Castle se apartó lentamente de mí e hizo bien, porque estaba deseando matarlo. Me puse de pie y sin decirle una palabra fui al dormitorio, cogí mi arma y mi placa y volví al salón. Me miró aterrorizado, poniendo las manos en alto.

-Kate, Kate, lo siento, por favor no me mates. –Lo ignoré y cogí el DVD y mi chaqueta, abriendo la puerta. Él se quedó quieto en medio del salón. Resoplé, hablé lentamente, aunque el tono de mi voz denotaba ira.

-¿Castle?

-¿Sí? –Preguntó como un niño asustado.

-¿No te parece que deberíamos impedir que Gates vea ese vídeo?

-Sí…

-¿Y no crees que eso va a ser difícil si nos quedamos aquí? –Pregunté, con voz amable.

-Sí…

-¡Entonces muévete de una maldita vez! –Le grité, haciendo que se sobresaltara y cogiera su chaqueta. Bajamos al garaje, él intentó tocarme pero se lo impedí, dándole un manotazo. Nos metimos en el coche y arranqué. Durante el camino estuvimos en silencio, hasta que al final le pudo la curiosidad.

-Kate… -Preguntó con prudencia. -¿Cómo lo vamos a hacer?

Respiré hondo. –Iremos a comisaría, cogeremos el vídeo y dejaremos el otro. Gates no querrá llegar temprano a casa, aún estará allí.

-Y si… ¿ya se ha ido?

-Entonces iremos a un notario para que vayas haciendo el testamento. –Contesté.

-Gates estará en comisaría, seguro. –Dijo, después de tragar saliva.

-Sí, por tu bien. –No hablamos más, llegamos a la 12 y aparqué con rapidez, nos dirigimos al ascensor. Antes de entrar lo cogí del brazo y le advertí.

-Recuerda, ante todo naturalidad, pero hay que conseguir ese vídeo como sea, ¿entendido?

-Entendido. –Entramos en el ascensor, él rezando para que Gates siguiera en comisaría, yo, para que no hubiera visto ya el vídeo. En cuanto las puertas se abrieron salimos apresuradamente, Esposito y Gates aún estaba allí. Nos acercamos a ellos.

-Decidnos por favor que Gates sigue aquí.

-Pues…

-¡Responded! –Me miraron sorprendidos, Castle intentó calmarme.

-Kate, calma…

-¡Tú calla que todo es culpa tuya!

-¿Mía?, ¿de quien fue la idea de hacerlo en el aparcamiento?

-¡Te dije que tirases el maldito vídeo!

-¡Iba a hacerlo!

-Deberías haberlo hecho cuando te lo pedí.

-¡Inspectora Beckett!, ¿se puede saber a qué vienen esos gritos? –Ryan y Esposito nos miraban sin entender nada, Castle cerró los ojos, yo me giré lentamente.

-Señor… yo…

-Creía que se había ido a casa. –Dijo, mientras se cruzaba de brazos. Parecía tranquila, Castle suspiró aliviado, Gates aún no habría visto el vídeo.

-Sí… pero… nos hemos, quiero decir, me he olvidado… ¡las llaves!

-Ya. –Nos miró, poco convencida. –Les veo mañana. –Añadió, mientras que iba a su despacho. Salió con su bolso y con una bolsa, donde estaban los DVD. Miré a Castle, que se puso delante de ella.

-Señor, querría decirle…

-¿Sí? –Preguntó, con paciencia.

-Bueno… ¿no cree que ya ha trabajado demasiado por hoy? –Gates lo miró, esperando a que siguiera. –Quizás debería dejar las grabaciones aquí y verlas mañana. Traiga yo se las guardaré. –Intentó coger la bolsa, pero Gates la alejó de él, mirándolo enfadada.

-Señor Castle, mi forma de trabajar no es asunto suyo y ahora si no le importa, déjeme pasar. –Suspiré, me puse a su lado intentándolo yo.

-Señor, lo que Castle quiere decir es que… no hace falta que se lleve trabajo a casa para librarse de su suegra… está usted invitada a la fiesta navideña de esta noche.

-¡Una fiesta! –Gritaron Castle, Esposito y Ryan a la vez. Castle me miró, entrecerrando los ojos, le devolví la mirada, invitándole a replicar. Gates sonrió.

-¿Va a celebrar una fiesta de navidad? –Miró a Castle, que asintió, a regañadientes.

-Bueno… no es exactamente una fiesta, es solo, unas copas con unos amigos, en La Guarida, los chicos, la inspectora Beckett, la doctora Paris y usted si quiere por supuesto. Podría traerse a su marido… y podríamos aprovechar para…

-¿Jugar al Santa Secreto? –Sugerí. Gates me miró con emoción, Esposito y Ryan incrédulos. Me encogí de hombros. –Podríamos sortear en la fiesta los nombres y en dos días los entregamos… antes de que cada uno se vaya a casa a celebrar la Nochebuena.

-Será un placer ir a esa… reunión. –Sonrió. -¿Hay que ir elegantes?

-Póngase guapa. –Dijo Castle.

-¿Crees que podrá? –Esposito le preguntó a Ryan, en voz baja, recibiendo un codazo y una mirada furibunda de mi parte.

-La vemos allí a las diez, señor. Y ahora… si me da los DVD para que los guarde… -Dije.

-No hace falta inspectora, me los llevaré para verlos mañana. Ahora me voy, tengo que arreglarme. Señores. –Se despidió y se marchó con la sonrisa de una niña de cinco años… y también con los DVD. Cuando el ascensor se cerró Castle me miró, con una mezcla de burla y de enfado.

-Bien… no solo la hemos invitado a una fiesta inexistente sino que además no hemos conseguido el vídeo. La felicito, inspectora.

-¿Se puede saber qué os pasa?

-Castle ha perdido el vídeo del garaje y adivina quien lo tiene. –Contesté, mientras que el aludido me miraba indignado.

-¿Gates? Castle vete buscando otra musa, porque cuando se entere no te deja volver aquí.

-Por no hablar del expediente que te podría poner a ti. –Añadió Esposito.

-Eso no va a pasar. –Dije, decidida. –Hoy la entretendremos para que cuando vuelva a casa solo quiera ir a la cama y descansar y mañana iremos a su casa mientras ella esté aquí y cogeremos el DVD.

-¿Y cómo piensas hacer eso? –Preguntó Castle.

-No lo sé, tú eres el de los planes absurdos, más te vale que se te ocurra algo eficaz. Ahora vamos, tenemos una fiesta.

-Llamaré a Lanie. –Dijo Esposito, ganándose la mirada de todos. -¿Qué? –Se defendió.

-Yo hablaré con Jenny, nos sentará bien salir una noche. –Ambos se marcharon, suspiré.

-Mira por lo menos ellos sacan algo de todo esto.

-Vamos, tenemos que arreglarnos.

-Cariño, no entiendo por qué tengo que ir yo también a esa fiesta… -El señor Gates miraba con poco entusiasmo a su mujer.

-Te han invitado y es todo un detalle. Además a mí me apetece y punto. Ponte la roja, esa no te pega. –Le dijo. Su marido se quitó la corbata y se puso la otra, refunfuñando.

-Bueno, pero volvemos pronto ¿no? Mis padres ya están muy mayores para cuidar de Celine y Nick.

-Tu madre está mayor para lo que le conviene. –Murmuró en voz baja, para que no la oyese. –Vamos, llegaremos tarde.

-Oye, ¿y todos esos DVD?

-Trabajo, mañana le echaré un ojo. ¿Te has puesto la colonia qué te regalé?

-Sí. –Les dieron un beso a los niños y tras despedirse de los padres del señor Gates se marcharon.

En cuanto salieron la pequeña Celine cogió a su abuela de la mano.

-Vamos abuela, vamos a ver la nueva peli que me ha traído mamá.

-Ya va, ya va… ¡Jesús!, cuanto vicio tiene esta niña con las películas, cuando yo era niña… a ver, ¿dónde está ese vídeo?

-Tiene que ser este. –Dijo dándole un DVD.

-Primero ve a decirle al abuelo y a Nick que vayan a ducharse, yo lo voy poniendo.


La señora Gates se quedó estática durante dos largos segundos, mirando fijamente el vídeo, lentamente se quitó las gafas, se las limpió y luego volvió a ponérselas.

-¿Abuela?, ¿vemos ya la pel…? ¿Abuela? ¿qué es eso? –La mujer se apresuró a apagar el DVD.

-Esto… no es la película que… vamos ve a coger otra, vamos, vamos. –Cuando la niña fue a la otra habitación se apresuró a coger el DVD y lo guardó en la caratula, con una sonrisa.

-Quien lo diría de mi nuera… ¿Nick?, Nick ven corre.

-¿Qué quieres abuela? –La señora Gates negó, con impaciencia.

-Tú no, el abuelo.

-Ah, vale. ¡Abuelo, te llama la abuela!

Diez minutos después los niños veían la televisión en el sofá, mientras que los señores Gates estaban en la habitación de invitados.

-¿Me estás diciendo que nuestra nuera tiene guardado un…

-Sí. ¿Te lo puedes creer? ¡Con lo estirada que es!, parece que al final sí que tiene sangre en las venas.

-Sí ya lo dice nuestro Nick, papá aunque no te lo creas mi Vicky es muy fogosa…

-Ya... pero no te he dicho lo mejor, ¿a qué no sabes quién sale en el vídeo?

-¿Quien?

-¡Richard Castle!

-¡No puede ser!

-¡Sí!, un vídeo para adultos protagonizado por mi escritor favorito… a quien no se ve muy bien es a la chica…

-Bueno, los niños están entretenidos, podríamos…

-Señor Gates, ¿tiene ganas de jugar? –Preguntó juguetona.

-Señora Gates, con usted siempre.

-Kate, ¿te puedes calmar?, mañana conseguiremos ese vídeo, relájate.

-¿Cómo quieres que me relaje?, ¡está en juego toda mi carrera profesional!

-Se supone que tenemos una fiesta, hay que divertirse.

-Este plan no va a salir bien…

-¿Te tengo qué recordar de quien fue la idea?

-¿Quieres que te recuerde yo a ti porque tiene Gates el vídeo?

-Vale. –Refunfuñó.

-Vale.

Entraron en La Guarida donde ya estaban todos lo demás. Castle había cerrado el bar para tener un ambiente más íntimo. Gates se acercó a ellos, sonriendo, seguida de su marido, un señor de aspecto amable y tímido, nada que ver con su mujer.

-Inspectora Beckett, señor Castle, les presento a Nick, mi marido.

-Es un placer. –Respondió Castle estrechándole la mano.

-¿Inspectora se encuentra bien?

-Sí… muy bien… disculpe. –Dejó a Castle con los señores Gates y fue a la barra.

-Vodka, con hielo. Hasta arriba. –Pidió. Lanie se acercó a ella.

-¿Quieres emborracharte?

-Esa es la idea. Sobria no voy a poder matar a Castle…

La velada transcurrió tranquila, Gates se mostraba relajada y excesivamente amable, al igual que su marido, que sorprendentemente se sentía a gusto con los chicos. Castle contaba historias divertidas haciendo reír a todos; a todos menos a Beckett, que ya iba por su sexta copa.

-Beckett… ¿podemos hablar un momento? –El escritor se levantó y la tomó del brazo; ahora fue el turno de Esposito de entretener al grupo.

-Se acabaron las copas para ti. Ya has bebido demasiado.

-Mi jefa va a ver un vídeo porno donde me lo monto contigo… no, no he bebido demasiado. Otra. –Añadió, mirando al joven que estaba detrás de la barra. Castle negó.

-No le sirvas más alcohol. Hazle un café, bien fuerte.

-Sí, señor Castle.

-Que aburrido eres… -Murmuró.

-Estás borracha. –Suspiró.

-¡Estoy bien! Vamos Ricky, es hora de jugar al Santa Secreto. –Se dirigió a la mesa donde estaban los demás y se agachó, poniendo un bol con los nombres en el centro. –¡Venga, coged nombres!

-¿Se encuentra bien? –El señor Gates miró preocupado a la inspectora; ésta asintió, aunque al incorporarse se tambaleó. Castle se rio.

-Parece que alguien se ha pasado bebiendo. Será mejor que la acompañe a casa.

-Es tarde… deberíamos irnos ya. –Comentó Gates.

-¡NO! –Todos miraron a Castle. –Quiero decir… aún no han sorteado los nombres, reserven dos papeles para nosotros, ya los cogeremos mañana. Usted quédese y disfrute de la noche señor. ¿Esposito nos acompañas fuera?

-Pues… -Miró extrañado al escritor pero se levantó.

Ya fuera esperó explicaciones. -¿Por qué le dices que se quede? Ya os vais a casa, ¿no?, se acabó la fiesta.

-Necesito que los entretengas al menos una hora, voy a ir a su casa, a por el vídeo.

-¿Cómo?, Tío, te has vuelto loco. Además, no sabes dónde vive.

-Sí, lo sé, su marido me lo dijo antes. Entretenlos.

-Pero…

-Te daré el ferrari durante un mes más. –Dijo desesperado.

-¡Hecho!, pero… ten cuidado con Beckett, no creo que esté en condiciones…

-Ya… -Suspiró y ayudó a la mujer a meterse en el coche.

-Oh vamos, la noche es joven. –Se quejó.

-Kate por favor, necesito tu ayuda, o nos echarán a los dos de comisaria. –Castle suspiró, mientras que conducía hasta la casa de los señores Gates. -¡Kate!, ¡¿qué diablos haces?! –Se sobresaltó al notar como la suave mano de la inspectora viajaba por su entrepierna.

-Quiero jugar. –Susurró, con la voz afectada por el alcohol.

-Kate ahora no, contrólate. -Suplicó

-Oh vamos, solo un poquito…. –Dijo, apretando. Castle cogió su mano y la apartó.

-Maldita sea, tenías que emborracharte hoy… Kate para, tenemos que conseguir el vídeo, ¿recuerdas?

-¿Vídeo?... ah sí, el vídeo donde tú y yo follamos. –Dijo, con una risita divertida. Castle miró al cielo, exasperado.

-Sí ese vídeo. Vamos. –Salieron del coche y se dirigieron al portal; aunque fue Castle el que tuvo que llevar a Beckett casi a rastras. Cuando llegaron a la puerta que estaban buscando, el cogió a la inspectora de los hombros y la obligó a mirarlo.

-¿Estás lista? –Ella asintió varias veces, Castle tenía ganas de llorar.-Bueno… que sea lo que Dios quiera. –Llamó a la puerta y esperó. Una niña morena de unos siete años le abrió la puerta.

-¿Hola? –Beckett le sonrió alegremente, Castle forzó una sonrisa.

-Hola preciosa, ¿Están tus papás?

-Sabes que no están, ¿por qué le preguntas eso a la niña? –Preguntó Beckett, borracha.

-Kate, por favor, calla. –Le suplicó en voz baja. Celine miró a los dos individuos que tenía delante y llamó a su abuela.

-Abuelita, aquí hay dos señores muy raros.

-¿Unos señores raros? –La mujer se levantó del sofá y fue a ver. Se quedó mirando fijamente a Castle y a Beckett; parecía que le había tocado la lotería.

–Celine vete con Nick a tu cuarto. Entren, entren por favor.

Castle entró extrañado por la hospitalidad, Beckett le siguió, sin dejar de sonreír.

-Nick, ¡mira quien está aquí!

-Pero si es… Richard Castle, el escritor de novelas de misterio. ¡Hijo, eres mi ídolo! –Abrazó alegremente al sorprendido escritor.

-¿Me co… conocen? –Susurró, maldiciéndose a sí mismo por no haber contado con ese detalle.

-¡Oh claro que sí, me encantan tus libros! Bueno… y tus películas. –Dijo la señora Gates, con una sonrisita. Castle tragó saliva.

-¿Mis… películas?

-Ajá, el señor Gates y yo lo hemos pasado muy bien esta noche… nos has servido para reanimar… la pasión.

-Ya… me alegro. –Dijo, deseando no saber nada más. –Pero verá, aquí ha habido un error… ese vídeo… bueno… es muy íntimo… y no… puede estar por ahí, ¿lo entiende?

-Oh… claro que lo entendemos, Nick ve a por el DVD, rápido. –Asintió ella compasiva. Castle suspiró aliviado.

-Muchas gracias. Cuando saque mi próximo libro usted será la primera en recibir una copia, firmada, por supuesto.

-Yo preferiría otra película pero bueno… -Se rió; Beckett se rió fuertemente, haciendo que la señora Gates reparara en ella. -Vaya… ¿es ella la chica del...

-Sí… pero le agradecería que no dijera nada, ya sabe, un escritor de éxito no puede ir por ahí con…

-¿Señoritas de compañía?

-Exacto.

-Bueno, aquí tiene.

-Muchísimas gracias, que dios se lo pague.

-Oh de nada querido, ha sido todo un placer conocerlo.

-Lo mismo digo. Aunque si no le importa, no le comente nada de esto a nadie… ni siquiera a su nuera…

-¿Conoce a mi nuera? –Preguntó sorprendida.

-Sí, trabajo en su comisaría, pero no le caigo muy bien… si viese el vídeo…

-Claro, lo entendemos… aunque no entiendo cómo ha conseguido Victoria este vídeo- Comentó Nick.

-Quien sabe, cosas de la vida. Bueno debemos irnos, debo dejar a la señorita en… usted ya sabe dónde.

-Claro, claro, ha sido un placer ¡Feliz Navidad!

Le dieron dos efusivos abrazos y cerraron la puerta. Castle suspiró, aliviado, a su lado Beckett estaba medio dormida, parecía no haber entendido nada; él sonrió, si la inspectora se enteraba de que la había llamado puta lo mataría.

-Vamos cariño, necesitas una ducha muy fría. –Cogió a la mujer en brazos y se encaminó al ascensor.

-Quien nos iba a decir que gracias a Victoria íbamos a conocer a Richard Castle –Sonrió la mujer.

-Desde luego, pobre hombre, mira que decir que esa inspectora tan guapa era prostituta, debía de estar muy desesperado.

-Pobre… si nuestra nuera se entera de que están juntos, imagínate.

-¡Desde luego!, aunque es una lástima haber tenido que devolver el vídeo… -Comentó, con pesar.

-Tranquilo, mira. –Se acercó a la mesita auxiliar de la habitación y le pasó un DVD.

-¿Y eso?

-Le hice una copia. Al final me ha venido bien ese curso de Informática para jubilados.

-Señora Gates, es usted muy inteligente. –Ambos se rieron, abrazándose.