¡Capítulo siguiente! Lo sé, lo sé, ¡¿un capítulo en lunes/martes?! Tuve un bloqueo de escritor por culpa de un examen reprobado y esa clase de incómodas situaciones, sin embargo pude sobrellevarlo y aquí traigo el siguiente capítulo de la historia antes. Fav, follow o review, y vuelvo a avisar del pronto final, quizá dos o tres capítulos más. Mientras tanto, disfruten :)
Soy malo y bueno
Freddie no es la clase de persona que puede solucionar de la manera más simple un problema o una consulta mínima con una charla pequeña y corta. Oh no, en verdad no tiene la capacidad, y haber llegado cuando Mal estaba con ella no fue una idea muy brillante tampoco.
—Así que la situación está más o menos así —gruñe Freddie al frotarse las sienes con los dedos, seguramente sufriendo una jaqueca magistral—: ¿estuviste en el dormitorio con Chico, tuvieron un tipo de reencuentro que suena sumamente aburrido, Jay entró y empezaron a discutir, trató de recuperarte y de acercarse a ti, supongo que para besarte, y generaste una barrera entre los dos así nada más?
—Olvidas la parte donde lo golpee en la nariz —digo, moviendo mi muñeca en círculos ya que el dolor sigue estando presente. Él hace creer que golpear a alguien sea una tarea fácil.
—Detalles sin importancia —dice, rodando los ojos.
—Sí es importante, y así es exactamente como sucedió —me encojo en mi sitio, notando cómo Freddie parece estar un poco cansada de lo que vine a decirle desde hace casi tres horas, y puedo jurar que también por lidiar conmigo tantas veces y por tanto tiempo. Una persona tiene sus límites para tolerar a alguien más, y estoy seguro que ya alcanzó sus límites conmigo—. ¿Por qué tienes que hacerlo sonar como algo estúpido?
—Porque es algo realmente estúpido si no lo hago yo.
—O yo, no hablen como si no estuviera aquí —dice Mal, separando la vista por primera vez del grueso libro con páginas amarillentas y forro de cuero marrón en el que ha estado concentrada desde que llegué a su dormitorio.
—Sí, claro, si no proviene de alguna de las dos es estúpido.
—Hay personas que también pueden hacer magia aquí —respondo a modo de defensa, para que noten que no son las únicas que pueden hacerlo, y ahora a esa corta lista de personas con habilidades mágicas me sumo yo.
—Tal vez sí, tal vez no, pero ellos han podido desarrollar sus habilidades toda su vida, y tú eres un completo neófito en todo esto —responde Mal, de cierta forma tomando el bando de Freddie contra mí, mientras cierra el libro y lo deja sobre su cama—. Y, si soy honesta contigo, me cuesta trabajo creerte.
—Nunca he dicho una mentira y lo sabes mejor que nadie aquí —respondo, entrecerrando los ojos en su dirección. Sabe que es cierto, desde que nos conocimos siempre he sido el pequeño chico tonto además de honesto y carente de malicia.
—Fue un acto sin significancia, un accidente si quieres llamarlo de otra forma, cualquiera en una situación donde se sienta acorralado puede hacer algo similar.
—Ben no podría, él es alguien común y corriente —esas palabras salen sin mi permiso, a lo que Mal reacciona abriendo los ojos, estirando el cuello y la espalda, como si en verdad sintiera un amenaza de mi parte contra él, y no hay nada que salga con vida si se amenaza a algo que le importa.
—Tienes exactamente cuatro segundos para retractarte por lo que acabas de decir, a no ser que quieras que olvide que somos mejores amigos.
—Uno, dos, tres, cuatro —digo, manteniendo contacto visual con ella antes de rodar los ojos al terminar de contar—. No tengo mucho a que temerle en realidad.
Sus mejillas se tornan rojas de un segundo al otro y se pone de pie casi de un salto, completamente molesta por el modo en que la estoy confrontando, levanta la mano derecha a la altura de su cabeza antes de que el usual fuego verde comience a arder en la palma.
No logra lanzarla ya que se extingue en su mano, se vuelve una pequeña nube de humo que se eleva por el aire y desaparece.
Una sonrisa empieza a crecer sobre mi rostro mientras noto su expresión de… no sé muy bien cómo llamarla, es algo así como una combinación de asombro junto con lo que podría ser estupefacción con un conjunto de impotencia y completo avergonzamiento por no poder hacer su hechizo favorito. Es uno de los pocos que puede hacer que no necesitan magia verbal.
Permito que el fuego arda de nuevo antes de volver a apagarlo ahí, en su mano y con la misma expresión en su rostro. Freddie cruza los brazos pero sonríe con un deje de completa satisfacción, como si fuera suficiente para probar que todo lo que llegué a decirles es completamente cierto. Y lo es.
—No he tenido un bloqueo en mi magia desde que llegamos aquí, y no había pasado así… —Mal ladea la cabeza con un ademán violento hacia la derecha, cerrando los ojos con fuerza—, no había… —lo hace de nuevo, esta vez frotándose las sienes con los dedos—. Nada de esto tiene sentido, siempre he podido…
Se arrodilla de inmediato, sosteniéndose la cabeza con ambas manos, bufando y con hilos de saliva saliendo por su mandíbula tensa. Dejo que la sonrisa se torne más amplia en mi rostro al pensar en las pocos recuerdos que tengo de Mal cuando era una niña pequeña, con un mal corte de cabello, con extremidades rechonchas, raras en un niño criado en la Isla, con rastros de llanto por frustración al no llenar los requisitos que su madre le pedía a tan corta edad, con algunos trozos de tela adheridos a su pequeño cuerpo y siendo siempre un lastre detrás de Maléfica.
Lo que hago ahora es atacarla desde las partes que más le duelen, todo lo hago para protegerme de sus fulminantes ataques. Lo hago desde los momentos en los que comenzó a sentirse débil al no encajar del todo en las actividades de la Isla y desde el momento en que decidió cambiar para ser esa heredera que su madre siempre había querido para gobernar en su ausencia.
Verla con la mirada perdida en un punto en el espacio, sonrojada por el hecho de ver mis memorias y la manera en la que busco humillarla, devolverla a esos días en los que no era ni la más mínima parte de lo que es ahora me hace querer seguir haciéndolo, tanto para protegerme de sus ataques como para demostrarle un poco de lo que ahora soy capaz de hacer.
—Muy bien, perdedor, ya es suficiente —sugiere Freddie, usando un tono que combina asombro y aburrimiento en una mezcla homogénea—. Detente ahora o harás que una de las venas en su cerebro estalle.
Coloca una mano sobre mi hombro, trayéndome de vuelta al momento que está pasando, y no recuerdo haberlo olvidado del todo. Dejo de enfocar mis ideas sobre Mal para comenzar a divagar en el peculiar monto de tareas que tengo que cumplir ahora que estoy de vuelta.
Mal se queda arrodillada en el suelo, con una mano sobre el pecho y el otro brazo siendo un apoyo mientras se queda ahí, recuperando el aliento y trazando círculos con la mandíbula. Supongo que la tensaba demasiado.
Ver esa escena me hace encogerme de hombros, además de que retrocedo un poco hasta que me sujeto a uno de los mástiles de su cama, lo tomo con firmeza ya que esa cosa en mi estómago vuelve a moverse, pero esta vez lo hace por todo el arrepentimiento y pavor por la reacción que vaya a tener.
—Mal… yo… —comienzo a decir, sin estar seguro de a dónde quiero llegar, y sin una disculpa sincera—, l-lo siento, no quise hacerte daño…
Me separo del mástil y camino un par de pasos hacia ella, apoyando nada más la punta de cada pie mientras avanzo, preparado para salir corriendo ante el menor destello que vea salir de sus manos.
A medio camino gira la cabeza en mi dirección, el brillo en sus ojos y la forma en la que frunce los labios me recuerda al gesto que mamá solía y suele hacer ante la desaprobación de mi comportamiento, antes de levantar la mano lo más arriba que le era posible para luego dejarla caer como una bofetada sobre mi rostro, y así es como llegó a tirarme un par de dientes además de dejar evidentes marcas.
Me congelo en mi sitio cuando su mirada encuentra la mía, me petrifico por completo cuando la veo ponerse lentamente de pie, como si fuera a convertirse en dragón en cualquier momento y fuera a extender sus alas antes de incinerar lo poco que pueda tener de alma hasta que no queden ni siquiera las cenizas.
Camina en mi dirección dando sonoros pisotones, sin separar nuestro contacto visual por un segundo, a lo cual respondo sólo con buscar una salida. Sería más sencillo si no estuviera parado en medio del maldito dormitorio.
Cuando está a unos tres pasos de mí cierro los ojos y ladeo la cabeza, me oculto como el pequeño chico que solía ser en la Isla al no haber cepillado cada abrigo de mamá en modo vertical hasta que cada hebra de pelo siguiera esa dirección, o si quedaba alguna pelusa sobre su ropa, si no retocaba las raíces de su cabello, o si su desayuno no estaba a la temperatura adecuada antes de llevarlo a su cama.
—¡No merezco morir de nuevo! —y a una distancia muy cercana escucho el sonido de algo chocando contra un cristal. Abro los ojos, sólo para notar algo que iba a suceder de una manera u otra. La barrera protectora está de pie una vez más.
Las manos de Mal trazan la superficie, lo cual produce una pequeña corriente eléctrica donde tocan las puntas de sus dedos; es estremece un poco cuando la recibe pero eso no evita que siga tocándola. Noto por su expresión que está muy sorprendida por ver que todo lo que dije era real, que en verdad ahora tengo todo esto quién sabe de dónde.
Freddie interrumpe mi ejercicio de respiración al poner otra vez su mano en mi hombro, pero eso me distrae lo suficiente para bajar mis defensas. En lugar de arder en llamas en mi lugar escucho la risa de Mal, la observo por el rabillo del ojo mientras cruza los brazos y la sonrisa socarrona aparece como la marca más personal que ha desarrollado por años.
—Creo que necesitamos una fiesta de bienvenida para sus nuevas habilidades, admito que superan en mucho a las mías, y a las de Freddie aunque no diga nada.
—Me niego rotundamente a aceptar esa posibilidad, mi magia es mejor que la de él, y que la tuya también —responde, mirándose las uñas y rodando los ojos.
—Oh, no, nada de fiestas. Lo que menos quiero es ver mi cara en un estandarte o en medio de un mar de fuegos artificiales —las dos se ríen, pero no porque en verdad haya dicho algo gracioso, más bien lo hacen para que siga relajándome por lo que acabo de hacerle a una de mis amigas más cercanas.
—Bien, nada de fiestas, pero aún tenemos un par de cosas que discutir.
Dejo salir un sonoro resoplido antes de sentarme en el suelo, justo donde estoy de pie, con los brazos cruzados y las piernas estiradas, como si estuviera en medio de una rabieta que nunca podría haber hecho en la Isla sin recibir los insultos de mamá o alguna otra clase de castigo.
—En verdad no quiero hablar de nada más, sólo quería mostrarles esto.
—Acabas de hacerme pasar uno de los peores momentos de mi vida, y sabes que siendo de la Isla eso significa mucho, así que cierra la boca y hablaremos —me amenaza con destellantes ojos verdes, algo que si no fuera tan letal sería un gran atractivo. Por temor no tengo otra opción más que acceder.
—Haré la pregunta que ambas tenemos en mente y de la cual morimos por tener la respuesta —interviene Freddie, parándose junto a Mal y frente a mí—. Si Jay se acerca de nuevo, si trata de recuperarte, ¿volverías a su lado?
Cierro los ojos y dejo que mi imaginación comience a divagar en los confines de las múltiples posibilidades, dejo que se zambulla en el amplio océano de lo que quiero alcanzar y no puedo; me permito entrar en un mundo de ideales, uno que evito en la medida de lo posible porque prefiero concentrarme en el aquí y ahora de mi existencia, aunque quizá ahora puedo estar más en ese mundo de ideas debido a que no debo cuidarme la espalda ante cualquier tipo de amenaza.
Escenarios, ideas, planes a futuro, proyección a grandes momentos.
Entre todo eso no puedo llegar a una conclusión, ya no llego a esos momentos en los que nos veo juntos, quizá no si le agregaba el contexto de pareja, pero sí como mejores amigos y compañeros en la maldad, aunque más bien en un entorno donde yo era el aprendiz y él el maestro en el arte de la maldad.
—No lo sé, en verdad no lo sé —respondo, tratando de sonar lo más honesto posible ya que no es algo que me haya detenido a pensar con claridad, y a partir de ahora debo pensar más detenidamente las cosas—. Todavía hay algo dentro de mí que siente algo por él, trate de negarlo o no, pero lo único que quiero por ahora es pasar lo más desapercibido que…
La puerta de su dormitorio se abre con un solo movimiento, pero quien está del otro lado la detiene para que no golpee el muro contrario. Por un momento pensé en Evie entrando por la puerta y vociferando en su contra sobre no haber sido invitada a esta reunión espontánea, pero mi objetivo era sólo hablar con Freddie. Mal es algo así como un daño colateral y una sorpresa, una de esas desagradables que tienes que aceptar para no parecer tan grosero.
—Entonces… es cierto… —dice Ben, tranquilizando su respiración un poco para luego esbozar esa sonrisa de tarado que siempre tiene encima. En verdad no echaba de menos ver esa expresión.
—¿Tienes idea de cuán degenerado podrías ser por entrar en el dormitorio de una dama sin anunciarte antes? —pregunta Freddie, con sarcasmo en cada palabra, mientras coloca una mano delicadamente sobre su pecho, fingiendo indignación—. Mal podría haber estado en paños menores, o con menos que eso.
—Les pido mil disculpas a las dos si llegué a incomodarlas por esta situación tan sorpresiva, pero no podía seguir el día sin confirmar todo lo que las fotografías y los miles de comentarios al respecto tenían que decir.
—Auradon necesita establecer algunas normas, como la privacidad —Mal rueda los ojos pero sonríe cuando Ben coloca su brazo sobre sus hombros, recargando la cabeza sobre él y ensanchando esa inusual sonrisa de… enamorada.
¿Llegué a verme así cuando era el momento de Jay y mío? Supongo que habría sido considerado como alguien patético o algo así, si lo pusiera en las palabras con las que ella suele molestar al prójimo para hacerlo sentir terrible y avergonzado por incluso vivir. Justo ahora aceptaría las palabras.
No puedo evitar mirarlos, de un modo tal vez demasiado fijo y con cierta tendencia acosadora, mientras Ben restriega su nariz contra su mejilla. Mal se ríe y se mueve en su sitio, puedo decir que un tanto incómoda por el acto sorpresivo al mismo tiempo que se siente completamente feliz por recibir la clase de acciones que antes no habríamos recibido ni en nuestros mejores sueños.
—Bueno, no creo que el Rey Obvio haya venido sólo para restregarnos lo que siente por la chica más malvada de la Isla de los Perdidos —dice Freddie, cortando la tensión que comenzaba a generarse por mi culpa—. ¿Viniste para…?
—Ya lo dije, quería saber si los mitos sobre mi amigo eran ciertos.
Levanto la cabeza cuando lo escucho decir eso, y no me había percatado de que la había bajado. Ben me considera su amigo, en verdad lo hace; tal vez no uno cercano, y tal vez tampoco es la clase de amistad que me habría gustado generar, no obstante me complace saber que en verdad pudo ver el lado bueno que todos nosotros tenemos. En verdad no nos considera como nuestros padres.
Se aparta de Mal y se acerca a mí, pone ambas manos sobre mis hombros para luego juntarme a su cuerpo, envolviéndome en un abrazo sorpresivo que me pone rígido (por lo sorpresivo del acto y porque Mal está asesinándome con la mirada).
Dejo mis brazos inertes a mi lado así como una expresión seria en mi rostro, sin saber en realidad qué hacer, simplemente deseoso porque me haga a un lado de una vez por todas. Parece escuchar mis pensamientos ya que termina esto con un par de palmadas en mi espalda, vuelve a poner sus manos en mis hombros y me dedica una sonrisa, sin tener que bajar la mirada para encontrar mis ojos.
—En verdad me alegra saber que has vuelto —dice, sonando horriblemente genuino en el sentimiento de alegría.
—Es bueno volver, supongo —respondo, todavía un poco incómodo, pero incluso con todo ese montón de molestas emociones puedo notar la idea que brilla en su cabeza, la misma que ellas tuvieron—. Y antes de que siquiera lo pienses no habrá una celebración al respecto. Lo digo en serio, Ben, no quiero que la haya.
Cruza los brazos detrás de la espalda, agacha la cabeza con esa sonrisa todavía presente, y puedo ver que se le tiñen las mejillas de un ligero tono rosado, uno que se le extiende a las orejas y un poco al cuello. Le echo un vistazo rápido a Mal pero parece más fascinada por ver el pequeño lapso donde Ben se muestra avergonzado que en cualquier otra cosa que pueda sentir como amenazante.
—¿Soy tan predecible? —pregunta a nadie en particular, al suelo más que nada ya que no se molesta en levantar la cabeza antes de hablar.
—Por algo eres el Rey Obvio, duh —señala Freddie, riendo.
—Un chiste más al respecto y juro que dejaré de ser amable —Mal amenaza como por milésima vez, luego le dedica una pequeña sonrisa a Ben—. Pero sí, lo eres, demasiado si lo pienso detenidamente.
—Bien, bien, tal vez no vuelva a hacer un chiste al respecto —escucho caminar a Freddie, con aire burlón, y casi doy un salto hasta el techo cuando pone ambas manos detrás de mis hombros, como si fuera un muñeco de ventrílocuo mediante el cual puede hablar—. Pero supongo que el Rey… Ben está aquí por otra razón, y quizá no incluye a Mal en eso.
—Tienes razón una vez más —dice él, ladeando una sonrisa—. En vista de que Carlos me ha prohibido una celebración sólo quiero decirle que mis padres y Hada Madrina quieren hablar directamente con él.
Decir que no me siento asustado por lo que acaba de decir sería una completa mentira, así que trato de disimular lo mejor que puedo. Y no puedo. Cruzo los brazos y agacho la mirada, centrándome en la alfombra del suelo, en los zapatos de los dos, en lo que sea menos en verlo.
—¿P-por qué? —pregunto, odiando el tartamudeo—. No he hecho nada malo.
—No se trata de eso, amigo, lo juro. No estás en ningún problema ni alguno de los demás, es sólo que quieren saber cómo es que ocurrió y todas esas cosas. No es cosa mía, es de ellos, y de algunos gobernantes de los reinos adyacentes— levanto la mirada sólo un poco, apenas lo necesario para ver sus ojos verdes por un lapso de apenas dos segundos antes de mirar debajo de nuevo.
—S-supongo que está bien, s-sólo necesito una ducha y estaré l-listo —me encojo de hombros y veo a Mal alejarse en dirección a la ventana, la abre y coloca algo en el marco, un pequeño contenedor.
—Estará encantado de ir y hablar con adultos, su clase favorita de personas —cruza los brazos, lo sé porque a ella es una de las pocas personas a las que sí puedo mirar a los ojos, las otras son Evie y Jay, Freddie también de un tiempo hacia acá—, pero antes quiero que derribes esto. No me importa cómo lo hagas ni si todo el dormitorio estalla, sólo hazlo.
—Pero Mal, Carlos no puede…
—Oh, créeme, sí puede —lo interrumpe, y antes de que pueda decir otra cosa pone un dedo sobre sus labios, además de distraerlo lo suficiente con una sonrisa.
Me quedo mirando mi nuevo objetivo, sólo por el simple deseo de complacerla y que me deje en paz por ahora. Seguro habrá una nueva demanda para hacerla feliz mañana por la mañana, e incluso en un par de horas.
Cierro los ojos y dejo salir una profunda respiración, repitiendo el proceso un par de veces, sintiendo cómo todo mi cuerpo se llena con energía, o algo así. Es una sensación cálida que recorre cada vena, arteria y célula en mí, el calor producido no llega a volverse bochornoso, se mantiene agradable en todo momento.
Abro los ojos una vez más y centro mi mirada, estiro dos dedos de mi mano derecha a la altura de mi cabeza, haciendo un movimiento ligero con la muñeca antes de ver cómo una parte de mi energía sale desplegada de mí, no como el fuego de Mal o el humo púrpura de Freddie, se asemeja más a una luz intermitente de color grisáceo que se mueve a toda velocidad hacia la lata.
Lo que menos esperaba era ver a un pajarillo, de esos comunes que tanto hay por aquí, deteniéndose justo enfrente de la lata, recibiendo el impacto directo de mi ataque contra su costado y cayendo al interior del dormitorio, aleteando de un modo desesperado y desgarrador a la vista.
—Oh no… —musito, apresurándome hasta que derrapo junto a la pequeña ave. Lo levanto y me quedo mirando su ala sangrante, la sección que quedó sin un rastro de plumas, la piel viva y las venas que todavía expulsan el líquido vital.
—Algo me dice que no superará esto en toda una semana —gruñe Freddie.
—En toda una vida —corrige Mal.
—Los dos cierren la boca o juro que las haré suplicar de rodillas y con lágrimas en sus rostros —las amenazo con un tono severo y agresivo, como no recibo una respuesta lo tomo como una aceptación a la probabilidad de que suceda.
Dedico mi atención nuevamente al pajarillo, al torpe pajarillo que todavía se mueve en mis manos y que decidió posarse ahí en el momento menos apropiado. Lo hace seguramente agonizando por el dolor que está sintiendo, por haber sido atacado en un momento tan vulnerable, quizá sin haberle hecho nada a nadie más aparte de algunos cuantos gusanos, su alimento.
Lo miro con detenimiento, notando su acelerada respiración y sintiendo cómo tiembla en mis manos cuando lo acaricio, apenas tocando con las puntas de mis dedos, empleando un tacto tan leve que casi parece algo irreal, como si con una presión muy fuerte fuera suficiente para terminar con su vida de torpe pajarillo.
Es bastante pequeño a comparación de los que he visto brincoteando por los jardines, puedo asegurar que ésta es una de las pocas ocasiones en las que se había aventurado fuera del nido, y precisamente hoy tenía que quedarse quieto ante una de las pruebas de Mal contra mí.
—Lo siento, pajarillo, en verdad lo siento —susurro, arrodillado en el suelo y con el ave junto a mi cuerpo, todavía acaricio el costado herido de su cuerpo al tiempo que evito soltarme en llanto. Eso no ayudaría—. No quise hacerte daño, no quise hacerlo, fue tu culpa por atravesarte en mi camino y la mía por no ser más cuidadoso. En verdad lo siento.
En un giro extraño de los acontecimientos el pajarillo comienza a cantar, recita una tonada de apenas un par de notas agudas, pero las recita con debilidad, como si supiera que tal vez esta será la última que volverá a cantar, y eso hace que mi pecho se encoja y que el llanto cosquillee más en mis párpados. Si esta clase de cosas va a suceder por mostrar lo que soy capaz, o por simplemente presumir para alguien, entonces no quiero nada que ver con la magia.
No quiero nada que ver con ella si lo único que voy a lograr es lastimar a algo o a alguien, en este caso no quiero ser el culpable porque el pajarillo muera de hambre, que sea empujado del nido ya que su recuperación será larga, o que no pueda seguir con los planes que un ave pueda tener. Quiero que siga adelante, que vuele ampliamente en los cielos, que cante y pueda seguir produciendo más y más pajarillos; no quiero ser la razón por la que muera.
Mis dedos comienzan a sentirse más cálidos de lo normal, como si acercara la mano hacia una vela y el fuego se adhiriera a mí por radiación, una que expide sólo la parte buena de las cosas, el lado amable por así decirlo, el lado al cual no pude acostumbrarme y que ahora quizá sea una posibilidad.
Bajo la mirada cuando el tono del pajarillo cambia a uno agudo, al tono que a veces emplean cuando vuelan sobre mí en el exterior o cuando comen debajo de los arbustos debajo de la ventana del dormitorio. Las heridas en su cuerpo sanaron en su totalidad: no hay marca de alguna de ellas, ninguna de las llagas que había está presente, no está ninguna quemadura. Los cálamos comienzan a crecer a un ritmo apresurado, tanto que casi parece un vídeo de realidad aumentada, y pensar en la belleza de las plumas marrones que posee hace que, en un par de parpadeos, éstas vuelvan a ser tan largas como antes.
Acaricio su cabeza cuando se mueve en la palma de mi mano, estirando el ala como si corroborara que todo está en orden. Lo vuelvo a colocar en el marco de la ventana para que emprenda vuelo, saltando para extender sus extremidades y aprovechar la primera corriente de aire para unirse a una pequeña parvada que pasaba en el momento preciso a su súbita recuperación.
Me levanto y giro sobre mis talones, encontrándome a tres espectadores que me miran con ojos y bocas abiertas, a punto de que la saliva caiga de sus bocas. Me miro las botas antes de cruzar los brazos y encogerme de hombros, sintiéndome helado aunque el sol brilla de manera horrible en el exterior, raro considerando que está a punto de anochecer. Ahora entiendo por qué Mal odia la luz del sol.
—Entonces Carlos puede hacer magia —concluye Ben, siendo el primero en romper el incómodo silencio.
—Y puede hacer magia oscura y magia blanca, una combinación interesante —añade Mal, siendo una de las dos expertas sobre el tema.
—Ahora yo tengo un par de preguntas, pero creo que lo más importante es que hables con Hada Madrina y mis padres.
—Sí, supongo que lo haré, Ben.
Ladeo una sonrisa antes de salir de su dormitorio con paso casual, y cuando salgo al pasillo corro al mío. En verdad necesito una ducha, quizá eso me haga entrar en calor ya que mi previa fuente ya no es una que quiera a mi lado.
Me miro fijamente en el espejo mientras termino de secar el exceso de agua de mi cabello, sujetando con fuerza el nudo de la toalla que tengo en mi cintura. En verdad me siento un tanto preocupado por los círculos alrededor de mis ojos, y es tonto de mi parte esperar que desaparezcan de un día para el otro, pero son algo así como un recordatorio del tiempo en el que estuve ausente, en el que dejé de ser una parte viviente del mundo y pasé a caer en los dominios de Hades.
Espero que en verdad pueda borrarlos con unas cuantas noches de sueño, si es que vuelvo a sentirme cansado o somnoliento.
Salgo del baño y me pongo de pie frente a mi cajonera, escuchando a Chico mientras juega con uno de sus juguetes favoritos. Tomo un par de calzoncillos limpios, un pantalón corto con el patrón de colores tan característico en mí y que fue diseñado por Evie, con un poco de mi ayuda, una camisa negra con botones blancos, y una mi chaqueta favorita.
Dejo caer la toalla al suelo y la pateo a un lado antes de deslizarme dentro de los calzoncillos, todavía secando las gotas de agua que resbalan detrás de mis orejas y por mi espalda antes de lanzar esa toalla junto a la otra. Me interrumpo cuando escucho el jadeo de alguien, y como es fácil intuir de quién se trata sólo ruedo los ojos antes de girar sobre mis talones.
Jay tiene una tirita sobre la nariz que sujeta un par de gasas que deben tener algún líquido o ungüento para disminuir la evidente hinchazón de su nariz, lo cual hace que el dolor en mi mano regrese. No obstante su vista está fijamente sobre mí, si soy más preciso la tiene en mi cintura, y es hasta que yo me aclaro la garganta cuando me mira a los ojos, se rasca la parte trasera del cuello, noto el sonrojo que le tiñe las mejillas, y esa combinación habría hecho que me temblaran las rodillas en un tiempo no tan lejano antes de lanzarme a sus brazos.
En verdad está perdiendo sus efectos sobre mí.
—¿No deberías estar en práctica de tourney? —inquiero ya que, hasta donde puedo recordar, no hubo un cambio en el horario de práctica.
—T-terminó antes, y-y me alegra haber v-vuelto antes.
—Creo que tampoco debiste ir a la práctica, después de todo tienes la nariz un tanto lesionada —«y espero que aún te duela».
—N-no olvides que s-soy un chico r-rudo, aunque a-admito que duele un poco.
—¿Y por qué tartamudeas? —arqueo una ceja, divertido e incómodo de esto.
—No m-me siento cómodo d-dándote una explicación sobre todo l-lo que está ocurriendo en mi imaginación j-justo ahora.
No le doy una respuesta, me tomo mi tiempo para terminar de vestirme ya que me paseo de aquí para allá dentro del dormitorio, le quito su juguete a Chico para lanzarlo y que vuelva a dármelo antes de lanzarlo otra vez en uno de sus juegos favoritos conmigo, además porque me encanta escucharlo decir lo mucho que echaba de menos tener a alguien con quien jugar.
Me pongo un par de calcetines limpios y mis botas favoritas cuando decido que entre más pronto hable con los 'dirigentes' de la Preparatoria más pronto podré hacer lo que sea que pueda hacer para entretenerme y cumplir con la descomunal carga de tareas que debo entregar en los próximos días. Me pongo la chaqueta encima y eso logra que el calor que me brindó la ducha se quede más en mi cuerpo, lo cual me hace estremecer por la agradable sensación.
—¿V-vas a algún sitio? —lo miro de nuevo a través del espejo, y juro que esa almohada no estaba sobre su regazo hace un segundo.
—Hada Madrina, Bella y Bestia quieren hablar conmigo —arquea un poco la ceja derecha, como si pidiera una respuesta más explicativa ante lo cortante de mi comunicación con él—. Ben no me dio muchos detalles en sí, sólo dijo que querían hablar conmigo. Seguramente se trata sobre verme de nuevo por aquí, o tal vez piensan que quise jugarle una broma a todo el reino y van a penalizarme.
—A mí también me gustaría hablar al respecto, tengo muchas preguntas y…
—Tal vez algún día las responda, si es que no recurres a Freddie antes, pero ahora tengo que irme —me encamino con paso decidido hacia la puerta, tomo el pomo pero su mano aparece a un lado de mi cabeza, empujándola para cerrarla de nuevo. Cierro los párpados y respiro profundo antes de girar sobre mis talones, mirando sus oscuros irises en el acto.
Me sorprende no ver la arrogante sonrisa tensando todas las facciones en su rostro, ni el modo en el que suele jugar con sus cejas para hacerme reír. Se mantiene serio, su mirada viaja por cada rincón de mi rostro, sus labios se quedan en una firme línea inexpresiva, sus músculos de la mandíbula no muestran que esté tensa, y sus cejas se mantienen relajadas.
Disfruto al mismo tiempo que detesto la cercanía, la cercanía de su cuerpo al mío y las sensaciones que desencadena. No quiero estar a su merced de nuevo.
—Te eché de menos —dice, sus palabras apenas hacen que los músculos de su rostro se muevan. Parece querer mantenerse tan inexpresivo como yo.
—Ya me lo dijiste —ante eso baja el brazo y ahora lo único que me mantiene aquí es esperar que no vuelva a repetir el mismo discurso que le dio un golpe en la nariz. ¿Una necesidad talvez también es participe en esto? No sabría decirlo.
—¿Tú me echaste de menos? —pregunta con insufrible sinceridad.
Relajo los hombros mientras me limito a mirarlo a los ojos, notando cómo los empieza a mover de una manera mínimamente visible, pero siendo la prueba de la necesidad de una respuesta concreta y la angustia que está experimentando por lo que sea que pueda responderle. No creo que vayan a haber muchas ocasiones en las que experimente ansiedad, pero que ésta sea una de ellas me satisface.
—No estuve dando un paseo por el bosque, Jay.
—Lo sé, te marchaste, en verdad te marchaste, más tiempo que en todas esas ocasiones cuando lo hacías en casa.
Casa. La Isla no es mi casa.
Desde entonces he tendido a ocultarme de todos y todo lo que sea un peligro, o lo que percibo como tal, y lo hacía más que nada de las personas a mi alrededor, sobre todo para tratar de ocultar las veces en las que había moretones en mi rostro o las marcas de rasguños, bofetadas o pellizcos por parte de mamá.
Mal e Evie nunca me tomaron interés en ello, sabían que siempre volvería a la mañana siguiente con montones de excusas sobre lo que me ocurrió, que de una forma u otra seguiría adelante a pesar de que sintiera dolor o ganas de no volver a levantarme en una semana entera. Ellas lo sabía, pero Jay siempre se mostraba un tanto asustado por la posibilidad de que no volviera.
No lo expresaba de manera directa, casi nunca expresa esa clase de cosas de manera directa, pero según las chicas lo hacía preguntando por dónde estaría, si me habían visto al inicio del día, e incluso comentaban que interrumpía un par de hurtos para rondar cerca de mi casa, esperando escuchar la voz de mamá mientras me gritaba el centenar de quehaceres por hacer.
Él sabía a dónde huiría, sabía que podría encontrarme en el terreno baldío junto a eso que llamábamos escuela, en las cuevas que podían iluminarse por la luz del sol, o incluso merodeando por las zonas aledañas al bosque marchito. Lo sabía, y de todos modos siempre tenía que encontrar un nuevo escondite ya que no me gustaba estar en un estado de ánimo y estado físico tan deplorable enfrente de él.
Solía esconderme de todo y todos por un par de horas, o un par de días; el mayor tiempo que duré escondido fueron dos semanas, comiendo más basura de la usual y con un sitio para dormir junto a otro montón de chicos viviendo en las calles. Jay me encontró un día previo a mi planeado regreso, obligándome a volver a casa y prometiéndole que no desaparecería sin dejar aviso nunca más.
En ese momento prometí no volver a hacerlo, por él, y le hacía llegar mensajes de manera encriptada sobre mi ubicación para que no fueran descifrados por algún extraño y que no se angustiara.
Eran tiempos bastante divertidos para ambos, y ahora desearía volver a esa parte de mi vida en la que podía sobrellevar lo que ocurría en mi vida cotidiana, no ahora donde cada día parece traer un desafío capcioso con cada amanecer.
—Aún no me has respondido —suspira, derrotado.
—Es porque no tengo una respuesta.
Lo llamaré intuición pero mi protección sale en el momento cuando se inclina para besarme con los párpados cerrados, se encuentra directamente con la misma protección electrificada que surgió con Mal, aunque no entiendo por qué sucede eso. El electrochoque que recibe en una sección tan sensible de su rostro lo hace dar un salto de casi dos metros hacia atrás, se cubre los labios y lo escucho maldecir por lo bajo, entornando sus ojos hacia mí.
No decimos nada más, solamente nos quedamos mirando el uno al otro, él con una expresión difícil de descifrar en su rostro, yo solamente vuelvo a tomar el pomo de la puerta y salgo del dormitorio, escuchando los lamentos de Chico ante mi salida. Otra salida, otra evitación, aunque en verdad no tengo mucho que decir al respecto de lo que acaba de suceder.
Camino con la cabeza en alto, dando pasos largos pero no apresurados, no hago contacto visual con nadie ya que el sonido de las cámaras fotográficas cuando se encienden y los murmullos son suficientes para colmar mi paciencia.
Doy la vuelta en el pasillo anterior al lobby del edificio principal cuando choco contra Audrey, justamente con ella tenía que ocurrir. Trastabillamos hacia atrás pero nos mantenemos de pie, la miro a los ojos y arqueo la ceja derecha, ella se alisa el vestido y rueda los ojos, cruzando los brazos por debajo de su busto.
Si se trata de anatomía por lo que Jay la escogió en primer lugar entonces ya sé que no habría sido capaz de competir contra ella, y si es sobre otra cosa entonces es cierto que todavía me pregunto qué es lo que vio en mí, además de cobardía, temor y un tamaño diminuto, mejores amigos o lo que sea, pero una razón.
—Justo cuando creí que los villanos no podrían ser más extraños comienzan a salir de la tumba y asustar a todo el mundo por aquí —refunfuña, arrugando la nariz y retrocediendo unos cuantos pasos—, espero que no tengas alguna clase de enfermedad o infección letal, de ser así estoy más que dispuesta a pedirle a Ben que te envíe de vuelta a la Isla.
—Ah, entonces como tu plan no funcionó con Jay, ¿es ahora cuando vuelves a recurrir a Ben? —ahora yo cruzo los brazos, dispuesto a esta charla.
—Mal me quitó a Benny-boo, ella fue la que inició todo esto.
—Realmente no pareces el tipo de persona que alguien quisiera tener a su lado por mucho tiempo —comienzo a caminar hacia adelante, manteniendo el agresivo contacto visual e ignorando a los transeúntes que nos miran con asombro—, eres insoportable, demasiado mimada como para mi gusto y para el de cualquiera, es fácil despreciarte y más sencillo odiarte, así que si vuelvo a escuchar algo viniendo de ti sobre los villanos juro que conocerás el peor lado de ellos, y de mí.
Con mi nueva altura ahora parece diminuta en tamaño, soy casi una cabeza más alto que ella, y si añado la certeza con la que hablé entonces entiendo a la perfección por qué ahora está temblando ahí en su sitio.
También me percato de las personas que se acercan a nosotros, como si en cualquier momento fuera a atacarla o algo peor, y está en consideración, pero como no quiero ser un actor directo en esto solamente me muevo hacia la derecha y sigo mi camino, no sin antes pensar en la pesada armadura cayendo sobre ella.
El estruendo me confirma que acaba de hacerlo, y los gritos pidiendo ayuda me hacen moverme con mayor velocidad mientras me río. Ahora sí acepto que la magia haga esa clase de cosas.
Camino hasta el ala oeste de la Preparatoria, según lo que me dijo el mensaje de Ben hace un par de minutos, y entro en la primera sala a la izquierda, otra vez según lo que dijo su mensaje así como la orden que le dieron sus padres.
Al poner un pie dentro todo el barullo de la sala se silencia de manera gradual, los murmullos apenas son suficientes para romper el profundo silencio que se produce después de ello. Frente a mí hay una simple silla de madera, rodeada por estandartes con el símbolo además de los colores característicos de Auradon y de la familia real, situada frente a un muro y en uno de los extremos de la sala; al otro lado están prácticamente todos y cada uno de los gobernantes de los reinos, cada uno con sus respectivas parejas o en solitario, pero sus firmes miradas se dirigen a mí en el momento cuando decido hacer acto de presencia.
Algunos de los presentes, tres o cuatro entre las casi veinte personas aquí, me miran con algo así como preocupación, no por ser un villano o estar al otro lado de la sala, sino más bien por verme en otro estado decadente y sumiso. Eso me hace sentir asustado de lo que pueda pasar, si es que está a su veredicto; para mitigar eso y alguna reacción de mi magia sin control comienzo a respirar profundamente.
En medio de todas las personas están Bella, Bestia y Ben, sostienen una ardua y ferviente discusión incluso cuando el nuevo y torpe rey me ve entrando al lugar. Nuestras miradas se encuentran pero luego él la desvía, no obstante es obvio el momento cuando su expresión se oscurece y su postura se encorva, como si también se sintiera ultrajado en esto.
—Carlos —Hada Madrina me hace dar un salto cuando la veo acercarse por mi izquierda, sonriente y apresurando el paso para envolverme en un abrazo con sus cortas extremidades. Ahora tengo que agachar la cabeza para colocar mi barbilla sobre su hombro, cuando le devuelvo el abrazo suspira de modo tembloroso, casi como si estuviera a punto de llorar; otra idea nada brillante—. Oh, dulzura, no puedo creer que en verdad estés aquí con nosotros. Es un milagro.
—Ben nunca mencionó nada sobre un juicio… —susurro cuando soy yo quien rompe nuestro abrazo, me mira a los ojos y toma mis mejillas, haciéndome notar que estoy temblando.
—Tranquilo, dulzura, no se trata de un juicio —acaricia mi mejilla derecha con el dorso de sus dedos, exacerbando todavía más mi temblor repentino—, te doy mi palabra en que no serás enviado a la Isla, nadie lo hará, ellos sólo quieren hacer un par de preguntas acerca de cómo es que sucedió, y…
—¡Exijo que sea enviado de vuelta al agujero infernal de donde salió!
Todos giramos la cabeza en dirección a las puertas de vaivén a las espaldas de todos los reyes y reinas. La princesa Aurora entra a toda velocidad en la sala, hay unas cuantas lágrimas resbalando por sus mejillas mientras lucha contra el príncipe Felipe para que se detenga y no haya un escándalo.
—Ese chico lastimó a mi hija, lastimó a mi pequeña Audrey.
Justo lo que necesitaba, que cundiera el pánico.
Antes de que las puertas se cierren detrás de ellos puedo ver algunas miradas curiosas tratando de inmiscuirse en la sala, todos los observadores parecen estar listos por querer saber lo que va a pasar conmigo. Chad sobresale entre todos ellos, por la sonrisa de bastardo y niño mimado que esboza de manera amplia, y estoy seguro que la historia que sostiene Aurora está alterada por él.
—Muy bien, todos vamos a tranquilizarnos —dice Hada Madrina, acercándose a la princesa enfurecida y al preocupado príncipe—, estoy segura de que hay una explicación coherente para lo que sea que haya sucedido.
—Una armadura le cayó encima justo cuando él estaba hablando con ella, es obvio que él fue el culpable —me acusa, señalándome con la mano.
—Yo no lo hice, lo juro —espeto, frunciendo el ceño y tratando de mostrar una faceta de mentiroso, algo que espero me salga bien.
—Tiene razón —Ben se levanta, serio y dispuesto a defenderme a costa de que sus padres intentan detenerlo al sujetar las mangas de su ropa—, esas armaduras son horriblemente viejas, no es la primera vez que una de ellas se cae así nada más, por ello estoy seguro que eso fue lo que ocurrió.
—Exijo la evidencia de las cámaras de seguridad —dice Felipe, tomando al fin participación en la discusión que quiere levantar su princess.
—Así será, pero ahora estamos aquí para discutir asuntos más importantes —vuelve a decir Hada Madrina, logrando que al fin tomen asiento.
Ella se aproxima al asiento vacío junto a Ben y su familia, él vuelve a tomar su lugar mientras yo me obligo a tomar el mío, en el punto medio donde todas los gestos acusadores serán lanzados.
Este debe ser el lugar donde los estudiantes mayores toman clases acerca de Jurisprudencia y Leyes, aquí debe ser donde se sostuvieron los juicios antes de enviar a las personas a la Isla de los Perdidos, y donde estoy seguro que siguen ocurriendo para enviar más y más personas que lograron esconderse en esos años de encontrarlos antes de llegar a su fatídico destino.
—Carlos de Vil, ¿es ese tu nombre? —pregunta Hada Madrina, y casi la puedo ver rodando los ojos ante las preguntas que lee de una hoja de papel.
—Uh… sí, soy yo —respondo, con obviedad.
—Carlos, te encuentras aquí hoy debido a los recientes cuestionamientos que han surgido por tu reciente… uh, retorno de entre los muertos —dice, tratando de sonar dulce aunque imparcial al no encontrar una forma más amable de decir esa parte y tratando de mantener una postura sólo por todas las personas que están a la espera de un veredicto, si es que eso es lo que buscan—. ¿Te importaría hablarnos un poco sobre lo ocurrido?
Respiro profundo una vez más, controlando los diferentes estados por los que atraviesa mi cuerpo al recibir tantas miradas. Me encantaría poder encogerme, o volver invisible para evitar toda esta incómoda situación.
—Yo… uh, no sabría explicarlo muy bien, honestamente no sabría explicarlo.
—Sabemos que el príncipe Benjamin trajo de su inesperada visita a la Isla de los Perdidos a la hija de otro villano, Freddie Facilier. ¿Es eso cierto?
—Sí, también es cierto —me muevo en mi lugar, sabiendo a dónde irá esto, en la búsqueda de nuevas personas a quien echarles la culpa de las nuevas tragedias.
—Para quienes no lo sepan, el Dr. Facilier es un ávido practicante de la magia vudú —anuncia Tiana, poniéndose de pie solamente para decir eso, cruzando los brazos y siendo reconfortada por Naveen para olvidar esos tiempos cuando recibió el impacto directo de su magia oscura.
—Gracias por puntualizar, princesa Tiana —dice Hada Madrina, luchando por mantenerse en un papel y no disolver toda esta reunión—. ¿Es también cierto que, previo a tu trágico accidente, realizaste un atraco a mi oficina y empleaste la magia resguardada en pociones?
Eso lo dice sin prestarle mucha atención al papel que tiene en sus manos, como si eso fuera algo que quisiera saber para ella, para corroborar.
—Sí, así ocurrió, Hada Madrina y todos los presentes, por lo que pido perdón, no estaba pensando en una manera clara cuando llegué a esos extremos —agacho la cabeza, frunciendo el ceño—. Con eso dicho pienso que mi retorno ocurrió por la magia de la poción Talentos Ocultos.
Todos comienzan a mascullar entre ellos, la familia real y Hada Madrina se me quedan viendo, como si toda la información que le estoy dando fuera como una soga que yo sólo estoy poniendo alrededor de mi cuello. Incluso con todo lo que ella dijo no me siento seguro sobre que esto no sea un juicio.
—Cruella de Vil no posee ninguna habilidad mágica.
La nueva voz, delicada, amable y con un acento similar al que tiene Ally, me hace sentir escalofríos, no porque suene amenazante o lista para despotricar en mi contra, sino más bien por lo sorprendida que parece. Miro hacia la parte trasera de los presentes, viendo cómo una mujer de apenas cuarenta años de edad se pone de pie, tomada de la mano de un hombre que me mira con gesto firme.
Por las fotografías que mamá tiene en casa, las cuales tienen cruces en lugar de ojos y dardos incrustados en su rostro, puedo identificarla. Anita Radcliffe es parte de la audiencia, igual que su esposo Roger, las víctimas directas de las atrocidades cometidas por mamá en su momento de libertad.
—No dejemos que los viejos resentimientos formen parte de eso —dice Aurora en un tono aburrido, casi como si fuera a bostezar.
—Estoy hablando en serio, ella no tuvo ninguna habilidad mágica o algo así, por ello él no pudo haber heredado la propensión a realizarla —me mira a los ojos y se acerca hacia mí a tal punto que se arrodilla frente a mí, toma mis manos entre las suyas y me sonríe—. No te pareces a ella… eres… tú eres… un chico inocente.
Sus palabras me hacen sentir halagado, por fin alguien puede ver más allá de lo que mamá hizo, más allá de la reputación que me antecede alguien puede ver a la persona que he intentado ser sin importar el pasado.
Le devuelvo la sonrisa y doy un ligero apretón en sus manos, acaricia el dorso de mis manos con sus pulgares, como si con eso estuviera intentando comunicar alguna clase de perdón silencioso, sin darle importancia a que mamá estuviera a punto de asesinar a sus mascotas favoritas para hacer otro estúpido abrigo.
—Bueno, entonces si su madre no le heredó eso entonces…
—Fue su padre —la voz de Evie hace que nos separemos, una cercanía de la que no me había percatado, como si fuéramos a abrazarnos, hasta que ella se pone de pie mientras yo nada más me mantengo en mi sitio, viendo cómo se aproxima con un grueso libro debajo de su brazo y con Doug detrás de ella.
—Evie, esta es una sesión privada, por eso te pido que…
—Lo siento si sueno grosera por lo que diré, Hada Madrina, pero esto es algo en lo que se incluye a mi mejor amigo, y haré todo lo posible para protegerlo ya que antes no pude hacerlo.
Evie pone una mano en mi hombro y me dedica una sonrisa que muestra sus blancos y perfectos dientes, luego toma una expresión más seria al poner el libro sobre una mesa, levantando una nube de polvo que sale de entre las hojas de papel y abriéndolo donde un listón rojo separaba.
—Este es uno de los muchos registros sobre las personas que ustedes enviaron a la Isla —dice Evie, usando su tono usual de voz pero con veneno impregnado en ella. Anita y un par de curiosos se acercan para ver las hojas que está mostrando, yo también me levanto pero me coloco detrás de ella, ahora siendo más fácil que vea sobre su hombro.
—Fue difícil pero fuimos capaces de rastrear sus antecedentes y cuándo fue el tiempo cuando él y Cruella procrearon a Carlos.
Me quedo en silencio cuando relatan los antecedentes del mejor hombre que alguna vez llegué a conocer antes de que también formara parte de los muertos.
De acuerdo con los registros, y la historia que cuenta Hada Madrina junto a Bella y Bestia acerca de los recuerdos que tienen respecto a los primeros juicios que se realizaron, papá (Cael, un nombre que se mantenía en mi cabeza pero que me era difícil recordar) era una persona común y corriente, tuvo una amplia cantidad de empleos, desde remendar zapatos, entregar correspondencia, hasta un tiempo donde fue parte de los guardias del castillo.
Nunca fue un hombre problemático, era alguien bondadoso, gentil y cortés, fue criado por los pocos campesinos que aún quedan en Auradon pero tuvo la iniciativa de buscar grandes oportunidades, mudándose a la capital del reino. Era partícipe en las múltiples festividades que se realizaban y todavía se realizan por diversos motivos, según ellos siendo su favorito el Festival Azul y las próximas celebraciones que se realizarán en el invierno. Empleaba la poca energía mágica que poseía cuando era necesario realizar tareas que la mano de múltiples hombres o maquinaria no podían resolver de manera rápida.
Su juicio se debió a un tecnicismo, el usual 'estar en el sitio equivocado en el momento equivocado' al sostener relaciones amistosas ambivalentes con un par de personas, siendo propenso a convivir con personas problemáticas. En una redada a una cantina clandestina, a donde había asistido meramente para que sus amigos no dijeran que era un cobarde o cosas similares, fue llevado como prisionero al ser el momento del ataque contra los villanos, en donde la persecución orquestada por el antiguo rey Bestia estaba rindiendo frutos. Papá había dejado su empleo como guardia del castillo una semana antes, defendiéndose del ataque sorpresivo al usar su magia para aparecer o desaparecer en diferentes sitios del reino, o para levantar barricadas que a fin de cuentas pudieron ser derribadas con magia más poderosa que la suya. Hizo todo eso con la esperanza de conseguir un mejor pago y una mejor calidad de vida, añorando permanecer en el reino ya que tenía algo grande en mente, una idea que todos por aquí persiguen.
Una familia, real, ese era su más grande sueño cuando lo mantenían prisionero antes de ser enjuiciado, y al conocer su veredicto se resignó a no poder conseguirlo en un lugar lleno de malicia.
En los reportes bimestrales que debían rendir antes los guardias, sus antiguos compañeros de trabajo y aliados, cuando les importaba lo que ocurría en la Isla, tenía que reportar su estatus de vida, en qué laboraba y si tenía algún tipo de relación romántica con alguien. Por cinco años no hubo información tal, no tenía un empleo, alguna fuente de ingresos, diablos, ni siquiera tenía un sitio para dormir que no fuera en las calles.
A la mitad del quinto año, el día del último momento en el que a Auradon le importó lo que sucedía en la Isla, llenó el reporte que había cambiado todo: se encontraba casado desde hacía un mes atrás y estaban a la espera de un bebé. Su matrimonio con Cruella de Vil.
Escuchar esa parte de la vida de papá, una que sólo la historia y el pasado conocen me hace llegar a un par de conclusiones, siendo una la más importante ahora que la magia es parte de mí y puedo realizarla sin problemas. Puedo elegir, yo sí tengo una probabilidad mayor para poder elegir entre el camino que quiero seguir, a diferencia de ellos que tienen raíces completamente malvadas.
Soy malo y bueno, está en mis venas ser ambivalente. No soy como Mal, Evie, Jay o Freddie, otra vez vuelvo a ser el fenómeno diferente.
Evie despliega un par de fotos durante la explicación que se complementa con lo hallado por Evie y Doug, en un momento de distracción de todos tomo una de ellas y la oculto en mi bolsillo trasero, dándole una mirada a los grandes ojos marrones, la pequeña capa de pecas que cubría sus mejillas, el cabello rizado y la sonrisa que esbozaba a pesar de su apariencia excesivamente delgada.
—Propongo que Carlos sea entrenado en el uso de sus habilidades mágicas, tiene un par de amigas que pueden hacerlo —espeta Ben, frotándose los ojos como un niño pequeño que quiere tomar una siesta. Solía hacer eso cuando las sesiones de juegos con papá se tornaban más largas de lo usual, cuando cantábamos más tiempo y me enseñaba más pasos de baile.
Desearía volver el tiempo para poder conseguir más buenos recuerdos de él.
—Me parece una opción viable para todos los que estamos reunidos en esta habitación, pero sus enseñantes no pueden ser Mal o Freddie, las dos todavía deben ser llevadas al camino de la bondad, al igual que nuestra querida Evie aquí presente —ella sonríe al escuchar su nombre en esto, pero luego frunce el ceño al entender el menosprecio a las chicas por parte de Hada Madrina—. Yo me ofrezco como su enseñante, así los preparativos del Festival Azul pueden continuar sin demoras, y también, si es que lo desean de esa manera, puedo mantener algo de vigilancia sobre los chicos de la Isla.
Todo se vuelve a sumir en silencio, ahora no es uno de incomodidad, ahora las conversaciones se limitan a pequeños grupos para poder decidir cuál es la mejor forma de que el reino pueda adaptarse a nosotros.
Evie toma el libro y le da la mano a Doug, intercambian una sonrisa que casi hace que Doug empiece a flotar sobre el suelo. Evie separa su contacto para girar en mi dirección, estira los brazos y me apresuro para envolverla en un abrazo, suspirando en su cuello y hundiendo la nariz en su cabello.
—Eres la mejor, y no tenías que hacer algo como esto —nos aparto y sujeto sus antebrazos—. ¿Cómo supiste que te necesitaría? ¿Por qué indagaste sobre papá?
—Mal me dijo que los padres de Ben querían hablar contigo, me explicó muy poco sobre la magia que ahora posees, y quiero verla —guiña el ojo derecho—. También creí que te gustaría saber un poco sobre la vida de tu padre antes de ser enviado a la Isla, sólo porque a ti te tomó bastante para emprender la búsqueda.
—La escuela me mantuvo ocupado, irme también, y no creí que hubiera algún tipo de registro sobre él —estira los brazos, con el libro en sus manos—, y ahora parece que tendré algo que leer por las noches —miro a Doug sobre su hombro, que también me mira de regreso—, además de pensar en la manera en desarrollar ese programa para computadora.
—Ese es mi compañero de laboratorio —me dedica una sonrisa y levanta los pulgares de ambas manos.
Se acerca para darme unas palmadas en la espalda, luego Hada Madrina se aclara la garganta, recuperando nuestra atención.
—Todos están de acuerdo en que te enseñe a emplear tu magia para el mejor de los propósitos, no para lo que tus padres te han enseñado que debes hacer en el paso de los años.
—No somos como nuestros padres —digo al igual que Evie, sonriendo un poco por lo sincronizado de nuestras mentes.
—Me parece estupendo que pienses así, iniciaremos tan pronto como concluya el Festival Azul éste fin de semana —una más de la larga lista de festividades que se realizan en Auradon, una que se realizará en dos días, por la noche, y de la cual no tengo la menor idea de su origen. Luego preguntaré.
—Estoy de acuerdo con sus términos.
—Entonces es el fin de esta sesión —antes de que Aurora vuelva a traer el tema a la mesa Hada Madrina levanta una mano para interrumpirla—. Estaremos muy al tanto de lo que ocurra desde ahora, por el momento nos concentraremos en la celebración que está por venir.
Literalmente el tema de la conversación cambia completamente al festejo, y como nadie parece estar dándonos más importancia, aunque me gustaría hablar con Anita y Roger para disculparme por lo que hizo mamá en su contra, salimos de la sala de juicios.
Salimos en dirección a la cafetería, tomamos un par de postres y nos sentamos cerca de una ventana, donde me limito a comer lentamente la rebanada de pastel de chocolate que tomé mientras los escucho hablar de los próximos exámenes y su plan para ser la cita del otro para el Festival.
Surge la pregunta en mi cabeza cuando me miro las manos y veo esa luz grisácea intermitente en mis palmas: ¿y ahora qué?
N/A: sigan dándome ideas, las ocupo en la medida de lo posible para que el fic sea más de su agrado :)
