Hetalia no me pertenece sino a su respectivo creador
Espero y sea de su agrado!
Cap. 13 "El indeleble beso en el Corazón Roto de Otoño"
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Como un grito desesperado mi simple voz que era un susurro despertó la incertidumbre a todos los que estaban en la habitación, arrodillando a los demás a creer que no sólo quería hacerme notar sino que también quería que esto no fuera real.
Me miró
La miré…
No intercambiamos palabras, mucho menos gestos, sólo nos observamos en un frío silencio.
Sólo agacho la cabeza, yo la alcé la mía, autoritario y seguro de lo que debía hacer.
Esto se acabó.
La espera no llegaría pues nunca vendría.
….
Me senté en la silla que estaba reservada sólo para el presidente de comité estudiantil, mi incline hacia la mesa, tomé unos papeles y leí detenidamente cada palabra que estaba imprenta en ella. Curioso del buen matiz y caligrafía de la letra, sorprendido que una vez, sólo una vez haya recibido una carta de quien nunca esperé fuera dármela.
Todos los miembros tenían la mirada sobre mí, expectantes a que gritara en coraje y hastío al finalizar aquella carta…, pero no les di aquel gusto. Arthur que ya tenía ambas manos sobre sus oídos al no escuchar ningún reclamo por parte mío me miró directo a los ojos y enarcó una ceja, me contempló y bajó las manos para cruzarlas sobre su abdomen. Estaba enojado y disgustado.
- ¿Cuál es su respuesta, Presidente Ludwig? – dijo en tono sarcástico, relamiéndose los labios con altivez.
- ¿Y dime cuál debe ser? – Pregunté con la voz reprimida de coraje.
- No lo sé, Beilschmidt, usted debe de saberlo como presidente del consejo. – Respondió con simpleza y sarcasmo a la vez. Los demás miembros optaron por no formar parte de esta conversación y se mantuvieron con la vista sobre la meza pero con los oídos atentos a toda palabra.
- ¿Quieres escuchar mi respuesta como Presidente o como Ludwig Beilschmidt?
- La qué usted desee… - contestó con un leve ademán de manos y una sonrisa corta.
Suspiré derrotado, cansado y mentalmente incorrecto. Coloqué las hojas nuevamente en la meza, y con un movimiento cansado coloqué mis codos en ella, cubriéndome la coronilla de la cabeza, consiente que cualquiera de mis palabras serían perjudicables pero no tenía la intención de callarme y dejar todo esto a la ligera… no mientras yo estuviera aquí. Me puse de pie, arremangué el cuello de mi camisa y con una leve exhalación me arriesgué a hablar.
- No pudo ser ella… - y me tragué mi orgullo de líder.
Todos los ahí presentes abrieron tanto los ojos que casi se les salían de las cuencas, tan impactados estaban que no daban crédito a mis palabras, tanto Roderich se le calló el panecillo que comía, Arthur que antes parecía un abogado de la conciencia pareció alivianarse, sonriendo tranquilo. Ante todo el silencio propinado se escuchó una muy maliciosa risa y todos, tanto Vash que era una persona muy seria, dirigimos nuestra atención al sueño de aquella risa. Aquella risa no le pertenecía nada más ni nada menos que al representante cultural del complejo: Francis Bennefoy.
- Ja ja jaja~ - Reía maravillado, con una de sus manos en la barbilla, observándome con determinación. - Mon président, ¿por qué aquella simpatía con aquella que rompió las reglas?
- No podemos sólo juzgarla en base a esta carta. – Acusé. – ¡Hay que darle el beneficio de la duda!
- Todos hemos leído y visto la carta, no hay duda que ella hizo esto, no hay duda que ella es culpable de lo que pasó. Y como representante cultural, muy a pesar de que sea amigo de la Belle Isabelle, exijo que sea castigada como todo estudiante. – Se puso de pie en su lugar, y con los recados gestos llamó la atención de los demás miembros del comité - No sé qué es lo que piensan de mes collègues, pero personalmente deseo que esto se resuelva lo más pronto posible. – Elizabetha tragó con fuerza ante aquellas palabras insegura de hablar y callarse mientras que Vash afirmaba positivamente con la cabeza a las palabras del francés.
- Que sea como Francis lo propone. – Habló Roderich, acomodándose los lentes en el puente de su nariz.
- Opino… - Elizabetha quedó muda por un leve segundo, disgustada por lo que iba a decir –, lo mismo…
- Sí es lo que quieren, por mi está bien. – Habló el tailandés de anteojos rectangulares.
- Compañeros… - la voz se le cortaba a Ludwig –, yo la conozco, no como otros ¿verdad?, pero sé que ella no sería capaz de hacer algo como eso. Sé que hay un gran malentendido o que alguien le está jugando una broma muy pesada a ella… - Templó su voz a una más segura – es por eso que propongo que nos retengamos de decidir por hoy la decisión.
- Mon cher Ludwig, uno nunca termina de conocer a fondo a una persona. – jugaba con el dedo su cabello, claramente seguro de que hoy el incorruptible alemán cedería. – Además, retener la decisión no serviría de nada. Las pruebas son irrefutables. - Arthur que estaba sonriente cambio totalmente a un desacuerdo rotundo, se puso de pie y tirándole una servilleta usada a Francis que no logró esquivar, y dijo:
- ¿Bastardo qué es lo que pretendes? – exigió respuesta, apuntándolo con el dedo.
- ¿Moi? Yo sólo quiero que se cumplan las reglas.
- ¿Desde cuándo te preocupa tanto que se cumplan las reglas, eh?
- Desde que a ti te empezó a preocupar la justicia mi querido fariseo*. – Respondió con mordacidad. Todos en la sala se observaron mutuamente para después ver a Ludwig que con ira retenida apretaba sus puños con demasiada intensidad, blancos de la presión que ejercía sobre ellos.
- Está decidido, Ludwig. – Declaró Vash, levantándose de la silla y tomando sus cosas con él. – No hay nada que discutir; Isabel Montero será castigada. – y con estas últimas palabras el suizo salió de la sala siendo seguido por los demás, a excepción de mí y Arthur que se tiró al asiento, derrotado, sobándose la sien con y farfullando improperios al francés hocicón.
- ¿Por qué me has apoyado, Kirkland? – Pregunté desconfiadamente.
- Mala suposición Ludwig, yo no lo hice por ti…, lo hice por Isabel. – con esto, tomó sus pertenencias y salió de la sala del comité, dejándome solo, lleno de preguntas y más inseguridad de la que necesitaba.
El reloj marcó las 5 pm, debía de ir al club y tal vez me la encontraría por ahí, en el jardín, ajena a todo este problema que nació sólo con el hecho de hacerla caer.
El mundo te odia, primavera, tanto como te aman…
Y sólo espero que el mundo no me haga odiarte.
Y haz de perdonarme, por dudar de ti.
Caminó con total disgusto hacia el jardín, en busca de la morena que lo más seguro estaría cuidando de las cunas de moisés del profesor egipcio. Al llegar al jardín el joven presidente la buscó con la mirada pero no pudo encontrarla donde las cunas de moisés estaban sino que encontró a una de sus intimas amigas, la colombiana de nombre Catalina. Se acercó a ella y con un leve saludo llamó su atención.
- Buenas tardes, Catalina.
- Ah, Presidente Ludwig, buenas tardes. – Devolvió el saludo con una sonrisa entusiasmada, no pudo hacer ningún gesto con las manos pues estaba regando las plantas con una manguera.
- ¿Catalina te puedo pedir un favor? – Preguntó el rubio
- ¿Usted pidiéndome un favor? – Dijo más para sí misma que para él, - ¿Es sobre Isa, no es así?
- S-sí…, - contestó llevándose la mano a sus cabellos. – Necesito que cuando la veas le digas que vaya directamente a verme a la sala del consejo escolar. ¿Me podrías hacer ese favor?
- Por supuesto que sí, Lud. – Respondió la colombiana con una sonrisa en el rostro.
- Bien, gracias. – y con esto, el alemán se marchó hacía la sala de la cual apenas había salido, yo el German no tenía ganas ni siquiera de asomarse al club de forja, hoy revisaría que castigo impondría a Isabel. La colombiana que lo veía irse exhaló, no de cansancio ni de disgusto sino de alivio, se cruzó de brazos e hizo una mueca de molestia, palmeo el suelo con la suela de su sandalia, impaciente.
- Isabel, sal ahora de los arbustos. – Exigió la sudamericana, viendo como el arbusto empezaba a moverse y de él salía una morena de cabello crespo y ojos avellanas, avergonzada hasta no poder. Isabel le dedicó una tonta sonrisa a Catalina y esta torció más la boca en desaprobación. – Hice parte de esto porque me lo pediste con mucha determinación pero ¿por qué te escondiste de Ludwig?
- Jejeje… - fue su única respuesta.
- Esa no es una respuesta Isabel. – Aclaró aún más disgustada su amiga.
- Siempre me llamas Isabel cuando está enojada… - dijo con un puchero, bajando la cabeza, acercándose a su amiga como un niño regañado por su madre. Catalina la observó sin decir palabra alguna, esperando por la respuesta de Isabel. – ¡Bien! Tú ganas – gritó avergonzada. – Yo hice algo realmente estúpido…
- Eso no me sorprende, siempre haces tus estupideces. – Respondió con claridad, sin miedo a ser sincera. – A veces hasta me sorprende lo mucho que te pareces a Alfred, tu "según" némesis. – comentó con una exagerado énfasis y aún con los brazos cruzados, observó a la mexicana esperando una respuesta más congruente.
- Catalina, por favor… no me mates después de lo que te voy a decir. – Pidió Isabel con las manos juntas, implorantes por compasión de la colombiana.
- Bien, pero dime sinceramente ¿qué es lo que hiciste?
- ¿Por dónde empiezo?... yo simplemente... sé que estoy en un lío y también sé que conociendo la historia Ludwig no podrá creer en mí. Isabel tomó la mano de Catalina y la condujo a una de las tantas bancas que estaban entre los arboles del espeso jardín. Tomaron asiento y con una seria mirada la oji-avellana comenzó el relato. - "Todo empezó el día después del festival de la calabaza, me había fugado a la carretera con Alfred en su motocicleta… Me sentía tan fatal el desobedecer las reglas de la escuela y las de Ludwig pero sin saberlo acepté a las insistencias de Alfred y como niña pequeña creí en él, de nuevo. Estar con él era doloroso, estar con él era extenuante, estar con él era mortificante pero también estar con él era divertido y alegre. Quería revivir los tiempos en los que sólo éramos nosotros dos, donde nos divertíamos sin preocupación de lo demás, cuando él confiaba en mí y yo confiaba en él. Quería saber sí aquel vivaz niño era el mismo, quería saber sí estar a su lado me hacía sentir feliz y segura…"
- ¿Y que fue lo que descubriste? – Preguntó Catalina, curiosa.
- Que soy una tonta…, nunca entenderé a Alfred, y nunca sabré qué es en lo que piensa. – bajo la cabeza desanimada. - Después de que llegáramos a la escuela por la madrugada cada quien tomó su camino, llegué al edificio femenino sin problemas y entré a mi habitación y me dormí por unas dos horas hasta que la alarma sonó…, al despertar del corto sueño me dispuse a ir al comedor para tomar bocado sin embargo cuando iba en camino a la cafetería me encontré con Iván y sin previo aviso me tomó de la mano y me llevó al edificio de actividades extraescolares. No sé cómo decirlo, fue algo extraño, muy extraño, Iván se veía muy diferente y enojado, me miraba a los ojos de una manera tan profunda que por un momento creí que haría algo o me gritaría… tuve miedo. Pero no hizo nada, sólo me observó tan profundamente, tanto que sentí que algo muy profundo en su corazón pareciera romperse. Yo le pregunté qué es lo que pasaba o que le ocurría y poco a poco tuvimos una breve charla y él terminó diciéndome que le gustaba. - hizo una pausa, con la mirada sonrojada al máxima, tocándose los labios delicadamente, consternada. – y me besó… - desvió la mirada de la castaña – Lo rechacé, Cati. ¿Hice bien?
Catalina que escuchaba atenta a su amiga casi se cae de la banca, sorprendida, alterada por igual por su amiga que normalmente era un desastre, bueno eso no fue lo que la sorprendió sino fue más por el hecho de que el euroasiático tuviera sentimientos de cariño hacia ella.
- ¿¡Qué tienes en la cabeza!? – le gritó, alzando los brazos al cielo. – El mismo Iván Braginski se te confesó! – Dijo como si fuera la cosa más obvia del universo - ¡Por chucho en la cruz! ¡Él, hijo de un líder empresario, principal benefactor de la mismísima mafia rusa!
- Eso último es sólo un rumor… - defendió la morena
- "Sí el río suena es porque agua lleva" – contestó con simpleza para después poner de pie frente de Isabel - ¿Por qué lo rechazaste? Enserio estoy llegando a creer que te hizo daño pasar toda la niñez con Alfred.
- ¿Por qué lo rechacé?... bueno, me siento feliz por saber cómo se siente hacia mí pero, - se acomodó los cabellos que le cubrían la frente y levemente movía los dedos inquieta sobre la banca, insegura. – creo que Alfred me sigue gustando…
Esa fue la gota que derramó el vaso e hizo que la colombiana estallara en gritos de disgusto, se fue contra ella, quedando Isabel bocarriba en el suelo con Catalina sobre ella y que la miraba directamente a los ojos.
- ¿Por qué te sigue gustando ese descarado? – Preguntó molesta
- Ca-catalina… - tartamudeaba
- ¿Es que te gusta que te traten mal o te hagan la vida un infierno?
- N-no es eso…, C-catalina… - decía con el rostro todo ruborizado - ¡que traigo falda!
- Isa, por Dios, ¿cómo es posible que te siga gustando ese maldito desgraciado después de todo el daño que te hizo? – trataba de razonar con Isabel que intentaba vanamente taparse los muslos con la falda que llegaba hasta su vientre de lo recorrida que estaba. – Dime Isabel, ¿ya lo perdonaste? – Isabel se detuvo en su vano intento de cubrirse las piernas y esquivó la mirada de reprensión de su amiga. Sumisa y con una voz nostálgica susurró:
[Después de todo él fue mi primer amor]
Y una cachetada limpia se escuchó en el jardín, fue tan fuerte que muchas aves volaron asustadas. Isabel tomó su mejilla herida, Catalina le propinó otra cachetada más.
- Catalina… - gimoteaba con lágrimas colgándole, - no puedo odiarle para siempre, ¡no puedo…! He tratado pero sólo consigo medio odiarlo y medio amarlo. ¡No puedo olvidarle, ni sus faltas ni sus favores! Él fue mi caballero Verano…
- Olvida ese cuento estúpido Isabel, los caballeros no existen y menos en él. Mejor abre bien los ojos, Isa ¡hay dos chicos que realmente te quieren! No es necesario amar sino amas completamente ¡la mitad no sirve! Olvídalo, déjalo…, él nunca te ha amado.
Y tal vez lo piensen, Invierno, Verano, Otoño aman cada uno de ellos de diferente manera, pero ¿qué pasa con primavera? ¿Cómo ama la tan deseada primavera? ¿Canta o llora al ver a invierno derrumbarse frente a ella? ¿Huye o se aferra a los brazos de verano? ¿Tiene en mente tan siquiera que otoño la está esperando?... ¿Primavera sabe amar?
Sí y no… tal vez.
- Isabel, ¿qué pasó después? – Preguntó la colombiana ante el gélido silencio de la morena.
- El otro problema…
El reloj dio exactamente las ocho de la noche, y cada alumno se movía fuera de sus clubes para ir a sus habitaciones a terminar la tarea o cualquier otra actividad. Las dos morenas que platicaban seriamente en medio del jardín se percataron de lo tarde que era para estar en aquella parte y con gentiles despedidas con gestos, se dieron un pequeño abrazo y se separaron, Isabel hacia la cafetería y Catalina hacia el edificio para chicas. Moviéndose entre el abundante jardín se percató de una sombra que la esperaba a unos pasos adelante, detrás de un encino viejo. Detuvo su andar, dando un golpe firme en el suelo con la suela de su sandalia, cruzando sus brazos y frunciendo el ceño.
- Alfred… - murmuró con desagrado la colombiana, y habiendo escuchado su nombre, el nombrado salió de su forzado escondite. Lustraba una tonta sonrisa en el rostro, con las manos en la cabeza, jugando a ser un detenido.
- Me atrapaste. – reía entre dientes.
- ¿Escuchando conversación de chicas? Vaya, ¿qué tan descarado puedes ser? – preguntó sin dar otro gesto que el de disgusto.
- Oh please, no creas que estaba escuchando su conversación como sí yo lo hubiera planeado… - ensanchó su sonrisa aún más. – Yo sólo venía a decirle unos cuantos consejos a Isabel.
- ¿Consejos? – Cuestionó sarcásticamente. - ¿Tú? Imposible…
- No me interesa que me creas o no, realmente ni me interesa cuanto veneno puedes meterle a Isabel acerca de mí, de que soy el mentiroso, el traicionero, el descarado y poco hombre como dices tú. – Se acercó peligrosamente a la colombiana, quitando aquella sonrisa para mostrarle aquella mirada gélida del americano. Catalina no dio paso atrás, de hecho se irguió recta, con la determinación misma en su rostro.
- ¿Y qué no es verdad que eres un malnacido que la hace sufrir por satisfacción misma?
- Te equivocas…, my dear. Te equivocas. – Alfred ignoró la recia mirada de la colombiana y se apartó de ella por un lado, pasando de largo de ella sin embargo se detuvo a unos pasos lejos de ella para decir sus últimas palabras a la morena, amante del café. Volvió la mirada hacia la sudamericana y aunque esta estaba de espaldas, pudo notar que la mirada de Alfred estaba sobre ella y que no era de esas miradas que uno se complace en tener sobrepuesto. – Kataline, te has equivocado sólo en una cosa… – prolongó una pausa, - al decir que yo nunca la he amado; yo la sigo amando.
[Sí conocieras lo que siento tal vez dejarías de verme como el villano de esta historia]
Catalina volvió la mirada hacia él pero lo único que pudo ver fue su espalda, yéndose lejos a cualquier lado de esta escuela.
- Isabel… ¡que te llueven hombres, loca!
…
Suspiré, tomé de mis cabellos lo más que pude y me empuje a mí mismo al respaldo de la silla, tambaleándome en sólo dos de las patas traseras de aquel artefacto. Angustiado por la espera que se había hecho eterna, ella no llegaría hoy… al menos, sólo por hoy. Tal vez le surgió un compromiso con algún proyecto o una materia, pensaba, perdido en mis pensamientos del cómo todo esto estaba tomando forma. Hace unos tres días Isabel y yo estábamos en el festival de la calabaza, compartiendo unos dulces tradicionales de aquella región.
Una sola carta, una carta escrita por americano que no temía a morderse la lengua o retener su mano, alejada de un par de desdeñosas palabras. Y a todo esto ¿qué contenía la carta? Como sí recordarlo quisiera, mentiras seguro eran todas ellas. Fruncí el entrecejo, incomodo de mis pensamientos.
Ella no pudo ser…
Un sonido llamó a la puerta seguido de un largo chillido de la puerta al abrirse. Una indeleble voz llegó a mis oídos, una voz que a pesar de sonar incomoda marcaron en mí una última esperanza. En la estrada del salón, en medio del marco de la puerta, contrastada por la luz blanca de los inmensos pasillos ahí la vi.
- Lud… - susurró
- Isabel. – Respondí con vehemencia, sucumbiendo a su seria mirada. Levantándome de si asiento me aproximé a ella con una distancia que marcaba límites y que prometían peligro para alguien que pide amor.
- Ludwig, se me hizo un poco tarde. – rio entre lo bajo, evadiendo mi mirada.
- Lo que importa es que ya estás aquí…, - Me alejé unos pasos atrás, consciente de que mi aproximación era un tanto desesperado. Traté de erguirme recto y casual sin embargo, como siempre cuando estoy a su lado mi cuerpo no respondía como debía de ser. – Isabel, creo que no hace falta que te lo diga del porqué te hice venir aquí, ¿no es así? – Pregunté en un tono más serio, adquiriendo mi verdadero papel como presidente escolar.
- Así es, Ludwig. – me afrontó con su mirada, determinada a cualquier acción. Le ofrecí que se sentara en uno de los muchos asientos, al frente mío. Aceptó con un gracias y tomó asiento, puso los codos en la meza, dejándose caer con la melena oscura cubriéndole todo el rostro. – Lud… - se quejó con la mejilla derecha en la mesa, haciendo débiles mohines. – Sé que mis palabras no valen mucho a comparación con las fotos y evidencias que de seguro les brindaron para inculparme… pero, sé que soy un desastre de persona; me gusta el juego y perder el tiempo con tonterías, no como sino trago, y que mis modales no son los más idóneos para una alumna de esta institución que principalmente es para jóvenes de casta fina y adinerada.
- Isabel, se directa. – Pedí con las manos en mi barbilla, atento de como Isabel compungía más los labios, parando la trompita como dicen vulgarmente. Con todo su cabello regado en la mesa la morena empezó a revolverse el cabello con sus manos, mortificada; alzó la cabeza y con el cabello cubriéndole los ojos me miró, o eso supuse.
- La cuestión es que… puede que parezca la culpable de todo ese alboroto haya sido yo pero nunca tuve la intención que algo así pasara, no lo supe hasta ese día… - se quitó los mechones de cabello del rostro y me dedicó una larga y directa mirada.
- Isabel, puede que yo crea en tus palabras sin embargo los demás no lo harán. – hice para atrás un mechón que desde hace rato estaba ahí sin que lo percibiera – Necesitas pruebas, pruebas para mañana a más tardar. Te ayudaré sólo por hoy. – sonreí.
- Gracias por creer en mí… - me miraba con una alegría inmensa, con los ojos acuosos y las mejillas rojas.
Hermosa…
Tosí alarmado de mi propio sonrojo, llevando mi mirada a cualquier rincón de la habitación. Me tomó de la mano agradecida y un con un suave beso en la mejilla se marchó dejando en mí la invisible marca de sus labios, dejando en mí un nido de mariposas en el estómago y en la cabeza.
Dejando en mi las esperanzas de un tal vez.
¿Han visto alguna vez al otoño y la primavera en un mismo cuadro? ¿Han visto quien de amores les junte? No, nadie. Invierno está a su derecha, verano en su izquierda, y otoño en alguna solitaria banca, paciente y con el temple sereno, observando desde lo lejos cualquier desgracia.
La caída de las hojas.
Pero entre todo lo negativo y desmotivador, otoño, buen amante, buen amor, esperaba aun así paciente pues él podía sobrevivir sólo con un mundano beso en la mejilla por parte de quien esperaba clemente y sosiego, tomando con su helada mano la mejilla en la que el beso fue depositado…
Otoño que a gritos frustrados y callados esperaba la venida y el regreso pero…
Y durante el resto de la noche, el estricto presidente Beilschmidt no pudo dormir.
A la mañana siguiente de esa, como todos comentaban, todo sería un desastre, no sólo los alumnos comentaban aquel tema tan delicado sin menor cuidado sino lo gritaban a los cuatro vientos, todos, absolutamente la volteaban a ver y susurraban a su espalda.
Todo estaba destinado a fracasar…
Saliendo de la dirección con los otros miembros del consejo que se miraban indiferentes a la aflicción de Isabel platicaban con normalidad, observando de reojo a la morena que como único apoyo en aquella visita con los directivos y demás maestros fue Arthur que sin poder hallar una razón la ayudó, y la acompañó a todos lados mientras Isabel trataba de demostrar su inocencia.
- ¿Por qué está aquí la becada? – Preguntó uno de los maestros, curioso.
- Por un extraño caso, al parecer la becada se ha metido en varias peleas, ha roto reglas de la institución y para variar ha mentido en decir que ella no lo hizo cuando claramente fue ella. – contestó la maestra Helena, que recién terminaba a lectura del reporte de detención.
- No fue mi intención, sólo fue un accidente… - se excusó – claro, no quiero decir que no me haré cargo de los gastos, lo pagaré todo… no importa cómo.
- ¿Accidente? – cuestionó otro maestro, incrédulo.
- Así es, tiendo a perder el control… Jejeje – río avergonzada, nadie le creería así fuera verdad.
- Esto no es algo que cause risa, señorita Montero.
- Lo siento…
"Y aunque ella lo haya hecho fue porque tenía una razón justificable… ¿verdad?" – Pensaba atento al desarrollo de esta reunión.
…
- ¡Sí! ¡Fui yo, yo lo hice! Si no me crees no puedo hacer mucho por ti y anda a creer todo lo que te dicen! De igual manera nunca tuve las de ganar… - gritaba con dolor en mirada, - Sé que Beilschmidt tiene su compromiso con la escuela, y yo no quiero ocasionarte problemas, así que sí… fui yo, lo hice y rompí tus reglas y sé que ahora ya no tendré tu confianza, pero está bien, está bien… - bajaba la cabeza con inmensas lagrimas colgando de su barbilla -, de alguna manera está bien. – dicho esto, se puso de pie y con paso apresurado corrió al último edificio que estaba derrumbando, dejando atrás a Ludwig que escuchaba atento e incrédulo las palabras de Isabel al aceptar su culpa.
Corrió al edificio destruido y allí, un rubio de ojos azules la esperaba.
….ooo…
e_e perdón por tardar en actualizar, pero la vida es cruel con mis motivaciones TT-TT
Le prometí a UnderLike que no iba hacer a Iván sufrir… lo siento otra vez, soy una desgraciada. ¡Se le confesó! Y eso no lo tenía ni contemplado! Lo de Lud sí pero lo de Iván no… pero me pareció genial xD hay que decir las cosas claras y eso es una cualidad de Iván.
Dejé muchos cabos sueltos (lel) pero el prox. Cap lo explicara todo, además de que es para Iván ese cap.
Catalina hace una participación especial en este cap. porque es lindísima, así como Arthur (no podía dejar a ese tsundere sin explotarlo). Y la pregunta del millón ¿qué es lo que hizo o no hizo Isabel? También lo sabremos en el prox. Cap :D
Gracias por pasar y leer, a todos sus comentarios y observaciones (pls todo menos a Arthur 2p D':)
¿reviews? ¿Observaciones o recomendaciones? ¿Quién dice yo?
Nos vemos~
