_Sasuke_
—Déjame ver si lo entiendo —dice Obito, mirándonos a mí y Sakura desde el otro lado de la mesa—. Se bloquearon el uno al otro en las redes sociales. No saben el número del otro, así que no hay contacto alguno. ¿Pero se han encontrado todos los años desde que tenían dieciocho años?
—Loco, ¿eh? —dice Sakura, bajando su vaso a la mesa.
—Es un poco como Sleepless in Seattle —dice Rin.
Inmediatamente niego. —No es nada de eso. Ellos solo acordaron en reunirse una vez.
—Cierto. Es como One Day, entonces. ¿Esa película con Anne Hathaway?
Una vez más, rechazo su comparación. —Eso solo se centra en un día en particular todos los años, pero las dos personas siguen interactuando a lo largo del año normalmente. Sakura y yo no tenemos ningún contacto. —No sé por qué estoy actuando tan a la defensiva. Creo que los escritores simplemente se ponen naturalmente a la defensiva cuando sus ideas se comparan con otras ideas, incluso si se hacen inocentemente. Pero la historia de Sakura y yo es única-en-su-especie, y me siento un poco protector de la misma. En realidad, muy protector.
—¿Cuándo se detendrán? ¿O planean hacer esto por el resto de sus vidas?
Sakura me mira y sonríe. —Nos detendremos cuando tengamos veintitrés.
—¿Por qué en los veintitrés? —pregunta Shisui.
Sakura contesta las siguientes preguntas que nos siguen siendo disparadas, así que aprovecho la oportunidad para excusarme de la conversación y rellenar mi vaso. Me apoyo contra el mostrador y los veo a todos interactuar desde la cocina.
Estoy feliz de que esté aquí. Siento que tenerla aquí alivia un poco el dolor que todo el mundo está sintiendo. Ella no se encontraba atada a Itachi en ningún modo, por lo que nadie se siente obligado a caminar sobre cáscaras de huevo a su alrededor. Ella es como la brisa de aire fresco que todos necesitábamos esta semana. Sé que ya le di las gracias por venir hoy, pero un día le diré exactamente lo mucho que significa para mí que se apareciera.
Me mira desde su silla, y cuando ve la pequeña sonrisa en mi rostro, se excusa de la mesa y entra en la cocina.
Todo mi cuerpo se relaja cuando sus brazos se deslizan alrededor de mi cintura. Planta un beso en mi brazo y luego ahoga un bostezo.
—¿Estás cansada?
Me mira y asiente. —Sí. Sigo con el horario de Nueva York, y es pasada la media noche. ¿Te importa si uso la ducha antes de ir a la cama?
Levanto mi dedo a su boca. —Tienes algo en tus dientes. —Ella enseña sus dientes y limpio lo que parece un trozo de pimiento de su diente—. Todo despejado —le digo, dándole un rápido beso en los labios—. Y sí, puedes utilizar mi ducha. Hazme saber si necesitas ayuda. —Le guiño un ojo, justo cuando Shisui se apoya en el mostrador junto a nosotros, entrecerrándome sus ojos.
—¿Acabas de sacarle algo de sus dientes?
No digo nada porque no sé lo que piensa hacer con mi respuesta.
—Estoy hablando en serio —dice, mirando a Sakura ahora—. ¿Acaba de sacarte algo de tus dientes?
Ella asiente, vacilante.
Shisui sonríe. —Vaya. Mi hermano está enamorado de ti.
Puedo sentir a Sakura congelarse contra mí.
—Eso no es incómodo, en lo absoluto —digo con sarcasmo.
Shisui sacude su cabeza con una sonrisa socarrona. —No es incómodo, Sasuke. Es lindo. Estás enamorado.
—Detente —le digo.
Shisui suelta una risa alegre, y por primera vez, no me importa ser molestado por él. Es la mayor cantidad de aire que ha dejado salir en esta casa en dos días.
—La gente no hace cosas asquerosas como esas a menos que estén enamorados —dice Rin desde la mesa—. Es un hecho comprobado. Está en la Internet o algo así.
Agarro la mano de Sakura y la arrastro fuera de la cocina, lejos de las burlas. —Buenas noches, muchachos. Sakura tiene otros problemas de higiene con los que tengo que ayudarla.
Los oigo reír cuando salimos de la cocina y caminamos arriba juntos.
Hacia mi dormitorio.
Donde pasaremos la noche.
Juntos.
En mi cama.
Es difícil saber que no voy a verla por un año más, así que no tengo ni idea de lo lejos que está dispuesta a tomar. Creo que eso dependerá de lo lejos que ha llegado con los chicos en el pasado.
Por supuesto que no quiero pensar en ella con nadie más, pero ese es todo el punto de conocerla cada año. Quiero asegurarme de que esté experimentando la vida como cualquier chica de su edad debería, y eso significa experimentar con diferentes personas. Pero cada noche cierro mis ojos, egoístamente rezando que esté durmiendo en su cama sola.
Quiero preguntarle al respecto, pero no estoy seguro de cómo tocar el tema.
Abro la puerta de mi dormitorio y la sigo al interior. Es diferente estar en mi habitación con ella esta vez. Casi se siente como que hay expectativas que deben cumplirse antes de salir de esta habitación por la mañana. Conversaciones que necesitan ser habladas. Cuerpos que necesitan ser tocados. Mentes que necesitan dormir. Y no hay tiempo suficiente para lograr todo eso antes de que me vaya a dejar de nuevo por un año más.
Cierro y bloqueo la puerta detrás de mí. Está frente a la cama mientras se estira y acomoda su cabello en un moño, asegurándolo con una banda de goma que ha tenido alrededor de su muñeca durante todo el día. Me tomo un momento para admirar la perfección de la curva entre su cuello y hombro. Doy un paso hacia adelante y deslizo mis brazos alrededor de su cintura para poder presionar mis labios contra ese mismo lugar. Rozo suaves besos desde su hombro hasta su oído y hacia abajo de nuevo. Beso los escalofríos de los que soy responsable. Ella hace un sonido bajo, en algún punto entre un suspiro y un gemido.
—Dejaré que vayas a la ducha —le digo, sin soltarla—. Las toallas están bajo el fregadero.
Ella aprieta mis manos envueltas alrededor de su cintura y luego se separa de mí. En lugar de dirigirse hacia el baño, camina hacia mi armario. —¿Puedo dormir en una de tus camisetas? —pregunta.
Echo un vistazo a mi armario y luego a ella. Mi manuscrito se encuentra en mi armario, descansando sobre la plataforma. Lo que he escrito de él, de todos modos. En este punto, la última cosa que quiero que haga es leer una sola palabra. Agarro la parte posterior de la camisa que llevo y me la saco por encima de mi cabeza.
—Toma —le digo, entregándosela—. Usa esta.
Ella agarra la camisa de mis manos, pero tan pronto como levanta la mirada, se detiene a medio paso. Traga, mirando directamente mi estómago. —¿Sasuke?
—¿Sí?
Señala mi estómago. —¿Tienes abdominales?
Me río y bajo la mirada a mi abdomen. Lo dijo como si fuera una pregunta, así que le doy la respuesta obvia. —Mm... ¿sí? Supongo.
Se cubre la boca con mi camisa, escondiendo su sonrisa. —Vaya —dice, sus palabras amortiguadas por mi camisa—. Me gustan.
Y entonces se apresura hacia el baño y cierra la puerta.
