-senpai – su voz salió temblorosa y se reprendió por ello con un golpe en la frente – lo siento, Kakashi – gritó desde el otro lado de la puerta, como respuesta recibió un "¿sí?" que, quizá su imaginación era demasiada, pero podía jurar que se escuchaba bastante divertido - ¿podrías pasarme la ropa que he dejado sobre la cama, por favor? –
No escuchó respuesta alguna, en lugar de ello escuchó unos pasos que se alejaban y después se acercaban, dio un respingo cuando escuchó que aquel hombre tocó la puerta, y entonces, antes de abrirla suspiró largamente, se colocó detrás de la puerta con el fin de no verle absolutamente nada a excepción de su mano y entonces la abrió.
Su sonrojo incrementó al punto de casi desmayarse cuando notó que su compañero le comenzaba a pasar sus prendas una por una – eres muy agradable – comentó entre molesta y nerviosa recibiendo por respuesta un "lo sé", al final le pasó aquel vestido que se había apresurado en comprar – gracias – soltó con un suspiro de derrota y cerró la puerta.
Comenzó a cambiarse con la idea de nunca salir de ahí, la verdad es que debía admitirlo, ese hombre la desarmaba por completo, la ponía nerviosa y también la hacía vulnerable, y eso era algo que la exasperaba, y de igual forma deseaba tanto estar con él, estar a su lado, tocar su cuerpo, y es que el solo hecho de verlo caminar la hipnotizaba y le provocaba cerrar las piernas, ella lo sabía, era muy poco probable que pudiera mantener su promesa, así que simplemente se resignó, si su cuerpo cedía a sus primitivos instintos, entonces dejaría que pasara lo que tuviera que pasar, ya después sería tiempo de ser desgraciada y despechada por las consecuencias, seguramente desastrosas que tendría aquello.
Estaba lista, físicamente lo estaba, porque emocionalmente para nada lo estaba, quizá nunca lo estaría, pero no podía quedarse dentro de ese baño para siempre, así que respiró profundamente y se dispuso a salir.
Justo cuando atravesó la puerta se quedó ahí de pie, pasmada, recargado en el marco de la puerta principal se encontraba él, y tal como él lo había mencionado, quitándose aquel chaleco su atuendo cambiaba por completo, sumado a ello el hecho de que no tenía puesta su máscara, en ese momento sintió que se derretía por completo, pero se contuvo, respiró y sonrió, si bien era apenas las nueve de la noche, faltaba mucho para aquel baile como para pasarse ese tiempo encerrados ahí y acabando con sus nervios.
- ¿te parece salir a despejarte un poco? – ella suspiró y asintió acercándose a la puerta.
Entonces él, con ambas manos dentro de sus bolsillos le ofreció su brazo derecho mientras la miraba con una media sonrisa en el rostro, y como si se tratara de una quinceañera enamorada, sonrió estúpidamente y sin pensárselo aceptó aquel brazo y enroscó alrededor de él ambas manos.
Comenzaron a caminar tranquilamente por aquel pueblecillo, que ciertamente, era mucho más pequeño que Konoha, la gente parecía estar demasiado alegre, todas las mujeres iban por la calle con vestidos largos y elegantes, ella, por su parte, se había conseguido un vestido negro sin mangas con cuello de tortuga que le llegaba hasta los tobillos, y tenía una abertura pronunciada en la pierna derecha, nada extravagante.
-ese vestido te sienta bien – mencionó sin voltear a verla, provocándole un gran sonrojo.
-gracias – respondió con un poco de timidez – tú te ves muy bien también –
- ¿lo crees? – preguntó divertido mientras la miraba insistentemente – pues muchas gracias –
Ella simplemente atinó a sonreír y estrujar, discretamente el bazo de su compañero.
Caminaron quizá una hora por toda aquella zona llena de gente y puestos tanto de comida como de juegos de disparo, puntería y demás, ella por su parte se dirigió directo a aquel puesto de bolitas de calamar, que obviamente, eran sus favoritas, muy distinto de su compañero a quien la comida frita no le agradaba casi nada.
Seguían caminando por aquellas calles empedradas cuando escucharon como la música producida por trompetas y tambores comenzaba a resonar a todo volumen en aquella pequeña plaza central.
-supongo que ha comenzado –
Ella asintió y se dirigieron a aquella zona, justo cuando se estaban aproximando se encontraron con el líder de la aldea – Kakashi-san – lo saludó con un apretón de manos – ahora mismo les asignarán una mesa, después los esperamos en las colinas que están por el arroyo, para que disfruten de los juegos artificiales –
-muchas gracias –
Escuchó un "permítame por favor" que provenía de uno de los guardias quien dirigió a Matsu a la mesa.
-qué alivio – exclamo más relajado aquel hombre moreno – por un momento creí haberme equivocado cuando les asigné aquella cabaña con solo una habitación – rio sonoramente mientras apoyaba las manos en su estómago – muy bien Kakashi-san – le dio una palmada en el hombro – muy bien – y sin decir más se alejó para continuar saludando a otros invitados.
Debía admitir que el comportamiento de aquel hombre le causaba un poco de incomodidad, y por supuesto, comprendió completamente todo lo que aquel hombre le había querido dar a entender, decidió pasarlo por alto y acercarse a aquella mesa en donde estaba aquella chica, quien sin perder el tiempo se encontraba con una copa en la mano.
- ¿gustas? – le sirvió una copa – es sabor a peras, o algo por el estilo – tomó otra botella que estaba sobre la mesa y se la acercó – también está este que tiene menos azúcar –
Suspiró quizá por ahora estaría del todo mal tomar una copa, era licor de peras, nada realmente fuerte.
Había pasado quizá una hora desde que aquella celebración había comenzado de forma oficial, por el momento solo había sonado música bastante estruendosa y alegre, y ahí estaba él, sentado con las piernas cruzadas con una copa en la mano mientras observaba como su compañera, que ya tenía más de un puñado de copas de aquel licor "inofensivo" encima, bailaba con uno de aquellos guardias que los habían escoltado hasta la cabaña horas antes.
Justo cuando la canción terminó, una agitada Matsu regresó a su lado con una sonrisa alegre en el rostro.
- ¿estas agotada? – preguntó el peliplata quien le dio el último trago a su copa, dejándola completamente vacía.
Ella sonrió con amplitud – para nada – hizo un ademán con la mano restándole importancia – la noche es joven – el hombre suspiró cuando esa frase le trajo el recuerdo de su amigo de vestimenta verde y sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos.
Una canción mucho más relajada y lenta comenzó a sonar, en ese momento él se puso de pie y sin pensárselo mucho tendió una mano a su compañera, el sonrojo de la chica fue instantáneo y lo miró incrédula.
- ¿no me vas a dejar con la mano extendida, o si? –
Y entonces ella reaccionó mientras tartamudeaba diciendo un "no" y extendió su mano temblorosa hasta tomar la que le ofrecía su compañero, ambos caminaron hasta aquella zona que funcionaba como "pista" de baile.
- ¿te vas a desmallar? – y ella sonrió resignada.
-probablemente – se colocaron uno frente al otro y en un movimiento que intentó no pensar demasiado, tomó las manos de él y las colocó en su cintura – en cualquier caso – suspiró – sostenme fuerte –
-cuenta con ello – respondió bastante relajado sin mover sus manos de aquel sitio, sintió como la chica subió sus manos hasta enroscarlas en su cuello y ambos se quedaron así, de pie en aquel lugar observándose.
- ¿así es como sueles realizar tus conquistas? – preguntó haciendo un puchero mientras desviaba la mirada.
-umm – el mayor miro al cielo mientras ladeaba la boca, pensativo – algunas veces – admitió – aunque en esos casos nunca necesité una gota de alcohol para animarme a hacerlo –
Suspiró en respuesta para después susurrar un "tonto".
Estaba completamente nerviosa, incluso sentía que se le dificultaba moverse, si hace un momento había comenzado a sentirse mareada por el alcohol, eso había pasado a la historia, sentía su rostro completamente caliente, su corazón parecía zumbar y su pecho, presionado por el de su compañero, subía y bajaba con demasiada intensidad.
Sintió la mirada insistente de su superior y con algo de temor, lo miró a los ojos.
Entonces él tomo un mechón de aquel cabello negro y lo puso detrás de su oreja, colocó una mano en la nuca de la chica y la acercó a su rostro, besándola, por segunda vez en toda su vida, la calidez de aquella chica le invadió por completo, escuchó como ella respiró profundamente y después sintió la mano de ella justo en su barbilla.
-no – susurró, negó con la cabeza y mordió su labio inferior con la mirada en el suelo – no puedo, lo siento –
Deslizó su mano por el pecho de su compañero y dio un par de pasos, cuando sintió como él la tomó de la muñeca - ¿te vas? –
-necesito pensar – respondió sin voltear a verlo – necesito pensar antes de hacer algo estúpido –
- ¿algo estúpido como lo que acaba de pasar? – y entonces ella se giró a verlo mientras él le dedicaba una mirada implacable.
Negó con la amenaza de llanto en sus ojos – no lo sé – admitió al final, entonces sintió como aquel agarre se aflojó y decidió avanzar mientras aquellos ojos serios la seguían.
Llegó a aquella cabaña a paso veloz y entró directo al baño cerrando la puerta tras de sí, suspiró largamente y lavó su rostro con abundante agua fría intentando que las ideas se le despejaran.
Estaba asustada, y estaba encantada, ¿Qué se supone que debía hacer, dejarse llevar por aquellos arrebatos de locura que solían aflorar siempre que estaba cerca de él? Seguro podría hacerlo, pero, ¿Qué pasaría después de eso? Tal vez podría vivir con eso, ceder una vez ante sus deseos y después continuar con su vida, pues no lo sabía, no sabía si aquel sentimiento se iría con eso, su cuerpo reaccionaba cada vez que lo tenía cerca como si se tratara de una pastilla efervescente, al punto de hacerse incontrolable e incontenible, no lo podía evitar, tendría que vivir con las consecuencias que ello implicaba, ceder a sus impulsos y luego fingir que no ha pasado nada. Suspiró y salió del baño.
Justo cuando abrió la puerta lo vio ahí, de pie, recargado en la puerta principal con ambas manos dentro de los bolsillos mirándola con demasiada seriedad, su primera reacción fue suspirar y retroceder, su espalda chocó contra la puerta del baño, y sin saber de qué otra manera reaccionar se quedó pasmada y agitada.
- ¿ya pensaste las cosas? –
