¡Hola!
Sé que tardé, pero como siempre digo, no la abandonaré.
Disfruten.
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~Capítulo 13: La calma previa a la tormenta ~
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El profesor llevaba al menos veinte minutos sin poner atención a lo que decía el presentador en la televisión. Aquella noche, a la hora de sentarse junto a las niñas a ver televisión (como era su costumbre desde hacía años), decidieron ver un documental sobre los villanos más famosos de Townsville. En un principio, todo era bromas y diversión. Las niñas, mayormente Buttercup, hacían un comentario acerca del villano que estuviese protagonizando en el momento y todos reían.
Eso fue, al menos, hasta que en la pantalla aparecieron los rostros de los RowdyRuff Boys.
Ahora bien, lo primero que llamó la atención del profesor fue que ninguna de las tres emitió queja alguna. Usualmente, si los nombres de los tres infames chicos se oían en las noticias, las tres –incluyendo a Blossom- comenzaban a despotricar en su contra. Pero ahora, y ya llevaban hablando de ellos unos cinco minutos, nada. Ni un sonido. Ni siquiera un bufido exasperado o algo que demostrara fastidio.
Observó detenidamente el rostro de cada una de sus hijas, sus tres más grandes orgullos.
Bubbles tenía la mirada baja, no veía la televisión. Se la veía decaída, como si estuviera triste y perdida en sus pensamientos. El profesor sintió un pinchazo en el pecho. Detestaba ver a la más pequeña y también la más dulce de sus hijas así; la rubia siempre irradiaba alegría y júbilo, le rompía el corazón verla tan decaída. Sin embargo, contuvo sus ganas de consolarla y de preguntarle qué le ocurría. Algo le decía que Bubbles no quería hablar de ello.
Luego, dirigió la mirada a la hermana del medio. Buttercup era la más ruda y la más orgullosa de las tres ante los ojos de toda la ciudad, y el profesor no lo negaba porque para él también lo era, pero también era la más insegura de sus tres pequeñas. Jamás lo diría en voz alta porque sabía cuál sería la reacción de Buttercup, pero siempre sintió que su hija tenía un lado más sensible que ocultaba bajo toda esa rudeza. Y es justamente por eso que le sorprendió verla así. La morena estaba poniendo atención al documental, pero se la veía visiblemente incómoda. Vio cómo comenzaba a mover su pierna izquierda, reacción que tenía cada vez que algo le daba ansiedad, mientras desviaba la mirada a otros lugares cada vez que Butch aparecía en pantalla. Era extraño que se mostrara así, pero nuevamente no dijo nada.
Por último, miró a su hija mayor. Blossom era la viva imagen de la disciplina y la nobleza. A veces, el profesor se sentía culpable por no poder ayudar a su hija a cargar con todo el peso que tenía sobre los hombros, pero era un humano común y corriente y lo único que haría sería interponerse en su camino (como lo comprobó hace muchos años). La pelirroja era centrada, responsable e inteligente. Cumplía con todos su deberes, tanto como de estudiante, como de heroína y como de hermana mayor. Tal vez tenía algunas peleas con Buttercup, pero a través de los años la morena comprendió que su hermana mayor era la líder porque podía pensar con la cabeza fría en cualquier situación, al contrario de ella. Así que no culpen al profesor por asombrarse cuando vio a Blossom con la vista fija en la pantalla, disparando dagas con los ojos a la imagen de Brick mientras el presentador explicaba su historia. Por un momento creyó que le dispararía con su visión láser a la televisión, aunque sabía que no lo haría (agradeció el buen juicio de su hija). Sabía que la pelirroja y su contraparte no se llevaban bien, pero esa mirada asesina parecía más digna de Buttercup que de ella. Todo estaba patas arriba.
Sus hijas siempre habían mostrado desagrado por los tres muchachos, pero el desagrado también estaba ligado a la indiferencia. No se llevaban bien, pero luego de un par de quejas y palabrotas por parte de Buttercup, le daban poca importancia lo que sea que refiriera a los RRB. Esta vez, no era así. Se dio cuenta de que por primera vez, la mención del trío de jóvenes villanos tenía mucho significado para las tres chicas. Pero, ¿por qué? ¿Qué había cambiado?
Y de repente, la realidad golpeó al profesor.
Sonrió para sus adentros, de hecho, sintió ganas de reír estrepitosamente pero no lo hizo. Sabía que no era el momento y esperaría hasta que lo fuese para disfrutar de la situación. Y cómo no hacerlo, hace años que estaba esperando que algo sucediera.
Como todo un científico, el profesor era escéptico a las casualidades, toda su carrera le había demostrado que todo ocurre por una razón. Y desde el momento en el que los RRB fueron creados, el profesor tuvo la certeza de que el destino de esos chicos estaría fuertemente entrelazado con el de sus hijas, y a medida que fueron creciendo, se convenció de ello.
Cuando las niñas eran pequeñas, el profesor llegó a creer que así se quedarían, que tendrían el aspecto de niñas de cinco años por el resto de sus vidas.
Cuánta fue su sorpresa al ver que sus cuerpos se iban desarrollando y cambiando como el de un humano en crecimiento normal, no sólo sorpresa, en realidad. También alivio. El profesor siempre se había preocupado por lo que sería de ellas si algún día algo le sucedía, así que saber que se convertirían en adultas con el pasar de los años fue un gran consuelo para él.
Sin embargo, también fue fruto de una nueva preocupación. Tal vez el no fuera el hombre más afortunado en el amor, es verdad, pero quería que sus hijas tuvieran la dicha de encontrarlo y experimentarlo con alguien que fuera adecuado para ellas. Pero ahí estaba el problema.
¿Un hombre común y corriente con alguna de sus hijas? No lo veía como una opción posible. Sabía que la gran mayoría de los jóvenes de la ciudad se sentían atraídos por ellas (porque vamos, sus hijas eran bellísimas) y las admiraban, pero jamás estarían a la altura. No las entenderían. No comprenderían lo que son, cómo se sienten y sus formas de ver el mundo. ¿Cómo podrían compartir sus vidas con alguien que no las comprende?
Por eso quería reír. Estaba feliz, porque el destino parecía por fin haber respondido a sus plegarias. Conocía las miradas de mal de amores, y ahora las veían en los rostros de sus hijas. Y nada más ni nada menos que por los RowdyRuff Boys. Los únicos hombres (porque ya eran eso, hombres) que sabían lo que era ser un súper humano. Los únicos a la altura para seguirlas, para comprender lo que es vivir así.
Era perfectamente consciente de que los tres muchachos seguían siendo criminales pero, ¿y qué? Confiaba plenamente en la capacidad de sus chicas para hacerlos cambiar de estilo de vida, después de todo, el profesor creía que podían redimirse. Sólo necesitaban un empujón en la dirección correcta.
Además, aquellos seis jóvenes eran el ejemplo perfecto para la frase "hechos el uno para el otro". En este caso, hasta era en sentido literal. ¿Cómo no iban a terminar juntos?
Por aquella noche, el profesor decidió guardarse toda su alegría para él solo. Sea lo que sea, sus hijas no parecían dispuestas a hablar del tema y él no las presionaría. Aguardaría a que sean ellas quienes decidieran contárselo y ya se vería de ahí en adelante.
Después de todo, él solo era un padre que anhelaba que sus hijas fueran felices. Y estaba más que seguro de que los RRB eran la respuesta.
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Cuatro jóvenes estaban caminando por las calles de Townsville. Por la avenida principal, para ser más precisos. No paraban de hablar entre ellas y señalar todo el tiempo de escaparate a escaparate. Bueno, al menos tres de ellas. Una morena las seguía visiblemente aburrida, quizá hasta incluso fastidiada.
-¡Cambia esa cara! Tú también necesitas algo para ponerte mañana en la noche y no nos iremos hasta que te vea con al menos dos bolsas en la mano, así que camina.- le reprochaba Bubbles a Buttercup en lo que la jalaba por la acera.
-Aun no entiendo cómo es que las dejé convencerme de esto.- se quejaba la última mientras se dejaba arrastrar por su hermana menor. Blossom, que iba adelante platicando animadamente con Robin, se volteó a contestarle.
-¡Fuiste tú la que quiso venir!- se burló, haciendo reír a las otras dos y a la morena rodar los ojos.
-¡Sí, y luego me arrepentí!- le contestó mientras todas volvían a reír.
-Deja de quejarte y apresúrate, que quiero llegar a Ronda's antes de que cierren.- dijo Robin y apretaron el paso.
Siguieron caminando las calles mientras iban de tienda en tienda, para tortura de Buttercup. De vez en cuando tenían que hacer una pequeña parada porque algún turista quería tomarse una foto con las heroínas de Townsville, y bueno, esas cosas eran parte del deber. Blossom notó con gran alegría que para los habitantes de la ciudad, ellas eran unas jóvenes más del montón. Las reconocían, sí; tal vez hasta algunos las saludaban, pero por lo general, no había un enorme grupo de gente asediándolas a donde sea que fueran. Eso hacía que se llenara de un gran sentimiento de alivio y agradecimiento.
-Sigo sin entender por qué estamos dando vueltas por las calles cuando podríamos haber ido al centro comercial.- las quejas de Buttercup sacaron a la pelirroja de sus pensamientos.
-¿Estás de broma? Todo el mundo irá a buscar el atuendo nuevo al centro comercial. ¿Quieres arriesgarte a que alguien lleve puesto lo mismo que tú? Ni de chiste.- le respondió Robin mientras cruzaban la calle.- Además, al no ir nos ahorramos encontrarnos con gente indeseable.- añadió, claramente refiriéndose a cierta niña rica y compañía.
-Ugh, tienes razón. Lo mejor será que no la cruce, sigo molesta por lo que le dijo a Mary.- masculló la morena, apretando los puños. Su hermana mayor le dio unas palmaditas reconfortantes en el hombro.
-Te la cruzarás mañana por la noche, pero recuerda que estarás en la casa de Mary, así que no hagas ningún destrozo.- le advirtió con la mirada severa. Buttercup apretó los dientes pero asintió, después de todo, esta vez tenía razón.
-No puedo creer que haya montado semejante numerito. ¿Qué tiene en la cabeza? ¿Qué ganó con todo eso?- decía Bubbles mientras se detenía frente a la vitrina de una tienda de ropa de noche. Las cuatro entraron.
-¿Qué no es obvio? Quería que invitaran a los RowdyRuff Boys. Así ella podrá restregársele a Brick toda la noche sin nadie que se lo impida.- escupió Blossom con más resentimiento del que quería. La escena que había presenciado en el compartimiento de limpieza entre su enemigo y la niña rica aun la tenía picada, y no tener bien claro el porqué la ponía aun peor.
-Qué más da, quería llamar la atención y lo logró. No hay que dejar que ella nos arruine la noche.- decía Robin mientras pasaba las prendas.- ¿Qué opinan de esta?- les preguntó en lo que les enseñaba una blusa blanca de satén.
-Me gusta, pero parece costosa.- observó Blossom. Bubbles, que estaba a un lado de Robin, estiró el brazo y se fijó en la etiqueta del precio.
-Oh, está bastante bien. Es un precio razonable.- se inclinó para que Buttercup pudiera ver.- ¿Tú qué opinas?
Era gracioso, pero el parámetro de precios de las chicas era Buttercup. Después de todo, la morena no era partidaria de gastar grandes cantidades de dinero en ropa, sobre todo cuando esta no valía la pena. Si bien la morena era más lo que desaprobaba que lo que sí, siempre era la que sabía cuando el precio era decente.
-Yo creo que sí. Es muy tu estilo y en el centro comercial seguro está el triple. Pruébatelo.- dijo, recibiendo un aullido de felicidad por parte de la castaña, que corrió al probador. Blossom y Bubbles sonrieron y se acercaron a su hermana, que las miraba con suspicacia.
-Niégalo si quieres, pero tienes el don de una estilista.- comentó felizmente la rubia mientras que la mayor asentía.
-No digan tonterías, sólo le dije la verdad.- dijo mientras se daba la vuelta y revisaba el resto de la ropa. Sin embargo, una parte de ella se alegraba de saber que sus hermanas y su amiga tenían en cuenta su opinión para estas cosas. Porque tal vez no era la más femenina ni tampoco le interesaban mucho estas cosas, pero aun así de cuando en cuando (y aunque nunca lo fuera a admitir), le gustaba salir de compras con ellas.
Robin salió del probador y todas dieron su aprobación, así que fue a la caja a pagar. Salieron de ahí y siguieron su búsqueda.
-Tengo sed. Aquí a dos calles hay una tienda de refrescos, espérenme aquí.- dijo Buttercup y las demás aceptaron. La morena desapareció rápidamente entre la gente en lo que las otras seguían platicando.
-Saben, cuando Butter dijo "todos" el otro día en la clase de teatro, toda la clase pensó que se refería a los RRB.- decía Robin mientras esperaban.- Bueno, al menos al principio. Luego comprendieron que la indirecta iba derechito a Princesa y su séquito de arpías.
Las dos heroínas se sorprendieron un poco ante esto. Y es verdad, en aquel momento estaban tan enfadadas por la grosería que había dicho Princesa a su amiga que ni pensaron en que los tres chicos malos más famosos de toda la ciudad también podrían asistir. De hecho, ni se habían acordado de que eran criminales y lo más seguro es que no fuese una buena idea invitarlos a la fiesta. Lo habían pasado absolutamente por alto. De una forma u otra dieron por sentado que irían y punto, es decir, como si fuesen unos compañeros de clase más. De hecho, lo único que las tenía preocupadas acerca de si asistirían o no eran sus cuestiones personales con ellos, no sus cuestiones con la ley.
Blossom se abofeteó mentalmente, ¿cómo no había reparado en algo tan importante como eso? ¿Cómo pudo olvidarse de que Brick era un criminal? O más importante aún, ¿cuándo había dejado de importarle a ella que él fuera un criminal?
-¡Pero miren nada más quiénes están aquí!- oyeron una voz llamarlas a unos cuantos pasos, Blossom se dio la vuelta aun algo ida en sus pensamientos. Sin embargo, en cuanto vio quién era, ella y Bubbles compartieron una mirada cómplice. Ambas vieron con diversión como Robin se ponía visiblemente nerviosa.
-¡Hola Mitch! ¿Tú también estás de compras?- saludó Bubbles con naturalidad. Mitch llegó con paso lento antes de detenerse en frente de las tres chicas no sin antes dirigirle una mirada nada discreta a la castaña.
Mitch había crecido y, aunque a veces resultara difícil de creerlo, madurado en un joven divertido y guapo. No era un chico problema como solía serlo cuando era pequeño, pero su naturaleza traviesa y juguetona seguían estando, cosa que lo convertía en un chico popular. Conociéndolo desde la infancia y sabiendo su historia, las chicas se habían hecho buenas amigas de él. Especialmente Buttercup.
La atracción entre él y Robin había estado prácticamente desde siempre. Se molestaban, bromeaban y mantenían conversaciones con doble sentido casi todo el tiempo, aunque jamás pasó de eso: un flirteo desvergonzado. A veces, las PPG no entendían cómo es que su amiga había elegido al imbécil de Tyson en lugar de Mitch.
-Claro que no, sólo ando de paso.
-¡Qué lástima! Y yo que había visto un vestido que iba quedarte divino.- comentó Robin, que no desaprovecharía la oportunidad de picarle un poco.
-Obviamente. A mí todo se me ve bien.- respondió Mitch imitando la pose de un supermodelo, lejos de molestarse por el comentario de la castaña y provocando la risa de la menor y la mayor de las PPG.
-Estamos mirando algunas tiendas, en realidad. Y espero no herir tu ego masculino al preguntarte esto pero, ¿quieres acompañarnos?- dijo Blossom, nuevamente de buen humor y con algo de ganas de fastidiar a Mitch. Este le dedicó una risa irónica.
-¡Sería estupendo! Siempre quise ir de compras con un chico.- dijo con entusiasmo Bubbles, que también quería molestar a Mitch. Este rodó los ojos.
-Para que cargue las bolsas, ¿cierto?
-Rayos, me ha descubierto.- siguió el juego la rubia, provocando una risa general.
-Si van a ir a la tienda de lencería y la señorita necesita mi humilde opinión, claro, ¿por qué no? Las acompaño.- dijo Mitch haciendo un ademán a Robin, quien sintió sus rodillas temblar levemente, pero no lo demostró.
-Oh, no. No te preocupes. Para eso está el señor Carrington.- contestó con una de sus mejores sonrisas inocentes. Mitch alzó una ceja.
-Si sabes que tiene cerca de 90 años, ¿verdad?- le preguntó el chico con una mirada elocuente.
-Claro, y eso es lo que necesito. La voz de la experiencia.- respondió la castaña con la misma sonrisa, mientras que Mitch soltaba una carcajada.
A un lado, Blossom y Bubbles veían la conversación fluir entre esos dos, que no dejaban de coquetearse descaradamente mientras que ellas eran lentamente olvidadas.
-¿Dónde está Buttercup?- preguntó Mitch, quien parecía recién notar la ausencia de la hermana del medio.
-Fue a buscar un refresco hace unos minutos, no debe tardar en venir.- dijo Blossom mientras miraba en la dirección por la que se había ido la morena.
-Pues ojalá pudiera quedarme, pero de verdad tengo que irme.- dijo mientras comenzaba a andar- Las veo mañana en la noche, ¿cierto?- preguntó dándose media vuelta para verlas, aunque sus ojos se detuvieron más bien en Robin. Bubbles soltó una risita.
-¡Claro, ahí estaremos!- respondió, el muchacho sonrió y les guiñó el ojo, antes de voltearse y seguir caminando. Cuando ya había desaparecido y estuvo segura de que no podría oírla, la rubia se giró hacia su amiga y exclamó:
-¡Te envidio tanto!
Blossom se echó a reír, aunque también reconocía que una parte de ella también sentía algo de celos. La relación entre Mitch y Robin parecía tan simple y natural, de esas cosas que son comunes en la adolescencia y algo de lo que ella se sentía cada vez más lejos. La castaña rodó los ojos y negó con la cabeza.
-Ya, ya. Déjate de tonterías y… ¡Oh, ahí viene Buttercup! Pongámonos en marcha que ya se está haciendo tarde.
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Brick llevaba hora y media dando vueltas en su habitación. Iba de aquí para allá, tanto que creía que en cualquier momento dejaría un surco en el piso. Pero es que sencillamente no sabía qué hacer, ¿ir o no ir? Y si había que ser absolutamente sinceros, la fiesta la importaba tres rábanos. Lo que él quería era hablar con Blossom.
Aun así, ¿qué diablos le diría? ¿Con qué patética excusa la arrinconaría sin que ella lo mandara a volar? Porque estaba seguro de que con el inquebrantable orgullo PowerPuff, la pelirroja de seguro no quería verlo ni en figurita, lo que lo llevaba de nuevo al problema principal: ¿ir a la maldita fiesta, o no ir?
Tenía la intención de preguntarle a Butch y a Boomer qué querían hacer, después de todo, si sus hermanos querían ir, no se sentiría tan tonto después. Pero la verdad es que desde aquel día en la clase de teatro, ninguno de los tres había tocado el tema de la fiesta. Ahora que lo pensaba, de hecho, sus hermanos parecían tan o más crispados que él mismo. Es decir, el moreno no era de guardarse sus opiniones, y debería haberle llamado la atención desde antes que no haya pronunciado palabra con respecto al asunto. Es más, lo que realmente debería haberle resultado raro es que Butch no se hubiese puesto a pelear con Buttercup desde un primer momento. Hacía ya varios días que no peleaban.
Después estaba Boomer. El rubio por lo general no formaba opiniones con respecto a nada, el muy idiota no prestaba la suficiente atención como para enterarse de lo que pasaba a su alrededor, pero esta vez sí que había estado actuando extraño. Por lo general, el rubio se encerraba en su habitación a dormir, o se tiraba a ver horas la televisión, o sencillamente se quedaba perdido mirando el techo por horas. No era de salir mucho de la Guardia RRB, al menos que fuera necesario. Su hermano menor era el rey de la pereza, siempre lo había sido. Sin embargo, estos últimos días ni aparecía por la casa. Se separaba de ellos en cuanto salían de la escuela y a veces, volvía recién hasta entrada la noche. Ahora bien, no es que le interesara qué hacía Boomer mientras no estaba, es decir, él era libre de hacer lo que quisiera. Pero, ¿que ande dando vueltas por horas, y luego llegue a la Guardia de un humor de perros? Eso era nuevo. Su hermano no estaba casi nunca de mal humor, sólo cuando los derrotaban las PPG o cuando Butch le ganaba la televisión, pero nunca así porque sí. Brick jamás preguntó qué le pasaba porque no era su asunto, pero ahora comenzaba a picarle la curiosidad.
¿Qué diablos les estaba pasando a sus hermanos? Los dos tarados siempre habían sido un manojo de gritos, palabrotas y acciones descuidadas, ¿cómo es que no se había dado cuenta de que ahora estaban actuando así? Butch no andaba correteando de aquí para allá gritando que quería salir a destruir algo o a liarse con una chica, nada. Estaba callado y siempre con el ceño fruncido, no salía de su habitación y hacía días que para lo único que salía era para ir a la escuela y nada más. Por su parte, a Boomer casi no lo veía, y siempre que llegaba, estaba de un humor de los mil demonios.
Brick suspiró.
Claro que no se había dado cuenta, él mismo tenía sus propias cosas en las qué pensar. Es decir, él siempre había sido el más taciturno y solitario de sus hermanos, pero de todas formas. Jamás se le pasaba nada por alto, pero ahora el estado de ánimo de los RRB había cambiado por completo y él ni se había enterado.
Se levantó y fue en busca de su hermano del medio, porque dudaba que el menor estuviera en la Guardia.
-¿Qué mierda quieres?- fue la pregunta indiferente de Butch en cuanto entró sin avisar en su cuarto, estaba tirado en su cama con los brazos detrás de la nuca. Brick frunció el ceño. En cualquier otra ocasión, el moreno le hubiera gritado cuanto insulto se supiera por haber entrado sin permiso en su habitación.
-¿Irás a la fiesta?- directo al grano, hoy no tenía ganas de andarse con rodeos.
Su hermano volteó a verlo sorprendido, no se esperaba para nada semejante pregunta. Butch se sentó en su cama y lo miró intensamente a los ojos.
-¿Tú sí?- inquirió muy atento a las expresiones de su hermano y líder.
-Sí, así que decídete rápido.- no fue hasta que lo dijo que estuvo seguro, en realidad. El propio Brick estaba algo sorprendido de lo fácil que fue decidirse, pero es que de verdad le urgía ver a Blossom. Ya vería cómo la arrinconaba después.
Los ojos de Butch se abrieron desmesuradamente. No entendía el comportamiento de Brick. De hecho, estaba seguro de que su hermano mayor se rehusaría a ir, sobre todo después del numerito que montó Princesa en la clase, ¿y ahora quería ir? Sabía que el pelirrojo siempre había sido bastante impredecible, pero creía que ya a estas alturas, lo conocía bien. Parece que no.
-Eh… es que pensé que no querrías ir.- bueno, era él el que no quería ir en realidad. El moreno llevaba días evitando el tema a propósito. Es que desde lo que pasó con Buttercup, casi no podía mirarla a la cara. Una parte de él esperaba que ella fuese a buscarlo, pero hasta ahora no había pasado, y la verdad es que lo tenía bastante triste. Y por todo lo anterior, se sentía patético y estúpido, pues él jamás había sido así de marica. Así que no lo culpen por no estar de humor para fiestas.
-¿Y desde cuándo lo que yo quiero cuenta para ti?- preguntó Brick con suspicacia.
Esta nueva faceta obediente de su hermano lo estaba empezando a asustar. Butch no escuchaba a nadie a menos que no le quedara de otra. Sea lo que sea que le estuviese pasando a su hermano, era más complicado de lo que pensó.
Sin embargo, esta nueva pregunta presionó un botón en el cerebro de Butch. ¡Claro que no contaba lo que Brick quisiera! ¡Él era un RRB, maldita sea! ¡No le debía explicaciones ni obediencia a nadie!
-Claro que no cuenta, pero te conozco y sé que ibas a ponerte pesado y no tengo ganas de pelear.- se mordió la lengua. ¿"No tengo ganas de pelear"? Él siempre tenía ganas de pelar. Ahora sí que el pelirrojo iba a darse cuenta.
Efectivamente, el pelirrojo se sorprendió muchísimo ante eso. Jamás de los jamases hubiese esperado que Butch le dijera algo así. De acuerdo, esto no era sólo complicado, era realmente grave. Sacudió la cabeza y decidió que era hora de explicaciones.
Pero justo cuando iba a interrogar al moreno, un fuerte portazo se hizo temblar las paredes.
Los dos muchachos asomaron la cabeza por la puerta y vieron a su hermano menor entrar con cara de asesino serial. Se miraron entre ellos, sorprendidos.
-Oye Boomer, ¿irás a la fiesta esta noche?- preguntó Brick en cuanto vio que el rubio se metía en la cocina.
-Sí.- respondió tajante saliendo con una lata de soda en la mano, la cual amenazaba con estallar muy pronto si seguía estrujándola con tanta fuerza. Brick estaba tan asombrado que hasta le costaba pensar, pero por la cara de mataré a sangre fría a todo aquel que pregunte de su hermano menor, decidió que lo mejor sería dejarlo tranquilo.
-Bien, eso lo decide.- dijo y dirigió su mirada significativa a su hermano del medio, que le devolvió una estupefacta. Aun no podía creer que Boomer fuera capaz de tanta fiereza.
-Eh… sí, ya que. Si ustedes van, yo también voy.- musitó aun no muy seguro de lo que decía. El rubio asomó su cabeza por la puerta de su habitación, ahora sorprendido él.
-¿Tú no ibas a ir?- eso le sonaba raro, Butch jamás se perdería una fiesta así.
-Ya no importa. Ahora iremos los tres, así que los veo luego.- dijo Brick antes de salir por la entrada principal. Necesitaba salir a tomar aire, ya no creía aguantar más sorpresas por parte de sus hermanos por mucho tiempo.
Bien, ya se había decidido que irían a la fiesta. ¿Pero qué diablos fue todo lo que acababa de pasar?
Por lo general no se preocupaba por sus hermanos. Es decir, ya estaban grandecitos, podían hacer lo que querían, no era su problema. ¿Pero ahora? Estaban actuando muy extraño y Brick no podía dejar de pensar en qué diablos se le había pasado. Qué sucedió en estos tiempos que había hecho que los dos pelmazos que tenía por hermanos cambiaran así.
Y aun intentándolo, no pudo recordar nada demasiado trascendente. Lo único que le quedaba claro, es que desde que llegaron los malditos clones, todo se había puesto patas arriba.
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Antes de la fiesta, las PowerPuff Girls se habían ido a casa de Robin a cenar y preparase todas juntas. Ya habían terminado de comer, así que estaban todas atiborradas en la habitación de la castaña mientras parloteaban sin parar.
-No. Brick quedó en el olvido. No tengo nada más que decir de él.- dijo Blossom en lo que se aplicaba la máscara de pestañas. Las otras tres abrieron los ojos como platos, asombradas por la fría respuesta.
-¿Cómo puedes decir eso cuando él te confundía tanto? ¿Qué cambió?- preguntó desconcertada Bubbles.
-Princesa.- escupió con desprecio Blossom mientras seguía maquillándose. Las otras tres bufaron molestas.
-Tienes razón. Si cayó en las redes de esa arpía, al demonio con él.- dijo Robin, que estaba cepillándose el cabello. Se giró hacia Bubbles y le preguntó:- ¿Qué hay de Boomer?- a la mención del nombre de su contraparte, a la rubia se le partió a la mitad el lápiz delineador.- Oh.- fue todo lo que dijo la castaña al ver la reacción de su amiga.
-Ni me nombres al pequeño cobarde. No quiero ni verlo.- dijo indignada mientras tomaba una de las mitades del lápiz y volvía a deslizarlo por su párpado. Sus dos hermanas se voltearon sorprendidas, jamás pensaron que Bubbles diría algo como aquello, sobre todo cuando hace no más de una semana se la veía tan contenta con su nueva relación con el RRB.
Blossom y Buttercup se miraron entre ellas, la primera preocupada y la otra con las cejas alzadas. La pelirroja leyó el claro mensaje de te lo dije de su hermana, y negó con la cabeza. Lo mejor sería no presionar a la rubia con el asunto en aquel momento, ya hablarían después. Buttercup rodó los ojos y siguió con lo que estaba haciendo sin decir una palabra.
Robin prefirió no decir nada más sobre el tema y siguió arreglándose, pero moría de la curiosidad.
-¿Y qué hay de ti, Buttercup? ¿Qué tal Butch?- no contaba con que Blossom preguntaría, pero lo hizo. La aludida dio un respingo, pues no esperaba que su hermana mayor cambiara de tema tan radicalmente, pero se recompuso al instante y siguió agitando la toalla sobre su cabello mojado.
-Nada. Un pelmazo, como siempre. No hay mucho que contar.- contestó con fingido desinterés.
-¿Brendan?- preguntó esta vez Bubbles, recibiendo un encogimiento de hombros por parte de la morena. Aquello le dio a entender que no le sacaría más información que lo que había dicho, así que dejó de insistir.
Se hizo un breve silencio en la habitación, mientras las cuatro adolescentes se arreglaban y pensaban en sus respectivas cosas. Pero la castaña tenía otra duda referente a los villanos juveniles más famosos de Townsville, y quería saber la opinión de sus amigas, que casualmente eran las heroínas más famosas de la ciudad.
-¿Ustedes creen que irán hoy?- inquirió. Las tres se tomaron su tiempo para pensar la respuesta.
-No lo sé. Me he estado preguntando lo mismo, en realidad. Pero no tengo idea.- respondió Blossom, que dejó lo que hacía para voltearse a ver a su amiga.
-Yo creo que sí.- dijo Buttercup.- Son lo suficientemente descarados para hacer algo así. Especialmente Butch. Además, tienen algún que otro amigo- dijo haciendo comillas con los dedos- para pasar el rato, así que no veo por qué no. Aparecerán.
-Visto desde ese punto, es verdad. No se me ocurre razón por la que no vendrían hoy.- dijo despreocupadamente Blossom mientras Robin asentía. Bubbles no podía creer lo que estaba escuchando.
-Se me ocurre una excelente razón por la que no aparecerán.- dijo llamando la atención de las otras tres, que la miraban expectantes.- Nosotras tres.- dijo como si fuera lo más obvio del mundo. Y lo era, en realidad. No entendía como habían pasado por alto esa cuestión.
-No seas ridícula, Bubbs.- habló Buttercup mientras cruzaba la habitación para buscar el su cepillo.- Si nosotras realmente les molestáramos tanto, ni siquiera aparecerían en la escuela. ¿No los has visto? Ese trío de imbéciles se creen los reyes del lugar, no se perderían la fiesta por nada.
Buttercup dejó de darle importancia al asunto mientras pasaba sin delicadeza alguna el cepillo por sus cabellos. Robin asintió, estaba de acuerdo con ella.
-Lo que no entiendo es cómo accedió Mary a que vayan a su casa. ¿Tiene idea de los destrozos que podrían causar?- preguntó Blossom.
-Ve las noticias, cielo. Claro que sabe lo que son capaces de hacer. Pero ya conoces a Mary, es incapaz de ver la maldad de la gente. Seguro debe pensar que son unos pobres niños faltos de amor, o algo por el estilo.- contestó Robin, que comenzó a mirar a todos lados.- ¿Alguien vio dónde dejé la alisadora?
Era cierto, Mary era un ser puro e inocente. Jamás dejaría de reprochárselo si no invitaba a los RRB, pues insistía que el desprecio de todos era lo que los obligaba a ser como eran. Nunca había usado los términos villanos, criminales o locos (como la gran mayoría) para referirse a ellos, creía firmemente que podían cambiar, sólo necesitaban tiempo para reflexionar.
-La dejaste calentándose sobre la mesita del baño.- respondió Bubbles, en lo que la castaña iba hacia allí.- Y tienes razón, Mary se sentiría fatal si los dejase fuera de la fiesta. Especialmente en frente de toda la clase.
Buttercup volvió a prestar atención y se acercó al espejo donde estaban sus hermanas.
-No puedo creer que Princesa haya montado semejante numerito. Odio que siempre quiera llamar la atención. ¿Quién se cree que es?- se quejó mientras comenzaba a aplicarse maquillaje ligero. Sus hermanas habían insistido toda la mañana en arreglarla ellas mismas, pero la morena se negó. Había logrado que se rindieran sólo cuando accedió a ponerse (contra su voluntad) algo de maquillaje.
-Espero que todo esto no le arruine la fiesta a Mary. Quizá no vaya nadie, sabiendo que es una posibilidad que esos tres aparezcan.- dijo Blossom, alejándose del espejo y yendo hacia la bolsa con sus cosas.
-Claro que no. Estaremos nosotras, saben que si se pasan los pondremos en su lugar.- decía Bubbles, aun luchando con la sombra que había elegido para resaltar sus ojos. Buttercup, a su lado, asintió.
Para sus adentros, Bubbles no dejaba de recriminarse que se estaba arreglando más que de costumbre. Además de que el nudo en su estómago no la había dejado en paz en todo el día. No quería reconocerlo, pero saber que había una gran posibilidad de que Boomer estaría en la fiesta hoy en la noche la tenía hecha un manojo de nervios. Estaba enfadada consigo misma, porque sabía que una ínfima parte de ella se estaba arreglando específicamente para que él la viera.
La voz de la castaña la sacó de sus pensamientos cuando habló fuerte.
-¿Están locas? Nadie va a perderse una fiesta en la que estén las PPG y los RRB juntos. Todos están que se mueren de la emoción.- comentó Robin desde el baño. Las tres hermanas se miraron entre ellas con extrañeza.
-¿Por qué? No es como si nunca nos hayan visto pelear con ellos.- preguntó Buttercup, que sinceramente no entendía la emoción.
-Nada de eso. Todo el mundo espera que hoy en el medio del alcohol y la desinhibición, aunque sea una de ustedes bese furiosamente a uno de los chicos.- asomó la cabeza por la puerta.- Oh, y tengan cuidado con las cámaras, porque todos estarán preparados para filmarlo.- y volvió a lo que hacía.
Las PPG tenían la mandíbula por el suelo. No podían creer lo que acababan de oír. ¿Ellas? ¿Besar a los RowdyRuff Boys en la fiesta?
-¿Que nosotras qué?- se quejó indignada Bubbles.
-¡Ay, tú no te hagas la ofendida! Ya has besado a Boomer, ¿o no?- le recriminó Robin volviendo a asomarse por la puerta, callando a la rubia, que se puso roja al instante.
-¿Estás loca o qué? ¡La ciudad entera va a echarnos la bronca del siglo si llegan a enterarse que besamos a los RRB, cosa que NO va a suceder!- exclamó Buttercup con la nariz arrugada. La sola idea de besar a Butch le daba un no sé qué (que no acababa de comprender si le gustaba o no).
-¡Oh, por favor! ¡Nadie va a echarles la bronca! Toda la ciudad espera ese momento desde hace años, van a salir a celebrar, estoy segura.- dijo Robin, restándole importancia al asunto, pero alarmando aun más a las heroínas.
-¿A qué te refieres con eso?- preguntó Blossom, espantada. Eso sí que no lo sabía.
-Me refiero a que se haría realidad el sueño cliché de absolutamente todos los ciudadanos, incluida yo. A todos nos encanta la historia de amor entre el chico malo y la chica buena. ¡No me miren así! Es un clásico.- respondió la castaña ante la mirada estupefacta de las tres chicas.
-Pues lamento mucho romperles la ilusión, pero estoy saliendo con Blaze. No pienso besar a Brick.- dijo Blossom luego de salir del shock. Aunque en su fuero interno, la líder de las PPG sabía que la mayor razón por la que no besaría a su contraparte, era Princesa. Esto la tenía de muy mal humor, pues no podía creer que lo que vio el otro día le haya afectado tanto.
Eso no era todo, en realidad. Se había estado planteando seriamente qué haría si nunca hubiera encontrado a Brick con Princesa en primer lugar. Él la había sacado del bosque y la había llevado a su casa cuando estaba enferma, prácticamente había admitido que estaba celoso de Blaze y su mirada le volvía las piernas de gelatina. ¿Habría dado una oportunidad a Brick sin importar su relación con Blaze, si las cosas fueran diferentes?
-¡Diablos, no! ¡Yo no estoy saliendo con nadie, pero sobre mi cadáver besaré a Butch!- se quejó Buttercup, trayendo a Blossom de vuelta a la realidad.
-No quiero ver a Boomer, mucho menos besarlo.- y tampoco creo que él quiera, agregó para sus adentros, para luego desviar la mirada y seguir en donde se había quedado.
Robin salió de baño y vio las expresiones de sus amigas. Se dio cuenta de que había tomado a la ligera algo que pintaba ser mucho más complicado de lo que parecía. Tenía que desviar el tema de la conversación y rápido.
-Oh, ¿así que lo de Blaze y tú ya es oficial?- le preguntó a Blossom, a quien vio respingar a la mención del clon, pero se encogió de hombros rápidamente.
-Algo así, creo.
-¿Y qué hay de ti y Brendan? Creí que estaban saliendo.- preguntó la castaña ahora a Buttercup, que imitó a su hermana y también se encogió de hombros.
-Salimos de vez en cuando, pero no como para ponerle un título o lo que sea. Sólo me divierto.- dijo restándole importancia al asunto. Entonces, la menor se volvió con ánimos renovados.
-¿Qué hay de ti y Mitch? Ayer se detuvo específicamente para asegurarse de que irías. Sabes lo que significa.- dijo dirigiéndole una mirada pícara a Robin mientras su hermana morena se volteaba sorprendida y divertida ante el nuevo hallazgo.
-Oh, eso me lo perdí. ¿Qué pasó?- inquirió con una sonrisa zorruna. Blossom se echó a reír.
-No sé por qué sigues haciéndote la dura.- comentó mientras se vestía.
-De camino a la fiesta te cuento los detalles, Butter. Y la verdad es que no sé, ¿ustedes qué creen que debo hacer?- preguntó mientras se sentaba en la cama para ponerse los zapatos. Las otras tres la imitaron, y Buttercup le dio un codazo.
-¡Dile que sí de una vez!- le animó.
-Se nota a kilómetros que le gustas. Además, hay tanta química entre ustedes, hasta el profesor de teatro lo ha dicho.- dijo Blossom y las cuatro rieron ante el recuerdo.
Bubbles asintió y las tres aguardaron la respuesta de la castaña, esta al ver las caras emocionadas de los amigas, sonrió y suspiró.
-De acuerdo. Si hoy se acerca, le daré una oportunidad. ¿Contentas?- preguntó y las demás asintieron felices.
-Estoy segura de que se acercará.- Dijo Buttercup mientras subía la cremallera de las botas.
-Creo que ya es hora de que vuelvas a salir con chicos otra vez. Lo de Tyson quedó en el pasado, es un idiota y siempre lo supiste.- animó también Blossom, que ya estaba cansada de ver a su amiga rehusarse a cuanto chico se le acercara porque aun tenía el orgullo herido por aquel imbécil. Robin ladeó la cabeza, pero asintió.
-Además, Mitch será todo lo que será, pero no es mal chico. Sin contar que está colado hasta los huesos por ti desde hace siglos. ¡Y lo que es mejor aun, detesta a Princesa tanto como tú!- dijo Bubbles mientras se echaba a reír junto con las demás.
-El uno para el otro.- se mofó Blossom.
-Está bien, está bien. Me han convencido. Lo haré.- aceptó feliz Robin. La verdad es que tontear con Mitch le gustaba más de lo que debería, y las chicas tenían razón. Había química entre ellos y no podía negar que le gustaba.
Luego de terminar de vestirse, las cuatro se pusieron de pie y examinaron sus atuendos por última vez antes de mirarse entre ellas, ahora ya bastante nerviosas.
-Bien, estamos listas.
Las cuatro miraron el reloj, que marcaba quince para las once. La fiesta comenzaba a eso de las 9.30, así que ya a estas alturas debería haber llegado la mayoría. Según Robin, era la hora perfecta para llegar.
Con una determinación que en realidad no sentían, se pusieron en marcha.
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La casa de Mary era preciosa. Claro, no era la mansión de los Morebucks, pero tenía un encanto que la enorme casa de Princesa jamás lograría igualar. Era espaciosa, y el jardín trasero tenía espacio suficiente para albergar a gran parte del alumnado.
Mary había salido a recibirlas inmensamente feliz, les agradeció que hayan asistido a su fiesta de cumpleaños, pues era muy importante para ella que sus amigas desde el jardín de niños estuvieran allí. Las chicas le juraron que no se lo hubieran perdido por nada en el mundo. Pasaron la siguiente hora dando vueltas por la casa, saludando a cuanta persona se les cruzara y así poder ver claramente quién había ido y quién no.
En vista de las circunstancias, ya era bastante obvio: Los RowdyRuff Boys no estaban allí.
Blossom y Buttercup respiraron visiblemente aliviadas, no querían ni se sentían listas para enfrentar a Butch y a Brick. Por el otro lado, Bubbles y Robin parecían desilusionadas, aunque por razones distintas, claro está. Además, la castaña estaba algo triste porque tampoco había visto a Mitch por ninguna parte.
Estuvieron conversando y jugando al ping pong de ebrios con los demás durante las horas que siguieron. Ya eran pasadas las dos de la mañana y aun ni señales de los RRB. Mientras que Blossom y Buttercup estaban felices por esto, Bubbles seguía muy disgustada.
Y lo peor de todo es que ella sabía muy bien qué era lo que la tenía de tan mal humor: Boomer no había venido. Saber que el RRB tenía tanto poder sobre ella y su estado de ánimo la tenía furiosa.
Sus dos hermanas mayores la veían con asombro mientras le observaban ir y venir a la mesa de bebidas. Estaban convencidas de que a Bubbles no le gustaba el alcohol, pero ya parece que estaban equivocadas. Ya era el tercer ¿o cuarto? trago que la rubia vaciaba.
-Bubbles, ya te dije que no voy a beber.- le repitió por enésima vez la pelirroja a su hermanita mientras esta le ofrecía un vaso lleno.
-No es para que lo bebas, es para que me lo sostengas mientras yo me termino este.- contestó la rubia mientras comenzaba a darle largos tragos a su bebida. La hermana mayor sabía que debía detenerla así que buscó a Buttercup con la mirada, necesitaba apoyo. La morena simplemente se reía divertida con la situación, pues no era algo de todos los días ver a Bubbles siendo una borracha berrinchuda, fue por eso que miró a Blossom y se encogió de hombros. Había que dejarla ser.
Blossom suspiró pero decidió que tenía razón. Estaban de fiesta, cosa que no pasaba todos los días. Sus hermanas merecían divertirse de vez en cuando, aunque ella no compartiese sus formas.
Robin estaba tanto sorprendida como divertida por el panorama. Sabía que Blossom no dejaría su responsabilidad de lado y que ni tocaría el alcohol, pero lo de Bubbles la había tomado completamente desprevenida. Ella y Buttercup siempre eran las primeras en caer en la tentación y las que siempre arrastraban a las otras dos en sus locuras, pero esta noche prometía ser diferente. Y no podía esperar para verlo, solo deseaba que los RRB hubiesen venido, todo sería mucho más divertido.
Justo entonces, y como si los hubiese invocado, la puerta principal se abrió de un estruendoso golpe que sólo podía significar una cosa:
Los RowdyRuff Boys acababan de llegar.
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Continuará…
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Sé que no hay excusa para todo lo que tardé en subir este nuevo capítulo, pero créanme cuando les digo que el año pasado fue el peor año de mi vida en tantos aspectos que no puedo ni enumerarlos. Por días no tenía ganas ni de salir de mi cama y cada día era tan pesado y asfixiante que les juro que no podía ni pensar.
Me costó muchísimo superarlo pero aquí estoy.
Como lección, y les comparto esto porque quizá haya alguno de ustedes en una mala situación ahora, que la autocompasión no sirve de nada. Los problemas no se irán solos, y lo único que podemos hacer es hacerles frente y buscar una solución como sea. No hay caída de la que no podamos levantarnos.
Gracias por leer.
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¿Review?
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