ponían, habríamos tenido más energía! ¡Habríamos llegado a la ciudad!

-¿Y con qué querías que pagáramos hospedaje, con cabello?-preguntó el pelirrojo, mientras comía una tostada que había salido de la rendija del aire acondicionado.

-Bien… creo que no queda otra, Jeremy-le dijo Candace, luego de mucho tiempo de estar callada.

-¿Y vamos a dormir aquí adentro?-preguntó el rubio.

-No, vamos a dormir en el hotel de Dan Povenmire-respondió Phineas, sarcástico-Ahora cierra la boca y come algo. ¡Casi ni comimos en ese horrible lugar! Ah, también te recomiendo que muevas el auto fuera de la carretera.

Jeremy salió del auto y lo empujó para dejarlo sobre la tierra, luego subió de nuevo, tomó una tostada y se la metió entera en la boca. Inmediatamente, comenzó a comer cada vez más, hasta estar satisfecho. Nada fácil para alguien que no come nada durante día y medio, pero el adolescente ya había demostrado que era de hierro.

Hechas las diez de la noche, Ferb soltó un gran bostezo, que contagió a todos los demás. En medio de muchas risas, Jeremy decidió que era el momento de dormir.

-Igualmente, tengo que dejar la ventana abierta para que podamos respirar.

-Es una pena-comentó Isabella-La calefacción no funciona, y afuera está realmente frío...

-Bueno, tendremos que taparnos con sábanas-dijo Phineas-¿Trajeron?

-Trajimos muchas cosas-dijo Candace-No sé si sábanas, pero hay mucha ropa. Podemos taparnos con eso.

-Buena idea. Ayúdame, Ferb-pidió el pelirrojo, y se repartieron algunos abrigos, para poder cubrirse-¿Creen que sean suficientes?

-Sí-respondió Jeremy-Bueno… ahora duerman. Voy a apagar la luz del auto.

Y así, la única luz que había en la ruta desapareció. Cuatro dormían profundamente, es decir los chicos y Perry, que estaban atrás. Jeremy en cambio descansaba con los ojos abiertos y pensaba mirando las estrellas. Ya iba a dormirse cuando vio a la pelirroja, muerta de frío y temblando como una hoja. La ropa no era suficiente para ella, que incluso llevaba su abrigo verde. El rubio la miró con ternura, se sacó la ropa que usaba de abrigo y se la puso encima. Casi inmediatamente, Candace dejó de temblar. El conductor ya iba a volver a dormir cuando ella despertó y vio lo que su amigo había hecho.

-¿Jeremy?

-¿Eh? ¡Oh, estás despierta!

Inmediatamente, volvió a deprimirse.

-No es necesario que me des esto… no me lo merezco.

-Candace, Candace... escúchame, por favor. Tengo algo que decirte.

La pelirroja no quería saber nada. Sin embargo, hizo un esfuerzo y se dispuso a hablar.

-¿Qué cosa?

-Tú te sientes culpable de lo que nos pasó. Pero yo no te echo la culpa de nada. Jamás podría guardarte rencores, Candace.

-¿En serio?-preguntó ella.

-Por supuesto… escucha, guardar un rencor es lo peor. Sientes que puedes vengarte de algo pero en realidad es sólo una espina clavada en el alma que sólo desaparecerá si olvidas y perdonas…

-¿Perdonas? ¿Qué, entonces admites que yo tuve la culpa?

-No, no es eso…

-Bueno, descuida… te entiendo. De cualquier forma, me guardes un rencor o no… quiero pedirte disculpas…

-No tienes por qué pedirlas. Ya te he dicho que no te guardo rencores.

La chica se entristeció aún más, casi al borde del llanto.

-Eres demasiado bueno, Jeremy… por eso te quiero tanto… pero por eso, además, considero que no te merezco… soy una mala persona…

-Candace…-dijo Jeremy, emocionado, y la tomó de las manos-Deja eso, por favor… quiero… quiero que me digas lo que me dijiste luego de cantar esa canción.

-No, por favor…

-Dilo… no le harás daño a nadie.

-Yo…

Vaciló un poco antes de hablar. Finalmente, se armó de valor y dijo:

-Yo… ¡yo te amo, Jeremy!

El adolescente la miró un momento y sonrió.

-Bueno… tú me amas… ¡Y yo también te amo, Candace!

Esa frase sería la que quedaría grabada en la cabeza de la pelirroja para el resto de su vida. ¡El sueño de su vida, cumplido! ¡Jeremy también la amaba!

-Yo… ¡no puedo creerlo!

-¡Y me lo dices a mí! ¡Yo tampoco puedo creer que me ames!

-Jeremy…

-Candace…

Sin soltarse de las manos, y sin dejar de mirarse el uno al otro, cerraron los ojos y fueron acercándose poco a poco. Finalmente, unieron sus labios en un beso triunfal, un lazo irrompible, de esos que duran vaya uno saber cuánto… ¿para siempre? Sólo el amor puede hacer eso… y aquí lo volvía a hacer. Candace y Jeremy, por fin, revelaron su máximo secreto. Y no podía irles mal. El amor estaba con ellos ahora, y no los dejaría nunca jamás, sin importar lo que sucediera a partir de ese mágico instante.


¡Al fin, Candace y Jeremy juntos! ¿Qué pasará a partir de ahora? ¿Cómo les irá en Los Ángeles? Descúbranlo la próxima semana, en el siguiente capítulo: "Una vida nueva".

Agradezco los reviews de lord clerigo (nunca pensé en un trauma, la escena es una parodia de "El Mago de Oz", además Dorothy estaba loca de contenta cuando mató a la bruja), PhineasyFerb-PxI-FxV (ahora sabes a dónde irán), Napo-1 (en este capi hubo momentos Canderemy, espero te haya gustado), Hanonkurumi (en efecto, por eso y algunas cosas en capítulos futuros lo coloqué como T), superperrysecretagentp (que bueno que pude aclarar tu duda), tsukimine12 (como ves, la historia aún no termina!) y clau016 (entiendo que te guste el fic, pero no puedo decirte como termina… tienes que descubrirlo tú, jeje). Y creo que son todos… bueno, saludos, fans de P&F! Juli is out… peace!