Accidentalmente destinados
Cap.12
Serpientes y leones.
A las doce de la mañana ya habían realizado todas sus compras y disfrutaban de un refrescante helado en una cafetería cercana.
-Bueno chicos, dentro de una semana empieza el curso.
-Sí, estoy deseando empezar y hacer los éxtasis.
-Hermione de verdad, a veces me das miedo. ¿Cómo puedes querer hacer los éxtasis?
-Pues se me hace interesante.
Ron bufó desconcertado, definitivamente a veces, no entendía a Hermione.
-Bueno, yo creo que ya me voy-decía la hija de muggles mientras miraba su reloj-tengo que ayudar a Snape en el laboratorio.
-¿Ayudas a Snape en el laboratorio Hermione?-preguntó una sorprendida Ginny.
-Sí.
-¿Quién es Snape?-Edward les miraba con curiosidad.
-¿Es qué tú no lees los periódicos? ¿Te suena de algo la batalla final contra Voldemort?
-Sí, claro pero...Un momento, ¿no hablaréis de Severus Snape? ¿El doble espía?
-El mismo-confirmó Ginny.
-Y ahora que hemos aclarado esto, me voy. Si llego tarde, me mata.
-¿Te acompaño?-La leona miró a sus amigos. Éstos asintieron con la cabeza.
-Sí, nos dejamos tu escoba allí.-Le miró, recordando.
-Recuerda Hermione-habló el pelirrojo-si Snape pone cara maléfica al darte a probar una poción, no te la bebas.
La castaña soltó una carcajada, después desapareció junto con el nuevo individuo.
...
-Hey ahí está mi escoba.-Edward la cogió y montó en ella.-Ha sido un placer volver a verte. Te has convertido en una chica muy guapa.
-Gracias.-Contestó Hermione con el ceño fruncido.
Se dieron la mano y él emprendió el vuelo.
Hermione entró en la casa con una sensación extraña, las ganas de volver a ver de nuevo a su profesor la mataban por dentro, pero por otro lado...La había echado del laboratorio, y no se había presentado a las nueve en punto.
¿Y si había vuelto a dolerle la mordedura de Nagini? Subió las escaleras rápidamente y se paró delante de la habitación de Snape. Estaba entreabierta. Agarró el pomo de la puerta cuidadosamente, como si temiera que una alarma saltara ante un contacto brusco. Miró el interior de la estancia, no había nadie, estaba todo impecable y oscuro.
Soltó un suspiro, no estaba enfermo, eso la alivió. No obstante se sintió estúpida por preocuparse por él. Simplemente no había tenido ganas de verla. Ya no sabía qué pensar. ¿Qué sentía el mago por ella? ¿Cariño? ¿Amor? ¿Simple atracción sexual?
No lo sabía, pero descartó lo último. Snape era un hombre castigado y chafado a la antigua, no se atrevería a tocarle un pelo a una estudiante sin sentir algo fuerte por ella. Sí, eso era. Ahora tendría que averiguar como hacer que Snape se lo hiciera ver. Aunque, a lo mejor, lo que debía hacer era quedarse al margen. No mostrar batalla. ¿Y si cuando entrara en Hogwarts el sentimiento desaparecía? Y, añadámosle también, que ella era la perfecta Hermione Granger. Sentir algo por un profesor podía dejarlo pasar, era humana y quisiera o no, no se puede controlar a los sentimientos. Pero otra cosa muy distinta era intentar conquistarlo. Eso sí que no.
-¿Qué hace en la puerta de mi habitación Granger?- La chica se dio la vuelta sobresaltada.
-Pues pensé que como no me acompañó al callejón Diagón, estaba enfermo. Le esperé, pero no se presentó.
Algo en su helado corazón se resquebrajó. Remordimiento, quizás. No se había presentado, era verdad. ¿Y ahora qué escusa le daba? ``Verá señorita Granger, no he ido por temor a que el sentimiento que tengo hacia usted crezca´´
-Estaba ocupado, espero que no le haya causado un trauma- es lo mejor que pudo hacer, tenía que alejarla de él. Su sarcasmo se lo permitiría.
-No, no lo ha hecho. Simplemente podría avisar cuando no vaya a presentarse. Pero claro, ya debí suponer que no lo haría.
-Otro gesto claro de su estupidez Granger, ahora si me disculpa-dijo agarrándola por el hombro-apártese de la puerta.-La empujó hacia el lado izquierdo, entró en la sala y cerró la puerta en las narices de la chica.
La cara le ardía de rabia. ¿Quién se creía?
Bajó al salón con los puños cerrados y se tiró en el sofá. Le dolía la cabeza. Quería morirse, casi no podía mirar a la cara a Snape después de ese beso. Y lo peor de todo, es que quería repetir, sí. Había sido espectacular, había sido tan…emocionante. Suspiró, el ya tan conocido color rojo subió hasta sus mejillas y no pudo evitar que una sonrisa tonta se dibujara en su rostro. Se tapó la cara y sacudió la cabeza, no podía enamorarse de él. Nunca se fijaría en ella, seguía enamorado de Lily.
Más de una hora tirada en el sofá y sin hacer nada le sirvió para reflexionar sobre el asunto. Seguro que el ex-mortífago la había besado porque en cierto modo le recordaba al amor de su vida. Ambas eran de Gryffindor e inteligentes, y ambas estaban relacionadas con algún Potter. No quería ser el recuerdo de un fantasma y por tanto un segundo plato…
Escuchó unos golpes en la puerta, por un momento sopesó la idea de no abrir, pero tenía que hacerlo.
Una lechuza parda entró revoloteando en el salón, dejando caer una carta para poder marcharse por donde había venido rápidamente.
Estimada señorita Granger: 17 de Agosto
Le comunicamos que como prefecta de su curso, este año deberá realizar el viaje a Hogwarts en el tren del profesorado. El cual saldrá de la estación a las 7 en punto de la mañana. Le rogamos sea puntual.
Atentamente, Minerva Macgonagall.
-Genial... ahora tendré que ir con él en el tren.- Miró su reloj. Tenía que bajar a cuidar a Zafiro. Seguramente el hombre ya había bajado al sótano.
Pisó cada escalón pesadamente, la estancia presentaba una iluminación tenue, como de costumbre. Snape estaba en un rincón examinando al dragón con suma concentración, y en la mesa había un caldero vació y varios ingredientes colocados en orden, uno de ellos era la miel de quimera. ¡Claro! No había terminado de hacer la poción.
-Se-señor.-Tartamudeó.
-Póngase con la poción que está en la mesa Granger, y asegúrese de que quede perfecta. –La chica asintió con la cabeza, aunque lo consideró un gesto estúpido pues su profesor no podía verla.
Miró de frente el caldero y comenzó su labor.
Se preguntaba como es que la dejaba seguir trabajando con él después de lo sucedido, pero la respuesta vino a su brillante mente antes de lo que hubiera deseado. ``El deber por encima de todo´´ Pensó.
Ella también debía centrarse, todo esto tendría que acabar; sus manos comenzaron a dar forma al ingrediente y un escalofrío recorrió su cuerpo. Lo ignoró con todas sus fuerzas y prosiguió.
En un par de ocasiones Severus había mirado a su alumna, verla preparar la poción le traía un recuerdo tan delicioso como prohibido.
-¿Le ha llegado la carta?
-¿Cómo?-la castaña lo miró extrañada durante unos segundos. -Sí. ¿Cómo lo sabe?
-Yo mando esa carta a los prefectos de Slytherin Granger.
-Ah, ya claro. ¿Por qué lo pregunta?
-Solo quería saber si estaba al corriente de sus obligaciones…Y de qué también tendré que aguantarla durante el trayecto a Hogwarts.
-Pensé que últimamente no le era tan pesado aguantarme.-Los ojos de Snape se volvieron rendijas cargadas de veneno y no tuvo otra que apretar los labios. Había sido un golpe bajo, pero él se lo había buscado.
-Es una pena que para ciertos jóvenes sí que sea tortura estar con usted…
Un puño de hierro la golpeó en el pecho. No sabía si lo que le había dolido era el recuerdo de Ron alejándose con otra de la mano o que hubiera sido su profesor quien lo mencionara.
De nuevo la respuesta apareció veloz en su mente.
-¿Qué le pasa Granger? ¿Le ha mordido la lengua el gato?
-No, más bien ha sido una serpiente…-Se dirigió hacia él con paso firme.-La poción está terminada.-Acto seguido subió las escaleras notablemente enfadada y cerró con un portazo.
…
Los días pasaron y el calor disminuía cada vez más; el aire helado de un nuevo día azotó tanto a Severus como a Hermione al salir por la puerta de la mansión. No se habían dirigido la palabra desde la discusión en el laboratorio.
Caminaron hasta alejarse unos veinte metros de la casa, una vez detuvieron sus pasos, desaparecieron del lugar que tantas cosas había cambiado.
…
La estación de King's Cross estaba casi desierta, Hermione visualizó a la profesora Macgonagall hablando con Ron y a varios prefectos de las supuestas casas. Sin pensarlo dos veces se dirigió hacia donde estaban el pelirrojo y la bruja.
-Buenos días profesora Macgonagall.
-Buenos días señorita Granger. Dejaré que el señor Weasley la ponga al corriente de la situación. Tengo que ir a hablar con Severus.-La mujer se marchó con paso ligero y entró en el tren.
-Será mejor que vayamos entrando.
-Sí- admitió el Gryffindor.
Los dos amigos respiraron el olor de aquel medio de transporte tan familiar, miles de recuerdos vinieron a sus mentes y sonrieron con un deje de tristeza.
Buscaron un compartimento y se sentaron.
-Bueno, ¿qué es eso que tienes que contarme Ron?
-Pues nada, los prefectos tenemos que encargarnos de la preparación de la fiesta de graduación.
-Sí, lo suponía. ¿Qué más?
-Nada.
-Ya veo lo informado que estás Ron.
-¡Me centro en lo importante Hermione!
La hija de muggles rió e hizo que el pelirrojo la acompañara en ello.
-Bueno, ¿cómo has llevado levantarte tan temprano?
-Fatal, para que voy a mentirte Herms.
-Típico de ti Ron-dijo dedicándole una sonrisa.
Unos golpes en la ventanilla de su puerta les llamaron la atención. Cho Chang saludaba a su novio con la mano.
-Estaré con Cho, Hermione. Si no te importa claro-comentó visiblemente incómodo.
-Eh no claro, ve con ella.
Así pues el penúltimo de los Weasley abrió la puerta y tras darle un beso a la Ravenclaw en la mejilla se alejó de allí con la chica.
La leona se arrimó a la ventana para mirar el paisaje.
-Vaya, parece que la serpiente tenía razón al fin y al cabo-se dijo a sí misma resignada.
-¿Qué serpiente Hermione?-preguntó una vocecilla alegre e inocente a sus espaldas.
-Luna, pues… una un tanto irritante-le respondió con una sonrisa sincera.
-Sí, a veces las serpientes pueden ser así. Pero creo que en el fondo, debajo de esas escamas tan frías, solo hay un animal más, que quiere encajar o sobrevivir.
La castaña bajó la cabeza y dibujó una media sonrisa. Siempre se había preguntado si Luna tendría algún poder para leer la mente. Sus palabras siempre eran reconfortantes.
-¿Puedo sentarme contigo?
-Por supuesto.-La rubia se sentó rápidamente y se puso a leer el quisquilloso muy concentrada.
…
-Dime Severus, ¿qué tal estos últimos días?
-Han sido tranquilos…-su mirada, fija en el paisaje de detrás de la ventana, era ausente.
-¿Habéis progresado en el proyecto?
-Pronto podré comenzar a experimentar, ya tengo ciertas ideas.
-Muy bien, espero que tú y la señorita Granger os pongáis de acuerdo con el horario.
-No puedo depender de ella para esto Albus.
-¿Hablas del proyecto o de otra cosa Severus?
El profesor de pociones le dirigió a su colega una mirada fría y penetrante, la cual mezclaba furia y tristeza.
-Severus, estar enamo…-no pudo continuar.
-No se atreva a decirlo, sabe perfectamente que yo no…
-Tú mismo lo dijiste Severus.
-No sabía lo que hacía.
-Es miedo lo que te impide avanzar, deja el pasado atrás hijo mío…
Iba a protestar cuando Minerva Macgonagall entró en el compartimento.
-Tengo que hablar contigo Albus, ¿podrías venir un segundo?
-Si me disculpas Severus.-El anciano se levantó con grácil elegancia y acompañó a la docente.
…
La castaña y la rubia se habían separado cuando sus respectivos jefes de casa las habían llamado. Después de una hora y media de charla todos volvían a sus asientos. Draco Malfoy se quedó estático al encontrarse de frente a la hija de muggles. Los dos se miraron sin saber que hacer hasta que el chico la saludó inclinando la cabeza un poco, cosa que la Gryffindor imitó para poder seguir su camino de una vez por todas.
Para su sorpresa, su compartimento estaba lleno de gente. Alumnos de Hufflepuff y Ravenclaw. Sinceramente no entendía que hacían ahí, pero como sabía que restaban un montón más vacíos decidió no protestar. Giró sobre sus pies y de nuevo caminó por los pasillos.
Había pasado ya cinco compartimentos cuando encontró por fin el que sería el suyo.
Abrió la puerta y se sentó. Sacó su baúl del bolsillo, lo agrandó, cogió un libro de su interior y lo devolvió a su bolsillo.
Le gustaba llevar pantalones vaqueros, eran cómodos y bonitos, pasó las manos por una arruga que se había formado en el tejido, y entonces vio que bajo sus pies había una capa negra. Debía de habérsele caído a alguien. La cogió, la sacudió y la puso en el asiento de enfrente.
La puerta se abrió de golpe y se puso en pie al ver al hombre que estaba entrando.
-¿Qué hace aquí Granger?
-El compartimento estaba vacío.
-Mi capa estaba aquí,-puntualizó señalándola-veo que su capacidad de deducción es casi nula.
-Estaba tirada en el suelo señor, no la vi.
La joven se deslizó hasta la puerta.
-¿Le molesta mi presencia Granger?
-No, lo cierto es que no-se atrevió a mirarle a los ojos y para su desgracia se perdió en ellos. Una sensación conocida la recorrió, su corazón le gritaba para que no se separara de él.
-Pero…sin embargo se que usted no quiere tenerme cerca así que…
-Nunca dije eso…``Muy bien Severus, lo estás arreglando´´
Los ojos de Hermione se iluminaron.
Snape no se había movido ni un centímetro, había olvidado lo bien que se sentía cuando la tenía cerca. Aún no le había puesto nombre a lo que sentía por ella, era demasiado pronto. Aunque delante de Dumbledore habló de amor, se resistía a creerlo. Nunca supo porque lo dijo pero se auto-convenció de que fue el nerviosismo lo que ocasionó que dijera lo que él consideraba una tontería.
-Entonces me quedaré.
-Haga lo que quiera-contestó desviando la mirada.
Se sentaron, el uno frente al otro. Su pulso aumentó y el calor se apoderó de ellos. Hermione se ocultó tras su lectura para que no pudiera leer en el libro abierto que era su cara. Y Snape…Snape simplemente se dedicó a utilizar esa grandiosa habilidad que tenía para ocultar sus emociones.
Ya casi llegaban a Hogwarts, la muchacha dirigió su mirada a la ventanilla de la puerta, pero la persiana estaba echada. Se levantó dejando caer el libro en el asiento, abrió la persianita y miró a través. Los pasillos se habían llenado de prefectos, algunos con el uniforme y otros, camino de ello.
-Ya casi llegamos, iré a ponerme el uniforme-dijo más para sí misma que para Snape, que ni siquiera la miró. Segundos más tarde ya salía por la puerta.
-¡Hermione! Por fin te encuentro. ¿Dónde estabas?
-Con Snape.
-¿Con Snape?
-Sí Ron, con Snape. No tiene nada de malo.
-Ya si yo no digo nada pero…
-Simplemente no te encontraba ni a ti ni a Luna y me senté con él.
-¿Y no ha intentado matarte?
-¡Ron!-le regañó dándole un pequeño puñetazo en el hombro.
-¡Auch!-fingió el pelirrojo sonriéndole.
-Bueno, voy a cambiarme, que veo que tú ya lo has hecho.
-¿Vendrás después?
-Creo que no, me he dejado el libro en el compartimento.
-¿Qué libro?
-Uno Ron. Bueno, te veo en el castillo.
El Weasley asintió y se separaron.
Después de unos diez minutos volvía a entrar en el compartimento. Vio que su profesor había cogido el libro y le echaba una ojeada.
-¿Le gusta?
-¿Um?-respondió Snape sin quitarle la vista de encima al manuscrito.
-Es uno de mis preferidos.
-Veo que tiene buen gusto para los libros Granger. Y dígame, ¿cuál es su personaje favorito?
-Pues sin duda, Claude Frollo.
-Interesante…-concluyó mirándola por fin a los ojos.
-Profesor, ¿qué asignatura impartirá este curso?-se sentó junto a él.
El ex-mortífago elevó una ceja y la miró con suficiencia.
-¿Sus ansias de sabiduría no la dejan esperar hasta el banquete?
-Ya ve que no-respondió cortante.
-Pues lo siento, pero no voy a ser yo quien la sacie…-sus ojos se concentraban en su boca y sentía que perdía el control.
Hermione enrojeció al oir esa respuesta, tragó saliva, había observado esos labios varoniles mientras pronunciaban cada una de las palabras de forma acompasada y con voz grave.
La luz de los ojos color miel contrastó con la oscuridad de los negros de él.
¿Por qué cuándo estaba con ella todo su autocontrol se venía abajo? Despertaba un fuego en su interior…
-Profesor yo…-estaban muy cerca el uno del otro, se había creado una atmósfera abrumadora que los atrapaba.
-Y dígame Granger- dijo Snape separándose de ella (por su propio bien).- ¿Podría explicarme cómo se ha acabado la poción cicatrizante?
Esa pregunta la cogió por sorpresa, pero en cuestión de segundos Edward le vino a la cabeza.
-La utilicé con Edward Spellman.
-¿Me tiene por adivino?-gruñó con una ceja alzada.
¿``Por qué me pongo tan nerviosa? ¡Solo es Snape!/Oh sí, eso es muy tranquilizante…y más ahora que te estás enamorando de él. ¡Vamos contesta!´´
-Es un amigo, se cayó de la escoba justo en su jardín y le curé las heridas.
-¿Y eso le da permiso para coger algo que no es suyo?
-Pensé que no le importaría.-Comenzaba a sentirse molesta.
-Se equivocó.-Una pequeña serpiente de color verde se había colado en sus entrañas, haciendo crecer un odio hacia un chico que ni siquiera conocía. ``Cálmate Severus, no tienes por qué estar celoso.´´ ``Un momento, yo no estoy celoso´´ ``Ya claro´´
-No creo que el asunto tenga tanta importancia como para que se ponga así. Es verdad, debí preguntarle, pero no le encontré.
-Sigue sin tener excusa Granger. El inútil de su amigo no debió haberse montado en una escoba si no sabía como hacerlo.-Toda su arrogancia había salido a flote. Se levantó y salió del compartimento dando un portazo.
-No me lo puedo creer-decía la leona entre asombrada y enfadada-¿Estaba…celoso?
…
Hogwarts estaba lleno de vida de nuevo, casi era la hora del banquete y todos se sentaban en sus respectivas mesas.
-Por fin en casa-suspiró Harry.
-Sí, echaba todo esto de menos. Y pensar que será nuestro último año aquí.
-Vamos Neville, todavía nos queda mucho curso por delante- le animaba Ginny.
-Sí, y seguro que quieres que se acabe cuando vuelvas a reencontrarte con tu profesor favorito-se burlaba Ron mirando a la mesa de profesores.
-Snape sigue dándome miedo después de todo…
-Pues vaya Gryffindor estás hecho Longbotton- rió Draco Malfoy mientras se dirigía a su mesa.
-¿No os alegráis de que todo vuelva a ser como antes?-preguntó sonriendo el niño que vivió.
Todos hubieran reído si no fuera porque Dumbledore había pedido silencio. Ahora se encontraba frente al atril.
-Bienvenidos a Hogwarts un año más. Me alegra mucho estar aquí con vosotros. Este año no tengo que preveniros del peligro que podríais correr, y eso me reconforta tanto como a vosotros. Pero no podemos olvidar mencionar a todos aquellos que dieron su vida para que esto fuera posible, por eso, pido que la felicidad y el amor llenen este colegio como nunca antes lo han hecho, para así, rendirles honor (Todo el comedor estalló en aplausos).
-Dejo claro a los de primer año que no se puede entrar en el bosque prohibido o en la tercera planta, si no queréis sufrir la más dolorosa de las muertes; -se escucharon murmullos en las cuatro mesas.-Y por último, quisiera hacer saber unos cambios en el profesorado. Este año el profesor Slughorn no impartirá clases en la escuela, por lo que el profesor Snape volverá a dar clase de pociones (de nuevo murmullos). El señor Guilderoy Lockart se ocupará de las clases de adivinación junto con la profesora Trewlowny y las clases de defensa contra las artes oscuras serán responsabilidad de nuestro nuevo profesor Kai Wilson.
Finalmente el director tomó asiento y el banquete comenzó.
-¡Por Merlín! Volvemos a tener al imbécil de Lockart como profesor.
-No te quezjes Hezmione, que tu no daz adjdivinación-contestó el pelirrojo con la boca llena.
-¡No hables con la boca llena Ronald!
Éste le dirigió una mirada de enfado a su amiga y siguió comiendo.
-Además, te equivocas. En séptimo curso es obligatorio dar adivinación.
-Bueno, cambiemos de tema. ¿Cómo creéis que será ese tal Kai Wilson?
-Ni idea, no está aquí. Solo espero que no sea como Ambridge.
…
-¿Qué tenemos ahora chicos?
-Pociones.
-Mierda.
-Anda vamos Ron, seguro que después de la guerra Snape es más amigable.
-Sí, ya claro Harry. A ver Hermione, dinos tú.
-Pues la verdad, es que sigue igual de borde que siempre, lo siento Harry.
Y así de resignado, el trió dorado entró en el aula y eligieron unos asientos en la tercera fila.
Poco a poco la clase se fue llenando, y puntual como un reloj, Snape entró haciendo ondear su capa.
-Bien, buenos días a todos. Abran el libro por la página quince. Realizarán la poción multijugos. Aunque ya haya algunos expertos en ello-dijo mirando con desdén a los tres amigos.-Tienen una hora para verter los ingredientes, y dentro de un mes veremos si están bien realizadas. Las instrucciones están en la pizarra, si aun así siguen siendo un grupo de botarates sin cerebro, podrán preguntarme.-Su voz grave y severa había resonado en la sala.
Después de despertar del estado de shock en el que estaban casi todos los alumnos la clase se quedó en silencio, trabajando concentradamente. Snape permanecía en su escritorio revisando unos papeles, y de vez en cuando le echaba un vistazo a los estudiantes.
Habían pasado unos veinte minutos desde el comienzo de la clase cuando la puerta se abrió lentamente.
-Esto…-se escuchó una tímida voz.
-Llega tarde señor Spellman…-la voz del ex-mortífago sonó tan macabra que el chico retrocedió.
`` ¿Spellman?´´ ``No puede ser´´. Toda la clase se había girado para compadecer al pobre chico, pero los que más se sorprendieron fueron Harry, Ron y Hermione.
-Verá señor, soy nuevo y me perdí.
¿Y usted cree que me importa? Salga de mi clase y vaya a ver al señor Filch, él sabrá que hacer.-El rubio ya se estaba yendo cuando…
-Ah…por cierto…Diez puntos menos para Ravenclaw por llegar tarde el primer día.
La puerta se cerró y las lenguas de los alumnos se dispararon.
-¡Silencio!
No volvieron a comentar nada de lo sucedido hasta que acabó la hora.
-Pobre Edward.
-Pues sí, parece que Snape estaba de bastante mal humor.
-A quien se le ocurre llegar tarde a una clase de Snape-decía Ron dramáticamente.
-Sí, ¿a quién se le ocurre?-se oyó una apenada voz a sus espaldas.
-Edward. ¿Cómo estás?
-Pues…bien. Espero que no me coja manía.
-Pues lo llevas claro-le contó Ron- solo te salvarías si fueras de Slytherin, y creo haber oído que eres Ravenclaw.-una mueca de horror se dibujó en la cara de Edward-Pero no te preocupes, a nosotros-agarró a sus amigos por los hombros-nos tiene manía desde primero y hemos sobrevivido, aunque claro yo puedo sentirme privilegiado. Se pasa más con Harry o Hermione.
-Bueno, es un consuelo.-Consiguió esbozar una tímida sonrisa.
-Por cierto, creí que estudiabas en Beauxbatons.
-Sí, pero mi madre prefirió que terminara mi último año aquí. No preguntéis por qué.
La castaña le sonrió.
-Deberíamos irnos ya. Tenemos transformaciones con Slytherin.
-Y yo herbología con Hufflepuff.
-Bien pues adiós, te veremos a la hora de comer-se despidió Harry.
…
-Miradle, está más enfadado que de costumbre- susurraba el chico de ojos verdes mientras cenaban.
-Sí-admitía Hermione preocupada-Chicos, os veo en la sala común. Tengo que ir a preguntarle una cosa-veía como salía del gran comedor antes de lo previsto.
-¿Estás loca?-esta vez era Ginny la que hablaba.
-Es importante, se trata del proyecto en el que hemos estado trabajando todo el verano.
-Eres masoquista Hermione-eso es lo último que escuchó la muchacha antes de salir a paso rápido del gran comedor.
…
-Se-señor…- casi lo había alcanzado, se encorvó y puso las manos sobre las rodillas para recuperar el aliento.
-¿Va a incordiarme incluso aquí Granger?
La chica ignoró el comentario mordaz del mago.
-Quería preguntarle algo.
-Que impropio de usted-comentaba sarcásticamente mientras se acercaba a ella.
Volvió a ignorarle.
-¿Cómo nos organizaremos para el asunto de Zafiro?
-¿Quién le ha dicho que vaya a necesitarla?
-Pero…
-Déjeme en paz Granger.
-Profesor, por favor…es importante para mí.
Estuvieron en silencio durante unos minutos.
Snape giró los ojos y respondió.
-Venga mañana a mi despacho después de la cena y hablaremos de ello.
La joven asintió. El hombre se estaba dando la vuelta para seguir su camino.
-Profesor.
-¿Qué quiere ahora Granger?
-Em, yo, eh, bueno…he pensado que no sería justo si no le agradecía todo lo que ha hecho por mí este verano.
Por primera vez en mucho tiempo Severus Snape esbozó una sonrisa sincera. Se acercó a Hermione y acarició suavemente su mejilla, dejando a la chica totalmente sorprendida.
Llevaba ya cinco minutos parada en el pasillo pensando en lo sucedido y no podía creerlo. Tendría que sentirse feliz, y sin embargo un sentimiento nostálgico la embargaba.
Fin del cap.
Siento muuuuuuuuchoo la tardanza, pero he estado muy liada con esto del bachillerato, y bueno quería deciros que seguiré con la historia hasta el final. Muchas gracias a todos los que me leéis, porque gracias a vosotros escribo con más ganas. A ver qué os parece este cap. Ya sé que no ha sido muy movidito pero bueno, tenía que ser así. Bueno de todos modos me esforcé en él, espero que os guste!
Perdonadme porfis!
Trataré de actualizar antes.
Un abrazo, Irene.
