D&D GENERATION

13.- DRAGONES Y FUEGO
Astrid Drake & Hiccup Berck

(Correspondencia 35)

Era Septiembre, mientras todos los jóvenes de Hogwarts se encontraban muy seguramente en el Gran Comedor con los hermanos de Mérida y Finley listos para comenzar a desayunar, Hiccup Berck se encontraba cómodamente recostado en la habitación de su casa viendo el techo fijamente, era su último día de descanso antes de volver al campamento de dragones, tenía que admitir, si recontaba bien los días, que las dos semanas que había pasado en Villa Hofferson se habían escurrido como agua por entre sus dedos, no se arrepentía, eran las primeras vacaciones que le daban desde su ingreso y las había disfrutado a profundidad, había pasado tiempo con sus padres, hablado largo y tendido con su madre sobre cosas triviales y muy poco sobre dragones, aun si eran la obsesión de ambos, Valka había decidido mencionarlos lo menos posible ahora que estaba viviendo de fijo en su aldea natal, Hiccup había decidido respetar sus deseos, aun si se contraponían a los propios.

Un par de golpes en la puerta lo sacaron de su ensoñación a tiempo para escuchar a su madre al otro lado de la puerta.

-¿Está Astrid contigo?

-Lo está – Contestó el castaño observando a la rubia desnuda en cuyo pecho había estado descansando la cabeza, los ojos azules de su compañera mostraron que también ella acababa de salir de sus cavilaciones.

-Dile que su padre la está buscando… y cuando estés presentable, baja a desayunar.

-¡Si mamá!

Estuvo a punto de levantarse para obedecer a su progenitora, sin embargo, las manos de Astrid sobre su frente lo hicieron desistir de inmediato.

-¿Vas a seguir trenzándome? – Preguntó el muchacho un poco en burla y un poco fastidiado.

-Solo una más – Sonrió ella mientras sus dedos se perdían entre aquel espeso bosque de cabellos antes de tomar algunos cadejos no muy largos y comenzar a peinarlos – y no te quejes, no te he hecho tantas.

Hiccup estiró una de sus manos para tomar el rostro de su novia y bajarlo lo suficiente para besarla en los labios, su pequeño momento de calma no tardaría mucho en terminarse.

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La mesa del comedor, tosca como era, se sentía fresca por las ventanas abiertas de par en par mientras la familia Berck terminaba su desayuno de huevos, avena y tocino, por supuesto, todo cortesía de Estóico quien, según había observado Hiccup cada vez que volvía a casa para vacaciones, no permitía que Valka pusiera mano alguna sobre la comida aún sin preparar o los utensilios de la cocina, por lo que Hiccup no había podido confirmar si los rumores de que la comida de Valka podía abatir más dragones que un hacha vikinga estaban aun sin confirmar.

-Hiccup, cariño, ¿podemos hablar un momento?

-Si mamá.

Estóico casi saltó para comenzar a levantar los trastes, evitando que su hijo pudiera consumir su última tira de tocino que ahora se encontraba en el fregadero bañada en agua jabonosa, el chico no pudo hacer otra cosa que no fuera suspirar, aquello no podía significar nada bueno.

-Hiccup, cariño, sabes que estoy muy orgullosa de ti, ¿verdad?

-Gracias mamá.

-Y sabes que Astrid me agrada mucho también, creo que es una buena chica, muy responsable y…

-Mamá… – No pudo evitar interrumpirla, ya sabía hacia donde se dirigía el asunto.

-¿Cuándo van a casarse?

Se escuchó uno de los vasos caer al suelo, por suerte, era de madera como el resto de la vajilla o se habría roto en mil pedazos.

-Lo siento cariño, solo ignórenme.

Hubo un silencio pequeño, los ojos de Valka habían corrido del vaso recién levantado a los de su hijo más rápido de lo que a Hiccup le hubiera gustado y no se habían vuelto a desviar, ni siquiera un parpadeo, casi podía ver el funcionamiento en el complejo engranaje de pensamientos de su madre detrás de esa mirada.

-Mamá, yo… aun no lo sé – Respondió Hiccup observando hacía otra parte mientras una de sus manos se tocaba el cabello, topando con una de las trenzas que recién le habían tejido.

-Espero que el comportamiento de ustedes dos no se esté repitiendo en el campamento – Continuó la mayor con completa seriedad – las reglas ahí son claras, los solteros deben dormir en las carpas asignadas y…

-Lo sé, lo sé… mira mamá, bailé con ella en el campamento durante Navidad, bailamos también durante la fiesta de bienvenida que nos dieron a todos los que volvimos del campamento para las vacaciones… solo no sé cuándo vamos a casarnos, depende de ella.

-Eso no les ha impedido pasar cada noche de cada temporada de vacaciones en la cama del otro.

-No pensé que te molestara.

-Al principio no me molestó demasiado, conozco perfectamente los usos y costumbres de la aldea, si estaban asegurándose de algo mientras aun iban al colegio, por mi estaba bien… pero ya no están en el colegio, además, el campamento de dragones es peligroso, cualquiera de los dos podría morir en cualquier momento, solo creo que deberían tomarse las cosas más en serio.

-¡Lo estamos tomando en serio!… mira mamá, yo, yo, no voy a forzarla a nada, ¿me entiendes? Ella es mi mujer, si no desea casarse aun, entonces yo estoy bien con eso, y si decide que quiere aceptar mi propuesta y casarse conmigo mañana o dentro de cincuenta años, que así sea.

-¡Oh, por todos los dioses! ¿ESTÁS ESCUCHÁNDOTE?

Quería contestar, quería gritar y hacerle entender pero se detuvo, podía gritar y pelear con su padre durante una discusión acalorada pero no con Valka, no cuando tenía tan poco tiempo de empezar a conocerla, tomó aire mientras se levantaba de la mesa, observando las uñas recién recortadas en sus manos como si fueran la cosa más interesante en ese momento.

-Veré que puedo hacer… pero depende de ella.

Y sin decir más, salió de casa, a los pocos minutos se detuvo sin saber muy bien en donde estaba, trepó un árbol por puro instinto y se sentó en una de las ramas, frente a él se encontraba la ventana de la habitación de Astrid, cubierta por cortinas, a juzgar por los gritos y los golpes de cosas volando por los aires, la joven estaba teniendo exactamente la misma discusión con su padre, por alguna razón, ninguno de los adultos estaba muy de acuerdo con que la situación permaneciera igual, la puerta de madera azotándose con fuerza fue lo que lo alertó lo suficiente para voltear a ver cuando la cortina de la ventana se descorrió por completo, la joven rubia estaba completamente hecha una furia mientras brincaba por la ventana hacia la rama donde el castaño estaba sentado, ella ni siquiera le habló, solo le tomó la mano antes de dejarse caer al suelo.

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-¡ASTRID, ASTRID ESPERA!

El viento marino le cortaba en la cara, Chimuelo era bastante más rápido que Tormenta, aun así, la ira de Astrid había obligado al enorme hipogrifo a volar más rápido de lo usual, él ya estaba más tranquilo, la ira y el enojo no eran cosas que pudiera mantener por mucho tiempo, pero ella…

-¡ASTRID!... ¿QUIERES CALMARTE?

Ambos bajaron a tierra en una de las pequeñas islas que bordeaban villa Hofferson, no había nadie más, tanto Chimuelo como Tormenta se apresuraron al mar para pescar un poco en cuanto los jinetes bajaron, luego de haber volado toda la mañana, debían sentir un hambre atroz.

-¿Cómo puedes tomarte las cosas con tanta calma? – Le soltó ella golpeándole en el hombro con uno de sus dedos de forma acusadora apenas la alcanzó en tierra.

-Están preocupados, es todo, además nosotros…

-¡NO LOS DEFIENDAS! No te atrevas a defenderlos Hiccup.

La abrazó, ¿qué más podía hacer? La sintió temblar entre sus brazos, seguro completamente de que su prometida estaba completamente rabiosa y un poco fuera de sí, por suerte no se había llevado el hacha cuando escapó de casa arrastrándolo por todo el bosque hasta el área de los establos o ahora mismo estaría talando todos los árboles de la isla, él solo esperó, cavilando un poco sus palabras, Astrid era una persona completamente explosiva cuando se trataban asuntos que le inquietaban, él era consciente de ello.

-¿Te sientes mejor ahora? – Preguntó el ojiverde cuando dejó de sentirla temblando.

-Un poco – Contestó ella con voz cortante, obligándolo a abrazarla un poco más.

-Supongo que todo es culpa de la invitación de Mavis, no debí comentarlo con nuestros padres cerca, ¿podrías disculparme, Milady?

La sintió asentir poco a poco mientras ambos recordaban el pequeño sobre que había llegado un par de días atrás en una lechuza mientras las dos familias compartían alimentos en el Salón Comedor de la aldea, Mavis Draculia y Jonathan Einstein contraerían matrimonio a finales de mes y los estaban invitando al Hotel Draculia donde tendría lugar el evento, al parecer, el padre de Mavis había decidido poner fin a los chismarajos que habían estado circulando en torno a su pequeña por medio mundo mágico luego de que Jonathan se instalara de modo definitivo en el hotel para llevar a cabo su trabajo.

-¿Crees que estamos haciendo algo mal? – Se animó a preguntar la chica finalmente, alejándose de sus brazos solo un poco para hacerle ver que estaba mejor.

-Creo que lo que hagamos, solo debería importarnos a nosotros.

-¿Todavía quieres casarte conmigo?

-Cuando estés lista, te lo prometí, esperaré todo el tiempo necesario.

-Te pareces al estúpido de Frost.

-No, claro que no – Sonrió Hiccup recordando a su mejor amigo – yo no tengo idea de que le hizo a Elsa para convencerla de que ella estaba lista.

Ambos sonrieron antes de llamar a sus monturas para regresar a la aldea, todo el viaje de regreso Hiccup había comenzado a pensar en eso último, sabía de primera mano que su amigo se había liado con Elsa algunas cuantas veces antes de casarse con ella, Jack se lo había terminado confesando todo unos pocos días antes de su propia ceremonia de iluminación durante una salida a Hogsmeade, una de las pocas en las que no habían ido de chaperones de Rapunzel, después, cuando terminó la fiesta de despedida de soltero que Flynn le había organizado, una fiesta sin chicas en una taberna de Londres, el albino había vuelto a abrir la boca solo para asegurar que moría de emoción ante la perspectiva de no tener que volver a salir a hurtadillas de la cama de la platina a las 4 de la madrugada, ya casados, era obvio que estarían manteniendo relaciones, ninguno tendría que esconder ese hecho nunca más.

Era de noche cuando los dos agitados jinetes volvieron a su aldea natal, habían dejado a los hipogrifos en los corrales con los demás, habían ido todo el camino en silencio y tomados de las manos sabiendo de sobra el sermón que les esperaba a ambos por haber desaparecido el día entero.

-Creo… - Comenzó la rubia dubitativa – tal vez… deberíamos poner una fecha… eso tal vez los mantenga más tranquilos.

-Por mi está bien, escojamos una fecha entonces – Respondió el castaño tratando de que no se notara demasiado la emoción en su tono, pensando un poco antes de proseguir – siempre podemos aplazarla un poco cuando la fecha esté próxima.

-Podría resultar… ¿en verdad no te importa?

-Bueno, la pasaría mejor si pudiera tenerte conmigo en una de las carpas en lugar de tener que ocultarnos en el bosque de vez en cuando pero… bueno… prometí esperarte.

Un poco más tarde, durante la cena en el Salón Comedor de la villa, ambos darían una fecha para relajar a sus padres, en Junio del año siguiente, el plan pareció funcionar, tanto los padres de Hiccup como el padre de Astrid dejaron el tema por la paz.

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Un par de semanas después, nadie había vuelto a tocar el tema, Hiccup se había visto obligado a mandarle una carta de disculpas a Mavis por no poder asistir a su boda, era temporada de apareo entre un par de especies de dragones, la cosa podía salirse de control ante los constantes enfrentamientos de dragones por toda la zona, a Hiccup incluso le habían ordenado abandonar su puesto en el criadero para apoyar a la brigada donde Astrid había sido asignada, al parecer, los ridgeback noruegos se habían desquiciado más de lo normal en los enfrentamientos, necesitaban más gente de lo usual para contenerlos y obviamente, al ser todavía una especie en peligro de extinción, no podían permitir el fallecimiento de ninguno.

-¡PRONTO, SEPAREN A ESOS DOS! – Fue lo primero que escuchó Hiccup de boca de uno de los líderes de equipo, un dragonolista veterano, a juzgar por las quemaduras en su rostro y el cabello pelirrojo, debía tratarse de Charlie Weasley, supervisor del campamento norte en Rumania.

-¡NECESITAMOS REFUERZOS CON LA HEMBRA, PRONTO! – Gritó alguien más, Hiccup corrió a este último grupo al notar la rubia cabellera de Astrid fuertemente anclada a una de las sogas con que intentaban movilizar a la enorme criatura.

Pronto, con muchas dificultades los equipos lograron hacer algo de espacio entre los dos machos enfrentados y la hembra en discordia, esta era realmente difícil de someter, estaba embravecida a causa del espectáculo de los otros dos ridgeback, la enorme y larga cresta negra de la dragona enfurecida pasaba volando de un lado al otro mientras el inmenso animal hacía enormes esfuerzos por deshacerse de las cuerdas y de sus captores, Astrid y Hiccup jalaban con todas sus fuerzas a la par del resto de sus compañeros, vikingos y no vikingos hacían esfuerzos sobre humanos para desplazar aquel reptil lo más lejos posible, ya se encargarían más tarde de escoger a uno de los dos machos para dejárselo, era indispensable aun si se trataba de una especie tan feroz como aquella.

-¡JALEN! – Instaba la voz del líder de equipo una y otra vez, un alto y musculoso dragonólogo de cabellos negros atados a una coleta, por la pinta que llevaba, seguro era uno de los vikingos de la aldea - ¡JALEN DESGRACIADOS! ¡NO LA DEJEN ESCAPAR!

Hubo un revuelo de llamas cuando e l animal sintió la paciencia colmada, lamentablemente el fuego se dirigía hacia Astrid, la joven se paralizó al notarlo, aquello habría terminado en una verdadera tragedia si Hiccup no hubiera reaccionado lo suficientemente rápido, deslindando una de sus manos de la cuerda para sacar su varita y enfocarla contra la inminente y mortífera flama.

-¡IMMOBULUS!

Las llamas habían comenzado a congelarse justo a tiempo para evitar que Drake fuera carbonizada hasta la médula, el alivio duró poco, la dragona tenía rastros de hielo en las fauces, cabeceando con furia mientras Hiccup caía herido al suelo, Astrid estaba a punto de asestarle una patada para obligarlo a levantarse cuando notó la sangre que manaba de aquel cuerpo caído.

-¡AUXILIO! ¡HOMBRE HERIDO! ¡PRONTO! ¡NECESITAMOS AYUDA!

Deseaba soltar aquella cuerda y ayudarlo pero no podía, el fuerte tirón le recordó su deber de inmediato, Astrid solo pudo ver por el rabillo del ojo como uno de los sanadores de emergencia tomaba a Hiccup para luego desaparecer del lugar, le tomó algo de tiempo volver a concentrarse, estaba demasiado preocupada, Hiccup la había salvado pero, ¿a costa de qué?

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Era ya de noche cuando los tres equipos volvieron a sus campamentos, Astrid y Hiccup permanecían en el campamento Este de Rumania esa temporada, habían estado en Noruega casi un año, el hecho de que ahora se encontraran en Rumania se debía a la época de celo de los Ridgebacks y a que ambos habían demostrado ser lo suficientemente útiles para apoyar con semejante especie desquiciada, ambos se habían sentido orgullosos cuando llegaran ahí en Julio, ahora en cambio, Astrid se sentía completamente temerosa de las consecuencias, apenas llegar al campamento salió corriendo a toda velocidad a la enorme tienda sanatorio que había instalada de fijo, preguntó a una de las enfermeras por Hiccup Berck y con paso ansioso se dirigió al pabellón de quemaduras.

-¿Hiccup? – Lo llamó en un murmullo cuando al fin lo encontró, tendido en una cama de sábanas blancas, separada del resto por un par de biombos de tela suspendidos desde el techo.

-Milady – Suspiró el chico abriendo los ojos - ¿qué haces aquí?... deberías estar cenando.

-¿Y dejar pasar la oportunidad de ver tu primer cicatriz? – Dijo ella intentando ocultar su preocupación detrás de una broma.

-Ya la verás, dame un par de días.

-¿Y cómo te sientes? No pude ver donde te alcanzó el fuego, solo…

-Astrid, estoy bien… ¡Thor santísimo! Solo es una quemadura.

-No puede ser una cualquiera si estarás aquí un par de días.

-Si, bueno… el sanador que me atendió dijo que hay que volver a crear músculo en la mitad de mi brazo y el hombro derecho… pero estaré bien, no te preocupes.

Los ojos azules de la vikinga casi se salen de sus órbitas al escuchar aquello, no tardó mucho en acercarse para levantar el lienzo con que mantenían cubierta el área afectada, era horripilante, podía ver claramente el hueso debajo de todos aquellos músculos chamuscados, también podía ver algo dorado, como polvo esparcido por toda el área afectada, aquello era un gaje del oficio, eso lo sabía de sobra, de cualquier modo, dolía verlo en aquella situación.

No pudo seguir viéndolo, el castaño que había asegurado de alejarla de un manotazo brusco y severo, atrapando la mano con que había descubierto su herida para jalarla con fuerza hasta tenerla lo suficientemente cerca para besarla con brusquedad.

-¿Milady está usted preocupada? Porque estaré bien, en serio.

-No puedo no estar preocupada Hiccup, mira como tienes el brazo.

-Pudo ser peor, ¿sabes?… pudiste haber sido tú, pudo haber sido una de esas heridas imposibles de sanar con nada, vamos, anímate, al menos no necesitaré una prótesis, seguiré estando a tu lado.

-Sí pero…

-Sin peros – Soltó Berck poniendo uno de sus dedos sobre los labios de su prometida – dame dos días más, solo dos días y mi brazo estará mejor que nuevo, estará tan bien que te llevaré al bosque solo para arrinconarte contra un árbol y amarte como un salvaje.

Astrid se sonrojó ante la perspectiva mientras soltaba una risa bajita, sintiéndose más tranquila, si el chico estaba en condiciones de hacer tales sugerencias, estaría bien muy pronto.

Y lo estuvo, apenas un par de días después Hiccup Berck se había escurrido a las tiendas de mujeres para secuestrar a su novia, llevándola en medio de la oscuridad hasta una zona donde no hubiera nadie haciendo guardia, fue el primero en desvestirse ante la luz de las varitas para mostrarle a la chica aquel trozo de músculo revestido de una piel considerablemente más pálida y sonrosada que el resto de su cuerpo, dejándola tocarlo hasta convencerse de que estaba bien, arrancándole las ropas de dormir cuando terminó su inspección, sin perder mucho tiempo, el castaño comenzó a besar a la chica de modo apasionado, con un ímpetu mayor al que hubiera mostrado antes, estrujándole los senos con algo de rudeza antes de tomarla de las nalgas para acorralarla contra un árbol como había advertido en las carpas del sanatorio.

El bombeo constante y agresivo, las mordidas que le marcaban la piel de los hombros, los lametones en su cuello y en sus labios, no sabía exactamente que era lo que más estaba disfrutando, Astrid se aferraba con todas sus fuerzas a su captor, rodeándolo con ambas piernas, sujetándose de aquel tronco a su espalda con una mano y de la espalda de su amante con la otra, encajándole las uñas ante las oleadas de placer que la embargaban, el sexo nunca había sido tan agresivo como en ese momento, dolor y placer se entremezclaban en el cuerpo de la rubia, enloqueciéndola como si se tratara de un par de Ridgebacks en celo, o al menos, eso pensaba la joven, convencida ahora de que ella también lanzaría una llamarada mortífera a aquel que intentara separarla de su pareja.

Algo más tarde ambos recorrían el camino de vuelta, completamente vestidos y con las varitas apagadas y escondidas.

-¿De dónde ha salido todo eso? – Preguntó la chica un poco antes de llegar a la zona de acampada.

-¿Qué cosa? – Preguntó Hiccup como si nada extraño hubiera sucedido.

-Toda esa… agresividad tuya.

-Te advertí que te haría el amor como un salvaje, ¿recuerdas?

-No pensé que pudieras hacer algo así – Contestó la chica sonriendo.

-Yo no pensé que le darías una fecha a nuestros padres solo para calmarlos – Contestó él sonriéndole de regreso.

-Aun no cantes victoria Hiccup, puede que considere casi imposible encontrar un amante de reemplazo lo suficientemente bueno, sigo sin estar lista.

-Lo que diga Milady, yo seguiré aquí, esperando a que te canses de esconderte conmigo.

Ella ya no contestó, solo sonrió antes de depositar un beso cargado de ternura en la mejilla del chico, uno más en los labios, casi un roce de labios antes de desearle buenas noches con la mirada para luego entrar a su tienda, observando a uno y otro lado para cerciorarse de que todas las mujeres del lugar seguían dormidas en sus literas, Astrid se movió tan rápido y silenciosamente como pudo antes de llegar a su litera y trepar a la cama de arriba, sintiendo un ligero jalón en uno de sus talones.

-¿Otra vez de excursión Drake?

Astrid se metió rápidamente en las cobijas para luego asomarse a ver a su compañera, una vikinga unos cuatro años mayor de cabellera negra y ojos verdes.

-Heather, deberías estar durmiendo.

-Al menos yo no me fui a coger al bosque.

-¿Envidia?

-Pft, sabes que no, los niños no son mi tipo, prefiero un buen hombre y una cama en la que retozar… ¿y cómo está su brazo?

-Mejor que nuevo – Suspiró Astrid para terminar aquella pequeña conversación, dispuesta a dormir como no había dormido las últimas tres noches.

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NOTAS DE LA AUTORA:

Mil disculpas, no tienen idea del trabajo que me costó desarrollar este capítulo, en serio, digo, adoro a esta pareja… no tanto como a Elsa y Jack, lo admito, en todo caso, quería poner algo un poco diferente, como las reacciones de Valka al ver que su hijo anda... bueno, ya saben como xD y no da señales de sentar cabeza jejeje, en cuanto al campamento, a que más de uno pensó que Hiccup se había quedado sin pierna, bueno, pueden estar tranquilos, él y sus dos pies seguirán juntos todavía unos años más, en todo caso, espero que les haya parecido interesante aun a pesar de la pequeñísima escena lemmon.

REVIEWS… pues muchas gracias a los que dejaron comentarios, creo que realmente estaban esperando orto picante episodio de Elsa y Jack xD, jejeje, a mi no me engañan, en fin, había una petición de otro con Hiccup, petición cumplida, aunque espero no se hayan desilusionado por la escena tan poco descriptiva… o el capítulo tan corto, en todo caso, mil gracias por los comentarios, en verdad espero hayan disfrutado con este nuevo cap.

SARABA