Personajes: Los alumnos de Jothan de Tauro: Khalil, Danel, Lazare y Glenn. Esta parte tiene cameo de Ewan.
Resumen: Tres eventos importantes en la vida de Khalil. Tres momentos en los que llegamos a conocer más de sus compañeros.
Parte III: Glenn
Circinus.
El Compás.
Él fue el último en llegar al Santuario. Cuando lo hizo, me tomó mucho tiempo el aceptarlo como mi compañero.
Su cuerpo era débil y su voz temblorosa; la piel de su rostro estaba cubierta de manchas cafés y su cabello era de un pálido color cobre. Era tan frágil que pronto me convenció de que no viviría por mucho tiempo y preferí aparentar que no existía.
No era difícil. El muchacho no hablaba a menos que fuese estrictamente necesario e incluso a Lazare le costó ganar su confianza. Cualquier otro se hubiera rendido antes, pero la naturaleza amable y protectora de Lazare le impidió rechazar al novato. No me sorprendí cuando, después de muchos años, los dos alcanzaron un punto cercano a la amistad.
Por su parte, Daniel tuvo una actitud igual a la mía. Al principio buscó su amistad, pero la introversión del recién llegado le irritó. Decía que no estaba acostumbrado a lidiar con gente tan aburrida. No obstante, en él halló a un buen compañero de entrenamiento. Le era confortante el conocer a alguien quien, como él, siempre estaba dispuesto a pelear.
El muchacho entrenaba cada que podía e incluso en sus tiempos libres iba al coliseo a observar las peleas ajenas. Su decisión era tal que poco a poco logró hacerse más fuerte. Para cuando cumplió los trece años quedó claro que él se había convertido en el más poderoso de los tres.
Fue sólo entonces que reparé realmente en su nombre.
Glenn.
Nunca había escuchado un nombre tan extraño y mi curiosidad me orilló a preguntarle a
Lazare sobre dónde era que venía el muchacho.
―Del Reino Unido ―dijo―. Muy al norte, en donde está lleno de bosques y lagos.
También me explicó que había dejado a un hermano menor entrenando en uno de esos bosques. Eran huérfanos, pero los cuidaba un amigo de su padre. Vivieron con él y su familia por varios años hasta que un día su hermano comenzó a desarrollar un poder que los demás no alcanzaron a comprender. Temiendo por la seguridad de sus propios hijos, el hombre decidió desembarazarse de los niños, entregándolos a los Santos de Atena. Éstos aceptaron de buena gana al hermano menor, decidiendo que se quedaría entrenando en Escocia.
El destino de Glenn se vislumbraba diferente. Su cuerpo era demasiado frágil y difícilmente se convertiría en un guerrero. Decidieron, pues, enviarlo al Santuario. Ahí sería más fácil encontrar qué hacer con él.
La idea era que Glenn se convirtiera en soldado. Si hacía un buen trabajo podría aspirar a escudero, pero no más. Nunca contaron con el entusiasmo del muchacho y a tan sólo un año de su llegada a Grecia, llamó la atención de Jothan.
Fue él quien decidió darle la oportunidad de convertirse en Santo. Glenn sabía que le sería más fácil reencontrarse con su hermano si obtenía una Armadura, así que decidió trabajar aún más para alcanzar su objetivo.
Sus esfuerzos dieron frutos y a los catorce años se vio cubierto por el Manto de Circinus. Los otros dos no tardaron en acompañarle como Santos de Bronce.
Por mi parte, tardé un año más en recibir la protección de las estrellas. Mi retraso no se debió a falta de capacidad. De todos los aprendices de Jothan, siempre fui el que tuvo el cosmos más poderoso. Consecuentemente, la constelación que guiaba mi camino era diferente a la de los otros.
Poco después de cumplir quince años obtuve la Armadura Plateada de Serpens. Esta fue mi premio después de un largo torneo y, he de admitir que, el recibirla me hinchó de orgullo. Había alcanzado mi objetivo con creces y me unía al valiente grupo de hombres que luchaban por la justicia.
Fue entonces cuando acaricié la tibia superficie de la Caja de Pandora por primera vez y alcé mi mirada hacia mis compañeros, que descubrí una chispa de vida en el interior de los ojos de Glenn.
No tuve tiempo para interpretar aquel brillo. Justo después de mi premiación fui convocado al Templo de Atena para recibir mi primera orden como Caballero; esa misma noche partí en dirección a África central.
Aquella región llevaba varios meses buscando su independencia; pero su pueblo, desorganizado, se alzó en armas de modo caótico. Se desencadenó una guerra de guerrillas en la que todos los bandos salían siempre perdiendo. El centenar de muertes diarias orilló al Patriarca a enviar a alguien que protegiera a los civiles.
Tras recibir la orden me atreví a recomendar a Lazare para la misión. Él conocía aquella región mejor que yo y sabía que daría todo de sí para asegurarse de que ningún inocente fuese lastimado. Sin embargo, el hermano del Patriarca insistió que el trabajo no sería sencillo y que lo mejor sería contar con un Caballero de Plata.
No tardé en darle la razón a Arles. El proteger a los civiles era un cuento de nunca acabar. Apenas un territorio se sentía seguro, la guerra civil estallaba en otro. Me la pasé recorriendo esos pueblos por semanas hasta que descubrí que el mejor modo para detener los ataques era destruyendo las armas de los guerrilleros. Al principio fue muy sencillo. Sólo era cuestión de volar una que otra casa llena de municiones y salir esa misma noche en busca de la siguiente. Desafortunadamente, los guerrilleros comenzaron a utilizar nuevas tácticas y una de ellas fue el usar escudos humanos.
La técnica era ingeniosa: armaban a un montón de niños y los colocaban al interior de los polvorines. Sabían qué era lo que los detenía constantemente y pensaron que un Santo de Atena no se atrevería a poner en riesgo la vida de sus jóvenes soldados.
De haber habido alguien más en mi lugar la técnica hubiese funcionado; pero, para bien o para mal, esas vidas no representaron un obstáculo para mí. Sabía lo peligrosos que podían ser los niños soldados (yo mismo era uno) y también sabía que era prácticamente imposible que tuviesen vidas normales después de la guerra. El quitarlos del camino ahorraría problemas futuros.
En cuatro días interrumpí por completo el suministro de armamento de los guerrilleros y uno tras otro los territorios lograron organizarse lo suficiente como para defenderse a sí mismos y seguir con su lucha independentista.
Después de varios meses regresé al Santuario. El Patriarca no quedó precisamente satisfecho con mi trabajo, pero el señor Arles le recordó que, en situaciones como aquella, el fin justificaba los medios. No era necesario que recibiera un castigo.
Muchos en el Santuario no estuvieron de acuerdo con Arles, pero no me preocupé por sus frías miradas o por sus descarados cuchicheos. Había actuado como creía que era necesario y me bastaba con estar satisfecho conmigo mismo.
Eso fue hasta una tarde en la que Glenn no pudo mantenerse callado por más tiempo.
―No puedo creer que te hayas salido con la tuya ―fue en ese momento que identifiqué el brillo de sus ojos: rencor―. Te encerraron tres meses por matar a tres hombres. Esto merecería tenerte toda la vida encarcelado.
Yo le miré en silencio por varios segundos. En efecto, después de mi primera misión con Lazare, había confesado mis crímenes y me habían castigado por ello. La condena duró mucho menos de lo que yo hubiese deseado, pero me convencí que si el Patriarca creía que sólo unas semanas de encierro eran suficientes, entonces debía de ser cierto.
―Eso fue totalmente diferente. Aquello fue un grave error; esta vez sólo hice lo que tenía que hacer.
―¿Cómo es posible que un Santo de Atena hable así? Nosotros debemos defender a los inocentes.
―A mí no me parecían muy inocentes ―admití.
―¡Para ti nadie es inocente! ―parpadeé varias veces, sorprendido de que Glenn pudiese hablar con semejante tono―. ¡Crees que eres superior a todos, pero juzgas con leyes que tú mismo no sigues! Si todos fueran como tú habrías muerto el día en el que Jothan te encontró.
―Yo ya recibí el perdón de mi Dios ―respondí con severidad.
―¿Y los demás qué? ¿Por qué sólo tú mereces el perdón?
Antes de que pudiese pensar en una respuesta, Glenn me lanzó un golpe. Pude evadirlo, pero él no se rindió. Siguió atacándome a diestra y siniestra y, aunque al principio me limité a eludir sus golpes (me parecían tan lentos), comencé a perder la paciencia. Decidí que lo mejor sería noquearlo y le lancé un fuerte ataque al pecho.
Glenn salió disparado a varios metros de distancia. Estuve a punto de lanzarle un segundo ataque cuando una alta y clara figura se interpuso en mi camino.
―¿Qué es esto? ―un extraño hombre se alzó frente a mí―. ¿Un juego? ―dirigió entonces su atención a Glenn―. Deja adivino: quieres ver qué tan fácil sería morir en manos de un Santo de Plata ―sonrió, ofreciéndole la mano para que se levantara. Glenn rechazó la ayuda―, o tal vez querías demostrarle qué tan fácil es ser acusado de traidor por atacar a alguien de menor rango que él.
Glenn murmuró algo que no pude escuchar tras lo cual se puso de pie y se alejó, no sin antes lanzarme una fría mirada.
―Diabhlan, los jóvenes de ahora ya no respetan a sus mayores.
―Usted es el Santo de Escorpio ―indiqué, inclinándome levemente al ver la dorada coraza que le cubría.
―Aye. Y tú eres el nuevo asesino del Santuario ―quise defenderme de tal acusación, pero él me interrumpió colocando su dedo índice sobre sus labios en tono de confidencialidad.
―Deja que te dé un par de consejos: si quieres sobrevivir en este mundo, lo primero que tienes que hacer es aceptar lo que eres ―arqueó la ceja izquierda―.Y lo segundo es cuidarte de quienes desean lastimarte, ¿comprendes?
La imponente presencia del Santo de Escorpio me obligó a asentir. Dudaba algún día aceptar el título de asesino, pero el segundo consejo fue uno que estuve totalmente dispuesto a seguir.
De los tres, Glenn siempre fue el más peligroso.
Comentario de la Autora: Ésta fue la parte que más trabajo me costó y con la que quedé menos satisfecha. Realmente fue difícil dar a entender que Khalil seguía siendo un psicópata pero sin hacerlo lo suficientemente psicópata como para que no se pudieran justificar sus actos. Escribí esta parte tantas veces que me cansé y decidí dejarla como me pareció menos pior. Originalmente su misión iba a ser en Palestina, pero en esa época estaba más de moda la independencia de los países africanos así que decidí quedarme con eso.
Ahora Glenn, de los 4 muchachos de Jothan, éste fue el que más cambió de lo que planteé inicialmente. Al principio Glenn era un bastardo que odiaba a Khalil y que tornó a los otros 2 contra él. No obstante, TUVE que cambiarlo. Si Glenn fuese mala onda, Jothan no hubiera intentado defenderlo contra Ewan cuando éste salió a vengar la muerte de Khalil. En el último sidestory de esta 'saga' conoceremos un poco más de la personalidad de Glenn. Por supuesto, también será el sidestory en donde veremos cómo es que realmente murió Khalil.
Cabe mencionar que NO elegí la constelación de Compás por ver al susodicho en SS Omega. Admito que el concepto original de Glenn se parecía mucho a Hooke pero no se necesita ser muy original para relacionar compás con alguien inteligente y astuto. Tal como Glenn se supone que es.
Bueno, eso es todo por el momento. El siguiente sidestory que suba será nuevamente un capítulo con Ewan y Argenis.
Ojalá que esto no haya sido tan terrible. Si llegaron hasta acá, felicidades... yo sé que son muchos OC pero trabajé tanto en ellos que sentí necesario contar su historia. Aunque fuese sólo al aire.
¡Ciaossu!
