Macaa: Las peleas del Jily siempre me dejan con el corazón en un puño, así que entiendo tu tristeza): Después de esa escena del capítulo anterior solo quería abrazar a James hasta que se sintiera mejor (Y en este ni te digo, ya lo verás). Y sobre la tendencia de Sirius a cagar todo no tengo mucho que decir; el pobre está tratando de hacer lo correcto, pero sabemos que su capacidad para tratar los temas serios con tacto no es la mejor. Recemos para que su cerebro funcione en este capítulo. ¡Gracias por tu review, belleza! Espero que te guste lo que vas a leer, nos seguimos leyendo. ¡Un beso!


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And now I'm kissing your tears goodnight. And I can't take it, you're even perfect when you cry

Beautiful Goodbye — Maroon 5

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A pesar del mal humor que James había cargado toda la semana, el sol brillante de aquel día lo había ayudado a despertarse con un optimismo renovado. Aquella era una fecha que no fallaba en subirle el animo.

Después de su propio cumpleaños, era su día favorito del año.

Había sido una semana agotadora, —se le había hecho eterna tratando de resolver el desastre con los paparazzi y su propio desastre personal—, pero estaba determinado a no dejar que nada de eso afectara todo lo que tenían por delante.

Ese era el día de Mar, y desde que tenía uso de razón, se había tomado como una tarea personal hacerlo lo más especial posible.

Abrió la puerta sin tocar, pero sí se aseguró de echar un vistazo disimulado antes de entrar. No quería sorpresas desagradables esa mañana.

Afortunadamente, Mar estaba durmiendo sola, aunque no supo como tomar el que Sirius no se hubiera quedado la noche anterior. No lo había hecho en días, pero él había esperado que se tomara una licencia de su estupidez por el cumpleaños de la chica.

Empujó a su amigo lejos de su mente y entró a la habitación, sonriendo emocionado ante la expectativa de poner en marcha su plan. Tomó el paquete que había traído con él y los depositó en una mesa cerca de la cama de la chica. Conectó su teléfono a las cornetas que él mismo le había regalado y aumentó más su sonrisa antes de dar play.

—¿Pero qué...? —jadeó Mar, despertando exaltada ante las primeras notas de la clásica canción de Cumpleaños Feliz—. ¿Qué está...?

—¡Buenos días, cumpleañera! ¡Hora de levantarse! —exclamó contentó el chico, subiendo la voz para escucharse por encima de la música. Caminó hacia la ventana y abrió las cortinas de par en par—. ¡Mira eso, el sol ha salido más radiante esta mañana! ¡Por tu día especial!

—Eres tan... —gruñó con exasperación, todavía medio dormida, y enterró el rostro entre las almohadas—. ¡Te odiooo!

—Claro que no —canturreó James, sonriendo divertido ante su reacción—. Amas que te despierte en tu cumpleaños.

—Te juro por todo el oro del mundo que no es así —replicó Mar de mala gana, negada a levantar la cabeza—. Es una tradición de mierda. Elimínala.

—¿Y perderme tu alegría mañanera? —fingió horrorizarse el chico, mordiéndose la lengua para no echarse a reír—. Piensa antes de hablar, Marlene.

—Y tú muérete y ya no hables —atajó la aludida. Tomó un suspiro profundo y giró el rostro hacia él, enfurruñada—. Por favor, al menos baja el volumen de la música.

James accedió de buena gana y, con su propósito principal ya cumplido, apagó las cornetas antes de que la melodía se repitiera, regresando la habitación a un silencio absoluto.

—Tu inmensa benevolencia es lo que te hará un buen Rey —se burló su hermana, frotándose los ojos antes de empezar a estirarse.

—Me encargaré de apuntarlo para mi discurso inaugural —James le siguió el juego, recogiendo la caja que había traído con él. Se sentó a los pies de la cama y le dedicó una sonrisa a la medio dormida chica—. Feliz cumpleaños, Mar.

—Ya, ¿ves que hacerlo sin tanto escándalo causa un impacto más bonito? —bromeó ella, devolviéndole la sonrisa. Estiró los brazos una última vez antes de impulsarse con esfuerzo para sentarse—. Y felicidades a ti, por tener el privilegio de celebrar este día conmigo.

—Estoy esperando escuchar un gracias escondido por allí...

—Déjame ver mi regalo y decidimos —resolvió Mar, ojeando entusiasmada el paquete que James había traído.

—Siempre directo al grano —se rió el chico, entregándole la caja que había enviado a empapelar—. Espero superar al del año pasado...

—Más te vale, porque mi último regalo para ti fue magnífico —alardeó ella, orgullosa, rompiendo sin cuidado el brillante papel—. Aunque todo lo que yo hago lo es, así que eso no...

El resto de la oración quedó perdida cuando abrió la tapa de la caja donde James había metido el regalo. Apretó los labios para no echarse a reír y él tuvo que imitarla, irremediablemente. No podían quebrar el momento, era parte del juego.

—Ay, James, qué considerado —fingió conmoverse, sacando el regalo y apretándolo contra su pecho. Le dedicó una impostada mirada de agradecimiento—. ¡Me conseguiste un diccionario!

—Un diccionario bilingüe —aclaró el chico, mordiéndose la lengua para no soltar una carcajada—. Así puedes buscar las palabras no solo en uno, sino en dos idiomas.

—Y me ofreces hasta un tutorial, es que esto es demasiado —Mar siguió jugando, abriendo el grueso libro y fingiendo ojearlo con interés—. A ver, cuál palabra puedo buscar primero...

—Ah, y tú pensaste que no iba a superar el regalo anterior. Tienes que dejar de subestimarme, Mar...

—No es mi culpa. Ese par de calcetines blancos marcaron un ante y un después en mis regalos de cumpleaños.

—Bueno, ya. Es suficiente —se rindió James, abandonado primero el juego y echándose a reír con ganas—. ¡Un antes y un después! ¿Como puedes ser tan ridícula?

— ¡¿Yo?! ¡Tú me regalaste un puto diccionario! —se carcajeó ella, golpeándolo en el brazo con el duro empastado—. ¿Qué mierda tratas de decirme con esto?

James continuó riéndose mientras trataba de esquivar los ataques de su hermana.

Esa tradición era una de sus partes favoritas durante los cumpleaños.

Había poco que los miembros de esa familia necesitaran y no tuvieran ya, por lo cual darse regalos entre ellos era bastante complicado. Debido a eso, su madre había ideado aquel juego, que consistía en regalarse trivialidades que, evidentemente, no necesitaban ni querían. Podía ser un par de calcetines, o unos audífonos de avión. O como el año anterior, cuando Mar le había regalado una freidora de catalogo.

Era una tontería, pero siempre les arrancaba unas buenas risas y los ayudaba a empezar el día con el pie derecho.

—¡Esa mierda duele, Mar! ¡Ya para! —le ordenó, cansándose finalmente y arrebatándole el libro de las manos—. El segundo piso de la vida te va a volver una desquiciada.

—Qué mal, a ti te hizo más idiota y yo no me he quejado —replicó ella, sacándole la lengua de manera juguetona.

—No sé para qué me molesto en ser la primera persona en felicitarte si recibo estos tratos.

—James, mi cumpleaños empezó a medianoche, ¿de verdad crees que fuiste el primero? —Mar entornó los ojos y sacudió la cabeza, condescendiente—. Eso te pasa por dormirte a las diez. Ya tu novia se te adelantó, y Sirius también...

—Bueno, ninguno de los dos se levantó a las cuatro de la mañana —señaló él, experimentando sentimientos distintos por la mención de esos dos nombres—. Y tampoco te dieron este flamante diccionario, pero...

—Yo nunca he dicho que sus felicitaciones superaran la tuya —lo interrumpió Mar, fingiendo mucha solemnidad antes de tomar su teléfono—. Aunque la de Sirius no estuvo tan mal. Me envió una foto suya en...

—Qué asco, Marlene.

—¡Agh! ¡No así, tarado! —Se carcajeó ella, dándole un manotazo en el brazo—. Esas solo las envió yo —bromeó, batiendo las pestañas de manera coqueta.

—Sí, era justo la información que necesitaba —Volvió a asquearse James, frunciendo el ceño con desagrado y arrancándole más risas.

—Eso te pasa por pervertido —Mar fingió reprenderlo, revisando atentamente su celular—. Y era solo una foto suya en el traje que usara esta noche. En verdad me impresionó, estaba dispuesta a odiar cualquier cosa que eligiera.

—Estoy totalmente seguro de que Remus lo escogió por él —afirmó James, mirando la ridícula foto de su amigo que su hermana le estaba mostrando—. Y lo vistió. La última vez que revisé no tenía idea de como atarse una corbata.

—Bah, déjalo en paz —le ordenó Mar, moviendo una mano para desestimar su comentario—. Lo está intentando y yo aprecio el esfuerzo.

A James le fue imposible no sentirse incómodo ante la sonrisa soñadora que esbozó su hermana mientras seguía observando la pantalla de su celular. Le habría gustado ignorarlo, y a toda la situación en general, pero lo que había escuchado a Sirius decirle a Lily seguía reproduciéndose en su mente con demasiada frecuencia.

—Entonces, ¿a las cuatro de la mañana? —inquirió ella, rompiendo el silencio y dejando su teléfono. Subió las cejas y torció la boca con rechazo—. ¿Sigues en penitencia por golpear a ese fotógrafo?

—Bueno, pasó hace menos de una semana, sabes que los castigos de la Duquesa duran mínimo un mes —James entornó los ojos y gruñó con fastidio, llevándose una mano a una zona adolorida de su cuello. Había dormido muy mal esos últimos días—. Y si son delitos de ese nivel, puede que más.

—Maldita —escupió la chica, manchando con desprecio la palabra—. Estuvo genial lo que hiciste. Son solo unos parásitos con cámaras.

—Fue una estupidez —sentenció James con firmeza. En el momento no lo había visto así, pero luego de mucho reflexionar, ya con menos rabia encima, no podía negar que se había excedido—. No puedo permitirme perder el temperamento así. Mucho menos en publico.

—Cuando Justin lo hizo fue genial.

—No sé de cuál Justin me hablas, pero yo no soy ninguno de los dos —señaló con ocurrencia, sonriendo divertido ante su comentario. Suspiró con pesadez y se frotó los ojos por debajo de los lentes—. Solo quería que dejaran en paz a Lily...

—James, ya te lo dije, tienes que dejar de tratarla como si fuera de cristal —insistió Mar, mirándolo con cansancio—. Esa chica podría quitarle el trabajo a Remus si quisiera. Claro que primero habría que internarte a ti en Cuidados Intensivos, pero...

Él le rió la broma, aunque no sonó tan animado como le hubiera gustado. Desde el incidente, sentía que un peso muerto se alojaba en su pecho cada vez que lo recordaba, y la discusión posterior con Lily.

Sin embargo, no le había dado más vueltas al asunto. No se había atrevido.

—Y no sé si te dijo, pero va a llegar a eso de las tres y no podrás verla —le informó la chica, apuntándolo con un dedo a forma de advertencia—. Yo me encargo de ella, la voy a dejar radiante.

—No sé para que la necesitas desde tan temprano, pero le diré que se preparé psicológicamente —bromeó James, poniéndose de pie. Decidido a seguir con la celebración, le dedicó una sonrisa—. Y le pedí a la mamá de Peter que hiciera tu desayuno favorito. Lo comeremos en el jardín.

Le hizo una seña para que se levantara y Mar no lo dudo dos veces para ponerse de pie, esbozando una sonrisa de lo más infantil y apresurándose a vestirse para bajar.

James se echó a reír ante su actitud de niña, esperando que tuviera el día y la fiesta que merecía.


Su primera fiesta en el palacio había dejado en Lily una impresión muy buena, la misma que la estaba manteniendo calmada ese día. Los eventos formales a los que había ido con James la seguían poniendo nerviosa, pero una fiesta organizada por Mar no podía resultar en algo malo o aburrido, mucho menos si se trataba de su cumpleaños.

Tenías muchas expectativas con respecto a esa noche. El entusiasmo de la cumpleañera y todos los planes que había estado parloteando durante semanas eran capaces de contagiar a cualquiera, y a Lily la había atrapado casi sin esforzarse.

Había desarrollado una confianza tan fuerte en Mar que ni siquiera estaba preocupada mientras esperaba que llegara con su vestido.

O al menos no demasiado.

—Sé sincera conmigo, Mary —le pidió en un susurro, espiando por encima de su hombro hacia la puerta por la que Mar había salido unos minutos atrás—. ¿Sí se controló, cierto? No me va a meter en algo estrambótico y experimental...

—Te dije que haría lo que pudiera, pero no me mostró el resultado final —se lamentó la aludida, soltando un suspiro. Tenía su tabla de actividades en la mano, terminando de afinar los detalles de la fiesta—. Me alerté cuando ordenó plumas, pero...

—¡¿Qué?!

—¡Me dijo que eran para el suyo! —agregó Mary a la carrera, subiendo la mirada para tranquilizarla—. Creo que planeaba usarlos en ambos, pero le recordé que a ti te no te gustan esos detalles y aparentemente lo entendió.

—Espero que ella no entienda las cosas como Sirius —casi rogó la pelirroja, hundiéndose más en la acolchada cama de la princesa—. O sea, solo lo que les conviene.

—Las plumas no son tan malas como los escotes —murmuró Mary, sonrojándose furiosamente y adquiriendo una expresión llena de pánico—. Mi vestido es terrible, tiene una abertura que...

—¡¿Terrible?! ¿Cómo te atreves? —se indignó Mar, volviendo a la habitación con los tres trajes en los brazos, resguardados en sus forros—. ¡Así me agradeces que te ayude a que Peter se babee por ti! ¡Hablando de mis diseños a mis espaldas!

—Yo no quiero que nadie se babee —aclaró la chica, abriendo los ojos con un horror que conmovió a Lily. Sentía mucha empatía por esa chica—. Y no decía que el vestido en sí fuera terrible, ¡pero ese escote es demasiado pronunciado! Le pedí que...

—Lo que no se exhibe no se vende, Mary. Ya lo hablamos —zanjó la princesa, dejando los vestidos sobre la cama y mirando a su asistente de manera reprensiva—. Voy a necesitar que cambies esa actitud, o tendrás que buscar otra cosa que usar.

—¿Es eso una posibilidad? —cuestionó Mary, ilusionada.

—Claro que no, me esforcé mucho en ese vestido —resopló Mar, entornando los ojos—. Vas a usarlo así tenga que traer a la guardia real a meterte en él.

—Mar —empezó a decir Lily, conciliadora—. ¿No crees que Mary solo debería usar algo con lo que se sienta totalmente cómoda?

—¿Y cómo se sentiría cómoda si la dejo usar un cuello de tortuga con mangas largas?

—Tampoco usaría algo así —corrigió la aludida, luciendo ligeramente indignada—. Iré a ver si necesitan mi ayuda en el Salón de Baile, con permiso.

—¡No te tardes mucho! ¡Aún falta la prueba final! —le recordó Mar a gritos, obteniendo un suspiro pesado por respuesta antes de que Mary saliera de la habitación—. No me agradece lo mucho que hago por ella.

—Si no la forzaras tanto, creo que lo agradecería más —señaló Lily, sonriendo con suavidad para amenizar la expresión ofendida que se ganó—. Me parece que la abrumas, solo un poco.

—Yo solo quiero que salga de su cascarón, es todo —se excusó Mar, suspirando con cansancio—. Pero ella está negada a dejarse ayudar.

—Creo que es muy atento y dulce de tu parte que la ayudes a soltarse —confesó Lily, completamente sincera—. Pero deberías tratar de ir a su paso.

—Sí, supongo que tienes razón —chasqueó la princesa, entrecerrando los ojos—. Siempre sabes que decir, Lily. No hay duda de por qué James te adora.

El comentario le arrancó una sonrisa sincera, pero no pasó por alto el giro incómodo que daba su corazón.

—La gente debería recordar estos momentos cuando me llaman egoísta, es tan grosero —siguió diciendo Mar, inclinándose sobre la cama para abrir el forro de uno de sus vestidos—. ¡A mí! Que solo trato de ayudar al prójimo.

—Si por ayudar te refieres a usarnos como maniquíes vivientes... —bromeó Lily, aguantando la respiración mientras Mar sacaba la prenda.

—No habrá un maniquíe viviente mejor vestido —le aseguró la chica, entregándole el vestido con una sonrisa satisfecha—. ¡Anda, pruébatelo ya!

Lily sujetó la percha que ella le tendía y la sostuvo en alto, sintiendo alivio ante lo que pudo observar a simple vista. Era clásico, sin extravagancias, justo como le gustaba.

Dos cosas la sorprendieron cuando entró al vestidor de Mar. La primera, que el vestido se ajustó de manera perfecta a su silueta; no sobró ni faltó un centímetro de tela, había sido diseñado especialmente para ella con todas las medidas exactas y sin perder detalle.

La segunda, tenía más que ver con lo preciosa que resultó ser la prenda.

La tela de razo azul marino se amoldaba de manera precisa a su cuerpo, cayendo hasta el piso en una falda recta. No tenía mangas, pero el escote lineal no era nada que Lily no pudiera soportar. Lo que más le gustó —y en verdad fue el toque mágico que hacía resaltar el vestido—, fueron las dos columnas de tul escarchado que caían fluidamente desde su falda, rozando el piso en forma de cola de novia.

—Está hermoso —Fue lo primero que le dijo a Mar cuando regresó a la habitación, y se encargó de que su expresión lo reflejara—. ¡No puedo creer que hayas creado un vestido tan espectacular y vayas a dejarme usarlo!

—Pero claro que voy a dejarte usarlo, lo hice para ti —se burló la chica entre risas, aunque la satisfacción en sus ojos no disminuyó—. Y de cualquier forma no es tan genial como el mío. Soy la anfitriona después de todo —La sonrisa arrogante con la que comentó eso hizo que Lily rodara los ojos—. Pero continuemos, ¿te queda bien? ¿No te aprieta? ¿Está suelto en algún...?

—Me queda perfecto —le aseguró la pelirroja, caminando hacia a ella para volver a admirar su reflejo en el espejo—. Lo hiciste increíble, Mar. No hay nada que arreglarle.

—Fue fácil aprenderme tus medidas. Dos vestidos y ya estaba lista —alardeó ella, examinándola con su ojo crítico para corroborar que todo estuviera en orden—. Me encanta haber acertado con el color, queda perfecto con tu cabello y el tono de tu piel —Subió la mirada a su rostro y frunció el ceño, analítica—. Creo que un moño alto quedará perfecto. Y podemos agregar unos accesorios.

—Ah sí, yo también lo pensé. ¿Tienes algún collar que me prestes?

—Cariño, no solo tengo collares para ti.

Todos esos meses con James la hicieron temer en el acto la sonrisa encantada que Mar esbozó. Era la misma que usaba su hermano cuando estaba por mostrarle algo ridículamente costoso.

—Mar, solo necesito una fantasía —farfulló Lily, abriendo los ojos de manera suplicante—. Una cadena plateada sencilla. Seguro tienes una que...

—¿Crees que dejaré que uses fantasía con un vestido así? Por favor —resopló Mar, haciéndolo sonar como algo inconcebible. Se dio la vuelta y caminó hacia su vestidor—. Esto es insólito...

Lily tragó saliva y tomó una profunda respiración mientras esperaba su regreso, rogando que aquello que había ido a buscar no fuera una exageración.

Desde luego, aquello se terminó quedando corto.

—A ver, técnicamente no debería prestarte esto porque son joyas de la corona —Lily se sintió desvanecer cuando Mar comentó eso, apareciendo nuevamente con dos cajas negras en la mano—. Pero tomando en cuenta que pertenecen al pueblo, terminas teniendo más derecho sobre ellas que yo...

—Marlene... No —decretó la pelirroja, sonando menos autoritaria de lo que hubiera deseado a causa del espanto—. No puedo y no lo voy a hacer. No voy a usar...

—Puedes y lo harás —contradijo la rubia, sentándose en la cama y haciéndole una seña para que se acercara—. Deja de decir tonterías, son solo joyas.

—¡Joyas qué cuestan una fortuna! —exclamó Lily, viéndola con exasperación. Sus ojos casi abandonaron su rostro cuando Mar abrió una de las cajas—. Es... Es demasiado ostentoso, no... ¿Eso es una tiara?

—Sí, pero relajate que es para mí —desestimó Mar con una sonrisa resuelta, rebuscando entre las brillantes joyas—. Para ti solo tengo una gargantilla... Y quizás estos brazaletes y pendientes a juego...

—Mar... —Volvió a intentarlo, suplicante.

—Lily, esta es casi la única parte divertida de ser una princesa real —confesó la chica, sacando el labio inferior en un puchero ridículo—. Déjame compartirlo contigo.

Seguía tan reacia que hubiese sido fácil negarse, pero Mar ya se había hecho un lugar en su corazón que le dificultaba no sucumbir a sus peticiones.

Por otro lado, tenía los ojos de James... y las joyas eran lindas.

—Solo porque es tu cumpleaños —se rindió al final, suspirando con resignación y sentándose junto a ella, teniendo cuidado de no arruinarse el vestido—. Y porque confío en que así me veré mejor.

—Lily, te juro por el honor que te has ganado como mi cuñada favorita que, después de mí, serás quién mejor se vea esta noche.

Lily se rió y giró los ojos, dejándola hacer y permitiéndole que le probara la mitad de los accesorios que fue encontrando en las cajas.


Sirius no podía haber adivinado cómo iban a resultar las cosas esa noche, y de haberlo sabido, seguramente habría asistido de todas formas.

Aunque tomando en cuenta como se le estaba dando afrontar las situaciones difíciles, quizás no lo habría hecho.

Él no era cobarde, nunca lo había sido. Si tenía que hacer algo, iba y lo hacía, sin importar las consecuencias. Y sin embargo, postergar la decisión que había tomado antes de partir de Italia le estaba resultando demasiado fácil.

Había barajeado incontables excusas hasta dar con una que le había quedado como anillo al dedo: No podía hacerle eso a Mar, no antes de su cumpleaños.

Podía hacerlo después, sin ningún problema, dejaría que viviera su noche de fantasía y luego se lo diría.

Por desgracia, ese luego estaba a punto de llegar y él aún no se sentía listo para afrontarlo.

Ya ni siquiera estaba seguro de si llegaría a estarlo.

—Ey, ya corta con la cara de mortificación —se mofó Peter, sacándolo de sus pensamientos. Estaba parado frente a él, luciendo muy contento de no ser el receptor de las bromas—. Mar no va a obligarte a bailar el vals ni nada parecido.

—¿Y cómo estás tan seguro? —replicó Sirius, recuperándose de inmediato y esbozando una sonrisa peligrosa—. ¿Te lo dijo tu novia?

—¿Qué dices? —saltó el aludido, sonrojándose furiosamente—. Yo no... No tengo...

—¿Estaba vestida cuándo te lo dijo? Porque sino, puede que hayas confundido sus palabras. Es normal, a mí me ha pasado...

—¿Pero qué mierda...?

—No lo escuches, Pete. Solo dice estupideces —intervino Remus, ignorando la mirada indignada que le dedicó su amigo—. Y tú, déjalo en paz.

—Él me estaba molestando antes —se excusó Sirius, apuntando a Peter con el dedo—. ¿Por qué no le dices nada?

—No seas imbécil, Sirius —espetó Remus, entornando los ojos con cansancio.

—Mejor pídele algo que pueda cumplir —masculló James con un importado tono casual.

Sirius giró la cabeza, encontrando a su amigo parado frente al espejo terminando de arreglarse. Él abrió la boca para replicar, pero la cerró a último segundo, chasqueando con irritación.

Al principio de la noche había creído que su actitud de mierda tenía que ver con todo lo que estaba lidiando esa semana, pero entonces había descubierto que a Peter y a Remus los estaba tratando con normalidad. Y no que a él lo estuviera maltratando, pero había algo que no iba bien. Sirius lo sabía, lo conocía a la perfección.

—Ella no es mi novia —murmuró Peter, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño—. Solo hemos salido como tres veces.

—¿Ese no es un nuevo récord para ti? —siguió molestándolo Sirius, desviando la mirada de James para sonreírle con malicia—. Quien sabe, quizás en la cuarta te deje tocarle una...

—Eres un asco —lo interrumpió Remus, empezando a lucir enfadado—. Solo a Mar se le habría ocurrido invitarte.

—Ey, pero si me estoy metiendo con la novia de Peter, no con la tuya —aclaró Sirius, sin intimidarse por la mirada asesina que su amigo le lanzaba—. Por ti ya no me tengo que preocupar, Remus. Sé que te has estado divirtiendo desde que volvimos de Italia...

—Ese no es tu maldito problema, Sirius.

—¿Es eso una afirmación o una negativa?

—Solo estás celoso porque se divierte más que tú que no has pasado por aquí en semanas —intervino Peter, tratando de frenar la tormenta que se avecinaba—. Y que James.

—Gracias, Peter —bufó el aludido, dedicándole una mirada significativa.

—¿Y qué James, uh? —Sirius encontró la mirada de su amigo a través del espejo y enarcó una ceja—. ¿Problemas en el paraíso?

—Voy a citar a Remus y te diré que ese no es tu problema.

Esa vez, Sirius no necesitó preguntarse si la actitud hostil de James era producto de su imaginación, el silencio gélido que cayó sobre la habitación fue suficiente confirmación.

—Eh, bueno yo… Creo que ya va a empezar la… —balbuceó Peter, tragando saliva y mirándolos a todos, nervioso—. ¿Remus, me acompañas?

El aludido no dio señal de haber escuchado. Se limitó a entrecerrar los ojos y pasar la mirada entre sus dos amigos, estudiándolos por separado. Sirius sintió que se le calentaba la sangre cuando lo miró a él, utilizando esa expresión de guardia que le ponía los pelos de punta.

—¿Qué? ¿Quieres saber si tienes que protegerlo de mí? —le espetó con violencia.

—Cierra la boca —Fue toda la respuesta que Remus dio. Tomó un suspiro pesado y chasqueó con resignación—. Los veo afuera.

Le hizo una seña a Peter y éste miró a sus amigos en una mezcla de confusión y preocupación antes de seguirlo.

—¿Ya me vas a decir qué mierda te pasa? —soltó Sirius cuando estuvieron solos.

—¿Por qué me pasaría algo? —zanjó James, aun de espaldas, encogiéndose de hombros y desesperándolo—. El que se comporta como imbécil, para variar, eres tú.

—No me jodas, James —resopló Sirius, enojado. Se puso de pie con brusquedad y se acercó a él—. ¿Qué acaso nos estamos conociendo? Si tienes algún problema, me lo dices y ya está.

James se tomó varios segundos antes de reaccionar a sus palabras, dejando que la frustración creciera más dentro de su amigo.

Se giró con una expresión seria y hostil en el rostro que Sirius le mantuvo como siempre lo hacía.

Cuando por fin habló, la respuesta no resultó tan sorpresiva.

—Escuché lo que hablaste con Lily —confesó James, apretando las mandíbulas ante el recuerdo—. Lo que le dijiste cuando estábamos en Italia.

Entonces, fue el momento de Sirius para guardar silencio, sintiendo como su cerebro empezaba a trabajar a toda velocidad.

No fue una sorpresa, porque ya presentía que el enfado de su amigo estaba siguiendo ese rumbo. Sin embargo, no se había imaginado que lo hubiera escuchado directamente. Enterarse provocó un peso muerto sobre su estómago.

—James, escucha…

—No es asunto mío, Sirius. No lo ha sido en ningún momento —lo interrumpió James, apenas variado su expresión seria—. Mar no es una niña, ella sabía en lo que se estaba metiendo. Al igual que tú. Por eso nunca intervine.

—Solo déjame…

—No tienes que explicarme nada. Entiendo por qué quieres terminar con ella y no puedo decirte que no sea lo correcto —Aquella declaración fue bastante fría, mucho más de lo que se podía esperar de James. Al menos así lo sintió Sirius—. Pero deja de darle putos rodeos y haz lo que tienes que hacer. ¿No crees que mientras más lo retrases ella más va a…?

—Claro que lo sé —aclaró Sirius de inmediato, ignorando el salto que dio su corazón al adivinar el resto de l frase—. Pero no iba a hacerle esa mierda antes de su cumpleaños, James. No soy tan imbécil —resopló y se pasó ambas manos por el cabello, nervioso—. Después de hoy no le voy a dar más vueltas. Te lo juro.

—Eso espero —murmuró James con desgano. Parecía que iba a dejarlo hasta allí, pero continuó a último momento, mirándolo a los ojos y suavizando las facciones—. Y también espero que sepas que no importa cuánto tiempo lo postergues, no hay muchas posibilidades de que esto salga bien.

Sirius no pudo frenar a sus comisuras que se elevaron solas en una mueca amarga e irónica.

Eso no hacía falta que nadie se lo dijera. Él lo sabía a la perfección.

—Apenas se acabe esta fiesta, haré lo que debo hacer —le prometió a su amigo, dedicándole una mirada limpia y sincera.

James le creyó y movió la cabeza en forma de asentimiento para dejárselo saber.

Soltó un suspiro pesado y le dio una palmada firme en el hombro, como buscando darle fuerzas o ánimo, o ambas. Él se lo agradeció internamente, sabía que iba a necesitarlo.

No agregó más nada antes de darse la vuelta y salir de la habitación. La culpa ya era suficientemente grande y no necesitaba la influencia de James para sentirse peor.

No debía faltar mucho para que empezara el evento, y había algo que Sirius quería, y necesitaba, hacer antes.

—¿Qué demonios haces aquí? —preguntó Mar, sobresaltada, cuando él abrió su puerta sin tocar—. ¡Aún no estoy lista, tarado! ¡Fuera!

—No seas ridícula, Mar —desestimó Sirius, entrando a la habitación y cerrando tras de él—. Me enviaste una galería completa de fotos de ese vestido. Lo conozco casi mejor que tú.

—Pero no es lo mismo a que me lo veas puesto —se empecinó la chica, parada a mitad de la habitación, casi lista. Se cruzó de brazos y lo miró resentida—. Acabas de cagar la impresión que quería causar.

—Marlene, ya perdí la cuenta de todas las veces que te he visto desnuda —señaló Sirius, esbozando una sonrisa maliciosa—. Créeme, esa impresión me basta y sobra.

—Eres un cerdo —espetó Marlene, pero no alcanzó a frenar la sonrisa que apareció en su rostro—. Al menos dime si te o gusta o si perdí el tiempo.

Sirius, que había estado caminando hacia ella, se detuvo en su lugar para mirarla de arriba abajo, sintiendo como el aire se le atoraba en la garganta.

De moda él no tenía ni puta idea, compraba lo que necesitaba y lo hacía por puro instinto. Pero eso no impedía que pudiera asegurar, sin rastro de duda, que Mar tenía un talento inigualable.

Le encantaba particularmente como la chica conocía su cuerpo a la perfección, haciendo resaltar todas las curvas en las que él se perdía como un imbécil.

—Podría aguantar las ganas de arrancártelo —dio como respuesta, carraspeando con la garganta para aclararse. Sonrió con picardía y colocó las manos en el corset de encaje—. ¿Te deja satisfecha esa respuesta?

—Um, digamos que sí. Bastante —decidió Mar, sonriendo encantada y dejando que la atrajera a él—. Igual, no tienes que ser tan brusco. Puedes quitármelo como una persona decente.

Sirius gruñó, sintiendo un jalón agudo en la entrepierna. Se tomó un momento para dar con la mejor respuesta.

Era algo que se había debatido sin cansancio todo el día, si debía o no volver a tener sexo con Mar antes de hablar con ella. Lo deseaba tanto como siempre, más si era posible, las ganas de embriagarla de placer y sentirla explotar entre sus brazos lo quemaban desde el centro del estómago. Sin embargo, no alcanzaba a acallar a las voces en su cabeza que le repetían que no sería correcto.

—Eso lo dudo —masculló, sincero, haciendo presión sobre su agarre. Se obligó a tomar una profunda respiración para aclarar sus pensamientos—. Pero podemos hablar de eso cuando se acabe la fiesta. No querrás que tus invitados te vean sudada y roja…

—Ay, sí, como a ti te importan tanto mis invitados —Mar entornó los ojos con ironía, obligándolo a soltarla—. Anda con ellos si es así, yo tengo que terminar de maquillarme y…

—Espera, vine porque quería darte algo antes de que empezara todo —le explicó Sirius, hablando rápido sin quererlo. Subió una ceja con sugerencia—. Después creo que no nos dará tiempo.

—Espero que no —La chica trató de que su sonrisa peligrosa disfrazara la sincera emoción en su rostro, sin éxito—. ¿Me trajiste un regalo? ¿De verdad?

—Me ofende la sorpresa —mintió Sirius, sabiendo que se lo merecía. Metió la mano en el abrigo de su traje y rebuscó en su bolsillo—. Y no es tanto un regalo, es más bien algo que…

Mar no lo dejó terminar, apenas lo vio sacar el paquete mediano se lo arrancó de la mano, apresurándose a romper el papel como si no hubiera recibido regalos en todo el día.

Sirius aguantó la respiración durante todo el momento, preguntándose si habría acertado o qué tan mala habría sido la idea.

—¿Un... cuaderno? —Se extrañó Mar, observando confundida el objeto—. ¿Quieres ser parte de mi tonta tradición con James?

—No es cualquier cuaderno, imbécil —le espetó él con brusquedad, odiándola un poco por obligarlo a explicarle—. Es una libreta de bocetos y mierdas así. Lily lo encontró en internet, aparentemente los diseñadores lo usan.

No se molestó en explicar que Lily lo había encontrado porque él se lo había pedido. No le pareció necesario comentarlo.

—No sé, solo se me ocurrió que podrías dibujar tus vestidos y eso —explicó sin necesidad, tratando de restarle importancia. Ella no decía nada y eso lo ponía nervioso—. Igual si no te gusta, lo puedo devolver, es…

Olvidó el resto de la oración cuando sintió los brazos de Mar alrededor de su cuello, obligándolo a inclinarse hacia ella para besarlo.

Él se calló, con gusto, y la abrazó con firmeza para responderle. En esa semana no se había detenido a pensar en cuánto había añorado aquello, pero en ese momento la realidad lo golpeó sin tregua.

Lo había extrañado más de lo que podía entender.

—Me encanta —murmuró Mar, sonriendo sobre sus labios y volviendo a besarlo—. Y me hacía falta, muchas gracias.

Sirius hubiera deseado poder ignorar la forma en que su corazón se aceleraba ante su respuesta, quizás así no habría sentido la necesidad de seguir retrasando lo que tenía que hacer.

—Mar…

—¿Qué ocurre?

Sonrió con amargura al no poder responder esa pregunta.

Ocurría que la había cagado, que había sido un imbécil y se había perdido por ella completamente. Ocurría que había decidido adentrarse en un laberinto sin salida, esperando que ésta apareciera de un momento a otro. Eso nunca había sido una opción, y ya lo había entendido.

Se había arriesgado como si en algún momento hubiera existido una posibilidad para ellos, como si las estrellas pudieran alinearse para que lograran encontrar una forma de hacerlo funcionar, de seguir adelante.

No podía decirle nada de eso, al menos no en ese momento.

—Espero que hayas pedido alcohol decente —Fue lo mejor que se le ocurrió decir, sonriendo con tranquilidad, como si nada estuviera pasando—. Y que hayas pasado la cortina del trono. Podríamos regresar ahí, sería un buen reencuentro.

Decidió concentrarse en la sonrisa sugerente de Mar, esa que le prometía una velada fabulosa, como todas las que había pasado junto a ella.

En lo demás podría pensar en la mañana siguiente, entonces tendría que afrontar la realidad. Mientras tanto, podía vivir en la misma mentira que se había contado esos últimos meses.

Todavía tenían esa noche.


El corsé de encaje rosa pálido y la falda de plumas blancas que Mar había decidido usar se habían robado todas las miradas desde su gran entrada. Lily sabía que eso era justo lo que la chica había querido, —posiblemente era una de las cosas que más ilusión le causaban sobre su fiesta—, así que la había llenado de alegría verla cumplir su misión.

También le alegraba que hubiera tenido razón: todas las miradas estaban sobre ella, nadie parecía percatarse de que Lily llevaba joyas prestadas que brillaban más que todos los adornos de plata que cubrían el salón, y era un verdadero alivio.

Al menos casi nadie había reparado en eso.

—Ey, ¿por qué me parece familiar ese collar? —le había dicho James al verla, entrecerrando los ojos, pensativo—. Um, creo haberlo visto en tu dormitorio cuando…

—Cállate —le había espetado Lily, sonrojándose desde la raíz del cabello y mordiéndose la cara interna de la mejilla para no sonreír—. Le dije que no era necesario, pero ella no escucha…

—¿Que mi hermanita no escucha? Pero qué cosas dices —fingió escandalizarse él, antes de suspirar y dedicarle una mirada de disculpas—. Entiendela, ella cree que son chucherías que se compraron en una quincalla.

—¿Sabes lo que es una quincalla? Me impresiona, alteza —lo molestó ella, divertida—. Especialmente que sepas eso y no la diferencia entre un collar y una gargantilla, pero realmente no puedo juzgar.

—Ya, qué graciosa —James rió por lo bajo y acortó la distancia entre ellos, tomándola de la cintura e inclinándose para robar un beso de sus labios—. Estás preciosa, por cierto.

Desde luego, Lily solo había logrado sonreír como tonta y devolverle el beso, suspirando ante el contacto.

No se habían visto desde el incidente con los paparazzi, y aunque habían hablado todos los días, las cosas se habían sentido muy tensas.

En ese instante, escondidos en una esquina cerca del salón de baile, todo pareció volver a la normalidad, para alivio de ambos.

—No se lo digas a Mar, porque se pondría a llorar —había murmurado el chico entre besos—. Pero estoy seguro de que eres la más preciosa de toda la fiesta.

—Es imposible que estés seguro porque aún no has visto a nadie —señaló Lily, entornando los ojos y tomándolo de la mano para jalarlo hacia la puerta—. Al final de la noche me das otro veredicto, ¿de acuerdo?

James se dejó arrastrar hasta el salón sin poner objeciones, pero sí añadiendo más comentarios que solo le ganaron más torcidas de ojos por parte de la pelirroja.

Adentro encontraron a muchos amigos de James y Mar que había conocido a lo largo de esos meses, por lo que logró sentirse mucho más cómoda que en otras ocasiones. También se debió al hecho de estar rodeada mayormente por gente de su edad que solo estaba esperando divertirse, a diferencia de otros eventos a los que había ido con él.

Pero a pesar de que se había sentido bien, siempre mejoraba ver una cara amiga.

—¿Te parece normal que haya tanta gente y la comida no se acabe? Te lo digo, Lily, algo extraño está pasando —le había dicho Tonks, abarrotando de tentempiés su plato—. No entiendo por que ser rico y comer bien parece ser excluyente para esta gente, es ridículo.

—Supongo que están acostumbrados a estos banquetes —comentó divertida la pelirroja, robándose un camarón de la gran mesa frente a ellas—. No tienen necesidad de comer como si no fueran a volver a ver uno.

—Eso me hace sentir un poco miserable, pero todo luce muy delicioso como para ofenderme —se excusó Tonks, haciendo reír a su amiga—. ¿Y tú no vas a comer? Deberías tener algo en el estómago si vas a seguir bebiendo…

—Gracias por el consejo, madre —Lily rió por lo bajo y le dio un trago a la copa de champagne que tenía en la mano—. Comí suficiente hace rato, no quiero abusar y que el vestido me pase factura.

—Yo lo dudo, te queda como un guante —la halagó Tonks, detallándola con una sonrisa aprobadora—. Mar hizo un excelente trabajo. Aunque ya me estoy haciendo a la idea de verte como una princesa así que…

—No seas tonta —desestimó Lily, dedicándole una mirada significativa, tratando de ignorar el giro nervioso de su corazón—. A ti pudo haberte dejado así, si hubieras aceptado su oferta. También quería ayudarte…

—Gracias, pero no. Fue un bonito gesto de su parte, pero sabes que me gusta divertirme escogiendo mi propia ropa.

Lily le sonrió con cariño. Claro que lo sabía, Tonks no necesitaba de ningún asesor de imagen —ni siquiera una tan buena como Mar—, porque tenía un estilo único que nadie podía mejorar. Ella la adoraba por eso.

—Y Remus dijo que le gustó mi vestido así que —se encogió de hombros y sonrió emocionada—. Creo que no lo hago tan mal.

—Para nada, lo haces estupendo —le aseguró Lily, tomando un mechón rosado de su cabello y colocándolo detrás de su oreja—. ¿Por qué no vas a buscarlo? Yo volveré con James y nos vemos en la mesa más tarde.

—Excelente idea, tengo que apresurarme a terminar esto. No sé cómo, pero no me iré esta noche sin obligarlo a bailar. Ya se lo dije: ¡Al menos una canción!

La pelirroja se echó a reír con ganas y le deseó suerte antes de dejarla ir, esperando que se siguiera divirtiendo el resto de la fiesta.

Nada parecía indicar que pudiera ocurrir lo contrario y quizás ese fue su error, confiar en que nada podía hacer que aquella noche terminara mal.

—Solo déjame sentarme un minuto, James. Necesito descansar —le pidió la pelirroja, dejándose caer en una de las sillas de su mesa—. Dios, creo que van a sangrarme los pies…

—Estoy seguro de que eso es médicamente imposible, pero tú eres la universitaria —se mofó él, sonriendo con inocencia ante la mirada severa que se ganó—. Está bien, creo que bailamos suficiente por la noche.

—Definitivamente —suspiró Lily, aliviada al sacarse los tacones por debajo de la mesa—. No sé cómo conseguí que Mar me convenciera de usar estos zapatos. ¡Son demasiado altos!

—Sí, y me pareció bastante innecesario. Tonks vino en converse…

—Solo ella tiene el estilo suficiente para usar eso con un vestido de gala —señaló ella, soltando una risita divertida—. Además, tu hermana me hubiera matado de sugerirlo.

—No tengo las razones suficientes para negar eso —bromeó James, inclinándose para encontrar su tobillo y colocar su pie sobre su regazo—. Agradezcamos que cumple años una vez al año.

Lily rió por lo bajo y soltó un pequeño suspiro de comodidad cuando él empezó a masajear sus pies, aliviándola del dolor que se había acumulado.

—Um, estoy segura de que es muy inapropiado hacer esto aquí…

—Bah, nadie nos está prestando atención —desestimó el chico, continuando con su masaje con normalidad—. Para esta hora de la noche todos están demasiado ebrios.

—Eso no es excluyente a si están o no prestando atención —comentó Lily, aunque no parecía nada dispuesta a detenerlo.

—Ey, ¿de qué me sirve el poder si no puedo aliviar el dolor de mi novia cuando es necesario? —inquirió él, esbozando una sonrisa que no fue tan brillante como era usual—. Además, sigo siendo el idiota que golpeó a un paparazzi. Esto no es tan inapropiado.

—Supongo que no —murmuró la pelirroja, tensándose ante el recuerdo de esa noche—. Y no eres un idiota… —Él no respondió, y aunque lo mejor hubiera sido cambiar el tema, no lo hizo—. Oye, no… No me has contado cómo siguió ese asunto…

—Claro que sí, te dije que me habían llenado la agenda de eventos —le recordó él, evasivo—. Hay que limpiar la imagen y eso…

—Sí, pero no me dijiste mucho más —insistió ella, acercándose más para que solo él escuchara—. ¿Tu padre te dijo algo…?

—Lily, ¿te parece que sea el mejor lugar para hablar de esto?

—Pues no lo hemos hablado desde que pasó.

—Porque no hay nada de qué hablar —replicó James, demasiado cortante—. Seguirá siendo una estupidez lo conversemos o no.

Su actitud tan defensiva le cayó bastante mal a Lily que se había acostumbrado a platicarlo todo con él, era la forma en que resolvían todo. No habían tenido problemas mayores durante su relación, pero los que habían tenido los resolvían comunicándose.

—No había tenido la oportunidad, pero quería decirte que lo lamento —le dijo ella, bajando la voz—. Pude haber reaccionado mejor.

—El único que pudo reaccionar mejor fui yo —chasqueó James, suspirando y frotándose los ojos—. Está bien, Lily, en serio. Déjalo así…

Ella suspiró, bastante frustrada por su negativa, pero lo dejó estar. Le parecía una estupidez arruinar la noche por insistir en un tema que él obviamente no quería tratar.

Esperaba que lo hicieran en algún momento, necesitaban hacerlo, pero lo harían cuando él no estuviera tan a la defensiva.

—Bueno, si no quieres hablar… ¿Te importaría ir a buscarme un trago? —Sacó el labio inferior tratando de lucir adorable, y bajar la tensión—. ¿Por favor? Tengo bastante sed y aún no puedo caminar.

—Ahora solo te estás aprovechando —fingió reclamarle él, pero soltó una risita y asintió—. Pero tienes que aguantar hasta picar el pastel así que, tus deseos son órdenes.

Le dedicó una sonrisa agradecida y bajó las piernas de su regazo, dejándole el camino libre para que se levantara.

Se enderezó en su silla, picando algunas sobras que habían dejado más temprano en sus platos. Empezaba a arrepentirse de no haberle hecho caso a Tonks más temprano, no había comido tanto como para aguantar la noche entera. Esperaba que a James no le fuera a molestar volver a irse para buscar comida cuando regresara, aunque en serio lo dudaba.

Estiró el cuello para tratar de buscarlo entre la multitud, encontrándolo poco antes de la mesa de bebidas, dónde se había detenido a charlar con unas personas. A su pesar, Lily entornó los con diversión, preguntándose cómo tantas habilidades sociales podían vivir dentro de una persona.

—¡Ay, Lily, qué bueno que te encuentro! —exclamó una voz por detrás de ella, tan conocida que le provocó un giró a su estómago—. Creí que no te encontraría entre tanta gente…

—Eh, yo… Hola, Priscilla —saludó la pelirroja, tratando de sonar compuesta a pesar de haber sido agarrada tan fuera de guardia—. Qué sorpresa verte.

Luego de decirlo, se preguntó si habría sido un comentario imprudente. Era la verdad, no se había esperado que la ex novia de James estuviera presente en la fiesta, especialmente porque le había quedado claro que no era del agrado de Mar. Le sorprendía que la hubiera invitado, aunque suponía que había sido por cortesía.

—Sí, lo sé, llegué súper tarde —se lamentó Priscilla, tomando asiento en la silla que James había dejado libre—. No le digas a nadie, pero es que no estaba segura de venir. Este tipo de fiestas no son muy lo mío…

—Me lo imagino —comentó Lily, tratando de sonreír como si sus pies no trataran de encontrar sus zapatos debajo de la mesa—. Qué bueno que te decidiste. Luces preciosa, por cierto.

—No seas tonta, si me puse una tontería —desestimó la chica con un movimiento de su mano—. Pero tú sí que decidiste robarte las miradas. Me sorprende que la cumpleañera no se haya puesto celosa.

—Es que ella luce impresionante, nadie podría quitarle el protagonismo —explicó la pelirroja, esperando que no se notara lo protectora que se estaba sintiendo con Mar—. Está usando una diadema.

—Qué sorpresa —soltó con sarcasmo, riéndose—. Sabes que a ella le gusta más jugar a la princesa que de hecho ser una.

A Lily el comentario le cayó bastante mal, a pesar de saber que no podía enfadarse ni ofenderse por algo que técnicamente era verdad.

—Es muy buena en ambas —comentó, como quien no quiere la cosa—. Pero supongo que la primera solo la divierte más.

—¿Y cómo no? Es la parte más fácil —le dijo eso con una complicidad que Lily no correspondió, pero antes de que pudiera replicar, ya Priscilla seguía hablando—. ¿Y el príncipe dónde está? Creí que estaría contigo…

—Fue a buscarme algo de beber, no debe tardar —Espero.

—Siempre tan atento. ¿Y cómo ha estado? La verdad es que he pasado toda la semana preocupada por él —confesó la chica, suspirando con gravedad—. Tras el asunto con los fotógrafos, debe haber sido todo tan estresante…

—Sí, bastante —murmuró Lily, sintiéndose bastante incómoda de comentar eso con ella—. Pero James es… Ya sabes, se mantiene fuerte y optimista en toda situación.

—Así es él —asintió Priscilla, esbozando una pequeña sonrisa—. Por eso me sorprendió tanto que perdiera los estribos de esa forma. Está más que acostumbrado a esas situaciones.

—Había estado bajo mucha presión esos días —recordó Lily, sintiendo un nudo apretándole el pecho.

—Eso supuse, y estando contigo imagino que eso se habrá incrementado —Ella pasó por alto la mirada pasmada de la pelirroja, sonriendo con condescendencia—. Estaba tratando de protegerte.

Aquello se sintió como una acusación, Lily no alcanzó a verlo como otra cosa. Y la parte más desagradable fue que, si era lo que estaba buscando, consiguió hacerla sentir culpable.

—Le he dicho que no hace falta —murmuró Lily, fallando en ocultar su mortificación—. Ya me estoy acostumbrando a los fotógrafos, es solo que…

—No es difícil, lo sé. Nadie te juzga por ponerte nerviosa —le aseguró Priscilla, demasiado cariñosa—. Soportar ese tipo de atención no es para todo el mundo. Está bien que no sea lo tuyo…

—Yo no he dicho eso —le cortó Lily, empezando a cansarse de ser amable—. Voy a acostumbrarme, pero…

—Lily, creo que es lindo que quieras intentarlo, pero va a llegar un momento en el que tendrás que sincerarte. Contigo misma y con él.

Lily era una persona con una paciencia bastante grande, todos se lo decían constantemente, pero eso no significaba que no tuviera unlímite.

Uno que aquella chica acababa de quebrar.

—Creo que primero vas a tener que sincerarte tú conmigo, Priscilla. Y explicarme de verdad que es lo que quieres decir.

—Lily, creo que me malentiendes…

—Eso es porque desde que te conozco no has dejado de darle vueltas al asunto —atajó Lily, fallando en su intento de no sonar demasiado hostil—. Así que es hora de que vayas al punto.

Obviamente tomada por sorpresa, Priscilla se tomó un momento antes de responder, poniendo en orden y sus ideas y dándole tiempo a Lily de que hiciera lo mismo.

—Bien, te dire que es lo que me parece —decidió la chica, moviendo su silla para quedar más cerca de ella—. Me parece adorable que James esté tan encantado contigo y que tú le correspondas, pero creo que no sabes en lo que te estás metiendo. Ambos están ignorando muchos detalles obvios…

—¿Y tú cómo podrías saber eso? —intervino Lily, indignada—. No tienes idea de lo que pasa en nuestra relación, de las cosas que hablamos o…

—Soy muy observadora, Lily, hay cosas que no necesito que alguien me las diga —explicó ella, enarcando una ceja—. Por ejemplo, lo poco acostumbrada que estás a todo esto, lo incómoda que te sientes en los eventos a los que vas con él…

—Déjame decirte que me he sentido muy cómoda toda la noche, gracias por tu interés.

—¿Y quién no se siente cómodo en una fiesta? —inquirió Priscilla, sonriendo con sorna y haciéndola sentir tonta por el comentario—. No hablo de eventos como éste, Lily. Hablo de a los que aún no has ido. Las reuniones con presidentes, con otros monarcas… ¿Crees que has conocido gente importante hasta ahora? Te aseguro que no se compara con los que tendrás que conocer en el futuro.

Lily de repente se sintió demasiado abrumada para responder, y demasiado ridícula por no haber pensado en nada de eso en todo ese tiempo. También se sintió enfadada con James por no haberle comentado nada, por no haberla preparado para esa realidad que ahora le estaban escupiendo a la cara.

—No digo que no se quieran y lamento ser yo quien te diga que eso no es suficiente —Ella no parecía lamentarse, ni un poco—. Pero James no es cualquier chico, y definitivamente no puede tener a cualquier chica a su lado.

—Bien, creo que eso ya fue…

—Creo que ya nos quedó claro tu punto, Priscilla —La voz de James hizo que ambas se sobresaltaran—. Gracias por explicarlo.

—¿Qué…? ¿Cuánto tiempo llevas ahí? —le preguntó Lily, sorprendida por su repentina presencia. Casi había olvidado que estaban en la misma fiesta.

—El suficiente —suspiró el chico, dejando sobre la mesa el trago que había traído—. Pri, creo que ya puedes ir a disfrutar de la fiesta.

—James… —boqueó ella, más nerviosa de lo que Lily había logrado verla las dos veces que se la había topado—. Yo no… Sabes que solo quiero lo mejor para ti.

—No lo dudo —chasqueó con ironía. No lucía nada contento—. Ahora si me disculpas, necesito hablar con Lily.

Por un segundo pareció dispuesta a replicar, pero decidió lo contrario a último segundo, asintiendo con una expresión contrariada y poniéndose de pie. Se marchó sin dirigirle otra mirada a alguno de los dos.

—Lily… —empezó a decir James, poniendo una mano sobre su hombro.

—Puedo cuidarme sola, James —espetó de golpe, alejándose de su tacto—. No… Yo iba a responderle, no fue necesario que…

—Ven conmigo —le pidió él, sin molestarse por su rechazo—. Tenemos que hablar.

Lily sintió que su corazón se desprendía de su pecho cuando le dijo eso. Le bastó leer su expresión afligida para saber qué iba a decirle.

Por primera vez, deseó no conocerlo tan bien.


Sirius no sabía cómo habían terminado en ese armario, —solo la música retumbando en las paredes le dejaba saber que seguían cerca de la fiesta—, lo único que sabía era que estaba borracho y que la piel de Mar era intoxicante.

Tenía recuerdos vagos de las acciones que los habían llevado hasta allí. Podía visualizarse bailando muy cerca de Mar, con su cuerpo moviéndose muy pegado al suyo de una forma que había calentado la sangre en sus venas, esparciéndose por todo su cuerpo. La había besado con ganas, buscando bebérsela entera, sin importarle quién mierda estuviera viendo.

Y de repente ahí estaban, encerrados en ese cuarto con una luz demasiado tenue, apretándose uno contra el otro, buscando estar tan cerca como les fuera humanamente posible.

Recordaba su dilema de más temprano sobre si debía o no tener sexo con ella, pero en ese momento le parecía una sencilla estupidez. Tenían que follar, una última vez al menos, no podía acabar sin una despedida.

Y si Mar hubiera sabido cómo iba a terminar la noche, quizás le habría seguido la corriente.

—Sirius… Suéltame —le pidió ella, entre risitas sofocadas, aunque no hacía ningún esfuerzo por quitárselo de encima—. Tengo que… Tengo que volver…

—Mjm —Fue todo lo que él respondió, incapaz de soltarla. Estaba muy ocupado llenando de besos y lametones toda la piel descubierta que dejaba su escote—. Seguro…

—Es… Es en serio… —Volvió a intentarlo, suspirando con pesadez y arqueándose más hacia él—. Si no regreso, van a… Van a saber que…

—¿Lo duro que vamos a follar? —adivinó Sirius, trazando la curva de uno de sus senos con la lengua, sonriendo cuando la sintió estremecerse—. ¿Y eso cómo lo van a deducir?

—No será muy difícil —No pudo contener un jadeo cuando sintió sus manos cerrarse alrededor de sus nalgas—. Sirius…

—Ya vas a salir —le aseguró el chico, subiendo su falda lo suficiente para colar una mano entre sus muslos—. Solo resolveremos algo rápido…

—Eso me gustaría —Mar aguantó la respiración cuando sus dedos rozaron el borde de sus bragas—. Pero tendrá que ser después —Inhaló, buscando su fuerza de voluntad perdida en un rincón. Lo tomó por la muñeca cuando la encontró—. Sigo siendo la anfitriona.

—Mar… —se quejó él, suplicándole con la mirada—. Será rápido…

—Tú siempre dices eso y nunca cumples —señaló Mar, sacudiendo la cabeza y volviendo a tomar aire—. Ya, quítate…

—¿Ni siquiera me la puedes chupar rápido?

—Obvio que no.

—¿Y con la mano?

—Que no —repitió ella, entornando los ojos y tomándolo por los hombros para alejarlo—. ¿Por qué estás tan intenso? Cuando esto se acabe lo hacemos.

—Pero si lo hacemos ahora serán dos por la noche, tenemos que aprovechar todas las oportunidades.

—¿Y eso por qué…?

—Ya sabes, para seguir acumulando recuerdos —soltó sin darse cuenta de lo que decía, esbozó una sonrisa borracha y se encogió de hombros—. ¿Qué tal si esta noche es la última vez que follamos?

Cuando amaneciera y rememorara aquella conversación, Sirius se iba a preguntar si había sido la pregunta o la expresión en su rostro, la que había dejado entrever alguna verdad.

Quizás Mar solo lo conocía demasiado bien.

—Qué gracioso —resopló con una ironía nerviosa—. Ya me arruinaste el maquillaje, voy a ir al baño a retocarme —Terminó de quitárselo de encima para alcanzar la puerta. De repente lucía muy urgida por salir—. Cuenta hasta treinta y sales.

Sirius se rió por lo bajo, encontrando hilarante que en serio creyera que podía contar tanto.

Salió mucho antes de lo que ella le había indicado, pero no había nadie cerca que pudiera notarlo. Todos estaban ocupados disfrutando de los entretenimientos que Mar había encargado para la fiesta. Había hecho un trabajo estupendo organizando aquello y Sirius había sido testigo de lo feliz que eso la tenía.

Mientras se hacía paso entre los invitados regados por el salón, la mayoría tan borrachos como él, trataba de encontrar consuelo pensando en eso. En las cosas que hacían feliz a Mar; organizar fiestas carísimas, pagarse viajes ridículos y crear sus vestidos; en cómo había tenido todo eso desde antes de que empezaran aquella locura y lo seguiría teniendo cuando se terminara. Ella iba a estar bien, con o sin él, aún tendría sus distracciones y sus pequeños hobbies, seguiría siendo una princesa con toda la vida resuelta y lo que había pasado solo sería un buen recuerdo.

Eso era lo que quería creer, a lo que se aferraba mientras trataba de arrancarse del estómago la voluntad para hacer lo correcto.

Se sirvió un trago bien cargado de whisky y se recostó de una pared oculta por la mesa de bebidas. Sonrió con desgano y le dio un trago largo a su vaso, comprendiendo por fin por qué no solía hacer lo correcto. Era un puto sufrimiento.

—No puedo creer que su vestido sea tan hermoso…

—Qué novedad. Todo lo que ella se pone es hermoso.

—Es tan frustrante no saber quién es su diseñador…

—¿De verdad, Sharon? Es una princesa, debe tener uno personal escondido en el armario.

Sirius chasqueó la lengua y entornó los ojos con irritación, escuchando sin querer la conversación de dos invitadas que se habían apostado cerca de la mesa frente a él, ignorando su presencia.

Lo único que él encontraba frustrante era que Mar no pudiera decir abiertamente que lo que usaba lo había diseñado ella misma.

—¿Ese es el tipo con el que está saliendo?

—Por supuesto que no, ¿qué no te enteras de nada? El tipo con el que está saliendo es un bombón.

En otras circunstancias, Sirius hubiera sonreído con arrogancia ante el halago, pero estaba más interesado en enterarse de quién mierda estaban hablando.

No le llevó demasiado, solo siguió la mirada de las dos chicas hasta el punto brillante que era Mar, platicando al otro lado del salón con ese imbécil que recordaba de la escuela. Era el mismo tarado con el que la había visto el Día de Campo, luciendo tan cómoda y amigable como en ese momento.

Apenas se dio cuenta de cómo la mano con que sujetaba su trago se había agarrotado.

—Bueno, pero ese tampoco está tan mal. Y parecen conocerse…

—Es lo más seguro, iba al colegio con el hermano. Supongo que así todo será más sencillo…

—¿De qué hablas?

—Bueno… —La segunda voz calló, creando un irritante silencio, antes de continuar—. No lo escuchaste de mí, ¿de acuerdo? Pero ese es el sujeto que su familia quiere para ella.

—¿Cómo que quiere? ¿Te refieres a…?

—Sí, sí. Con el que quieren que se case. Que tengan niños, salgan en las fotos oficiales, saludando desde el balcón, blah, blah…

Por más que lo intentó, Sirius no pudo dejar de visualizar en su mente todo lo que esa chica estaba diciendo. Las imágenes simplemente empezaron a deslizarse frente a sus ojos, una tras otras, como en una exposición preparada.

Quería irse, no quería seguir escuchando esa mierda, pero sus pies no parecían capaz de moverse.

—¿Y tú cómo sabes eso?

—Mi tía asistió al conversatorio de jardinería de la Duquesa hace un mes. Estuvieron hablando y se lo dijo. Al parecer están esperando que termine con el otro para que lo intente con este.

—Por Dios, eso suena tan bizarro. Es como del siglo diecisiete. Ni siquiera creo que a ella le guste…

—¿Qué no sabes cómo se mueve el mundo, Sharon? No tienen que gustarse, solo tienen que verse bien.

Solo tienen que verse bien.

La oración no dejaba de repetirse en la mente de Sirius, contaminando sus sentidos. Atormentándolo.

Seguía con la mirada fija en el sitio dónde Mar estaba hablando con Colin, incapaz de dejar de pensar en que sí, definitivamente lucían bien.

Al imbécil lo había detestado toda la vida, porque era justo lo opuesto a él. Sí, tenían en común pertenecer a una familia aristocrática de mierda, pero a diferencia de Sirius, Colin cumplía con todo lo que se esperaba de él.

Y con lo que se esperaba de la persona que debía estar con Mar.

Sirius no se había dado cuenta de que había empezado a temblar de rabia hasta que se llevó el vaso a la boca y se lo terminó de un trago, dejando que el líquido le quemara la garganta, convirtiéndose en combustible para avivar el fuego que estaba ardiendo en su pecho.

Finalmente, sus pies parecieron responderle, aunque se movían más a su propio acorde, siguiendo el camino que lo llevaba al origen de su ira.

—Ey, estaba por ir a buscarte —le dijo Mar cuando lo vio, ignorando por completo el estado en el que estaba—. Me entretuve hablando con…

—Ven acá —la interrumpió Sirius, tomándola por el brazo con mucha más fuerza de la necesaria—. Tenemos que hablar.

—¿Ah? Sirius, qué te… ¡Suéltame! —le ordenó la chica, tratando de soltarse de su agarre—. ¿Qué te pasa?

—Me pasa que tengo que hablar contigo —insistió Sirius, tirando de ella para alejarse—. ¿Vienes o no?

—Si me explicas para qué, puede ser —Le dedicó una mirada significativa y Sirius supo que estaba tratando de comportarse—. Sólo déjame terminar de…

—Qué educada, alteza, la desconozco —se burló él con intención, esbozando una sonrisa grotesca—. ¿Actúas así por la fiesta o solo por este imbécil?

—¿Qué? Pero qué está…

—Black, creo que te dijo que la soltaras —Se metió el otro imbécil, incrementando la rabia dentro de él—. ¿Podrías por favor…?

—Esto no es tu puto asunto, Parker —le espetó Sirius, girándose para fulminarlo con la mirada—. Así que lárgate antes de esta mierda.

—Sirius, por favor…

—Tengo que hablar con Mar, así que si me disculpas…

—No permitiré que te la lleves así. Mira, Black, si vas…

—¡SIRIUS!

El grito de Mar llegó muy tarde, justo en el mismo momento que Sirius la había soltado para elevar el puño y clavarlo de manera certera contra el rostro de Colin.

—¡No quieras decirme que mierda hacer, maldito hijo de puta! —vociferó fuera de sí, ignorando la conmoción que se creaba a su alrededor—. ¡Inténtalo otra vez y te voy…!

—Maldita sea, Sirius. Para esta mierda… —le ordenó Remus, llegando por detrás de la nada. Lo tomó por los brazos e intentó alejarlo—. No seas imbécil. Todo el mundo te está viendo y Mar…

—Suéltame, Remus —Se lo quitó de encima con un brusco movimiento, trastabillando. Soltó una carcajada amarga—. ¿Crees que Mar no me conoce? Ella sabe que soy capaz de esta mierda…

—Sirius, basta —Volvió a ordenarle Remus, dedicándole una dura mirada de advertencia—. Vámonos antes de que…

—Ella sabe que no soy un puto príncipe e igual me invitó, ¿no, Mar? —Giró la cabeza para encontrar la mirada de la chica—. Tal vez ahora sí te quede claro.

No fue capaz de mantenerle la mirada descencajada y decepcionada. Estaba ebrio y furioso, pero aún así no lo logró.

Se dio la vuelta para empezar a alejarse, encontrando libre el camino hacia la puerta a pesar de que la gente había empezado a congregarse alrededor de ellos. Dudaba que alguien quisiera toparse con él.

Escuchó su nombre varias veces, pero no se detuvo en ningún momento. Necesitaba salir, necesitaba tomar aire.

Ese maldito palacio siempre le iba a resultar asfixiante.


A Mar el corazón le latía muy fuerte cuando salió a los jardínes. El frío de la noche la golpeó con fuerza, pero no lo suficiente para paralizarla. Tenía que detenerlo.

Era en lo único que había pensado cuando lo había visto salir del salón. Se había olvidado de la fiesta y del espectáculo que habían armado, no se había detenido a asegurarse que Colin estuviera bien ni a tratar de explicarse. Todo eso la tenía sin cuidado, sólo necesitaba hablar con Sirius, no podía dejar que se marchara así.

Quería estar furiosa, quería pensar que solo estaba siendo un imbécil con un berrinche de celos, pero la punzada instintiva que se había clavado en su estómago no dejaba de decirle que había algo más, que era más profundo de lo que parecía.

—¡Sirius! —Volvió a llamarlo, divisándolo poco antes de llegar al garage—. ¡Sirius, espera…!

Las piernas le temblaban debido los tragos de más que tenía encima, y sus pies ya le estaban pasando factura por estar desde temprano en tacones. Aún así, Mar se las arregló para llegar junto a él, tomándolo por la manga del abrigo para detenerlo.

—¡Maldita sea, Sirius, detente! —le ordenó, respirando acelerada por la carrera—. ¿Puedes…?

—Déjame en paz, Marlene —espetó él, soltándose de su agarre—. Me largo de aquí.

—¡No! ¡No te vas a ir hasta que resolvamos esto!

—¿Resolver? ¿Y qué puta mierda vamos a resolver? —Finalmente se detuvo y se giró hacia ella, luciendo furioso, aunque menos a como estaba en el salón—. Aquí no hay nada que resolver así que anda a disfrutar de tu fiesta y déjame…

—¡No puedo disfrutar de la fiesta porque ya tú la arruinaste! —Casi chilló la chica, a pesar de que esa era la menor de sus preocupaciones—. ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡No entiendo…!

—¿Y qué quieres entender? No me digas que te acabas de dar cuenta que eso es lo que soy: un puto imbécil que lo arruina todo.

—Deja de decir estupideces. Lo que no entiendo es de dónde vino ese espectáculo cuando estábamos tan bien…

—¡Nada de esta mierda está bien, Marlene! —le gritó Sirius desaforado, provocando que su corazón se detuviera un segundo—. ¡Nunca lo estuvo! ¡Todo fue una puta ridiculez!

—¿Pero qué estás…? —Mar dio un paso hacia atrás, como si la hubiera empujado. Abrió muchísimo los ojos, de repente sintiéndose sin aire—. No… No entiendo por qué… Por qué dices…

—Lo digo porque es la verdad —resopló y se pasó las manos por el cabello, sujetándolo con fuerza—. Y sabes de lo que te estoy hablando.

—No, no lo sé —mintió ella de golpe, apretando las mandíbulas con fuerzas—. No lo sé y no quiero…

—Marlene, esto no…

—¡No! ¡Cállate! ¡No quiero escucharte! —Gritó Mar, sintiendo el corazón latir a una velocidad que no podía ser normal—. ¡No tienes idea de lo que estás…!

—¡Soy el único de los dos que la tiene, Marlene! ¿Qué tan difícil es entenderlo? —Aunque seguía gritando, ya no lucía enfadado, parecía más bien desesperado—. Esta mierda no… ¡No tiene ningún sentido! ¡Nunca lo tuvo!

—No digas eso —Casi le suplicó ella, empezando a sentirse mareada—. No me digas eso porque no… No…

—¿Por qué? ¿Por qué no quieres creer que es cierto? —Sirius soltó una carcajada sin gracia que ella sintió como una patada en el estómago—. La verdad no es lo que tú quieras o no escuchar, Mar. Esto ya no se trata de otro de tus caprichos.

—¿Tú crees que eso era? ¿Un capricho? —Mar trató de sonar mordaz, pero la voz se le quebró al final y arruinó el efecto—. Cómo puedes…

—Es que ya no interesa, ese es el punto —señaló Sirius con una seriedad que no le quedaba bien—. No interesa si era un capricho o no. Solo importa que…

Mar aguantó el aire mientras esperaba que terminara, rogando que no lo hiciera, que no completara la oración.

Sabía lo que seguía, pero no confiaba en su fortaleza para soportarlo.

—Se acabó. Tiene que acabarse —declaró él, con una firmeza que ella envidiaba—. Tuvo que haber sido así hace demasiado.

Para ella las palabras sonaron lejanas y distorsionadas, como estar escuchando debajo del agua, pero fueron lo suficiente claras para afectarla.

Parecía haber perdido la conexión con su cuerpo, porque solo se dio cuenta de que estaba llorando cuando Sirius se tensó y le desvió la mirada.

—No… No hagas esa mierda —le pidió con la voz estrangulada, apretando las mandíbulas con fuerza—. No llores por algo que no tiene solución.

—Es fácil decir eso —murmuró ella, elevando las comisuras en una sonrisa rota—. Es muy fácil, cuando no te importa, ¿cierto?

—No seas necia. No es que no… —Sirius se detuvo a mitad de la oración, alzando los brazos con exasperación—. ¿Qué mierda esperas que pase, Mar? ¿Cómo se supone que termina esto en tu cabeza?

No respondió, la pregunta la había hecho darse cuenta de que en verdad nunca se había detenido a pensar en eso.

Durante todos esos meses Mar solo se había limitado a disfrutar del presente. Disfrutar estar con él sin pensar en las consecuencias ni en el futuro. Quizás porque siempre había sabido que no había uno.

Al menos no uno en el que los dos tuvieran cabida.

—Sirius, no… No quiero rogar —Se detuvo para tragar saliva, buscando que su voz no sonara tan quebrada—.P-pero si… Si tengo que hacerlo, yo…

—No estoy haciendo esto para que me ruegues —le cortó él, atragantado. Estaba haciendo un esfuerzo increíble para no encontrar su mirada—. Lo hago porque uno de los dos tiene que aceptar la realidad.

Mar quiso pedirle que dejara de usar esa maldita palabra que de repente le sonaba tan desagradable, pero no confiaba en cómo saldría su voz si volvía a abrir la boca.

Tampoco creía que tuviera sentido alguno intentarlo.

Sirius ya había decidido por ambos.


Lily había perdido la cuenta de la cantidad de veces que habían estado en esa área del palacio. Era la parte más bonita de los jardínes, se lo había parecido cuando la había visitado por primera vez, seis meses atrás, y con el paso del tiempo su opinión no había cambiado.

Recordaba con ternura todos los momentos que había pasado allí con James, tendidos en el césped, hablando de todo y de nada. No le molestó que la llevara allí esa noche, a pesar de saber cómo iba a terminar, había entendido que era un lugar que lo hacía sentir seguro, y no podía juzgarlo por querer eso en aquel momento.

A ella le hubiera gustado poder sentir lo mismo.

—Recuerdo la primera vez que estuvimos aquí…—murmuró ella, deteniéndose finalmente. Se habían tardado en llegar, a pesar de que quedaba cerca de donde estaban.

—Sí, yo también —Fue la respuesta de James, demasiado melancólica.

—Estaba muy sorprendida de que alguien como tú estuviera tan interesado en mí —confesó Lily, esbozando una pequeña sonrisa ante el recuerdo, enarcó las cejas con ironía—. No parecía real.

—Creo que los últimos meses te han demostrado lo real que era.

Sin perder la triste sonrisa, Lily se mordió el labio con fuerza, tratando de mantener a raya todos los sentimientos que se empezaban a acumular en su garganta. No hubiera sido capaz de negar su afirmación, no cuando imágenes de toda su relación se paseaban frente a sus ojos, recordándole que efectivamente, había sido real desde el primer segundo.

Más real que nada.

—Yo no dejaba de pensar en lo diferentes que éramos —siguió contándole la pelirroja, atragantada—. Pero tú parecías dispuesto a hacerme ver lo contrario, supongo que porque en serio lo creías —Suspiró con fuerza y se giró para encontrar su mirada—. Quisiera saber si lo sigues creyendo.

—Jamás creería lo contrario. Y lo sabes —respondió James, con una rotundidad que no dejaba lugar a dudas. Sus ojos le estaban gritando que decía la verdad, y eso lo hacía peor—. Pero mierda, no… No se trata de eso. No se trata de lo que yo crea es…

—¿Entonces de qué se trata, James?

—De que Priscilla tiene razón —soltó de golpe, haciendo que el corazón de la chica se saltara varios latidos—. Al menos en una parte…

—¿En cuál? —quiso saber Lily, logrando sonar demandante a pesar de que se le había quebrado la voz—. ¿En la que insinuó que no soy lo suficiente para ti o…?

—No pongas palabras en mi boca —le cortó James, luciendo molesto por la insinuación—. Por supuesto que en eso no, pero dijo que no sabías en lo que te estabas metiendo y eso…

—¿Pero como no voy a saberlo? ¡Tengo medio año entendiéndolo! —exclamó ella, indignada.

—¡Yo tengo toda la vida y no sé si ya lo entendí, Lily! —replicó James, alzando la voz con frustración—. ¿Tú has pensado bien esto? ¿Lo que de verdad significa estar conmigo? Tener que cambiar todo lo que habías planeado para tu futuro, no poder trabajar en lo que te gusta, vivir bajo el escrutinio público y… —Se detuvo antes de terminar la oración, suspirando exasperado—. ¿Es esta la vida que quieres?

Ella no respondió de inmediato, se limitó a tomar una profunda respiración, tratando de no soltar las lágrimas que le picaban en los ojos, sin éxito.

No lo había pensado, al menos no a profundidad, siempre le había parecido que era muy pronto, que podían resolverlo después. En ese momento estaba entendiendo que simplemente había tenido miedo, le había temido a las respuestas de todas esas preguntas que James estaba haciendo. Las mismas que en ese momento se estaban clavando como dagas en su corazón.

No quería llorar, pero no creía tener opción.

—Sabes, James, no me molesta lo que dices, porque estás siendo honesto —explicó ella, deteniéndose para que su voz no saliera tan quebrada—. Me molesta que todo lo que estás diciendo, te lo dije yo cuando esto comenzó —Señalar eso fue suficiente para que dos lágrimas cayeran sin retorno por sus mejillas—. Te dije que nuestras vidas eran diferentes, que vivíamos en mundos diferentes y tú… Tú me hiciste creer que no importaba, insististe en que podíamos hacerlo, que podíamos "adaptarnos"...

—Lo dije porque de verdad lo creía, porque quería creerlo —se excusó James, desesperado porque ella le creyera—. Pero es que ahora…

—¿Qué? ¿Ahora no parece tan fácil y entonces mejor dejarlo así?

Sus acusaciones lo estaban lastimando, Lily lo sabía, podía leerlo en su expresión afligida y en sus ojos que brillaban detrás de sus gafas. Lo sabía muy bien, y se odió un poco por eso.

Se odió porque una pequeña parte de ella quería devolverle una parte del daño que él le estaba haciendo.

—Esto no es fácil, Lily —susurró con la voz débil, dolorosamente sincero—. Pero más difícil es arrastrarte a una realidad que se parece más a una prisión que a una vida. No puedo hacerte eso… No a ti.

Volvió a mirarla a los ojos, gritándole realidades y sentimientos que no se había atrevido a decirle en voz alta en todo ese tiempo. Lily le desvió la mirada, no quería eso, no se sentía capaz de aceptarlo. Ya no.

A pesar de todo, era capaz de entenderlo. Entendía que estaba tratando de protegerla, pero le hubiera gustado que le diera a ella la oportunidad de pedírselo. De elegir lo que quería.

También le hubiera gustado que reparara en todo eso antes, no entonces, cuando ya era tarde.

Aunque si era honesta, tendría que admitir que había sido tarde desde el momento en que le había llevado a ese jardín y la había besado por primera vez.

Le resultó dolorosamente irónico que un sueño que había empezado en una fiesta, se acabara en otra.

Era hora de despertar.


¡Hola, mis amores!

Espero que puedan leerme a través de sus lágrimas, hay varias cosas que quiero decirles sobre el capítulo.

Creo que nada de lo que acaban de ver los tomó desprevenidos, desde el cap anterior se veían venir problemas con las dos parejas principales y tenían que desencadenarse finalmente. Aunque en el Blackinnon era más obvio el desenlace, creo que el Jily tampoco fue una gran sorpresa. Más allá de que ya hiciera falta un poco de drama en la historia, la decisión de James y la de Sirius me parecen que tienen bastante sentido. Escogieron el peor lugar, sí, y también hay que reprocharles el prácticamente haber decidido solos —no hubiera estado nada mal que lo conversaran con las chicas antes de soltarles la bomba—, pero los motivos de ambos son muy nobles.

No sé si ya lo comenté en algún momento, pero a pesar de que es un AU de príncipes y castillos mi idea siempre fue mantenerlo lo más cercano a la realidad posible, al menos a la realidad que conocemos del tema. Salir con un príncipe, aunque sea uno tan precioso como James, no es algo para tomárselo a la ligera, implica muchas cosas que Lily tuvo que haberse planteado hace mucho tiempo. Ambos necesitan reflexionar sobre su relación y este tiempo les servirá para eso.

Y del lado del Blackinnon pues todo es más complicado, ¿cuándo no, eh? La situación de ambos es mucho más delicada y de por si sus personalidades tan fuertes van a hacer que encontrar una solución a todo sea más difícil. Sirius tiene claro lo que no quiere para su vida, y lamentablemente Mar vive en un mundo del que no puede salir solo por capricho.

En fin, queda mucha tela por cortar con estas dos parejas y me emociona mucho contarles lo que sigue. Ya llegamos a la cima de esta historia y ahora solo nos queda bajar hasta llegar al final, cada vez nos queda menos y ese es un sentimiento bien agridulce.

En el siguiente capítulo ya veremos cómo están llevando todos sus respectivas separaciones, trataré de no tardarme tanto en actualizar, sé que sueno como un disco rayado y no me salen muy bien los malabares con el tiempo, pero estoy haciendo lo que puedo para mantenerme más o menos constante.

Esto ya se extendió mucho así que los dejo por ahora. Si les gustó el capítulo ya saben que pueden hacermelo saber en un lindo review que me alegrará el día y me llenara de ganas de seguir escribiendo. También recuerden que pueden encontrarme en twitter como Jorimargb, y escribirme por ahí si gustan.

¡Los AMO muchísimo! Cuídense y nos estamos leyendo pronto, un beso. Bye.