-LUCY IN THE SKY WITH DIAMONDS-


Este último capítulo comienza con una frase literaria y termina con una bella canción que significa mucho para mí y siento que es bastante ad hoc para la historia en general. Agradecería que la escucharan también, con la misma dedicación que leen las citas literarias, para que así pudieran tener una mejor comprensión del capítulo. Quizás les deja una buena sensación.

Por favor leer el EDIT del final del capítulo. Muchas gracias por el tiempo.


Capítulo XIII

"Primavera"

¿Qué sentido tiene estar con alguien si no te cambia la vida? Eso dijo: que la vida sólo tenía sentido si encontrabas a alguien que te la cambiara, que la destruyera.

Alejandro Zambra, Bonsái.


Shaoran

—No vengas a verme más, Shaoran.

Había algunas cosas que me habían gustado de Sakura. Que fuera infantil a veces me conmovía, al igual que su inocencia. Sus ojos verdes a veces me hacían perder la cabeza. Pero quizás solo me había gustado Sakura porque necesitaba a alguien que la defendiera.

En un comienzo, solo me la había encontrado casualmente, pero siempre de la misma forma. Primero, llorosa y sola en una fiesta enorme. Había que cuidarla. Después perdida por la ciudad. También había que llevarla a alguna parte. Lo que colmó mi persona fue cuando supe que su novio la había dejado plantada en alguna parte de Tomoeda.

Todas esas cosas solo podían pasarle a una chica tan dulce e inofensiva como Sakura. Quizás solo había querido cuidarla, protegerla del rubio que la tenía tan maltratada. Pero... cuando cuidas a un animalito, este suele acercarte más a ti, ¿cierto? Se arrulla en tus piernas, te ronronea y no se separa más. ¿Sería acaso una respuesta normal, instintiva? ¿O estaría en la naturaleza humana el rechazo ante el cariño?

¿Por qué Sakura me esquivaba de esta forma?

—¿Por qué?

—¿Cómo que "por qué"? —preguntó ella, con sus labios muy rosados y sus ojos muy brillantes— Porque aquí trabajo.

Pero no me dijo nada claro, como siempre.

—Y, ¿por qué no quieres que te venga a ver más? —tenía que pensar bien las palabras antes de hablar, temeroso que mi voz transportara la desesperanza que sentía en ese momento.

—Porque no quiero que me vean más contigo.

—¿Eso mismo pensaste cuando me besaste en la casa de Tomoyo?

El corazón me latía con fuerza, lo que solo ayudaba a que se rompiera con más velocidad. Si hubiera estado más tranquilo, tal vez habría comprendido mejor la situación. Tal vez habría aceptado sus palabras y me hubiera dado la vuelta.

—Estaba ebria. No vale.

Así quizás habría dejado de doler.

—Esa noche, en tu casa, ¿también estabas ebria?

Sus mejillas se poblaron de aquel rojo tan característico de su inocencia.

No sabía la razón exacta por la cual estaba recriminándole algo a la castaña. Yo había aceptado el juego en el momento que supe que estaba saliendo con otra persona.

Pero el beso, las miradas, el otro beso, todas esas cosas, me hacían soñar con que todo saldría bien. Que iba a terminar con su novio, que no se iba a casar, que se iba a quedar conmigo…

La verdad, yo no tenía ningún derecho a recriminarle nada.

—Ya, vete, Shaoran. Tengo que volver a trabajar.

Pero ella no tenía ningún derecho a tratarme como su juguete momentáneo. Mucho menos para dañarme de esa forma.

Después de sus duras palabras, la observé con detenimiento mientras caminaba por donde mismo había venido. Entraba a la pastelería, el frío me helaba las orejas y mi corazón se rompía otro poco.

En ese momento, más que rabia, más que dolor, más que tristeza, más que sorpresa (sorpresa de que me rechazara de esa forma, a pesar de que pasaba aceptándome-rechazándome, en un juego muy difícil y a un ritmo que no podía bailar), yo sentía vergüenza.

Había tenido esperanzas y ella las había roto, junto a mi corazón. Y me daba vergüenza, porque había sido un loco enamorado de una chica que apenas conocía. Que se había embriagado con el sabor de sus labios y había añorado su presencia cada día.

Sentía mucha vergüenza, porque ella había visto un rincón de mi corazón que no me habría gustado nunca enseñarle a nadie: debilidad. El amor es un sentimiento terrorífico, ya que te obliga a confiar en alguien más con todo tu corazón. Le entrega poder al otro para destruirte y despedazarte. El amor era terrorífico, porque era un vals donde entregabas parte de tu privacidad, de tu corazón, de tu alma, y el otro te entregaba una parte a ti. Era un juego donde lo más importante era la confianza. Tú vivías cada día del resto de tu vida confiando en el otro y en que, por favor, no te dejara.

¿Cómo hacían las parejas de casados? Esos que llevan más de cuatro décadas. ¿Cómo no se arrancan los cabellos, se muerden las uñas, se rompen la piel ante el miedo? Décadas con la incertidumbre, pero tú debías seguir confiando en que el otro no te iba a romper.

Bueno, yo había confiado en Sakura y ella me había pisoteado.

Pero era culpa mía, ¿no? ¿Quién intenta meterse con una chica con novio? ¿Quién podría confiarle su corazón e intimidad a una chica que te besa, te sonríe y te quiere, pero luego te rechaza y humilla? Una y otra vez…

¡Qué tonto fui!

Caminé por la vereda. Pasé por frente de la pastelería, pero no intenté ver el interior. Llegué a la plaza donde había dejado a Lisa. No pretendía detenerme allí. Lo cierto era que no tenía ninguna intención de nada en particular. Solo quería ir a mi casa y prepararme un café.

Cuando pasé por frente a la plaza, observé a Lisa sentada en la misma banca donde la había dejado. Tenía los paquetes de los dulces que le había comprado sobre su regazo y la cabeza echada para atrás, observando el cielo.

No tenía ninguna intención de acercarme ella, pero ninguna demasiado fuerte tampoco como para alejarme. Si tenía suerte, aún tenía algún dulce que pudiera subirme los niveles de serotonina y noradrenalina para ser un poquitito, solo un poco, más feliz.

Caminé hacia ella y me detuve frente a ella. Tenía los ojos cerrados y a esa distancia pude observar los cables de audífonos. Estaba escuchando algo y, a juzgar por su pose, estaba sumamente dentro de la música. ¿Cómo llamar su atención sin asustarla? ¿Cómo robar sus pasteles sin que se diera cuenta? Quizás si lo hacía con el suficiente cuidado, nunca se enteraba de que estuve allí y le robé aquello que le había regalado hace unos minutos atrás (sí, porque mi esperada y ansiosa cita con Sakura solo duró unos cinco minutos).

Ella, lentamente, cambió su posición y bajó la cabeza. Abrió los ojos y los posó en mí. Se sacó los audífonos.

—¿Qué me mirabas? ¿Eres un acosador?

—Solo quiero un poco de pastel.

Ella se corrió hacia un lado de la banca, dejándome espacio para que me sentara a su derecha.

—¿Por qué usas anteojos? —pregunté, mientras le daba un mordisco al bollo dulce que me había dado.

—No veo bien a la distancia.

—La otra vez no los llevabas.

—No los llevo casi nunca —rio—. No los necesito en la calle. Es decir, no puedo enfocar bien los letreros y las luces de los autos me molestan… Pero no moriré atropellada. Solo los uso cuando me duele la cabeza.

—¿Por qué mejor no los usas siempre y problema acabado?

—Prefiero como me veo sin ellos —se sonrojó un poco—. Son muy grandes...

No entendí bien, pero no respondí nada. Disfruté el bollo.

—¿Cómo te fue?

—¿Eh?

—Con la bruja.

—Mal.

—¿Te hechizó?

—Pues, sí.

Ella fruncía el ceño levemente y se llevó su mano al mentón, como pensativa. Le pregunté si le habían gustado los pasteles, y me respondió que mucho, encantada. De pronto, tuve un profundo deseo de encontrarme con una taza de café en mis manos. Quería irme a casa, pronto, a pesar de que aún debería estar trabajando con Fye. Después le mandaría un mensaje de texto…

—¿Y cómo era el anillo?

—Enorme.

—Bah —se quejó—. Pues, qué mal.

No quería su lástima, por lo que rápidamente cambié el tema. Le pregunté qué música estaba escuchando, si de verdad no tenía frío (de paso, si era cierto que en Suecia hacía tanto frío como decía) y si quería ir alguna otra parte donde hiciera menos frío. Ella se negó, excusándose en que pronto debía ir a un lugar con alguno de sus amigos suecos. Hablamos bastante, pero no lo suficiente como para distraer mi mente de Sakura.

Cuando nos terminamos todos los pasteles, ella decidió que ya era hora de que partiera a donde debía ir. Nos despedimos con una sonrisa. La mía seguramente fue más fría que la de ella, porque yo estaba muy roto.

Caminé muy lento por las calles de Tomoeda hasta llegar al paradero de autobús. Con mi frente apoyada en el frío vidrio del bus, me sentí el hombre más estúpido del planeta. Pero luego me consolé al pensar que seguramente se me pasaría. Me sanaría y podría vivir como antes. Olvidaría a Sakura y seguiría en la disquería.

Por la noche, como último acto consciente antes de caer rendido ante el sueño, recordé a Lisa con sus anteojos.

"Será pava. Se ve muy bonita con anteojos o sin ellos".

Sakura

Estaba comiendo un helado de chocolate en el centro de comercial. Estaba sola. Seguía siendo invierno, estábamos a un mes o así que empezara la primavera, pero yo estaba comiendo un helado de chocolate en el centro comercial. Sin esperar a nadie, solo disfrutando de mi día libre. Ko estaba ocupado con su trabajo a medio tiempo y la universidad. Más entrada la noche, iríamos al cine a ver una película. O así lo habíamos arreglado. Yo había llegado unas cinco horas antes de lo acordado y estaba sentada en una banca del centro comercial, frente a una tienda de vestidos brillantes.

Bueno, al menos disfrutaba el sabor a chocolate y de mi día libre. Qué panorama.

Es que hoy era un día importante y yo estaba muy nerviosa. Chiharu había sido muy clara al respecto: le decía yo a Ko o le decía ella. ¿Cuál era la peor parte del asunto? ¡Que eso me había aliviado, me había hecho sonreír en la ducha y me había hecho sentir, tan, tan bien! Qué fácil sería si dejara que Chiharu le contara. Me pasaba toda la película en la cabeza: Ko llegaba dando un portazo al departamento y yo estaba ahí con las maletas en la entrada. Él me gritaba que era una infiel, una asquerosa perra sarnosa, y yo lloraba un poco para aliviar el propio peso que él debería sentir en su corazón. Fingir que lo sentía, al menos.

Pero, al mismo tiempo, Chiharu me había puesto en una encrucijada. La salida fácil era muy terrible. Me dejaba aún peor con Ko, al cual yo sinceramente estimaba con todo mi corazón. Ya no como amantes, pero todos estos años a su lado, indudablemente habían hecho que fuera una persona sumamente importante.

Por tanto, hoy era el día en que me sinceraría con Koichi. Le contaría de Shaoran, nuestros besos y cómo me encendía el corazón.

"Hey, ¿recuerdas a un moreno que frecuentaba las fiestas de Tomoyo? Nah, obviamente no lo viste nunca, porque yo lo tenía escondido atrás de los matorrales y nos besábamos como un par de adolescentes. Bueno, ¡chau!"

Estaba tan nerviosa, que no podía aguantar el silencio del departamento y había ido cinco horas antes de la esperada cita a tomar un helado por mí misma. ¡Qué vida la mía!

En algún momento de la tarde, cuando aún quedaban un par de horas y ya me estaba aburriendo de ver la vitrina de la misma tienda por tanto tiempo, llegó Tomoyo. Yo ya me había terminado mi helado.

—¡Sakurita! ¡Qué coincidencia!

Nos saludamos y nos abrazamos. Sinceramente, era un agrado verla y saber que podría entretenerme y matar el tiempo con ella. Con mi querida amiga Tomoyo.

A pesar de ser mi mejor amiga, no podía encontrar el valor para confesarle lo que pasaría más tarde con Koichi. Me escudé en la idea de que, si usaba ese poco valor que tenía en esa tarea, después no me quedaría nada para sincerarme con Ko. ¡Qué dilema!

—¿Y qué película van a ver? —sonrió Tomoyo.

Sincerarte con tu prometido de esa forma, después de pasar dos horas en una sala de cine viendo una película idiota. Dios mío, ¿cómo iba a aguantar esa película? Quizás debería devolver las entradas y confesarme apenas lo viera…

—¿Y tú qué haces acá, Tomoyo? —pregunté yo.

Vi algo que no reconocí cruzar por sus ojos y rio nerviosamente.

—Bueno, haciendo algo muy importante. La verdad, ya es hora de que me vaya…

—¡Sakura, Tomoyo!

Era Eriol, quien se acercaba a nosotras mientras agitaba su mano a modo de saludo. Tomoyo se puso de piedra y yo lo noté. Llevaba una chaqueta de mezclilla y el cabello bien peinado. ¿Me habría enamorado de Eriol, mi buen amigo Eriol, en vez de Koichi, si nunca lo hubiera conocido? Era guapo, se vestía bien y era muy educado y simpático.

—Qué coincidencia —dije, luego de saludar a mi amigo con un beso en la mejilla.

—Pero buen momento. Buena coordinación —dijo Eriol.

—¿Sí? —pregunté yo.

Él sonrió y Tomoyo se sonrojó.

—Espera… —las piezas empezaban a encajar—. ¿Ustedes dos acordaron verse aquí?

Él asintió y la forma en que todo el cuerpo de Tomoyo se tensó ante mi pregunta me volvió a indicar que mis pensamientos estaban en lo correcto. Ellos dos…

—¿Es acaso esto una cita?

Él volvió a asentir y ella se sonrojó aún más.

—¡No! —con los ojos abiertos como platos los observé primero a él, luego a ella, y luego de vuelta a Eriol— No lo creo.

—Pues sí, digamos que estamos saliendo.

—No les creo —me crucé de brazos.

Los ojos de Eriol brillaron. Tomó a Tomoyo por la cintura, la acercó hacia sí y depositó un tierno beso en sus labios. Ella no respondió nada, solo se quedó más tiesa que una estatua, pero al mismo tiempo, tan dispuesta como una muñeca, ya que no había puesto ningún tipo de resistencia ante el beso.

—Ya, entiendo, ahora sepárense.

No era mi intención tampoco verlos darse el lote.

Suspiré y los observé como una madre exhausta de decirle a sus hijos que, por favor, dejaran de ensuciarse con barro. No había mucho que decir al respecto. Ya que, durante todos nuestros años de amistad, esta posibilidad siempre estuvo al borde de la esquina. Algún día tenía que pasar.

—¿Y Nakuru?

—Terminé con ella —se rascó la cabeza, un poco avergonzado.

—Estará hecha un desastre.

—Yo le dije que esperáramos, que…

Eriol calló a Tomoyo poniendo su mano sobre su hombro. Quizás cuántas veces habían hablado del asunto a solas, y cuántas veces Eriol la había convencido de que ya había esperado lo suficiente. Además, apoyaba esa decisión. Tomoyo me había contado que se habían besado esa noche en casa de Tomoyo, y no estaba bien que Eriol siguiera saliendo con Nakuru luego de tal atrocidad, ¿o sí? Qué maldad aquella.

—Que bueno que me enteré —dije yo, un poco decepcionada—. Parece que no me iban a contar nunca.

—No llevamos saliendo tanto —se excusó Tomoyo—. Aparte, no quería contarte hasta que no fuera más oficial…

—Claro, imagínate la princesa se arrepentía de salir conmigo. Qué problema sería darte excusas a ti también —dijo Eriol, con una sonrisa.

Yo sabía que era una broma, pero al mismo tiempo, en serio.

—Bueno, ya será mejor que nos vayamos. La película empezará en un rato…

Yo asentí, comprendiendo que importunaba la cita de mis dos amigos. Me despedí de Tomoyo de un beso en la mejilla y a Eriol lo abracé un poco. Le susurré al oído que estaba feliz por él, que confiara en Tomoyo, que ella lo iba a cuidar.

Ambos se despidieron con una sonrisa y yo volví a quedarme sola en el centro comercial.

Ya llevaba mucho tiempo sentada en mi lugar, por lo que decidí ir a una librería. Terminé comprando un libro. No entendí bien la reseña, pero hablaba de una chica y la portada era muy bonita. Bastaba para mí. El resto del tiempo lo pasé leyendo. La última hora antes que llegara Ko, me la pasé frente al cine, dudando si devolver las entradas o no.

Nunca había terminado con nadie, porque Koichi era mi primer novio. ¿Qué debería hacer? Quizás era mejor idea confesarme apenas lo viera, quizás sería mejor decirle después de una hermosa velada…

Espera, ¿terminar?

Yo solo iba a confesarme. Le había dicho a Shaoran que no quería verlo más. Había decidido que me iba a quedar con Koichi, que en él había invertido más tiempo. Nos íbamos a casar y ser muy felices, ¿cierto?

Si era así, ¿por qué no podía dejar de sentirme tan mal? ¿Después de todo este tiempo, recién me había golpeado la culpa? Wow, sí que tardó.

—Hola, pequeña.

Koichi se había puesto el perfume que me gustaba. Llegó solo cinco minutos tarde, lo cual era un poco sorprendente. Yo tenía la costumbre de llegar a todos los lugares tarde, no entendía cómo podían teletransportarse los seres humanos comunes.

—¿Entramos? Ya casi es hora.

—Ah, devolví las entradas.

—¿En serio?

—Sí. Leí reseñas en internet y se me quitaron las ganas de verla. ¿Vamos a comer?

Terminamos por sentarnos en un restaurant un poco más elegante que el que yo habría elegido, pero él insistió en que me invitaría. Yo me sentí un poco mal de llevar zapatillas a un lugar así, pero no me importó. En un lugar así, Koichi no podría levantarse de un salto y golpearme, insultándome a gritos: "¡Puta! ¡Zorra! ¡Asquerosa!".

La comida hindú estuvo bien. Él me contó sobre su día en el trabajo.

—Creo que voy a renunciar. Me está demandando mucho tiempo y quiero terminar bien la carrera. Ya cuando tenga mi diploma, podré buscar algo más a gusto…

Ah, cosas de adultos. Yo solo podía conversar de libros, programas de televisión y pasteles. Los adultos conversaban de diplomas y trabajos. Me sentía muy niña a veces, pero Ko podía iluminarme un poco con sus conversaciones de adultos. Así, después podía llegar donde mi madre sabiendo qué eran los impuestos.

—Y, ¿cómo va tu trabajo?

Extrañamente, la pregunta la había formulado él e iba dirigida hacia mí. Cierto, yo ahora trabajaba, hasta tenía un contrato, ya estaba más cerca del mundo de los adultos. Quizás estaba creciendo, quizás…

Cuando él terminó su comida, creí buen momento para comenzar con la confesión.

—Ko, hay algo que quiero conversar contigo.

Y así partí, pero era tan difícil continuar. Me temblaban las manos, me sudaba el cuerpo. No podía mirarlo fijamente a los ojos, porque me atemorizaba que adivinara mis pensamientos.

No sabía cómo seguir. Quizás debería haber escrito un discurso. Quizás si me lo sabía de memoria, no se me enredaría la lengua y podría decir todo, todo, todo.

Pero como no podía seguir sosteniendo su mirada y el tedioso silencio, seguí:

—Eh… Bueno, tú sabes que… No, no sabes…

—¿Qué pasa, Sakura? —dijo, con una sonrisa.

Le provocaba ternura mi nerviosismo. Quizás esperaba algo bueno, que le dijera que lo amaba, que quería irme de viaje con él. Y podría haber inventado alguna estupidez para rellenar, decirle que tenía ganas de adoptar un gato, pero tenía que seguir. Tenía que decirle.

—Koichi, yo…

Ya no podía mirarlo a la cara. Apretaba mis puños con fuerza y miraba el mantel burdeo. Me concentré en el sonido de las demás personas conversando en el restaurant, las risas y el caminar de los meseros.

Yo…

Tenía que decirlo, ahora.

—Koichi, te engañé.

Y quise parar, quise levantarme y correr, pero continué. Porque había comenzado y debía aprovechar ese pequeño empujón de valentía. Lo siguiente todo lo dije con mucha rapidez, mientras continuaba con la mirada fija, observando el mantel. Nunca sabré si llegó a comprender todas mis palabras.

—Salí con otro chico. Nos encontramos muchas veces, algunas sin querer, otras más a propósito. Y nos besamos, dos veces, solo dos veces, pero nos besamos. Y te engañé, te mentí, pero de todas formas acepté casarme contigo.

Se me enredaba la lengua…

—Se llama Shaoran. Eso a ti no te importa, pero quiero que lo sepas. Que se llama Shaoran.

"Tiene el cabello desordenado y una mirada triste la mayoría del tiempo, pero enciende mi corazón igual que tú lo hiciste hace miles de años. Lo besé dos veces, pero las disfruté, mucho".

—Yo… te fui infiel, Koichi —me detuve un momento—: Perdón.

La última palabra me consumió toda la valentía que quedaba en mi cuerpo, por lo que después me callé.

Y como me quedé callada, esperé una respuesta, pero nunca llegó. Yo sentía que pasaron mil minutos, pero quizás solo fueron segundos. En mi silencio, había dejado de escuchar a la gente a mi alrededor, solo podía escuchar mi corazón.

Luego levanté la vista y lo que vi me sorprendió.

Koichi me sonrió cuando observé sus ojos.

Me sonrió, pero lleno de tristeza. Su sonrisa estaba media chueca, por lo que sabía que no estaba bien. Sus ojos amarillos ya no eran brillantes, sino opacos. Sumidos en tristeza.

Sí, habría preferido que me gritara y me golpeara. Que me dijera que era una asquerosa, que no merecía el cariño que él me había entregado, que él a veces me había dejado plantada, pero siempre llegaba con un chocolate a casa. Que a veces nos peleábamos, pero seguía respirando sobre mi piel y mi cabello, seguía amándome y confiando en mí. Habría preferido que me despreciara, que me cobrara todas las cosas que yo le había prometido en la adolescencia.

Todo, menos que me mirara de esa forma.

Yo hasta antes de ese momento, pensaba que Koichi ya no me quería. Que me engañaba con miles de mujeres hermosas, que se drogaba para dejar de pensar en mí, que me había pedido matrimonio porque quería robarme mis libros, que me odiaba, me odiaba…

Habría preferido cualquier cosa, menos observar la tristeza de su sonrisa.

Y bajo ese pensamiento, empecé a llorar. Un poquito, en silencio, para que nadie me observara. No quería hacer el ridículo en un restaurant así, ni quería que pensaran que era una mujer desdichada.

Y seguí observándolo y llorando, tragándome los sollozos, hasta que Koichi habló:

—¿Ese chico de cabello castaño, cierto?

¿Qué?

—Lo vi un par de veces, en casa de Tomoyo.

—¿Lo sabías? —lo dije muy bajito, porque la voz se me había ido, pero él escuchó.

—Bueno…

—¿Lo sabías?

—Sí.

Miles de pensamientos, en un segundo. ¿Se lo dijo Tomoyo? ¿Nos vio? ¿Desde cuándo sabe? ¿Cuántas veces nos vio? ¿Me odia? ¿Me quieres?

¿Por qué?

¿Por qué no me dijo nada? ¿Por qué no me encaró? ¿Por qué se quedó en silencio? ¿Por qué sufrió tanto en silencio, cuando pudo haber terminado conmigo?

—¿Por qué?

—¿Qué?

—¿Por qué no me dijiste nada? —fue lo único que pude preguntar, cuando quise llenarlo a preguntas.

—Creí que se te pasaría —volvió a sonreír de esa forma tan triste—. Creí que no iba a pasar más. Creí que… No sé —se rascó la cabeza—. Tenía miedo.

¿Miedo?

—¿Miedo de qué?

—De que termináramos. Tenía miedo de preguntarte qué pasaba y que me dijeras que no quería estar más conmigo. Tenía miedo de que me dejaras.

—¿Por eso no me dijiste nada?

—¿Qué te iba a decir? En un momento me enojé ante la idea. Vamos, no es que realmente lo supiera… No los vi nunca, ni nada de eso. Solo lo supe. Lo sentí en ti, lo vi en tus ojos… No espero que me creas, pero lo sabía.

—¿Te contó Tomoyo?

—¡No! En serio. No te pregunté nada porque… como no estaba seguro, me daba miedo que fuera real. Si te preguntaba y era real, ibas a terminar conmigo. Pero nunca lo hiciste. Nunca me dijiste. Pasaron los meses y no pasó nada. Entonces sentí que todo estaba bien. Que incluso si estabas engañándome, podía seguir viviendo así. Si podía tenerte por las mañanas para tomar una taza de café, yo estaba feliz.

Y de pronto un par de lágrimas cayeron de sus ojos, pero se las limpió con rapidez. No volvió a llorar más.

—No entiendo…

—Pero no vas a terminar conmigo, ¿cierto? —dijo él—. Si me dijiste ahora, después de todo este tiempo, es porque te aburriste de mentirme, ¿verdad? Podrías haber seguido como antes…

Claro, no tenía motivos para sentirme culpable de la nada. Si no fuera por Chiharu, pensé, quizás podríamos haber seguido con nuestra farsa de matrimonio hasta el fin de los tiempos. Por un segundo, lo añoré. Pero después, me sentí sinceramente culpable. Por todo lo que me había dicho Koichi, por todo.

—Koichi, yo… Perdón.

—Mi amor, no tienes que preocuparte por nada —tomó mi mano y acarició mis dedos—. Yo no te reprocho nada, está bien. Sé que estás arrepentida, que no lo volverás a hacer…

Yo…

—Podemos seguir, Sakura. Nos vamos a casar y voy a seguir durmiendo pegado a tu espalda, oliendo tu cabello y escuchando tu respiración. Soy feliz contigo, pequeña.

Y nunca creí que habría algo que pudiera darme tanto miedo como lo que acababa de decir.

Algo en mi interior se derrumbó.

La parte de mi interior que deseaba terminar con Koichi para correr donde Shaoran, se derrumbó. Los deseos de soledad, también. Parte de mi corazón de derrumbó, solo para que mi amor por Koichi pudiera usar las piezas para asegurar con más firmeza su base.

Yo me iba a casar y ser muy feliz con el hombre que pudiera estar a mi lado, ¿cierto?

¿No era eso lo que siempre había deseado?

Shaoran

Era finales de marzo, un domingo. La primavera empezaría prontamente, por lo que ya no andaba con bufanda ni guantes de lana. El comercio estaba cerrado como todos los domingos, por lo que era mi día libre. Cuando Fye se despidió después del desayuno porque saldría con Kurogane, yo decidí que también saldría. Los domingo siempre habían sido un buen día para quedarse en casa, navegar por internet, leer algo y escuchar mucha música, pero desde hace un tiempo que no podía soportar mi propia compañía.

Prefería la compañía de desconocidos en la calle, aunque no me relacionara con ellos. Observar gente caminar a mi alrededor era suficiente para sacarme de mi desdicha.

Esa es la razón por la que este domingo de finales de marzo lo pasaba sentado en la banca de una plaza del centro de Tomoeda. No era tan cerca de mi casa, porque había caminado muchas cuadras.

Escuchaba música con mis audífonos y observaba a la gente caminar por la calle. Había algunas personas sentadas como yo en otras bancas, pero yo era el único que estaba solo. El único que escuchaba música y seguramente al único que le habían roto el corazón recientemente.

El parque era pequeño, la verdad. Había muchos árboles, pero no había juegos ni nada. La mayoría de los que caminaban por allí solo lo hacían con un destino en mente. Solo pasaban. Nadie había decidido pasar su día libre observando a la gente pasar, mientras escuchaba música sueca de la que no entendía ni una palabra.

Aunque estábamos a puertas de la primavera, aún llevaba chaqueta. El frío quizás no me abandonaría hasta que mi corazón volviera a sonreír.

Yo no quería pensar en la persona que me había roto el corazón, pero no podía evitarlo. Lo más triste de todo, es que ni siquiera había podido despedirme de ella. Ya había pasado casi un mes desde la última vez que la vi fuera de la pastelería, y no la había visto más. Era triste pensar que todo había terminado de tan mala forma. Quizás algún día me pasaría por frente a la pastelería, sin ningún objetivo específico. Quizás la saludaría y ella volvería a echarme, pero era probable que yo siguiera insistiendo hasta que quedara satisfecho con la despedida.

"No me vengas a ver más, Shaoran", había dicho.

En mis sueños a veces decía otras cosas, como que me quería. Pero después siempre llegaba Lisa, en los mismos sueños, a repetirme con una sonrisa "Está jugando contigo".

Y no sé en qué momento dejé de concentrarme en mi exterior, porque no vi llegar a la niña que me miraba con los ojos brillantes. Estaba de pie frente a mí, con un vestido verde y una débil sonrisa.

Yo creía que iba a tener que insistir, pero este parecía ser mi día de suerte, porque Sakura estaba frente a mí, con una sonrisa que claramente abría a la conversación.

Me saqué los audífonos, sin quitarle ningún ojo de encima, y apagué el reproductor mp3.

—Hola, Shaoran.

—Hola, Sakura —saludé yo.

—¿Cómo siempre haces para que nos encontremos en la calle? —preguntó.

—Eso debería yo preguntarte a ti.

Su sonrisa desapareció, y sentí mi cuerpo tensarse. ¿Se acabó? ¿Se iría, me dejaría solo de nuevo? ¿Sería esta la forma más amable que teníamos de terminar lo que alguna vez casi tuvimos?

Parecía que no, porque ella se sentó a mi lado en la banca. Se alisó el vestido por sobre las piernas y volvió a mirarme a los ojos. Con esos grandes y brillantes ojos verde.

—¿Cómo estás?

—¿Bien?

—No lo digas a modo de pregunta —dijo ella, y rio—. Si no sabes tú, ¿quién sabe?

—Nadie sabe —me encogí de hombros.

Nos quedamos en silencio un momento y yo entré en pánico. ¿Qué hacer?

"Está jugando contigo".

—¿Cómo estás tú? —pregunté yo, esforzándome en sonreír.

—Bien, supongo.

—¿Sigues en la pastelería?

Parecía una tonta pregunta, la verdad. Solo había pasado un mes desde que la vi trabajando allí y no creía que tuviera razones para dejar de hacerlo, pero no tenía mucha idea de cómo continuar la conversación.

—Sí.

Silencio. El sol brillaba y ella llevaba vestido, pero yo seguía usando mi chaqueta, para esconderme del viento que me aterrorizaba.

—Entraré a estudiar literatura.

—¿En serio?

—Sí. Me aburrí de no hacer nada.

—Me alegro por ti, de verdad.

—La otra semana empiezo con las clases. Iré a una facultad muy cercana a la de Tomoyo, por lo que estaré bien. Quería dejar de vivir tan… pasivamente.

—Está bien.

—Trabajar y estudiar, wow. Hasta yo me sorprendo —sonrió—. Pero estoy feliz. Siempre quise hacer algo, ser alguien. Motivarme por algo. No ser un molusco en casa… Ya estaba aburrida.

—Comprendo.

—¿Y tú?

—Sigo igual. La disquería, la música, el chocolate caliente.

"El corazón roto", quise añadir, pero no quería espantarla.

Yo le había dado permiso para pisotearme el corazón, y ella lo había hecho sin dudar. Me había llenado de esperanza en múltiples ocasiones, solo para reírse de mi corazón roto cuando me despreciaba. La última vez que nos vimos también me despreció, por lo que ahora tocaba que me quisiera, ¿cierto?

¿Y después qué?

¿Después tocaba el desprecio, luego el amor de nuevo, luego el odio, los besos, los ceños fruncidos…?

—Fye me dijo que estabas saliendo con otra chica.

Oh…

Lisa.

El último mes, mi desdicha había sido infinita. Era un pobre hombre que seguía llorando porque hacía mucho frío. Que por las noches se sentía más solo que nunca, cuando la verdad no recordaba la última noche que había pasado con la compañía de alguien. Sentía lástima de mí mismo, lo cual era lo peor. Me sentía un idiota por llegar a esas circunstancias, pero lo había hecho. Perdón, pero había confiado en una chica. Ella me despreció y rompió mis sentimientos, y ahora tenía que cargar con las consecuencias.

Sí, había sido un mes de mierda, pero no todo el tiempo.

El resto del tiempo lo había pasado con Fye, que se esforzaba en hacerme reír. Hasta Kurogane de pronto parecía más amable o, al menos, con un poco de tacto. Y también estaba Lisa.

Habíamos salido harto, la verdad. Pero nada especial, nada romántico. La había llevado a conocer lugares de Tokio. Un fin de semana fuimos a acampar con sus amigos suecos a la montaña, donde yo morí de frío. Todos eran muy simpáticos. Incluso Fye nos acompañó. Podríamos decir que Lisa me había acompañado en este duro mes de invierno, pero como una amiga.

Ella no tenía problemas en escucharme hablar acerca de lo que me pasaba, de cómo me sentía, qué opinaba. No me miraba como Fye, que parecía juzgarte con cada palabra y reír para sus adentros. Admitir en voz alta que eres una persona débil, es bastante difícil. Lisa me había ayudado, había escuchado. Escuchaba atentamente a mis palabras, sin responderme nada ni decirme qué debía hacer. Solo escuchaba y sonreía, y eso estaba bien. A mí me bastaba, era lo que quería.

—¿Cuándo viste a Fye? —pregunté yo.

Podría haberle contado de Lisa, haberle explicado que a ella se refería Fye. Que no se preocupara, solo éramos amigos. Que a mí no me movía el corazón como ella lo había hecho todo este tiempo. Podría haber dicho todas esas cosas, pero preferí no hacerlo. No tenía sentido. No quería volver a caer por Sakura. No quería que siguiera pisoteándome ni dándome falsas esperanzas. No quería más.

—El otro día pasé por la tienda y me dijo que estabas con una chica de paseo —sonrió.

—¿Y a qué fuiste a la disquería? —pregunté yo, algo intrigado— ¿Me buscabas?

Solo lo había preguntado como una broma, la verdad. Y no me reía de ella, sino de mí. Me reía, ya que era una pregunta bastante idiota y sin sentido, pero yo me reía de aún tener esperanzas escondidas.

Ella asintió.

—Quería hablar contigo —añadió ella.

—¿Sobre qué?

E inevitablemente mi corazón empezó a latir con más fuerza. No sé si de miedo ante lo que podía decirme o de felicidad ante una mínima muestra de afecto por su parte.

—Me siento mal por cómo te he tratado, Shaoran.

Ah…

—No sé a qué te refieres. No has hecho nada —mentí.

—Te traté muy mal el otro día.

Y todas las veces, en realidad.

Llevar a palabras todo lo que pensaba sobre Sakura me había hecho bien. Conversarlo con alguien era mejor que guardárselo, o al menos eso opinaba luego de mis largas charlas con Lisa fuera de la disquería. Cuando te ves en la necesidad de ponerle palabras a algo, inmediatamente surgen otras cosas que habías olvidado, que te cambian la perspectiva. Si no le hubiera contado todo a Lisa, quizás nunca me habría dado cuenta de la relación cíclica que se había formado entre nosotros. Era un patrón que no terminaba, y yo me preguntaba si ella sería así con todo el mundo.

Me había dado cuenta que Sakura me había utilizado. Que me pisoteaba y me besaba cuando ella tenía ganas, pero cuando tenía problemas con el novio, llegaba y me alejaba. Lisa no me decía nada, no le metía fuego a la leña. Se limitaba a mirarme a los ojos. Cuando terminaba y respiraba hondo, ella me sonreía en silencio.

—Quería disculparme, Shaoran —siguió, y sentí que sería mejor aprovechar que tenía a Sakura en frente y centrarme en el presente.

—Está bien, no es necesario —me encogí de hombros.

Y era verdad. Ella no había sido mala conmigo a propósito, o al menos eso quería pensar.

—Terminé con Koichi —dijo, de pronto.

Ya no sonreía como antes. Sus ojos se habían nublado de pronto. Entendí que si no cuidaba mis palabras, podía terminar haciéndola llorar.

—¿Terminó contigo?

"¿Se habrá enterado de que le ponía los cuernos conmigo?" pensé yo.

—No, yo terminé con él —dijo ella, luego de respirar profundo—. Fue difícil, pero me aburrí de esconderme y escapar. Era algo que tuve que haber hecho hace tiempo. Me quedé en silencio. ¿Debía consolarla? ¿Decirle que lo lamentaba y que ojalá estuviera bien? Preferí quedarme callado, que siguiera hablando ella. Aún ni siquiera podía comprender a qué iba. Qué quería lograr buscándome.

—No tienes por qué escuchar los lamentos de una chica —continuó—, pero ya está. Estoy bien ahora. Lo necesitaba, podría decir. Me siento mejor, más liberada.

Volvió a sonreírme, pero con tristeza.

Se notaba que le afectaba haber cortado con su prometido. Y no sabía exactamente como sentirme al respecto. ¿A qué se refería con que "debería haberlo hecho hace tiempo"? Quizás hace meses que quería terminar con él y no se animaba a hacerlo. Quizás había buscado en mí una excusa, me había utilizado para que él se enterara y terminara con ella. Quizás yo era su muñeco de golpeo y solo había recurrido a mi cariño porque se sentía sola, muy sola.

Quién sabe. Yo nunca lo sabré, porque no le iba a preguntar. Prefería no hacerlo. Quedarme en la duda. Al cabo que, realmente no importaba. Daba lo mismo la causa, Sakura había jugado conmigo.

—Tu vida sí ha cambiado en un mes —fue lo único que logré responder—. Entrarás a estudiar y terminaste con tu novio. Y yo no he logrado nada, solo lamentarme por mi vida.

—Mmm… Me gusta pensar en la idea de que mantuve mi vida en "pausa" desde que salí del colegio. Me mantuve vagando, sin hacer nada. Solo leía, como si fueran eternas vacaciones. Entrar a estudiar fue algo que siempre quise, pero no me animaba. Lo de Ko, también —sonrió—. Solo le puse "play" a la película y aquí estoy. Me siento como una Sakura que acaba de salir del colegio.

—Me alegro por ti, pero sigo sin entender por qué me buscabas. ¿Qué quieres de mí?

—Solo quería disculparme —se sonrojó un poco—. No habría querido terminar contigo de esa forma.

—¿Terminar? Nosotros no tuvimos nada.

Noté en su reacción que quizás mis palabras eran muy duras, pero después de aguantar todo su discurso de por qué su vida era perfecta en este momento, después de haberme roto el corazón, no podía sentir nada más que desprecio.

—Bueno… sí. No tuvimos nada. Pero me gustabas, Shaoran.

—Tú también. Muchísimo.

—Perdona, de nuevo.

Después de respirar profundamente y suspirar, le sonreí. No tenía verdaderas razones para odiarla, pero muchas menos tenía para continuar queriéndola.

—La verdad —añadió ella, con la mirada baja—, tenía la esperanza de que te siguiera gustando. ¿Sabes? Quizás si nos hubiéramos conocido en otro momento, habríamos podido estar… Juntos. Tú sabes.

—Mmm.

—Pero cuando Fye me dijo que estabas saliendo con una chica, me sentí un poco mal. ¡No, por favor, no me mires de esa forma! Me lo merecía, pensé. No tenía sentido correr hacia ti luego de terminar con mi novio. No te merecía, pensé. Si hubiera estado contigo, habría sido casi como que la mala de la película se quedara con el premio, luego de ser tan mala y mentirosa.

—No eres mala.

"Mentirosa sí", añadí en mi mente, pero callé.

—Cuando supe que estabas saliendo con otra chica, me sentí mal. Pero a la vez, me puse feliz de que estuvieras con alguien que pudiera cuidar de ti. Eres un buen chico, Shaoran. De verdad llegué a quererte, pero no supe cuidarte.

—Podrías haber sido más sincera —dije yo, por primera vez en toda la tarde, desahogándome un poco.

En otro tiempo, otro mundo, otro espacio interestelar, quizás podríamos haber estado juntos. Pero las cosas salieron mal. Ya no servía que estuviera soltera, porque mi corazón ya lo había roto. Ya había tomado la confianza que había depositado en ella para romperla sin mirar atrás. Me había despreciado muchas más veces de las que me había besado. No podía estar con ella. No podía quererla como la quise antes. No de nuevo.

—Lisa es solo una amiga.

De alguna u otra forma, tampoco quería hacerla sentir mal.

Todo este mes estuve lloriqueando como un bebé, lamentándome mis heridas de amor, sin comprender la valiosa lección que me dejaban. Siempre estaban las dos caras de la moneda en una relación. Ella tenía sus razones para actuar, y yo las mías. Ambos cometimos errores. Yo no debí meterme con ella si estaba comprometida y viceversa.

Sí, estuve lloriqueando todo un mes por la pérdida de mi corazón, pero en ningún momento consideré volverla a buscar con la intención de volver a besarla. En el fondo, muy en el fondo, yo había perdido el respeto por ella y por el amor que tenía para entregarme.

Simplemente no podía estar con alguien que me había abandonado de esa forma.

—¿Lisa?

—La chica que dijo Fye. Es solo una amiga. Solo salimos como amigos.

Algo en ella se encendió. Quizás ella aún albergaba esperanzas de estar conmigo, pero yo no sabía cómo hacerle entender que era imposible.

—¿Es bonita?

Su pregunta me sorprendió. Tardé un poco en volver a pensar, ya que no lo esperaba para nada. Luego me detuve un par de segundos a sopesar la respuesta, cuando la verdad era que Lisa era objetivamente bonita.

—Sí.

—¿Entonces por qué no sales con ella?

—No es tan fácil.

No era tan fácil darle una segunda oportunidad al amor, cuando acababa de cumplirse tu peor pesadilla: que te rompieran el corazón. Sufrir por amor siempre me había aterrorizado y acababa de experimentarlo. ¿Cómo volver a confiar? ¿De verdad valdría la pena darle una segunda oportunidad a un sentimiento que tenía tantos momentos en los que fallar y arruinarte la vida?

—¿Te gusta?

—No. O sea, sí. Pero como amiga. Ella me escucha, a veces.

—Si es bonita y te simpatiza, deberías salir con ella.

—No es tan fácil —repetí.

—Es facilísimo, Shaoran —dijo ella—. No puedes esconderte para siempre. Yo viví muchos años escapando de un temor que no quise afrontar. Temía tanto a la soledad que me engañé a mí misma de cosas que me hicieron daño. Por favor, Shaoran, no cometas el mismo error que yo.

—No es tan…

—¡Cállate! No puedes huir para siempre. El amor llega, y te va a llegar. No importa lo que hagas.

—No quiero volver a sufrir por amor.

En sus ojos se reflejó el dolor que sintió por mis palabras, al saber que ella había sido quien había roto mi corazón. No intentaba cobrarle nada.

—Si no te arriesgas, vas a ser un peor que un lobo solitario. Shaoran —sus ojos brillaron—, yo más que nadie comprendo el poder del amor. Te mueve por dentro, más fuerte que el odio. Te motiva actuar, luchar, continuar. Va a llegar, porque siempre llega. No puedes detenerlo ni evitarlo. Si escapas, solo sufrirás.

—El amor solo trae desgracias —dije yo, pareciendo la persona más amargada del mundo.

—Pero trae las mejores recompensas. No puedes ser feliz sin arriesgarte.

Luego de eso, nos quedamos callados.

Después de todo, parecía que ella no intentaba volver conmigo. De cierta forma me aliviaba. También me aliviaba haber podido verla, haber podido "terminar" bien. Que todo quedara ok. No quería tener arrepentimientos en el futuro.

—Bueno, ya tengo que irme —dijo ella—. Prometí a mi madre que la visitaría. Mi hermano está de visita.

Asentí.

Su vestido combinaba con sus ojos esmeralda. Su cabello bailaba con la leve brisa, al mismo ritmo que las copas de los árboles. Por primera vez, realmente sentí que la primavera se acercaba, de forma tan evidente que el calor me obligó a quitarme la chaqueta.

Ella se levantó de un salto y yo admiré la forma en la que había cambiado en tan poco. No solo en los distintos eventos de su vida, sino que se le veía más grande. Que había crecido, cambiado. Que estaba bien, sonriente. Sincera, más amable. Era una Sakura más primaveral, que había renacido junto con las estaciones del año. Y sinceramente me alegraba por ella. Que fuera feliz, que lograra todo lo que se propusiera en la vida.

Quizás esta sería la última vez que la vería en toda mi vida. Y eso me entristeció un poco, porque a pesar del poco tiempo, ella había crecido como una pequeña flor dentro de mí. Y se quedaría para siempre como la chica que rompió mi corazón por primera vez, pero también como la que me había ayudado a vivir cosas que nunca antes había vivido.

—Adiós, Shaoran.

Me había roto el corazón, pero también me acababa de dar un discurso memorable acerca del amor. Para bien o para mal, Sakura siempre sería una persona importante en mi vida.

—Adiós, Sakura.

Y comenzó a caminar, alejarse, después de sonreírme con tanta brillantez.

Yo me mantuve sentado en mi lugar, observándola partir para siempre. Recordaría sus labios color frutilla y el olor a fruta de su cabello. Recordaría como me hizo sentir, pero inevitablemente, también siempre recordaría sus mentiras.

Quizás en otro mundo, otro espacio y otro tiempo, nosotros podríamos haber sido el uno para el otro. No esta vez, pero quizás en otra dimensión.

—¡Shaoran! —gritó.

Se había dado la media vuelta y me miraba con una lágrima en la mejilla.

—¡Si no tienes una cita con Lisa, te juro que te odiaré para siempre!

Y luego corrió.

Ya no estaba, se había ido. Se había ido para siempre y me había dejado en ese parque. De pronto dejé de sentirme desdichado. Algo había brillado en mí. Había un extraño calor que no podía reconocer.

Estaba satisfecho con esta despedida. Sakura ya no sería la mala de mi vida, sino una chica linda que cometió un par de errores. No supo quererme, pero yo tampoco supe aceptarla como era. Ambos cometimos errores, pero estaba bien. Quizás nos conoceríamos en otra dimensión y podríamos estar juntos. O quizás no. Pero no importaba.

Me levanté de mi lugar. No me puse los audífonos. Si lo hubiera hecho, no habría sabido que escuchar. No había una canción para este momento.

Y caminé por las calles de Tomoeda, extrañando la sonrisa de Sakura.

Había logrado cambiar, crecer. Ya no era la misma chica que el otoño anterior, cuando nos conocimos. Ahora había renacido como un cerezo, rosado y hermoso. Quise pensar que el haberme conocido la había ayudado a cambiar. De ser así, me alegraba. Con mi sufrimiento había podido arreglarle la vida a otra persona.

Había sido una chica que no hacía nada por su vida. Que no tenía motivaciones, que se lamentaba por lo que le sucedía. Que vivía en una eterna burbuja de tristeza. Pero ahora estaba llena de vida y de motivación por seguir adelante. Estudiar una carrera universitaria, quizás luego trabajar más establemente. Ser alguien, tener una familia. Ya no se conformaría con un marido que pudiera comprarle chocolate, sino que con un hombre que realmente pudiera hacerla feliz. Y eso se merecía y esperaba que pudiera encontrar.

Tomoeda tenía un tono primaveral, pero seguíamos en invierno. Aquí las estaciones no cambiaban arbitrariamente con una fecha establecida, sino que la primavera comenzaba el mismo día que florecían los cerezos. Me preguntaba cuando llegaría ese día. Quizás esa era la razón por la que aún no podía observar a Tomoeda con un aire totalmente primaveral, aún a pesar de ver a Sakura florecer igual que un cerezo.

Por el centro de Tomoeda, caminé en dirección a la disquería. Sin un objetivo predeterminado. O quizás sí, pero no quería formularlo con palabras aún, temeroso de las consecuencias que traía convertir algo en palabras. Los árboles que crecían a cada lado de la calle peatonal estaban vacíos aún, pero se notaba que estaban hinchados. Que en cualquier momento explotaban. Llegué hasta la fuente de agua donde en el pasado había estado con Sakura.

En ese momento, había sido la primera vez que Sakura se había despedido de mí. Había estado lloviendo. Seguí por el camino peatonal.

De pronto, todo adquirió un color rosa. Y no miento.

Estaba Lisa, de pie. Me daba la espalda.

Llevaba el cabello suelto. Llevaba un vestido ella también. Era burdeo. La piel de sus brazos y piernas era blanca, muy blanca. ¿Por qué yo había salido tan abrigado? Con chaqueta, bototos y pantalón largo. ¿Tanto frío hacía cuando salí de casa?

Me acerqué a ella. Cuando estuve a unos pocos pasos de distancia, ella miró a mi dirección con una gran sonrisa. Tenía lágrimas en los ojos. Por un segundo me aterré, pero comprendí que eran lágrimas de felicidad.

—¡Mira el árbol de cerezo! —exclamó ella, con su peculiar acento— ¡Es precioso!

Y era cierto. Hasta ese momento no había reparado en ello, pero el cerezo que estaba frente a ella, estaba casi completamente florecido.

No había reparado en el cerezo rosa, porque el fuego que emanaba de Lisa era demasiado resplandeciente. Solo podía observarla a ella, incluso a la distancia. ¿Atención selectiva? ¿Cómo no darte cuenta de algo tan brillante y hermoso como un árbol de cerezo recién florecido?

"Ah…"

—¿Por qué lloras? —inquirí yo, acercándome más a ella.

—Es precioso. Nunca había visto algo tan hermoso como esto.

"Sí, solo podía ver a Lisa, porque ella era lo más resplandeciente y hermoso".

—Pronto todos florecerán —dije yo.

—¡No puedo esperar!

—No debe faltar mucho —añadí—. Normalmente florecen todos en sincronía. Mañana estarán todos florecidos.

Ella dejó de mirarme, para concentrarse en el árbol de cerezos.

Parecía que había pasado demasiado tiempo desde esa vez en que llovía y Sakura había llegado a la disquería por primera vez. También había sido la primera vez que me había roto el corazón. No había reparado tampoco en el detalle de que los pétalos de cerezo al caer se asimilaban tanto a la nieve y la lluvia.

Realmente no había pasado tanto, pero se sentían siglos.

—¿Sabes qué significa eso, Shaoran? —volvió a observarme con esos ojos azul zafiro.

—¿Qué cosa?

—¡Acaba de comenzar la primavera!

Y la escena que tenía ante mí, realmente se sentía como la primavera.

Lisa estaba ahí, de pie frente a mí. Algunos pétalos de cerezo caían, producto del viento. Ya no hacía frío, sino que el viento se había convertido en una agradable brisa primaveral. El cabello de Lisa, era fuego ardiendo. Su sonrisa ardía con la misma intensidad. Ella era luz encarnada.

En la mañana me había despertado muerto de frío. Tanto, que salí con chaqueta. No fue hasta que vi a Sakura tan radiante, llena de primavera, que me dio un poco de calor. Ahora, ya estaba casi sudando.

En la mañana había despertado en invierno, pero ahora ya era primavera.

Los pétalos se sintieron igual que la lluvia de ese día hace tanto tiempo atrás. Yo había estado con Sakura en ese momento y me sentía tan, tan desdichado. Pero ahora los pétalos de cerezo y la sonrisa de Lisa me hacían sentir un calor indescriptible en el pecho. Ambas situaciones eran tan similares, pero con estaciones de diferencia.

El invierno versus la primavera. El dolor versus la alegría. Una sonrisa llena de felicidad.

La escena de los pétalos de cerezo, acompañado de ese rostro pecoso y delicado, realmente me conmovió el corazón.

"Sí, acaba de comenzar la primavera".

Primavera, la estación que nada malo presagiaba. Flores, chicas con vestidos, salidas a la playa, pasteles de chocolate. Flores de cerezo, amor, pajaritos cantando. Era un pensamiento tan Disney que casi me avergoncé.

Lisa rodeada de flores era mi primavera. Las palabras de Sakura resonaban en mi cabeza y yo me di cuenta que tenía razón. Lisa siempre había sido primavera, incluso bajo el frío del invierno. Ella no sentía frío, su sonrisa no se congelaba. Su cabello continuaba en llamas y lo haría durante todas las estaciones del año. Lisa era la primavera.

Esta primavera yo iba a ser feliz. La primavera había empezado para mí, y yo lo iba a disfrutar.

Lisa seguía observándome. Me di cuenta que me había sumido tanto en mis pensamientos que no le había respondido nada. Me acerqué un poco a ella y le tomé la mano. Ella no dijo nada, solo me miró a los ojos.

—Sí, Lisa. Acaba de comenzar la primavera.

Y sonreí.


"Podría dar el mundo", Lotovedra: youtube watch?v=BuWlPzW5n9o


Notas de la autora:

Y llegó el final. Tardó más de lo que pensé. Muchísimos años.

Mucho cambió en la historia de lo que primero pensé de ella, pero terminó bien. Estoy satisfecha y feliz por el resultado.

Sé que no es un final que satisfacerá a todos, pero espero que comprendan las razones que tuve. Si quieren leer una historia donde el personaje principal es una mujer que maltrata, engaña y traiciona a las personas, pero igual en el final consigue todo lo que desea y se queda con el chico guapo... Bueno, yo no les voy a dar esa moraleja. No es lo que deseo que la gente haga, y no es lo que creo que la gente de ese tipo se merezca para un final. Sakura tuvo el mejor final que pudo tener, juzgándola por sus acciones.

Y como entiendo que no todos quedarán felices, tengo pensado un epílogo 1313, pero si lo quieren, van a tener que portarse bien y hacerme feliz jiji. Con que escuchen la canción que puse, me basta, en realidad.

Fue un largo viaje para mí, pero estoy feliz. Espero que lo disfruten. Un beso muy grande y gracias por seguirla hasta el final, a pesar de todos los inconvenientes.

Lía.

PD: responderé a los reviews anónimos en mi perfil.

EDIT, por favor lean.

Quiero hacer una aclaración por algo que me dijeron en un review.

No me llamo Lía, ni me dicen Lía. Apenas es mi seudónimo acá, y es por la misma razón por la que elegí "Lisa" como nombre para el personaje: me gusta la sonoridad del nombre, nada más. Una vez conocí una niña que se llamaba Lía y me gustó como sonaba. Por eso me puse así en FF, nada más. No quería poner mi nombre real.

Cuando hice el personaje de Lisa, la hice de Suecia solo por una razón: quería que fuera lo más diferente posible a Sakura. Solo eso. Ah, además me gusta mucho el país. Cuando decidí que la incluiría en la historia, puse en google "nombres suecos de niña" y elegí el que más me gustó xd. Muchos eran raros, por eso no los elegí. Lisa era el que más me gustaba, y es obvio, si también me gusta el nombre Lía xD. Si tuviera una hija, le pondría así, nada más.

Yo no soy Lisa. Nada remotamente parecido a Lisa. Mi etapa de amor por Shaoran pasó hace muchos años. Por favor, recuerden que esta historia la comencé hace 5 años... No fue "fangirlismo" de querer quedarme con él...

Esta historia la hice hace cinco años. Hace cinco años, esta historia tenía un final COMPLETAMENTE DIFERENTE. Para mí, en el pasado, lo que hacía Sakura no tenía nada de malo. Ella se iba a quedar con Shaoran porque eso era lo que yo quería. Pero eso era cuando era una adolescente con el corazón roto que opinaba que ser infiel "no era tan terrible". Ahora me da asco, me repugna, y no habría podido soportar darle un final feliz a una persona que pudiera hacer lo que hizo Sakura. Sí, cree a una mala Sakura, pero no lo hice con la intención de que alguien la odiara ni para que al final "yo pudiera quedarme con Shaoran". La hice así porque YO ERA Sakura. Yo no me creo Lisa, para nada. Yo soy Sakura, hace muchos años. Yo merecía un final malo cuando era más chica, como ella, y lo tuve.

Me disculpo por el malentendido entre "Lía" y "Lisa". Como yo me siento tan poco "Lía", nunca sentí la similitud ni imaginé que pudiera crear conflictos de este tipo.

Repito: yo no soy Lisa, nunca lo seré. Si yo fuera alguien en esta historia, sería Sakura y ya.

Si hubiera terminado la historia hace cinco años, cuando la empecé, Sakura se habría quedado con Shaoran y todo ok. ¿Entienden? Pero yo crecí, cambié, Dios, pasaron cinco años. Soy una persona completamente diferente. Me repugna pensar en que alguien como Sakura pudiera quedarse con un chico tan lindo y pobrecito como Shaoran.

Cuando intenté terminar esta historia, hace dos capítulos, pensé "¿cómo termino esto?". Si fuera un poco menos madura e impulsiva, habría subido un capítulo donde Sakura era atropellada y Shaoran se reía en su funeral. Así de mala. Pero no, quise darle un final "amable", un buen final. Quise tanto Sakura como Shaoran tuvieran un final feliz. Que Shaoran recapacitara y se diera cuenta de que no podía aguantar ser pisoteado por alguien como ella, sin importar lo bonita que fuese o lo mucho que la quisiera.

Chicas, yo solo quería dejar un buen mensaje. Un par de moralejas.

No, no puedes ser una puta, engañar a tu novio porque "no eres feliz", maltratar al chico nuevo que te gusta, jugar con tus sentimientos... No, no puedes hacer todo eso en la vida real y terminar bien. La gente así, en la vida real, no termina bien. Nadie quiere a la gente así.

Y no, no puedes soportar que alguien te maltrate, solo porque estás enamorado. Nunca dejen que alguien las maltrate, que juegue con sus sentimientos. Hay que dejar las cosas claras, hablar con la verdad, ser sincero y CUIDAR a la gente que quieres. Si no cuidas a quienes quieres, no tiene sentido. En el verdadero amor no hay maltrato y, por favor, nunca dejen que las maltraten a ustedes.

Solo eso quería enseñarles. Que una historia como la que estaba creando podía dejarles malas ideas en la cabeza. Yo no quería eso. No quería que sus parejas los maltratasen y luego volvieran, para siempre, a perdonarles. No, por favor.

Espero que les haya quedado claro. Lisa solo fue un instrumento para que Shaoran pudiera cambiar su punto de vista. Como había dejado colgada la historia en que Shaoran prácticamente daba su vida por Sakura, era un poco difícil terminarlo bien.

Espero que entiendan.

Y no, no estoy molesta, solo un poco triste por el review que me llegó. Yo solo quería crear un buen final para ustedes, para que aprendieran como es el amor de verdad. Que el maltrato es intolerable y nadie debería idolatrar a una maltratadora como Sakura.

(como dije arriba, es mi culpa que Sakura sea así en esta historia. "La verdadera Sakura" tiene 8 años y es muy tierna, sí, yo la transformé en un monstruo. Perdón).

Empiezo a pensar que seguir esta historia fue un gran y horrible error xd.

Si no se entiende mi punto, creo que borraré la historia y ya.