Hola!
Puedo aparecer sin que me lancéis una maldición?
(Nikachan pone carita de inocente, esa de que no haber roto un plato en su vida, cosa que es cierta, como mucho he roto un vaso o dos… :p)
Bueno, como sé que os dejé a todos con la intriga y además, el baile en realidad no terminó sino que lo partí porque era muy largo, os adelanto este capítulo como regalo de semana santa vale?
Para que luego no os quejéis.
:-p
He leído todos vuestros mensajes, opiniones, críticas y maldiciones por haber dejado inconcluso el capítulo, así que soy buena y os dejo este antes de que se cumpla la semana, vale?
Pero eso sí, quiero reviews eh!
Porque he estado viendo mi página y hay mucha más gente que tiene mi fic en favoritos y no me deja reviews!
Yo sigo escribiendo si vosotros seguís dejándome mensajes ok? Y así todos contentos, porque si no, voy a matar a algún personaje! (jejejeje… era broma… dejad las varitas en el suelo y alejaos de ellas poco a poco…)
En fin… os dejo con el capítulo, vale?
Espero que os guste. Un besito!
Capítulo 13. El baile II
Dani miró por encima del hombro de James y observó como cuatro metros más allá, Remus bailaba de forma simple y dulce con una chica de cuarto a la que conocía por ser de Ravenclaw, pero de la que no sabía nada más. Se imaginó a sí misma bailando con Remus, ¿por qué no había tenido el valor de pedirle que fuera su pareja? Se odiaba por ser tan cobarde a veces… valiente Gryffindor que ni siquiera se atrevía a decirle al chico del que estaba enamorada que le gustaba… Se preguntó si el sombrero no se había equivocado al ponerla en aquella casa.
-¿Me estás escuchando, Dani?
La chica parpadeó ante la voz de James y sus ojos se fijaron en los del chico con el que estaba bailando. Sonrió dulcemente y negó con la cabeza un par de segundos.
-Perdona, estaba distraída, ¿qué has dicho?
James giró la cabeza para mirar lo que parecía haber distraído a Danielle y se extrañó; sólo estaba Remus bailando con Natalia, nada más. ¿Eso era lo que la había distraído?
-Estaba pensando en otras cosas –dijo ella rápidamente atrayendo la atención de James de nuevo-. Como por ejemplo en la paliza que le vamos a dar este sábado a los de Hufflelpuff –añadió con una sonrisa divertida bajando la voz a medias por si había algún hufflelpuff cerca.
-No es cierto –dijo James.
Dani enarcó una ceja.
-¿El capitán no cree que vayamos a darle una paliza a Hufflelpuff?
Él sonrió.
-No es cierto que estuvieras pensando en eso –le contestó él obligándola a girar sobre sí misma y recogiéndola de nuevo en medio de los pasos del baile-. Estabas pensando en otra cosa –le dijo divertido. Danielle le miró-… o en otra persona.
-No digas tonterías –ella le sonrió con falsa coquetería y le soltó la mano para enlazar ambas manos detrás de la nuca del chico-; estoy con el chico más guapo de Hogwarts, ¿en quién voy a estar pensando?
James le sonrió.
-Si Sirius te escucha decir eso le da un ataque –contestó él mirando hacia donde bailaban su amigo con la pelirroja-. Además, buen intento, pero no me puedes despistar –le dijo sonriente-. Te conozco lo suficiente.
-¿Y qué tanto me conoces? –le preguntó ella.
-Sé que cuando te muerdes el labio inferior como lo estás haciendo ahora, es porque estás ocultando algo; sé que cuando tus ojos brillan de ese modo es porque estás mirando a alguien que te gusta y sé que el único al que estabas mirando ahora mismo era Lunático –dijo triunfalmente James-. Uno no pasa siete años con una persona sin conocerla un poco.
-¿Insinúas que me gusta Remus? –preguntó Dani sin poder sonrojarse-. No digas tonterías, ¿quieres?
-No son tonterías –contestó el moreno-. Llevas toda la noche mirándolo e incluso has insistido en sentaros con él en lugar de con Banks.
-Eso ha sido sólo porque no quería terminar haciendo de árbitro entre Sirius y Emily y además porque creo que Peter necesita un poco de tranquilidad esta noche –añadió con una media sonrisa mirando hacia la mesa donde Emi y Peter parecían estar riéndose por algo.
-Dani, te recuerdo que me conozco todas las miradas de enamoradas habidas y por haber –le dijo el chico sonriéndole-; y la mirada que tú tienes cuando Lunático está cerca es una mirada de enamorada.
-Deja de decir tonterías –le reclamó ella-, al final va a oírte.
-¿Quieres bailar una canción con él? –preguntó James. Dani iba a abrir la boca para protestar y decirle claramente que no le gustaba Remus Lupin, prefecto de séptimo de Gryffindor, cuando Sirius siguió hablándole-. No porque te guste, sólo digo… es un baile de bienvenida, se supone que tienes que bailar con todo el mundo, ¿no? –le guiñó un ojo.
-Sí, claro, como si fuera tan sencillo… en cuanto me acerque a él Sirius estará al acecho preguntándose qué ocurre –frunció el ceño-, además no creo que esa pulpo lo fuera a dejar… -comentó con ironía mientras veía como el pobre Remus intentaba decirle con delicadeza a Natalia que sus manos debían permanecer en sus hombros y no entrelazarlas alrededor de su cuello.
-Déjamelo a mí –fue la respuesta de James-. Pero prométeme que hablarás conmigo y me confesarás que te gusta Remus.
Dani suspiró resignada y James lo interpretó como un sí; ni corto ni perezoso se dirigió con Dani hacia la pareja que bailaba y en uno de los giros del baile, James soltó a Danielle y tomo a Natalia de los brazos de Remus antes de que a la ravenclaw pudiera besar al chico.
-Cambio de pareja –dijo James simplemente entregándole a Remus una Danielle algo sonrojada y perpleja por el descaro del chico de gafas-. Devuélvemela enterita que vale mucho –le guiñó un ojo y casi se delató cuando sonrió al escuchar al lobito decir en un susurro "eso ya lo sé".
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Había conseguido librarse de aquella chica haciendo gala de todo su encanto y argumentando que no podía dejar plantada a su cita; y en aquellos momentos se acercó sonriente hasta donde la pelirroja y Sirius bailaban.
-¿Me permite este baile? –preguntó el chico de gafas con una reverencia formal ante Lily.
Sirius sonrió ante el gesto de James y al ver la mirada de la chica supo que por primera vez, ella lo estaba viendo como alguien a quien prestar atención.
-Yo sé cuando sobro –dijo a modo de despedida Sirius inclinando la cabeza con elegancia frente a Lily-, Evans, un placer bailar contigo, no lo haces mal del todo.
-Gracias… supongo… -añadió la chica.
Antes de darse cuenta de qué ocurría, la música pasó a una canción lenta y antes de que la chica pudiera encontrar una excusa lo suficientemente creíble para sentarse un rato, la mano fuerte y segura de james atrapó su cintura con delicadeza y tomó su mano libre después de obligarla a colocar la mano de ella sobre su propio hombro, empezando a guiarla con los pasos simples de aquel vals inglés que estaba sonando.
Lily lo seguía sin problemas; no hacía falta que James le dijera qué tenía que hacer o hacia donde tenía que girar; simplemente se dejaba llevar por la música y por los brazos de él que parecían tener una seguridad innata y parecía conocer lo que se hacía.
Estaba confusa, lo admitía. Aquel no era el James Potter con el que estaba acostumbrada a tratar; era dulce, cariñoso, atento, amable y un excelente bailarín que se estaba comportando como un perfecto caballero durante toda la noche.
-¿Estás bien? –le preguntó la profunda voz de James al oído. Ella titubeó ligeramente antes de asentir contra el pecho del chico, sin haberse dado cuenta de cuando había ido a parar allí su cabeza. -. ¿Eres consciente de que estás abrazándome? –le preguntó él sonriendo junto a su oído.
Lily supo que tenía razón; no recordaba cuando lo había hecho, ni en que momento exacto había ocurrido pero allí estaba, sus brazos apoyados en el pecho de James, y dejando que las manos de él rodearan su estrecha cintura. James notó que se tensaba por segundos y atrajo el cuerpo de ella aún más; intentando relajarla masajeándole con círculos la zona lumbar en la que tenía sus manos; funcionó.
Un par de estudiantes les miraron y empezaron a cuchichear cuando pasaron por su lado; Lily entendió las palabras "cita", "también" y "conseguido" y cuando iba a abrir la boca para replicar algo, James dio un giro suave que la hizo deslizarse un par de metros de aquellas chicas.
-Relájate… -le susurró James-… bailas muy bien cuando te relajas –añadió sonriendo.
-Pero esas… ¿no has oído lo que han dicho? –frunció el ceño-. O es que te gusta que vayan creyendo que…
-Claro que me gusta que vayan creyendo que he venido con la chica más guapa de Hogwarts –Lily le miró-. Además, no me importa lo que digan los demás.
Lily lo miró de forma sarcástica separando su cabeza del hueco entre el cuello y el pecho, donde la tenía puesta y mirándolo mientras soltaba un "¡Ja!" bastante sarcástico.
-¿Desde cuándo a James Potter no le importa lo que digan los demás de él?
Los jos avellana de él la miraron a través de los finos cristales de las gafas; el tiempo pareció detenerse para Lily con aquella simple mirada y aquella sonrisa capaz de derretir el mismo Ártico.
-Desde que esta noche es sólo tuya… -le contestó el chico.
-No lo entiendo… -susurró la chica. James sonrió.
-¿Qué no entiendes?
Ella se separó de él un poco, más para estar segura de que sabía lo que decía y que no hablaba hipnotizada por la seguridad que el cuerpo de James le proporcionaba.
-Esto. Tú. Black dice que…
-¿Has estado hablando con Sirius de mí? No te creas la mitad y la otra mitad tampoco –le dijo sonriendo. Lily supo inmediatamente que estaba bromeando y le sonrió de vuelta-. Estás preciosa cuando sonríes… Deberías hacerlo más a menudo, generalmente cuando me miras siempre estás con el ceño fruncido.
-Tú haces que siempre esté con el ceño fruncido –le culpó ella ligeramente.
-Me gusta verte enfadada –se encogió de hombros el chico. Lily le miró-. ¿Qué? Te ves bonita cuando te enfadas conmigo. Tus ojos brillan con más fuerza.
-¿Mis ojos?
-¿Nunca te habías dado cuenta? –ella negó-. Pues sí, tus ojos brillan con más fuerza, del mismo modo en que lo hacen cuando estás leyendo un libro que te gusta o cuando estás emocionada por algo.
-¿Cómo sabes tú todo eso de mí? –James se encogió de hombros.
-Ya te lo dije, te quiero. Por eso quiero saberlo todo de ti –le contestó con simpleza.
-James… -empezó ella de manera reprochadora.
-Me has llamado por mi nombre, eso es un avance –le sonrió.
-No te acostumbres, es solo por esta noche –le advirtió ella. James le miró divertido pidiendo una explicación y Lily resopló-. No te has portado como el idiota de Potter, así que he decidido que lo mejor es que esta noche seas James –le aclaró la chica.
-Me parece bien –contestó el chico claramente feliz por aquella declaración de la pelirroja con la que estaba bailando.
Antes de que Lily se diera cuenta, James se había inclinado y la había besado en la frente en un gesto tan sencillo y puro como protector y tierno. Lily lo miró y él le guiñó un ojo mientras la guiaba a través de un giro.
-Ha sido James, no Potter –le dijo él divertido.
Lily no pudo evitar sonreír ante la ocurrencia del chico y esta vez, siendo consciente de lo que hacía, se recostó en el pecho de él y dejó que la música los guiara, dejándose guiar por el corazón en lugar de por la cabeza.
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Lo había decidido. Iba a matar a Cornamenta. No le importaba que después todo el equipo de quiddich lo linchara por dejarlos sin capitán, ni tampoco le importaba demasiado que Sirius le estuviera criticando por matar a su mejor amigo, casi hermano, pero iba a matar a James Potter. ¿Cómo diablos se le ocurría dejarlo solo con Danielle? Bueno, claro que no era su culpa, después de todo, él no sabía que se estaba enamorando de esa chica que en aquellos momentos bailaba con él, aunque aquella sonrisa en el rostro de su amigo lo hiciera sospechar tremendamente de lo que James sabía o dejaba de saber.
Genial; música lenta, precisamente lo que menos necesitaba en aquellos momentos para que Dani notara el nerviosismo de sus manos que no dejaban de temblar. Con una sonrisa que aparentaba tranquilidad pero que no era así ni por asomo, colocó su mano en la cintura de Dani y casi sintió que la chica daba un respingo involuntario que arregló con una sonrisa dulce, empezando a bailar una danza lenta y suave sin apartar sus ojos de los ojos de ella que brillaban con intensidad.
James era hombre muerto, de eso estaba convencida la chica. Tan pronto sus manos rozaron las de Remus, supo que Lily se iba a quedar sin James, porque por mucho que su amiga dijera que no le interesaba el chico, estaba claro, al menos para ella, que allí había algo más de lo que la pelirroja decía. Hubiera sido más fácil mentir a James y decirle que no estaba mirando a Remus, cualquier otro chico que hubiera estado cerca de Remus hubiera sido un buen candidato, pero claro, mentir a James no era nada fácil por dos razones: primero porque parecía que el chico estaba tan acostumbrado a mentir que cada vez que alguien mentía delante de él, él lo sabía, y segundo porque con la mirada y la sonrisa que James solía utilizar para según que momentos, era imposible mentirle y aún más allá, inconcebible.
La música cambió, para suerte y desgracia de Dani, a una balada lenta. Notó la mano temblorosa de Remus sobre su cintura y le sonrió intentando hacerle creer que no había dado un respingo, no porque se hubiera asustado, si no porque la cercanía con el chico la ponía nerviosa; Remus no era tan gran bailarín como Sirius o James, pero por algún motivo, Dani se sentía tan bien a su lado que los pasos de baile pasaron a un segundo plano y sólo importó la música y la presencia del otro.
Un torbellino de sentimientos se apoderó de ambos sin que el otro lo supiera y cuando la música paró, ambos se separaron del otro como si su piel quemara.
-¿Salimos a tomar el aire? –preguntó Dani abanicándose torpemente con su mano.
Remus asintió, el aroma a limón de la chica aún tenía sus sentidos aturdidos. Ninguno de los dos fue consciente de la mirada divertida de color avellana que los observaba a través de los cristales de unas gafas.
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¿Sara, ¿Susan, ¿Sorah? Sirius se encogió mentalmente de hombros al darse cuenta que no recordaba el nombre de la chica con la que acababa de bailar. Aunque tampoco era que le importara demasiado; buscó con la mirada a Danielle pero no la vio; dado su condición y su altura podía observar por encima de las cabezas de algunos de los más bajitos que en aquellos momentos estaban bailando cerca de él, pero no veía
-Siento interrumpir parejita, ¿habéis visto a Dani?
Tanto Lily como James dejaron de reír y miraron a Sirius; él sonriendo, ella con el ceño fruncido.
-¿Has perdido a mi amiga? –le preguntó ella desafiante.
Sirius Black titubeó un poco; conocía el genio de le pelirroja en cuando se refería a defender a los que le importaban.
-Emmmm ¿no? La dejé bailando con James –acusó el chico mirando a James y señalándole con el dedo.
La pelirroja se giró hacia James y este se limitó a encogerse de hombros con una sonrisa traviesa. Se inclinó hacia Lily y le susurró unas palabras al oído que ni siquiera Sirius, con su buen oído, fue capaz de distinguir, por lo que el chico moreno maldijo en voz baja y entre gruñidos a la música tan alta que había en la sala.
Lily miró a James como si quisiera asegurarse que lo que le estaba contando era cierto y el chico asintió firmemente. Lily también sonrió.
-Se fue a dormir –le indicó Lily.
Sirius la miró receloso.
-¿Y te has acordado de repente?
-¿Es que tengo que darte explicaciones sobre cuando me acuerdo de las cosas, Black? –le preguntó ella de la misma forma cortante y sarcástica.
James pasó una mano por el respaldo de la silla de ella y le acarició con suavidad la base del cuello, en la nuca, haciendo que Lily se tranquilizase.
-No se encontraba bien y la vimos hace un par de minutos salir hacia la torre; creo que le dolía la cabeza –añadió intentando sonar convincente.
Sirius miró a su amigos durante unos segundos con los ojos entrecerrados, receloso, preguntándose si el chico que tenía delante le estaba diciendo la verdad o sólo le estaba tomando el pelo; pero la sonrisa de James era tan sincera… ¡Odiaba cuando James era capaz de hacer aquello! Era muy bueno mintiendo, demasiado bueno; no más que él, por supuesto, pero era muy bueno, por eso se había librado de tantos castigos y es que pese a que le hubieran pillado en un pasillo con las manos en el cuello de Snape intentando estrangularle, sabía perfectamente que Cornamenta era capaz de hacer creer a los demás que había sido Snape quién había metido el cuello entre las manos de James. Aunque tampoco le veía el sentido a que James le mintiera, a no ser que fuera porque Danielle estuviera bailando con alguien él no… Sus ojos se abrieron de forma desmesurada y giró para mirara a su alrededor como si esperara encontrar una flecha luminosa que le indicara donde estaba Dani y con quién estaba; era su deber como "hermano" protegerla de todos aquellos que querían salir con ella.
-¿Y Remus? –preguntó Sirius desconfiado al darse cuenta de que el chico tampoco estaba por allí.
James se encogió de hombros con sencillez.
-Dijo algo de unos libros que tenía que entregar y dado que quería deshacerse de Natalia… -dejó el resto de la frase a imaginación del animago que lo miró y asintió.
Sirius aún recordaba la cita que había tenido con Natalia; si la chica había sido un poco pesada hablando todo el día de Remus, imaginaba como debía de haber pasado la noche Remus.
-Aún no entiendo por qué ha venido con Natalia… sabe que esa chica es una auténtica pesadilla cuando se lo propone –hizo una mueca que hizo reír a Lily y suspirar a James-. No te rías, tú no sabes lo duro que es soportar a todas nuestras admiradoras ¿verdad Cornamenta?
Lily se giró hacia el chico en cuestión que se limitó a alzar las manos en señal defensiva y sonriendo le contestó:
-A mí no me metas, esta noche soy James –le dijo sonriendo.
Sirius los miró a ambos con una ceja enarcada mientras que Lily se limitaba a sonreír de forma inocente y James hacía lo mismo. El animago iba a decirles algo y abrió la boca para ello, pero prefirió callarse y cerró la boca de inmediato.
-Prefiero no preguntar –alegó-. Me voy a la torre, es aburrido no poder gastarle ninguna broma a los Slytherin.
-Es cierto –dijo la chica como si recordara algo de repente-, esta noche no habéis hecho nada –y acto seguido pasó a mirar a los dos chicos con desconfianza.
-McGonagall nos ha hecho prometerle que esta noche no haríamos nada –empezó a decir James.
-Y un merodeador nunca rompe su promesa –terminó la frase Sirius llevándose una mano al pecho y elevando la cabeza con aire soñador haciendo que la chica rodase los ojos-. Bueno, me retiro, sed buenos –les guiñó un ojo a James.
-Vete ya, pesado y no olvides sacar a Gideon de su jaula –le recordó James cuando Sirius ya se había dado la vuelta. Como toda respuesta, Sirius alzó una mano en señal de que lo había oído.
-¿Gideon?
-El pequeño búho de Peter, como es tan miedoso no sale durante el día y únicamente se atreve a hacerlo de noche, pero como Peter casi siempre se olvida de sacarlo, nos turnamos para abrir la jaula –ella asintió despacio-. ¿Te apetece bailar o prefieres salir fuera un rato? –Lily le miró desconfiada-. Es que esas chicas empiezan a darme miedo, sobre todo el modo en que Evy me está mirando –añadió señalando con la cabeza hacia un punto del comedor en cuestión.
Lily observó que el chico teína razón y le sonrió.
-Salgamos un rato fuera, aquí dentro hay demasiada gente y a mí no…
-… no te gusta llamar la atención y prefieres pasar desapercibida –acabó él la frase de la chica mientras se ponía de pie y le tendía una mano para ayudarla a levantarse-. ¿Vamos?
Lily, por toda respuesta, asintió.
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No habían salido fuera; Remus la había conducido hasta uno de los balcones más próximos al Gran Comedor al cual se accedía a través un falso tapiz. En aquellos momentos, ambos estaban recostados contra la baranda observando el firmamento; era cierto que el techo del Gran Comedor estaba encantado para ver las estrellas, pero lo que se veía dentro de Hogwarts no podía compararse con lo que se veía fuera. A Danielle siempre le había apasionado la astronomía; desde que conoció a Sirius y supo que su nombre completo era Sirius Orión Black, la chica se dedicó a estudiar las estrellas que formaban una constelación junto a la estrella de Orión; le gustaba sentirse pequeñita frente a tantas estrellas que le daban su luz y seguían brillando pese a estar a años luz… se preguntaba si ella dejaría en su vida tanta luz como aquellas estrellas hacían, de forma que dentro de muchos años, alguien supiera quién había sido Danielle Adams.
Miró hacia el cielo. Cuarto creciente… La luna estaba casi llena, apenas faltaban tres días para que la gran bola plateada vigilara desde el cielo a los mortales como ellos. Remus suspiró y sonrió con cierta tristeza.
-Nunca te ha gustado la luna llena ¿verdad? –preguntó Dani.
Remus sonrió a medias y negó con la cabeza.
-Siempre ocurren cosas extrañas en luna llena –argumentó el chico.
Dani sonrió.
-¿Rituales sangrientos? –preguntó la chica medio en broma. Remus la miró.
-Hombres lobos por ejemplo –le contestó el chico.
Dani lo miró con los ojos entrecerrados y luego se encogió de hombros quitándole importancia a eso.
-No me dan miedo –le aseguró al chico. Remus enarcó una ceja.
-¿Has visto alguna vez a alguno? –le preguntó.
Danielle negó con una sonrisa.
-He visto cosas mucho peores que hombres lobos, Remus, tú sabes quién es mi familia, sabes de donde vengo… -le contestó ella.
-Los hombres lobos son peligrosos –le dijo él con un atisbo de culpabilidad en sus ojos casi dorados, una nube que los nubló ligeramente.
-No más que los hombres normales, Remus –le replicó ella-. Un hombre lobo es víctima de una enfermedad; sí, de acuerdo, se transforma en lobo una vez al mes y puede ser muy peligroso… Pero hay gente que sin ser licántropo mata todos los días del mes –añadió la chica son sensatez.
Remus asintió despacio pero no contestó. Danielle se calló; conocía a Remus perfectamente y sabía cuando debía callarse con el chico. A veces solía hacerlo, cuando Remus no quería hablar de algo, simplemente se mantenía callado, con los ojos fijos en cualquier otro lugar, esperando a que alguien volviese a cambiar el tema. Una vez más, aquella noche, los celos superaron la lógica de la chica que cruzó los brazos sobre la baranda del balcón y giró su cabeza para mirarle.
-¿Qué dirá tu pareja cuando no te vea en la pista? –le preguntó al chico con cierta ironía que no pasó desapercibida para el chico.
Remus enarcó una ceja.
-¿Natalia? –se encogió de hombros cuando ella asintió-. No lo sé, tampoco es que me importe mucho, la verdad. Además, seguramente James se ha deshecho de ella –Dani le miró-, a veces lo hacemos, cuando nos encontramos muy apurados con alguna chica, uno de nosotros viene y nos salvamos mutuamente –dijo con cierto tono que indicaba que no le hacía mucha gracia que se armara todo aquel alboroto por él.
-No deberías tratar así a tus admiradoras –le recomendó ella-. Tu club se verá afectado –añadió con una media sonrisa.
-Dani, sabes que a mí no me importa tanto el club como a James o Sirius… y hablando de Sirius, ¿qué dirá él cuando no te vea en la pista?
-Sirius estaba muy entretenido con Sarah cuando hemos salido del comedor –le contestó Dani. Remus le miró y negó suavemente con la cabeza mientras sonreía-. ¿Qué?
-Nada, sólo me preguntaba cómo es que siempre sabes dónde está Sirius; hemos salido de un lugar lleno de gente y aún así has sido capaz de verlo.
Dani sonrió admitiendo que era cierto. Del mismo modo que Sirius bromeaba diciendo que tenía un radar que le indicaba donde estaba Severus Snape en cada momento, ella parecía tener el mismo radar pero únicamente para localizar a Sirius; quizá fuera que sabía donde iba el chico cada día y a cada hora, quizá simplemente fuera intuición o quizá era pura suerte, pero si querías saber donde estaba Sirius, todo el mundo sabía que tenía que preguntarle a Danielle Adams.
-Su altura ayuda mucho –se defendió la chica muy seria pero con aquel brillo risueño en los ojos.
Quizá fuera la proximidad de la luna llena y que el lobo andaba algo revuelto y no permitía que nadie se acercara a su terreno, pero por mucho que lo intentó, Remus no pudo evitar la pregunta:
-Hacéis buena pareja –se aventuró a decir.
Dani lo miró enarcando una ceja, preguntándole en silencio si estaba hablando en serio, cuando se dio cuenta de que el chico hablaba completamente en serio, se echó a reír de forma escandalosa ante la mirada de Remus que parecía estar armándose de paciencia esperando a que ella dejara de reírse.
-¿Estás insinuando que Sirius y yo… jajajajajaja –volvió a reír antes de poder terminar la pregunta obvia que iba a lanzarle al chico.
Remus se sintió fuera de lugar unos segundos, pero supo reaccionar bien y carraspeó para llamar la atención de la chica que aún sonriendo, se recostó contra la baranda y empezó a mirar el cielo, aunque de vez en cuando tenía ocasionales carcajadas.
-Bueno, sería lógico… es el chico con el que más estás, y definitivamente Emily te prohibiría que salieras con él –nada más acabar de decir aquello, Remus se dio cuenta de que se había equivocado en la elección de sus palabras.
Un segundo, ese fue el tiempo que Danielle necesitó para asimilar las palabras del chico antes de darse cuenta de lo que aquello significaba.
-¡Fuiste tú! –se giró para mirarlo con los ojos encendidos y las mejillas ardiendo -¡Tú estabas aquel día en el baño de prefectos!
-Sólo entré para saber cómo estabas –se defendió el chico con tranquilidad sabiendo que sería inútil decirle hasta la saciedad que él no era pues se había descubierto utilizando las mismas palabras que ella había utilizado aquel día en el baño.
-¡Me viste desnuda! –le gritó ella.
-Te vi sumergida en la bañera y cubierta de espuma –matizó el chico.
-¡Escuchaste lo que dije! –añadió más roja que nunca aunque ni siquiera ella misma sabría haber dicho si era porque él la había visto casi desnuda o porque la había escuchado hablar.
-Nunca dijiste el nombre de nadie –le recordó él.
-¡Claro que no lo dije! –replicó ella-¡Y no sabes cómo me alegro de no haberlo hecho!
Remus la miró y parpadeó.
-¿Por qué?
-¡Porque entonces te habrías enterado de que yo te quie… -se llevó ambas manos a la boca y se giró hacia el balcón de nuevo mientras negaba con la cabeza-. No he dicho nada, no iba a decir nada, no he dicho…
Pero Remus ya no la escuchaba, estaba aún terminando la frase que ella no había acabado "de que yo te quiero" ¿le quería, ¿cómo podía quererle? Él hubiera apostado a que era Sirius el chico por quien Dani suspiraba, aunque claro, si lo miraba desde la posición de Dani, sería como enamorarse de su hermano y por mucho que su familia oscura dijera que era normal casarse entre primos y hermanos, había llevado bien ni acababa de aceptar.
¿Le quería? No, él no podía quererla, no podía decirle que también la quería. El chico se pasó una mano por el pelo mientras decidía si debía irse de allí, actuar como si no hubiese dicho nada Dani o si debía confesarle lo que sentía o lo que empezaba a sentir por ella.
-No he dicho nada… ¡por Merlín! –dijo ella -¿cómo puedo ser tan idiota? Tú nunca te vas a enamorar de mí, solo soy tu amiga… por todos los magos, ¿cómo puedo ser tan idiota?
Remus frunció el ceño. Quizá no era la mejor opción pero no iba a dejar que nadie insultase a Dani, ni siquiera la propia Dani.
-Se acabó –sentenció Remus antes de rodear la cintura de ella para inclinar su cabeza y empezar a saborear los labios de ella.
Aquella no era la magia que estaban acostumbrados a practicar; no se trataba de hechizos, encantamientos, pociones o transformaciones… era simplemente magia en su estado más puro; suspiros de amor en silencio, una batalla por controlar el beso, manos que recorrían la cintura de ella y la nuca de él, alientos entremezclándose y un torbellino de sentimientos que ninguno de los dos deseaba que desapareciera. Aquello era verdadera magia.
Fue Remus quien empezó a cortar el beso de forma suave y lenta, no quería darle a Dani la impresión de que no deseaba besarla, así que mientras su beso se iba haciendo más lento, el chico subió sus manos deslizándolas sobre la ropa de ella, desviándolas de su cintura a su espalda, a sus hombros, a su cuello y rodeó las mejillas de ella.
Dani sintió como el aire volvía a sus pulmones pero por contradictorio que pareciera, ella no deseaba ese aire, quería seguir ahogándose en el beso. Mantuvo los ojos cerrados, pensando que sólo era un sueño, un sueño como tantos otros había tenido ya. Unas suaves caricias en sus mejillas la hicieron despertar.
-Wow… -Remus sonrió ante el comentario de la chica.
-¿Wow es bueno o malo? –le preguntó el chico sonriendo con un ligero sonrojo.
-Ha sido…
-… mágico.
Danielle asintió y Remus se inclinó para darle otro beso, esta vez, más suave y menos apasionado que el de antes. Danielle le miró y él le sonrió.
-Tenía que comprobar que este también era mágico –le contestó el chico como si fuera algo completamente evidente.
Danielle sonrió con aquella típica sonrisa tonta que a toda chica se le quedaba cuando Remus la besaba, pero a diferencia de las otras chicas, Remus pensó que en el rostro de Dani, incluso aquella sonrisa se veía perfecta.
De repente los ojos de ella se abrieron de forma amplia y la chica se llevó una mano a la boca para ahogar un grito.
-¡Emi va a matarme!
-Sirius me matará a mí –le contestó Remus con aire resignado.
Danielle iba a decir algo más cuando él la volvió a abrazar y la atrajo hacia si mismo, apoyándose él en la pared y obligándola a ella a recostar su peso sobre él. Le sonrió antes de besarla.
-Pero vale la pena… -le susurró al oído de la joven.
Dani sonrió cuando notó que Remus bajaba de su oído hacia su cuello, donde se entretenía besándolo y mordiéndolo ligeramente. Sí, definitivamente merecía la pena.
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-Peter, ¿qué te pasa? –le preguntó Emily tocándole dulcemente el brazo y haciendo que él despertara de sus ensoñaciones-. Estás muy distraído…
-Perdona, sólo estaba…
-¿Estabas qué? –preguntó ella.
-Pensando en lo guapa que estás esta noche –contestó Peter con una sonrisa tímida mientras notaba como sus mejillas se sonrojaban completamente. Entonces la miró como si hubiera cometido el peor de los pecados-. Perdona, yo no quería…
-Si vas a decir que no querías decir eso, te recomiendo que no lo hagas –le dijo ella sonriendo-. ¿Me traes un poco de agua, por favor? –le pidió al chico.
-Claro –en un arranque de no timidez y haciendo gala a la valentía de la que siempre presumían merodeadores y Gryffindor, Peter besó la mano de Emily antes de levantarse-. Vuelvo en un minuto.
Ella sonrió sonrojada.
Desde la mesa de las bebidas Peter la miró.
Estaba preciosa. No había ninguna duda de eso. Emily Banks estaba radiante aquella noche, al menos para los ojos de Peter. Quizá fuera el vestido verde claro que llevaba y que se ajustaba a las curvas de la chica con cierto aire casual y femenino, quizá fuera el cabello recogido en aquella coleta descuidada o quizá fuera el ligero maquillaje que las chicas la habían obligado a ponerse; fuera lo que fuera, estaba claro que estaba preciosa. Se había jurado a sí mismo que iba a hacerlo aquella misma noche; antes de que se acabara el baile le iba a confesar a Emily Banks que le gustaba como algo más que una amiga. Pero sabía que iba a romper un juramento echo a sí mismo porque no iba a tener el valor de decírselo. Ella era preciosa y cada vez que se miraba a sí mismo y después la miraba a ella, más convencido se quedaba de que ella lo iba a rechazar y como estaba seguro que eso no lo podría soportar, era preferible no decirle nada.
Alguien le dio un golpe en la espalda a modo de saludo y Peter relajó el rostro al darse cuenta que sólo James Potter saludaba de aquel modo. Inclinó la cabeza en modo de saludo hacia Lily quien le sonrió.
-¿Dónde has dejado a tu chica? –preguntó James.
-No es mi chica –dijo Peter con lo que a Lily le pareció voz cansada seguramente porque el pobre chico debería de haberse pasado toda la semana repitiendo lo mismo.
James hizo un gesto con la mano para darle a entender que aquello era un detalle sin importancia y a continuación tomó un zumo de naranja que le pasó a Lily con una sonrisa. La chica notó que de repente Peter fruncía el ceño y desvió su mirada hacia el lugar donde él miraba, sonriendo al ver el motivo del enfado repentino del chico.
-¿Qué hace Parker hablando con Emi? –preguntó el pequeño de los merodeadores.
Lily lo miró.
-¿Desde cuándo es Emi? –le preguntó con una sonrisa sabiendo que aquella información sería muy valorada por su amiga.
-Desde que sabe que está loco por ella –contestó James por su amigo, ganándose una mirada furiosa de Peter-. ¿Qué? –se defendió el chico con una media sonrisa-. Yo que tú iría a ponerle las cosas claras a Parker –le indicó con la cabeza el lugar donde se encontraba intentando que Emily Banks accediera, al parecer por los gestos de ambos, a bailar con él.
-No creo que sea necesario –argumentó el chico con una media sonrisa-. Estoy seguro que Emily sabe defenderse perfectam… Ahora mismo vuelvo –añadió cuando vio como Parker sujetaba la mano de Emily con demasiada fuerza pese a que ella parecía estar frunciendo el ceño e intentando separarse de él.
-¿No deberías ir a ayudarle? –preguntó Lily mirando como Anthony era casi tan alto como Sirius lo cual significaba que le sacaba casi dos cabezas a Peter en altura.
James negó.
-No va a pelearse con Peter –señaló James con simpleza. Lily lo miró incrédula; conocía perfectamente el carácter explosivo de Parker-. Ser merodeador implica que los profesores siempre te tienen en el punto de mira y que casi siempre eres el candidato perfecto para ser el culpable de lo que sea que haya pasado.
-Cosa que resulta siempre cierta –se apresuró a decir Lily.
-Pero también significa –siguió diciendo el chico ignorando la interrupción de la pelirroja-, cierto respeto. Parker sabe que si se enfrenta a Peter se está enfrentando a los merodeadores –se encogió de hombros-, y por alguna razón que desconocemos, nadie quiere hacerlo –añadió con una sonrisa traviesa que fue respondida por una mirada de Lily que parecía querer decir "¿en serio?"
Lily tuvo que admitir que una vez más, aquella noche, James Potter tenía razón; tan pronto Peter llegó a la mesa donde estaba Emily sentada, Parker lo miró receloso, Peter le sonrió y le dijo algunas palabras en voz suave y tranquila, poco después, Parker miraba a Emily antes de irse del lugar, dejando a una sonriente Emily que besó a Peter en la mejilla antes de tomarlo de la mano para sacarlo a la pista de baile.
-Te lo dije –susurró James a su lado. Lily frunció el ceño y él la miró divertido.
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-¿Se puede saber por qué no me has dicho que Parker te estaba molestando? –le preguntó Peter frunciendo el ceño.
-Porque sé defenderme sola –le contestó ella sin darle demasiada importancia.
-Sí, ya lo he visto –comentó con sarcasmo Peter haciendo que la chica pensara que pasar tanto tiempo con el humor sarcástico de Remus empezaba a afectar al chico.
-Además, detesto que utilices tu papel de "merodeador" para que la gente no…
-Emi, llevo siete años en el colegio, le he gastado bromas a más de la mitad del alumnado, algún que otro profesor incluido –añadió con una sonrisa nostálgica al recordar la vez en que el profesor de vuelo quedó atrapado en el armario de las escobas durante tres horas seguidas-, me he ganado a pulso el título de merodeador y es justo que lo utilice cuando tengo que hacerlo –hizo una mueca y chasqueó la lengua-, sabes que nunca lo hago…
-Pues yo te he visto en varias ocasiones –le retó ella.
-Eso era diferente –le replicó el chico haciendo un gesto con la mano.
-¿Por qué? –insistió la chica.
-Pues porque en las ocasiones en las que me has visto, siempre estabas tú de por medio –le contestó el chico-. No soporto que nadie se burle de ti o se meta contigo, aunque sepa que sabes defenderte –añadió al ver cómo ella iba a replicarle algo-, si puedo evitar que te hagan daño lo haré.
-Pues Black no es que se porte como un caballero conmigo.
Peter enarcó una ceja.
-¿Y acaso tú te portas como una dama con él? –le contestó el chico divertido.
Emily no tuvo más remedio que reír suavemente dándole la razón al merodeador que asintió satisfecho porque sin necesidad de palabras, sabía lo que aquella risa significaba.
-Así que no es casualidad que todos los que se meten en una pelea o discusión conmigo terminen en la enfermería ¿verdad? –le preguntó ella perspicaz.
Peter se encogió de hombros con sencillez en un gesto que a la chica se le antojó claramente copiado de Potter pero se contuvo de decir nada.
-Claro que no es casualidad –contestó él con aire distraído-, no voy a dejar que se metan con la chica que me gusta y de la que creo que estoy enamorado ¿no?
Demasiado tarde; cuando Peter notó que ella se detenía y no seguía el ritmo de la música además de notar que las manos de ella se habían quedado rígidas alrededor de su cuello, donde estaban colocadas, Peter supo que había hablado demasiado. Miró de reojo a James que sostenía una botellita transparente y lo maldijo en voz baja.
-¿Qué?
-Que voy a matar a Cornamenta… mira que ponerme veritaserum en mi agua para que me declare… -empezó a decir Peter enfadado-. Te prometo Emi que yo no quería decir.. bueno, sí quería decirlo pero no así y no… -suspiró-. Mejor será que me calle antes de que te diga que estoy completamente enamorado de ti y que tú me rechaces –argumentó el chico volviendo a maldecir a James y a él mismo por ser tan idiota.
Emily resopló contrariada cuando se encontró pensando que le gustaría que Peter se pareciera un poco más al resto de merodeadores en cuanto a relacionarse con chicas se refería; estaba enamorada de él, sí, y era precisamente por su aspecto de niño tímido y vulnerable que le quería, pero a veces le gustaría que se diera cuenta de que su presente y su futuro no estaban condicionados por los desplantes que tuvo que soportar en el pasado; desplantes que le gustaría que olvidara.
-Ay, Peter… -exclamó con una media sonrisa-. Bueno, en vista que no lo haces tú, lo haré yo y más te vale no haberme dado señales equivocadas durante toda la noche porque no me gusta ponerme en ridículo.
Cuando Peter consiguió sonreírle, ella apretó su abrazo alrededor del cuello de él y agradeciendo que fueran de la misma altura, unió sus labios a los del merodeador de forma dulce y tranquila, saboreando aquel primer beso, sintiendo como debajo de los suyos, los labios del chico le respondían con el mismo cariño y la misma forma en que ella lo estaba besando.
A su alrededor, todos aquellos que lo vieron empezaron a susurrar, pero ni Emily ni Peter le dieron importancia a nada más que a la persona que tenían en frente cuando tuvieron que separarse para tomar aire, mirándose a los ojos, el miedo olvidado, la timidez superada y la ilusión de un nuevo amor presentada en bandeja de plata.
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-¿Qué? –le preguntó en tono conciliador, un tono que nunca le había escuchado ella.
-Nada –pero James siguió mirándola, instándola a que le contara qué era lo que la tenía preocupada. Lily resopló y maldijo los ojos de Potter por ser capaces de hacer con ella lo que fuera que estaba logrando aquella noche-. Es que odio que tengas razón –le confesó ella.
James enarcó una ceja, claramente divertido por la respuesta de ella y le sonrió, Lily en un principio pensó en enfadarse con él, pero la sonrisa de james era tan limpia y su suave risa tan clara que acabó contagiándola.
-No te rías de mí –le pidió ella aún sonriendo.
James negó con la cabeza.
-No me reiré de ti si a cambio haces algo por mí –pidió enarcando una ceja.
Lily lo miró recelosa, aunque había captado el brillo jocoso en los ojos del chico no podía evitar sentir cierta aprensión por lo que el merodeador tuviera en mente.
-¿Qué cosa?
James sólo sonrió más ampliamente.
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El fuego de la chimenea chisporroteaba en una danza de colores dorados y rojizos sobre la madera que crujía; el calor era soportable y el silencio tranquilo. Era cierto que él era un escandaloso y que disfrutaba en todos los sitios donde hubiera música, diversión y fiesta, pero a veces también le gustaba escuchar el silencio y sentir la tranquilidad de una noche solitaria; por ese motivo a veces solía pedirle la capa a James, para escaparse a los terrenos de noche, allí, junto al lago, se tumbaba y se quedaba observando el firmamento, contemplando las constelaciones, en silencio, solo, tranquilo… Eran posiblemente, los únicos momentos en que Sirius Black permanecía sosegado y calmado.
La sala común no estaba vacía; recostada en uno de los sofás de tres plazas, con la espalda contra el apoya brazos y las piernas extendidas a lo largo del sofá con los pies descalzos cruzados a la altura de los tobillos y con un libro en su regazo, Ann Seever leía plácidamente algo que parecía tenerla absorbida; sonrió; era increíble como Ann podía parecerse a Remus en cuestión de libros.
-Ey –la saludó entrando en la sala vacía de Gryffindor-. ¿Qué haces, Seever?
La chica le mostró el libro que sostenía en su regazo y se encogió de hombros.
-Leer, creo que es obvio –contestó con cierto sarcasmo divertido.
Sirius se quitó la túnica negra que llevaba puesta sobre los pantalones y camisa y la dejó doblada sobre el respaldo de una de las sillas de forma elegante antes de caminar hacia la chica con las manos en los bolsillos.
-Me refiero a qué haces aquí en lugar de estar en el Gran Comedor –le hizo un gesto para que apartara los pies y ella dobló las rodillas dejándole sitio en el sofá; sitio que el chico ocupó sin apenas dudarlo-. Hay una fiesta ahí abajo, ¿lo sabías? –le comentó de forma confidencial.
-No me apetecía ir –dijo ella distraidamente mientras se apartaba un mechón de cabello que había caído sobre sus ojos.
-¿No te apetecía ir? –él parecía turbado-. Vamos… eres una chica –Ann enarcó una ceja y él le sonrió-. Quiero decir, a todas las chicas les gusta los bailes, incluso a Dani y a Banks –ella le miró insistentemente-. Prométeme que no le dirás nunca que he dicho esto –dijo él atropelladamente.
Ann rió suave; dulce, casi en silencio; una risa cristalina, pura, sencilla y simple.
-Lo prometo… -le dijo ella-. ¿Y Dani? Creí que era tu pareja –frunció el ceño-, espero que no se te haya ocurrido dejarla plantada en el baile, con lo que costó que te perdonara después de…
-No –la cortó Sirius-, no la he dejado plantada; Lily y James me dijeron que se encontraba mal y que había vuelto a la torre –frunció el ceño-, ¿no la has visto?
Ann sonrió de forma inocente.
-Claro que la he visto… se ha acostado. Es que ha venido y ha subido sin dar explicación y pensé que quizá tú…
-¿Por qué siempre pensáis lo peor de nosotros? –preguntó Sirius fingiendo sorpresa y dolor.
-Será la influencia de Emily –le limitó a contestarle Ann con una media sonrisa-. ¿Por qué no te has quedado en el baile?
-Me he quedado sin pareja –le contestó él con sencillez.
-¿Y desde cuándo eso es un impedimento para ti, Sirius? –enarcó una ceja la chica rubia mirándolo con una sonrisa divertida.
-Te lo digo si tú me cuentas por qué estás aquí en lugar de estar en el baile –le propuso.
Ann rodó los ojos. Sabía que Sirius era un chantajista y que siempre acababa sabiendo todo lo que quería saber; se preguntó si era así como lo conseguía.
-De acuerdo. Pero tú empiezas –le dijo ella.
-Vale. Quería dejar solas a las dos parejitas… No me apetecía mucho estar en medio de James y Evans y de Peter y Banks –confesó-. Creo que esta noche al menos una parejita feliz saldrá a la luz –añadió divertido. –Ann parpadeó y sonrió a medias. Sirius la miró-. ¿Qué?- preguntó confuso rascándose la nuca-. ¿Me he vuelto a equivocar?
Ann negó.
-No soy tan despistado como vosotras creéis –dijo el chico.
-Nosotras no hemos… -Sirius le miró enarcando un ceja.
-Banks –se limitó a decir el chico. Ann suspiró y le sonrió.
-No se lo tengas en cuenta, Emi tiene un adjetivo para cada uno de vosotros –alzó la mano y empezó a enumerar-. James es un prepotente, tú eres un idiota, Remus un chico inteligente que desprecia su inteligencia estando con vosotros –se detuvo un segundo para tomar aire y Sirius enarcó una ceja-; y Peter es un encanto.
-Sí, eso ya lo suponía –no le dio importancia.
-¿Lily aún no ha matado a James? –preguntó la rubia.
-Por supuesto que no, cuando Cornamenta se pone encantador no hay chica que quiera matarlo e incluso nuestra pelirroja favorita se ve obligada a contener sus ansías homicidas –miró a Ann unos segundos-. ¿Crees que también funcionaría con Banks? –le preguntó esperanzado.
-Creo que no, Sirius –le contestó ella entre risitas.
-Bueno, al menos mientras Peter sea amigo mío no tengo que correr el riesgo de morir joven; me alegro por él, se merecía una chica, aunque sea Banks –contestó. Notó como Ann lo miraba sonriendo y en un momento negó con la cabeza levemente-. ¿Qué?
-Nada… sólo me estaba preguntando desde cuándo hablas así, preocupándote por los demás y todo eso…-contestó ella.
-Mis amigos es todo lo que tengo –se encogió de hombros-. Tengo que cuidarlos del mismo modo en que ellos cuidan de mí. Bueno, te toca –le dijo el chico girándose en el sofá y mirándola. Ann lo miró confusa-. Tienes que contarme por qué estás aquí en lugar de ir al baile.
La chica se encogió de hombros.
-No tenía pareja para ir al baile –contestó simplemente antes de volver a abrir su libro y pasar la vista por las páginas. Sirius la miró insistentemente -¿Qué? –preguntó con una sonrisa nerviosa al sentirse tan observaba.
-¿Eso es todo? –preguntó decepcionado-. Vamos, ¿no hay ninguna noticia más?
-¿Qué más quieres que haya, Sirius?
-Vamos, hay mucha gente que ha ido hoy al baile sin pareja –insistió el chico-. Tiene que haber algo más y a menos que el chico que te gusta sea Snivellus o Malfoy, en cuyo caso no quiero saber como una chica como tú se ha enamorado de uno de esos dos energúmenos, quiero saber por qué no has ido al baile.- ella rió suavemente y Sirius se quedó prendado de esa risita suave y dulce. ¿Por qué no se había fijado nunca en la forma en que reía?
-Está bien; el chico que me gusta ha ido con otra chica al baile y no me apetecía verlos bailando juntos ¿contento? –contestó ella cerrando de nuevo el libro mientras pensaba que no era una mentira del todo.
-Oh, vaya… pues que estúpido… -comentó el chico en voz baja.
-¿Es estúpido que no haya ido al baile por eso? –preguntó suspicaz Ann cruzándose de brazos.
-No, me refiero a que ese chico es estúpido –dijo él sonriente-. ¿Le pediste que fuera contigo al baile?
-Estás bromeando ¿verdad? –preguntó ella. Sirius negó.
-¿Por qué habría de bromear?-Ann se encogió de hombros- ¿Por qué no le pediste que fuera tu pareja?-volvió a preguntar.
Ann lo miró; sus ojos azules; azules oscuros, casi grises, intensos, divertidos, pícaros, siempre divertidos, siempre brillantes, con aquel tono negruzco que adquiría cuando se enfadaba o cuando hacía algo que le apasionaba de gran manera. Esos ojos era lo primero que había visto aquel día en el tren, cuando se conocieron; y desde entonces no había pasado una noche sin que ella viese esos ojos en sus sueños y también en sus pesadillas, pero siempre presentes, siempre con ella, siempre a su lado aunque los dueños de esos ojos no lo supiera, aunque no se diera cuenta.
-No soy el tipo de chica que le gusta –se limitó a decir ella-. No soy ni delgada, ni bonita, ni me paso dos horas arreglándome cada día, ni me preocupo por qué túnica me pondré dentro de una semana…
-Entonces ese chico es idiota –afirmó Sirius. Ann dejó escapar una leve carcajada mientras pensaba qué pensaría Sirius si supera que se acababa de insultar a sí mismo llamándose idiota-. El físico no tiene nada que ver cuando alguien se enamora. Eres inteligente, simpática, bonita, dulce y cariñosa… siempre tienes una palabra amable para quién la necesite y eres una de las mejores personas que conozco –comentó con sinceridad el chico sin saber el efecto que tantos halagos estaba produciendo en la chica-. Cualquier chico estaría más que satisfecho de que le miraras.
Ella sonrió con cierta tristeza.
-No el chico que me gusta… -comentó distraídamente.
-Entonces es idiota de verdad –recalcó Sirius.
Una música lenta provenía del Gran Comedor y Ann resopló de nuevo, odiaba que Dumbledore hubiera insistido en encantar las pareres para que la música se escuchara en todo el castillo. El chico moreno sonrió, se levantó y carraspeó suavemente atrayendo la atención de la chica que lo miró para encontrarse con una mano extendida en dirección a ella.
-Sé que seguramente no soy ese chico, pero ¿quieres bailar? –Ann lo miró titubeando-, ¿qué mejor que terminar la noche bailando con una amiga? –añadió el chico guiñándole un ojo.
Ann sonrió y sin decir nada aceptó la mano de Sirius cuando la música seguía sonando. Como si alguien se lo hubiera indicado, rodeó el cuello del chico con sus manos, disfrutando del calor que emanaba del cuerpo de Sirius, calor que siempre emanaba de él, y tuvo que reprimir una sonrisa y un escalofrío cuando notó las grandes manos de él rodeando su cintura con suavidad mientras empezaban a moverse al compás de la música que los acompañaba.
Era extraño estar de aquella manera con él.
Era extraño estar de aquella manera con ella.
Ninguno de los dos decía nada, se limitaban a mirarse con aquella sonrisa en el rostro que aventuraba y adivinaba sentimientos ocultos; los de ella eran evidentes, los de él, ni siquiera él mismo los entendía.
Era realmente bonita… sus ojos azules que se dejaban entrever a través del flequillo dorado que llevaba aquella noche; su sonrisa que parecía imposible de borrar, y aquella diminutas pecas que bordeaban sus mejillas y las coloreaban ligeramente. Su piel era suave y el chico sentía las uñas cuidadas y largas de Ann, siempre sin pintar, rozando su piel más sensible en el cuello, estremeciéndole ligeramente.
Ella bailaba realmente bien y sabía adaptarse a los pasos de él.
Él era un gran bailarín y sabía guiarla a través de pasos y giros lentos y dulces, le resultaba fácil seguirle.
Si había una palabra que definiera a Sirius era atractivo. Había chicos guapos, pero Sirius no lo era; Ann sabía que James era más guapo que Sirius, pero el primogénito de los Black tenía algo que llamaba la atención, quizá fuera su rostro moreno y siempre alegre, quizá fuera su sonrisa de rebelde sin causa, o el cabello espeso y alborotado que le llegaba por los hombros y que él se encargaba de echarlo siempre hacía atrás dejando que algunos mechones cayeran sobre sus ojos azules oscuros, casi grises y siempre alegres y risueños. O quizá simplemente era el conjunto de todo aquello unido a su carácter extrovertido, impulsivo y protector. No sabía qué era, pero realmente, Sirius Black era atractivo y a su juicio de chica enamorada, terriblemente perfecto.
La música cesó y ambos se miraron unos segundos en silencio mientras ella deslizaba sus manos fuera del cuello de él y Sirius alejaba sus manos de la cintura de Ann.
-No es idiota… -dijo ella casi en un susurro devolviéndoles a ambos a la realidad-… sólo… sólo no le gusto…
-Entonces olvídale; no llores por alguien que no esté dispuesto a llorar por ti –le aconsejó él sonriendo. Ann le devolvió la sonrisa.
Sirius se inclinó hacia ella y la besó en la frente con cariño, con ternura, con dulzura... sentimientos que Ann despertaba en él más que ninguna otra persona
-Y si no funciona siempre puedes decirme quién es y le doy una paliza –añadió guiñándole un ojo-. Buenas noches –susurró antes de separarse de ella después d que la chica sonriera por su comentario.
-Buenas noches, Sirius –le contestó Ann. El chico se alejó de ella y rascándose la nuca se acercó hasta las escaleras-. ¡Sirius! –él se giró-. Gracias…
Como única respuesta, el chico sonrió.
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Lily aceptó la mano que el chico le tendía para acabar de subir los últimos peldaños de aquel estrecho túnel a través del cual la había llevado a Hogsmeade, concretamente a la tienda de dulces donde el chico había dejado algunas monedas sobre el mostrador pagando y dejando de más, unas ranas de chocolate y unas piruletas dulces que había cogido.
-Aún no entiendo qué ganas tú con llevarme a Hogsmeade… -replicó la chica mientras se quitaba el polvo de la falda del vestido.
El pasillo estaba oscuro y hacía frío y la chica se llamó idiota mentalmente por no haber tomado una capa; estaba a punto de volver a hacerlo mientras notaba como el vello de sus brazos se erizaba cuando la suavidad de la tela que rodeó sus hombros y calentó sus brazos. Cuando alzó la cabeza vio a James colocándole su propia túnica abierta sobre el vestido y abrochándole únicamente el primer botón a la altura del cuello de modo que le quedara casi como una capa. Ella le miró interrogante.
-Parecía que tenías frío –se limitó a decirle.
-Gracias –contestó ella.
Se miraron unos segundos y casi por mecánica empezaron a caminar hacia los dormitorios de Gryffindor.
-Quería verte hacer algo ilegal –dijo de repente James. Lily le miró-. La salida al pueblo, sólo quería verte hacer algo fuera de las normas.
-Yo hago cosas fuera de las normas –se atrevió a decir la chica.
-Lily, entregar los libros de la biblioteca dos horas más tarde porque se te ha pasado el tiempo leyendo no cuenta –le dijo él enarcando una ceja. Lily se sonrojó y apartó la mirada de él, devolviéndola al pasillo-. Es por eso que me gustas… -añadió en un susurro.
-James me lo he pasado muy bien esta noche, lo admito, por favor… no lo estropees… -le pidió ella. El chico la miró y asintió con una media sonrisa de comprensión.
-Esta bien, vamos… ya es tarde, te acompaño hasta tu sala común –le guiñó el ojo juguetón y Lily asintió divertida, cruzando los brazos sobre su pecho y apretando la túnica de James contra sí misma, más para poder sentir el olor del chico que por el frío que pudiera tener.
A la pelirroja no le sorprendió que la señora gorda no dijera nada cuando la despertaron para entrar a los dormitorios, un guiño de James, una sonrisa y una mirada de súplica y agradecimiento eterno que hizo que la mujer del cuadro se sonrojara como siempre hacía cuando James o Sirius estaban cerca, fue suficiente para dejarles entrar sin mayores problemas; Lily se contuvo de decirle a James que ella era prefecta y que no tenía ningún tipo de problema por estar fuera de la cama a aquellas horas, prefirió que el chico acabara la noche como el caballero que la había empezado, así que sonrió y entró a la sala común cuando él le dio paso.
-Bueno… buenas noches –se inclinó ante ella y le besó la mano, del mismo modo en que lo había hecho al verla bajar las escaleras.
-¿Podrías seguir siendo James unos segundos más? –le pidió ella cuando James se separó y se giró para empezar a subir las escaleras hacia su cuarto.
El chico asintió y la pelirroja lo abrazó rodeando la cintura de él y recostando su cabeza en el pecho, sintiendo el latido del corazón del chico y notando el escalofrío tan conocido ya cuando él rodeó sus hombros con sus brazos.
-Tienes que volver a ser Potter, ¿verdad?
Notó como el pecho de él se movía rítmicamente, señal de que estaba riéndose y ella también sonrió, consciente de la tontería que había dicho y sabiendo que aquella simple frase podría ser interpretada de muchas maneras, aunque no estaba segura de cual de ellas era la manera que quería que él interpretara.
-Me temo que sí… -le besó la cabeza y la separó de él unos segundos ante de inclinarse hacia ella y rozar sus labios con los de la chica. Un roce, sólo eso. Sólo un roce… sólo un roce fue suficiente para que Lily se diera cuenta que aquel escalofrío que sentía cuando James Potter estaba cerca no era odio ni enemistad… sino algo a lo que le tenía miedo…
Descolocada, asustada, confundida y callada, la chica no separó a James de ella; esperó que él la dejara marchar, la besara en la frente y le sonriera para decirle:
-Buenas noches, princesa…
Ella no contestó; se limitó a quitarse la túnica de él y a dejarla sobre el sofá, a girar sobre sus talones y a subir las escaleras, consciente de que la mirada de él la estaba siguiendo y consciente del deseo repentino que había crecido en ella y que le pedía a gritos que se quedara con él para sentir la protección de aquellos brazos una vez más. Esta vez, la lógica de la cabeza, ganó al corazón.
Entró despacio, aún sintiendo el aroma de James en su propia piel; Emily dormía abrazada a su almohada, Alice había decidido aquella noche cerrar las cortinas por lo que la pelirroja comprendió de inmediato que Frank estaba con ella; a ninguna les importaba siempre que utilizaran hechizos silenciadores y aislantes; la cama de Dani aún estaba desecha y la pelirroja tuvo que sonreír ante el recuerdo de las palabras de James susurradas en su oído "Dani y Remus han salido del baile"; se acercó a Ann parecía estar completamente dormida; como siempre, había colocado dos almohadas bajo su cabeza en lugar de una, de esa forma, la chica estaba más levantada y podía dormir tranquila; sonrió al recordar el modo en que la primera noche la chica había preguntado si alguna le podía prestar su almohada porque necesitaba dos para dormir tranquila y es que cuanto más tumbada estaba, más difícil le resultaba respirar por el asma y más nerviosa se ponía y más tardaba en dormirse. Cuatro almohadas le fueron tendidas aquella noche, cuatro almohadas y cuatro manos amigas… Lily sonrió mientras se acercaba a ella con los zapatos en la mano que había tenido la precaución que quitarse para no despertarla, le apartó un mechón rubio que atravesaba su frente y la arropó bien para asegurarse que no cogía frío, mientras pensaba que pese a todo, quizá había sido por aquella petición de almohadas debido a su enfermedad, lo que las había unido a todas y las había llevado a lo que eran ahora, siete años después, las mejores amigas.
Atravesó la habitación y tomó su camisón de debajo de su almohada para dirigirse al baño, donde se desvistió y se peinó el cabello atándolo en dos trenzas como siempre hacía para dormir antes de vestirse con el camisón verde que le llegaba a la altura de las rodillas. Se miró al espejo y vio claramente, pese a que no quería verlo ni aceptarlo, que estaba confundida. Suspiró.
No entendía nada. Ella no estaba enamorada de james Potter, no podía estarlo ¿verdad? Se siguió mirando mientras se quitaba el colgante que aquella noche se había puesto y la imagen de James apareció junto a ella en su reflejo, el chico rodeándole los hombros con un brazo antes de inclinarse y besarla en la mejilla de forma dulce e inocente. La pelirroja sacudió su cabeza para alejar aquella imagen de su cabeza, sabiendo que no era precisamente aquello lo que necesitaba para aclarar sus ideas.
Se llevó una mano a los labios y los acarició con la yema de los dedos y recordó sus ojos; los ojos de James que brillaban frente al fuego de la chimenea en la sala común, los ojos que había brillado toda la noche y que habían estado atentos a cada gesto y petición de ella, a cada reacción, a cada palabra y a cada movimiento… y los odió; odió los ojos de James Potter por mirarla de aquella forma, los odió por el modo de sentirse querida que éstos le transmitían, los odió porque sólo a ella la miraban de aquella forma, y odió el modo en que se veía reflejada en los ojos de él, y los odió, sobretodo, y por encima de todas las cosas, porque había visto en ellos el mismo brillo de ilusión y de cariño que en aquellos momentos estaba viendo en los suyos propios, a través del reflejo del espejo, los odió por encima de todas las cosas porque sabía que él no le había mentido, porque él estaba enamorado de ella y los odió porque se había enamorado también de él.
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La señora gorda les miró mal cuando la tuvieron que despertar para poder entrar, por suerte para Dani, Remus era prefecto y conocía la contraseña que había sido cambiada apenas hacía un par de horas; una hora; ese era el tiempo que tenían para descansar un poco antes de que fuera la hora de desayunar, gracias a que el día siguiente era sábado y no habían clases, pese a todo, ninguno de los dos estaba cansado.
Se habían quedado en aquella habitación con el pequeño balcón hablando, sólo eso, sólo hablando… aprendiendo el uno del otro y disfrutando de la compañía que habían tenido en aquel momento; apreciando los momentos de silencio, rotos únicamente por los susurros en los que hablaban y las risitas cómplices tan normales cuando se acaba de empezar una relación.
A ninguno de los dos les importó que la señora gorda les mirara mal; Remus la saludó con una inclinación de cabeza y Dani le sonrió mientras le deseaba los buenos días entre ocasionales risas suaves. Remus rodó los ojos ante el comentario de su ahora novia y estaba a punto de preguntarle si siempre tenía que sacar el sarcasmo de Sirius cuando la chica le miró y le sonrió y a Remus se le olvidó lo que iba a decirle.
-Si las chicas me ven llegar a esta hora me matan… -susurró ella en voz baja para no despertar al resto de la torre.
-Si Sirius me ve llegar contigo a esta hora me mata –le contestó Remus sin dejar de mirarla.
Dani se apoyó contra el respaldo del sofá y Remus la abrazó, colocando sus manos a ambos lados de la cintura de ella, apoyadas sobre el respaldo del sofá rojizo. Ella le miró como si quisiera memorizar los rasgos del rostro del chico, las cejas pobladas de aquel color castaño claro, el cabello revuelto por haber estado toda la noche despierto que caía a mechones desordenados donde antes habían estado bien colocados, la nariz chata, los labios carnosos, las mejillas ligeramente sonrosadas, los pómulos altos, el mentón afilado, los ojos de aquel color miel que tanto le fascinaba y que tenía aquellos pequeños destellos dorados que tanto le llamaban la atención.
-¿Qué pasa? –le preguntó él en un susurro. Pero Dani no le contestó, acercó su boca hasta la de él y le dejó un dulce beso con sabor a limón que el chico agradeció con una sonrisa-. No es que me queje, pero ¿a qué ha venido esto?
-A que llevaba mucho tiempo deseando hacerlo y ahora que puedo hacerlo no voy a dejar de hacerlo.
-¿Has bebido algo que yo no sepa? –le preguntó él recibiendo un golpe juguetón en el hombro por toda respuesta.
-¿Qué vamos a hacer a partir de mañana? No se lo podemos contar a nadie, ¿verdad? –preguntó ella con cierta nota de decepción en los ojos y en la voz.
-Hemos quedado en que sería lo mejor, al menos hasta que hablemos con él –le recordó Remus refiriéndose a una de las conversaciones que habían tenido aquella noche-. Sirius es muy protector contigo –añadió.
-¿Te da miedo? –preguntó ella divertida.
-La verdad es que sí –ella ahogó una risa tras una mano y él intentó defenderse-. Tú no eres quién tiene que escuchar todos los días la frase "voy a ver si alguno de estos descerebrados está intentando coquetear con Dani" ni tampoco "el primero que le ponga la mano a Dani encima se enterará de quién es Sirius Black" –sonrió a medias-, creo que en esos momentos es cuando nos acordamos que es capaz de utilizar magia oscura sobre alguien –añadió con una media sonrisa ladeada.
-Pobrecito… -él la besó despacio, apenas un roce, lo suficiente para que ella deseara más y se lo demostrara colocando las manos sobre la camisa del muchacho atrayéndolo hacia ella para besarlo como era debido.
-Entonces ¿nos escondemos? –preguntó ella que parecía divertida ante aquella idea.
-Es lo mejor que podemos hacer hasta que hablemos con él –repitió Remus haciendo gala de su buen sentido común -. Además no nos escondemos, sólo evitamos que nos vean –añadió con media sonrisa.
-Claro, eso es muy distinto –corroboró ella irónica-. Al menos estamos sentados juntos en clase –añadió la chica rápidamente.
-Será una tortura no poder besarte… -reconoció Remus. Ella le sonrió.- Hasta mañana… -pronunció él con una sonrisa.
-Hasta dentro de un rato –le corrigió la chica divertida mientras empezaba a subir las escaleras hacia su cuarto.
Aquella noche, en el cielo, una estrella brilló.
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Hola!
Bueno, que tal? He salvado lo de Ann o no?
No puedo precipitar las cosas, teneis que tener en cuenta que Ann y Sirius son muy distintos y necesitan un poquito de tiempo, bueno Sirius necesita un poquito de tiempo… en fin… ya veremos que pasa.
Os ha gustado el capítulo? Para las fans de cierto licántropo: no os quejaréis, ¿no? Habéis leído bastante sobre Remus en este capítulo.
Bueno, ahora sí que me largo no sin recordaros que quiero reviews! En serio, me animan mucho :p
Os dejo con el adelanto del próximo capitulo ok?
En el próximo capítulo…
"-¿Qué mejor que pasar el día en Hogsmeade con el chico más atractivo de Hogwarts mientras contestas a unas rápidas preguntas?
-Está bien No tengo nada mejor que hacer."
"-Lo que yo no puedo creer es eso de que le obligaste a mentir a Sirius, ¿qué pasó anoche?
-¿Me he perdido algo?
-¿Con quién estás saliendo?
"Gracias por una noche maravillosa; seré James para ti siempre. Con cariño, James"
"-No pasó nada. Sólo que fue una noche maravillosa
-Ha empezado a salir con Emily Banks.
-¿De verdad hay que felicitarte o hay que darte el pésame?
-Luego hablaremos de esa manía de mentirme a mí, ahora vamos a buscar a Sirius"
"-Me gusta pasar desapercibida
-¿Un peón?"
"-Lily, no sé cómo actuar contigo
-… creo que te quiero…
Te quiero tanto que ya veo visiones en tus ojos…"
"-Nunca podría salir con alguien que está enamorada de mí, sufriría demasiado
-Si no sé ese tipo de cosas, ¿cómo quieres que te consiga a la pareja adecuada?
-¿Conseguirme pareja? ¡Sirius Black!
-Entonces ¿me perdonas?
-Sólo no vuelvas a hacerlo.
-Que descanses, Ann"
Bueno, pues eso es todo, hasta la próxima semana chicos! Aunque no aseguro que sea el lunes… no me da tiempo de escribir tanto, además que estoy trabajando a tiempo parcial y estudiando y francamente, mi día sólo tiene veinticuatro horas!
Aunque claro, a más reviews, más ganas de escribir :p (sé lo que estáis pensando y os equivocais, no es chantaje)
Un besito para todos, nos leemos!
