Capítulo 13: Forks
*Rosalie's POV.
Teníamos
todo empacado. Bueno, sólo las cosas importantes, no había mucho
que se pudiera llevar de nuestra pobre casa en ruinas. Emmett se
encargó de las maletas. Llevaba cinco maletas mías y apenas dos de
él. Yo sólo llevaba su oso de peluche que le regalé en su
cumpleaños.
-Rose,
¿tienes que llevar tantas cosas? No es que pesen, pero molestan
amor.
Le
lancé un gruñido en respuesta.
-Ok
ok, entendí. – dijo resignado.
Nos
juntamos en el centro de la ciudad junto con el resto de la familia.
Edward venía enojado porque no pudo traerse su piano favorito.
Caprichoso. Esme venía apenas con dos maletas a cada lado, y atrás
venía Carlisle cargando una mesa de centro a medio reparar. Para ser
un vampiro se veía incómodo.
-Carlisle
apúrate, y deja ya de quejarte, es sólo una mesa.- le ordenaba Esme
a mi padre. El se apuraba lo cual hacía que la mesa se moviera en
muchas direcciones, arriesgando su existencia. Esme cada tanto se
daba vuelta para lanzarle una mirada fulminante.
-Parece
que las mujeres de la familia son el factor dominante en la casa.
-Pude oír a Emmett y Carlisle refunfuñar juntos acerca de la
situación. Edward sólo se preocupaba de sus maletas y no apoyaba a
ningún bando.
Tomamos
el tren camino a Forks. Un perfecto día nublado nos acompañaba pues
se acerca ya la navidad. Me aseguré de que Em se alimentara bien
antes de viajar, y por supuesto le amenacé con un año sin tocarme
si atacaba a un humano. Eso lo hizo correr por el bosque como loco
buscando las mejores presas. La idea de la abstinencia no nos venía
bien a ninguno de los dos.
-Lo
sé- respondió Edward a mis pensamientos. Emmett nos quedó mirando
confundido. Pero siguió mirando a la ventana, concentrado en no
matar a nadie hoy. Pasamos por paisajes hermosos. Cada tanto veíamos
que el sol iba a aparecer, lo cual nos asustaba, pero era como si las
nubes estuvieran de nuestra parte. De pronto entramos a una zona de
muchos pinos. El día era nublado por donde lo miraras. No era una
ciudad muy habitada.
-Próxima
parada, ¡Forks! – anunció el asistente. Nos preparamos para
salir.
El
tren nos dejó en plena ciudad. Carlisle, por supuesto, ya había
comprado una casa para nosotros. Viviríamos todos juntos aunque a
Edward eso no le gustaba mucho. Si se buscara una novia quizás nos
entendería. En esos momentos se dio la vuelta y me miro un tanto
molesto enarcando una ceja. Me encogí de hombros en respuesta.
Emmett odiaba nuestras peleas mentales. Así que cuando las notaba,
le lanzaba a Edward un compilado de nuestras mejores noches, a lo que
mi hermano respondía con un estremecimiento y cara de
asco.
-Emmett
deja tranquilo a Edward. – ordenaba Esme, quien siempre se daba
cuenta de todo.
-Si
mamá. – obedecía mi esposo.
Cruzamos
el pueblo, y no pasamos muy desapercibidos. La gente nos quedaba
mirando como atónitos, cómo si no creyeran lo que vieran. Al fin
llegamos a nuestro hogar, entre los bosques. La última tecnología
de autos aún no llegaba a Forks, así que debíamos transportarnos a
pie, lo cual era mucho más rápido que los cacharros de la época.
La casa era grande, incluso más aun que la de Vancouver. Era de dos
pisos y muy amplia. Tenía ventanales en el frente, una gran calzada
y un hermoso jardín. Estaba pintaba de un color blanco invierno. Se
veía que era una casa de la época, una de las más nuevas. Carlisle
y Esme habían elegido todo por supuesto. Además era alejada del
pueblo, lo cual era mejor para nosotros.
*Emmett's POV
Entramos
en la enorme casa y Edward desapareció. Pude oír abrirse todas las
puertas del segundo piso. ¿Acaso buscaba el baño? Bueno el viaje
fue largo…
-Emmett
– dijo del segundo piso- estoy eligiendo la mejor pieza.- respondió
a mis pensamientos.
Rosalie
gruñó y tiró el oso al suelo enojada. Dios, mi mujer y su
carácter.
-Amor
no importa, estoy seguro que nuestra pieza será perfecta. Además-
le dije al oído- podemos usar la de Edward cuando él esté de
caza.
-¡Ni
se les ocurra!- gritó Edward.
-Rose,
¿podrías elegir nuestra pieza por favor?- le miré de forma
picarona.
Mi esposa desapareció de la sala y pude oírla maldecir. Seguramente miró la habitación de Edward primero. Subí las escaleras para calmarla. En eso, una maleta empezó a caerse, y por intentar recogerla se cayeron tres más. Un sonido que no quería oír se repartió por todo el salón. Algo se rompió. Cerré los ojos y rogué porque no haya sido nada importante. Me mordí el labio y con los ojos aún cerrados esperé el grito.
-¡Emmett
Cullen! – mi querida esposa gruñó. De repente sentí su olor muy
cerca y fuerte, como si estuviera a mi lado, ya debía estar acá.-
Dime que no fue mi maleta.-
Su
voz aún se oía lejos, pero sentía su olor tan cerca…Oh Dios, por
favor que no sea lo que estoy pensando. Entonces abrí los ojos y
pude percibir de donde salía su olor. Se esparcía con rapidez y yo
inútilmente le pegaba al aire para que no se moviera de acá.
Rosalie llegó a mi lado con la boca abierta y los ojos llenos de
ira. Se agachó y recogió la maleta de la cual provenía el aroma.
La abrió y yo retrocedí lentamente.
-Ni
un paso más Emmett. – amenazó Rose. Edward veía todo como si
estuviera viendo una obra de teatro. Le lancé una mirada
fulminante.- ¡Mi perfume favorito desparramado sobre mi chaqueta
favorita!
-Amor
perdóname, eran muchas maletas y yo… soy el vampiro menos ágil de
la tierra…
Pasaron
dos minutos de silencio. Esme y Carlisle prefirieron irse al nuevo
estudio de mi padre. No querían presenciar esto. Podía ver como mi
mujer se controlaba para no hacer nada malo. Entonces Edward rompió
el silencio con una risa. Rose me miró.
-Un
mes sin tocarme un pelo Emmett Cullen. Un mes completo. Nada de nada.
