Disclaimer: los personajes no me pertenecen, pero la trama si.

Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.

Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la distancia o por teléfono.

En ésta historia, los protagonistas son humanos.

La historia está escrita desde el punto de vista de Bella Swan.

...

13. LAS MEJORES VACACIONES.

Edward me sugirió que podríamos terminar las vacaciones en mi casa, en Forks, lo que acepté al instante. Nos fuimos a la mañana siguiente.

Una vez que aterrizamos en Seattle, pedimos un taxi y nos fuimos hacia el pequeño pueblo en el que había nacido y me había criado.

Lo primero que hicimos, fue ir a la inmobiliaria, donde nos dieron las llaves de la casa y nos fuimos hacia allí.

La casa seguía como siempre, como si para ella los meses no hubieran pasado. Faltaban algunos muebles, pero lo que más echaba en falta era a mis padres.

- Ojala hubieras conocido a mi padres. – dije en cuanto puse un pie en la casa.

- Me hubiera encantado conocerles. – dijo Edward cogiéndome de ambas manos. – Bella, te gustaría vivir aquí?

- Si. Ojala no me hubiera marchado nunca. Solo hay un par de cosas por las que no lamento haberme mudado a Los Ángeles.

- Ah si?

- Si. Tú y mis amigos. – rodeé su cintura con mis brazos y apoyé mi rostro contra su pecho, sintiendo los acelerados latidos de su corazón. – Por que me lo preguntas?

- Por nada. Es que creo que la universidad de aquí es bastante buena.

- Insinúas que quieres que nos mudemos? – dije sintiendo como empezaban a humedecérseme los ojos.

- Bella, ha llegado un punto en que el ambiente de Los Ángeles ya me cansa. Y no hablemos de la superficialidad. No quiero seguir siendo el mismo idiota de antes.

- No lo eres. Eres una de las personas más maravillosas que he conocido. – dije levantando la vista, mirándole a los ojos. – Y eso te lo dice la que no puede ni ver a los niños ricos.

- Gracias, Bella. Sabes? acabo de tener una idea estupenda para la boda.

- Y pudo saber de que se trata?

Edward me cogió en brazos como a una recién casada y fue a sentarse en el sofá, quedando yo sentada sobre su regazo, con mi brazo sobre sus hombros, acariciando su nuca.

- Creo que esta casa sería un lugar perfecto para la ceremonia.

- Edward, porque eres tan encantador y perfecto?

- Es un talento natural. Vamos, porque no me enseñas el pueblo?

Nos pasamos toda la tarde paseando por el pueblo, visitamos todos y cada uno de los rincones, ya que Edward insistió en verlo todo. Llegamos a casa cuando ya estaba anocheciendo. Pedimos una pizza y cenamos en el suelo, frente a la chimenea que había en el salón, que tuvimos que encender, porque hacía un par de horas que había empezado a nevar. "El típico tiempo de Forks."

- Puedo hacerte una pregunta? Debo advertirte que a lo mejor no te gusta. – dijo Edward. Estábamos tumbados sobre la moqueta del salón, mirándonos a los ojos.

- Pregunta. Si no me gusta la pregunta, no te responderé. – dije acariciando distraídamente su brazo.

- El día que te conocí, estabas con Black, morreándote en la discoteca. No puedo evitar preguntarme si tuviste algo con él.

- No hemos tenido nada. Hubo algún que otro beso más, pero ya está. – dije omitiendo el detalle de que Jacob y yo nos habíamos enrollado sobre la mesa de su cocina.

- De acuerdo, perdona. Pero tenía esa duda desde hacía tiempo.

- No pasa nada. – me puse a horcajadas sobre él, levanté su camiseta y empecé a besar su cálido pecho. – Cuando volvamos a casa, como vamos a vivir? Debemos fingir que no ha pasado nada hasta que acabe el curso? No se si podré seguir viviendo bajo el mismo techo que mi prima. – dije sin dejar de besarle.

- No he pensado en ello, la verdad.

- Que raro. Parecía que lo tenías todo pensado. – dije empezando a quitarle la camiseta.

Edward puso sus manos sobre mi cintura, colocándome sobre el bulto de su pantalón, cada vez más notable, lo cual empezó excitarme aun más de lo que estaba, que ya era bastante.

- Me gustaría que pudiéramos irnos a vivir juntos ya.

- Podré esperar tres meses. – dije mientras Edward empezaba a desabrochar mi blusa, que terminé de quitarme yo misma y la lancé sobre el sofá.

- Yo no voy a poder aguantar ni cinco minutos. – dijo y, con un rápido movimiento, se puso encima de mí.

Empezó a besar mi cuello, bajando sus labios por mis pechos y mi ombligo. Empezó a bajar mis braguitas lentamente, besando cada parte de mi cuerpo que dejaba libre de tela, lo que provocó que un jadeo escapara de mis labios. Aunque estuviéramos al lado del fuego, un escalofrió invadió mi cuerpo.

- Edward…

- No encuentro mi lunar favorito.

- Será porque está más abajo. – dije sin poder evitar sonreír.

Edward empezó a besar mi muslo, donde tenía el lunar. Llevé mis manos a su pelo, enredando mis dedos en él, empezando a sentir sus labios y su lengua en mi intimidad, ya húmeda por la excitación.

- Te amo, Bella. Ahora y siempre.

- Y yo… - no pude terminar la frase.

Edward logró que llegara al orgasmo en menos tiempo del que yo creía necesario. Sentí sus labios de nuevo, ésta vez buscando los míos.

Fui bajándole los pantalones, al mismo tiempo que sus boxers, sintiendo su miembro rozando mi intimidad. Rodé hasta ponerme encima de él, con su miembro entre mis manos, sintiendo los gemidos de Edward. Como había echo hacía pocos minutos, llevó sus manos a mi cintura y me colocó sobre mi miembro, penetrándome con suavidad.

Empecé a moverme lentamente, pero el placer hizo que acelerara mis movimientos. Ésta vez fue Edward quien llegó antes al orgasmo, justo en el momento que su móvil empezaba a sonar. Al principio no hizo caso alguno, pero el móvil no dejaba de sonar.

- Cógelo. – dije deteniéndome.

- No hace falta que pares. – dijo con una mano en mi trasero. Sentía que iba a llegar al orgasmo justo en el momento en que oí a Edward contestar al teléfono. – Emmett, ahora no puedo hablar.

Intenté evitarlo, pro no pude ahogar un grito al llegar al orgasmo. Vi como Edward sonreía y me acomodó sobre su pecho.

- Vale. – dijo Edward antes de poner su móvil sobre mi oreja.

- Diga?

- Bella, por Dios, no podrías haber esperado unos minutos?

- Y tú no podrías haber dejado de insistir? – "mierda, vaya pillada." – Que es lo que quieres?

- Solo quiero saber cuando vais a volver.

- Para que?

- Nada importante. – dijo cambiando el tono de voz, poniéndose serio de golpe.

- Que estás tramando, Emmett?

- Nada. Entonces, cuando volvéis? – "Joder, que pesado."

- Una semana.

- Muy bien.

Emmett colgó el teléfono y Edward volvió a dejar el suyo sobre la moqueta. Nos quedamos un buen rato ahí, tumbados, abrazados, hasta que al final nos quedamos dormidos.

Me desperté cuando ya era de día, sola, cubierta con una fina sábana. Solo iba vestida con ropa interior. Me levanté del suelo, tapándome con la sábana y recorrí la casa en busca de Edward, pero no le encontré. Me dejé caer en el sofá y me quedé ahí sentada, con los ojos cerrados, hasta que oí una puerta abrirse y unos pasos acercarse a mí.

- Buenos días! – exclamó Edward, sentándose a mi lado. – He ido a buscar algo para desayunar.

- Gracias.

Empezamos a desayunar sentados en el sofá y, en cuanto empecé a beber mi zumo de naranja, me atraganté al darme cuenta de un detalle del que no me había fijado cuando Edward se había sentado a mi lado.

- Te encuentras bien?

- Desde cuando llevas gafas? – dije sin poder evitar ponerme a reír. Se le veía tan raro…

- Es que esta mañana perdí una lentilla. – dijo quitándose las gafas.

- No te las quites. Te ves muy bien con ellas.

- Vale, pero no te rías, vale? – parecía avergonzado, aunque no entendí el porque.

- Como voy a reírme. Debo recordarte que yo también llevo gafas? Bueno, las llevaré cuando las encuentre. – dije mirando en derredor, en busca de mis gafas, que no veía desde anoche.

- Ten. – Edward me puso las gafas, que estaban en el brazo del sofá, y terminamos de desayunar en silencio.

Durante la siguiente semana, nos pasamos los días paseando por el pueblo, visitando la reserva india que había a pocos quilómetros del pueblo, incluso estuvimos jugando con la nieve, ya que seguía nevando cada día.

Había llegado el día en que debíamos irnos, aunque yo no quería irme. Quería seguir allí, con Edward.

Recogimos nuestras maletas, las metimos en el taxi que nos esperaba, y nos fuimos hacia el aeropuerto. Durante el viaje, no pude dejar de pensar en lo que podía estar tramando Emmett. Y Edward parecía estar pensando en lo mismo. "No debe de estar tramando nada bueno, seguro."

El viaje en avión se me hizo un poco largo, aunque no me importó. Tenía a Edward a mi lado y eso era lo único que me importaba.

Edward me dijo que esa mañana, cuando estábamos en la cafetería, desayunando, Alice le había llamado y le había dicho que sus primos Rosalie y Jasper estaban de visita en Los Ángeles e irían todos a buscarnos al aeropuerto.

- Bueno, en realidad, no somos primos. Son los hijastros de mi tía, por lo que Alice tiene el camino libre. – dijo Edward con una sonrisa en los labios.

- A Alice le gusta el chico rubio de pelo rizado.

- Y a Emmett su hermana. Oye, que te parece que visitemos a tu prima? Me gustaría que le quedaran las cosas claras de una vez y que deje de insinuarse. Ya ha hecho bastante daño.

- Me parece bien. Mis tíos, en el fondo, no son mala gente. Me gustaría despedirme de ellos como es debido. Al fin y al cabo, me han dado un techo bajo el que vivir, una cama y comida.

- Me parece bien. Gracias a ello, te conocí.

El avión al fin aterrizó y fuimos en busca de nuestras maletas.

Tal y como Edward me había dicho, toda su familia estaba en el aeropuerto. También estaban Ángela y Ben, que vinieron a abrazarme en cuanto estuve a un par de metros de ellos. Me había marchado sin avisarles, pero en cuanto había llegado a San Francisco, les había llamado. Y cuando Edward y yo habíamos llegado a Forks, también había llamado a Ángela y le conté lo sucedido en San Francisco. Todo lo sucedido.

- Enséñame el anillo. – dijo Ángela cogiéndome de la mano. – Es precioso. Me alegro mucho de que al fin Edward y tú estéis juntos.

- Gracias Ángela. Me alegro de verte, Ben.

- Yo también. Hey, al final nuestro trabajo de Romeo y Julieta sacó la mejor nota.

- Genial.

- Jacob está fuera, pero no ha podido entrar. – dijo Ángela cogiéndome del brazo y fuimos a donde estaban los Cullen, todos abrazando a Edward.

En cuento me vieron llegar, todos se me quedaron mirando. Emmett vino hacia mí y me abrazó, levantándome del suelo.

- Hola hermanita! Ya verás que sorpresa te tengo preparada!

- Me das miedo Emmett. – dije cuando al fin me dejó en el suelo.

La madre de Edward se acercó a mí y me abrazó con dulzura. Su abrazo me recordó a los abrazos que solía darme mi madre. Cuanto deseaba que hubiera conocido a Edward y a su familia. Cuanto deseaba que estuviera a mi lado en esos momentos, y en la boda.

La madre de Edward, Esme, me presentó a sus sobrinos. Los dos fueron muy amables conmigo.

Nos fuimos todos juntos hacia la calle. Edward y Emmett cargaban con nuestras maletas. Tal y como Ángela me había dicho, Jacob nos esperaba en la calle, y no estaba solo. El enorme perro se tiró encima de mí, lamiéndome toda la cara.

- Blackie, yo también te he echado de menos y me alegro mucho de verte, pero puedes bajarte de encima? – dije quitándome al pastor alemán de encima, ante las risas de todos, mientras que Edward me ayudaba a levantarme.

...

Hola, hola. Ya se que últimamente actualizo muy seguido, pero lo hago para compensaros por las veces que tardo bastantes días en actualizar.

Espero que os haya gustado.

Y ya sabéis que podéis comunicaros conmigo ante cualquier pregunta, duda, comentario…

Nos leemos guapis.

Besitos.

Pd: tengo nueva historia, y aun mucho enredo amoroso, más que un culebrón. Leedla y me decís que tal. Jeje. Espero que os guste. Que conste que, en el fondo, es una historia Renesmee x Jacob. Como siempre. Se llama Conociendo el amor.