TIEMPO DE AVANZAR


Shun se frotaba los ojos, el sueño y el cansancio hacían meya en su cuerpo. Bostezó y estiró el cuerpo sintiéndose reconfortado, miro el reloj pasaba de media noche. El silencio en la clínica era interrumpido ocasionalmente por el quejido de un animal enfermo o un ladrido procedente de un perro nervioso.

Sonrió recordando que Shiharu y él pasaron incontables noches desvelándose en la clínica afinando los últimos detalles manchados en pintura, ajustando la contabilidad y en vela por los primeros pacientes que recibieron.

Sin mucha experiencia en el campo, más de un veterinario veterano se negó a trabajar para un niño algo que después agradecieron los chicos pues debieron aplicar todo su conocimiento para curar a los animales, los que representaban su primer amor de la pareja.

Después de tres años de sacrificios, desvelos y esfuerzo constante, Shiharu y Shun forjaron una excelente reputación para la clínica veterinaria y pensión "Amigos incondicionales". Los desvelos estaban en el pasado excepto cuando uno de los practicantes llamaba por alguna complicación. Esta ocasión era diferente, Shun estaba tomando un diplomado en línea para cirugía de corazón en pequeñas especies mamíferas impartido desde New York, podría tomar el curso desde su casa más era más sencillo si tenía algo de práctica adicional lo que solo lograba con algunos órganos plastificados que tenía en la clínica. Tomó el teléfono celula, envió un mensaje y se dirigió a una habitación que había sido acondicionada como dormitorio, sin siquiera desvestirse se tumbó en la cama y se durmió casi de inmediato.

Por la mañana, Hyoga salió a caminar no había mencionado nada de lo ocurrido en casa de Shun y no dio pie a ser confrontado por ello. A veces una ciudad con cuarenta millones de personas es muy pequeña, pensó el ruso cuando al pasar por una cafetería reconoció un rostro. Observó un rato a través de la ventana indeciso entre pasar de largo o esperar. Ya no tenía nada que perder después de todo, una acción en el interior le hizo fruncir el ceño y optar por aguardar por él.

Tras esperar media hora fuera de la cafetería salió una joven mujer castaña de cabello corto abordó un taxi precipitadamente después de entrelazar varias veces las manos y abrazarse efusivamente con la persona que había atraído la atención de Hyoga, lo que aumentó la rabia del rubio.

- ¿Podías tener a quien sea y se te ocurre hacerlo ahora? –reclamó Hyoga tan pronto Shun salió del establecimiento. El peliverde se dio vuelta y sin decir media palabra continuo su camino dándole la espalda al ruso –¿Lo sabe? –insistió.

- ¿Saber qué? –confrontó fastidiado.

- Lo de esa mujer –soltó con desprecio –son unos sinvergüenzas.

- ¡Hey! –dijo enfadado tomándolo por el cuello –cuida tus palabras –amenazó fieramente.

- ¿Qué pasa creí que querías esto? –instó Hyoga cuando Shun le soltó repentinamente.

- No voy a discutir contigo, no es mi intención dejar un mal recuerdo en las fotos de la boda –Shun continuó caminando sin prestar atención a las provocaciones de Hyoga aunque sus puños se tornaban blancos debido a que los apretaba con fuerza.

- ¿Cuándo te volviste tan cretino?. ¿Qué fueron todas esas tonterías de no quiero estar rodeado de chicas que por años dijiste?. Las idioteces del amor que me hiciste soportar –gritaba Hyoga, Shun rodó los ojos y al dar vuelta en la esquina resopló molesto preguntándose si de pronto la ciudad se había vuelto diminuta.

Una mujer madura de cabellera rubia rizada lo miró con una mezcla de sorpresa y enojo. Shun le devolvió una mirada recelosa mientras aun podía escuchar los cada vez más cercanos insultos de Hyoga.

- ¡Tsukishiro-san! –con sorpresa Hyoga se quedó estático al doblar la esquina tras Shun. La madre de Shiharu le devolvió una mirada confusa.

- Hyoga, que alegría verte –sin ánimo sonrió aun cuando no apartaba la vista de los cristalinos ojos verdes que le clavaban una fuerte mirada –veo que algunas cosas no cambian –cáusticamente señaló.

- Y nunca lo harán –contestó con ironía Shun. Hyoga sentía una extrañeza por el comportamiento del peliverde.

- Malcriado –rumió la mujer.

- El respeto se gana Tsukishiro, usted no ha hecho más que perderlo –Shun pasó altivo a un lado de ella. La mujer se quedó estática y sin siquiera darse la vuelta preguntó –¿Como ésta? –Shun se detuvó para responder –no soy un emisario. Sí de verdad quiere averiguarlo, sabe dónde encontrarla –el peliverde metió las manos dentro de los bolsillos del pantalón y atravesó la calle sin mirar atrás. Hyoga observó cómo desapareció entre la multitud de la ciudad. Esa actitud de Shun le provocaba una sensación en el estómago que solo el chico podía generarle con tanta intensidad tal como había ocurrido hacía ya tantos años atrás…

- ¡Es un traidor!. Un perro farsante esperando las órdenes de su amo–. Resonaban los gritos de Tatsumi en toda la mansión alertando a las doncellas que hacían los quehaceres diarios para que la casona siguiera luciendo impecable y respetable –. No, Señorita, no pienso callarme. Temó por su seguridad, retengámosle como prisionero. No podemos tenerle aquí y tratarle como el resto de esos bastardos.

- ¡Tatsumi! –autoritariamente Saori se levantó de la elegante silla forrada en piel color marrón –puedes expresar tu opinión pero basta de gritos, han pasado por mucho en poco tiempo. Merecen descansar –. La joven se sentó frente al amplio escritorio de su abuelo, sin apartar su mirada del amargado sirviente que intentaba no observarla con furia.

- Pero señorita…–moduló la voz cargada de resentimiento –cuando la estirpe es mala hay que eliminarla. Ó podríamos usarlo de intercambio, aun cuando no vale ni una ínfima parte de la armadura robada. ¡Ja! –dijó con sorna –ni su propia sangre parece quererle de regreso, no me fiare de ninguno de los dos –. El calvo abrió la puerta y se topó con la mirada esmeralda de un chico delgado extremadamente pálido, sin comentar más paso de largo empujándole con desprecio. Por un instante Saori y Shun se estudiaron detenidamente, en él se observaban unas marcadas ojeras y la chica lucia cansada. Shun se dio la vuelta y se encaminó hacia la cocina.

- Debiste decir algo –recriminó Hyoga al llegar a la puerta del despacho. Había contemplado la escena desde las escaleras. La miró con desdén y salió tras el peliverde. Saori se quedó desconcertada, sabía que ellos le guardaban un marcado resentimiento, de haber dicho lo que en realidad pensaba habría incrementado el dolor que percibía en Shun.

- Espera, espera –en la cocina Hyoga tomó que el paquete de galletas con cierre hermético que Shun había arrojado violentamente hacia un rincón al intentar abrirlo sin éxito –. También tuve problemas la primera vez –aclaró mientras ofrecía la bolsa abierta, el peliverde le observó con desconfianza y negó con la cabeza y sin decir nada salió de la mansión por la puerta trasera de la cocina. Hyoga resopló molesto. –Que se pierda en ese estúpido bosque, debió aprender a cuidarse por sí solo, yo lo aprendí desde niño –una punzada se hizo presente en la boca del estómago del ruso. Habían pasado dos días desde que Ikki había tomado por la fuerza la armadura dorada de Sagitario, herido a Shun y retado a Seiya, Shiryu y Hyoga a seguirle. El sueño y cansancio vencieron a Hyoga tras el altercado que había tenido con el cisne negro el día anterior. No recordaba cuando fue la última vez que había dormido por tanto tiempo. Se levantó con parsimonia y después de entrenar un poco en el gimnasio se dio una rápida ducha con agua tibia. Estaba poniéndose los calcetines cuando los gritos de Tatsumi comenzaron. Presuroso salió de su habitación imaginando lo que podría pasar y sin saber porque se quedó estático al final de las escaleras. En la puerta frente al despacho Shun permanecía inmóvil con los puños apretados. Hyoga temió que perdiera el control pues percibió una ira repentina procedente del peliverde para después desvanecerse rápidamente. La tristeza que percibió era insoportable esperando que las lágrimas asomaran por los verdes ojos continuó pasmado por la escena que presenciaba. De inmediato comprendió que no era el único que durante este tiempo había cambiado.

Estaba casi anocheciendo cuando encontró a Shun tumbado sobre la hierba.

- Las noches no son frías aquí pero si fuera tú me cubriría o enfermarás –aconsejó mientras se sentaba a su lado.

- Estoy acostumbrado –contestó adormilado.

- Toma –con rudeza le tendió un plato con un emparedado, uvas y una lata de jugo de manzana.

- No tengo hambre gracias –rehusó con fría cortesía.

- Seguro que no –murmuró Hyoga mirando las estrellas –pero matándote de hambre no remediaras nada –Shun le miró con reproche –. Además si quieres ver de nuevo a tu hermano necesitaras fuerzas. Debes sentirte cansado y exhausto. No has dormido ¿cierto?.

- Pues…–dudó Shun.

- Hagamos un trato come solo la mitad de todo yo comeré el resto, un poco de comida no te caerá mal.

Shun comenzó a ingerir el refrigerio con desgano, tras un par de minutos parte de su cansancio disminuyó si bien no tenía apetito se sintió reconfortado, sin darse cuenta termino de comer.

- Bien podemos regresar a la mansión –aprobó Hyoga –no es que importe pero sin duda la cena tendrá buen sabor, me pareció que hacían croquetas de pulpo.

- Gracias –murmuró, mientras Hyoga lo observó, sonrió levemente y le tendió la mano para ayudarle a levantarse.

- Creo que deberías saber…bueno…quiero decir…–carraspeó Hyoga antes de entrar a la mansión –no pienso que seas un traidor. Estoy seguro que Seiya y Shiryu piensan lo mismo –. Shun sonrió.

- Lo sé –afirmó asombrando a Hyoga. Comprobó que el chico que tenía delante no era en nada parecido al niño de cabellera verde que huía de Jabu.

- Entonces lo de…

- ¿Del salón? –suspiró –Tatsumi es un idiota, todos lo saben. Hace mucho que dejó de importarme lo que el resto piense de mí. Necesito saber que le paso a Ikki en esa isla, necesito oírlo de él. Pero temó lo que le podría pasar –. El chico se encogió de hombros guardando silencio, no quería pensar en ello, deseó con todo su ser que nadie resultara herido, él había tomado una decisión. –Lo único que me obligó a estar en este absurdo teatro fue la idea de encontrarme con mi hermano, después de eso nada de lo que hay dentro de esas cajas me interesa. –Señaló con la cabeza una habitación que tenía dentro las cajas de las armaduras.

- ¿Qué piensas hacer? –interrogó con preocupación Hyoga.

- No lo he pensado aún –mintió el peliverde. Sin ánimo echó a andar con las manos dentro de los bolsillos, Hyoga le siguió. Los adolescentes entraron en el edificio que era símbolo de sufrimiento desde la primera vez que habían puesto un pie en el.

-o-

- Así que ahí estas –exclamó Saori observando a Hyoga subido en una rama de un gran árbol. -¿Qué rayos tiene esa rama? –preguntó extrañada.

- Es cómoda y la vista es hermosa –contestó Hyoga sonriendo para la Diosa –deberías intentarlo –aspiró la brisa del mar.

- Ni loca –refutó Saori –quería hablar contigo.

- Eso es bueno, significa que las ganas se te han pasado –el rubio alzó una ceja y tenía una mueca burlona.

- Vamos, baja por favor –suplicó la chica jugando con su corto cabello –mi cuello terminara torcido.

- Está bien –Hyoga bajó de un salto y se situó a un lado de ella. –Aquí estoy.

Saori abrazó al ruso, esto le tomó por sorpresa pero regresó el abrazo.

- Te he extrañado –murmuró a su oído –. Has estado tanto tiempo fuera y no has permitido que goce de un solo día de tu compañía. Además estoy segura que tan pronto Shiryu y Sunrei se casen te marcharás sin despedirte, como la última vez.

- Vamos no pienso hacer eso –dijo incomodo, los abrazos de Saori eran una costumbre para Seiya y Shun. Pero no para el ruso que rehusaba al igual que Ikki el contacto físico –quiero decir pensaba despedirme –mencionó nervioso de tener los ojos de Saori tan cerca.

- ¿Vamos Hyoga no nos has extrañado? Las noches en los karaokes, las reuniones en casa de Seiya.

- Ya sé a dónde quieres llegar. No pienso perdonarles. Han hecho algo injustificable y todos lo han ocultado –se apartó de la joven y le dio la espalda.

- Hyoga no sé de qué estás hablando –mencionó con sorpresa Saori –eres un completo necio. No todo tiene que ver con lo que ha pasado. Es cierto que te he echadó de menos en estos años, como lo hacen los amigos. Aquí nadie ha ocultado nada y te agradecería me dijeras de que hablas.

Hyoga volteó a ver a Saori, sus ojos aguamarina delataban determinación, Hyoga entrecerró los ojos.

- De verdad no sabes nada –Saori negó con la cabeza.

- Hyoga, estas comenzando a preocuparme.

- No es nada de verdad. Nada importante.

- Me gustaría creerte. Algo te ha estado atormentando desde ayer. Vamos hasta Tatsumi lo ha notado –Hyoga torció una sonrisa, Saori le miró con complicidad –. No te obligaré a decirme que es lo que ocurre, pero no puedes cargar todo eso solo. Necesitas de un amigo, por eso he venido. Si quieres hablarlo sabes dónde encontrarme.

Saori dio media vuelta y comenzó a alejarse lentamente. Antes de salir al claro entre el bosque y la mansión unas fuertes manos se aferraron a su cintura por la espalda. Así permanecieron largo rato. Hyoga hundió su cabeza los cabellos con olor a rosas de la chica. Luego se dirigieron hasta el árbol donde Hyoga había estado. Por primera vez en estos años Hyoga dejó escapar los sentimientos que contenía. Saori le miraba con ternura.

- Hyoga, no puedes seguir aferrado al pasado –señaló delicadamente la Diosa.

- Si alguien ya lo dijo –bufó con fastidio.

- Quizás ese alguien tenía razón. Debes aceptar lo que tienes frente a tus ojos, mi dulce Hyoga; no permitas que el odio sea parte de tu vida –Saori le miró a los ojos y continuó –estoy segura que piensas que ninguno merece tu perdón. Tu mejor amigo y tu novia, las personas en quien más confiabas. Shun te buscó muchas veces, más de las que puedo contar. Eso significa cuanto le importas –Saori levantó un dedo Hyoga cerró la boca pues estaba dispuesto a replicar –enviar a un grupo de amigos no fue nada prudente.

- No fue gran cosa –bufó –además fue su idea, nada tuve que ver. Sabes que las personas comunes no pueden tocarnos.

- Eres soberbio Hyoga, por eso no quieres reconocer que en esto también tienes culpa –el ruso la miró con rencor –me miras así porque sabes que tengo razón. Si no llevaras tres años enfadado sabrías de lo que te hablo. El perdón es un don que pocos conocen. Shun arriesgo su vida por ti.

- ¿Y cómo lo pagó?

- No lo defiendo, pero si la situación fuera al revés estoy segura que Shun hubiera sido el primero en alegrarse por ti. Perdonar es un gesto heroico y de sanación. Solo así puedes sanar tus heridas. De lo contrario puedes acabar como aquel hombre que aun odias por no haberte protegido como un padre o peor aún como alguien más que desquitó toda su frustración en unos niños inocentes. Tienes mucho en que pensar Hyoga santo del cisne, no permitas que las cadenas de odio te aten a la tierra impidiendo desplegar tus alas.

Saori se puso en pie de un salto abandonado a Hyoga, tenía una sensación desagradable por hablarle duramente al ruso. La Diosa volteó hacia Hyoga que le daba la espalda, suspiró tristemente, sabía que lo peor aún estaba por llegar un secreto que Shun le había confesado frente un pequeño altar.


Bueno, como hay un empate en la votación pues este es el que mas han pedido, agradezco a todas mis lectoras. Espero que Liluel Azul este feliz al menos un poco pues hay mucho Hyoga por aqui.

Gracias a mi Beta secreto que me dio muchas ideas incluido el título. Gracias amigita por estar tanto tiempo conmigo en el msgr.

Y por último pero no menos importante quiero darle de re-bienvenida a mi querida sweet victory en este mundo.