Hola amores :)
Volvemos con un nuevo capítulo.
Quiero agradecer enormemente a cada una de las que envía las maravillosas reviews que nos llenan de inspiración y ganas de seguir haciendo esto que amamos.
Como siempre, gracias Noe por las maravillosas ideas y nuestro trabajo en equipo que es cada vez mejor.
A partir de este capítulo se abre un nuevo capítulo en la historia donde vamos a empezar a conocer un poco más del pasado de Damon. Espero que les guste y espero también todas las preguntas que tengan ganas de hacer sobre la trama y sobre los personajes.
El capítulo 14 ya está en proceso, recuerden que las reviews inspiran a actualizar más rápido :)
Las adoro!

PD: Este es uno de los capítulos más largos de esta historia y además está lleno de cosas importantes para la trama, se lo quiero dedicar a todas las que leen esta historia y especialmente a esas lectoras especiales que se toman un momentito para dejar sus mensajes.
Disfrútenlo!


Capítulo 13

Una hora después, Damon y Alaric terminaron de limpiar todo el desastre del aula y se enfrentaron a un incómodo silencio sin saber cómo salir de la situación.

-¿Vienes conmigo a casa? -preguntó Ric casi por obligación.

-No, voy a quedarme un rato en la sala de profesores a terminar de preparar las clases de mañana un rato. Nos vemos allá -sin decir más nada, Damon tomó sus cosas y se dirigió a la puerta para salir de ahí.

-¡Damon! -llamó Ric antes de que él se fuera y Damon volteó la cabeza para que hablara rápido.

-No la caguemos frente a Meredith -soltó Ric algo incómodo acercandose a quien había sido su amigo incondicional- Sabes que odiaría vernos pelear otra vez.

Damon asintió con seguridad, sabía que había pocas cosas que pusieran realmente triste a Meredith y que ellos se pelearan era una de ellas.

-No digas nada estúpido, Ric. No frente a ella -pidió Damon usando por fin un tono civilizado.

-Te diría a tí que no hicieras nada estúpido pero es obvio que no vas a escucharme.

Damon bufó por la idiotez de ese comentario y se fue sin decir nada ya que sabía que si contestaba desencadenaría otra discusión.

Las cosas con Alaric no estaban bien, pero desde hacía unos días habían llegado a un acuerdo silencioso en el cual ninguno diría o haría nada hostil delante de la "detective Mer". No eran tontos, si Meredith veía algo raro todo saldría a la luz y ninguno de los dos quería lanzar mierda sobre esa mujer que lo había dado todo por ellos en innumerables ocasiones. Pero fingir tenía un coste, que en cualquier momento todo estallaría.

En cuanto Damon llegó a su casa, lanzó todas sus cosas por la cama y se dirigió directamente a la ducha, tenía todo listo (por lo menos en eso no había fallado) la ropa que se iba a poner y la caja de dulces que iba a llevarle a Meredith para que no sospechara, y así mantenerla entretenida.

Estaba un poco más relajado pero sin duda necesitaba un poco de fuerza para enfrentar el encuentro que seguía así que se dispuso a llamar por teléfono a Elena. Generalmente no la llamaba por teléfono, siempre se comunicaban por mensajes pero en ese momento necesitaba tanto escuchar su voz para hallar un poco de calma que estaba a punto de llamarla pero justo cuando iba a hacerlo, el sonido de su teléfono le sobresaltó. Dibujó una mueca de disgusto.

Ric ¿Quién más podía ser?

-¿Diga? -preguntó, sin mucho ánimo, no hacía ni una hora que había estado con él en una situación incómoda, cuando ahora le volvía a llamar, no quiso que el chico viese el disgusto impregnado en su tono de voz.

-Damon, Mer se está preocupando por tu retraso -se oía la voz de la chica protestar desde la otra línea, de forma inconsciente Damon soltó una carcajada- Lo sé, es una exagerada pero aquí piensa que te consumimos demasiado en el trabajo.

-¡Es verdad, lleva allí dos horas sin hacer nada!

-A Damon le gusta tener todo listo -le explicó Ric, y era cierto, Damon se había quedado hasta tarde por dos razones, para no ir con Ric directos a lo de Mer y para organizar la clase del día siguiente- No le desbordamos, él es demasiado responsable..

-Si, eso lo dices ahora porque lo tenéis reventado al pobre -se quejó su amiga desde el fondo, y Damon sintió una punzada en el pecho, añoraba esas conversaciones.

-No Mer -intervino Damon- Es solo que estaba muy sumergido con las clases de mañana, pero en cuanto parezca un poco presentable voy para allá, prometido.

-Te vemos luego tío.

Cuando Damon cortó el teléfono y vio la hora, abandonó la idea de llamar a Elena, sabía que si lo hacía pasarían un buen rato hablando y le acababa de prometer a Meredith que no se retrasaría mucho más así que simplemente se quitó la ropa y se metió en el baño.

Tras darse una buena ducha, semi desnudo se dirigió a la cocina a por algo de beber, en la nevera encontró una fuente de frutillas. Sonrió pícaro cogió una y se la metió directamente en la boca con la imagen de los labios de cierta alumna suya rodeando una frutilla varios días atrás en la cabeza. Echaba de menos a Elena, muchísimo, sin pensarlo cogió su teléfono, recordando una de las pocas conversaciones que había tenido esa semana con ella.

Mientras revisaba el teléfono, releyendo alguno de los mensajes, la conversación con Elena desapareció para dar lugar al aviso de que tenía nuevos mensajes, los miró por encima, con humor de perros, ¿cómo hacía su amigo para meterse hasta en los momentos cibernéticos?

No busques excusa, ayer ya estaba muy susceptible Mer -R

Damon releyó el mensaje imitando de forma cómica la voz de Ric, no tenía ninguna excusa, hoy iba a tragar toda esa mierda como un hombre, tecleó con furia, casi se podía distinguir las huellas de sus dedos en la pantalla.

No tengo excusas, como algo y voy para allá. Lo prometo. -D

No la cagues -R

Iba a contestarle cuando vio que se había desconectado, hecho una furia lanzó su móvil sobre el sofá, con suerte cayó allí, porque realmente no había mirado donde lo lanzaba, se llevó ambas manos a la cara, respiró hondo, se iba a vestir si, iba a ir, e iba a afrontar todo eso, pero solo ese día; para la próxima tendría una buena excusa.

Meredith no podía dejar de pensar que el ambiente, desde hacía unos días estaba muy cargado, intentaba encontrarle una explicación lógica pero no daba con ella, lo único que se le venía a la cabeza es que, esos dos, ocultaban algo, y gordo. Mientras recogía los restos de la comida le lanzó una mirada fugaz a Ric, estaba muy concentrado en ese proyecto suyo que presentaría en la Universidad de Whitmore para los de último curso, una forma de mostrarles a esos chicos que el salto a la universidad no era ni de lejos un salto al vacío, sonrió, Ric era demasiado entregado a su trabajo, pero esas arrugas que se le formaban en la frente mientras revisaba el móvil o miraba la puerta no tenían nada que ver con esos alumnos, cansada de darle tantas vueltas a esa tontería, dejó caer un plato con fuerza sobre la mesa.

Ric le miró casi al instante. Una lucha de miradas, donde cada uno dejaba a la vista sus problemas, pero Mer no encontró lo que andaba buscando.

-Damon llegará en cualquier momento -le señaló la mesa, Mer ni se inmutó en reaccionar- Si lo que quieres es que te ayude -empezó a levantarse, pero la mujer le frenó con un movimiento de muñeca.

-Ya, si tienes prisa, explícame qué te pasa -le sonrió de vuelta- No creo que Damon se vaya asustar por ver nuestro comedor en todo su esplendor.

Alaric dibujó una mueca de disgusto y se dejó caer de nuevo en la silla, durante unos segundos miró fijamente a la pantalla, sin buscar nada en concreto, solo esperando que Meredith se diese por vencida: pero eso no iba a suceder, nunca en todo lo que la conocía, la chica había tirado la toalla, se atrevió a mirarla de reojo, tenía el ceño fruncido, concentrada en analizar cada parte del cerebro de Ric, el chico dibujó una mueca, que en otro momento, habría sido una sonrisa.

-No me pasa nada, en serio -rodeó la mesa para estrechar a Meredith entre sus brazos, la chica no se dejó con tanta facilidad- Solo que no pensé que este año me costaría tanto hacer una buena presentación, me pasa por querer encargarme todos los años de lo mismo -le dio un tierno beso en la coronilla, las arruguitas que caracterizaban los nervios de la chica se fueron disipando a medida que los besos se incrementaban- Y como bien has dicho...Damon estaba al llegar, ¿o prefieres que le digamos que estamos...ocupados?

-Bueno -le rodeó con los brazos, acercándose posesivamente a su cuerpo- Podríamos… -se acercó a su oído- Pero no soy idiota, sé que algo va mal entre ustedes y no voy a permitir que se sigan evitando, voy a descubrir que les está pasando -se separó de él, dejándolo boquiabierto-No me mires así, ya me conoces, o deberías…

-Increíble-susurró, colocándose mejor la ropa- ¡Voy a ducharme! -le gritó desapareciendo de su vista, no queriendo ver la cara de satisfacción de su novia, y mucho menos que volviese a empezar esa tortura de las preguntas, no quería ocultarle información a su novia pero tampoco iba a romper la promesa que le había hecho a Damon, era su amigo y se había comprometido a no hacerlo, y aunque llevasen unos días muy hostiles el no traicionaba a su mejor amigo para entregárselo a las garras de Meredith. Sin pensarlo se desnudó y cogió el teléfono- Cógelo cabronazo.

Daba línea, pero saltaba el contestador. Ric bufó, pasó de la llamada para ir directo al grano, tecleó con avidez pero lanzando miradas a la puerta, si Mer sospechaba ni una puerta le frenaría.

Interrogatorio de Meredith, prepárate-R

Dos ticks, Damon lo había leído, algo era algo, sin pensarlo mucho guardó el aparatito (habiendo borrado el mensaje) en sus pantalones, estaba a punto de meterse en la ducha o de fingir ducharse cuando oyó varios golpes desde detrás de la puerta.

-No oigo el grifo Ric.

-Tranquila controladora -rió- Que estaba haciendo mis necesidades.

-Tampoco oigo la cisterna.

-Ya, ya… -bufó, tirando de la cisterna, agua malgastada para que tu novia no sospeche nada, "muy bien Ric", pensó, "eres un crack". Tras una ducha rápida salió con la toalla puesta al notar el delicioso olor de galletas recién hechas, era como una llamada de emergencia para Ric, sabía que si tocaban postres la cosa no iba muy bien pero le daba igual, le encantaba lo dulce, y se trataba de Meredith más le gustaba aún, se abrazó a su cadera, danzando brevemente con ella- Huele exquisito -la felicitó.

-Si, pero no vas a probar nada todavía…-le avisó- Ha sonado el telefonillo, porque no vas a ver quien es.

-Tu ni siquiera sugieres ya- bromeó- Y mira como estoy.

-No creo que el cartero se asuste, y Damon, bueno...mientras no te viole en el descansillo.

-Que graciosa -se quejó, dirigiéndose directamente al telefonillo, cogió el aparato, pero en cuanto la camarita se encendió supo de quien se trataba, le dio al timbre para abrirle- ¿Se ha abierto?

Damon hizo un gesto con la mano entrando a los minutos en la casa de sus amigos, fue Ric quien le recibió vestido con una toalla y una camiseta en la mano, le sonrió, Damon no bromeó al ver su estado, simplemente entró y dejó sus cosas en la cocina junto a la comida que estaba preparando Mer, Damon miró incrédulo la caja de galletas y glaseado.

-Mer ¿te ha dado por la repostería hoy? -bromeó, la chica rodó los ojos mientras colocaba la última bandeja, y esta vez utilizó la crema pastelera- Tienen muy buena pinta, y ahora me siento fatal…

-¿Por?

-Por no haber traído algo a la altura de tus postres -alzó una ceja de forma sugerente- Siempre puedo restregarme chocolate por el cuerpo si quieres...

-Si podrías -rió sacándose el delantal- Perdona por el desastre pero Ric está sumergido en su proyecto.

-¿Qué proyecto? -se extrañó, no recordaba que Alaric nombrase nada en ningún momento, pero por la mirada que le lanzó su amigo recordó porque no sabía ni la mitad de las cosas que Alaric hacía- Oh, claro, si ese proyecto.

Intentó remediar lo imposible, pero por la cara que tenía Meredith ambos confirmaron lo más evidente, que la chica ya había comenzado con su interrogatorio, Damon queriendo quitarle hierro al asunto se sacó su chaqueta de cuero y se puso manos a la obra con la harina y la masa que quedaba, sus amigos le miraron extrañados.

-¿Qué pasa? ¿Es que uno no puede aprender repostería con sus amigos?

-Damon eres el que mejor cocina de los tres -le cortó seco Alaric, enseguida se arrepintió del tono de voz que utilizó- Quiero decir, si esto es para dejarnos en ridículo…

-Ric -le cortó Mer- ¿Por qué no vas a vestirte? -le sugirió, pero más que una petición era una orden silenciosa, Alaric miró a Damon de soslayo, el cual negaba, de forma evidente, con la cabeza- Ric al cuarto.

-A sus órdenes.

-¿Te ayudo? -preguntó Damon con el miedo impreso en los ojos, Meredith le sonrió burlona.

-¿A qué le vas a ayudar Damon? ¿a ponerse la ropa interior? Chavales sed menos obvios -ambos se tensaron- Sé que me engañan, los dos.

-Bueno, tu me llevas engañando con Damon toda la vida y no me he quejado.

-¡Vamos hombre! ¡Será al revés! -le instó con la paleta repleta de masa pegajosa, varias gotitas cayeron al suelo- Mer me engaña contigo Ric.

-Chicos, solo os falta mear alrededor mío para ser dos machos alfas -puso ambas manos entre media de los dos- Y tú vístete, y tu Damon, deja de manchar la cocina.

-¡Uy! Lo siento -sonrió, dibujando una de sus mejores sonrisas de niño inocente, mientras recogía con un trapo el desastre que había formado en un segundo, se concentró en dejar el suelo impecable mientras rogaba de que Ric se diese prisa o que Meredith fuese a ver su última bandeja, pero no pasó eso, la chica se le quedó mirando sentada en uno de los banquitos- Esto ya está, ¿quieres que limpie algo más?

-No te pago para que me limpies.

-No me pagas para nada guapísima, y mira que tengo unas buenas tarifas -le recordó, relamiéndose los labios, un gesto sensual que había derretido a más de una mujer pero que nunca había servido para su amiga por eso lo seguía utilizando. La chica rodó los ojos mientras le lanzaba un paño húmedo- ¿Y esto para qué?

-Para que quede impecable "señor no me pagas para nada guapísima"-le aclaró.

Durante un rato estuvieron sumergidos en la preparación de galletas, llenaron la casa con ese olor delicioso a crema, a chocolate, vainilla, crema pastelera e incluso a las nuevas invenciones de Ric y Damon, como cuando estaban de exámenes y utilizaban esos "experimentos" para relajarse, por un rato no hubo preguntas trampas, ni miradas asesinas, hubo una paz intachable.

Damon soltó la novena bandeja, esta vez en el salón, porque ya no quedaba espacio ni en la encimera ni en la mesa del comedor, Ric le siguió de cerca con otra más, en esta ocasión de chocolate.

-¡Mer! -gritó Damon- ¿Quién se va a comer todo esto? -miró todo el desastre de la mesa, una crema verde le llamó especialmente la atención, señaló la bandeja- ¿Qué es...eso?

-¿El qué?

-Esa bandeja, ¿que hemos hecho ahí?

-Ni idea colega -ambos, miraron la bandeja como si se tratase de un pequeño alien instalado en su salón, Meredith salía con unas bandejas decorativas para ordenar las galletas cuando vio el gesto incrédulo e infantil de sus chicos.

-¿Qué? ¿Ha llegado ET a nuestro salón? -bromeó.

-No, eso, ¿quién ha hecho eso y con qué?

-¿Qué pasa? -los cortó, soltando las bandejas en el sofá- ¿Estabais borrachos o drogados antes y no me he enterado?- Damon se quedó pálido casi al segundo de haber escuchado esas palabras salir de la boca de Mer, ninguno de sus amigos pareció darse cuenta del cambio de humor de su amigo- Es solo esa estúpida mezcla que se les ocurrió hacer con lo que sobraba en la cocina después de haber terminado.

-No veo el problema para que tenga ese color…

-No tengo idea de qué le pusieron pero se las van a comer ustedes, mis niños traviesos...-rodó los ojos- Y ahora ayudadme, mañana me llevaré unas cuantas bandejas al colegio, hemos hecho demasiadas, puede que les lleve una cuantas a los vecinos, y a Elena también.

-¿¡Qué!? -saltaron de golpe, al unísono, tanto Damon como Ric, que se lanzaron una mirada rápida con mucho significado casi al instante, Meredith los miró dubitativa.

-¿Qué más os dará…? Lleva días que no viene, esta enferma y creo que es una buena opción.

-¿Hablas con ella? -la agarró del brazo Ric- Quiero decir, algo gordo le estará pasando para…

-No sé si lo recuerdas -se zafó de su agarre- Pero es secreto profesional y yo soy muy profesional, ¿recuerdas?

-¡Eres una enfermera joder!

-¡No! Ni se te ocurra juzgarme -le aclaró- Que si no trabajo como médico es porque no quiero, no porque no tenga la posibilidad -salió del salón dando un portazo, Ric se dejó caer en el sofá, tropezando con una de las bandejas de Mer.

Damon seguía con la mirada perdida, pensando en que pasaría si Meredith supiese la verdad, ¿lo aceptaría sin más? ¿o también le odiaría? No, no podía ser tan egoísta como para contarselo, y menos ahora que Mer parecía ser un apoyo para Elena. Uno de los interminables días que llevaban sin verse, Elena le había contado lo mucho que le servía hablar con Meredith y que se había convertido en la segunda persona con la que más mensajes se enviaba por día. En esa ocasión Damon bromeó con su novia fingiendo ponerse celoso de que le prestara tanta atención a Meredith y por un momento se preguntó cómo sería si Elena pudiera ser parte de sus bromas estúpidas y de sus juegos con sus amigos.

Perdido en esos pensamientos, Damon , miró a su amigo de reojo, seguía recostado sobre el sofá mirando a un punto vacío del techo. Silencio. Demasiado silencio.

-No podemos seguir así Damon -comentó tan bajito que si el chico no hubiera estado casi a su lado no le habría ni escuchado- No sé lo que ocultan y Mer no parece querer decirme nada con respecto a Elena, así que no me obligues a tomar represalias...

-¿Vas a chivarte? -no quiso sonar como un niño pequeño que le acaban de romper sus mayores ilusiones, pero así fue como sonó, y Ric no perdió oportunidad para echarselo en cara.

-¡Joder Damon! -se incorporó- Que no tenemos quince años y no le voy a contar que te has puesto hasta arriba..de alcohol, iba a decir ¡alcohol! -le aclaró al ver que su expresión cambiaba completamente- Hablamos de jugarnos el cuello con esto, colega, no quiero que estemos enfadados.

-Pues estos días me has demostrado lo contrario, ¿qué quieres que piense? -se quejó, cruzándose de brazos- Mira Ric no voy a dejarla, no ahora.

El chico se le quedó mirando, muy fijamente, como si quisiera averiguar que se estaba cociendo en esos ojos azules, justo cuando iba a contestarle el teléfono de Damon sonó, el chico miró la pantalla, y después se la enseñó a Ric, un gesto natural en ellos cuando se trataba de un asunto complicado.

-Mikael, no sé qué querrá -dudó en contestar, Ric vio la incertidumbre en los ojos de su amigo y sin quererlo le dio el toque que necesitaba para que reaccionara

-Ve, contesta -se volvió a relajar, Damon salió del salón, esquivando a Meredith en el proceso, la mujer se quedó apoyada en el umbral- ¿De qué hablabais tan calladitos, Ric?

-Uff, ya empezamos -musitó con el claro descontento se giró hacia su novia- De tu cumple, de eso hablamos.

-Ric -dijo seria- Mi cumpleaños fue en Agosto, ¿planeais las cosas con meses de antelación? ¿Desde cuando?

-¿He dicho "tu" cumpleaños? -la mujer dibujó una mueca con la comisura de sus labios, no le estaba agradando nada esas respuestas esquivas, esos chicos estaban demasiados ensimismados, perdidos en sus propios problemas y sin contar con ella- Quería decir…

-Mikael me ha quitado lo de limpiar los talleres, ha contratado a un grupo de limpieza profesional -sonrió Damon victorioso entrando en el salón, Meredith bufó y salió de la sala de mal humor- ¿Qué he dicho?

-Me acabas de salvar la vida colega -sonrió- Casi no sé qué decir.

Llevaban una tarde movidita. Tras preparar las bandejas y comerse las galletas con cremas un tanto extrañas, los tres se dejaron caer en el sofá dispuestos a pasar lo poco que les quedaba de tarde en ver algo en la televisión o comentar cualquier cosa. Meredith sacó el tema del proyecto casi al mismo segundo que Damon y Ric comenzaron a hablar del partido del otro día, nadie dijo nada con el cambio, Alaric emocionado se puso a comentar todo lo que llevaba escrito y lo que tenía en comparación con otros años.

-Este año incluso voy a hacer un pequeño esquema comparando, de forma subjetiva, las universidades más importantes de la zona, sé que no es profesional, pero, ¿quién quiere tragarse una presentación aburrida? -comentó con una sonrisa mientras tomaba otra galleta- Esto está asqueroso.

-Ni que lo digas.

-Deberías trabajar en la universidad Ric -se interesó Damon- Te lo decimos siempre y nunca nos haces caso.

-Bien, pero ya sabéis que adoro trabajar con adolescentes, es mucho más cómodo, me siento más yo.

-Que tonto eres -le dio un abrazo Mer- Pero es cierto chicos, los dos, podríais estar en una buena universidad, de cualquier estado.

Damon estaba a punto de contestar cuando se le adelantó Ric, con una mueca perversa que no consiguió descifrar el chico, su amigo prosiguió.

-A Damon también le gusta "trabajar" con adolescentes, son menos problemáticos y más...hormonados.

Mer se extrañó, y se giró para poder ver a su novio con otra perspectiva, Damon, simplemente estaba blanco, dejó caer la galleta que llevaba en la mano y se le quedó mirando, ¿lo había dicho con doble sentido? ¿o era su imaginación? No le gustaba para nada la forma en que había dicho "trabajar" y mucho menos el final de la frase, respiró hondo, Meredith buscaba cualquier cosa que se saliese de lo normal y no pensaba darle la satisfacción a Ric de haber ganado.

-Si, puede ser -cortó el chico, esta vez fue Damon el que recibió las miradas de desconcierto de Mer y las de odio de Ric- Mer, el otro día vi que había una feria del libro…

-¿Y sabes otra cosa que adora Damon de su trabajo?

Damon apretó los puños e intento mantener la calma, Ric no estaba haciéndole esto cuando le había dicho, hacía menos de una hora, que mantendría su palabra, seguramente estaría bromeando y ahora diría cualquier cosa natural, normal entre amigos.

-Sus estudiantes -soltó todo el aire que había contenido sin darse cuenta- Y si son chicas mucho mejor.

-Bueno, voy a llevarle unas bandejas a la vecina -se levantó- Estáis un pelín raros, hostiles más bien, así que yo mejor me largo un momento… Dejen de actuar como dos niños y resuelvan lo que sea que les está pasando.

Damon y Ric se miraron fijamente durante un breve instante, el sonido de la puerta fue su detonante, Damon se levantó de golpe, lo único que les separaba era una mesita.

-¡¿Tu eres gilipollas?! ¡Menos mal que no ibas a decir nada!

-¡Y no he dicho nada! -le escupió las palabras- Solo he tirado indirectas, sutiles pero claras.

-Tu, tu, tu…¿¡tu qué clase de amigo eres, animal!? -explotó- ¡Has estado a punto de traicionarme y en la cara! Eso no se hace, no a un amigo.

-No me hagas reír -negó con la cabeza, mientras Damon le fulminaba con la mirada- No vuelvas esto en mi contra Damon, intento ayudarte, pasa que tu no quieres verlo, estás cegado, ¿sabes?

-¿Cegado? -alucino- A ver, ilumina la verdad esa que dices que no quiero ver, vamos hazlo, te estoy esperando.

Alaric se quedó callado, intentaba por todos los medios conseguir que su amigo abriese los ojos, y lo único que estaba obteniendo era que esa barrera, que se había creado de la nada, los separase aún con más fuerza, y a lo único que le podía echar la culpa, no era Elena, no, era a esos sentimientos delirantes que tenía su amigo por una cría, ¿de dónde había salido eso? ¿falta de apego? ¿de emociones? ¿Damon quería buscar amor en cualquier lado? Quería llegar hasta él, pero su amigo se lo estaba poniendo muy difícil y él no tenía paciencia.

-Damon vas a perderlo todo por un calentón o por algo que crees que existe, estás perdiendo el control.

-¿Sabes lo que sí, estoy perdiendo? -sonrió de forma burlona- Tu amistad, pero oye, que me da igual, ¡porque no te reconozco, colega!

-No vuelvas esto contra mi, no te pega Damon -se intentó acercar nuevamente, pero Damon le dio un empujón.

-¡No me toques! -le advirtió- O no responderé. ¿Qué pasa?¿¡Tu puedes ser feliz y yo no!? ¡Para que me acepteis tengo que volver a "esas" raíces!

-¡No hagas eso tío! No utilices eso de excusa, tienes un problema, y si alguien más se entera de con quien estás saliendo tendrás más de uno…

-¿Cómo?

Los dos chicos se quedaron en silencio, pasmados al ver entrar a Meredith en silencio por la puerta, ninguno de los dos se había dado cuenta de su presencia hasta ahora. Mer tenía la cara pálida, y los miraba de hito en hito. Para Damon, todo dejó de tener sentido, ni siquiera tenía claro cuánto había escuchado, y si lo había entendido todo, solo esperaba que su suerte, le diese una oportunidad, aunque tuviese que ser la última. Ric, en cambio, se cruzó de brazos, expectante a que Damon decidiese al fin confesar.

Por un largo momento, no sucedió nada. Quizás ese hubiera sido el silencio más tenso que los tres compartieron en su vida; Damon se sentía completamente vulnerable, sabía que con solo una palabra el mundo se caería encima de sus hombros, Ric continuaba retándolo con la mirada pero aún manteniendo el silencio y Mer simplemente hervía de curiosidad e indignación, no podía entender cómo ese par de idiotas le podían estar ocultando algo tan importante y pretender que no le importase lo más mínimo, es como si aún no la conocieran lo suficiente, los miró de hito en hito, esperando una respuesta, cualquier cosa.

-Damon, Mer no tiene porqué… -comenzó Ric queriendo acabar con estos momentos de tensión, tanto Damon como él se estaban comportando como niños, y él ya no podía seguir así, no cuando estaba en juego, no solo su amistad con Damon sino también su relación con Mer, con la comprensiva y dulce Mer. No. No estaba dispuesto.

-Ni se te ocurra, Ric. No me puedes hacer esto, no ahora, no lo hagas -le imploró acobardado, si abría la boca no solo él se jugaba su pellejo, Elena también podía perderlo todo, perder su apoyo. Esa sola idea le ponía enfermo, sabía el poder que tenía Meredith sobre Elena y su bichito, y que ella supiera la verdad podría acabar con todo en un segundo.

-¡¿Por qué es tan importante que no lo sepa?! -explotó Alaric, dando un paso hacia atrás, como un acto reflejo para salir de ese aprieto en el que se había metido por escuchar a su amigo, harto de tantas incoherencia, le lanzó una, última, mirada suplicante a Damon para que este fuese el que diera el primer paso, ya era bastante doloroso para que se mantuvieran en sus trece.

-¡¿Pueden dejar de hablar como si no estuviera en esta habitación?! -gritó Meredith poniéndose entre ellos sorprendiéndolos a los dos- ¿Qué es lo que no tengo que saber Damon? -preguntó con una calma que parecía peligrosa.

Damon dudó, por un atisbo de segundo se vio así mismo hablando, soltando de forma atropellada esa verdad absoluta, pudiendo alcanzar por unos segundos la paz que tanto ansiaba con sus amigos y perdiendo a Elena. No, simplemente sus miedos eran superiores a él.

-Mer… -suspiró- Deja de preguntar, no puedo decírtelo.

Agachó la cabeza, sintiendo como el peso sobre sus hombros aumentaba en medida que pasaban los segundos. Meredith estaba alucinando, sentía que el corazón se le iba a salir de la garganta en cualquier momento, si no descubría en ese preciso instante que pasaba iba a explotar.

-No vais a hacerme esto de nuevo -les advirtió, y ambos pudieron ver como en los ojos de Mer había una lucha interna, como algo se quebraba en ella.

-No puedo decirlo Mer, es imposible que lo entiendas, todo…-extendió las manos, un gesto estúpido, como si con eso Meredith pudiese entender la gravedad del asunto, pero la chica solo captaba una cosa.

-¿Vas a mentirme? ¿Vas a dejarme afuera, Damon? ¿Después de todo? -las preguntas de la castaña se clavaron en Damon como pequeñas agujas dolorosas, cada una con más fuerza que la anterior y el dolor empeoró más cuando la miró a los ojos y descubrió las lágrimas que cubrían sus ojos oscuros, a punto de derramarse.

Damon apartó la vista porque odiaba verla llorar e intentó con todas sus fuerzas encontrar un camino para escapar de eso. Lo cierto era que no lo había, iba a tener que decir la verdad y, aunque Elena no se lo merecía, él no podía seguir ocultando eso más: mientras más tiempo pasara más difícil se haría. Ya demasiado había cagado las cosas con sus amigos, no podía permitir que todo se terminara de echar a perder.

-Antes de decirte nada quiero que entiendas algo -comenzó Damon con una enorme dificultad sorprendiendo a Ric quien no creía que tuviera el valor de decir la verdad- Yo no busqué esto, nada de esto, Mer. Pero no pude evitarlo, me enamoré de ella como un adolescente, no pude hacer nada para evitarlo.

Meredith se sintió aún más perdida al escuchar las palabras de Damon ¿Era culpa y arrepentimiento eso que escuchaba en su voz? ¿Cómo podía ser que si estaba tan enamorado de alguien su voz sonara tan destrozada?

Alaric se apartó un poco apoyándose contra la pared con los brazos cruzados. Él ya había escuchado es parte del discurso, no había dudas de que amaba a la chica pero eso no hacía que su historia dejara de ser incorrecta. De todas formas, no dijo nada y lo dejó hablar, al menos parecía que al fin Damon estaba por decir la verdad.

-¿Puedes prometerme que no vas a juzgarla a ella por esto? -dijo Damon mirando profundamente los ojos oscuros de su amiga que rápidamente se llenaron de confusión, al no entender nada de lo que estaba diciendo pero como tampoco estaba dispuesta a que el chico se replantease su situación simplemente asintió de forma automática.

Eso era todo, Damon estaba punto de decir la verdad, ya no le quedaba ninguna escapatoria. Estaba juntando fuerzas para decir el nombre de la chica cuando su teléfono sonó. Lo sacó del bolsillo dispuesto a cortar pero el nombre que vio en pantalla lo dejó completamente pálido.

-Stefan… -susurró sin ser consciente de que lo había dicho en voz alta y sin pensarlo atendió la llamada en ese instante dejando a sus amigos más que sorprendidos- ¿Hola?

-Hola hermano -la voz de Stefan sonaba un tanto insegura, pero exactamente igual a lo que Damon recordaba. Llevaban años casi sin saber nada uno del otro pero a pesar de lo mucho que le dolió a Damon toda la historia con su hermano, Stefan seguía significando muchísimo para él- ¿Damon, estás ahí? -preguntó Stefan al ver que su hermano no le contestaba, temiendo que recordara por un momento porque no hablaban y le colgara, pero sus miedos se quedaron escondidos en un rinconcito cuando escuhó, otra vez, la voz de su hermano pero esta vez de forma más apagada e insegura.

-Sí, sí. Solo… no esperaba que me llamaras -no supo de dónde había sacado el valor para soltar esas palabras, por un momento pensó que no sería capaz de hablar, era demasiado tiempo sin escucharle, sin saber nada de él, casi no podía imaginar la última vez que se vieron, había pasado muchísimo tiempo, sacándole de sus pensamientos volvió a hablar, esta vez, un poco más animado pero midiendo sus palabras.

-¿Sigues estando en el pueblo? -preguntó Stefan un tanto inseguro.

-Sí… ¿Qué pasa?-juntó las cejas, no cabía duda de que su hermanito no había llamado por cortesía pero que le preguntara por el pueblo le hacía que el cuerpo se le tensara al instante.

-Estoy en Mystic Falls.

La noticia cayó como un balde de agua helada para Damon. La marcha de Stefan había sido una de las cosas que treminaron de hundir a Damon en sus períodos más oscuros y aún cuando Ric y Meredith intentaron contactar con el menor de los Salvatore para que ayudara a su hermano este nunca más había vuelto al pueblo. Lo había abandonado, y era uno de los motivos por lo que sus amigos no preguntaban por él, silenciosamente le culpaban de todo lo que le había pasado a Damon.

-Hoy hace ocho años de lo de mamá… -cuando Damon escuchó esa frase alzó inmediatamente la vista al calendario que estaba pegado en la pared de la sala y la fecha lo golpeó como una cachetada. Había estado tan ocupado en esos día que ni siquiera se había acordado de qué día era- Estaba cerca del pueblo y decidí pasar a traerle unas flores pero… parece que no soy capaz de entrar al cementerio yo solo -se lamentó el pequeño de los Salvatore con tristeza.

Los recuerdos inundaron a Damon con tanta fuerza que tuvo que sentarse en el sofá. Ocho años, no podía creerlo. Ahora que lo pensaba, solo parecían haber pasado unos días desde el accidente y al mismo tiempo habían pasado tantas cosas… La muerte de su madre había sido una de las cosas más difíciles que Damon había tenido que atravesar y esa herida estaba lejos de estar cerrada, lo único que Damon había hecho en ocho años había sido ignorar completamente el dolor de la pérdida. Pero en días como ese o ante situaciones tan extrañas como que su hermano desaparecido volviera después de todo lo que había pasado le resultaba imposible ignorar la tristeza.

-¿Dónde estás? -preguntó Damon seriamente intentando hacer a un lado la avalancha de sentimientos que lo estaban presionando.

-En la entrada del cementerio -titubeó un poco Stefan, sin saber si había tomado la mejor decisión al llamar a su hermano.

-Espérame en la tumba de mamá. Estoy ahí en diez minutos -apartó el aparatito de su cuerpo, recapacitando si acababa de hacer o no lo correcto, volver a ver a su hermano podía ser un riesgo.

-Damon… -pero Stefan no pudo terminar la frase porque su hermano cortó el teléfono interrumpiéndolo.

Cuando levantó la vista, Meredith se sorprendió del mar de sentimientos que su mejor amigo tenía inscripto en los ojos. Ella sabía perfectamente toda su historia con Stefan y comprendía el dolor de Damon pero se sintió tan pequeña ante la intensidad que demostraban los sentimientos de su amigo que cualquier intento de interrogatorio quedó completamente en el olvido y la única reacción que tuvo fue hacerse a un lado cuando Damon tomó su campera y salió sin decir nada.

Damon escuchó las llamadas de Meredith a sus espaldas pero en ese momento ni siquiera estaba pensando con claridad. Todos los recuerdos dolorosos que había encerrado en una parte oculta y oscura de su cabeza de repente se habían visto liberados y ahora no podía hacer nada para esquivar la angustia. Condujo hasta el cementerio con prácticamente sin prestar atención al exterior y llegó allí en tiempo record. Cuando atravesó las puertas, sintió que un escalofrío le recorría todo el cuerpo, provocando que se paralizara, hacía meses que no pisaba ese lugar, quizás tantos meses como llevaba estando enamorado de Elena. Porque si tenía que ser sincero, había dejado de aferrarse al oscuro y triste recuerdo de su madre sólo cuando la luz de Elena había inundado completamente su vida.

Caminó por el cementerio haciendo un camino que sabía de memoria y, varios metros antes de llegar al lugar acordado, reconoció una figura de espaldas. Por lo que podía ver, Sefan seguía teniendo el mismo corte de superhéroe frustrado que Damon recordaba y llevaba la misma ropa desaliñada que usaba siempre. Después de todo lo que había pasado, Damon estaba resignado a que probablemente no volvería a ver a su hermano, pero de repente allí estaba, solo a un par de metros de distancia sosteniendo dos rosas blancas en una mano.

-Hola hermano -saludó Damon con seriedad imitando sus palabras.

Stefan volteó inmediatamente a mirarlo con una enorme ilusión y Damon se sorprendió de encontrar en sus ojos ese deje infantil que siempre había tenido y un brillo que delataba algo más: rebeldía, libertad pero también felicidad. Stefan se veía como una persona feliz aunque en ese momento sus ojos estaban cubiertos por la innegable pena que teñía el momento.

-Damon… -Stefan quiso acercarse a abrazarlo pero Damon se apartó un paso demasiado abrumado como para aceptar aquel contacto- Ha pasado tanto tiempo…

-Años -acordó Damon apartando la vista de su hermano menor para mirar la lápida que se alzaba frente a ellos.

Stefan se acercó tímidamente a su hermano y le extendió una de las flores que Damon aceptó sin decir nada. Durante un largo rato se quedó observando el nombre de su madre y la fecha del accidente debajo de la lápida. No muy lejos de allí se encontraba el imponente mausoleo de los Salvatore pero por decisión de Damon, su madre había sido enterrada lejos de allí. Desde siempre, toda la familia de Giuseppe Salvatore había rechazado a su joven esposa y, estando peleado con su padre como casi toda la vida, Damon no quiso que los restos de la persona más importante de su vida en ese entonces descansaran en cualquier lugar cercano a toda esa escoria de gente que había dedicado gran parte de su vida a despreciarla.

Así que allí estaban, frente a una tumba simple y sin muchos adornos, los dos juntos después de lo que parecía una eternidad. Damon se arrodilló en el piso y dejó la flor con mucho cuidado sobre la tierra. Había evitado ese pensamiento incontables veces pero en ese instante no pudo evitar pensar en qué pensaría su madre del hombre en el que él estaba convertido ahora, qué pensaría de todos los problemas que tenía ahora y de su alocada decisión de permanecer al lado de Elena.

-Gracias por venir, no podría haberlo hecho solo -confesó Stefan arrodillándose a su lado, rompiendo sin darse cuenta el hilo de pensamientos de Damon, ante la atenta mirada de Damon, el menor de los Salvatore dejó su propia flor con cuidado- Vine porque pensé que encontraría algo aquí, algo que me hiciera sentir mejor pero… sigue sin haber nada -suspiró con tristeza.

Damon asintió comprendiendo perfectamente lo que su hermano decía. Él mismo había frecuentado el cementerio por meses después de que su madre muriera, siempre esperando encontrar algo que ni siquiera sabía qué era, hasta que un día se cansó de no encontrar nada y comenzó a destruír su propia vida.

-Comprendo el sentimiento -suspiró Damon extendiendo la mano para acariciar la fría superficie de la piedra- ¿Por qué viniste, Stefan?

Stefan se revolvió un poco incómodo ante la pregunta y después de pensarlo un poco decidió decirle la verdad, ya había lastimado suficiente a su hermano con mentiras en el pasado como para seguir haciéndolo.

-Hemos estado viajando en la camioneta por más de un año desde la última vez que decidimos volver a la ruta -confesó con cautela, evitando completamente el contacto visual, por un momento fue tan estúpido de pensar que Damon no preguntaría- No me di cuenta de que estaba manejando en esta dirección hasta que no fue demasiado tarde. Yo no quería venir, pero ella no paraba de decirme que sería lo mejor… Así que vine -se pasó una mano por su perfecto cabello pero Damon estaba demasiado ido para darse cuenta de lo nervioso que estaba.

Ella.

Hemos estado viajando en la camioneta por más de un año.

Damon sintió el dolor de la traición fluyendo por sus venas como si fuera la primera seguía siendo el mismo cobarde de siempre, ni siquiera se animaba a decir su nombre frente a él, pero seguía siendo su hermano pequeño… Y tampoco iba a armar una escena en frente de la tumba de su madre.

-¿Katherine está en el pueblo? -preguntó con un nudo en la garganta. Definitivamente eso era demasiado.

-Se quedó en el centro con la camioneta, yo creía que necesitaba hacer esto solo pero me di cuenta de que no… -bajó la vista algo avergonzado.

-Y me llamaste a mí en lugar de llamarla a ella -no era una pregunta, simplemente estaba señalando los hechos, aún le costaba digerir que esos dos siguieran juntos y que además estuvieran realizando en sueño de los tres sin él.

-No sé por qué hice eso… Supongo que solo necesitaba a mi hermano mayor -confesó bajito, apoyando todo su peso en la tumba de su madre, intentando capturar esa energía que la caracterizaba en el pasado para afrontar todo eso.

Damon asintió pensativo. Stefan lo necesitaba, y ahí estaba él parado a su lado para acompañarlo a través de eso ¿Y cuando él lo había necesitado? Negando con la cabeza para apartar esos pensamientos, el mayor se incorporó lentamente sin dejar de ver la tumba con nostalgia.

-¿Puedes creer que haya pasado tanto tiempo? -suspiró Stefan haciendo lo mismo que su hermano e incorporándose.

-¿Desde lo de mamá o desde que no pones un pie en el pueblo?

-Supongo que ambas -Stefan se encogió de hombros- Quizás no quieras saberlo, pero ella me dijo que te salude de su parte si te encontraba…

-"Ella", tiene nombre, Stef. Pareces un niño asustado, ¿de qué tienes miedo?

-Me porté mal, los dos lo hicimos en realidad -admitió Stefan algo cortado- Pero yo la cagué peor…

-Han estado viajando… -dijo Damon algo dolido sin responder a su anterior comentario.

-Sí… es fantástico. Ya casi hemos recorrido la mitad del país.

Damon asintió pensativo y, sin poder evitarlo, se vio transportado años atrás en su memoria.

Habían pasado algunos meses desde el accidente que se llevó la vida de la madre de Damon y los hermanos Salvatore se encontraban completamente perdidos. Ese agradable y aún cálido septiembre Damon tenía que comenzar la universidad y poner en marcha su vida pero últimamente no tenía muchas ganas de nada. Después de todo su padre seguía teniendo la empresa y ellos tenían enormes cuentas bancarias que vaciar a su antojo así que no necesitaría trabajar en serio si no lo deseaba. Sin embargo allí estaba, se había marchado a la universidad solo para escapar de su pueblo natal que tantos recuerdos tristes le traía y Stefan, como siempre siguiendo a su hermano, se había mudado con él decidiendo dejar su último año de escuela para más adelante.

Así que allí estaban ambos hermanos Salvatore, viviendo la vida de un par de universitarios sin serlo en realidad, pero disfrutando de todos los privilegios.

A ella la conocieron en esa época.

Katherine estudiaba filosofía, vestía ropa de colores vivos, sus rebeldes rizos estaban siempre volando a su alrededor como la melena salvaje de un león y se la pasaba hablando del amor y la libertad. Para Damon y Stefan Salvatore, Katherine era como la flor más bella del amazonas creciendo en medio del desierto antártico. Damon se enamoró de ella la primera vez que la escuchó decir su nombre, ni siquiera sabía qué era el amor, pero estaba tan seguro de que la amaba…

La chica, al igual que ellos, se encontraba sola en el mundo. Su única familia era una tía que no la quería y, también al igual que los chicos Salvatore, sus padres le habían dejado una importante herencia que ella no estaba muy emocionada por invertir en ningún negocio frío y aburrido. No. Katherine quería viajar y los hermanos Salvatore se vieron rápidamente encandilados por todo lo que ella significaba, la felicidad, la libertad, el amor… todo eso que a ellos les faltaba. Y en ellos, la joven encontró la protección y la compañía que tanto echaba de menos en su familia. Se convirtieron en un grupo inseparable, por ellos Damon perdió contacto con sus amigos de toda la vida que estaban también muy ocupados con la universidad y se hundió definitivamente en la extraña vida que llevaban los tres.

Un día, Damon estaba en el jardín trasero de la casa con las manos cubiertas de grasa intentando arreglárselas para hacer funcionar el cacharro de camioneta que habían conseguido entre los tres. El sol era fuerte pero a él no le importaba, cuanto antes pudiera poner ese montón de lata en marcha antes podrían irse a la mierda.

Katherine apareció en el jardín descalza, despeinada y cubierta con un vestido blanco que llevaba incontables manchas de pintura. Sus rizos estaban hechos un moño sobre su cabeza sin ninguna prolijidad lo que resultaba en un ridículo peinado que a Damon le parecía de lo más sexy. Tenía los ojos rojos y un poco achinados pero parecía completamente lúcida.

-¿Está muy mal? -se interesó ella asomándose sobre el hombro de Damon.

-Todavía no entiendo porqué no podemos comprar una camioneta nueva y dejar esta tontería… -se quejó Damon medio en broma y medio en serio.

-Ya te lo dije, tenemos que tener toda la experiencia si vamos a viajar por todo el país como en los '60. Además, sabes que no estoy de acuerdo con derrochar….

Y ahí empezaba todo su discurso ambientalista sobre el ecosistema, los pajaritos, la naturaleza y todas esas cuestiones hippies que de alguna manera ella lograba conectar con la libertad y la felicidad... y Damon simplemente se quedaba encantado escuchándola, aunque quizás no entendiera ni la mitad de lo que decía. Podría escucharla por horas sin cansarse…

Cuando terminó su discurso, Katherine volvió a la casa y salió de nuevo con su maletín de pinturas y se sentó junto a Damon para continuar pintando los vidrios de la camioneta con esos psicodélicos diseños que a ella tanto le gustaban. Antes de empezar a trabajar, sacó de su bolsillo un encendedor y encendió un cigarrillo.

-¿Quieres volar conmigo, Damon? -invitó Katherine después de dar una pitada.

-Claro -sonrió Damon y ella le hizo fumar de su propia mano.

El extraño y relajante gusto de la hierba mezcalada con tabaco invadió el sistema de Damon. Katherine solía dedicar largos momentos en quitarle el tabaco a los cigarrillos, mezclarlo con flores de marihuana y volverlos a rellenar. Era parte de su vida, jamás había estado metida en ninguna otra droga y fumar era inclusive parte de su "ideología". Le encantaba el efecto, pero sabía controlarse y, como casi todo lo que tenía que ver con ella, Damon se había encontrado fascinado por las sensaciones una vez que se convenció de probarlo. Así que ahora se había convertido en un hábito.

-¿Lo sientes? -dijo Katherine mientras comenzaba a pintar con los dedos, empezando ya a sentir los efectos y la risa a punto de dominarla. Se llevó el cigarrillo a la boca y volvió a fumar.

-Sí -Damon rió alegremente a causa de la sustancia y dejó lo que estaba haciendo para unirse al trabajo artístico de Kath- Está fuerte ¿Me das más?

-Aquí -ella volvió a hacer que Damon fumara de su propia mano y él tosió un poco cuando aspiró demasiado fuerte- Con calma…

Sus ojos ya estaban completamente rojos y achinados y la risa no tardó en llegar. Ese día, se pasaron toda la tarde riendo y pintando la camioneta cuyas ventanas quedaron cubiertas con diseños psicodélicos y coloridos y a cuando bajó un poco el sol se subieron al techo de la camioneta para mirar las estrellas aparecer en el cielo que se teñía de los colores característicos del atardecer. Estando allí, viendo esa maravilla, sintiendo toda esa paz en su cuerpo y teniendo a esa mujer tan inmensamente hermosa a su lado, Damon no podía imaginarse que podría ir mal. Su vida era perfecta. Pero ese era solo el comienzo, el comienzo de lo que luego se convertiría en su camino más oscuro.

Cuando Damon se atrevió a volver a la realidad, alejándose de esos dolorosos recuerdos, se sentía de nuevo tan vulnerable y débil como había sido ese joven chiquillo universitario, encandilado por la hermosura de una mujer exótica que lo conquistó con sus palabras y sus ideas desconocidas para él. Se sintió abatido, destruído física y emocionalmente, quiso por un momento romper algo, cualquier cosa que estuviera a mano y calmara su ira y su desdicha. Miró a su hermano, ajeno a sus delirios, y vió en él, lo que siempre quiso, libertad y a esa mujer, solo con verlo le entraban ganas de matar a su hermano pequeño.

Pero no iba a hacerlo, no iba a dejar que otra vez sus caprichosos sentimientos se entometieran entre él y su hermano.

Sin decir mucho más, Damon se despidió de su madre con una mirada silenciosa y los dos hermanos se encaminaron a la salida para ir caminando juntos hacia el centro. Ninguno dijo nada por el camino, aunque ambos sentían la tensión acumulada entre ellos, y esa incomodidad que nunca había existido haciéndose paso entre los Salvatore.

-¿Cómo está ella? -preguntó Damon incapaz de contener el impulso y al instante quiso golpearse a sí mismo en la cara por haberlo hecho.

-Bien… -suspiró Stefan con una pequeña sonrisa- Nos estamos planteando dejarlo… Ya sabes, lo de los viajes. Katherine quiere sentar cabeza.

Damon asintió asimilando las palabras. Nunca se habría imaginado a Katherine Pierce dejando su estilo de vida para formar una familia, eso no iba con ella pero quizás después de todo lo que ella tenía con Stefan quizás significara más de lo que él había creído en su momento.

-Creo que extrañaba estar por aquí -dijo Stefan con un tono frágil y Damon soltó una risita.

-Has estado viajando por el país entero, Stefan. Te aseguro que no hay nada que extrañar acerca de este pueblo. Lo que tú extrañas es la vida simple que teníamos nosotros aquí antes de lo de mamá. Echas de menos los momentos simples, la protección… -comentó como si nada, impidiendo que el nudo que tenía en la garganta se extendiera por todo el cuerpo y le paralizara.

-¿Cuándo te convertiste en alguien tan… ? -pero no pudo ni encontrar la palabra para terminar la pregunta. De todas formas, Damon comprendió lo que su hermano quería decir.

-Supongo que te diste cuenta de que no soy el mismo jovencito perdido que se separó de ustedes en medio un un viaje.

-Me alegra que hayas podido superar eso. Nosotros nos sentimos como si el tiempo no hubiera pasado por nuestras vidas. Siento que sigo teniendo 17 y en poco tiempo voy a cumplir 26 años.

Damon se sorprendió de la solidez con la que su hermano hablaba de un "nosotros" conformado por él y Katherine. Como si se tratara de una unidad indivisible, algo que simplemente no estaba hecho para ser separado.

-Ahí está -sonrió Stefan completamente emocionado cuando, vio la camioneta estacionada frente a la plaza principal de Mystic Falls y a una joven con un vestido verde apoyada en esta.

Damon se quedó completamente congelado. Parecía que había pasado toda una vida desde que había visto a Katherine por primera vez, desde que se había enamorado de ella. Ni siquiera se atrevió a acercarse más, pero desde lejos, la chica parecía no haber cambiado absolutamente nada… Era la misma chica de aquella época, la misma camioneta que ellos dos habían pintado y arreglado para el viaje. Si solo cerraba los ojos, casi podía verse inmerso en toda esa aventura sin sentido de nuevo.

Y entonces sus hilos de pensamiento cambiaron al instante. Solo una palabra ocupó su mente, borrando absolutamente todos los recuerdos y los malos pensamientos a su paso: Elena.

Simplemente pensar en ella hacía que dejar ir a su hermano con Katherine no significara un dolor incalculable. Dios… amaba a esa chica, era todo su mundo.

-Hay algunos lugares que quizás nos gustaría ver. Pero creo que lo dejaremos pronto -volvió a decir Stefan sin dejar de echar miradas a la zona donde Kath le estaba esperando- Quizás nos veamos pronto, hermano.

-¿No se quedan en el pueblo? -preguntó confundido. ¿Para qué habían venido sino?

-No -sonrió Stefan- De eso se trata la carretera. Casi nunca paramos en ningún sitio…

Inseguros de cómo despedirse, los Salvatore compartieron una mirada y, con un poco de incomodidad intercambiaron un pequeño abrazo.

Stefan se alejó de allí rápidamente al encuentro de su novia y Damon les lanzó una última mirada nostáligica antes de alejarse de ahí. Ni siquiera sabía porqué había preguntado si se quedaban, ahora que lo pensaba, lo mejor que le podría haber pasado era que Stefan y Katherine volvieran a desaparecer de su vida ¿O no?


.Alaric se dirigió a la cocina en cuanto Damon salió corriendo del edificio, tanto Mer como él sabían la historia de los Salvatore y ninguno se atrevió a impedir que su amigo se parase y dejase el tema para después, simplemente lo dejaron estar. Salió de la cocina con dos tazas de té humeantes, el olor a té verde inundó la sala y las fosas nasales de Meredith que seguía en la misma posición que cuando Damon se fue, parada, paralizada en mitad de la sala con un surco de lágrimas en el rostro, hacía años que Ric no la veía en ese estado tan lamentable. La miró, allí parada, durante unos segundos, cuando por fin se atrevió a hacerse notar, pasó por su lado, soltando las tazas en la mesita y abrazando a su novia. Mer no se resistió pero tampoco hizo nada para mantener ese contacto.

El chico, extrañado, se apartó unos centímetros para poder alcanzar su rostro desde otra perspectiva, su dulce y carismática Mer estaba perdida en un mar de dudas y de decepción y Ric no tenía en su poder la posibilidad de cambiar eso, o si.

Meredith le miró a los ojos un momento,permitiéndose que la intensa mirada de Alaric la alcanzase, pero en vez de sentirse abrumada por las emociones simplemente sintió asco, no de ella, ni de Ric sino del momento en que estaban viviendo por culpa de las inseguridades de esos dos chicos, que más que hombres parecían críos. Solo de pensar que algo gordo ocultaban se le erizaba el vello de todo el cuerpo.

Ric aprovechó ese momento para depositar un tierno beso en la comisura de sus labios, los cuales se crisparon al ver sus intenciones, sin importarle lo que pensara de ella, le apartó de un empujón, y sintiéndose la peor persona del mundo se dirigió a las ventanas, no buscaba la tranquilidad de la tarde ni el sonido de los pájaros o de los coches, solo buscaba espacio y una forma de enfrentar los problemas sin cometer una locura.

-Lo siento Mer, cariño -murmuró Ric desde la distancia, solo los separaban, físicamente, unos metros de distancia pero emocionalmente había un muro entre ellos, y que cada vez que Mer intentaba calmarse se hacía más extenso. No confiaban en ella, ninguno de los dos confiaba en ella y ese pensamiento la llenaba de un sentimiento que daría lo que fuera por arrancar de su pecho- No me hagas esto.

-Que ridiculo por tu parte -musitó, su voz sonaba apagada- Eso mismo he dicho yo antes, y Damon...y ahora tú.

-Meredith -se acercó a ella, y la rodeó con sus musculosos brazos, intentando que el mero contacto la hiciese reaccionar, la chica se dejó girar, no intentó zafarse del agarre, pero tampoco le permitió que la abrazara, no otra vez; tenía los ojos vidriosos, todo el maquillaje se le había corrido dibujando sendas marcas por todo su inmaculado rostro, no era su pequeña Mer la que estaba con la mirada perdida era la Meredith de la universidad, la chica que no entendía porque sus amigos la apartaban, la chica que pensó que Ric ya no la amaba, y por unos segundos Alaric se sintió transportada a esa dolorosa época y maldijo mentalmente su torpeza- ¡No Meredith, sabes que te quiero! -de repente todos los recuerdos de aquella época terrible de su juventud se abalanzaron sobre él como una fuerza incontenible. Podía ver en los ojos de Meredith que ella se sentía como si estuviera reviviendo todo una vez más. Pero era diferente, tenía que serlo.

La chica salió de su ensoñación para clavar sus pupilas oscuras sobre las claras de su novio, no entendía a que había venido eso, pero tampoco le permitió que eligiese ese camino para callar sus miedos, negó levemente con la cabeza y volvió a empujarlo, pero esta vez Ric no se lo permitió, la sujetó con fuerza y la estampó contra los cristales, una mueca de dolor se reflejó levemente en su rostro pero no era eso lo que le molestaba y Ric lo sabía.

-No me hagas esto por favor.

-¿Qué no te haga qué? -le miró con odio- Porque tu me estás matando, esta incertidumbre me está comiendo por dentro desde hace días, ¿que no te haga qué?

Ric la soltó con parsimonia, almacenando en su memoria cada rasgo y trocito de su piel porque una parte de él sabía que la estaba perdiendo poco a poco, ajena a todo esto, Mer comenzó con su interrogatorio, no quería discutir pero esto le estaba superando.

-Sé que ocultáis algo, y ahora Damon me viene con que está enamorado, ¿por qué iba a ser eso peligroso Ric? -le cuestionó, esta vez fue ella la que agarró el brazo del chico- ¿¡Está con alguien peligroso!? ¿¡una drogadicta!? ¿¡una aprovechada!? ¿¡Quién!? -le miró a los ojos, buscando las respuestas a sus preguntas, pero lo único que vió fue lo mismo que vió en Damon, un mar de dudas y de miedos- ¿¡Es una mala influencia!? ¡Ric, contesta por dios! -zarandeo su brazo para que reaccionara, pero el chico solo podía mirarla sin decir nada ni hacer nada, sabía lo que pensaba su novia pero él no era nadie para decir "es una alumna del colegio".

-Meredith está en su mano no en la mía. Damon creció, es un adulto ya ¡No podemos estar toda la vida preocupándonos por él como si fuera un niño! Si él no quiere contarte algo, tendrás que respetarlo.

-¡A la mierda! -se apartó- ¡Me dan igual vuestros secretitos! Siempre me han dado igual -rió amargamente-Pero es que esta vez esa mierda de ocultar las cosas está poniendo en peligro nuestra relación, ¿no te das cuenta?

Alaric se quedó pálido, sólo pudo sentir un pitido agudo recorriendo toda su espina dorsal, Meredith acababa de dejar claro su opinión, todo se podía acabar en un abrir y cerrar de ojos por sus temores y sus dudas.

-Mer no pongas esto en mi contra, no estoy haciendo nada -susurró- Por favor.

-Alucino -se llevó ambas manos a la cabeza, queriendo arrancarse cada pelo de su cabello pero no haciéndolo, solo concentrándose en no hacer una locura- ¡No puedes estar diciendo esto, Ric! -le apuntó con un dedo- ¿¡Qué no lo ponga en tu contra!? ¿¡Cómo hemos llegado hasta este punto!?

-No lo sé -le confesó, pasándose una mano por su cabello- Pero demos vuelta atrás.

-No se puede cambiar lo que uno ha dicho -le sonrió débilmente- Y yo ahora necesito tiempo, tiempo para ver si puedo creerte o si simplemente..esto ha terminado -se encogió de hombros.

-Meredith -se lanzó hacia ella pero retrocediendo casi al instante al ver el rostro destrozado de su Meredith- Él está con alguien normal, el problema no está ahí.

-Si, y tendré que creerte -alzó la mano para recoger su chaqueta y su bolso pero Ric se puso en medio, en su campo de visión- Apártate o grito.

-Mer -suplicó.

-¿Sabes a lo que me recuerda esto? -zafó de su intento de coger sus cosas para mirarlo fijamente, para enfrentarle, el chico se acobardó al entender el significado de sus palabras, no tenía nada que ver con esa época tan oscura de sus vidas pero Meredith lo estaba malinterpretando todo, una vez más.

-No vayas por ahí Mer…

-¡No te comportes como Damon! -le advirtió dolida, cansada de que esos dos hicieran siempre lo mismo ¿No se daban cuenta de que le hacían daño en el proceso?- Sois lo más importante que tengo, desde siempre, y otra vez me estáis haciendo lo mismo…

-¡Porque te queremos!

-¡Que te calles! -le escupió cada palabra como si se tratase de dagas afiladas, hecha un manojo de nervios se enfrentó al rostro de su novio, no iba a consentirle nada, no si no se trataba de la verdad- Me toca a mi hablar, ¿o es que prefieres que me vaya?

Alaric balbuceó incrédulo, ¿estaba hablando de largarse para siempre? No, sonrió como un idiota, no podía estar hablando en serio, pero por lo que vio en sus ojos supo que si, que en ellos no cabía duda que reflejaban la realidad: el dolor, la furia y la decepción y todo por culpa de las tonterías de Damon.

No, la culpa la tenían los dos, Damon por estar acostándose con una cría y él por haber sido su testigo mudo. Ambos estaban cargando con las consecuencias pero sólo él las estaba pagando. Se apartó de su novia, miró por todos lados, él no iba a tener la suerte de que una excusa apareciese de la nada, pero si estaba en su mano calmar la situación. Calmar esa tormenta.

-Meredith, Damon no está con nadie peligroso.

-Te estás repitiendo Ric, y cada vez me lo creo menos. Porque si ese fuese el problema, no entiendo el drama -se cruzó de brazos, esperando que Ric explicase todo con más claridad, pero es que la única forma de aclararlo todo era contando que se trataba de una alumna y eso no podía hacerlo- Sabes tan bien como yo que es mentira todo lo que estás diciendo, y aún así sigues intentándolo, ¿qué te crees? ¿qué soy tonta? Me largo

-No me crees -concluyó dolido. Ahí estaban de nuevo, todos esos años después volviendo a resultar separados por su necesidad de proteger a Damon…

-Aplauso para el adivino -ironizó rodando los ojos y consiguiendo alcanzar sus cosas, esta vez Ric no se lo impidió, se hizo un lado- No, no te creo, porque Damon estaba acojonado -señaló el sitio que había ocupado su amigo hacía un buen rato antes de que Stefan reapareciese en sus vidas- Y encima para rematar Stefan vuelve, el que le traicionó el que no tenía tiempo para venir cuando Damon se estaba sumergiendo en la mierda, y pretendes que me crea tus tonterías, ¿¡me tomas por gilipollas Ric!?

-Mer, te quiero -intentó alcanzarla, pero la chica empezó a golpearle para que no se acercara, ¿¡es que solo ella veía que esto era demasiado similar a lo que sucedió hace menos de un década!? ¿solo ella veía la similitud? Alaric consiguió acorralarla contra la mesa, sujetando con fuerza sus brazos, pero Mer se seguía resistiendo, llorando como un bebé, algo dentro de Ric se quebró al ver así a la luz de su vida- Mer-acarició su mejilla- Tiene que ser Damon el que lo diga, lo entiendes, ¿cierto?

Gimió- Ric...no ves… -se mordió el labio inferior, intentando reprimir un sollozo pero fue imposible- ¿No ves la similitud? Cuando me ocultabas que Damon...que Damon, se refugiaba en el alcohol, las mujeres...y la droga, ¿o soy yo la única que ve el parecido? -le miró a los ojos- No se si necesitas que te lo recuerde, pero tu mejor amigo terminó internado la última vez -soltó histéricamente.

-Mer, tranquila -intentó de nuevo Ric tomando la cara de la chica entre sus manos- Él está sano, nada malo va a pasarle, no es como la última vez ¿Crees que si fuera de otra manera yo no estaría haciendo algo para detenerlo?

-Déjame, Ric. Ya no sé ni qué pensar… -murmuró ella con voz temblorosa y se deshizo del agarre de su novio.

-Pero Mer…

-He dicho que me des unos minutos, por favor -le suplica- No voy a huir, no como soy vosotros.

Alaric asintió abatido. Esto no era el final, se repitió así mismo mientras mandaba órdenes a su cerebro para hacer funcionar a su cuerpo, esto no es el final, no lo va a hacer, Meredith solo quiere unos minutos, y el, como buen novio se los iba a dar, la chica recogió su chaqueta del suelo y se dirigió a la puerta, antes de salir miró hacia su espalda, Ric estaba hecho un ovillo en el sofá, mirando a punto en ninguna parte.

-Mer -musitó, pero la voz murió en sus labios, no quería cagarla más, ya bastante mierda había echado encima en su relación por no hablar, por lo que, musitando un simple "te amo" dejó que la chica saliera de la casa.

Alaric se arrastró hasta el umbral, miró por la mirilla encontrándose a la chica recostada en las escaleritas, se abrazaba a sí misma, balanceándose y supo en lo que estaba pensando, en todo eso que vivieron hace unos años, parecía tan lejano y al mismo tiempo...tan cercano.

Se dejó caer en la entradita de su casa, hacía un poco de frío, estaba entrando el invierno cada vez con más fuerza, pero las temperaturas seguían siendo agradables, se enfundó su chaqueta y se cobijó en una esquina.

No entendía como Meredith había llegado a esa conclusión, ni de lejos Damon se comportaba como hacía años, pero si se paraba a pensarlo un poquito con más detenimiento podía ver el problema, el porqué de que la chica había reaccionado así, era la misma escena, con un par de años menos y con problemas mayores, pero era lo mismo. Los secretos, las evasiones, las peleas entre ellos, los intentos fallidos por proteger a Meredith que no hacían más que terminar lastimándola má su punto de vista todo parecía igual pero por lo menos él tenía el consuelo de que su mejor amigo estaba bien, al menos físicamente porque definitivamente Damon tenía que tener algo que no estaba funcionando bien en su cabeza para estar a punto de arruinar toda su vida por acostarse con una chiquilla. Y se estaba llevando no solo su amistad, sino su relación con Meredith a su paso.


La noche se cernía sobre Damon, que se había pasado todo el camino del centro del pueblo a casa andando, y no le importaba, ahora mismo necesitaba eso caminar y pensar, que la brisa de otoño tuviera un efecto positivo en él. El chico no podía dejar de pensar en su conversación con Stefan, más bien en su "no" conversación su hermanito, ya que Stefan casi no había sido capaz de decir ni una palabra, frustrado le dio una patada a una lata vieja, ¿por qué le hacían esto ahora? Él no necesitaba más problemas en su vida, pero por más que se repitiese esas palabras su subconsciente era superior a él, y se veía vagando entre los recuerdos, esos recuerdos tan dulces teñidos por la decepción y el dolor, durante mucho rato Stefan y él fueron compañeros mudos de sus pensamientos, pero cuando su mente rozó lo que parecía el límite de su capacidad física y moral se fue de allí, excusándose, no podía caer, una vez más, en esa espiral de dolor y felicidad. Las cosas habían cambiado mucho con respecto a aquellas épocas, ahora su vida no era el mismo desastre sinsentido que había sido en sus épocas de universitario,ahora que tenía algo por lo que luchar, sonrió levemente, marcando su rostro con una mueca bastante desagradable. Katherine, de forma indirecta había conseguido que durante unas horas olvidase lo más importante en su vida: su familia, porque ahora no estaba solo, técnicamente nunca lo había estado, tenía a Ric y a Mer, y ahora, y no menos importante tenía a Elena y su bichito. Por primera vez después de mucho tiempo realmente sentía que tenía una familia. Quizás no la familia típica que cualquiera de su edad querría tener, pero no cambiaría a Elena y a su bebé por nada del mundo.

Se mordió la lengua y miró al cielo sintiendo una explosión de energía en su cuerpo, necesitaba dejar ir… dejar ir al fin tantas cosas que siempre lo habían perseguido. Su pasado, sus decepciones, su inseguridad. Necesitaba dejar ir todos esos años que no hicieron más que dejarlo hundido en la más terrible oscuridad.

-¿¡Contenta Karma!? -gritó a la nada- ¡Has conseguido reventar mi paciencia! ¡Disfruta universo, porque aquí, Damon Salvatore, no va a quedarse de brazos cruzados y amargandose! -le hizo un bonito corte de manga al cielo, sin darse cuenta que estaba siendo vigilado.

Pero ese momento de liberación era lo que necesitaba, se colocó mejor la chaqueta, y miró a su alrededor, no le había visto nadie, tampoco era plan de que sus vecinos le tomasen por loco, pero en ese momento un coche pitó a su lado.

-¿¡Qué!? -alzó las manos, sintiéndose un adolescente hormonado, estaba en medio de la carretera si, los faros del coche le estaban cegando si, pero no le importaba, sonreía como si acabase de recibir la mejor noticia de su vida, pero cuando la luz se apagó, también lo hizo esa alegría incondicional- Joder -musitó, dando una patada al aire, y llevándose ambas manos al rostro, queriendo ocultar así su identidad, dos mujeres salieron del auto, pero solo una se acercó a unos pasos.

Reconocería su pequeña estatura y esa forma de caminar en cualquier lado…

Elena.

Su Elena, a la que había traicionado por unos minutos al haber concentrado todos y cada uno de sus pensamientos en su pasado con Katherine y su hermano, su preciosa Elena: su vida.

La chica, ajena a esa tortura interna que se cernía sobre Damon, se deleitó obervándolo mientras caminaba hacia él haciendo un enorme esfuerzo por no salir corriendo y lanzarse sobre él. Lo había extrañado tanto.

-¿Qué fue todo ese espectáculo? -soltó Elena sin poder evitar una pequeña risita. No quería reírse porque conocía perfectamente a Damon y sabía que todo ese acto seguramente significaba algo no muy bueno, pero tenía que admitir que verlo jugando y gritando como un desquiciado en medio de la calle era una imagen hilarante.

-No hace falta que lo contengas, adoro ese sonido y lo sabes -sonrió Damon dejando a un lado sus pensamientos por un tiempo para concentrarse en su chica que, ante ese comentario dejó de evitarlo y soltó la risa que con tanto esfuerzo había estado conteniendo.

El sonido de su risa fue como un bálsamo para Damon que llegó a cerrar los ojos para escucharla completamente. Ese simple sonido… solo eso lo podía convertir en el hombre más feliz del mundo.

Sin perder tiempo, Elena se acercó a él tomando su rostro entre sus pequeñas manos y haciendo que Damon abriera instantáneamente los ojos para mirarla.

-Hola… -sonrió Elena con una sonrisa brillante, aún conteniendo los pequeños resabios de su risa.

-Te extrañé, nena -confesó Damon sumergido en el simple placer de mirarla por un momento.

Elena llevaba el pelo recogido en una coleta de caballo, una sudadera de color oscuro y una pollera que le llegaba hasta el principio de las rodillas, desde allí no podía divisar a su bichito por culpa de la oscuridad y el ángulo en el que se encontraba pero solo con imaginarlo era suficiente para que Damon se acercara aún más a ella abrazándola por la cintura para elevarla unos centímetros en el aire, la chica soltó un gritito al notar como las manos fuertes y musculosas del chico la sostenían a unos palmos del suelo, como otra vez, se podía sumergir en su olor y en su compañía, como una niña chica se dejó arropar por su cuerpo. Por unos momentos olvidaron donde se encontraban y con quien, pero Jenna no estaba dispuesta a ver una escenita cursi de esos dos, no cuando aún no se fiaba ni un pelo de Damon, poniendo los ojos en blanco carraspeó, pero ninguno de los dos se dio cuenta.

-Por favor…-se pasó una mano por el cabello, y sin pensarlo mucho introdujo su cabeza por la ventanilla para darle al claxon, tanto Damon como Elena se sobresaltaron y él aflojó su agarre dejando que los pies de la chica volvieran a hacer contacto con el piso- Menos mal… -suspiró aliviada- Me voy, te recojo en un rato, ¡No te quejes! -le advirtió a su sobrina que ya la estaba viendo venir desde la distancia, Elena se enfurruñó, pero Damon le pasó el brazo por los hombros, atrayéndola con fuerza hacia él. Elena chocó contra su pecho sonriente, se sentía como si hubiera vuelto a casa- ¡Por lo menos podrías dejar que me marchara! ¿No? -bromeó Jenna con un poco de ternura por la escena.

-Adiós Jenna -se despidió Damon, dándole las gracias con ese gesto, ambas chicas se percataron de ello.

-No hagas que me arrepiente, Salvatore.

-No lo haré -sonrió- Espero… -susurró inclinándose en el oído de su chica para que solo Elena pudiera escucharlo, la castaña soltó una carcajada alertando a Jenna que supo que se había perdido algo gordo al segundo que arrancó el auto, luego tendría tiempo para arrepentirse, su sobrina necesitaba esto y ella no quería ser el motivo para que la chica se rebelase, bastantes problemas habían tenido ya para añadirle un botín en la casa. Con el tiempo, Jenna estaba empezando a darse cuenta de que lo cierto es que no podría resistirse a la presencia de Damon en la vida de su sobrina, poco a poco tendría que comenzar a aceptarlo.

La pareja se quedó mirando hasta que el coche desapareció por la carretera, con una sonrisa de oreja a oreja Elena, se giró para mirar a Damon, y volvió a ver lo que había visto cuando había salido del coche: soledad, frunció el entrecejo, y sin pensarlo se soltó del chico.

-¿Por qué has hecho eso…? -se enfurruño como un cachorrito abandonado, la chica se dirigió a la casa- ¡Elena!

-Ven anda -le instó con la mano para que viniera, sabía que el tiempo que disponían era limitado y las intenciones de Elena, en un principio eran de estar un buen rato con besos y arrumacos pero estaba claro que había algo que perturbaba la vida de Damon y eso aunque le molestara tenía preferencia.

Damon alcanzó su mano en tiempo record, y con la otra mano abrió la puerta, le costó un poco pero consiguieron entrar, la chica saltó directamente al sofá del salón casi sin pensarlo, Damon con una sonrisa, soltó las llaves en el recibidor y encajó la puerta. Adoraba ver la forma en que ella se sentía como en casa con él.

-Eres una chica escurridiza -sonrió caminando hacia ella.

-Y tu un niño chiquitito -marcó la forma juntando el dedo índice con el pulgar dejando una diferencia minúscula, el chico la miró desde la distancia, ella si que se comportaba como una nena, y eso era una de las razones por la que la amaba tanto, podía ser una niña y en un segundo ser una mujer- ¿Que está mal, Damon?

Y ahí estaba la chica adulta, la mujer que era capaz de ver por encima de su máscara, era tan similar y tan diferente a sus amigos que conseguía alcanzar su alma con unas pocas palabras, casi de forma automática se acercó hasta el otro extremo del sofá, la chica le siguió con la mirada intentando descifrar lo que le pasaba.

-Nada -mintió después de unos cortos segundos, intentando hacerse el tonto- Sólo estoy cansado.

-Estás muy lejos -"tanto físicamente como emocionalmente" quiso añadir pero la mirada que le lanzó Damon le dejó claro que no era momento de replicar, fue ella la que gateó hasta alcanzarle y se dejó caer en su regazo- Te quiero.

Si él no quería hablar al menos podía demostrarle que estaba a su lado. Elena podía sentir que algo iba mal con todos sus sentidos. Lo veía en los ojos de Damon, lo sentía en su toque, más disante que otras vecesy podía escucharlo en ese tono triste de su voz.

-Os amo -musitó él recreándose en la cercanía de la chica y acariciando con ternura su vientre abultado, que como bien había definido Elena en muchas de sus conversaciones era como una palomita, el mismo proceso, y con esa idea comenzó a dibujar círculos con las yemas de sus dedos.

-Es increíble -susurró Damon sintiendo con sus dedos la curva que hacía el pequeño bulto en el vientre de Elena.

-No podría haberlo dicho mejor -sonrió ella uniendo su mano a la de él y ambos se quedaron simplemente disfrutando un momento del silencio y a mutua compañía.

Damon continuó acariciando la piel de la chica, mandando pequeñas descargas eléctricas por todo el su cuerpo hasta alcanzar partes demasiado íntimas, no queriendo mostrar su excitación ella se dio media vuelta para mirarle directamente a los ojos azules, que esta vez tenían un tono más grisáceo.

Elena ahuecó su rostro entre sus manos, obligándole a que le prestara atención, pero Damon tomó esa iniciativa de una forma diferente, casi sin darle tiempo a protestar, él rompió la distancia con un intenso beso, Elena al principio no le correspondió pero enseguida se dejó sumergir por esa extraña conexión, que aunque pasasen los meses siempre los pillaría desprevenidos. Maldita sea, el chico sí que sabía lo que hacía… Las manos de Elena volaron hasta su cabello, enredando sus finos dedos en él, Damon extendió los suyos, para mantener a la chica atrapada. Sus besos eran capaz de volverla loca y lo necesitaba tanto, toda ella necesitaba desesperadamente su toque. Damon llevó sus manos de su cadera hasta su espalda tocando la cálida piel debajo de la ropa y jugó con el broche del sujetador, ahogando un gemido de Elena entre sus bocas, el chico se separó de su rostro para concentrarse en desprenderse su camiseta, fue tiempo suficiente para que Elena se diera cuenta de lo que estaban haciendo.

Evadir el problema.

Con la respiración algo agitada, Elena se quitó de entre sus piernas, provocando un gemido de fastidio por parte del chico que no comprendía qué había pasado. Damon lamentó enormemente su pérdida, necesitaba muchísimo de Elena en ese momento. Prácticamente moría por fundirse en con ella y dejar ir todos los problemas, necesitaba que ella, que borrara cada uno de sus malos pensamientos con besos y con caricias. Iba más allá del sexo, la quería a ella.

-Nena ya lo hemos hecho otras veces -sonrió Damon tendiéndole la mano, pero la chica se negó en rotundo- ¿Qué es por tu tía…?

-Dímelo tú, porque quieres que lo hagamos -Damon juntó las cejas exasperado, ¿de verdad le estaba haciendo esa pregunta? La chica vió la duda en sus ojos, se pasó una mano por el cabello- Damon te pasa algo, y por eso quieres que lo hagamos, no voy a permitir que escondas esto como si no fuera nada, te conozco -se abrazó a sí misma- Habla, por favor…

-¿Hablar de qué? -se sentía incómodo, como si Elena hubiera traspasado su corazón, y visto todos y cada uno de los recuerdos que él intentaba ocultar- Elena estoy, estamos bien, si es eso lo que te preocupa.

-No -meneó la cabeza, se sentó a su lado, cogiéndole ambas manos para transmitirle su apoyo- Te amo, es porque te amo que necesito saber que te pasa, estamos juntos en esto, tu siempre me dices que si hay algún problema que lo hablemos, que no mantengamos nada oculto, yo estoy aquí -le tocó el pecho, el lugar donde está su corazón, Damon miró esa mano como si quemara cada centímetro de su piel, Elena no se merecía sufrir por algo que en realidad no tenía importancia, negó levemente con la cabeza, y recogió su mano depositando tiernos besos en ella.

-Eres...lo mejor que me ha pasado en toda mi vida -le sonrió- Y pese a todo, te amo, con locura nena, te has metido aquí dentro -condujo su mano, otra vez, al corazón- Eres mi vida, y nunca me cansaré de decírtelo, nunca.

-Oh Damon -se abrazó con fuerza a él, durante unos minutos ambos se permitieron no pensar en más nada, perderse en el calor y el olor del otro, y sentir que estaban a salvo- También te amo -dijo sintiendo que su declaración era poco comparada con la de Damon pero la sonrisa que su novio le devolvió hizo que su corazón se llenara de calidez.

-Pero…-se separó de ella un poco, posando sus labios un segundo en los de la chica- Hay demasiados problemas en mi pasado, que hoy, me han perturbado…-acarició sus mejillas, en sus ojos café pudo ver la sombra de la preocupación y temió, que contarle toda la verdad, significase un cambio- Pero antes me tienes que prometer algo, y es muy importante.

-Damon me estás asustando -el chico se mordió el labio, pensando qué palabras utilizar para lo que tenía que decir- Damon solo dilo.

-Te quiero nena, y prométeme que no saldrás corriendo y no me juzgarás hasta que me haya explicado.

-¿Por qué haría..?

-Shh -le puso un dedo en los labios, la chica se calló al instante, no porque se lo hubiera pedido sino porque necesitaba saber el problema, en un momento creyó que se trataría de sus amigos pero estaba claro que no se refería a eso- Sé que necesitas esta conversación y que lo que te estoy por pedir va a ser probablemente lo más egoísta que podría pedir en este momento. Te juro que voy a contarte toda la historia si de verdad la quieres oír nena, pero en este instante solo necesito una cosa…

-Lo que sea -dijo Elena convencida de que sería capaz de darle cualquier cosa, se sentía hechizada por la mirada rota y suplicante de Damon, casi no recordaba haberlo visto así jamás.

-Hoy fue realmente un día de mierda, solo necesito una cosa, nena: bésame -dijo él simplemente, mirándola con adoración y necesidad.

Y ella no pudo evitar hacerle caso. Se veía tan roto, tan solo que ella no dudó en acercarse suavemente a sus labios para besarlo con infinito amor y cuidado. Podía saborear la tristeza de Damon en sus labios y eso no le gustó nada. Pero también sintió como Damon respondía a su beso, con ansiedad y profundo deseo, como si ella fuera el único remedio capaz de curar sus males. Así que ella lo dejó seguir, se recreó en sus besos y caricias y se ocupó de transmitirle todo el amor que tenía por él, era pasión, era amor, eran simplemente ellos dos.

-Te amo, Elena -susurró Damon contra sus labios aferrándose a ella como si tuviera miedo de que la arrancaran de su lado.

-Y yo te amo a ti -sonrió ella resplandecientemente- Y te voy a amar por el resto de mi vida, no me importa lo que pase ni lo que haya pasado en tu vida antes de mí. Te amo.

Damon asintió asimilando sus palabras. Ese era el efecto de Elena sobre él, conseguía juntar los pedazos rotos en los que se había convertido y volver a juntarlos todos. Ella era su mejor remedio.

Meredith aparcó su coche enfrente de la casa del chico, miró el volante durante unos minutos, había salido de casa corriendo con la voz de Ric a sus espaldas, llamándola pidiendo una oportunidad, ella no estaba huyendo, nunca haría eso, solo necesitaba quitarse ese peso de encima, había intentado llamar a Damon varias veces, pero saltaba el buzón de voz, la posibilidad de que continuara con Stefan eran inmensas, pero ya le daba igual, salió del auto y corrió hasta el interior, iba a llamar cuando comprobó que el chico se había dejado la puerta abierta, suspiró, era un caso cualquier día se le colaría alguien y ni se enteraría.

Se acomodó para llamar cuando escuchó la voz destrozada de Damon, se asomó despacio, inspirando y expirando, no queriendo entrar como una bala para cargarse al subnormal de Stefan, pero cuando entró en la sala, nada le había preparado para lo que vió, Damon estaba justo enfrente de ella, fue el primero en divisar su silueta en la entrada, pero la chica, que estaba de espaldas tardó un poco más en darse cuenta de la presencia de otra persona.

-Meredith -se incorporó Damon, sin soltar la mano de la chica- ¿Mer?

La aludida lo miró por primera vez en toda la noche a la cara, su rostro se asemejaba mucho al de Ric cuando se enteró de toda la historia de su amigo con su alumna, pero a diferencia de Alaric, Mer no había tenido ni un segundo para asimilarlo