- Titulo: La vida es un circo
- Autor: WritersCompulsive (Miku_Cullen)
- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no nos pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
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Bella POV
Tenía miedo, miedo de lo que podía llegar a hacer mi novio, miedo a lo que podía llegar a ocurrir si es que no lo encontraba cuanto antes e intentaba hablar con él para aclarar lo que había ocurrido en el hospital con su padre. Tenía que decirle que todo lo que había dicho su padre era mentira y que estaríamos bien.
Intentamos llamarlo con mi suegra por mucho rato. Incluso llamamos a los chicos para saber si había ido donde alguno de ellos, pero eso no había ocurrido.
— No sé dónde puede estar Edward— confesó mi suegra con pesar
— Yo tampoco— admití, suspirando— Quizás a dónde fue
— ¿Y el auto al que se subió es de ustedes? — preguntó
— No, nosotros no tenemos auto. Se lo deben haber facilitado en el museo para que lleve los cuadros— le dije y ella asintió
Tomé nuevamente mi teléfono para llamarlo, pero no me contestó y eso me preocupó. Le indiqué a mi suegra que iría a esperarlo al departamento por si es que llegaba a aparecer por allá y ella me hizo jurarle que la llamaría en cuanto supiera algo. Asentí y, después de despedirme de ella y de mi pequeño cuñadito que yacía dormido en la camilla de la sala de observaciones, me retiré para salir a coger un taxi.
Tomé el primer auto que pasó por fuera del hospital y le indiqué la dirección del edificio en el que vivíamos con mi novio. Él me hablaba constantemente tratando de hacer más ameno el viaje, pero yo estaba más pendiente de lo que ocurría con mi novio y trataba de comunicarme con él.
Al llegar, pagué el viaje y me dirigí al interior del edificio para subir a nuestro piso. Le pregunté a Liam si es que lo había visto llegar, pero el negó entregándome las cartas que habían llegado. Le agradecí y subí por el ascensor.
Abrí la puerta del departamento y vi que todo estaba igual a como lo había dejado.
Un gran estruendo de una puerta cerrarse con fuerza me hizo sobre saltar e inmediatamente me di la vuelta para ver la puerta de la entrada, pero está aún estaba abierta. De inmediato se me pasó por la mente el nombre de Edward y comencé a llamarlo.
— Mi amor ¿Eres tú? ¿Estás en la casa? — comencé a llamarlo después de cerrar la puerta y a medida que me acercaba al lugar desde donde se escuchaba una gran cantidad de ruido. Estaba en su estudio.
Desde el interior se escuchaba como Edward gritaba y arrojaba cosas, muy molesto, y no pude evitar preocuparme por él. Se escuchaba demasiado alboroto y como se rompían algunas cosas.
— ¡Edward, ábreme la puerta! — le pedí golpeando una y otra vez la puerta— ¡Edward, mi amor, soy yo! ¡Edward, por favor! ¡Ábreme la puerta!
Estuve mucho tiempo intentando abrirla e incluso busqué las llaves de repuesto que teníamos en el departamento, pero con la desesperación no lograba encontrarlas. Al final bajé a la recepción y le pedí ayuda a Liam, quien subió conmigo al ver el estado en el que me encontraba.
El alboroto en el interior había cesado y ya no se escuchaban los gritos ni las cosas rompiéndose, lo que me preocupó aún más.
Liam comenzó a empujar la puerta hasta que esta cedió y se abrió mostrándonos el destrozo que había en el lugar. Busqué rápidamente con la mirada a Edward y me lo encontré aovillado en el suelo de un rincón del cuarto, con sus brazos rodeando su cabeza y llorando desesperadamente. Su ropa estaba arrugada, sus manos sangraban profusamente y había un gran desorden a su alrededor.
— ¡Edward! — me acerqué corriendo hasta su lado teniendo cuidado con los palos y telas rotas de los cuadros que había destruido. Además había caballetes tirados por el lugar y un sinfín de pinturas reventadas en el suelo.
Pero lo que más me llamó la atención fue una botella de vino que manteníamos en la cocina para cuando cocinábamos, completamente vacía y rota a un lado de su cuerpo.
Me arrodillé a su lado y toqué su brazo para llamar su atención, pero él no se inmutó y siguió en su estado de shock. Liam, mientras tanto, sacaba los cuadros que se habían salvado e intentaba ordenar un poco el lugar mientras me preguntaba si quería que llamara a alguien para que me viniera a ayudar. Asentí y le dije que llamara al abuelo de mi novio para que le explica a la situación y le pidiera que viniera, el asintió y salió con mi teléfono en sus manos.
— Edward, mi amor— lo llamé nuevamente intentando que me prestara atención y el levantó un poco su mirada enfocándola en mía. Eso solo me destrozó el corazón y un gran nudo se formó en mi garganta.
Sus ojos estaban muy rojos, al igual que sus mejillas y su nariz. Su mirada estaba perdida en ningún punto específico y parecía completamente contrariado. Sus ojos habían perdido ese brillo tan especial y que me enamoraba enormemente.
— Mi príncipe, no llores— le pedí acomodando su cabeza en mis piernas— No sufras innecesariamente. Tu hermanito está bien y nada malo pasará.
Comencé a susurrarle cosas al oído para calmarlo, diciéndole cosas que lo relajaran y que le recordaran los momentos alegres que había vivido en estén último tiempo junto a su familia, su hermano y junto a mí, pero no lograba hacer que reaccionara. Poco a poco el dejó de llorar hasta que cayó en una inconciencia completa.
— El señor dice que ya viene— anunció Liam entrando en el lugar y tendiéndome el teléfono— ¿Le ayudo a llevarlo al cuarto?
Asentí y entre los dos lo llevamos casi a la rastra hasta nuestra habitación. Luego Liam prometió que me avisaría cuando llegara el abuelo de mi novio y se retiró del departamento para volver a su puesto de trabajo.
Me acerqué al baño para coger un recipiente con agua y unas toallas para limpiarle las heridas que tenía en sus manos y los rastros de sangre de su rostro y su cabello. Luego le quité la ropa que tenía puesta y le puse un pantalón holgado y una camiseta sin mangas para que estuviera más cómodo.
Dejé un beso en su frente y salí del lugar al mismo tiempo que el teléfono comenzaba a sonar. Al contestar escuché la voz de Liam que me informaba de la llegada de Diego y la puerta no demoró en sonar. Corté y me dirigí esta para abrirla.
— Bella— saludó Diego mientras entraba en el departamento y dejaba su maletín en el suelo— ¿Qué ocurrió?
— Muchas cosas— le dije comenzando a derramar las primeras lágrimas de desesperación y el no tardó en abrazarme para calmarme. Me decía palabras alentadoras y trataba de tranquilizarme un poco alegando que no le hacía bien al bebé.
Pronto, por la puerta, entró la abuela de Edward y ella también se acercó para calmarme.
Cuando lo lograron les conté todo lo que había ocurrido y el doctor se fue pronto al cuarto de su nieto para saber cómo estaba mientras su esposa y yo nos quedábamos en la cocina preparándome una tila.
Las dos nos quedamos conversando de lo ocurrido y luego fuimos a ordenar el lugar que había quedado destrozados por mi novio. Pronto se nos unió el doctor que nos informó que le había inyectado un calmante ya que estaba muy alterado a pesar de estar dormido y que le curó las heridas de las manos que necesitaban sutura y se las había vendado.
Entre los tres terminamos de ordenar y dejamos a un lado los cuadros que estaban rotos para que luego viera mi novio que haría con ellos. Después nos fuimos a la sala a conversar.
— Definitivamente esta vez Carlisle se excedió. Los accidentes ocurren y no podemos culpar a los demás por ellos— comentó Chelsea
— Lo dijo porque estaba asustado, Chel— dijo su marido— Tú también me culpaste cuando Carlisle se cayó cuando pequeño y jugábamos en el patio de la casa, aunque no creyeras que realmente lo hice adrede
— Pero esa es la diferencia, doctor— lo interrumpí— Su hijo de verdad piensa que Edward es un irresponsable y que tiene la culpa de todo lo ocurrido
— No sé si sea así, Bella— insistió el, pero no estaba muy segura
Chelsea me ayudó a preparar la cena para todos y después nos sentamos a comer juntos mientras seguimos hablando de tema de Edward. El abuelo me dijo que lo mejor sería que Edward no trabajara por unos días y que se relajara ya que la crisis de hoy no había sido solo por la pelea con su padre y le encontré la razón.
Últimamente Edward no hacía más que trabajar y estresarse más de lo necesario, así que hablaría con el cuándo despertara y estuviera más tranquilo.
Me levante por un momento de la mesa para ir a ver si es que Edward había despertado, pero él no parecía querer despertar por el momento y seguía tan dormido como lo había dejado hace un momento. Volví al comedor y los abuelos de inmediato me preguntaron por su nieto, así que les dije lo que había visto.
Cerca de las nueve los dos decidieron irse a su casa para ir a descansar y dejarnos estar tranquilos en nuestro departamento. De todas formas me pidieron que les informara cualquier cosa que ocurriera y no me pude negar.
En cuanto cerré la puerta llamé a mi suegra para decirle que Edward estaba en la casa ya descansando y que no se preocupara. Obviamente no le conté del arranque de ira de mi novio para que se quedara con Emmett, cuidándolo y ya después le diría todo cuando estuviera más calmado.
— No me gusta verte de esta manera— le dije a Edward besándole la mejilla. El seguía completamente dormido y ni siquiera había notado mi presencia.
Lo observé por un rato más hasta que decidí ir a darme una ducha para relajarme. El agua lograría hacer lo que el pasar de las horas no había hecho.
Me acosté a dormir tratando de no pensar en la imagen de Edward tirado en su estudio, llorando y ahogándose en su llanto, pero esto se me hacía casi imposible sintiendo su cuerpo a mi lado irradiándome con su calor. Al final logré dormirme a eso de las doce de la noche y solo porque al día siguiente tenía que ir a trabajar temprano al hospital, pero ese estado no duró demasiado ya que pronto me despertaron los gemidos de Edward que no dejaba de quejarse y removerse en la cama.
— Ed, mi amor, despierta— comencé a moverlo tratando de que reaccionara, pero él estaba sumergido en su mundo de pesadillas. No paraba de gemir y removerse inquietamente mientras murmuraba cosas en sentido pero que aludían a su padre y a mi cuñadito... Lo estaba pasando realmente mal.
Seguí tratando de hacerlo despertar hasta que lo logré y él se sentó de golpe en la cama, completamente asustado, respirando forzosamente y sudando como si estuviera con fiebre o bajo el sol en pleno verano.
— ¿Estás bien? — le pregunté y el asintió— ¿Quieres hablar de tu sueño? — el solo negó
— Voy a lavarme un poco— contestó y se levantó de la cama tambaleándose al estar recién despertando.
Me acomodé mejor en la cama para intentar dormir y descansar para trabajar al día siguiente, pero no podía. Escuchaba el agua corriendo en el baño y a Edward murmurando unas cosas, pero no sabía qué exactamente.
Luego el regresó a la cama y se cubrió con las mantas para acomodarse y volver a conciliar el sueño, aunque no sé hasta qué grado podría hacer eso. Solo sé que, después de unos minutos, el ya no se removía en la cama y su respiración se había vuelto un poco más pausada y eso me calmó, provocando que mi cuerpo se relajara y pudiera quedarme dormida.
A la mañana siguiente me levanté en cuanto comenzó a sonar la alarma del despertador, el cual apagué antes que Edward se despertara. Me fui a duchar y me vestí con el uniforme de pediatría que utilizaría ese día, para luego ir a terminar de arreglarme en el cuarto.
Me senté en la cama para colocarme los zapatos y luego me volteé para ver si Edward se había despertado, pero aún no lo hacía.
Estaba un poco pálido y tenía un hilo de lágrimas secas que caía desde sus ojos hasta el borde de su mentón. Su cabello estaba revuelto, más de lo de costumbre, y sus largas pestañas estaban un poco pegadas por las lágrimas.
Suspiré audiblemente y, después de darle un beso en la mejilla, salí del cuarto para preparar el desayuno para los dos.
Mientras preparaba unas tostadas para los dos, comenzó a sonar mi teléfono y lo tomé rápidamente para ver de quien se trataba. Era mi suegra.
— Buen día, cariño— me saludó en cuanto contesté la llamada
— Buen día, Esme— la saludé igualmente
— ¿Cómo están? ¿Cómo amanecieron? — me preguntó tranquila, pero se notaba un cierto deje de preocupación hacia su hijo mayor
— Estamos bien, aunque Edward aun duerme. Anoche no pasó muy buena noche— le conté
Nos quedamos conversando por un rato acerca de distintos temas y lo que ella había conversado con su esposo. Habían discutido por lo ocurrido e incluso Alice se había entrometido en la discusión encarando a su padre, pero sabía que si Edward se llegaba a enterar no se quedaría tranquilo y les pediría a ellas que no se metieran en sus problemas.
Cuando terminamos de conversar y el desayuno estuvo listo, lo coloqué en una bandeja y lo llevé a nuestro cuarto, en el cual Edward aún dormía.
Comencé a despertarlo poco a poco y el reaccionó después de insistir por un rato. Se acomodó en la cama y comenzamos a hablar de lo que había ocurrido la tarde anterior, aunque él no recordaba demasiado.
— ¿Vas a arreglar los cuadros el día de hoy? — le pregunté y el negó— ¿Vas a ir al museo?
— No…— fue lo único que me respondió
— ¿Qué harás, entonces? — inquirí comiendo un trozo de fruta
— No me siento muy bien, así que me quedaré en cama. Me duele todo el cuerpo— contestó acomodándose mejor en la cama y dejando la bandeja a un lado. Apenas había probado un trozo pequeño de la tostada y había bebido dos sorbos de su leche, algo que el adoraba aun teniendo 23 años.
— ¿Cómo que no te sientes bien? ¿Qué sientes? — le pregunté, preocupada
— No sé, me duele todo el cuerpo y no tengo ánimos de levantarme— me respondió
Instintivamente llevé mi mano a su frente, pero no parecía tener fiebre. El solo gimió ante mi gesto y se acomodó mejor en la cama… De verdad parecía que no se sentía muy bien.
— Entonces llamaré para avisar que no podré ir— tomé mi teléfono dispuesta a llamar, pero él me quitó el teléfono de las manos— ¡Oye!
— Ve a trabajar, yo voy a estar bien— alegó
— Pero cariño…— iba a replicar
— Si me llego a sentir muy mal te llamo o voy a verte, pero no puedes quedarte solamente porque no me sienta bien. De seguro es algo pasajero— reclamó y yo, después de pensarlo, asentí
— Esta bien, pero come un poco más— le rogué
— No tengo hambre— se volvió a acomodar en la cama y se cubrió con las mantas
Suspiré y, después de darle un beso en la frente y acomodarlo mejor, salí del cuarto para llevar la bandeja a la cocina y dejar todo lavado antes de irme a trabajar. Desde el cuarto me llamó Edward y me tendió unas llaves.
— ¿Y esto? — pregunté cogiéndolas
— Son del auto. Está en el estacionamiento subterráneo— me respondió
— ¿Pero no se enojaran en el museo si lo uso? — inquirí
— ¿Por qué deberían enojarse? — preguntó
— Porque es de ellos— dije como si fuera lo más obvio y él se burló de mí— ¿Qué? ¿Qué dije?
— Mi amor, ese auto es nuestro
Quedé completamente impresionada por su respuesta y no supe que hacer. El me miraba con una leve sonrisa mientras me explicaba que eso era lo que había hecho ayer con Emmett aparte de comprarle las sillas a los bebés y unos regalos a su hermano que aún debían estar en el auto y me pidió que se los entregara.
Lo abracé de alegría y le dije que no se preocupara que yo se los daría. Él me sonrió y volvió a cerrar sus ojos para descansar.
Volví a salir de la habitación ya con las llaves en mis manos y bajé hacia el estacionamiento para irme al hospital esperando que Edward se sintiera mejor cuando regresara.
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Habían pasado ya dos días en los que Edward no se había levantado de la cama a menos que no fuera para ir al baño. Apenas había comido un poco y bajaba de peso. Ni siquiera el hecho de tener que ir al hospital con los chicos lo alegró y animó para salir de la cama.
Durante todo el día se la pasaba durmiendo y en las noches se despertaba en varias ocasiones por las pesadillas y por las décimas de fiebre que lo atacaban.
— Si, mamá. Te juro que ya no sé qué hacer para animarlo. El pobre no se quiere levantar y apenas come. Dejó casi la mitad de su almuerzo.
— ¿Intentaste hablar con Esme? A lo mejor ella puede conseguir algo— propuso y la verdad es que no lo había pensado
— No lo había pensado. Voy a llamarla para contarle— le indiqué y nos quedamos conversando por un tiempo más.
Corté la llamada y de inmediato llamé a mi suegra para contarle lo que ocurría. Ella lamentó todo y prometió que vendría a verlo en cuanto saliera de su trabajo. Le agradecí y corté nuevamente para ir a ver a mi novio al cuarto.
Él estaba durmiendo como todos los días y se notaba que no descansaba en tranquilidad porque las ojeras bajo sus ojos estaban tornándose aún más purpura y se removía inquietamente en la cama.
Sin hacer ruido salí del cuarto y me fui a la sala para navegar en la Tablet que me había comprado hace poco.
Para eso de las seis de la tarde el timbre del departamento sonó y fui a ver de quien se trataba, encontrándome con mi suegra en cuanto abrí. Ella venía acompañada de Alice y Emmett, ambos sonrientes.
— ¡Bella! — gritó Emmett acercándose a mí para abrazar mis piernas
— Hola pequeño— lo saludé dándole un beso en la mejilla— Hola Alice, señora Cullen
— Hola cariño ¿Cómo están? — preguntó mi suegra entrando a la casa
— Bien, cansada. Edward está en su cuarto y no ha querido salir de ahí— le conté y ella suspiró
— Aun se debe sentir culpable— comentó Alice y asentí
— Yo voy a verlo— dijo Emmett corriendo a ver a Edward
— Espero que él lo anime— suspiró mi suegra y las tres nos fuimos a conversar a la sala.
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Hola gente ¿Cómo estas esa semana? Espero que bien. Yo por mi parte aun estudio mucho. Ayer tuve la prueba de la que les había hablado y que espero me haya ido bien, pero esta semana continúo y tengo tres. Bueno, solo hay que seguir y darle con todo.
Aquí les traje el capítulo de la semana ¿Qué tal les pareció? ¿Lo amaron, lo odiaron? ¿Qué les causó nuestro pequeño Eddie? ¡Lo quisieron ir a consolar? Háganme saber lo que les pareció.
Quiero agradecerles a Jnnfrmrz y a Sandryttaaa por ayudarme en la creación de esta historia. Además quiero agradecerle a:
Yolo: por un momento, cuando leí tu review, pensé que había cometido un error en la historia. Lamento dejarte con la intriga semana a semana, pero así le agregamos un poco de emoción a esta historia. Cuídate y que tengas una buena semana.
Candy1928: a mí también me saca de mis casillas este Carlisle y me costó mucho escribirlo… Solo espero que con el pasar de los capítulos lo podamos odiar menos ¿O no será así?
Yusale: si, Carlisle fue un exagerado pero en parte lo entiendo. Él se preocupa mucho por Emmett. Por otro lado igual da para odiarlo. Con el tiempo veremos que va a pasar con la historia.
Nelva Robsten: bienvenida a esta locura mía y espero que te siga gustando la historia.
Green Day Forever: bienvenida a esta historia y espero que te siga gustando. Yo también adoro esta historia y la profesión de Edward. Las actualizaciones de la historia son todos los domingos, a excepción que tenga algo muy urgente que hacer o este muy ocupada.
Chicas había olvidado contarles que una niña me pidió permiso para adaptar Cette Vie a Harry Potter, así que pronto la tendremos en esa versión. Solo espero que la mantenga tal y como está.
Sin nada más que decir, me despido hasta la próxima semana si es que nada lo impide ¡Bye!
Miiku_Cullen
