Una mirada triste acompañada de una media sonrisa fue su respuesta. No tenía intenciones de hacerse la fuerte frente a Hayate y, como bien había dicho ésta, sus gestos solían expresar con bastante elocuencia sus emociones. Al menos más veces de las que a ella le gustaría.
-Tranquila, tampoco he dicho que os tengáis que casar con él
-Pues poco os ha faltado.
-Amiga, sí que tenéis poca imaginación. Venid, os contaré que vamos a hacer en las pocas horas que nos quedan.
- O –
Nanoha recorría pensativa los pasillos de Dunnotar. La reunión con la castaña se había alargado más de lo esperado y ni siquiera pudo almorzar junto a su hija y Fate como les había prometido.
-Fate… - Soltó un gran suspiro. ¿Cómo conseguiría explicarle lo que iba a hacer y que, además, ésta lo aceptara? Ya había asumido que gustarle, no le iba a gustar, pero quería al menos tener su apoyo. Volvió a suspirar.
No, tenía que ser fuerte. Si ella se mostraba segura y convencida del plan, seguro que su compañera también lo estaría. No contenta, eso era ya pedir demasiado, pero al menos sí segura. Aceleró su marcha con renovada resolución hasta que entró en su habitación, dónde volvió a perderla.
-Fate ¿Qué hacéis vos aquí?
-Hola a ti también -Quizás esa no era la mejor frase para empezar la conversación o eso pensó Nanoha, por suerte supo reaccionar rápido y en pocos segundos tenía su rostro entre las manos.
-¡Qué felicidad veros amor mío!
-¿En serio? Porque tu cara parecía decir todo lo contrario – No había venido a discutir con la pelirroja, pero después del plantón de medio día y de su cara de espanto, tampoco pensaba ponérselo fácil.
-Muy, pero que muy en serio – Sus manos comenzaron a bajar lentamente hasta llegar a su cintura y abrazarla fuertemente. -Cada minuto sin vos es toda una vida sin luz.
-Pelota… -Pretendía mantenerse seria y enfurruñada unos minutos más para castigarla, pero no pudo evitar que un pequeño sonrojo asomara en su rostro.
Su compañera contuvo de mala manera una sonrisa de victoria y empezó a dar pequeños besos por su cuello. Si hace unas semanas le hubieran dicho que acabaría en una relación amorosa con otra fémina…y ahí estaba, besando la suave piel de una mujer y disfrutando con cada reacción que sus labios iban provocando. Tanto le gustaba que casi se olvida de que tenía una dificil conversación pendiente. La respiración agitada que empezó a escuchar la hizo dudar, pero no podía seguir posponiendo el problema. Con toda la tristeza del mundo se separó de aquella piel aterciopelada y puso algo de distancia entre sus cuerpos.
-Fate, eres preciosa.
-No sé por qué, pero cada vez que me dices eso echo a temblar.
-Nhyahyahya, y que sabia sois.
-Dime ¿qué ocurre?
Como siempre, directa al grano. Sonrió, se sabía enamorada hasta los huesos de aquella mujer.
-Hay una tarea que debo realizar y, por desgracia, no será de vuestro agrado. En unas horas me reuniré con el capitán Scriaya y le confesaré lo mucho que su partida afligirá mi corazón. Con pequeñas lágrimas en los ojos, le desearé un viaje seguro y, mientras le digo que rezaré por su rápida vuelta a nosotros, le pediré inocentemente que me escriba si encuentra un momento de desasosiego entre sus muchas tareas. Entonces me acercaré a él y, con timidez, acariciaré su brazo para…
-¿Estás bromeando no?
-No mi amor, desafortunadamente os hablo muy en serio. –Fate apartó la mano que acariciaba su mejilla con furia – Mañana, cuando el capitán parta del castillo, lo hará con el recuerdo de haber yacido a mi lado.
No, no podía ser, había tenido que entenderlo mal. ¿De verdad se acostaría con ese bastardo? Empezó a caminar en círculos por la habitación como un león enjaulado. Quiso gritar, romper algo, dejar salir su rabia… entonces Nanoha la agarró para mirarla fijamente.
-Fate, creedme cuando os digo que mi corazón os pertenece solo a vos. Pero hablamos del futuro de mi hija y es mi deber asegurar que la voluntad del capitán esté de nuestro lado.
La rubia rompió a llorar. Sí, estaba enfada y rabiosa por lo que acababa de oír, pero sobre todas las cosas estaba triste. Triste por Nanoha, por todo el dolor, la humillación y la frustración que iba a soportar acostándose con alguien que no quería. Así, abrazadas y consolándose, pasaron varios minutos hasta que ambas estuvieron preparadas para volver a hablar.
O –
La espera se estaba haciendo infinita ¿Qué hora sería? Le parecía increíble pero así era, los nervios se habían apoderado de él y unas pequeñas mariposas flotaban en su estómago. Nunca se había dejado llevar por cosas tan estúpidas como el amor, ni si quiera en sus tiempos mozos, pero ahí estaba: todo un hombre y contando los minutos para ver a su amada. Leía una y otra vez la nota que un criado le había hecho llegar: "La tristeza me aflige pues inminente es vuestra partida. Me gustaría hablaros en privado, por favor, esperadme esta noche, Lady Nanoha". En un primer momento entendió que la cita sería en sus propios aposentos y cuando ya empezaba a dudar unos suaves golpes en la puerta hicieron saltar su corazón:
-Adelante bella dama, sois más que bienvenida. – Obviamente el capitán no pudo evitar la cara de disgusto que se le quedó al ver a la institutriz.
-Ya… gracias. –Tampoco es que ésta trajera muy buena cara – Os traigo una bandeja con vino y un par de vasos.
Un silencio largo e incómodo cayó entre ambos.
-Oh… ya veo. –dejó escapar un suspiro de comprensión- Muchas gracias Lady Testarrosa. Ya veo que la enseñanza no es la única de vuestras virtudes, también sois abnegada y servicial como toda esposa debería ser. Sin embargo, me es imposible corresponderos pues mi corazón ya tiene señora. Pero no lloréis encantadora dama, sin duda encontraréis un buen marido a poco tardar.
-Capitán Yuuno, estoy aquí por el favor que me pedisteis. No sé si lo habéis olvidado, pero me preguntasteis por los gustos de Nanoha y… - tuvo que usar toda su fuerza de voluntad- cuál sería la mejor forma de seducirla.
-Cierto, cierto. No puedo imaginar lo difícil que debe haber sido para vos constatar mis intenciones hacia Lady Nanoha y veros relegada a un segundo lugar. Creedme cuando os digo que, de haber descubierto vuestros sentimientos con anterioridad, jamás os hubiera pedido ayuda.
-Sí, claro ejem… estoy "destrozada". Bueno, aquí tenéis un borgoña. Es el vino preferido de Nanoha y creo que si se lo ofrecéis os ayudará a… bueno, a eso. -Fate sintió unas pequeñas arcadas al terminar la frase.
-¿Su preferido decís? Brillante amiga mía. Dejadlo en aquella mesa por favor y Milady, no os preocupéis, lo superaréis.
La institutriz se fue tras un fuerte portazo. "Pobrecilla, la devoran los celos" pensó, pero por suerte no pasaron muchos minutos para que volvieran a llamar a su puerta. Esta vez no habló, sino que se dirigió directamente a la puerta para abrirla. Por fin, la espera había terminado.
O –
El grupo de soldados se iba alejando lentamente. Era casi de madrugada, pero el buen humor y las chanzas se oían entre ellos. Sobre todo aquellas dirigidas a su capitán, pues no era ningún secreto la noche de pasión que éste había pasado junto a una de las señoras de la casa. Yuuno recibía los halagos con falsa modestia y apelaba a su "caballerosidad" para evitar relatar el encuentro amoroso. Lo que no sabían sus compañeros era que, su silencio nada tenía que ver con la caballerosidad. No les contó nada por el casi nulo recuerdo que el militar tenía de la noche anterior.
Obviamente había consumado su relación con Lady Nanoha, no le cabía ninguna duda al respecto. Sin embargo, sus recuerdos eran borrosos, era practicamente incapaz de fijar ninguna imagen de su encuentro más de un segundo. No quería reconocerlo, pero el vino que bebió junto a Nanoha, sumado a los varios vasos de licor que compartió con sus compañeros antes del encuentro, le había jugado una mala pasada. No era la primera vez. Por suerte, había cumplido honrosamente con su deber en lecho. Que mejor prueba que los comentarios sobre los ruidos que todos escucharon provenir de su alcoba.
Sonreía mientras cabalgaba. Sí, desposaría a la joven madre en cuanto la guerra acabara. Había encontrado a una mujer sumamente bella, fértil y con un vasto patrimonio ¿qué más podía pedir?
O –
Aquel lugar era frío, pero aquello no era una molestia desde su punto de vista. La luz al contrario, sí lo era. Estaba sumamente harto de las malditas gotas de cera que caían destrozando su trabajo a pesar de su extrema precaución y de que cada cierto tiempo tuviera que entrar un sirviente para renovar las velas interrumpiendo sus experimentos. ¡Oh peor! Cuando los ineptos se olvidaban de cambiarlas. Jail quería un laboratorio mejor y, sobre todo, quería más individuos con los que poner en práctica sus teorías. Sin embargo, era totalmente consciente de su posición en aquel asqueroso castillo y sabía que hasta que el conde no viera resultados, no satisfaría sus necesidades, si tan solo… ¡PUM¡ Un fuerte portazo le indicó que, de nuevo, alguien volvía a molestarlo.
-¡Scaglieti! El Conde Douglas desea veros, acaba de llegar el mensajero del rey. Ahora.
Jail suspiró. Si ya despreciaba a los soldados por su demostrada estupidez, el comandante de la guardia privada del conde conseguía disgustarlo aún más. Solo él se atrevía a hablarle de aquella forma, el resto parecía normalmente asustado, aunque no es que él les prestara demasiada atención. El comandante sin embargo, se negaba a ser ignorado por el maese como solía ocurrir con el resto y lo obligaba, casi por cansancio, a responder la llamada de su mecenas. El soldado lo acompañó hasta el gran salón donde una nueva contrariedad parecía salir a su paso.
-Disculpe capitán, no creo haberle entendido bien ¿Dice que se marcha?
-Así es querido Conde, el rey ha exigido celeridad en esta intermediación y no es mi voluntad hacer su espera más larga de la necesaria.
-¿Y escuchar la versión de quién posee hombres de armas y víveres no es necesario para su intermediación… Capitán? –El tono amenazante que acompañaba sus palabras era, cuando menos, poco sutil.
-Espero, señor Conde, que no esté insinuando nada en su pregunta. Al contrario que vos, yo cumplo con las ordenes de mi rey que, como bien sabéis, ha solicitado la presencia de TODOS sus hombres en el menor tiempo posible.
La tensión en la sala era cortante, un silencio agresivo se instaló en los interlocutores y Jail había empezado a desesperarse. No porque viera peligrar su futuro, sino por la inexistente capacidad para la política de Douglas. Era obvio que existía la posibilidad de no poder convencer al mensajero del rey, de hecho, él ya estaba preparado para tal eventualidad. Pero la sorprendente ineptitud del noble y el vaticinio de una larga noche dando explicaciones conseguían exasperarlo. La reunión, como cabía esperarse, acabó con amenazas poco veladas y la falta de acuerdo.
Tras la marcha del Capitán Scraya el conde hizo desalojar la sala a los presentes, a excepción claro está de su, en estos momentos no tan apreciado, consejero.
-Espero, por vuestro bien, que tengáis una solución para este problema maese.
-Catalogarlo como problema sería darle demasiada importancia. Una pequeña contrariedad sería una denominación más adecuada.
-¡¿Pequeña contrariedad decís?! –Casi le salía espuma por la boca- Pues supongo que perder vuestra cabeza también os parecerá una "pequeña contrariedad". –Los nobles y su amor por el drama pensó Jail. – Si ese maldito capitán me acusa de deslealtad ante el rey lo perderé todo y la culpa será solo vuestra, maese.
-Mi señor, ¿por qué os acusaría de deslealtad? –El conde lo miraba incrédulo ¿estaba ese hombre totalmente loco como todos decían?
-Por no enviar a mis hombres para apoyar al rey en el frente, si es que existe la posibilidad que no lo hayáis oído.
-¿Y por qué no enviáis esos hombres para apoyarle? –Sentado en su silla, las venas en el nobel cuello empezaron a hincharse.
-Porque antes deben conquistar Dunnotar para mí estúpido, ¿es que no fue eso lo que me prometisteis como consejero?
-¡Entonces hacedlo!
-¿Eh?
-Mandad a vuestros hombres al castillo, conquistad Dunnotar cuanto antes y acudid raudo a la llamada del rey. Si en unas semanas estáis allí, justo a tiempo para la batalla, nadie recordará vuestra tardanza. Y, sobre todo, a nadie le importará a qué se ha debido, mucho menos al rey.
Douglas lo miraba fijamente. No sabía si le estaba tomando el pelo o si hablaba seriamente. Se levantó de su silla y, casi despreocupadamente, se acercó al consejero.
-Así de fácil, claro, solo hay que apoderarse del castillo. Ya está jeje. Por qué no se me habrá ocurrido antes… ¡¿QUIZÁS PORQUE DUNNOTAR ES UNA FORTALEZA INEXPUGNABLE?!
Jail cogió un pequeño pañuelo de su bolsillo y, con toda la calma del mundo, se limpió la saliva que el conde le había escupido al chillar a escasos centímetros de su rostro. El gesto pareció enfurecer aún más al ya rabioso hombre.
-Pues porque ahora son vulnerables. Obviamente saben que el consejero está de su parte y, por ende, creen haber ganado la batalla. Sus defensas no esperaran un ataque ahora, cuando se supone que estamos explicando nuestros argumentos al capitán Scraya y…
-¿Y…? ¡Hablad por Dios bendito!
-…y además he conseguido infiltrar a un hombre de mi confianza entre sus soldados.
Por segunda vez aquel día, se produjo un silencio tensó en la sala. Sin embargo, esta vez fue roto por una risa atronadora que pudo escucharse en todo el castillo.
O –
-Salud querida amiga, por la cara del capitán durante su partida veo que nuestra batalla pronto acabará.
-¡Salud!
Hayate sonreía internamente, la felicidad que irradiaba Nanoha era evidente. También evidente, pero según ella mucho menos explicable, era la felicidad de Scryaia y los rumores que corrían por todo el castillo. ¿Cómo demonios lo había conseguido su amiga? Es decir, embaucar a un soldado era factible, hasta un niño podría hacerlo. Engañar a todo un grupo no tanto. Aunque empezaba a tener alguna idea.
-Tengo que reconocerlo, por un momento temí por vos… Oh no! No me entendáis mal, sabía que las hierbas funcionarían, pero nunca os tuve por tan buena actriz.
-Y una vez más, vuelvo a mostraros cuán equivocada estabais.
La risa triunfal le duró poco, el tiempo que tardó la castaña en decidir que la arrogancia de su amiga merecía un pequeño escarmiento.
-Supongo que nunca hubiera creído que, después de tantos años de digamos… inactividad, una mujer recordara cómo producir "ciertos sonidos". –A Nanoha se le atragantó el vino- Según me cuentan, era tal la veracidad, que esta mañana tú y el capitán eráis la comidilla de todo Dunnotar. ¡Por no hablar del volumen! Lady Campbell, sí la tía-abuela de mi marido que está casi sorda, ha venido esta mañana para quejarse de los ruidos "indecentes" que no le han permitido dormir hasta altas horas de la madrugada.
Casi le dio pena acabar con tanta alegría. La joven madre pasó de la despreocupación al pánico y del pánico a la vergüenza en microsegundos. Todo ello acompañado por continuos cambios de color en su rostro y una recién adquirida tartamudez. Casi le dio pena.
-A todo esto ¿Cómo está Fate? Mari, la criada, me ha dicho que no ha salido de sus aposentos en todo el día. Cualquiera pensaría que la han tenido trabajando toda la noche. –Si antes se atragantó, hora estuvo a punto de escupir el vino- Nanoha querida, es menester que controles los impulsos de la juventud… No es posible que Vivio abuse así a nuestra querida institutriz. –"Victoria" pensó Hayate.
FLASH BACK
Nanoha no se asustó cuando la puerta se abrió sigilosamente.
-Acercaos por favor, sola me es imposible, necesito vuestra ayuda.
En el silencio de la habitación se escucharon unos pasos secos y poco después un par de manos le dieron el impulso que necesitaba. Estaba empezando a desabrochar los botones del chaleco militar cuando una voz en forma de gruñido la interrumpió.
-¿Qué demonios estáis haciendo?
-Pues obviamente desvestir al capitán, como si no pretendéis que éste crea haber yacido conmigo. –Escuchó un bufido a su espalda– Tranquila, no habrá que verlo desnudo, bastará con que se despierte en ropa interior. Los hombres rara vez se despojan de toda su indumentaria en la cama.
Al escuchar un segundo bufido sonrió, su plan había funcionado. Hayate rara vez se equivocaba y esta noche no había sido una excepción. El vino que Fate había traído a la habitación incluía un pequeño añadido, unas cuantas gotas de un fuerte sedante proveniente de la pequeña botica de la señora de la casa. El efecto fue inmediato. Nanoha ni si quiera tuvo que mojarse los labios, al primer sorbo el hombre ya tambaleaba para acabar cayendo al suelo un momento después. Lo más difícil de todo había sido mantener alejadas las manos del capitán mientras lo convencía para brindar por su encuentro. "una maldita y asquerosa eternidad" pensó la pelirroja. Por suerte no había mucha ropa que quitar y en poco tiempo hubo acabado. Se incorporó para avisar a su compañera que ya podían irse cuando vio su cara de frustración. Hasta ese momento no había tenido mucho tiempo para preocuparse por ella, pero ahora que la observaba con atención veía su postura tensa, los músculos engarrotados del cuello y la mirada rabiosa. Estaba mal y lo sabía, pero no podía evitar pensar lo sexy que estaba Fate consumida por un ataque de celos. Se acercó silenciosamente y la abrazó con fuerza por la espalda, una nueva e interesante idea había se le había ocurrido. Un nuevo bufido se dejó escuchar.
-¿Se acabó? ¿Podemos irnos ya?
-Lo siento mi amor, pero aún queda una cosa.
-¿El qué?
-Pues convencer al resto de soldados, que con toda seguridad tienen una oreja puesta en esta alcoba, de que ha ocurrido algo.
-Ja ¿Y cómo piensas hacer eso?
-Pues, naturalmente, haciendo que "algo" ocurra. –Los primeros besos en su cuello no se hicieron esperar.
-¿Pero qué haces? ¿Estás loca? ¿Y si se despierta? –Con el susto, se soltó del agarre y se alejó casi de forma automática de la pelirroja hasta que su espalda tocó la puerta.
-¿Acaso eso importaría? Os deseo.
La rubia era literalmente una estatua, una muy roja sí, pero tan quieta y muda como una estatua cualquiera. Ya había comprobado que Nanoha era una mujer ardiente, a veces jugaba a tentarla sí, y mucho, pero al final la iniciativa siempre había sido suya. Estaba en shock. Unos dedos en sus labios la devolvieron a la realidad.
-Durante los últimos días he tenido que alejarme de ti para acompañar a Scraya. Reír sus chistes, soportar sus interminables historias, su mano sobre mi brazo, mi cintura… Quiero borrar todos y cada uno de los malos recuerdos que estas jornadas sin tu presencia me han otorgado. Me importa bien poco el capitán o el resto del mundo. Solo quiero que todo desaparezca para poder inundarme de vos. Os deseo Fate. Ahora ¿Vos a mí?
Solo unas palabras bastaron para que su mundo empequeñeciera hasta componerse de una única cosa. Nanoha.
-Más que nunca.
La pelirroja sonrió y con un rápido movimiento la empujó con fuerza contra la puerta. Quiso lamentarse del golpe, pero unos labios hambrientos se lo impidieron. No sabía cómo, pero tenía las manos atrapadas sobre su cabeza mientras que unos pechos se presionaban fuertemente contra los suyos. Al mismo momento, una mano en su cintura la tenía firmemente sujeta. Pequeños gemidos empezaron a escapar de su boca cuando, lentamente, la mano abandonó la cintura para subir por su estómago. Su espalda notaba el frío de la puerta, pero su temperatura no paraba de subir al ritmo que imponía la lengua de Nanoha. Un pellizco en el pezón a través de la ropa le hizo romper el beso para poder morderse el labio. Sus miradas se encontraron. Ambas respiraban profusamente. La pelirroja dejó escapar el pezón para posar sus dedos en el rostro de su amante. Con cuidado, acarició la comisura de los labios para, siempre tortuosamente despacio, pasar el pulgar sobre su labio inferior. Fate abrió la boca y el pulgar rozó casi sin querer su lengua. Se mantuvo así un segundo, con los ojos cerrados esperando poder sentir de nuevo aquel contacto. No se hizo esperar. Aquel dedo se acercó nuevamente a su boca, esta vez con mayor profundidad, encontrando su lengua y volviéndola loca. Apenas había empezado a lamerlo cuando sintió sus manos libres y un pequeño tirón en su vestido. La pelirroja había rasgado su escote dejando sus pechos libres.
-Esta noche sois mía.
Apenas tiempo de entender lo que había pasado, cuando uno de sus senos fue asaltado. Pequeños mordiscos fueron sucediendo a intensos chupetones alrededor de su areola, arrastrando con ellos la conciencia de Fate, que iba perdiendo la fuerza en las piernas y se iba deslizando poco a poco contra la puerta. Justo antes de tocar el suelo, Nanoha "encontró" su pezón. El primer grito resonó en la habitación. Respiraba profundamente, empezaba a intuir que su compañera no iba a darle tregua y así era, en un momento vio como sus medias desaparecían y las faldas quedaban remangadas a la altura de su cintura. Mientras la pelirroja besaba su cuello, unas manos empezaron a subir paralelamente por el interior de sus muslos. Mientras la boca bajaba húmeda por su garganta, las manos subían realizando pequeños círculos con los pulgares. Así, cuando sintió unos dientes hincarse en su clavícula, los círculos habían dejado atrás los muslos y rozaban sin pudor alguno sus labios exteriores. Su cuerpo tembló, decidió agarrarse a la melena pelirroja para no caer. La lengua de Nanoha bajaba, y sus dedos seguía girando en círculo rozando levemente su sexo. No pudo más. Tiró de la suave cabellera que tenía entre las manos para poder mirarla a los ojos.
-¡Por favor!
Nanoha solo la besó lentamente, pero cuando pensó que para su desgracia seguirían torturándola, uno de los pulgares se introdujo en su cuerpo mientras el otro realizaba círculos sobre su clítoris. Su respiración empezó a entrecortarse, se hacía difícil seguir el beso.
-Fate, mírame.
Abrió los ojos. La mirada de Nanoha era oscura, profunda… llena de deseo. De pronto ya no era solo un pulgar, sino varios los dedos que de golpe entraban y salían de su cuerpo pausadamente. Una vez. Otra vez… llevándola al cielo lentamente. Demasiado lentamente a esas alturas. La rubia intento acomodarse para acompañar mejor aquellos dedos, pero se lo impidieron. Con sus muslos bajo las piernas de su amante, la mantenía fija en la misma posición a la vez que con la otra mano agarró con fuerza sus nalgas. Fate no podía hacer nada, Nanoha la movía a placer sujetándola firmemente entre su cuerpo y la fría puerta. Diminutos hilos de sangre aparecieron en los hombros de su compañera. Ya no sabía cómo mantenerse cuerda ante la oleada de placer infinita y la única manera parecía ser a través de clavar sus uñas en la piel de la otra joven. Sus miradas seguían enganchadas. Los jadeos llenaban toda la habitación. De pronto, Nanoha decidió curvar sus dedos al final cada embestida, el ritmo empezó a incrementarse cuando…
FIN DEL FLASH BACK
Lo recuerdos de la noche anterior se agolparon en la mente de la joven madre haciendo que, esta vez sí, se atragantara con el poco vino que había conseguido no escupir hacía un segundo.
-Vivio… sí… hablare con ella para que deje de abusar –Un sonrojo poco discreto apareció en su rostro- de su adorabl… adorada institutriz.
N/A: ¿Hola? ¿Hay alguien siguiendo aún este fic? Jajajaja
Si os preguntáis por qué al final he decidido incluir lemon en esta historia la respuesta es sí, me sentía culpable. El retraso, digamos prolongado, en subir otro capítulo es inexcusable, así que espero me perdonéis con esta escena ;P (lo he hecho lo mejor que he podido). Gracias de nuevo por los mensajes y comentarios, el único motivo por el que aún intento terminar esta historia.
