Advertencias:

Los personajes pertenecen a L. J. Smith, menos la protagonista, Sally, su familia y algún que otro personaje más, que son originales míos.

Esta historia contiene lenguaje fuerte, escenas de violencia y sexo.

La historia está inspirada en la serie de televisión, por lo cual, habrá detalles que se tomen de ella al igual que habrá cosas originales.

Si se me olvida algo, perdón. Gracias al que lo lea

Capítulo 13

Había pasado un mes y comenzaba a notarse que el verano se acercaba lento, pero constante, y el plan de la pareja estaba a punto de pasar a la acción, ya que la bruja estaba preparada para realizar tal magnitud de magia.

Cada noche desde hacía semanas, Sally esperaba a que en su casa la gente estuviera dormida para poner todo su empeño en tratar de realizar el hechizo en forma de simulacro, además de entrenarse en varios ámbitos de su habilidad, para no debilitarse físicamente tanto, y ser capaz de conseguir un mayor aguante y efectividad.

La castaña se encontraba sentada en su cama con el gran libro ante ella abierto por el hechizo de la piedra octogonal, mientras repetía en voz baja las palabras del encantamiento con los ojos cerrados, completamente concentrada, mientras en una de sus manos portaba la obsidiana y en la otra una pequeña caja de madera cerrada.

Tras unos minutos abrió los ojos lentamente, al escuchar un pequeño sonido de la caja que sostenía. Trató de abrir la susodicha sin llegar a conseguirlo. Sonrió al observar que el hechizo había funcionado. Ya estaba preparada.

-Deberías acostarte ya, Sally. –Dijo Vivianne entrando en el cuarto sorprendiendo a la joven, quien dio un pequeño bote asustada, sin saber qué hacer con la piedra.

-Sí, claro, enseguida voy.

-¿Qué estás haciendo con eso? –Preguntó la rubia con cara de extrañeza y preocupación mientras cogía la piedra negra que la chica había soltado al asustarse.

-Bueno, es que vi este hechizo y me pareció muy bueno, quería comprobar si había mejorado y era capaz de hacerlo. Siento haberla cogido.

-Sabes que no puede moverse del cuarto, que no vuelva a pasar. Y no intentes hacer cosas tan poderosas, podrías desmayarte.

-Lo siento. –Respondió mientras la mujer le dirigía una mirada severa, y después salía de la estancia mientras Sally suspiraba con alivio.


La mañana siguiente se presentaba agitada, ya que era el día de la graduación de los estudiantes del Último año de instituto, con lo cual, la revolución entre los muchachos estaba asegurada. Damon y Sally estaban centrados en otros menesteres, ya que aquel día se presentaba especial por otras circunstancias más importantes.

-Anoche mi madre me pilló. logré convencerla de que sólo tenía curiosidad por el hechizo, pero no sé si de verás se lo tragó. –Susurró la joven mientras el director del instituto y otros profesores nombraban a los estudiantes que debían recoger su título.

-Esta misma noche saldremos de aquí hacia Mystic Falls, no te preocupes ¿Podrás conseguir la piedra?

-Claro ¿Dónde quedaremos?

-Te esperaré en el coche en el parque cerca de tu casa, en el aparcamiento, a las 9 en punto. Todo el mundo estará en la fiesta de graduación y tu madre también creerá que estamos nosotros.

-Esta bien, ¿qué le vas a decir a Stefan? –Preguntó la joven con curiosidad mientras miraba la sonrisa torcida del rostro del chico al oír su pregunta.

-Él no se enterará, cuando lo haga, ya no podrá detenerme.

Acto seguido, la voz de uno de los profesores nombró al chico, quien se dirigió hacia los susodichos con una sonrisilla mientras obtenía su título. Unos cuantos nombres después, le tocó el turno a Sally, quien se dirigió con una leve sonrisa a recoger su título mientras escuchaba entre los aplausos a su madre gritar histérica. No pudo evitar sonrojarse ante aquello, sintiendo vergüenza, aunque alegría al mismo tiempo.


Horas después de aquella mañana insufrible, Damon se encontraba en casa recogiendo las pocas cosas que necesitaría para su nueva vida, la cual por fin llegaba. Estaba ansioso porque llegara la hora de partir hacia Virginia, y por ello miraba el reloj cada dos por tres. Aún faltaban un par de horas para las 9.

El moreno fue a matar el tiempo muerto que le quedaba a un bar cercano a su casa, donde buscaba alguna jovencita con la cual pasar un buen rato y distraerse. Cuando la hubo encontrado, subieron al piso y se adentraron en la habitación de este sin más dilación.

Al cabo de una hora ambos aún se encontraban en la cama del moreno, aunque al menos, más vestidos. De pronto, su juego se vio interrumpido por la voz de Stefan, quien se acercaba hacia el cuarto peligrosamente. Damon no tuvo tiempo de reaccionar cuando la puerta de la habitación se abrió y el castaño entró quedándose sin habla al ver al estampa.

-Sabía que no podía ser cierto. ¿Cómo te atreves, Damon?

El joven se levantó de la cama en calzoncillos mientras cogía sus pantalones y camiseta, poniéndoselos con desgana.

-Vístete, cielo, es hora de que te vayas. –Dijo a la chica para después, encarar a su hermano, quien miró la mesita de noche y se extrañó mientras cogía la pulsera de Katherine y la mostraba al moreno.

-¿No ibas a empeñarla? Qué hace aquí y por qué estás haciendo esto a Sally.

-¿Por qué tienes qué meterte en mi vida, Stefan? Déjame en paz, ambos somos mayorcitos para todo esto.

-No puedes ser así con alguien que no te ha hecho nada, ¡la destrozarás!

-¡No me importa! Sólo me preocupa cumplir mis objetivos y me da igual quien se ponga por medio ¿entiendes? –Habló serio Damon mientras le miraba a los ojos, fulminándolo mientras elevaba el tono enfadado.

-No te lo permitiré, Damon. Tú no eres como Katherine.

-Dame la pulsera, y lárgate, Stefan, por tu bien.

-Tramas algo y tiene que ver con Katherine. No me lo puedo creer -Dijo sorprendido mirándole mientras sujetaba la pulsera sin dar crédito ante sus pensamientos. –Estás usando a Sally para sacar a Katherine de la cripta.

-Brillante, hermano. Empezaba a dudar de tus capacidades, me estabas asustando. Dámela.

-Claro que no, eso es un error, Damon. Ella no te ama, no la liberes.

El moreno rompió una pata de una silla de madera cercana y se acercó a su hermano peligrosamente, repitiéndole de nuevo que se la devolviera, pero al no obedecerle, se abalanzó vertiginosamente hacia el castaño, y le clavó el trozo de madera en el estomago de forma violenta.

-Hasta nunca, Stefan. –Se despidió el joven mientras cogía una pequeña bolsa deportiva y la pulsera del suelo, para después salir de allí a toda prisa.

Sacó su teléfono móvil una vez dentro de su coche y llamó a Sally, quien respondió velozmente.

-¿Qué ocurre?

-No cojas el teléfono a Stefan pase lo que pase, ¿me oyes? –la seriedad y un deje de agresividad se distinguía en su comentario, que perturbó a la chica.

-Está bien, tranquilo.

-¿Puedes hacerte con la piedra ya? Las cosas se han adelantado.

-Sí. –Su corazón comenzaba a latir con rapidez ante aquellas palabras

-Pues te espero en el lugar que acordamos, no tardes. –Acto seguido colgó el teléfono y lo guardó mientras miraba la pulsera con ansias.