Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Tkegl, yo solo la traduzco.


CUTLASS

Con cada paso me acerco más a mi meta. Ahora, en las cálidas aguas del sur, encuentro que los recuerdos del horrible invierno se desvaneces, reemplazados por la esperanza de lo que está por llegar.

Pero la esperanza, como siempre, está templada por la cautela.

-Diario de Simon Alistair Mellick, 15 de enero, 1666

Capitulo treceEl Juramento

Las palabras de Alice perturbaron a Edward mientras Bella y él volvían a la casa. Hunter se acercaba. Alguien iba a traicionarle. Miró a Bella a su lado, no queriendo creer lo que sospechaba.

¿Sería ella?

Bella le pilló mirándola. ―¿Qué pasa? ―preguntó.

―Nada.

Bella suspiró, su exhalación sonó atronadora en la quietud del bosque. ―Crees que soy yo.

―¿Qué creo que eres tú?

―No te hagas el inocente, Edward. No te pega. ―Bella hizo una pausa, estirando la mano a su brazo y luego apartándola rápidamente cuando él se estremeció. Se sonrojó, apartando la mirada abruptamente, y él sintió un golpe de culpa al pensar que podía haber herido sus sentimientos.

―Crees que soy yo quien te traicionará. ―Ella no le dio la oportunidad de contestar antes de seguir―. Tampoco es que te culpe. Apenas me conoces y no he hecho mucho por ganarme tu confianza desde que nos conocimos. ―Empezó a caminar hacia delante de nuevo, sin mirar atrás para ver si él la seguía―. Pero no soy yo, para que lo sepas, y estoy dispuesta a esperar hasta que lo creas. Ni siquiera preguntaré por la caja que Alice mencionó, solo para probarte que no estoy reuniendo información para ir a buscarla sola.

Edward la miró alejarse, con una plomiza sensación retorciéndose en su estómago cuando se dio cuenta de que, en realidad, no sospechaba de ella. No podía explicarlo, pero sabía -por alguna extraña razón- que podía confiar en ella.

―Smith, espera, ―dijo, levantando la voz para llamarla más alto cuando no se detuvo―. ¡Bella!

Ella se detuvo y él se apresuró a unirse a ella. Ella se pasó la mano por los ojos antes de girarse para mirarle y él se dio cuenta de que escondía lágrimas.

―¿Estás llorando?

Ella resopló. ―Por supuesto que no. Es solo... ―Movió una mano a su alrededor―. El polvo.

Edward rio. ―Debería haber sabido que nunca podrías traicionar a nadie, ―dijo con una sonrisita satisfecha―. Eres una mentirosa terrible, Smith. ―Ella resopló de nuevo y le dio la espalda, pero él le agarró el brazo para detener sus movimientos.

―Lo siento, ―dijo en voz baja.

Ella pestañeó sorprendida, abriendo la boca para responder pero sin que saliera ningún sonido.

Edward rio de nuevo. ―¿Te has quedado sin palabras, Smith? Si hubiera sabido que todo lo que hacía falta era una disculpa para tener un poco de paz y silencio, lo habría hecho antes.

Bella intentó fingir irritación, pero el retorcimiento de sus labios la delató.

―Realmente eres un bastardo. ―De alguna manera, las palabras salieron con bastante cariño.

Edward sonrió ampliamente, sacudiendo un dedo juguetonamente. ―Bueno, Smith, has conocido a mi padre, así que sabes que eso no es cierto.

Bella sacudió la cabeza exasperada. ―Es más un comentario sobre tu personalidad que sobre tu paternidad.

La mano de Edward voló a su pecho, su cara se tornó seria. ―Me hieres.

―De alguna manera, siento que tu ego sobrevivirá.

Se giraron juntos para salir del bosque mientras Edward resoplaba. ―Oh, Smith. ¿Qué haría sin tu encantadora conversación?

―Bueno, si Alice tiene razón, no pasará mucho tiempo antes de que encontremos el tesoro y a Aro, y todo esto termine. Así que no tendrás que esperar mucho para saberlo, ―dijo las palabras con un tono bromista pero, por alguna razón, hicieron que Edward se sintiera bastante vacío. Ella le miró con curiosidad, notando obviamente la vacilación de sus pasos, y él se obligó a sonreír.

―Hablando de Alice, ―dijo―, la caja de la que habló es una caja de acertijos que una vez fue propiedad de Mellick. Creo que la otra mitad del mapa está dentro y tengo a varias personas buscándola para mí.

―¿Gente en la que puedes confiar?

Edward se encogió de hombros. ―A cambio de un precio. Ellos no saben nada del mapa, solo de la caja, y la promesa de una bonita recompensa debería ser suficiente.

Bella se mordió el labio mientras lo consideraba. ―Bueno, debes de tener razón si Alice dice que la tienes.

―Entonces, ¿significa eso que te has convertido en una creyente? ―La miró con cautela.

Bella se encogió de hombros. ―No tengo razones para dudar de Alice, ―explicó―. Y no tengo una idea mejor que seguir sus instrucciones.

Jasper les estaba esperando cuando volvieron a la casa, caminando de un lado a otro del porche delantero. Levantó la mirada mientras Bella y Edward se aproximaban y caminó hasta ellos. Como Edward, había optado por un traje sofisticado, dado su entorno temporal: gris oscuro con un chaleco esmeralda; el pelo rubio bien peinado y brillante en la luz del sol.

Movió la cabeza a modo de saludo para Bella y luego se giró hacia Edward. ―¿Has conseguido tus respuestas? ―preguntó.

―Algunas, ―contestó él―. Al igual que más preguntas. Pero eso no es raro cuando se trata de Alice.

Jasper rio, asintiendo mientras se pasaba una mano por el pelo. ―Sí, bueno, al menos has tenido algo de éxito.

―¿Te has enterado de algo en el pueblo? ―preguntó Edward mientras se giraban para dirigirse hacia la casa. Jasper era excelente en reunir información, y Edward le había enviado para ver de qué podía enterarse sobre el lugar en que estaba Aro. Era difícil rastrearle mientras estaban en el barco, y él esperaba que tal vez en tierra firme hubiera algún rumor de dónde se le podía encontrar.

―Nada, ―dijo Jasper con un pesado suspiro―. Ninguna noticia de Aro... o de Hunter, ya que estamos. Las buenas noticias son que la Corona parece concentrada en buscar la Flecha cerca de La Española.

―Hunter no, ―corrigió Edward―. Alice dice que ya está de camino.

Jasper frunció el ceño. ―¿Cómo de pronto?

―No lo sabía, pero nos vamos hacia Savannah al atardecer.

―¿Savannah? ―Jasper frunció ligeramente el ceño―. ¿Con qué propósito?

―Alice dice que es donde encontraremos la copa. 'Tras una puerta azul'.

―¿Una puerta azul? Bueno, eso debería ser sencillo. ¿Cuántas puertas puede haber en Savannah? ―Jasper rio mientras se acercaban a la casa. Sostuvo la puerta abierta para Bella con una ligera reverencia―. ¿Le has hecho a Alice alguna pregunta que tú tuvieras?

Bella pareció genuinamente sorprendida. ―No. Para ser honesta, ni se me había ocurrido.

―No importa. Ella ya sabrá las preguntas, al igual que las repuestas, ―dijo con una sonrisa de cariño―. Por supuesto, no las compartirá a no ser que preguntes.

―Ella dice que es maleducado, ―añadió Edward mientras les llevaba a la sala de estar, dejándose caer en el sillón―. Yo creo que solo disfruta atormentando a la gente.

Bella se sentó frente a Edward y vio como Jasper asumía su puesto habitual junto a la chimenea. ―¿Alguna vez le has preguntado algo? ―preguntó.

Jasper se sonrojó ligeramente, llevando los ojos hacia la ventana para mirar en dirección de la cabaña de Alice. ―Sí. Una o dos veces.

―¿Se hizo realidad lo que dijo?

Jasper volvió a mirarla, tenía una suave sonrisa en la cara. ―Todavía no.

Un destello de movimiento en la ventana atrajo su mirada de nuevo mientras Alice salía del bosque. Su sonrisa creció y mantuvo la mirada fija en ella mientras decía, ―Si me excusáis. Tengo algunas... cosas de las que encargarme antes de que nos marchemos.

Movió la cabeza en dirección a Bella una vez antes de salir de la habitación. Edward se puso de pie, tomando su puesto junto a la chimenea y, tras un momento, vio a Jasper acercándose a Alice por la ventana. La peluca había desaparecido, su largo pelo estaba recogido contra su nuca, y se había limpiado la cara de los polvos y el kohl. Parecía muy joven, pensó él. Los dos se dieron la vuelta y se marcharon con juntos, con las caras brillantes.

―Están enamorados, ―dijo Bella en voz baja.

―Sí.

―¿Desde hace cuánto?

Edward suspiró. ―Desde siempre, parece.

―Tienen tan poco tiempo juntos... Debe ser difícil. ―Se puso de pie y caminó hasta la ventana, apoyando la cara contra el frío cristal y viéndoles caminar por el borde del bosque―. Hay mucha tristeza aquí, ―murmuró―. Tu padre separado de Esme... tú separado de tu familia... Jasper y Alice.

Edward se aclaró la garganta pero no dijo nada. Bella se giró para mirarle con los ojos afligidos, y una ola de calidez le llenó. Parte de él anhelaba apartar sus dudas y cruzar la habitación para tomarla en sus brazos. Ella se inclinó ligeramente hacia él y, por un momento, se preguntó si ella habría estado pensando lo mismo.

Pensando en lo que había sido interrumpido en el granero.

Pero, con la misma rapidez, el momento pasó y Bella sacudió ligeramente la cabeza, volviendo al asiento.

―¿Crees...? ―empezó ella vacilante―, ¿...que cuando todo esto acabe volverás aquí?

Edward se tensó, pasando los dedos ligeramente por la repisa de la chimenea. ―Ya no hay lugar para mí aquí. Mi vida, tal como es, está en la Flecha.

―Ah, ―dijo ella―, sí, por supuesto. ―¿Había detectado él una nota de decepción en la voz de ella?

Por alguna razón, Edward sintió la necesidad de explicarse. ―Sería peligroso quedarme aquí. Soy, como bien sabes, un criminal. ―Cuando se giró para mirarla, la encontró mirándole con expresión impasible. Tragó, luchando contra la necesidad de removerse bajo su directo examen.

―Pero, ¿cuánto tiempo puedes vivir así? ―preguntó ella, su voz era apenas un susurro.

Edward le aguantó la mirada un momento antes de girarse para volver a mirar por la ventana.

―Tanto como deba, ―dijo.

- . - . - . - . -

Había momentos en la vida de Jasper en que sentía que llevaba el peso del mundo sobre los hombros, cuando las responsabilidades que tenía -las promesas que había hecho- se convertían en una nube negra que le envolvía y que casi le quitaba el aliento.

Pero, cuando salió de la casa Cullen y vio a Alice de pie al otro lado del césped en la brillante luz del sol, todo el peso se derritió. Ella le vio y su cara floreció en una sonrisa, y él no pudo evitar devolvérsela. Su vestido dorado brillaba en el sol, las faldas flotaban alrededor de sus piernas en la ligera brisa. Ella se apartó algunos mechones de pelo de la cara y él aceleró el paso, ansioso por llegar a ella.

Cada momento era precioso.

―Bonito traje, ―bromeó ella mientras él se acercaba.

Jasper rio, incapaz de contenerse. ―Bueno, ya sabes. Cuando estás en Roma y todo eso...

Alice sonrió y él le cogió la mano, frotándola en suaves círculos con su pulgar. ―Nadie diría que eres un temido pirata, ―bromeó ella.

―No dejes que el caballeroso exterior te engañe, ―dijo él, inclinándose hacia ella mientras le guiñaba el ojo―. Soy un vil demonio en el interior, donde eso cuenta.

Le colocó la mano en el hueco de su codo, llevándola en su tranquilo paseo por la propiedad. Saludaron con asentimientos a las pocas personas que se encontraron -la mayoría estaban trabajando en los campos tras un breve descanso para comer- y disfrutaron de un agradable silencio. Jasper se deleitaba en esos momentos que pasaban juntos; aunque eran pocos y espaciados, los había atesorado desde la primera vez que puso los ojos en Alice hacía tantos años, cuando Edward había estado tan malherido que había tenido que volver a casa para recuperarse. Fue cuando Jasper se enteró de la verdad sobre la familia de Edward, y él había sido el único en que Edward confiaba lo suficiente como para que le llevara a casa.

Alice no había sido más que una niña de catorce años entonces, y había entrado en la habitación con mirada salvaje y frenética, calmándose solo cuando cogió la mano de Edward en la suya. No dejó su lado ni un momento los primeros días cuando el doctor dudaba si sobreviviría e, incluso cuando pareció que él había doblado una esquina, nunca se mantenía lejos de él durante mucho tiempo.

Entonces, una mañana, se aproximó a Jasper mientras él miraba hacia la colina, perdido en sus pensamientos. Ella le miró con cautela, las manos en las caderas, y entonces dijo simplemente, ―dame tu mano.

Jasper tenía apenas dieciocho años pero, cuando sus dedos tocaron los de ella, supo que no habría otra para él... lo supo incluso antes de que ella bajara la mirada para trazar una línea en la palma de su mano y luego le mirase a los ojos con una suave sonrisa.

―Me has hecho esperar mucho tiempo, ―dijo. Jasper tuvo la más extraña necesidad de disculparse pero, antes de que pudiera, añadió―, y temo que tendré que esperar un poco más.

―¿A qué te refieres?

Jasper pudo sentir cada uno de sus dedos como si le estuvieran abrasando la piel, los ojos de ella eran oscuros e intensos mientras miraba fijamente lo de él.

―Debo pedirte un juramento, Jasper Whitlock.

Jasper supo que le prometería lo que fuera, pero aun así preguntó, ―¿Qué juramento?

Los ojos de Alice se vidriaron un momento antes de concentrarse en él de nuevo. ―Debes proteger a Edward, ―dijo―. Debes permanecer a su lado a toda costa.

Jasper se había sentido confundido por su petición. Edward y él habían sido amigos desde el primer momento en que puso un pie en la Flecha, y habían formado una alianza en aquellos días. Se cuidaban el uno al otro. De hecho, su amistad había sido lo que había salvado a Edward de la espada de Aro. Jasper sabía que Edward haría lo mismo por él si la situación se diera al contrario.

―Por supuesto, ―dijo rápidamente.

―No lo entiendes, Jasper, ―había añadido Alice, su voz había tomado un tono urgente―. Te estoy pidiendo que pongas a Edward por delante de ti, sus necesidades antes que las tuyas. Requerirá un gran sacrificio de tu parte, puede que incluso tu propia vida.

No puedo verlo con claridad, pero vuestros destinos están entrelazados, ―continuó―. Pero, para que todo sea como debería ser, no debes dejar su lado, no importa lo mucho que lo anheles. ―Las últimas palabras fueron dichas melancólicamente, con un brillo de lágrimas en los ojos―. No importa lo mucho que los dos lo anhelemos.

―No lo entiendo, ―empezó Jasper, dejando de hablar mientras la miraba a los ojos. En ese momento, supo que le daría lo que fuera que pidiera―. Está bien, ―dijo―. Lo prometo.

Y Alice había sonreído tristemente antes de soltarle la mano. ―Estará bien, ―dijo―. Solo debemos ser pacientes.

Jasper no había sabido entonces a qué se refería exactamente pero, cuando Edward se convirtió en capitán y le nombró primer oficial, empezó a entender. Cuando una madrugada frente a una jarra de ron Edward había revelado su plan de matar a Aro -de encontrar el tesoro- se hizo incluso más claro.

Y, cada vez que volvió a Charles Towne, solo para dejar atrás Alice con cada fibra de su ser negándose a ello, comprendió verdaderamente lo que conllevaba su juramento.

Y aun así, lo mantuvo. Porque se lo había prometido a ella. Y nunca falló en su deber.

Se giró para mirarla brevemente asombrado como siempre incluso después de tantos años por la curva de su mejilla, por el suave resplandor de su piel. Ella le pilló mirándola, sonrojándose ligeramente.

―Así que... Edward ha dicho que vamos a Savannah, ―dijo un rato después―. A una puerta azul.

Alice solo inclinó la cabeza como reconocimiento.

―¿Había algo más? ―preguntó.

Alice solo le sonrió. ―Tenéis lo que necesitáis.

Jasper asintió, confiando en ella como siempre lo hacía, y se giraron hacia el camino que llevaba al arroyo. ―No hemos tenido mucho tiempo para hablar, ―dijo―. ¿Cómo has estado?

―Bien, ―contestó ella―. Ya sabes cómo es esto. En realidad no cambia nada. El tiempo pasa, pero pasa con bastante lentitud, parece.

Jasper levantó una mano vacilante para acariciarle los dedos. ―Desearía...

Alice sacudió la cabeza, inclinándose hacia él ligeramente. ―Si los deseos fueran chelines, yo sería la mujer más rica de Carolina del Sur, ―dijo―. Los dos tenemos destinos que cumplir. Nuestro tiempo llegará.

―¿Estás segura? ―preguntó, mirándola a sus ojos oscuros―. ¿Está mal que te haga esperar así? A menudo me siento como el hombre más egoísta-

―No hay un solo hueso egoísta en tu cuerpo.

―Debería liberarte. Dejarte libre para encuentres un esposo, para que tengas hijos.

Alice se detuvo, sus ojos destellaron cuando se giró para mirarle. ―Suenas como mi padre.

Jasper se alejó unos pasos. ―Tal vez él tenga razón. Solo quiere lo mejor para ti.

Yo elijo lo que es mejor para mí, ―dijo Alice, cruzando hasta él para mirarle a los ojos―. Te elijo a ti.

―Y, ¿qué tengo que ofrecerte? ―preguntó―. No tengo hogar. No tengo nombre. No tengo fortuna...

―Jasper, sabes que no quiero ninguna de esas cosas, ―dijo, levantando las manos para ahuecarlas en su cara―. Pero tal vez seas tú el que se arrepiente. ―Su sonrisa cayó, sus ojos buscaron en los de él―. ¿Deseas libertad?

Las manos de él cubrieron las de ella. ―Nunca, ―dijo―. No hay otra para mí, Alice, no en esta vida. Y, aunque puede que me arrepienta de tener solo unos pocos momentos robados contigo, no es ningún esfuerzo para mí mantenerme al lado de Edward. Ya sabes que es como un hermano para mí.

Y esperaré eternamente por ti, si así es como debe ser.

Alice sonrió. ―Entonces debes confiar en mí. Todo esto terminará en lo mejor. ―Miró brevemente sobre su hombro y luego se puso de puntillas para besarle ligeramente en los labios. Jasper deseó que lo alargara, pero ella dio un paso atrás con una sonrisa.

―Además, ―dijo―. Puede que sea una dama mayor, pero no soy tan mayor. Apenas tengo veintiún años. Todavía hay tiempo para un esposo... ―Bajó las manos por sus brazos para cogerle las dos manos con una sonrisa traviesa en la cara―. Y para una familia.

Su sonrisa era infecciosa, y Jasper se encontró a sí mismo igualándola. ―Entonces, ¿estás segura de que todavía me quieres?

―Nadie más lo hará.

Al oír eso, Jasper levantó una ceja, mirando rápidamente a su alrededor antes de llevarla por el camino hasta el bosque. La dirigió profundamente dentro de los árboles y luego la atrajo a sus brazos.

―En ese caso, tal vez tenga que darte algo con lo que recordarme, ―dijo, bajando la cabeza para acariciarle el cuello con la nariz.

Alice soltó una risita. ―¿Y qué tenías en mente?

―Solo unas cuantas cosas que he aprendido de Edward sobre reclamar una dama.

Alice se estremeció. ―Por favor, no menciones a mi hermano en un momento como este.

Jasper soltó una risita. ―Entendido. ―La acercó más, rodeándole la pequeña cintura con los brazos. Los dedos de Alice subieron por sus brazos antes de entrelazarlos tras su cuello y él se inclinó para besarla una... dos veces, antes de suspirar profundamente y tomar su boca de forma más posesiva. Como siempre, en los brazos de Alice se sintió bien... como si volviera a casa tras un largo viaje.

Ella era su hogar, después de todo. No importaba dónde viajase, ella era lo que dirigía su vida. Su verdadero norte en medio de un vasto océano.

Cuando finalmente se separaron, los dos jadeando en busca de aliento, él la mantuvo cerca; susurrando promesas de amor, esperanza y futuro.

Y ella se las correspondió.

- . - . - . - . -

Esperar al atardecer fue una tortura.

A Bella le parecía que el sol nunca se hundiría en el horizonte. Estaba con Edward y Jasper en los arbustos en que habían escondido el bote, examinando la playa en busca de señales de vida. El padre de Edward les había proveído caballos para el viaje, acompañándolos casi todo el camino antes de llevar las monturas de vuelta a casa, despidiéndose de ellos con un firme asentimiento y un ―que Dios os guarde. ―Hicieron el resto del camino a pie. El corazón de Bella latió acelerado todo el camino.

Creyó que se moriría en el lugar en que estaba cuando un par de soldados a caballo se acercaron, el sonido de los cascos era ahogado por el fango. Soltó un grito ahogado cuando pasaron cerca de su escondite y Edward le cogió la mano, dándole un fuerte apretón como advertencia. Ella se agarró a él, apenas atreviéndose a respirar hasta que los hombres desaparecieron de la vista por la playa.

―Está bien, ―murmuró Edward, con los labios cerca de su oreja. Su aliento le hizo cosquillas en la piel y se estremeció, cerrando brevemente los ojos. Se dio cuenta de que todavía le agarraba la mano y le soltó abruptamente, alejándose un paso y casi tropezando fuera del arbusto.

Edward la agarró, sus grandes manos se cerraron en sus caderas para enderezarla.

―Cuidado, ―dijo, su voz era baja y su ojo brillaban en la desvaneciente luz del sol―. No te me desmayes ahora, Smith.

La piel de Bella se calentó, su boca se secó y se pasó la lengua por los labios para humedecerlos. La mirada de él bajo, siguiendo el movimiento mientras su propia boca se curvaba en una sonrisita de satisfacción. La miró a sus sobresaltados ojos, apretando los dedos en su cintura, y la respiración de Bella se atascó mientras empezaba a sentirse mareada.

Demasiado para su plan de no acercarse a él. En realidad, en ese momento no podía recordar el razonamiento de eso. Parecía un poco tonto cuando estar cerca de él se sentía tan bien.

Una garganta se aclaró. ―El sol está bajando, ―dijo Jasper con una mirada mordaz, empezando a apartar las ramas que camuflaban el bote―. Tal vez vosotros dos podríais continuar esa discusión más tarde.

Edward se apartó, manteniendo un momento la mirada antes de volverse para ayudar a Jasper a arrastrar el bote hasta el agua. Bella examinó la playa, caminando tras ellos y cogiendo la mano de Jasper cuando se la ofreció para ayudarla a subir al bote. Él se quedó helado, girando la cabeza sorprendido, y Bella siguió su mirada para ver a Alice parada en la playa a corta distancia. Jasper ayudó a Bella a subir al bote y se giró hacia Edward.

―Solo será un momento, ―dijo en voz baja.

Edward asintió y Bella se colocó en el banco, mirando a Jasper aproximarse a Alice. Hablaron en voz baja un momento, perdiéndose éstas entre el choque de las olas. Entonces Alice se llevó la mano a la nuca y tiró del lazo de su pelo, atándolo en la muñeca de Jasper. Él levantó la mano, tocándole la cara casi con reverencia, y Bella apartó la mirada, sintiéndose avergonzada de presenciar un momento tan íntimo. Vio a Edward al otro lado del bote, con la mirada centrada resueltamente en el agua. La pilló mirándole y se aclaró la garganta.

―Los vientos están con nosotros, ―dijo―. El viaje a Savannah debería ser corto.

Bella asintió. ―Eso está bien. ―Examinó su perfil, la fuerte línea de su mandíbula... su garganta, que en ese momento quedaba al descubierto ya que había cambiado su fijo traje y corbata por su habitual camisa de cuello abierto, calzones y botas. Él tragó y, en la débil luz, ella pudo distinguir el movimiento de su nuez al subir y bajar. Se giró hacia ella de nuevo y ella se sonrojó, avergonzada por haber sido pillada comiéndosele con los ojos.

Tenía que mejorar en eso.

Él se mantuvo en silencio, así que le echó un vistazo, solo para encontrarle mirándola con cautela. Se pasó la lengua por los labios. ―Smith... yo...

Jasper, por supuesto, eligió ese momento para acercarse al bote, echando dentro una gran bolsa de tela que cayó con un ruido seco. ―De parte de Alice, ―le dijo a Bella―. Ha dicho que es algo que encontrarás útil en los próximos días. ―Se agachó para empujar el bote de la playa, mirando a Edward que todavía no se había movido.

―¿Edward? ¿Estás listo?

Edward se aclaró la garganta y se dispuso a ayudarle con la tarea. Pisaron el agua, dándole un empujón al bote antes de subirse y colocarse a los remos. Bella miró sobre su hombro y encontró a Alice todavía parada en la playa, el viento le movía las faldas y su pelo volaba salvajemente alrededor de su cabeza. Bella levantó una mano para despedirse y Alice devolvió el gesto antes de desvanecerse en la oscuridad.

Bella se dio la vuelta mientras salían lentamente del puerto y a mar abierto, el silencio era denso a su alrededor. Edward se negó a mirarla a los ojos, con la mirada fija en algún punto sobre el hombro de ella. La melancolía de Jasper era algo tangible, y el corazón de Bella se partió cuando vio el lazo amarillo que asomaba por el borde de la manga de su camisa. El bajo chapoteo de los remos fijó un sencillo ritmo y, poco después, habían dejado atrás la costa y estaban rodeados solo por agua oscura hasta donde podían ver.

Cuando la amenazadora sombra de un barco apareció frente a ellos, Bella soltó un suspiro de alivio. Edward miró sobre su hombro y luego le dio un golpecito con el codo a Jasper para llamar su atención. Los dos dejaron abruptamente de remar e intercambiaron una mirada de preocupación.

―¿Qué va mal? ―preguntó ella. Edward presionó un dedo contra sus labios, inclinándose hacia delante para susurrarle al oído; sus palabras hicieron que le recorriese un escalofrío.

―Esa no es la Flecha.

Bella se echó hacia atrás, con la boca abierta por el horror mientras levantaba la mirada hacia el barco que tenían delante; hombres se movían por la cubierta, llevando faroles y gritando órdenes mientras se dirigían hacia el puerto. Soltó un grito ahogado cuando se dio cuenta de que era el Intrépido, el barco del Comodoro Hunter.

Alice tenía razón.

Jasper le dio un golpecito en el brazo a Edward, apuntando hacia la izquierda, y Bella entrecerró los ojos, casi incapaz de distinguir la forma de otro barco en la distancia. Edward asintió y los dos empezaron a remar de nuevo, la tensión se palpaba en cada movimiento de los remos. Los tres mantuvieron los ojos fijos en el Intrépido mientras se alejaban cada vez más, esperando a que alguien gritara -que alguien les viera y entraran en acción. Pero, aparentemente, los faroles del barco de Hunter solo servían para mejorar la vista del agua que les rodeaba, porque Bella no oyó ninguna alerta -ninguna señal de que el barco de la Corona había visto el bote o la Flecha.

Aun así, ella no respiró tranquila hasta que alcanzaron el barco de Edward y sus pies pisaron firmemente la cubierta.

Con silenciosa eficiencia, la tripulación zarpó, alejándose de Charles Towne y del Comodoro Hunter tan rápido como era posible. Tenían que dirigirse al noreste para evitarle, dando un rodeo para acercarse a Savannah cuando estuvieran seguros de que ya no había amenaza. Edward despachó a Jasper con un movimiento de la cabeza, girándose para discutir el rumbo con Crowley y, tras una breve charla con Jacob, Bella aprovechó la oportunidad para escapar a las bodegas. Caminó hacia las habitaciones del capitán, pero luego decidió que en realidad necesitaba algo de tiempo a solas con sus pensamientos... tiempo para absorber todo lo que había aprendido sobre Edward y su familia. Tiempo para pensar en lo que obviamente estaba creciendo entre ellos y lo que debería hacer sobre ello.

Así que, en su lugar, se dispuso a buscar la pequeña sala de almacenaje en que había dormido mientras se hacía pasar por Smith. Por hábito, examinó rápidamente el pasillo, aunque no había razón por la que nadie fuera a cuestionar sus actos en ese momento, antes de abrir la puerta y deslizarse en el interior. Para su sorpresa, no se encontró con oscuridad dentro, sino con el suave brillo de un farol que estaba sobre una caja girada. Jasper levantó la mirada de donde estaba sentado al otro lado de la caja con una jarra de ron en las manos.

―¿Te has perdido? ―preguntó él, llevándose la jarra a los labios y tomando un profundo trago.

―No... yo... ―empezó ella―. No siento. No quería molestar... ―Empezó a girarse hacia la puerta.

―Para nada, ―dijo él―. Supongo que no me importaría tener algo de compañía, si no te importa que me ponga descomunalmente borracho. ―Tomó otro trago de la jarra, limpiándose la boca con el dorso de la mano y mirándola con cautela―. De hecho, parece que a ti también te vendría bien un trago.

Bella vaciló, entonces se dio cuenta de que era posible que eso fuera exactamente lo que necesitaba. No compadecerse y pensar y obsesionarse con todo, sino olvidarse de ello -aunque solo fuera durante unas pocas horas. Volvió a entrar, cerrando la puerta tras ella antes de cruzar la habitación. Jasper estiró el brazo para empujar otra caja hacia ella y ella se sentó encima, intentando no mirar fijamente el lazo que llevaba atado en la muñeca. Sin embargo, él notó su interés y dejó la jarra en la mesa mientras pasaba el dedo ligeramente por ella.

―Quería que tuviera algo que me hiciera recordarla, ―murmuró, sus palabras ya empezaban a salir arrastradas―. Como si pudiera olvidarla.

―Lo siento.

―No hace falta, ―dijo él, cogiendo la jarra y tomando otro trago antes de ofrecérsela a Bella con una ceja levantada. Bella la cogió de él, inclinándola hacia sus labios y tomando un trago vacilante. El ron ardió al bajar, pero se había acostumbrado un poco a ello últimamente y dio otro trago antes de devolvérsela a Jasper.

Se quedaron en silencio un rato, el único sonido era el del ron mientras se pasaban la jarra de uno a otro. El cuerpo de Bella se llenó de una lánguida calidez, su cabeza se suavizó y adquirió una ligera sensación de mareo.

Finalmente, Jasper habló.

―¿Quieres hablar de ello?

Inmediatamente, los pensamientos de Bella volaron a Edward. Frunció el ceño. ―En realidad no. ¿Y tú?

―En realidad no. ―Inclinó su caja hacia atrás, balanceándola sobre un lado. Tomó otro trago, removiendo el ron en su boca antes de tragarlo. Cuando la miró, Bella notó que sus ojos parecían un poco vidriados. Por supuesto, cada vez era más difícil saberlo, ya que parecía haber dos de él.

―Es solo que hice un juramento, ―dijo, inclinándose hacia delante, equivocándose al juntar su codo con su rodilla un par de veces antes de hacer contacto y apoyarse―. Me hizo prometerlo, ¿sabes? Y, debido a esa promesa, no puedo estar con ella.

―¿Qué tipo de promesa?

Él movió una mano en el aire. ―Cuidar de Edward, por supuesto. Protegerle. ¡Como si él necesitara protección!

Bella se balanceó un poco en su asiento, agarrándose mientras intentaba enfocarse. ―¿Alice te obligó a hacer una promesa?

Jasper rio. ―¿Quién más?

―Y, ¿ahora tienes que quedarte con Edward y no puedes estar con ella?

Jasper chasqueó los dedos. ―Sí.

―Pero... eso es tan... ―Bella buscó la palabra, pero ésta parecía eludirla―. Es tan... tan... ―hipó―, ...triste.

―Sí, ―dijo Jasper con un suspiro.

―Porque la amas, ―dijo Bella con tono de lamento, sobrepasada de repente por la emoción. Estiró la mano hacia el brazo de Jasper, casi cayéndose de su caja en el intento―. La amas, ―repitió ella un poco más alto.

―Sí.

Ella se puso de pie, las rodillas le fallaron un momento antes de cruzar hasta el ojo de buey. ―Así que ahora ella está ahí fuera... ¡y tú estás atrapado en este estúpido barco! ―Bella le dio una patada a la pared, y luego otra para no quedarse corta.

―No's estúpido, ―dijo él arrastrando las palabras.

―¡Lo es! ―Dio otra patada.

Jasper eructó.

―Eso es asqueroso, ―dijo Bella, arrugando la nariz.

―Perdone, Su Majestad.

Ella movió una mano para despacharle, levantando la jarra para tomar otro trago. ―No deberías renunciar a Alice, ―dijo, perdiendo el equilibrio y cayendo pesadamente en su caja―. No puedes dejar que toda esta tontería se interponga en el camino del amor verdadero.

―Mira quien fue a hablar, ―respondió él, quitándole la jarra.

―¿Qué se supone que significa eso?

―Me refiero a ti y Edward, por supuesto, ―dijo, conteniendo otro eructo―. Tanto tocarse y mirarse y suspirar... es ridic... ridic... ―Jasper sacudió la cabeza―. ¡Ridículo! ―exclamó con una sonrisa de satisfacción.

Bella pestañeó. ―¿Suspirar?

―Ya sabes... ―Se presionó la mano contra el pecho, fingiendo un grito ahogado―. Todos los gritos ahogados y la respiración atascada y los jadeos...

―¡Yo nunca he jadeado!

―Estaba hablando de Edward.

Con eso, la cara de Bella se calentó. Jasper movió un dedo en su dirección acusadoramente. ―Te gusta.

―¡No!

―¡Sí!

Bella soltó un suspiro de resignación. ―No importa. ―Se inclinó hacia delante en la caja que usaban como mesa. Era sorprendentemente cómoda―. La cosa es: él es un pirata, ―confió.

Jasper resopló. ―Ya lo sabía.

Ella apoyó la cabeza en la caja, descansando la frente en los listones de madera mientras murmuraba. ―Así que su vida está en el mar y toda esa basura. No hay lugar para alguien como yo.

Jasper se mantuvo en silencio un largo momento y, cuando Bella giró la cabeza en la improvisada mesa para mirarle, medio esperaba encontrarle dormido. En su lugar, él la miraba con los párpados medio caídos.

―No deberías renunciar a él, ―dijo, imitando sus palabras de antes.

―¿Con qué fin? ―preguntó ella, sintiendo un peso en su corazón―. Cuando todo esto acabe, nuestros caminos se separarán.

―Muchas cosas pueden pasar antes de que todo esto haya terminado.

―Supongo, ―concedió ella―. Pero nada cambiará el resultado.

Jasper sonrió. ―No puedes saber eso. Alice siempre dice que lo mejor del futuro es que siempre puede cambiar.

Ella se enderezó, la cabeza le daba vueltas. ―¿Realmente crees eso? ―Tuvo el breve pensamiento de que tal vez se arrepintiera por la mañana, pero estiró la mano hacia la jarra igualmente.

Jasper tomó otro trago antes de dársela. ―No estoy seguro, ―admitió―. Pero Alice sí. Y ella debería saberlo.

Bella asintió y tomó otro trago mientras caían en el silencio, cada uno perdido en sus pensamientos -un silencio solo roto por el ruido del ron y los suaves sonidos del mar mientras cortaban el camino hacia su siguiente destino.


Es muy tarde aquí, así que como siempre espero que os haya gustado y muchas gracias por leer comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.

El adelanto del capitulo 14 ya está en mi blog.

-Bells :)