XII
En el lugar y momento correctos
Harry anduvo con una sonrisa idiota en el rostro por el resto del día. Era demasiado obvio, tanto como para Kingsley como para Nordieth, que esa actitud se debía al reencuentro con Lily. A la hora de almuerzo le dijo que "sí" a todos, incluso a Neville que lo había invitado a tomarse una cerveza a las Tres Escobas.
—¡Lo estás haciendo de nuevo, Harry! —le recriminó Kingsley en el despacho cuando se enteró de dicha invitación.
—No me parece malo ir con Neville a tomarme una cerveza. Es un buen método para averiguar más de Lily.
—¡Pero te estás acercando demasiado! No llevas ni una semana aquí y ya un profesor sabe la verdad, ¿qué acaso quieres que todos lo sepan?
Harry lo miró sopesando la posibilidad, Kingsley lanzó un gritó exasperado.
—¿Qué? Sabes que no es una mala idea, Neville siempre confió en mí.
—Tú lo has dicho, confió. —Kingsley se dejó caer en su asiento después de revolotear y dar vueltas por el despacho. Harry se sintió intimidado, era como si fuera un alumno al que regañaban por cometer una maldad. —Harry, —continuó el director— sé que quieres acercarte a tu hija, pero debes tomar ciertas distancias. Si esto te toma más de un año, entonces deja que eso pase. No quieras conseguir todo de inmediato.
—Pero Kingsley…
—Tuviste suerte de que Nordieth fuera la que te descubriera. Como elfa tiene por obligación cumplir sus promesas si nadie la delata primero. No te voy a pedir que me digas qué le prometiste a cambio, no arriesgaré tu libertad, pero ¡debes tener precaución hombre!
—No es mi culpa que ella sea una real arpía con los alumnos. Yo simplemente les enseñé lo básico.
—¿Expelliarmus? —se mofó Kingsley con una risita que no escondía su enojo— Harry, ¿eres idiota, acaso? ¡Es tu marca personal! No lo uses, no te atrevas siquiera a pensar en ese hechizo.
—Pero es para defen…
—¡Sé para lo qué es! Pero usa otro, no sé, ¡piensa un poco más! Pero no te arriesgues con algo tan básico como un Expelliarmus.
—¿Me estás jodiendo, verdad?
—Harry… aquí no sólo está en juego tu libertad, sino que también la mía y la de Draco, los dos somos cómplices de tu escape. Si se llega a saber que has salido de Azkaban no faltará mucho para que se descubra cómo. ¿Y quienes saben cómo te escapaste?
Kingsley abrió los brazos como si presentara algo en una bandeja, señalándose a sí mismo. Harry frunció los labios y se levantó molesto de la butaca.
—Siento que te preocupa más tu propia integridad que la mía, ¡claro! Tú no tienes mucho qué hacer, más allá de defender tu nombre. Pero yo debo volver a recuperar la confianza de todo el mundo. Tengo mucho más qué perder que tú y Malfoy.
—No me vengas a amedrentar, Harry. Sabes que tengo razón.
Harry entrecerró los ojos y se pasó la mano por la cabeza, tenía demasiadas ideas, y todas quería hacerlas. Ahora que sabía cómo era Lily quería hacer todo lo posible para poder ganarse su afecto.
—Iré con Neville a tomarme esa cerveza. —dijo levantándose, Kingsley entrecerró los ojos— Era mi amigo, y no creo que a John le haga mal tenerlo también como compañero.
—Harry, espera, tú no…
—Tengo clases ahora Kingsley, hablamos en la noche. —Se colocó su sombrero de hongo, y abrió la puerta, Kingsley se levantó abruptamente.
—¡Espera! ¡No he terminado contigo!
Y sin voltearse a verlo, Harry salió elegantemente del despacho cerrando la puerta tras él.
Últimamente no toleraba que todos los ojos que sabían su secreto estuvieran sobre él. Sabía que estaba arriesgando mucho, pero haber conocido al fin a su hija lo mantenía con la esperanza de que al fin todo estuviera saliendo bien.
Bajó un par de escaleras saludando cordialmente a todos los alumnos que se cruzaban en su camino. Estaba dichoso, pero no sólo por lo de Lily, si no, porque los alumnos ya no lo veían como un bicho raro, todos se volteaban a saludarlo con una sonrisa entusiasta en la cara.
—Señor, ¿el lunes iremos a terreno? —preguntó el chico de Ravenclaw al que le había dado clases el primer día, Harry le sonrió.
—¡Claro!, así que preparen sus capas que vamos a ir al bosque.
Los gritos de entusiasmo se propagaron en el grupo de alumnos que rodeaban al muchacho, incluso algunos cuchicheos llegaron a sus oídos sobre Nordieth:
—¡Ella nunca nos había sacado del colegio antes!
—¿No creen que es mejor que ella?
—¡Es genial!
—¡Y guapo!
Harry se sonrojó y sonrió divertido mientras seguía caminando, no obstante esa sonrisa se desvaneció cuando se encontró justo frente a él a Nordieth.
—Supongo que le divierte oír esos comentarios, ¿no, profesor?
Harry tragó saliva, y su espalda se congeló. Era inevitable no temer ante las posibles metidas de pata. ¿Le enojaría tanto a Nordieth que los alumnos lo prefirieran sobre ella a tal punto de delatarlo? Las probabilidades eran grandes, y recién ahora se venía a dar cuenta del error que había cometido el muchacho segundos atrás.
—Sabes que no es así. —admitió con total sinceridad. Nunca le gustó la competencia ni estar por encima de nadie, y si su libertad estaba amenazada era mejor convencerla de que así era.
Nordieth achicó los ojos y caminó en dirección contraria a la de él pasando por su lado, deteniéndose cerca de su cabeza.
—No juegues conmigo Potter, mi reputación se está viendo bastante afectada por tu culpa. Déjame la pedagogía a mí, y tú encárgate de los tecnicismos, si es que aún quieres quedarte en el castillo.
—¿Es una amenaza?
—Yo no amenazo, advierto.
Y antes de que Harry pudiera contestarle, la mujer se alejó con elegancia por el pasillo. Achicó los ojos cuando ni siquiera se preocupó por contestarle a una chica que la había saludado entusiasta.
—Vieja arpía—gruñó. Creyó que nada le empañaría su día, pero la dicha de la mañana se había desvanecido como el humo cuando Nordieth se cruzó en su camino. Su identidad al interior de castillo se hallaba amenazada y eso no debía olvidarlo. La advertencia de Nordieth era clara: No podría vivir en paz, si no dejaba de hacer lo correcto.
Enojado, caminó a través del pasillo pensando en alguna solución que lo sacara del lío con aquella mujer. No estaba dispuesto a perder la oportunidad de acercarse a sus hijos, pero tampoco a que lo tuviera como un títere con quien hacer y deshacer cuando quisiese.
Se detuvo un rato a mirar por los ventanales las copas de los árboles que se vislumbraban a lo lejos, el color anaranjado anunciaba que el otoño se acercaba y que pronto comenzaría el frío invernal. Se abrazó a sí mismo al recibir una brisa fresca y recordó súbitamente a los Dementores. Tembló y cerró los ojos con fuerza al recordar el aspecto infernal y el olor a putrefacción que despedían sus cuerpos, y sobretodo cuando la imagen de Arthur mutilado se dirigía hacia él como alma en pena.
—¿Estás bien?
Harry se sobresaltó. Neville estaba a su lado con una mirada preocupada y el ceño fruncido.
—Sí, sólo que hace muchos años que no estaba en Inglaterra. Ya ni recordaba los paisajes. —contestó suspirando.
—¿Hace cuanto que no venías?
—Lo suficiente como para olvidar lo que es el aire fresco. —De inmediato calló, Neville arqueó una ceja.
—Lo dices como si hubieses pasado encerrado mucho tiempo. ¿Tenías mucho trabajo?
—Sí, ¡no sabes cuánto! —corrigió con rapidez, Nordieth y Kingsley tenían razón: era demasiado fácil delatarse.
—¡Ya sabía yo que exagerabas con eso del aire fresco! Si Escocia es uno de los lugares más hermosos que he visitado.
—Sí…—tosió— ¿A qué hora quieres ir a tomarte la cerveza?
—Oh, sí, eso te iba a decir, Hagrid vendrá con nosotros, ya sabes, el profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas. ¿No te molesta, cierto?
El corazón de Harry se apretó, su cabeza se llenó de vivos recuerdos repletos de aventuras con el viejo guardabosques.
—¡No, claro que no! Será divertido.
—¡Excelente! Nos vemos al atardecer. Ahora tengo que ir a darle clase a ese par de revoltosos de Griffindor.
Harry rió y Neville lo secundó.
—Nos vemos. —se despidió. Neville se alejó con un movimiento de cabeza, y cuando lo vio desaparecer al final del corredor soltó todo el aire que había aguantado en los pulmones producto de los nervios. Jamás había tenido tanto miedo de ser descubierto como hasta ese momento. Creyó que fingir ser otro iba a ser fácil, pero ciertamente no era así.
Era la primera vez en esa semana que daba una clase aburrida a los de segundo de Hufflepuff y Slytherin. Sólo les dio a leer un capítulo completo de los Duendecillos de Cornualles y les enseñó un simple hechizo de escudo.
Muchos salieron decepcionados del salón. Después de haber escuchado durante la semana maravillas del profesor Whitemore, ahora se daban cuenta de que tal vez no era tan maravilloso. Por supuesto no faltaron los comentarios de favoritismo hacia Nordieth. Era una lástima que no anduviera cerca para oírlos.
Salió derrotado de la clase, con la sensación de que en cualquier momento le caería una bomba encima y todo se acabaría. La alegría de la mañana se había esfumado, todo por la culpa de Nordieth, temía que ya todos supieran su secreto, pero por suerte aún había alumnos que lo saludaban entusiastas y otros que simplemente lo miraban curiosos. Aún no aparecía nadie que lo apuntara con el dedo gritando que era Harry Potter.
—Parece que aún mantiene su promesa. —reconoció mirando hacia todos lados.
Fue tranquilamente hacia su habitación detrás de la armadura, aunque sin dejar de observar a través del rabillo del ojo si alguien lo estaba mirando de manera sospechosa.
Cuando al fin entró se lanzó sobre su cama con absoluta derrota. A penas había acabado la primera semana y ya no quería más guerra.
—Te ves fatigado amigo mío. —lo saludó Dumbledore con su característico sarcasmo. — ¿Acaso no tuviste suerte con Lily?
—Con Lily salió todo estupendo, ¡incluso dijo que me encontraba especial! —dijo levantándose, se sentó en el borde de la cama y observó al viejo director que estaba leyendo un libro sentado en su butaca. El hombre levantó los ojos con curiosidad y arqueó una ceja.
—¿De verdad? ¿Entonces por qué estás tan tenso?
—Nordieth me está sacando de quicio— dijo poniéndose de pie y moviéndose de un lado a otro como gato encerrado, Dumbledore simplemente lo miró con curiosidad. —Me tiene amenazado, no puedo hacer bien mi trabajo, y tampoco puedo interceder en lo que los alumnos piensan de mí. Todos susurran cosas positivas hacia John Whitemore, pero nadie habla de Nordieth. ¿Cómo se supone que voy a mantener mi secreto si depende de que ellos dejen hablar bien de mí?
—Pídeles que dejen de hacerlo. —le dijo resueltamente, Harry lo miró.— Si los alumnos te estiman como me has dado a entender que lo hacen, entonces pídeles que para no perder tu empleo dejen de hablar de ti en los pasillos.
—¿No será demasiado extraño? Además, es una razón estúpida. Perder mi empleo porque ellos hablen bien de mí puede ser la clave para que descubran quién soy. No faltará mucho para que alguien comience a averiguar de dónde vengo.
—¿Lo dices por experiencia propia? —sonrió Dumbledore—Hasta el momento no he vuelto a escuchar sobre otro Harry Potter, Ronald Weasley o Hermione Granger que metan sus narices donde no deben.
Harry se sonrojó.
—¡Da igual! ¡No les puedo pedir eso a los alumnos! Es demasiado obvio. Van a comenzar a sospechar. Nunca faltan los alumnos suspicaces. —repentinamente se calló, y miró a Dumbledore fijamente, como si acabara de ocurrírsele algo— ¡Eso es!
—¿Qué cosa?
—¡Si Lily es como yo cuando joven entonces tendrá que descubrirme!
Por primera vez en ese rato el viejo profesor lo miró impresionado. Harry estaba comenzando a trazar un plan en su cabeza.
—Harry, no te arriesgues. Que Lily te encuentre simpático no es razón para arriesgar tu identidad de esa manera.
—No es arriesgar. Quiero ganarme su afecto tanto como para que me considere mejor padre que Valmorian. —dijo entusiasmado— Quiero que vea a John Whitemore como un padre, si lo consigo, poco a poco irá descubriendo quién soy.
—No es una mala idea—admitió el anciano—, pero ¿has pensado cómo lograrás que no se espante cuando descubra que eres su padre? Recuerda que ella ha oído historias, y hasta el día de hoy te considera peligroso. No va a ser muy fiable para ella darse cuenta que la han engañado con un disfraz, por muy buena persona que sea John Whitemore.
Repentinamente el plan de Harry se vino abajo con una montaña de naipes. Su corazón entusiasta repentinamente se detuvo, y comenzó a volver a sentir aquella presión debido al miedo de ser rechazado por sus hijos.
—Gracias…—masculló molesto— Me has recordado que Lily me odia.
Dumbledore sonrió paternal.
—No te odia, pero debes recordar los detalles. Sigues siendo tan impulsivo como cuando joven, amigo mío. —repuso el anciano con la misma sonrisa— Debes recordar que Lily ha crecido en un medio familiar hostil, donde todas las opiniones hacia ti son negativas. Nunca ha escuchado nada positivo de su padre.
—Espero que te equivoques. —dijo Harry con tristeza, Dumbledore asintió con la cabeza lentamente.
—Yo también. —Harry lo miró— Creo que deberías prepararte para la salida con Neville y Hagrid, estarán felices de tener a alguien más con quién conversar.
—¿Alguien más?
—¡Hasta luego, Harry!
—¡Albus, espe…!
Harry volvió a quedarse sólo en la habitación a penas el viejo profesor salió del cuadro por el costado del marco, dejando atrás su libro abierto y con la portada hacia arriba. No tardó en preguntarse cómo los retratos podían obtener esos objetos si no estaban en el interior de la pintura. Pero eso lo averiguaría más tarde. Ahora, debía alistarse para la primera noche de juerga después de diecisiete años.
Fue bastante complicado disimular que no conocía a Hagrid o a Neville en esa reunión tan íntima. Se reían de anécdotas del pasado que él conocía muy bien, pero que debía fingir que no sabía. Aunque de repente se le escapaban algunas carcajadas demasiado familiares y debía interrumpirlas mintiendo con que algo similar le había sucedido.
—¡Es en serio John! Malfoy se puso a llorar como una nena y el pobre de Buckbeak no le había hecho ni medio rasguño.
—Ni me lo recuerdes —gruñó el guardabosques mirando por la ventana con el ceño fruncido— ese idiota miserable por poco le cuesta la vida. Por suerte el bueno de Sirius Black lo salvó. Aunque siempre me he preguntado si la presencia de Buck le habrá traído desgracias a quienes lo conocieron.
Harry había ensombrecido su semblante al recordar a Sirius, y que tanto su padrino cómo él habían sido condenados injustamente. Probablemente, de estar vivo, Sirius lo habría ayudado a salir de Azkaban y a limpiar su nombre, pero bien sabía que no sacaba nada con pensar en aquellos detalles cuando ya todo estaba hecho.
—Parece que no perdían el tiempo. ¡Lo pasaban muy bien en el colegio!
—Bueno, no era un nido de rosas, pero con los buenos amigos siempre se pasa bien. —dijo Neville levantando sus hombros, Harry aún no se acostumbraba a verlo con esa calva redonda y el bigote bien alargado.
—Sí, es cierto…—dijo recordando a Ron y a Hermione y sus grandes aventuras.
—Oh, no…—gruñó Hagrid repentinamente.
—No puede ser…—lo imitó Neville— ¡Es viernes! ¿Por qué tenían que venir hoy?
Curioso, Harry se dio vuelta y notó que acababan de entrar una mujer muy elegante acompañada de dos hombres: uno con barba blanca muy gruesa y cabello largo amarrado en una cola, y otro demasiado bien vestido como para estar en una taberna, con la barba muy bien peinada dibujada alrededor de su mandíbula, y un fino bigote.
—¿Quiénes son? —quiso saber girándose y hablando muy bajo. Sacó por sus propias conclusiones que no eran bienvenidos en aquel lugar, ya que todos los que visitaban la taberna los miraban recelosos.
—Es el ministro con su esposa y su asistente. —murmuró Neville intentando disimular bebiendo un trago de cerveza de mantequilla. —Normalmente aparecen los sábados, y nadie viene. Pero hoy al parecer cambiaron de idea.
Harry volvió a girarse fingiendo que miraba a la camarera, incluso le coqueteó para ver mejor la barra.
Al principio le costó reconocerlos, pero luego recordó la cara de Henoc Gullier, el ministro actual de magia, el que lo juzgó cuando fue condenado. La sangre repentinamente se le enfrió. Estaba ahí, a pocos metros de él. Debía calcular bien cada movimiento, no se podía poner nervioso. ¡No podía delatarse!
—¿Qué vinieron a hacer aquí? —gruñó Hagrid apretando los puños sobre la mesa, Harry lo miró curioso.
—¿Por qué no son bienvenidos? —quiso saber.
—Son unos malditos, se creen que por tener poder pueden hacer y deshacer con quién y cómo quieran. —dijo Neville, Harry jamás lo había visto tan enojado.
—¿Qué hicieron?—preguntó, necesitaba sacar toda la información posible. Pero entonces a Hagrid se le aguaron los ojos. —¿Dije algo malo?
Un sonoro rugido salió de la nariz del semigigante cuando éste se sonó. Toda la gente que estaba alrededor lo miró, incluso el ministro con sus dos invitados, pero luego volvieron a interesarse en sus asuntos.
—Ese maldito de Gullier mandó a prisión a mi buen Harry —susurró Hagrid derramando gruesas lágrimas dentro de su barril de cerveza. A Harry se le apretó el corazón.
—¿Harry? —preguntó lentamente.
—Harry Potter—susurró Neville, y luego suspiró—. Ese mal parido de Gullier fue el que envió a Harry a prisión sin haberse podido defender. Nunca nos dejaron visitarlo. Aún no entiendo por qué. La familia no quiso que nadie lo visitara, estaban enfadados, claro, confesó un crimen, pero yo sigo creyendo en su inocencia. —el corazón de Harry comenzó a acelerarse a la vez que un montón de emociones de gratitud hacia Neville batallaban por salir y expresarse en un grito que revelara toda la verdad, pero debía abstenerse. —Ni siquiera a la pobre de Hermione dejaron que lo visitara.
—¿Hermione? —aunque fue más una exclamación que una pregunta, ninguno de sus dos interlocutores notó el tono de entusiasmo en su voz.
—La mejor amiga de Harry, y su concuñada. —explicó Neville— Una vez quiso escaparse para ir a dejarle una tarta, pero la descubrieron y desde entonces hechizaron el sector dos kilómetros a la redonda para que no pudiera salir de la casa. ¡Estuvo a punto de divorciarse!
—¡No! —exclamó Harry asombrado. Que Hermione quisiera separarse de Ron ya era demasiado para el camino que la historia estaba tomando.
—¡No exageres Neville! —le reprochó Hagrid—Hermione adora a Ron, lo que pasa es que la familia completa quería protegerse. Ron estaba destrozado, sólo quería proteger a su mujer y sus hijos de una persona que había sido condenada por asesinato, y que más aún, era su mejor amigo.
—¡Pero era Harry! —lo defendió Neville, y las ganas de Harry por gritar y pararse sobre la mesa se hicieron más grandes.
—Sí, amigo mío, lo sé. Pero hasta el día de hoy siguen creyendo que Harry mató a Arthur, y para la familia que lo acogió, no fue fácil aceptar algo tan horrible como aquello.
—Suena terrible…—dijo Harry con la garganta apretada, Neville y Hagrid levantaron los hombros.
—Lo es, por eso odiamos tanto a Gullier, y bueno, a Valmorian, ¿quién no?
De inmediato a Harry se le erizó la piel, sintió que cada fibra de su ser se incendiaba y se cargaba de un odio incontenible. Las ganas de matar a alguien estaban floreciendo en todo su cuerpo y era inevitable. Con lentitud se giró y observó al tercer acompañante, al hombre de barba pulcra y chaqueta de satín.
Sabía que había sentido algo extraño al momento de verlo porque súbitamente en su cuerpo se descargó un torrente de electricidad que podría haber quemado a todos en el lugar, pero sólo llegó a Valmorian, a quien le estalló la copa de vino en sus propias manos mojándole la cara.
—¡Pero, qué demonios!
Los magos que estaban a su lado y la mujer de Gullier, se alejaron de inmediato a penas el vidrio estalló. La camarera, con la cual Harry había fingido coquetear para mirar a la barra, estaba ahora limpiando el mesón y disculpándose por cualquier imprevisto. Sin embargo, a pesar del aturdimiento por el incidente, Valmorian limpió los restos con la varita y luego rió:
—¡No te preocupes querida! Normalmente no mido mi fuerza y tiendo a romper las cosas. —bromeó, y muchos alrededor soltaron una carcajada.
—¿Vieron eso? —se entusiasmó Neville con la voz cargada de burla.
—Podrían habérsele incrustado los vidrios en la cara. —gruñó Hagrid terminando de beberse su barril.
Harry se giró nuevamente y observó a sus acompañantes con la mirada cargada de culpa.
—Creo… creo que es hora de que me vaya. —anunció levantándose lentamente, pero Neville lo detuvo.
—¿Qué? ¡No puedes irte, la noche recién empieza! ¡Y no tienes clases mañana! —agregó con rapidez al ver que Harry iba a abrir la boca. El aludido volvió a sentarse e intentó concentrarse en Lily, con la intención de olvidarse de Valmorian, pero no le estaba dando resultados. Pensar a su hija le recordaba a Ginny. La imagen de aquel hombre besando a su mujer lo pilló desprevenido y no pudo más que apretar los puños aguantándose las ganas de levantarse y de golpearlo en la cara hasta matarlo.
—¿Te sientes bien John? —le preguntó Hagrid preocupado.
—Sí, perfecto, ¿por qué lo preguntan?
—Pues…—Neville y Hagrid se miraron. El semigigante entonces sacó de debajo de su enorme abrigo un pedazo de vidrio roto que parecía haber sido pulido por los costados. Neville lo tomó y lo colocó frente a Harry. Lo que vio le impactó.
Era un pequeño espejo que reflejaba la cara de John Whitemore totalmente enajenado y rabioso. Sus ojos destellaban con un odio que jamás había visto en una persona, además de Voldemort, y su boca estaba tan tensa que recién se daba cuenta de porqué le dolía tanto la mandíbula.
—Yo…—agitó la cabeza y se acomodó los anteojos que se le habían resbalado por la nariz.
—Te entendemos, ¿también tienes algún problema con el ministro, no? —le preguntó Neville, Harry abrió y cerró la boca sin saber qué contestar.
—No lo conozco… pero después de o que me han contado no puedo más que hacerme una mala idea de él. Después de todo, Harry Potter nos salvó la vida. —argumentó sin pensar muy bien en la coherencia de su respuesta. Neville y Hagrid sonrieron complacidos, casi con ternura, pero de inmediato esa expresión cambió cuando Harry sintió una sombra que le cubrió la cabeza.
—¿Hablan de Harry Potter? —la voz gruesa, elegante, pero con ese horrible siseo que Harry tanto recordaba, le heló la espina dorsal. Se giró con lentitud y levantó la cabeza para encontrarse nada más y nada menos que con el mismísimo Athos Valmorian.
Podía actuar impulsivamente y matarlo ahí mismo, porque ganas le sobraban, pero por alguna razón algo en su interior le hizo mantener la cordura. Miró al sujeto que sonreía burlonamente mientras sus dos compañeros sólo lo observaban con el odio más puro reflejado en sus ojos. —¿Cómo estás Neville?
—Estaba bien hasta que llegaste, Athos.
El hombre simplemente sonrió divertido, tomándose aquel siseo cargado de odio de Neville como una broma personal.
—¡Siempre me haces reír! —Exclamó soltando una carcajada falsa y demasiado preparada para gusto de Harry. —¿Puedo?
Valmorian señaló el asiento al lado de Harry y éste por supuesto no pudo hacer más que dejarle espacio. Mientras se acomodaba su chaqueta y se sentaba en la butaca, Harry aprovechó de recordar y distinguir cada detalle de ese rostro, preguntándose qué le habría hecho él, para haber recibido tal castigo de su parte.
El hombre tenía una elegancia moderna, una sonrisa cautivadora, y una voz simpática y amigable. Probablemente aquella era la razón por la cual sus dos amigos lo miraban con recelo, además de no gustarles la idea de que compartieran la misma mesa.
—No es que quiera ser descortés —comenzó Neville— pero nosotros ya nos íbamos.
—¡Pero si ni siquiera nos han presentado! ¡Además, es viernes! ¡Y la noche es joven!
Harry rodó los ojos y de inmediato dibujó su mejor y más amigable sonrisa en cuanto Valmorian le ofreció su mano.
—Athos Valmorian, asistente personal del ministro, es un gusto.
—John Whitemore. —dijo Harry apretando la mano con fuerza desmedida, Athos abrió mucho los ojos.
—¡Vaya! Sabía que los escoceses eran de manos fuertes, pero esto es demasiado. —bromeó, y luego soltó una carcajada a penas Harry le soltó la mano. —Creo que no he tenido el placer de conocerlo antes. Su rostro me es familiar.
Harry tragó saliva con fuerza e intentó dibujar su mejor sonrisa.
—Soy el nuevo profesor de Defensas. —dijo intentando sonar modesto, Athos achicó los ojos.
—¿Y qué pasó con la elfa?
—Sigue trabajando en el colegio, y se llama Nordieth Cardinni, por si no lo recuerda. —interrumpió Hagrid con disgusto.
—Sí, sí… eso. —dijo con desden sin prestarle importancia a Hagrid— ¿En qué trabaja ahora? ¿Las cocinas?
Harry frunció el ceño en cuanto éste lanzó una sonora carcajada que no fue compartida por nadie. Ahora comprendía por qué el odio del resto de los presentes hacia él. Era un racista, probablemente un partidario de la pureza de la sangre. Hagrid tenía razón para mirarlo como lo hacía.
—Es una gran profesora, y no, no trabaja en las cocinas. —la defendió Harry, — Ambos impartimos la clase. Ella fue muy amable de cederme un par de cursos.
Valmorian hizo un gesto con la boca y levantó los hombros.
—Veamos cuánto le dura con un profesor de verdad dándole la competencia. —dijo sin mirarlo mientras le pedía a la mesera que le llevara otra copa de vino. Luego volteó a sonreírle.
—Ella es una gran profesora Athos, y los alumnos que estudian bajo su tutela son los mejores del rubro.
Al parecer Valmorian le vio razón a su argumento, por lo que repentinamente y sin siquiera tomarlo en cuenta cambió rápidamente el tema.
—Oí que hablaban de Harry Potter. —dijo con seriedad, pero siempre manteniendo una sonrisa petulante. Harry achicó los ojos, fijándose en cada detalle y expresión tanto de Athos como de Hagrid y Neville.
—No es nada que te incumba. —le reprochó Neville.
—¡Oh! Yo creo que sí. ¿Acaso no saben que está demente?
Harry de inmediato levantó la oreja poniendo mucha atención. Hagrid estaba enfadado.
—¿Cómo no va a estar demente si lo tienen encerrado en esa maldita prisión hace diecisiete años sin poder ver a nadie? —gruñó golpeando la mesa. Athos se inclinó hacia atrás con elegancia antes de que los restos de cerveza lo mancharan.
—Es lo que merecen criminales cómo él.
—¡Harry no es un criminal! —Lo defendió Neville con los dientes apretados sin levantar la voz.
—Eso no lo es lo que dice su prontuario. En fin —agregó con rapidez—, dudo que le vuelva a hacer daño a alguien después del estado en el que se encuentra.
—¿Qué le hicieron? —Rugió Hagrid, Valmorian sonrió siniestramente y a Harry se le heló la espalda.
—Los guardias creen que lo besó un dementor. Está inerte en vida. Choca con las paredes, gime, no habla, sus ojos no brillan. Es un cuerpo carente de alma. Está así hace un par de semanas.
—¡Malditos bastardos! —Bramó Hagrid levantándose de la mesa, Neville estaba choqueado. —¡¿Qué le hicieron?
Valmorian se levantó del asiento alejando las manos de la mesa antes de que todo lo derramado lo ensuciara. Todos los clientes de Las Tres Escobas observaban el espectáculo, inclusive Gullier y su esposa.
—Hay, mis amigos, no se pongan así. —dijo con fingida ternura, como si un padre le explicara a sus hijos la razón de su mascota muerta — Piensen que se liberaron de un criminal peligroso. Su cuerpo va a ser quemado muy pronto. Si no hay alma, no hay sufrimiento. Hay que eliminar al Inferí que habita en esa celda antes de que dejé todo podrido.
—¡Maldito hijo de p…!
—¡Ya basta, Hagrid! —dijo Neville interponiéndose ante él con la voz quebrada y los ojos llenos de lágrimas. —¡No vale la pena!
—¡Así es, mi buen Neville! —Sonrió Athos colocándole una mano en el hombro, pero Neville se la quitó con un rudo movimiento.
—¿Estarás satisfecho, no? —le soltó, y a Harry le dio la sensación de que lo había dicho sin pensar.
—No sé de qué me hablas. —le contestó con una elegancia absurda moviendo su mano en círculos.
—¿Eso querías no? Hace años que esperas a que Ginny quede viuda para casarte con ella.
Al escuchar aquello el corazón de Harry se detuvo, ahora era cuando debía poner atención.
—¡Eres muy gracioso! ¿Sabías? —dijo con una sonrisa muy apretada, pero aún manteniendo su elegancia. A Harry le impresionó cómo mantenía la compostura cuando probablemente quería hechizar a Neville y mandarlo al otro extremo de la taberna.
—Ella siempre le fue fiel a Harry incluso estando en la cárcel, y aún sabiendo que era culpable respetó los votos. Sabías que estando él fuera del camino, al fin se casaría contigo ¿no?
Entonces, finalmente vio tras los ojos oscuros de Valmorian el odio que profesaba hacia Neville, Hagrid, y él mismo. Pero lo ocultaba demasiado bien para estar en público. Dibujó una sonrisa curvada y se acomodó la chaqueta antes de volver a donde estaba el ministro.
—No hablaré de mi vida privada contigo, Neville. —contestó con los dientes apretados, Harry sabía que estaba perdiendo la paciencia, y admiraba el valor de su amigo para seguir defendiendo su honor y el de Ginny. —el que seas amigo de Ginevra no te da derecho a meterte en nuestras vidas.
—Sabes que ella me cuenta todo.
Valmorian achicó los ojos, y Harry se preparó para la asestada.
—No todo. —murmuró con aquella misma sonrisa siniestra que a Harry le recordaba un mal sueño—. Por cierto, me dijo que si te veía te mandara saludos.
—Señor, aquí tiene su copa…
—No la voy a tomar, désela a otra persona.
La camarera quedó con la copa de vino en sus manos observando como el asistente del ministro se alejaba con elegancia, y luego se volteó a ver a los tres amigos.
—¿Alguien la quiere?
Pero negaron al mismo tiempo con la cabeza.
Los tres caminaron en silencio en dirección al castillo. Hagrid no dejaba de llorar, probablemente pensando en qué a él, Harry, lo matarían en pocos días para acabar con su tormento en Azkaban. Y si Neville tenía razón, tal vez era lo que faltaba para que por fin Ginny se casara con Valmorian.
Su corazón se llenó de nubes negras, necesitaba saber más información. Neville había dicho que Ginny aún respetaba los votos matrimoniales, razón por la cual no se casaba aún. Pero, ¿y si eso además significaba otra cosa?
La nube de esperanza con la de amargura llenaron su pecho de dolores indescriptibles. Faltaba poco para llegar al castillo, pero ciertamente ya no podía vivir así.
El guardabosques volvió a sonarse la nariz que en medio de aquella oscura noche sonó similar a un trueno, y entonces, se detuvo.
—Alto…—murmuró. Sabía que iba a cometer una locura, sabía que aquello podía meterlo en problemas y que tal vez no podría funcionar, pero tenía que menguar el dolor de sus dos amigos. Además, eran los únicos en ese lugar, además de Kingsley, Nordieth y Draco, que confiaban en él.
—¿Pasa algo, John? —preguntó Neville, y Harry lo miró. —¿Estás bien amigo?
Debía ser demasiado obvio su temor, porque de inmediato tanto Hagrid como Neville lo comenzaron a urgir para que fuera a la enfermería.
—No, no, estoy bien… Sólo que…
—¿Qué ocurre John?
—Es sobre Harry Potter.
—¿Qué ocurre con él? —preguntó Neville con amabilidad, aunque su voz sonó quebrada. Harry sabía cuánto estaba sufriendo por creer que él era un muerto en vida y sin esperanzas. Un ser que vivió diecisiete años solo sin la compañía de nadie y sin respuestas.
Pero la verdad era muy clara, no sólo él había sufrido.
—Hay algo que tienen que saber de él.
—¿Acaso sabes algo de él que nosotros no? —pregunto Hagrid con cierto tono de sospecha. Harry suspiró profundamente.
—Bueno, la verdad, sí.
Los dos se acercaron y acorralaron a Harry en medio de esa oscuridad, y agradeció que una tormenta se acercara, así todo sería más fácil.
—¡Habla! —le ordenó Hagrid—¿Qué nos ocultas Whitemore?
—¡Hagrid no seas irrespetuoso!
—¡Dice que sabe de Harry! ¡De mi amigo! —resopló Hagrid derramando sendas lágrimas. —¡HABLA!
Harry retrocedió y por un segundo dudó que lo que fuera hacer estuviese correcto. Pero ya no tenía más opciones. Si los Dioses, o el Dios al que tanto Hermione le rezaba el día de su condena, estaban de su lado, entonces todo estaría bien.
—Él no está loco, y mucho menos a punto de morir… espero…
—¿De qué hablas? —lo encaró Neville—¿Cómo puedes saberlo? ¡Si hace a penas unas horas no sabías nada de él!
—¡Sé todo de él! —Gritó por encima de un trueno ensordecedor, Hagrid gruñó.
—Sabía que éste no era de fiar, se está burlando de nosotros… ¡vámonos Neville!
Harry abrió la boca para responder, pero ambos habían vuelto a retomar el camino de vuelta al castillo. Le fue imposible evitar ver la mirada de decepción en los ojos de Neville.
—¡Esperen! ¡Es verdad! ¡Él está sano y salvo!
Neville se detuvo.
—¡Vámonos que va a comenzar a llover y tengo que entrar a los Escergutos! —Gritó Hagrid a Neville comenzando a perder la paciencia. Pero el otro no se movió.
—¿Qué sabes de Harry? ¿Por qué lo conoces? —le preguntó Neville, Harry sonrió.
—Sé más de él que nadie que lo haya conocido antes.
Un par de gotas comenzaron a caer, Hagrid perdió la paciencia.
—¡Ya basta! ¡Tú no conoces a Harry, nunca lo conociste! ¡Eres un completo extraño! ¿Qué es lo que quieres? ¿Burlarte de nosotros?
—Hagrid tiene razón, no es agradable que bromees así con nosotros… es muy decepcionante.
—¡ALTO! —Gritó Harry, y la voz de Whitemore hizo eco en todo el camino. Los dos lo quedaron mirando por última vez antes de girarse nuevamente y de volver al castillo, era ahora o nunca. —Yo sé todo sobre él, porque…
—¡¿Por qué? —gritaron los dos.
—¡YO SOY HARRY!
Neville y Hagrid se quedaron con la boca abierta, pasmados, sin saber qué decir. En ese momento un nuevo trueno estalló en el cielo seguido de un rayo y la lluvia comenzó a caer. Harry los quedó mirando, esperando una respuesta, pero lo único que pudo ver fue tristeza y miedo en los ojos de sus dos amigos.
—Linda forma de burlarte, pero ya no es divertido… Sigue tu camino solo. —murmuró Neville. Harry gruñó.
—¡Es verdad!
—¡Ya vete, Whitemore! ¡Si no quieres que te rompa los huesos a palos! —gruñó Hagrid apretando los puños. Pero Harry no se movió de su lugar.
—Pueden pensar y hacer lo que quieran, pero se los voy a demostrar. ¡Yo soy Harry!
—¡Ya basta con eso Whitemore!
—¡Qué soy Harry!
—¡Ahora verás maldito…!
Pero antes que Hagrid se lanzara sobre él, Harry mentalizó el conjuro que Draco le había enseñado. Las palabras se ordenaron en su mente como si las gritara en voz alta. En ese momento, la lluvia cayó con más fuerza, y repentinamente un rayo alcanzó a los tres hombres.
Hagrid y Neville cayeron a los diferentes costados del camino, mientras que Harry, de espaldas, sentía una fuerte presión en el pecho.
—¿Están todos bien?
—¿Qué ocurrió?
—¡Hagrid!
—¡Neville!
—¿Dónde está Whitemore?
—¡Qué no soy Whitemore!
No bastaron más palabras ni explicaciones, sus caras de espanto fueron la respuesta que Harry necesitaba para que le creyeran. Ahí, frente a los dos hombres, el verdadero Harry Potter estaba de pie, embarrado entero, y vestido con las largas ropas de Whitemore. Su cabello azabache desordenado, sus ojos verde esmeralda y la tan reconocida cicatriz que adornaba su frente fueron más que una prueba necesaria para probar que él, estaba más vivo que nunca.
Notas
Como siempre lamento la demora. Ya saben , no vivo de esto, (aunque me encanta).
Espero que el próximo salga más temprano que tarde.
Cada vez se pone mejor, así que es posible que no falte mucho para que Lily sepa la verdad. Esta historia es ágil y rápida. Así que espero que la estén disfrutando.
Un abrazo.
Anya.
