Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer


Capítulo beteado por Esmeralda Cullen.

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Capítulo 13

Una suave brisa acarició el rostro de Bella, ella sonrió sintiéndose aliviada, ahora estaba segura de que su papá se encontraba bien, junto a su madre, eso la dejó más tranquila. Ella hubiera preferido mantenerlo a su lado, pero abrigó la esperanza de que ellos estuvieran felices y la vieran desde el cielo.

—¿Regresamos? —preguntó Edward, ella sólo asintió y tomó su mano.

Tanya los observó de lejos, antes de emprender el camino de regreso, sonrió al darse cuenta que, a pesar de todo, su amiga estaba dispuesta a salir adelante. Juntos regresaron a la casa en completo silencio, la nostalgia invadió a Bella en el instante en que cruzó la puerta y respiró profundamente antes de dejarse caer en el sofá.

—Es diferente —comentó, sus amigos la miraron sin comprender—, el estar aquí, sin ellos, todo se ve distinto —explicó.

Varios recuerdos de sus padres cruzaron por su mente, los extrañaría siempre, sin embargo, tenía la certeza de que ellos la cuidarían. Al verla ensimismada en sus pensamientos, Edward se sentó junto a ella y la abrazó.

—Creo que ya he dedicado mucho tiempo a llorar, así que no se preocupen por mí, estaré bien —aseguró, recostando su cabeza en el hombro de él.

—¿Por qué no vienes con nosotros? —preguntó Edward, no estaba dispuesto a dejarla sola en aquel lugar y de ser necesario, y ella aceptaba, se quedaría ahí.

—Aún no tengo claro lo que haré de ahora en adelante —dijo mientras consideraba los distintos caminos que podría seguir, estaba asustada por tener que vivir sola—, sé que voy a estar bien, simplemente ahora no sé cómo empezar.

—Nosotros te ayudaremos —afirmó Tanya, Bella sonrió en agradecimiento al no encontrar las palabras adecuadas, estaba más que agradecida con ellos, por el apoyo incondicional que le ofrecieron, a pesar de conocerse hacía poco tiempo y por quedarse aun cuando ella les pidió que se fueran.

—¿Podrías dejarme a solas con Bella? —pidió Edward a su amiga, sacando a Bella de sus pensamientos, ella lo miró confundida.

—Volveré en unos minutos —dijo Tanya antes de desaparecer dentro de la cocina, sabía que tarde o temprano ellos debían hablar.

—¿Y bien? —preguntó Bella, enarcando una ceja.

—¿Qué?

—¿Querías decirme algo?

—Sí, pero no sé cómo lo tomarás —contestó nervioso. En los últimos días había pensado mucho en ello, pero no quería molestarla ni incomodarla.

Se quedó en silencio durante varios minutos, sin saber cómo empezar, ella lo esperó pacientemente, volvió a recargar su cabeza en su hombro y cerró los ojos, de pronto la última conversación con su padre vino a la mente, ella le había prometido que no se alejaría de Edward, por alguna razón él sabía que Edward volvería a buscarla y confiaba en que la cuidaría.

—Puedes empezar a hablar cuando quieras, pero ten en cuenta que Tanya no se quedará ahí —señaló la puerta de la cocina—, todo el día. —Ambos sonrieron.

—¿Te sientes bien? —preguntó Edward repentinamente, la veía mejor, pero nada le aseguraba que no estaba fingiendo sólo para que ellos se marcharan tranquilamente.

—¿Bien? —Lo consideró unos instantes—. Nunca me volveré a sentir como cuando estaba con mis padres, pero estaré bien, dicen que cuando más oscuro está es porque va a amanecer pronto, yo soy fuerte Edward, te lo aseguro, sé cuidarme sola.

—No estás sola. —Le recordó, sintiéndose triste porque ella no parecía tenerlo en cuenta en su futuro.

—Sé que puedo contar con ustedes, y se los agradezco, pero no soy una niña a la que tienen que proteger.

Bella no quería ser una carga para ellos, ni que se sintieran obligados de alguna manera a permanecer con ella, además, necesitaba probar que era capaz de salir adelante.

—Quiero que vengas conmigo —dijo Edward. Ella pensó que había escuchado mal por lo que al principio no respondió, además, creyó que eso era imposible, era ilógico que él le estuviera diciendo eso cuando se conocían desde hacía tan poco—. No creo que este sea un lugar seguro para ti.

—Lo dices por los que asesinaron a papá —afirmó, no era necesario esperar la respuesta, ella había pensado mucho en eso, en su interior reconoció que tenía miedo, pero también deseaba saber quién y por qué lo asesinaron.

—Es obvio que algo anda mal.

—No tengo miedo.

—Yo sí, temo perderte.

Esas palabras la sorprendieron, abrió los ojos al instante sólo para mirarlo, no había duda de que decía la verdad, esos ojos verdes eran transparentes y sinceros.

—Te quiero, Edward —agregó antes de sonreírle, quería decirle tantas cosas, sin embargo, en ese momento esas palabras parecieron adecuadas.

—Yo también —aseguró—, y por lo mismo no quiero que nada te suceda.

—Es la casa de mis padres, no quiero abandonarla, además, ¿a dónde iría? Al menos por este año la universidad no es una opción, tengo que conseguir un empleo… —Empezó a hablar mientras él consideraba las oportunidades que tenía para convencerla.

—Yo puedo ayudarte.

—Lo sé, pero no es lo que quiero, no me mal entiendas, agradezco tu ayuda, pero quiero conseguir las cosas con mi propio esfuerzo —explicó, él la entendió de inmediato y admiró su fortaleza, aun así intentó buscar una alternativa que lo ayudara a convencerla de dejar esa casa.

—Podrías trabajar en la empresa de mi familia, no voy a regalarte nada, sólo déjate ayudar, no haré nada para beneficiarte, te trataré igual que a otro empleado y no tienes que dejar de estudiar, podría ser medio tiempo, de acuerdo a tus horarios.

Bella lo consideró, era la mejor oferta que podría conseguir en cualquier lugar, no debía pausar sus estudios, y sintió que en ningún lugar estaría mejor, sentirse cerca de Edward siempre la llenaba de paz.

—Ok, déjame pensarlo —respondió luego de unos minutos—, tendré que buscar en donde vivir.

—Te mudarías conmigo —comentó Tanya mientras salía de la cocina, Edward la fulminó con la mirada por interrumpirlos, pero ella lo ignoró—. Mis padres están de viaje y tengo la casa para mí sola, ellos no volverán hasta dentro de unos meses y sé que estarán encantados al saber que tengo compañía.

—¿Estás hablando en serio? —preguntó incrédula, no podía creer que todo se le estuviera poniendo tan fácil, consideraba a Tanya una verdadera amiga.

—Por supuesto, eres mi amiga y yo estaré feliz de tenerte cerca.

Ellos le estaban brindando una oportunidad única, y a pesar de que una parte de ella sabía que era correcto aceptar, no logró responder, tenía miedo de que todo, al final, resultara ser una simple ilusión, consideró rechazar la oferta, pero finalmente optó por seguir con la conversación.

—¿También trabajas en esa empresa? —indagó.

—No, pero ayudaré a Alec por unos meses, así que me tendrás por ahí.

Esa respuesta la tranquilizó, sería más fácil para ella teniendo cerca a Tanya. Edward suspiró aliviado al ver que Bella no rechazaba su oferta, sintió que tenía una oportunidad y no iba a desaprovecharla, así que junto a su amiga continuaron convenciéndola. Bella, realmente, lo estaba considerando, aunque no tenía mucho que pensar, ella amaba la casa en la que creció, pero sabía que no tenía nada que hacer ahí, aquel lugar sólo le traía recuerdos, ya no estaban las personas que para ella eran importantes.

Finalmente terminó aceptando, se tomó un día para recoger todo lo necesario, mentiría si dijera que no sintió tristeza al dejar su hogar, estuvo cerca de retractarse, pero al ver la foto de sus padres sonriendo, supo que hacía lo correcto, estaba segura que ellos aprobarían la decisión que había tomado, ya que con eso también cumplía la última promesa que le hizo a su papá.

La última noche en su casa no consiguió dormir, tenía una mezcla de sentimientos que no podría describir, así que se limitó a mirar por la ventana mientras esperaba el amanecer, sin percatarse que desde afuera Jacob no dejaba de observarla, escondido entre los árboles esperaba el momento adecuado para acercarse.

Al día siguiente, todos se levantaron muy temprano, tomaron sus cosas y las subieron al auto, Bella se quedó unos instantes observando la casa, antes de entrar en el auto. Edward empezó a conducir fuera del pueblo mientras intentaba evaluar la expresión de ella, quien mantenía la mirada fija en la ventana, y poco a poco se alejaron de aquel lugar.

—Edward, no pienso arrepentirme —aseguró Bella al verlo preocupado.

Jacob, desde su escondite los vio marcharse, no podía creer lo que estaba observando, él había pensado que los amigos de Bella se marcharían pronto y fácilmente se acercaría a ella, pero no que se iría lejos, no con ellos, y mucho menos con Edward, la presencia de ese desconocido lo molestaba excesivamente, no le gustaba su cercanía con Bella. Sin ni siquiera saber quién era ya lo odiaba, se llenó de irá al presenciar cómo se marchaban juntos, entonces juró encontrarla y hacer lo posible por traerla de vuelta al pueblo en donde él la cuidaría.


Alice estaba molesta al no conseguir comunicarse con su hermano, desde hace varios días ya no contestaba sus llamadas, caminó por toda la habitación antes de lanzar su teléfono al suelo.

—¿Qué sucede? —preguntó Esme, preocupada, al entrar para verificar que su sobrina se encontrara bien.

—Estoy preocupada por Edward —respondió y comenzó a llorar—, no he tenido noticias suyas y temo que le haya pasado algo malo.

Esme la abrazó para tranquilizarla, a decir verdad ella también estaba preocupada y comprendía la actitud de su sobrina, ya que ellos desde pequeños siempre fueron muy unidos, Edward protegía a su hermana y procuró su bienestar.

—Él volverá pronto —le aseguró, aunque ni ella misma estaba convencida. Por un lado estaba feliz de que su sobrino hubiera encontrado a alguien a quien amar, pero no le gustaba que esa persona lo alejara de su familia, en especial de Alice.

—No puedes saberlo, parece que a él ya no le importamos —dijo mientras se limpiaba las lágrimas.

—Siempre serás lo más importante para él, sólo que ahora hay alguien que lo necesita. —Trató de razonar con ella, lo que resultó tarea difícil, sin embargo, al final logró calmarla—. Yo sabía que ibas a entender, Alice eres una persona de buen corazón, espero que nunca dejes de ser la persona dulce y comprensiva que sé que eres.

—Gracias, tía, no sé que habría sido de nosotros sin ti. —Sonrió y la abrazó fuertemente.

Rosalie, que casualmente pasaba por ahí, vio la manera en que Esme trataba a Alice y se sintió celosa, para su mamá ella siempre se equivocaba, no dudaba que la quería, pero le hubiera gustado compartir más tiempo o al menos poder conversar sin discutir y terminar sintiéndose fatal por no saber cómo demostrar sus sentimientos. Todo el mundo la veía como una persona superficial y fría, lo cual era cierto, pero eso sólo era una parte de ella, no se atrevía a mostrar cómo era realmente, no quería que nadie descubriera lo frágil que podía llegar a ser, no iba a permitir que nadie la volviera a lastimar. Sin decir nada, tomó sus cosas y salió de la casa.


Alec se encontraba revisando documentos en la oficina de Edward cuando Tanya lo llamó para informarle que regresaban a casa, le pidió que no avisaran a nadie, así que se concentró en terminar su trabajo para salir al encuentro de sus amigos.

—Necesito hablar contigo —dijo Emmett, entrando a la oficina y sentándose frente a él.

—Estoy ocupado, tal vez más adelante —contestó sin apartar la vista de los papeles.

—Alec, esto es serio, no he tenido noticias de Edward desde hace varios días, creo que será necesario que regreses al pueblo y verifiques que se encuentre bien.

El tono de su voz le dejó claro a Alec que no era una petición, sino una orden, quiso evitar problemas, así que intentó ignorarlo.

—Yo me encargaré del trabajo, lo más importante es saber si él está bien —insistió Emmett, había hablado con Alice y estaba seguro que algo andaba mal.

—No es necesario, si algo malo le hubiera pasado ya nos hubiéramos enterado, lo importante ahora es encargarnos de la empresa —comentó muy seguro de sí mismo. Desde que llegó su trato con Emmett había sido tenso, se saludaban y hablaban del trabajo, pero nada más, nunca pensaron en ser amigos.

Emmett no respondió, sabía que Alec tenía razón, la única manera de apoyar a Edward era encargándose de la empresa, aunque por lo único que insistió fue para alejar al que consideraba un extraño, por alguna razón se sentía amenazado, la presencia de Alec no le gustaba y su constante vigilancia lo hacía sentir incómodo, era como si lo persiguiera a todas partes. Salió de la oficina sin decir palabra, se dirigió al estacionamiento y pensó en salir a despejar su mente, pero se llevó una gran sorpresa al ver quien lo esperaba.

—Entrégame los papeles que tomaste de la habitación de Edward —exigió Carlisle bloqueándole la entrada a su auto.

—No sé de que hablas —contestó pacientemente, queriendo evitar una discusión.

—Sé que fuiste a mi casa…

—A casa de Edward —lo corrigió sonriendo, provocando la molestia de Carlisle.

—Sólo quiero esos papeles.

—Y yo quiero muchas cosas que sé que no podré conseguir… Así que, por favor, apártate para que pueda irme. —Su paciencia se estaba terminando, aquella conversación no iba para ningún lado y ambos lo sabían.

—Ser amigo de Edward no te va a servir de nada, estoy seguro que al final te dará la espalda —aseguró mientras se alejaba unos pasos del auto—. Dame los papeles y todos nos evitaremos problemas.

—Sólo tú los evitarías, además, al tenerlos yo en lugar de Edward, te estoy haciendo un favor —respondió molesto, abrió la puerta y entró. Cuando iba a arrancar, Carlisle lo detuvo.

—Los dos sabemos que no lo haces sólo para ayudarme.


Rosalie se encontraba en la puerta de la universidad cuando escuchó que alguien la llamaba, se giró a ver y se encontró con Jasper, se saludaron afectuosamente.

—¿Qué haces aquí? —preguntó la rubia.

—Visitar a mi amiga —respondió alegremente, la rodeó con su brazo y empezaron a caminar—. ¿Qué te sucede? —cuestionó al notarla tan callada.

—Nada importante, sólo pensaba… —Se quedó en silencio, no quiso molestarlo con sus problemas, con Jasper siempre había sido tan fácil hablar, abrirle su corazón, temía que algún día se cansara y decidiera alejarse.

—Puedes decirme lo que sea —aseguró al adivinar lo que pensaba, Rosalie era transparente, aunque ella no se daba cuenta.

—Quizá en otra ocasión, por ahora necesito distraerme, así que puedes llevarme a cualquier sitio.

Jasper pensó en el lugar perfecto, en el cual podrían hablar sin que nadie los molestara, cuando estaban por marcharse, Alice se acercó corriendo a ellos.

—¿A dónde van? —preguntó, respirando agitadamente—. ¿No pensarás faltar a clases?

—Lo que yo haga no tiene por qué interesarte —replicó, tomó la mano de Jasper y se alejó corriendo, dejando a su prima sola.

—¡Rosalie! —gritó Alice enojada, pero ninguno le hizo caso.


Horas después, Tanya, Edward y Bella se estacionaron frente a la casa de la rubia. Bajaron del auto las pocas pertenencias que llevaban y caminaron hacia la entrada, Bella contemplaba el lugar en donde viviría, en silencio, le gustó el amplio jardín y antes que pudiera comentar algo, su amiga abrió la puerta. Edward esperó pacientemente a que entrara, cuando lo hizo se sorprendió al ver lo grande que era, en el pueblo no se veían casas así de lujosas y amplias, no sabía si podía llegar a acostumbrarse, estaba segura que toda su vida iba a cambiar, aun así no se arrepentía de su decisión.

—Bienvenida —le dijo Tanya, sonriendo.


Quiero disculparme por haber tardado en actualizar, he tenido varios problemas personales que afortunadamente empiezan a solucionarse, espero les guste este capítulo.