Ola ke ase?
Capítulo dedicado a TCHini
Soul Eater no me pertenece, ni la historia de Rosas Rojas.
Capítulo 13
Tsubaki Star no podía dormir.
Se había retirado poco después de la cena, esperando que su ausencia ofreciera a Black Star la oportunidad de estirar a Soul de la lengua y quizá sonsacarle lo que tanto le preocupaba.
Estaba muy preocupada por su hermano. Desde su regreso hacía dos semanas, no había vuelto a ser el mismo. El Soul de antes era cínico y arrogante y parecía estar de vuelta de todo, pero también sabía ser simpático, divertido e ingenioso y siempre tenía una palabra cariñosa para ella.
Ahora apenas hablaba con nadie y, cuando lo hacía, siempre respondía en tono cortante y con monosílabos. Si decía más de dos o tres palabras seguidas, las acompañaba de una mirada gélida y daba por concluida la conversación. Cuando no estaba mirando a alguien con cara de pocos amigos, estaba bebiendo.
Pero lo que más alarmaba a Tsubaki era aquella mirada de apesadumbrada resignación en sus ojos. Era casi como si nada ni nadie le importara lo más mínimo.
Cuando llevaba una hora dando vueltas en la cama, Tsubaki no podía aguantar aquella inactividad por más tiempo. Sencillamente, tenía que saber qué estaba ocurriendo. Se puso la bata y bajó cautelosamente las escaleras.
Se detuvo fuera del salón y pegó la oreja a la puerta. Silencio. Hizo girar lentamente el pomo intentando no hacer ruido y vio que el salón estaba vacío. Avanzó por el pasillo hasta la biblioteca.
Se deslizó con sigilo, el sonido de sus pasos amortiguado por la gruesa alfombra persa. Al detenerse junto a la puerta de la biblioteca, oyó un inconfundible murmullo de voces. Triunfante y sin el menor atisbo de culpa, se arrodilló y miró a través del ojo de la cerradura. Oscuridad. «¡Maldita sea! Debe de estar puesta la llave.» Apretó la oreja contra la puerta, pero las palabras se oían apagadas y distorsionadas.
Sin darse por vencida, Tsubaki se dirigió a toda prisa hacia el despacho teniendo cuidado de no derribar o golpear ninguna mesa. Cuando llegó a la puerta que unía ambas habitaciones, contuvo la respiración e hizo girar apenas el pomo. Para su regocijo, éste no se resistió. Abrió la puerta con sumo cuidado un par de centímetros y apretó la oreja contra la rendija. Le llegó la voz de Black Star: « ¿... consideras que beber hasta la inconsciencia es el mejor remedio a seguir? Sea quien sea, la persona que ha intentado matarte está ahí fuera, esperando otra oportunidad. Apenas podrás defenderte si estás como una cuba».
A Tsubaki se le heló la sangre y se cubrió la boca con la mano para enmudecer un grito sofocado. « ¡Santo Dios! Alguien está intentando matar a Soul!» Volviendo a pegar la oreja a la rendija, escuchó atentamente toda la conversación, aumentando su asombro con cada minuto que pasaba.
Cuando finalizó la conversación, Tsubaki miró por la abertura de la puerta y vio a Black Star intentando levantar de la butaca a Soul, que parecía estar borracho como una cuba. Cerró silenciosamente la puerta y se encaminó hacia su aposento.
Corrió por el pasillo de una forma bastante impropia de una condesa. Luego, utilizando un método que escandalizaría a las damas de la alta sociedad, se levantó el camisón y la bata hasta los muslos y subió las escaleras de dos en dos, sin detenerse en su loca carrera hasta que estuvo bien oculta bajo las sábanas de su cama.
Cerró los ojos e hizo un esfuerzo por respirar más pausadamente, pues sabía que Black Star vendría a hablar con ella. Su esposo sabía las ganas que ella tenía de saber qué era lo que tanto le preocupaba a Soul. Al cabo de varios minutos, oyó abrirse la puerta que conectaba su suite con la de su esposo.
Tsubaki notó cómo se hundía el borde de la cama bajo el peso de Black Star cuando éste se sentó. Abrió los ojos y le sonrió en la semioscuridad.
—Debía haber imaginado que todavía estarías despierta —dijo él en tono risueño.
—Me muero de ganas de saber lo que te ha contado Soul —le contestó incorporándose—. ¿Te ha explicado qué es lo que tanto le preocupa?
Black Star dudó un momento y luego dijo:
—Me temo que Soul ha bebido demasiado. Le he ayudado a subir las escaleras y lo he dejado en la habitación de invitados azul.
—Entiendo —dijo Tsubaki. Era evidente que Black Star no pensaba repetirle la conversación que acababa de mantener con Soul. «Debe de formar parte del código de honor entre caballeros no contar las confidencias hechas con unas copas de más.» Afortunadamente Tsubaki no necesitaba que nadie se lo explicara. Y, por descontado, tampoco tenía por qué contarle ella a Black Star lo que sabía.
—Tenía tantas esperanzas de que averiguaras lo que tanto parece atormentar a mi hermano —dijo Tsubaki fingiendo el mejor de sus suspiros—. Me gustaría tanto poderle ayudar.
Black Star la abrazó y le dio un beso en la frente.
—Soul se pondrá bien, mi diosa —le dijo intentando tranquilizarla—. Créeme, no hay nada que puedas hacer para ayudarle, salvo tener paciencia con él. Pronto volverá a ser el mismo Soul de siempre.
Tsubaki se acurrucó contra el pecho de su marido, con una sonrisa furtiva en los labios. « ¿Que no hay nada que pueda hacer para ayudarle?»
«Eso ya lo veremos.»
.-.-.-.
Maka caminaba por el bosque a pasos silenciosos a lo largo del sendero de tierra compacta. La luz del sol se filtraba entre las ramas de los árboles, caldeando el ambiente fresco y húmedo, oscurecido por la densa vegetación. Cuando llegó al lago, encontró una zona cubierta de hierba y se dejó caer en el suelo, apoyando el peso en las manos, y miró fijamente al agua de un azul oscuro centelleante.
«¡Dios mío! ¿Volveré alguna vez a ser feliz?» Cogió una piedrecita y la lanzó al lago, observando las series de ondas circulares que se iban extendiendo por la superficie del agua. Normalmente encontraba la paz en aquel lugar, en el olor a musgo de las sombras y el suave crepitar de las hojas. Pero no hoy. Ni en las dos últimas semanas. Desde que él se fue.
Había tenido dos largas semanas para recuperar fuerzas, ordenar sus pensamientos y luchar contra el profundo malestar que había sido su constante compañía desde la marcha de Soul. Pero había fracasado estrepitosamente. Seguía doliéndole al respirar. Le dolían las entrañas, y tenía el corazón hecho añicos y el alma herida, como si la hubiera arrollado una manada de caballos salvajes. La vida ya no era como antes de la llegada de Soul.
No había sido capaz siquiera de mirar el jardín. No soportaba ver las flores, sobre todo los pensamientos. Y no había dormido en su cama desde que él se fue, incapaz de acostarse donde habían pasado la noche haciendo el amor.
Puesto que tampoco conseguía conciliar el sueño, se pasaba la mayor parte de las noches en el despacho de su padre, escribiendo hasta la madrugada. Cuando despuntaban los primeros rayos de sol en el horizonte, se acostaba durante una hora en el sofá y dormía a rachas.
Consciente de que su familia estaba muy preocupada por ella, Maka se había forzado a poner buena cara y parecer alegre durante los últimos días para ofrecer la impresión de que estaba bien. Ya no soportaba más las miradas de lástima de Chrona.
Durante las dos últimas semanas, sus emociones habían recorrido toda la gama comprendida entre el enfado y la rabia, por un lado, y la amargura y la desesperación por el otro. A veces estaba furiosa, con Soul, por sus palabras vacías y por la forma en que la había abandonado, y también consigo misma, por haberse enamorado perdidamente de él. Otras veces se sentía tan profunda y completamente triste y hundida que apenas podía mantenerse en pie. Le temblaban las rodillas de la vergüenza que sentía cada vez que evocaba su desinhibido comportamiento en la noche previa a la marcha de Soul.
Se le encogía el corazón al pensar que le había declarado su amor. Se había pasado la primera semana posterior a la partida de Soul temiendo haberse quedado embarazada, pero, gracias a Dios, había comprobado que no lo estaba.
«No puedo culpar a nadie más que a mí misma. Le ofrecí todo lo que tengo —mi corazón, mi alma, mi inocencia— pero, al parecer, todo eso no le bastaba.» Había releído la carta que Soul le había dejado cien veces, hasta que ya no pudo mirarla más. La noche anterior la había echado al fuego. Ya era hora de reanudar su vida. Tenía una familia que dependía de ella y responsabilidades que atender. Ellos le daban un motivo para seguir adelante. Era hora de dejar de sumirse en la autocompasión y unirse de nuevo a la vida. Era hora de volver a su vida anterior.
Como era obvio que había hecho Soul.
—¿Sí? ¿Quién es? —preguntó Stein, abriendo la puerta principal. Cegado por el fuerte resplandor, entornó los ojos para protegerse de la luz solar—. ¿Quién es usted? ¿Le conozco? ¿Dónde he puesto mis gafas? —Se dio un cachete en la parte superior de la cabeza e hizo una mueca de dolor cuando la montura de alambre se le clavó en la piel.
Se puso las gafas en la punta de la nariz y volvió a mirar, esta vez con los ojos abiertos de par en par en señal de asombro.
Un lacayo, ataviado con librea, la más elegante que Stein había visto nunca, esperaba de pie ante la puerta.
Harvar eligió justamente aquel momento para entrar a zancadas en el vestíbulo.
—¿Quién diablos es usted y qué diablos quiere? —dijo vociferando.
—Tengo un mensaje para la señorita Maka Albarn —dijo el lacayo sin inmutarse—. ¿Está en casa?
Stein se arregló tímidamente el chaleco.
—Sí, la señorita Albarn está en casa. Espere aquí, por favor.
Harvar, claramente receloso, dirigió una mirada fulminante al lacayo.
—Ve a buscar a la señorita Maka, Stein. Yo vigilaré a este tipo. Si me plantea problemas, lo echaré con mis propias manos.
Haciendo acopio de toda la dignidad de que fue capaz dadas las circunstancias, Stein salió del vestíbulo en busca de la señorita Maka. No tenía ni idea de dónde encontrarla.
Tardó casi veinte minutos en dar con ella. Tras una búsqueda exhaustiva, por fin la encontró en el huerto, arrancando malas hierbas con Patty y Chrona. Cuando les habló de la presencia del elegante lacayo, las tres lo siguieron hasta la casa.
—¿La señorita Maka Albarn? —preguntó el lacayo, mirando alternativamente a Maka y a Chrona.
—Yo soy Maka Albarn —dijo Maka, dando un paso adelante.
El lacayo le alargó un trozo de papel vitela color marfil lacrado en rojo.
—Tengo un mensaje para usted de la condesa de Star. La condesa me ha pedido que esperara para recibir su respuesta.
—¿La condesa de Star? —repitió Maka completamente desorientada. Cogió el grueso trozo de papel y le dio varias vueltas—. Nunca había oído ese nombre hasta hoy. ¿Está seguro de que el mensaje es para mí?
—Absolutamente—contestó el lacayo.
—¿Qué dice? —preguntó Patty estirando del vestido de Maka.
—Veamos. —Maka rompió el precinto lacrado y leyó rápidamente la nota—. ¡Qué extraordinario!
—¿Qué? —preguntaron Patty y Chrona al unísono.
—La condesa de Star me invita mañana a su casa de Londres a tomar té. Dice que, aunque no nos conozcamos, recientemente ha descubierto que tenemos amigos comunes y que le encantaría conocerme personalmente.
—¿Qué amigos comunes? —preguntó Chrona, intentando leer la nota asomándose tras el hombro de Maka.
—No lo menciona.
Patty aplaudió entusiasmada mientras daba saltitos.
—¡Tomar el té con una condesa! ¿Podré ir contigo? ¡Por favor, Maka!
Maka negó con la cabeza sumida en un mar de dudas.
—No, cariño, me temo que no. —Se dirigió al uniformado lacayo—. Así pues ¿la condesa espera mi respuesta?
—Sí, señorita Albarn. En caso de que aceptara la invitación, le enviarían un coche de caballos a buscarla para que la acompañe a la residencia de la condesa.
—Ya entiendo. —Maka miró a Chrona inquisidoramente—. ¿Qué hago?
—Creo que debes ir —dijo Chrona sin dudarlo ni un momento.
—Yo también —intervino Patty.
—Después de todo, ¿cuántas oportunidades tendrás en la vida de tomar el té con una condesa? —dijo Chrona con una incitante sonrisa—. Te irá de maravilla salir de casa. Además, ¿no te pica la curiosidad por saber quiénes son esos amigos comunes?
—Sí, debo admitirlo. —Maka releyó la invitación por última vez, sin acabar de creerse que fuera dirigida a ella—. Muy bien —le dijo al lacayo—. Puede decirle a la condesa que acepto encantada su invitación.
—Gracias, señorita Albarn. El coche de caballos de la condesa estará aquí mañana a la once en punto de la mañana. —El lacayo hizo una reverencia y se marchó.
Maka, Chrona, Patty, Stein y hasta Harvar se agolparon alrededor de la ventana, pegando las narices al cristal, y observaron cómo el elegante coche de caballos desaparecía en la distancia.
—¡Que me cuelguen del palo mayor y me ondeen al viento! —resopló Harvar—. No había visto un anillo tan lujoso en toda mi vida.
—Desde luego —dijo Chrona entre risas—. ¡Santo Dios! Maka, ¿qué diablos te pondrás?
Maka miró fijamente a su hermana, confundida.
—No tengo ni idea. Disto mucho de tener algo apropiado para la ocasión.
—¿Y qué me dices del vestido azul claro...?
—No. —La tajante respuesta de Maka cortó el aire—. Me refiero a que es demasiado ostentoso para tomar el té —se apresuró a rectificar. No quería ni pensar en aquel vestido. Le recodaba a Soul y a la noche en que lo había llevado, y aquellos recuerdos le hacían daño.
—Puedes ponerte alguno de mis vestidos —le ofreció Chrona.
—Es muy amable de tu parte, pero soy demasiado alta para llevar ropa tuya —dijo Maka—. Me pondré uno de mis vestidos grises.
—No lo harás —dijo Chrona con firmeza. Tomó a Maka de la mano y la arrastró hasta las escaleras—. Patty, por favor, ve a buscar a tía Marie. Dile que coja el costurero, y luego venid las dos a mi alcoba.
Patty se fue corriendo a hacer sus recados, y Maka dejó que Chrona la guiara escaleras arriba.
—¿Qué estás tramando? —le preguntó Maka.
—Vamos a buscarte algo para que te lo pongas mañana —dijo Chrona, abriendo de par en par las puertas de su armario. Sacó varios vestidos y los inspeccionó con mirada crítica antes de tirarlos sobre la cama—. No, ninguno de éstos servirá —dijo volviendo a mirar el armario—. ¡Aja! —dijo, con expresión triunfante. Sacó un vestido color melocotón claro y se lo ofreció a Maka—. Éste te quedará precioso.
—Pero me irá corto —protestó Maka negando repetidamente con la cabeza—. Además, éste es uno de los vestidos que te compré para que estés bien guapa cuando te venga a buscar Kid.
—Podemos alargarlo —dijo Chrona sin titubear—. Bastará con coserle un volante en los bajos. Los volantes están muy de moda ahora.
—Pero... ¿y Kid?
—Kid detesta el color melocotón —dijo Chrona, pero el rubor de sus mejillas delató su mentira.
A Maka le embargó una gran ternura ante aquel evidente deseo de complacerla.
Tía Marie y Patty aparecieron en la puerta de la alcoba y, antes de que Maka supiera qué estaba ocurriendo, le habían quitado el sencillo vestido que llevaba puesto y estaban poniéndole el vestido color melocotón por la cabeza. Chrona le explicó a su tía lo de la invitación para tomar el té con la condesa y la falta de vestimenta apropiada.
A Maka, el vestido le iba bastante bien, exceptuando que le apretaba un poco en la parte del corpiño y que le faltaban unos quince centímetros de largo. Chrona y tía Marie se desplazaron alrededor de Maka, soltando costuras por aquí, clavando alfileres por allá y comentando las posibles opciones. Cuando, por fin, decidieron lo que había que hacer, le quitaron rápidamente el vestido a Maka y las tres se pusieron manos a la obra.
Estuvieron cosiendo el resto de la tarde, parando solamente para cenar. A Hero y Ragnarok les impresionó bastante la invitación que había recibido Maka. Tras la cena, las tres mujeres siguieron trabajando durante las oscuras horas de la noche, charlando jovialmente, cortando y cosiendo. Patty se quedó con ellas, junto con la señorita Elizabeth, hasta que no pudo mantener los ojos abiertos. Se quedó dormida en el sofá del salón, abrazada a su muñeca.
—¡Ya está! —dijo Chrona, levantándose y desperezándose. Miró el reloj de sobremesa que había en la repisa de la chimenea. Casi era medianoche.
—Pruébatelo, Maka, querida —dijo tía Marie.
Ayudaron a Maka a ponerse el vestido encima de la combinación. Tía Marie había cosido hábilmente un paño de puntilla en la espalda para que el corpiño le quedara más holgado. Un volante color crema, cuyo tejido habían extraído de un antiguo vestido que se le había quedado pequeño a Chrona, adornaba los bajos del vestido. Y tía Marie había añadido una cinta de terciopelo color crema debajo de la línea del busto.
—¡Te sienta de maravilla! —dijo Chrona entusiasmada mientras daba la vuelta alrededor de su hermana—. Es absolutamente perfecto.
—La condesa se quedará impresionada —predijo tía Marie con una sonrisa.
—Siempre y cuando yo no haga nada que me haga quedar en ridículo —dijo Maka.
—Tonterías. Seguro que te adora —dijo Chrona ayudándola a quitarse el vestido—. Como todo el mundo.
A Maka le embargó una profunda tristeza.
«No, no todo el mundo.»
-..-.-.-.
Al día siguiente, un elegante coche de caballos, con puertas lacadas y adornadas con el blasón de la familia Star, llegó a la finca de los Albarn exactamente a la once en punto de la mañana. La familia Albarn al completo, incluyendo a Joe, escoltó a Maka hasta la puerta del coche de caballos. Ella los abrazó a todos, prometiéndoles que les explicaría hasta el último detalle cuando volviera a casa al atardecer.
Un lacayo uniformado con librea ayudó a Maka a subirse al coche de caballos y partieron, entre chillidos de los niños y agitar de manos.
En cuanto su familia se perdió en la distancia, Maka se acomodó en el asiento e inspeccionó el interior del coche de caballos. Nunca había viajado en un vehículo tan lujoso. Deslizó la mano sobre los voluminosos cojines de terciopelo color vino y hundió los dedos en su suavidad.
Con un suspiro, se apoyó en el respaldo, observando cómo pasaba rápidamente el paisaje ante sus ojos. Una vez en Londres, observó cómo iban cambiando los alrededores conforme iban saliendo de los arrabales de la ciudad y entrando en los barrios de más postín. Maka vio a damas y caballeros elegantemente vestidos paseándose, lujosas tiendas y magníficos edificios. El coche de caballos se detuvo finalmente ante una impresionante construcción de ladrillo. El lacayo le abrió la puerta y la ayudó a bajar.
Subiendo lentamente la escalinata, la mirada de Maka se fijó en la magnífica estructura del edificio, desde sus envejecidos ladrillos color rosa hasta el pequeño pero hermoso jardín de flores. Justo antes de que pisara el último escalón, se abrió uno de los dos inmensos porticones.
—Buenas tardes, señorita Albarn —dijo un mayordomo de rostro impasible mientras daba un paso atrás para dejarle entrar en el vestíbulo.
—Buenas tardes —contestó ella con una sonrisa. Entró en el vestíbulo y contuvo la respiración. Una enorme araña, la mayor que Maka había visto en su vida, colgaba del techo. Una majestuosa escalera describía una curva y luego ascendía al segundo piso. El suelo del vestíbulo era de mármol verde oscuro y brillaba tanto que Maka podía verse reflejada.
—¿Quiere que le guarde el abrigo? —La voz del mayordomo volvió a captar súbitamente la atención de Maka, y ella le entregó el chal.
—Gracias.
—La condesa está en su sala de estar privada. Por favor, sígame.
Mientras seguía al mayordomo por el pasillo, Maka fue observando la decoración con sumo interés, intentando no parecer patosa. Lujosas mesas de caoba se extendían a lo largo del vestíbulo, todas ellas adornadas con inmensos arreglos florales elaborados con flores frescas. Admiró las flores y fue nombrando mentalmente cada una de ellas a medida que iba avanzando. Varios espejos realzaban las paredes tapizadas con seda color marfil. Se miró disimuladamente en uno de ellos y sintió un gran alivio al comprobar que el viaje no le había estropeado el peinado.
El mayordomo se detuvo en seco ante una puerta, y Maka estuvo a punto de chocar contra su espalda de lo concentrada que estaba fijándose en cuanto la rodeaba. Él señaló la puerta y le indicó, con un solemne ademán de la cabeza, que podía entrar en la habitación.
Un fuego crepitaba en el hogar, creando una atmósfera sumamente acogedora. La habitación estaba agradablemente iluminada y decorada en tonos alegres, la luz del sol entraba por unos altos ventanales estilo Palladian. Varios óleos sobre escenas pastoriles decoraban las paredes tapizadas en seda de color verde claro. Dos butacas flanqueaban el sofá, y en un rincón de la habitación había un escritorio de cerezo. También había varios jarrones de cristal llenos de flores frescas, cuya dulce fragancia perfumaba el aire de la sala. Maka tuvo la sensación de acabar de entrar en un jardín encantado.
—¿Señorita Maka? —preguntó una dulce voz a su espalda—. Muchísimas gracias por aceptar mi invitación, sobre todo teniendo en cuenta la brevedad de la nota que la acompañaba.
Maka se volvió para saludar a su anfitriona, y la sorprendió gratamente la primera visión que tuvo de la condesa. No estaba muy segura del aspecto que esperaba que tuviera la condesa de Star, pero, desde luego, no se había imaginado nada parecido a aquella joven encantadora que se le acercaba con una cordial sonrisa en su hermoso rostro.
La condesa le tendió la mano.
—Encantada de conocerla, señorita Albarn.
Maka consiguió recordar los buenos modales e hizo una desgarbada reverencia. Luego estrechó la mano de la condesa.
—Es un placer conocerla, lady Star. Y soy yo quien debe estarle agradecida por su amable invitación.
—Por favor, venga conmigo y tome asiento —la invitó la condesa guiándola hasta el sofá—. Pensé que podríamos conversar unos minutos antes de que nos sirvan el té.
—Esta habitación es una preciosidad —comentó Maka cuando se hubo sentado.
—Gracias. Es mi favorita. Por frenético que sea mi ritmo de vida, siempre que puedo me refugio aquí para encontrar un poco de paz. —La condesa se inclinó hacia delante y examinó a Maka sin disimular su interés—. Debo admitir, señorita Albarn, que no es exactamente como esperaba. —El rostro de Maka debió de delatar su consternación porque la condesa se apresuró a añadir—: Oh, no me malinterprete, por favor. Estoy muy sorprendida, gratamente sorprendida, se lo aseguro. —Alargó el brazo y le dio un breve apretón en la mano.
Maka dejó escapar un suspiro de alivio. Luego devolvió a la condesa su cordial sonrisa y le confesó:
—En tal caso, debo admitir que usted tampoco es exactamente lo que me esperaba encontrar.
—¿Ah, sí? ¿Y qué se esperaba encontrar? —preguntó con expresión de genuina curiosidad.
—¿Sinceramente?
—Por supuesto.
—Bueno, me la imaginaba ataviada con algún tipo de impresionante vestido oscuro y unos quevedos colgando de la nariz. Varios collares de perlas, un moño sumamente serio de cabellos grises, y tendiendo a la obesidad. Me imaginaba que cojearía y que sería muy, muy anciana —concluyó Maka con una tímida sonrisa en los labios.
La condesa estalló en carcajadas.
—¡Santo Cielo! ¿Y aun así aceptó mi invitación?
—Para serle franca, me planteé la posibilidad de rechazarla, pero mis hermanas menores no me dejaron hacerlo —confesó Maka, relajándose en presencia de la condesa. A pesar del noble linaje de su anfitriona, era cordial y acogedora, y a Maka le gustó en cuanto la vio—. Están muertas de envidia porque estoy tomando el té con una condesa. Mi hermana pequeña, Patty, vive para invitar a la gente a tomar el té. Ahora estará en casa, dando vueltas nerviosamente, esperando ansiosa mi regreso para que le cuente cómo sirve el té una condesa.
—¿Qué edad tiene?
—Seis años. Cumple siete dentro de dos semanas.
—¡Qué encanto! —La condesa llamó para que le trajeran el carrito del té—. Por favor, prosiga, estoy deseosa de oírlo todo sobre usted y su familia. —Escuchó con sumo interés mientras Maka le hacía un breve resumen sobre los Albarn, incluyendo a Stein, Harvar y Joe.
En cuanto hubo terminado, llegó el té.
—¿Y qué me dice de sus padres? —preguntó la condesa, sirviendo dos tazas.
—Fallecieron los dos.
—¡Qué terrible desgracia! ¿Y quién cuida de sus hermanos? ¿Su tía?
A Maka se le escapó una risita.
—No, tía Marie es un amor, pero me temo que no sería capaz de cuidar de una pandilla tan movida como la que forman mis hermanos.
—Entonces... ¿tienen una institutriz?
—No, sólo estoy yo. Y, por supuesto, Chrona.
La taza de té de la condesa se detuvo súbitamente a medio camino antes de llegar a sus labios.
—¿Se refiere a que usted está a cargo de toda la casa?
Maka asintió, divertida ante la expresión de asombro de su anfitriona.
—A veces resulta difícil, pero no los cambiaría por nada del mundo. ¿Tiene hermanos o hermanas, milady?
—Tengo dos hermanos —contestó, cambiando inmediatamente de tema para volverse a centrar en Maka. Le hizo literalmente decenas de preguntas sobre Death City, los Albarn y los intereses de Maka. A cambio, la condesa explicó multitud de divertidas anécdotas sobre el fulgurante mundo de la alta sociedad. Maka se preguntaba por qué la condesa no había mencionado todavía quiénes eran sus amigos comunes, pero era reticente a sacar el tema antes de que lo hiciera su anfitriona. No quería que la condesa pensara que era maleducada.
Cuando acabaron la segunda tetera, Maka miró por casualidad el reloj de sobremesa y estuvo a punto de volcar la taza.
—¡Dios mío! No puede ser más tarde de la cinco, ¿verdad?
La condesa se rió.
—Estaba disfrutando tanto de la conversación que no puedo creerme que el tiempo haya pasado tan deprisa.
Maka se acabó la taza y empezó a levantarse.
—He disfrutado mucho tomando el té con usted, pero debo irme. Si no, mi familia empezará a preocuparse.
—Por favor, no se vaya todavía —le dijo la condesa mientras la retenía tocándole suavemente el brazo—. Todavía no hemos hablado de nuestros amigos comunes.
Volviendo a tomar asiento en el sofá, Maka dijo:
—Debo admitir que, al principio, me corroía la curiosidad por saber de quiénes se trataba, pero ya hace un buen rato que me he olvidado completamente de ellos, sean quienes sean. —Sonrió—. Es muy extraño, pero tengo la sensación de que hace mucho tiempo que la conozco.
La condesa le devolvió la sonrisa.
—Me ocurre exactamente lo mismo. De hecho, me encantaría que fuéramos amigas.
Normalmente a Maka le habría desconcertado bastante la idea de entablar una relación de amistad con una dama de tan ilustre cuna. Pero, tras aquella tarde con la condesa, se sentía muy a gusto y relajada en su presencia.
—Sería un honor para mí, lady Star.
—En tal caso, insisto en que me llame Tsubaki. Todos mis amigos me llaman así.
—De acuerdo... Tsubaki. Usted puede llamarme Maka.
—Excelente. Maka, creo que es hora de que hablemos sobre nuestros amigos comunes.
Maka esperó, corroída por la curiosidad.
—Soy toda oídos.
—Creo que usted conoce a mi marido. La curiosidad de Maka dio paso a la confusión.
—¿Su marido?
—El conde de Star. —Maka sacudió la cabeza.
—Estoy segura de que no he tenido nunca ese placer.
—Tal vez le conozca por su nombre de pila —sugirió Tsubaki.
—Es del todo improbable.
—Se llama Black.
Maka miró fijamente a Tsubaki, muda de asombro ante sus desconcertantes palabras. Tardó un minuto entero en recuperar la voz.
—Conozco a un señor Black Star, pero debe de tratarse de una coincidencia. El señor Black Star que yo conozco no es un miembro de la nobleza.
Tsubaki se levantó del sofá y cruzó la habitación hasta llegar al elegante escritorio que había en un rincón. Volvió con un cuadrito enmarcado y se lo entregó a Maka.
—Éste es mi marido, Black Star, conde de Star.
Maka miró la diminuta pintura y sintió como si no le llegara la sangre a la cabeza. El apuesto caballero que la miraba era, sin lugar a dudas, el mismo Black Star Star que ella conocía. Consternada y confundida, dijo:
—No tenía ni idea de que el señor Star fuera conde. Ni, obviamente, que usted fuera su esposa.
Tsubaki se sentó al lado de Maka y le dijo con delicadeza:
—Creo que también conoce al mejor amigo de Black, Soul Evans.
Maka se tensó. Un dolor abrasador le atenazó las entrañas, pero consiguió hablar sin que le temblara la voz.
—Conozco a un tal señor Soul Evans... son.
—Su nombre de pila es Soul Evans. No creo que lo conozca por su otro nombre.
De repente, Maka sintió que la habitación se había hecho pequeña y que le faltaba el aire. «¿Otro nombre?»
—Pero ¿cuántos nombres tiene? —«Dios mío, tengo que salir de aquí antes de que pierda el control», pensó.
—Bastantes, de hecho, pero no le voy a aburrir con su lista de títulos menores. Es el marqués de Evans.
Maka la miró absolutamente confusa.
—Debemos de estar hablando de dos personas diferentes. El hombre que conocí era un tutor.
—No. El hombre que usted conoce es Soul Evans, marqués de Evans. También es mi hermano.
A Maka se le empezó a nublar la vista y se le cortó la respiración. Miró boquiabierta a Tsubaki, completamente sin habla.
—Siento haberle dado la noticia así, tan bruscamente...
—Debo irme —dijo Maka, poniéndose en pie de un salto y buscando con la vista desesperadamente su ridículo. No entendía lo que estaba ocurriendo, pero sabía que tenía que irse. ¿Soul, un marqués? ¿Tsubaki, su hermana? Él le había dicho que era tutor y que no tenía familia. «Más mentiras... como cuando me dijo que yo le importaba.»
La profundidad de su decepción le golpeó como un ladrillo en la cabeza. «¿Tutor?» Un sonido extraño, medio risa, medio sollozo, salió de su garganta.
«Y con razón su latín era pésimo y no sabía afeitarse. Sus formalismos, sus críticas a cómo llevo la casa... Ahora lo entiendo todo perfectamente. ¡Dios mío, probablemente son dueños de media Inglaterra! ¡Cómo debe de haberse reído de nosotros, de todos nosotros, especialmente de mí!»
Maka sintió náuseas y se apretó el estómago. No quería oír ni una palabra más. Viendo dónde había dejado el ridículo por el rabillo del ojo, lo cogió con un movimiento brusco y cruzó prácticamente corriendo la sala, desesperada por salir de allí.
—¡Espere! —Tsubaki corrió hacia ella y la retuvo por los hombros—. Por favor, no se vaya así. He de hablarle sobre mi hermano.
—No tengo nada que decir sobre su hermano.
—Por la forma en que se fue, lo comprendo. Pero hay tantas cosas que usted no sabe, cosas que necesito contarle. Por favor. No tiene que decir nada. Basta con que me escuche.
Maka se quedó de pie, clavada donde Tsubaki la había detenido, agarrotada y mirando fijamente al suelo.
—Por favor —repitió Tsubaki.
Levantando la barbilla, Maka vio que Tsubaki parecía muy seria y personalmente muy interesada en que se quedara. También se dio cuenta de que sus ojos zafiros se parecían muchísimo a los de Soul y le estaban suplicando que no se marchara.
—¿Sabe él que estoy aquí? —preguntó Maka, no estando dispuesta a quedarse si había alguna posibilidad de encontrarse cara a cara con él.
—No. Ni tampoco Black Star. Nadie nos molestará.
Sin estar convencida de no estar cometiendo un grave error, Maka volvió con desgana al sofá y se sentó.
—Está bien. Escucharé lo que tenga que decirme.
Tsubaki se sentó a su lado.
—Primero quiero darle las gracias. Le salvó la vida a Soul y le estaré eternamente agradecida. —Alargando el brazo, tomó las manos húmedas y temblorosas de Maka y las estrechó entre las suyas.
—No entiendo nada —dijo Maka con un hilillo de voz—. Me dijo que era tutor. Me dijo que no tenía familia.
—Alguien intenta matarle, Maka.
A Maka se le heló la sangre.
—¿Qué ha dicho?
—Alguien intentó matarle la noche que usted le encontró. Por lo que entendí, creo que no es la primera vez que atentan contra su vida.
—¡Dios mío! —susurró Maka mientras se apretaba el estómago con la mano—¿Se lo ha explicado él mismo?
—No, Soul vino a cenar anteayer por la noche. Él y Black Star tuvieron una conversación muy reveladora que, bueno... yo acerté a oír, por pura casualidad. Soul estaba como una cuba y habló bastante sobre sus sentimientos.
—¿Habló sobre un complot para matarlo?
—Sí. Y también habló sobre usted.
—¿Sobre mí?
—Sí. Así fue como supe quién era usted y dónde vivía. Maka, quiero que sepa que, desde que Soul volvió a Londres, parece un alma en pena. La echa de menos. La necesita.
Maka negó con la cabeza.
—No. Está equivocada.
—No lo estoy —dijo Tsubaki efusivamente—. Lo he oído de su propia boca. Conozco muy bien a Soul. Exceptuando a Black Star, soy la persona que mejor le conoce. Black está muy preocupado por Soul. No duerme, apenas come. Y está bebiendo más de la cuenta. Todo le trae sin cuidado, y su mirada... Maka, su mirada es la de un hombre desdichado y atormentado.
—¿Y por qué me cuenta a mí todo eso? —susurró Maka haciendo un gran esfuerzo por contener las lágrimas.
—Porque está enamorado de usted, aunque es demasiado estúpido para darse cuenta.
Maka dejó caer la cabeza sobre sus temblorosas manos. Las palabras de Tsubaki se le estaban clavando en el corazón, atormentándola, confundiéndola.
—Desea estar con usted, Maka, pero sabe que no puede hacerlo, no con alguien intentando matarlo. No quiere ponerla a usted ni a su familia en peligro.
Maka levantó la cabeza.
—¿Por eso no me dijo la verdad sobre quién era en realidad?
—Francamente, no lo sé. Sólo sé lo que acerté a oír.
—Tal vez debería explicarme qué fue exactamente lo que oyó.
—Por supuesto.
Cuando Tsubaki hubo acabado, Maka se sentía tan vapuleada como si se hubiera caído desde lo alto de un precipicio. Estaba enfadada con Soul por su doblez y sus mentiras, aterrada por su seguridad, y con el corazón destrozado por la falta de esperanzas sobre su amor por él.
Tsubaki se le acercó más, tomó sus manos entre las suyas y le dio un cariñoso apretón.
—Soul nunca ha sido un hombre feliz, Maka. Mi padre siempre ha sido muy duro con él, exigiéndole siempre la perfección absoluta por ser el heredero. Como consecuencia, Soul es bastante frío y distante con la mayoría de la gente. Pero, desde que volvió de Death City, está profundamente abatido. Alguien quiere verle muerto y me temo que, a este paso, lo va a conseguir, porque se lo está poniendo en bandeja.
La idea de que alguien pudiera matar a Soul hizo que a Maka se le helara la sangre en las venas.
—Pero... ¿y qué puedo hacer yo? Le ofrecí todo cuanto podía darle, pero, de todos modos, se marchó.
—¿No lo entiende? Tenía que irse. Tenía que volver a Londres para averiguar quién intentaba matarle.
—Sigo sin saber qué puedo hacer yo.
—Puede hacerle feliz. ¿Le quiere?
Maka respiró hondo ante aquella repentina pregunta. «¿Le quiere?» Un centenar de imágenes de Soul bombardeó su mente, imágenes que había intentado borrar infructuosamente.
Imágenes del hombre de quien se había enamorado, del hombre a quien todavía quería.
Incapaz de negarlo, susurró:
—Sí. Pero seguro que usted es consciente del poco sentido que tiene ese amor. Soul y yo pertenecemos a mundos completamente diferentes. ¡Dios mío! Él es un marqués. Yo nunca encajaría en...
—Tonterías —la interrumpió Tsubaki agitando la mano en el aire para quitar importancia a las palabras de Maka—. Encajaría si quisiera encajar. Lo único que necesitaría es el apoyo y la protección adecuados, y eso ya lo tiene.
—¿Ah, sí? ¿Quién me los podría proporcionar?
—Yo, por supuesto. —La mirada de Tsubaki era seria y resuelta—. Quiero ver feliz a Soul. Incluso aunque no la encontrara encantadora, que no es el caso, usted es la mujer a quien él quiere. Y eso me basta. Ahora bien, ¿está segura de que le quiere?
—Absolutamente.
—Entonces, ayúdeme a salvarlo.
—¿Cómo?
Una chispa de determinación brilló en los ojos de Tsubaki.
—Tengo un plan.
D:!
¿Plan?
¡Plan!
¿Cuál creen que sea el plan? D;
Bueno, digamos que este fin de semana iba a actualizar... ¡en serio!
Pero... Miss Layness vino de visita... ._.
xD
LAL... Vale no. Como sea~ el punto es que ya actualicé... yei!
Bueno~ respondiendo reviews:
Ellie77: Querida mía~! *kiss* (?) Yo también quiero aporrear a Soul hasta que el pobre quede medio muerto para luego aprovecharme de él y... espera! eso era privado! No! (?) Okay no... xD Uyyy~ tenemos a una chica curiosisha por aquí~ Enserio crees que Wess no es el que quiere matarlo? Yo tampoco lo creía la primera vez que lo leí D; pero quién sabe! O: Y si tuviera un final triste, lo modifico y te prometo que te doy un final feliz (?) :3 me deprimen los finales tristes, y ésta historia tiene un final perfecto, haya sido triste o feliz. Es per-fec-to. *v* Y já, yo soy de México y te prometo que jamás he escuchado "ganosa" xD creo que has de ser de otra zona... déjame suponer... ¿norte? o ¿centro? Ñeh, apesto para adivinar xD y no te preocupes amore mío~ que el Julián es mi pasado pero tú mi presente y futuro (?) safljsldkfjalñsjdlkfas :3 y no se te olvide decirme qué te pareció este chapter, plz, mi amore *3*
Love Anna: Ajñdljfñlasdkjflksd y sí! ¡Al fin Maka sabe todo! aslñjfklsdjfklasd
TCHini: No te preocupes, mi pequeña florecisha (?) :3 slfjaslñfjlsdkjfals pero sí extrañé tu review :c eres tan tierna en ellos~ lñasjfljsdñflksdf pero mejor me callo, no vaya a ser que Ellie lea y me fusile D: asñjfkljskldfasd y te dediqué el cap porque me encanto tu PM! Dios! Me sentí súper añldjkfalsdfjlaksdjflkds cuando recibí tu review recordándome que actualizara~ sdlafjñklsdfjñaklsd :33 lasdfjñklsdjflksdaf no se te olvide decirme qué te pareció este capítulo, esperaré tu review!
Lasa: Oi ... xD E obrigado ... Eu acho que você pode dizer que eu estou usando um tradutor, porque eu não sei nada de Português ... : C, mas o que eu não entendo .. obrigado! : D Eu me sinto tão cool para ter um fã brasileira! slañfjlskdjflkasd espero que sua próxima revisão e que este tradutor traduziu bem: 3 añljfsdkljfaklsd
Mi primer review de una brasileña... sadfkljñsdlkfjñlaksdjfklasd!
hikary-neko: aslñfjalsdkjflksdjlfk xD me alegra que te haya gustado, fea :3 aquí está el siguiente como te prometí xD
shiku-mya: Todos esperamos un final feliz :c No matarán a Maka xD decía "Alguien quiere matarle, Maka." refiriéndose a que quieren matar a Soul, y si te confundiste durante la lectura, era que Soul tiene miedo a que alguien intente matarla si el va con ella de nuevo... Tsubaki es una pisha! (?) alsdjñfñlsdjñflkasd yo también te quello Shiku-chan~ aslñdfjalksdf *abacho* (?) :3
Dany de Evans: Gracias :D
Bueno~ me siento honrada de recibir tantos reviws tan tiernishos!
No sé porqué me ha dado de sustituir la "ll" por "sh" lsñdafjlsjdfñakljsñldfk xD ya saben... florecilla... floresisha... okay, no da risa e.e :c
Como decía~ El próximo cap será hiper cortito! por eso daré un pequeño reto que diré en el próximo cap, para actualizar rápido esta semana, ya que sé que la pasada me atrasé D: u.u
Y ahora lo que todas desean leer!
Avances~ *prende una linterna encima de un escenario por falta de presupuesto*(?):
"—Todavía no estoy segura de que esto sea una buena idea...
—Tonterías —interrumpió Tsubaki—. Ya lo hemos hablado un montón de veces.
.-.-.-.-.-.-.-.-
Ella ocupaba todos sus pensamientos, llenaba cada recoveco de su mente, y no había nada que la pudiera apartar de allí. Si sólo...
—Soul.
Soul se quedó helado y luego farfulló una blasfemia y pensó: «¡Maldita sea, hasta oigo su voz!» Siguió andando. Había dado menos de dos pasos cuando volvió a oír que alguien le llamaba. Se volvió y miró fijamente a la mujer que se le acercaba, sin creerse lo que veían sus ojos."
O:
hsñadlfjsldkfjñlasdjflkasd
6 reviews, plz!
Hasta la próxima entrega!
By.
Ren Miyamoto :3
P.D: Para los que esperan Cambios Capítulo 2 "Conociéndote de nuevo" tengo considerado que estará listo entre jueves y sábado :3 ¡Chaos, mis amados!
