Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a KryPexel , yo solo la adapte.


Hola! aquí esta el Epílogo, El ultimo capitulo de esta historia. Espero que disfruten y bueno los dejo leyendo.


- A partir de hoy, te propongo un nuevo pacto.

Bienvenido al Pacto de Sangre

Epílogo: El cierre del pacto.

Un día de otoño como cualquier otro, después de dos años de exiliado, tomó un taxi (había vendido su elegante auto) y le indicó al chofer que lo dejara en el cementerio. Respiró hondo y trató de animarse. Iba a ser difícil, pero era algo que quería hacer y no iba a retroceder sólo porque el dolor así le pedía que hiciera. La brisa jugueteó con su oscuro cabello al salir del vehículo y el frío hizo que se cobijara con más ahínco en su bufanda verde petróleo. El clima se dedicó a hacer un buen conjunto con su estado de ánimo.

Caminó con pasos lentos por el sendero, que en el pasado apenas había recorrido una vez, pero cuya senda tenía grabada a la fuerza en su corazón. Le era imposible olvidar el día en que tuvo que caminarlo siguiendo la carroza fúnebre acompañado de su madre que había mudado su eterno rostro jovial por el de una mujer condenada por el dolor. De vez en cuando ocultaba su hermoso rostro entre sus manos enguantadas para que la tela absorbiera las gotas que su marido no habría de volver a beber nunca más.

- Un árbol de tronco grueso, girar a la derecha, seguir recto hasta la tumba de 3 jarrones y doblar a la izquierda. Seguir. –Murmuró siguiendo al pie de la letra sus propias instrucciones.

En sus brazos cobijaba un ramillete de flores que sostenía con la delicadeza de un padre. Ella era su humilde retribución a todo el afecto que había recibido en el poco tiempo que habían compartido en vida. Pronto sus pies detuvieron su marcha y se encontró de pie frente a la tumba que compartían su padre y hermano. Permaneció de pie con sus celestes fijos en los epitafios repasándolos. "Cuando sientes la ventisca acariciar tu rostro, soy yo quien te hace mimos. Cuando sientes caer la lluvia sobre ti, soy yo quien llora el no poder estar contigo"

Había más que decir, había más que llorar. El destino le había arrebatado a dos de las personas que más había amado en toda su vida y no había podido hacer nada al respecto. Su impotencia, nacida de tener que aceptar que no había podido cumplir con su juramento, lo hizo perder la calma más de alguna vez después del incidente y aún hoy lo malhumoraban de improviso. Ambas muertes habían creado una herida que lejos de cicatrizar parecía estar eternamente reciente, un desgarro que en su pecho había quedado permanente, desafiando el tiempo.

- Aún siento la rabia, la culpa. Debí haberte cuidado… Debí… Protegerte. Tal y como te lo había prometido.

- No tenías cómo evitarlo. Yo de milagro que no estoy muerto.

- ¿Edward?

El rubio se volteó con sorpresa al reconocer una voz que le resultó muy familiar. Su ex compañero de salón se encontraba detrás de él también con un ramo de flores entre las manos. Sonrió con nostalgia. No se habían visto desde el fin del año escolar, ya que él y su madre habían mudado poco después al país natal de ella, buscando de alguna forma escapar de la soberana tristeza que se había apoderado de ellos. Su madre no había sido capaz de soportar tantos recuerdos que le evocaban cada uno de los rincones de su propia casa así que decidió huir lejos para comenzar de nuevo. Gustoso, Jasper notó que Edward había cambiado mucho. Ahora tenía el aspecto de todo un universitario, había cambiado su delgada contextura por una espalda más amplia y firme, y también había pegado un leve estirón; ya no tenía que alzar tanto la cabeza para dirigirse a él, sin embargo en altura Jasper seguía siendo el rey. Eso lo comprobó después de que se dieran un fuerte abrazo fraterno. Después de eso, Edward colocó sus rosas blancas en la superficie de cemento y luego guardó sus manos dentro de los bolsillos de sus jeans. Se dirigió a su amigo animado:

- Recordé que hoy Ray cumplía años. Así que vine a dejarle un regalo con la esperanza de encontrarme contigo. Has cambiado mucho, te dejaste crecer el pelo y pareciera que estás más alto

- Curioso, pensaba lo mismo sobre ti.

Comenzaron a conversar amenamente como nunca lo habían hecho antes de la masacre de los maskes, con la calidez que sólo se encuentra en los amigos que después de tanto tiempo por fin se reencuentran, y esa avidez por saber qué había hecho el otro en todo el tiempo en que no se habían visto. Descubrieron que el hecho de no haberse acercado al otro antes, se debía tontos prejuicios infundados.

- Siempre te creí un autista, un desadaptado social. Como Pato.

- Yo te tenía por pesado, ególatra, creído, narcisista…

- Esta bien, ya entendí.

- Insensato, pedante, mal ciudadano…

- ¡Edward!

- Ah, lo siento… - Se disculpó avergonzado Edward por el arranque de sinceridad que inusualmente era capaz de liberar (era demasiado reservado con las demás personas que no eran sus amigos más cercanos). Así que para olvidar el incidente le indicó a Jasper que caminaran juntos hasta la salida.

-¿Cómo está tu mamá, Jasper?

- Bueno, ella al principio, al igual que a mí, le costó vivir sin Raúl… Lo amaba demasiado y a Ray lo consideraba como un hijo biológico. Pero estos dos años que estuvimos fuera le sirvieron para poder decantar mejor las cosas, además mis abuelos la cuidaron bastante bien. Está asumiéndolo tranquila. Yo estuve un año sin estudiar, pero ahora pienso ingresar a alguna universidad de aquí.

- Ya veo. Es decir que nos veremos más seguido de ahora en adelante.

- Puedes apostarlo… Y dime ¿Qué hay de Bella?

- Bueno… ella… me liberó del pacto. – Jasper exclamó un ¿Qué? Y Edward se apresuró a agregar, perdiendo su ánimo alegre. - No fue algo que yo haya podido evitar…

Era Nochebuena y Edward, en compañía de sus familiares más cercanos, disfrutaba de una agradable cena junto al pomposo árbol de navidad, las luces que colgaban de las ventanas y las guirnaldas que coloridas cruzaban el techo daban un aire cálido y festivo. Estaban cenando un caldo que había preparado su madre y sus tías cuando de pronto el vaivén de la llama de las velas se detuvo por completo. Las luces se congelaron en su juego de colores y las personas dejaron de moverse, quedando sus rostros detenidos en un semblante jubiloso y calmo.

- ¿Edward? –

La voz de Bella a sus espaldas provocó que él diera un brinco desde su asiento rápidamente y ansioso la recibió con un cálido abrazo. Era curioso cuando lo pensaba, al escucharla hablar se encendían en el las mismas reacciones que tenía cuando recién se conocieron, cuando la odiaba y deseaba que lo dejara en paz. Salvo que en ésta ocasión, en vez de rechazar su presencia, cada día se le hacía más y más agradable estar con ella. Al separarse, pudo reparar mejor en que Bella se había esmerado en presentarse elegante. Traía un sencillo vestido blanco de tiritas, sus cabellos siempre achocolatados estaban recogidos en una limpia cola. ¡Hasta se había maquillado! Sus finos labios lucían brillantes y sonrosados, como a la espera de que otros se posaran sobre ellos. Cualquiera diría que era otra persona.

- Me alegra tanto que vinieras. – Confesó él risueño.

- A mí también me da gusto verte.- Respondió ella brindándole una sonrisa.

- ¡Ah! Espera.

Le indicó que se quedara en su sitio sin moverse y se dirigió a toda prisa a su cuarto. Se agachó frente a su cama y levantó los pliegues de las sábanas. Sacó una cajita verde con un moño dorado y sonriendo se puso de pié para volver con el pequeño paquete escondido a sus espaldas. Al volver la encontró observando curiosa los adornos del árbol de pascua, como si hubiera sido la primera vez que veía un ángel de madera.

- Si te gusta puedes llevártelo.

- ¡No digas tonterías! Y dime ¿Qué fuiste a hacer?

Edward se limitó a ampliar su maliciosa sonrisa y una vez que llegó frente a ella, mostró lentamente lo que tenía oculto.

Bella no cabía en su asombro.

- Es… un regalo… ¿Para mí?

- Así es. Ábrelo.

Bella con sumo cuidado lo recibió. Parecía estar tomando una bomba a punto de detonar. Trató de deshacer el moño jalando uno de los costados de la cinta y con mucha delicadeza abrió la tapa. Edward se sintió pleno al ver sus ojos brillar de emoción.

- Es un collar… - Metió la mano y sacó una cadena de plata con un colgante de luna.

- Verás he estado ahorrando por estas semanas… aún me faltaba así que conseguí un trabajo de medio tiempo… pero creo que valió la pena. Al menos tu sonrisa lo valió.

A Bella jamás le habían dado algo tan especial y de inmediato trató de ponérselo. Edward la ayudó de inmediato y le cerró el broche por detrás. Cuando vio su obsequio colgando del delgado cuello de su dueña, supo que no pudo haber hecho mejor elección. Ella volvió a abrazarlo agradecida y se acercó lo más posible a su oído.

- Yo también te tengo un regalo de navidad, Edward.

- ¿En serio? No debiste…

- Mi regalo, es tu libertad…

La frase se esfumó en el aire y Edward no fue capaz de pronunciar palabra alguna. Estaba inmóvil sin poder entender a qué se refería la chica.

- Desde hoy el pacto queda nulo.- Dijo ella, solemne.

Él trató de decirle que se detuviera pero Bella ya había puesto la palma de su mano en el costado en donde la marca estaba alojada y un resplandor cegador los envolvió.

Cuando Edward recuperó la conciencia estaba sentado en el asiento que le correspondía en la gran mesa navideña y luego el tiempo congelado volvió a transcurrir con normalidad.

- …Ya veo… Con que eso sucedió.

- No he sabido más de ella…

- ¿Y qué hay de Rose…?

- Bueno, ella es muy feliz, aún es novia de Emmett, y éste estuvo unos meses en tratamiento para recuperar la movilidad de sus piernas. Y ahora se le puede ver haciendo una vida completamente normal.

- Me alegra… Es una pena, eso sí, que Bella haya desaparecido.

- Sí… inconscientemente cada vez que tomaba el metro la buscaba entre toda la gente… Nunca pude saber el por qué decidió abandonarme…

- Tranquilo. Tal vez algún día la volvamos a ver. ¿Te parece si vamos a tomar café? Espero que ese restaurant que frecuentaba siga en su lugar.

- Claro, pero tú invitas.

- Solo por hoy.

Los jóvenes llegaron hasta la salida y se adentraron en el estacionamiento buscando el vehículo de Jasper. A lo lejos, escondida por un pilar de concreto, una chica de cabello achocolatados y ojos almendrados los observó al pasar y en un acto mecánico se llevó la mano a el de luna que relucía sobre su blanquecina piel.

- Este es nuestro nuevo contrato. Trata de ser feliz, y yo te cuidaré en secreto.

FIN


Bueno aqui esta! se acabo. Que tal les pareció el final? Digamenlo en un Reviews!