hola de nuevo! mil perdones por actualizar despues de mucho muuucho tiempo, pero estaba pasando por una situacion bastante dificil, y les prometo que esta historia la termino porque la termino. no tengo cara para pedirles nada, solo espero seguir contando con su apoyo, y aqui les dejo este capitulo, espero lo disfruten tanto como yo lo disfrute escribiendolo para ustedes. xoxo
Capitulo 13
Hacia más de una semana que no veía a Terry, desde aquel incidente; aun no estaba lista para verlo o hablar con él, no puedo explicar la manera en que me sentí al ver la manera en que esa mujer lo había besado. ¿Acaso ella fue alguna de sus aventuras que tanto se mencionaban en los periódicos?... el solo hecho de imaginar que ella estuvo entre sus brazos, hacia que se hiciera un gran hueco en mi estomago. A diario recibía grandes ramos de rosas de todos los colores, tantos que el aroma que se percibía en la casa era embriagante.
Todos suponían que mi inusual silencio se debía a que no había visto a Terry, y también creían que los ramos que llegaban a diario era una manera de disculparse por no poder verme debido a lo aclamada que estaba siendo la obra.
—Otro día lluvioso—suspiró Coreene, a mis espaldas mientras yo estaba sentada en el diván mirando hacia la enorme ventana francesa—me temo que cuando nos marchemos de aquí, extrañaré este clima.
—¿Se irán?—pregunté sorprendida por lo que había dicho Coreene.
—aun no lo se, pero le han ofrecido a Alistear ir como embajador a la ciudad de Trípoli, y lo mas probable es que acepte.
—pero espero verlos mas, ahora que tus nietos ya los conocen y los quieren—dije.
—Eso también espero yo—dijo Coreene con una media sonrisa.
Al parecer, los Andrey organizarían una gran fiesta de despedida para Coreene y Alistear, los cuales partirían en dos semanas más, toda la familia acudiría incluso los Legan, a los cuales desde nuestro regreso de escocia no los habíamos visto.
—El tío Bart ha decidido vender Thornton hall—expresó durante la cena Albert—Christopher esta feliz de que al fin su padre haya decidido deshacerse de esa propiedad.
—muy sensato por parte de Bartolomew—expresó la tía abuela—nunca entenderé la fijación que tuvo todo este tiempo por esa propiedad. ¿y quien fue el comprador?
—Christopher nos dijo que un acaudalado ganadero australiano… y su nombre es… Roger Lancaster.
Roger Lancaster… era el otro nombre de James Thornton, toda esta situación era tan confusa, que alejé esos pensamientos de mi mente.
—¿Un australiano?—preguntó Catherine.
—al parecer, será su casa para el verano cuando venga a visitar a su hija que estudiará aquí.
—solo esperemos no quiera remodelarla—murmuró Catherine.
—oh no, también compró todos lo muebles de la casa, al parecer quiere que permanezca tal y como esta—dijo Alistear—a propósito, abuela Elroy espero no se moleste pero e invitado a un viejo amigo a la fiesta.
—no hay cuidado Alistear, después de todo la fiesta es en su honor así que siéntanse libres de invitar a quienes ustedes quieran, solo necesitamos la dirección para enviar la invitación.
Decidí retirarme a mi habitación una vez que terminó la cena, últimamente, me sentía extrañamente agotada, seguramente era debido a todo el caos que se encontraba a mi alrededor.
—Candy ¿no vas a bajar? Toda la gente ya ha llegado.
—si Annie en unos minutos mas bajo—le respondí, todo mi interior era un manojo de nervios, pues apenas esta tarde Annie y Coreene me comunicaron que habían invitado a Terry a la fiesta.
Respirando profundamente bajé lentamente las escaleras; la fiesta estaba en su apogeo, entre la multitud, había muchos rostros desconocidos para mi.
—Ven Candy que quiero que conozcas a unas personas— Albert me llevó de un lado a otro, presentándome con un sinfín de gente con la cual él tenia negocios, disimuladamente, buscaba de un lado a otro a Terry sin encontrarlo, solo pude ver a su padre en compañía de su madrastra.
Repentinamente, entre la multitud aparecieron los rostros de Terry y Eleanor, al verme inmediatamente se acercó hacia mi dirección, mientras Eleanor me saludaba efusivamente.
—hola pequeña, hace tanto que no se de ti—dijo Eleanor con una gran sonrisa—espero no sea ninguna molestia el que Terry me haya invitado.
—Para nada Eleanor, sabes que esta es tu casa—le respondí, mientras de rejo miraba nerviosamente a Terry.
—Hola Candy—me saludó Terry dirigiendo una sonrisa de medio lado, mientras depositaba un beso en mi mano, provocando que en mi estómago revolotearan miles de mariposas.
Si me disculpan, tengo que atender a los invitados, pero siéntanse en su casa—dije con una forzada sonrisa, mientras salía casi corriendo de ahí.
En mi intento de huida, accidentalmente tropecé con aquel extraño hombre.
—¡oh, disculpe mi torpeza!—dije soltándome de su agarre, mientras veía como un par de esmeraldas, me miraban duramente.
—Pues de verdad debería de fijarse por dónde camina—dijo la dueña de aquellos ojos, mientras me miraba petulantemente, su rostro delataba su juventud, pero aun así ella era ligeramente más alta que yo, a pesar de que yo llevaba zapatillas.
—Lizzie, esa no es manera de dirigirse a una persona—dijo dulcemente Roger a su hija, mientras esta dirigía su mirada hacia otra dirección—disculpe a mi hija, pero en su defensa he de decir que está molesta, pues muy pronto iniciará sus clases en el San Pablo.
—vaya, pero que manía de esta alta sociedad de seguir enviando a sus hijos a la cárcel—dije rodando los ojos, logrando que Roger riera.
—creo que es más una costumbre, señorita Andrey—me respondió dulcemente Roger, provocando mi sonrojo.
En ese instante, apareció Alistear saludando efusivamente a su querido amigo, felicitándolo por su hermosa hija, alejándolos de donde yo me encontraba. Decidida a huir a mi recamara, una fuerte mano detuvo mi andar.
—Creo que tenemos que hablar Candy—la voz de Terry sonaba calmada, pero si sabría yo la tempestad que había tras esa aparente calma.
—No creo que sea el momento indicado—dijo elevando mi barbilla desafiándolo a que hiciera un escándalo en medio de toda la gente que nos rodeaba, ya veía yo uno que otro rostro curioso viendo el forcejeo que había entre nosotros.
—dije que tenemos que hablar, y es ahora Candy—pude ver como tensaba la barbilla tratando de controlarse, así que ya no queriendo seguir tentando a mi suerte, accedí a ser guiada por él.
Me llevó al extenso jardín de la mansión, el cual estaba ligeramente iluminado por unos farolillos, lo cual le daba un aire de intimidad que hizo que mi estómago se contrajera y mi piel se erizara al no ver a nadie más ahí, pero no por ello, me deje intimidar.
—Dime, te escucho—dije cruzando mis brazos sobre mi pecho.
—Candy, lo que sucedió aquella noche del estreno, fue un error, un gravísimo error, no sé cómo demonios llegó ella aquí, y créeme cuando te digo que entre ella y yo no hay nada absolutamente nada—decía Terry, podía escuchar la muda suplica de que creyera en lo que decía, pero la manera en que lo besó, la manera en que lo abrazó no era de alguien que era una conocida o amiga.
Ahora recordaba haber leído en los diarios hace ya mucho tiempo, el escándalo que se suscitó cuando dicha mujer abofeteó a la primera actriz Eleanor Becker, y en ese diario se aseguraba saber de muy buena fuente que ese incidente se debió a que la señorita Rochelle al parecer sostenía una relación con Terry.
—Pero la tuvieron ¿cierto?—pregunte con la esperanza de encontrarme con una negativa, pero el silencio que siguió a mi pregunta, no hizo más que confirmarme que aquellos cotilleos de la farándula eran ciertos.
—Si Candy, no lo puedo negar, hace tiempo sostuve una breve relación con Rochelle, pero eso acabó el día en que abofeteó e insultó a mi madre—respondió con pena Terry.
—¿La amaste?—pregunté sin pensarlo.
—No, créeme cuando te digo que mi amor es y será siempre tuyo—respondió para mi alivio de inmediato.
—¿Y cuantas damas más tuvieron el placer de gozar con tu compañía?—sabía que la respuesta me lastimaría de sobremanera, pero era algo que quería, que necesitaba saber, aunque eso me matara.
—Mi querida y dulce Candy—dijo Terry mientras acomodaba un rebelde rizo que había escapado de mi cabello, provocando que un intenso calor se apoderara de mi cuerpo—un caballero no tiene memoria, pero de ahora en adelante seré siempre tuyo en cuerpo y alma, y viviré para hacerte la mujer más feliz del mundo, el resto de mi existencia. Te amo y eso nunca lo dudes.
Mis ojos se humedecieron ante lo dicho por Terry, esas palabras las guardaría en mi memoria para siempre.
—¡Oh Terry, no sabes cuánto te he extrañado!—rodeé su cuello con mis manos, mientras sentía sus fuertes manos envolver mi cintura—¡te amo!
—de ahora en adelante, no habrá nada más que nos separe—dijo Terry—solo hay algo que he querido decirte desde el instante en que me aceptaste de nuevo en tu vida, y ha llegado el momento de decírtelo.
Mi corazón latió apresurado ante lo dicho por Terry, mientras tomaba una gran bocanada de aire, preparándome para lo que Terry estaba a punto de decirme.
—Candy, Susana… Susana está embarazada… pero ese hijo que espera no es mío.
Guarde silencio por un largo instante asimilando las palabras dichas por Terry, si Susana estaba embarazada y como Terry me aseguraba esa criatura no era de él, entonces eso quería decir que…
—¡Cómo se atrevió!—dije casi gritando—ella bien sabía que tu no la amabas, y en su defensa diré que tu comportamiento no era tan respetable que digamos, pero de eso a… a… intimar con otro…¿y sabes quien es el padre de su hijo?
—se ha negado rotundamente a decirme el nombre de su amante, a pesar de que la amenacé con negarle mi ayuda, ni siquiera su madre sabe de quién se trata. Pero eso ya es cosa que no es de nuestra incumbencia.
Guardé silencio por un largo instante, después del arrebato de furia que tuve al saber que Susana había sido capaz de engañar a Terry, un sabor amargo quedó en mi boca, pues si Susana había decidido tener a su hijo y si el padre de este no sabía su existencia, ella se vería envuelta en una vorágine de murmuraciones y señalaciones a su paso y no solo ella sino también aquella criatura.
—no te sientas triste amor mío—dijo Candy levantando mi rostro para que lo mirara a los ojos—ella ha tomado esa decisión, y no hay nada que podamos hacer para ayudarle.
—tienes razón… solo prométeme una cosa… que no le retiraras tu apoyo económico—le dije con una media sonrisa.
—Tu siempre pensando en los demás—dijo Terry elevando su mirada al cielo—si eso te hace feliz, así lo haré.
Ambos entramos tomados de las manos al gran salón, al parecer nadie se había dado cuenta de nuestra huida, así que aprovechamos para colarnos en la pista de baile. Poco a poco, la gente se fue retirando, y con ella también la partida de Eleanor con Terry, y este antes de marcharse prometió venir a buscarme a primera hora para desayunar.
Solo quedaba la familia Andrey, los Legan e incluso el amigo de la familia James o Roger o como se hiciera llamar. Pude ver las miradas que Christopher, el tío Bart y la tía Adeline dirigían en dirección de aquel hombre que parecía incomodarles con su sola presencia, también pude ver las miradas que este cuando creía nadie lo miraba lanzaba en dirección a Catherine, mientras esta esquivaba la mirada.
—Padre lamento interrumpirte pero deseo irme a dormir—dijo la hija de este hombre, intentando ocultar un bostezo.
—gracias por la invitación, y espero verlos pronto Alistear, Coreene—dijo depositando un beso en su mano—Catherine, fue un placer volver a verte.
Dijo fríamente, mientras esta agachaba la cabeza, sonrojándose.
—Christopher, señores—esta vez dirigió una mirada que me pareció retadora en dirección al matrimonio—espero verles pronto, muy pronto.
Más que una despedida cortes, eso parecía una amenaza. A su partida, siguió la de los hermanos de Catherine y la familia Legan, quedándose solo el señor Bartolomew y la tía Adeline.
—Y… James—dijo el tío Bart era como si le costase decir aquel nombre, dirigiéndose a Alistear y Coreene—¿piensa quedarse mucho tiempo aquí?
—pues al parecer se quedará un par de semanas más, arreglando unos asuntos y partirá cuando su hija ingrese al san Pablo—respondió Alistear.
—ya veo…¿y a que se dedica?—preguntó a su vez la tía Adeline.
—es dueño de un rancho en Australia... creo que en Queensland—dijo Alistear, sin percatarse de la sorpresa que había cruzado por el rostro del tío Bart.
Para lo que no estábamos listos los ahí presentes, era para la reacción del tío Bart.
—¡Ese maldito embustero!—dijo airadamente el tío—por fin consiguió lo que quería… él fue quien compró Thornton hall—repentinamente su furia se dirigió hacia Catherine—¡de no haber sido por ti y tu imprudencia nada de esto habría pasado! ¡Habiendo tantos hombres tenías que haber manchado tu reputación con él!
Gruesas lágrimas resbalaban por las mejillas de Catherine mientras todos nos mirábamos sin entender el enojo del tío Bart.
—¡Guarda silencio Bart!—exclamó la tía al ver nuestros rostros.
Todo pasó tan rápido, que nadie fue capaz de reaccionar a tiempo, el tío Bart posó su mirada en los rostros de los ahí presentes, sentí su mirada fría posarse en mi para instantáneamente caer de bruces al piso.
—¡padre! ¡Bart!—fueron los gritos que exclamaron Catherine y la tía Adeline.
De nada habían servido sus intrigas, él la seguía mirando con aquella añoranza de hacía más de veinticinco años, pensaba Sara Legan mientras cepillaba su larga cabellera castaña rojiza frente al tocador. Una traicionera lágrima rodó por su mejilla, si no había sido para ella, jamás seria para Catherine, se dijo.
Recordaba bien lo que horas atrás le había dicho a James al ver sus intenciones de acercarse a Catherine.
Flash back
—James, necesito hablar contigo, es necesario—dijo Sara haciendo uso de su bien estudiada falsa bondad.
—muy bien Sara, te escucho—dijo James una vez que se alejaron de aquel bullicio.
—¡oh James, no sabes cuánto te eché de menos!—dijo lanzándose a los brazos en los que siempre quiso estar—lo que te tengo que decir tiene que ver con Catherine y tu propuesta de huir contigo.
—continua querida—la animó a proseguir James, pues si alguien había sido su aliado y confidente en su amor por Catherine esa había sido Sara.
—sucede que… ella decidió no huir contigo porque… descubrió que estaba embarazada—falsas lagrimas comenzaron a correr por las mejillas de Sara, mientras James se había quedado sin habla ante lo revelado por su amiga—créeme cuando te digo que yo intenté hacerla persistir de su idea de no contarte nada, se puso como loca cuando lo supo, por eso es que no acudió al puerto aquella noche.
—¿y… la criatura… que pasó con ella?—preguntó aun en estado de shock James, no daba crédito a lo que le decía su amiga.
—en cuanto nació… Catherine la echó de su lado… decía que solo sería un recordatorio de su mala cabeza.
Sara vio la rabia en el rostro de su amado, y claramente leyó las intenciones de este.
—¡Por favor James no le reclames nada!—suplicaba Sara—si le preguntas seguramente ella argumentará que no sabe de qué hablas o aun peor… podría decir que la criatura murió, y después de sus padres yo soy la única que sabe de eso James. Perdón por haber callado tanto tiempo pero al verte sabía que mi lealtad estaba contigo.
—perdón Sara—dijo James dirigiéndole una dulce mirada mientras le limpiaba las lágrimas de su rostro—no sé cómo no me enamoré de ti, si eres tan bondadosa.
James depositó un dulce beso en su mejilla, pero para lo que no estaba preparado, era para lo que haría Sara, esta volteó su rostro, estampando sus labios en los de James, el beso carecía de la pasión y profundidad de dos seres que se aman, pero eso era suficiente para ella.
—Lo siento tanto James, es solo que me deje llevar—se disculpó Sara.
—discúlpame tu a mi Sara, siempre te has comportado como una dama.
—solo prométeme que no le reclamaras nada a Catherine.
—tienes mi palabra Sara, y gracias, siempre te estaré eternamente agradecido.
Fin del flash back
Eso era lo único que ella necesitaba, pues bien sabía que si ese par hablaba su treta saldría a la luz, y no solo ellos la odiarían, sus tíos, también la repudiarían.
—Querido como siempre estuviste arrebatador—exclamó la pelinegra a su acompañante, mientras este jugueteaba, con uno de sus senos—¿y has sabido algo de tu próxima conquista?
—no, pero al parecer ella aun no lo perdona—dijo el pelinegro dirigiéndole una mirada llena de complicidad.
—y te tengo algo que de ser cierto, acabará con la posibilidad de su reconciliación—dijo Rochelle levantando una ceja.
—dime te escucho—dijo el pelinegro, mientras besaba el blanco cuello de su amante.
—Sucede que… al parecer la señorita Marlow está embarazada—sonrió ampliamente Rochelle mientras veía el rostro estupefacto de Edmund.
—¡no puede ser!—dijo sonriendo ampliamente Edmund—pero… ese hijo ¿es de Terry?
—¡claro que no!—dijo Rochelle como si fuera lo más obvio—no se de quien será pero de Terry no es, así que querido espero sepas jugar muy bien tus cartas.
—¡no cabe duda que eres una diablilla!
Y así, continuaron con su juego entre las sabanas, aquel que había sido interrumpido solo para tomar aire.
