Para no perder la costumbre. Nada me pertenece, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de Drotuno, yo solo traduzco.
Y no podía faltar mi compañera de aventuras. Gracias a mi querida amiga Erica Castelo por ayudarme una vez más.
~ooo~AFTA~ooo~
Capítulo 13
EDWARD
"¡Y ahí está!" Renee canturreó cuando Bella y yo entramos a la cocina para encontrar que el lugar estaba zumbando de actividad. "Estaba empezando a preocuparme. Con los conductores locos allá afuera y siendo un fin de semana festivo… Bueno, en fin… me alegra que hayas llegado, corazón."
Mi ceño se frunció, pero me incliné hacia el beso que me daba en la mejilla. "Mi compañero de cuarto estaba salvando al universo de los extraterrestres controlados por un niño en Dubai."
Jasper se partió de la risa, mirando hacia arriba y por encima de su hombro desde la encimera. "Excelente."
"Bueno, está bien. Mejor los videojuegos que los conductores idiotas," dijo tía Jane, abrazándome por un lado con su brazo libre. Su otra mano estaba sosteniendo un cazuela llena de lo que parecían escalopas de patata echas en casa. "Me alegra que estés aquí. Me sirve otra espalda fuerte. Y será mejor que mañana tengas buen apetito, chico."
Me subí las mangas de mi camiseta y asentí. "Sí, señora."
Traté de concentrarme en las tareas que tenían que hacerse y no en el hecho de que habían estado preocupados. Llegué un poco después de la hora que le había dicho a Jasper, pero no estaba acostumbrado a que un adulto se preocupara por mí. En mi casa, no importaba, simplemente porque nunca iba a ninguna parte si no era la escuela, y por lo general mis hermanos—uno u otro—estaban conmigo. Estaba completamente seguro que a mi papá no le importaba una mierda.
"Vengan aquí, ustedes dos," Renee nos llamó, señalando a Bella y a mí. "Pueden trabajar con estas judías verdes (1)."
Nos sentó en la mesa de la cocina, una enorme pila de judías verdes frescas en medio junto con un escurridor.
Cuando miré a Bella confundido, soltó unas risitas, se acercó y besó mis labios. "Así." Quebró las puntas y luego partió la judía a la mitad, dejándola caer en el escurridor. "Se enjuagan antes de cocinarlas."
"Está bien." Asentí, poniéndome a trabajar, pero levanté la vista hacia ella. "¿Cuánta gente estará aquí mañana?"
Bella sonrió. "Solo nosotros, pero a todos nos gusta algo en específico como comida tradicional, así que… tienden a exagerar un poco. Y algunas veces, vecinos o amigos vienen a ver el futbol con papá, pero traen el postre o su propia cerveza o lo que sea. No te preocupes, es bastante informal."
"Ella tiene razón," tía Jane añadió desde el otro lado de la habitación. "Así que no te sientas avergonzado si te quedas dormido frente a la televisión. Todos lo hacemos."
Echándome a reír, asentí. "Muy bien."
"Puedes rascarte, eructar y pedorrearte todo lo que quieras, Ed," intervino Jasper, portando una sonrisa de idiota.
"Ummm…" Le eché un vistazo a Bella, que estaba fulminando a su primo con la mirada como si fuera un insecto asqueroso. "¿Está bien?"
"Dios, Edward, a veces era demasiado educado," dijo Renee riéndose, besando la cima de mi cabeza al pasar.
Miré a Bella, diciendo, "Jasper no es muy diferente de Emmett."
Bella soltó de nuevo una risita, un sonido que realmente me encantaba escuchar. "¿Los vas a echar de menos mañana?"
Arrugando mi nariz, partí unas cuantas judías más y asentí. "Sí, los extrañaré, pero no es como si tengamos esto," le dije, señalando a toda la comida preparándose detrás de mí. "Saldríamos a cenar. Hay un comedor en Forks que sirve comida de Acción de Gracias—pavo, relleno, salsa de arándanos. Ese tipo de cosas. Mi papá prefiere trabajar, de modo que por lo general somos nosotros tres."
La cocina se quedó en silencio, e hice una mueca mirando a Bella, que se inclinó para besar mis labios. "No te atrevas a disculparte," susurró solo para que yo lo escuchara. "Salir a cenar sería mucho menos trabajo."
Su sarcasmo produjo unos chasquidos de lengua de las mujeres y un murmullo de, "No jodas," de Jasper. Sonreí y asentí, pero podía sentir la aceptación en torno a mí como uno de los abrazos de Renee. Aún más, cuando sentí la habilidad de Bella de siempre, simplemente… comprender. O al menos, me comprendía a mí. Bella tenía el asombroso talento de tomar las cosas que pensaba que me hacían diferente y convertirlas en algo mejor.
"¡Ah, qué bien!" Canturreó Charlie al entrar a la cocina. "Edward, llegaste bien. Y, por lo que veo, ya te pusieron a trabajar."
Sonriendo, asentí y partí la última judía, y Bella se levantó para llevarlas al fregadero.
"¡Oye, Ed! Ayúdame rápido," me llamó Jasper, y estaba batallando con un pavo que parecía ser del tamaño de Bella. Cuando llegué a él, moví el sartén de manera que él pudiera sacar el ave de sus envoltorios. Le entrecerró los ojos. "Ese cabrón se va a llevar una eternidad para cocinarse."
"Es por eso que se le va a meter al jodido amanecer," dijo tía Jane, acercándose a mi oído. "Solo agradezcan que no es su alarma la que va a sonar como a las cuatro de la mañana para encargarse de esta ave."
Riendo entre dientes, asentí pero ayudé a Jasper a girarla en diferentes posiciones para embarrarle especias. No pasó mucho tiempo para que Renee dijera que estábamos listos para el día siguiente. La mayoría de las cosas estaban preparadas para solo meterlas al horno a diferentes horas. Todavía había algunas cosas que hacer por la mañana, pero nada importante.
Jasper se unió a Charlie en la sala para las noticias de deportes. Tía Jane y Renee se sentaron con ellos pero estaban hablando de las próximas vacaciones de Navidad y lo que querían hacer para la cena el día de Navidad. La idea de estar lejos de la casa de los Swan me puso un poco triste. La idea de estar lejos de Bella durante esas semanas hizo que mi pecho doliera.
Traté de recordar que necesitaba ver a Alice, que tenía que calmar a mi padre a fin de que siguiera financiando mi educación, y tuve que recordarme que los dormitorios estaban cerrados durante las vacaciones. Aunque fuera bienvenido en casa de los Swan, no podía imponerme para estar con ellos en las fiestas. Sin embargo, ninguno de estos recordatorios lograron que bajara mi nivel de ansiedad. Simplemente no quería ir a casa.
Fue cuando estaba sentado al borde de la cama, con mis manos agarrando puños de mi cabello, que escuché a Bella entrar en la habitación y el clic de la puerta cerrándose detrás de ella.
"Hey… ¿Qué pasa, amor?" Me preguntó con voz baja, caminando hacia mí, y me encontré rodeado por sus brazos, con suaves besos plantados en mi mejilla.
Tragando grueso, levanté la mirada a la suya. "Yo… Yo… no quiero ir a casa para Navidad."
"Entonces no vayas." Sonrió orgullosa y de forma adorable, como si hubiese resuelto el problema.
Bufé una suave carcajada sin humor. "Tengo que hacerlo, Bella. Es solo que no quiero."
"Lo sé," dijo bajito. "Y desearía…" Su voz se apagó, pero la esperé pacientemente. "Desearía…" Se rio un poco. "Dios, Edward, desearía tantas cosas. Desearía que pudiera hacer que te quedaras aquí. Siempre. Desearía poder ir contigo, envolverme a tu alrededor como un escudo. Desearía que tu hermana pudiera venir aquí en lugar de que tú vayas. Desearía que nunca tuvieras que estar de nuevo cerca de tu padre. Él no se merece tu lealtad, tu obediencia, o tu miedo. Demonios, ni siquiera se merece tu odio; incluso eso es darle demasiado crédito." Tomó mi rostro entre sus manos, acercando mis labios a los suyos. "Pero más que nada, desearía que comprendieras lo jodidamente asombroso que eres, lo fuerte que eres, lo inteligente y dulce y amable que eres."
"No lo soy," repliqué. "No me siento así, de todos modos."
Su rostro era solemne, sincero mientras observaba cada centímetro de mi rostro. "Quítate la camiseta, cariño," me pidió, cuando mis manos titubearon en la orilla, me ayudó a levantarla y quitármela por encima de mi cabeza. "Nunca me has mentido, Edward, así es que voy a preguntarte si confías en mí."
"Sí."
"Excelente," respondió, volviendo a pararse entre mis piernas. "Entonces, quiero que recuerdes algo, que te lo aprendas de memoria. Escríbelo en tu diario. Tatúalo en tu piel. Algo, cualquier cosa que te ayude a recordarlo… Tú no hiciste nada malo, Edward. Eras solo un muchachito. Fuiste valiente y fuerte. Hiciste exactamente lo que tu mamá te dijo, y salvaste la vida de tu hermano. Ahora, dicho todo eso… Si otros no pueden entender eso, si no lo ven, entonces es su puto problema. No tuyo."
Abrí mi boca para argumentar, pero ella se puso a horcajadas en mi regazo y se sentó, agarrando la parte de atrás de mi cuello para obligarme a escuchar.
"Si quieres tomar responsabilidad por dejar la tarea para después, entonces bien, puedo aceptar eso. Personalmente, creo que es un ritual de paso de la niñez el ser flojo con las cosas de la escuela, pero esa es mi opinión. Pero… tú no tenías el control del vehículo, no eras el dueño del perro que salió disparado al camino, y no tenías el control del maldito clima, Edward. Fue un accidente."
"En alguna parte, aquí muy dentro—" dio golpecitos con su dedo en mi sien, solo para colocar su mano en mi pecho desnudo "—y aquí… Lo sabes. Sabes todo eso. Lo que no sabes es que ya has pagado suficiente por olvidar una tarea de inglés en secundaria. Hasta aquí. Terminaste. No más. Ni en la escuela, o conmigo, o dentro de esta casa." Extendió su mano sobre mis cicatrices, mirándome a los ojos. "Ciento veintitantos puntos de sutura, la rodilla rota de tu hermano, y la pérdida del único padre a quién le importabas una mierda… Hasta aquí, amor. Siete años es suficiente."
Cuando bajé la mirada hacia nuestros regazos, ella levantó mi rostro por mi barbilla. "Bella, yo…"
Sacudiendo su cabeza, me dijo. "Cuando vayas a casa, necesito que recuerdes esa mierda. Quiero que lo sientas. Si quieres, te llamaré todos los malditos días que no estés y te lo recordaré. Quiero que entiendas que cuando él está encabronado y gritando o haciéndote sentir inferior, es su problema, no tuyo, y ya no tienes que escucharlo."
"No lo conoces, Bella…"
"No necesito hacerlo, ni quiero conocerlo. Lo que sé es que ningún verdadero padre diría o haría las cosas que él te ha hecho a ti. No aislaría a su bebé de la familia o la sociedad. Maldición, no lo castigarían por sobrevivir." Me levantó una ceja. "No me importa su maldito financiamiento para tu escuela. Para eso son los préstamos para estudiantes, así que a la mierda con él y su chequera. Me preocupas tú. Eso es todo. Mientras que algunas personas permitirían que esa mierda destruyera su espíritu, tu espíritu es perfecto, hermoso y cariñoso, y creo que eres increíble. De modo que… aun si tú mismo no lo crees, yo lo creeré lo suficiente por los dos."
"Yo… Yo…" Balbuceé, acercándola a mí y cerrando mis ojos.
Quería decirle que también me preocupaba por ella. Quería gritarle que la amaba, que estaba tan enamorado de ella que apenas podía pensar claramente. Pero el pánico cerró mi garganta y robó mis palabras. Quería decirle que ella era mucho más de lo que creí cuando la vi por primera vez en la biblioteca, que se había convertido en todo mi mundo, pero más que eso, que me había dado un sentido real de la familia—cómo debían haber sido las cosas.
"Dije demasiado, Edward," supuso. "Lo siento."
Bufé una carcajada, dejando que mi frente cayera en la suya. "No, nunca, chica hermosa. Siempre dices las cosas correctas." Abrí mis ojos para ver los suyos oscuros y preocupados. "Probablemente le debería de agradecer a Jasper por su desordenado sistema para archivar. Le debo por meterme en esa habitación contigo."
Bella soltó una carcajada que se transformó en la más adorable risita con resoplido. "¡No te atrevas! También lo pensé, pero solo fomentaría su comportamiento." Pegó sus labios a los míos. "Vamos a guardarnos eso, ¿sí?"
"Está bien."
Sonriéndole, ahora entendía a lo que se refería cuando me amenazaba una y otra vez con besarme hasta dejarme estúpido, porque en ese momento, quería devorarla. Quería tocarla, complacerla, mostrarle cómo me sentía, porque me faltaban las palabras.
Había leído historias dónde describían la tensión sexual en una habitación como una chispa crepitante, donde los amantes podían sentirla en su piel, en sus corazones, subiendo lentamente y rodeándolos. Nunca creí una maldita palabra hasta ese momento. Mis labios apenas rozaron los de Bella, y fue como si compartiéramos el mismo aliento. Los cabellos de mis brazos parecieron levantarse con ella.
"Edward…"
Asentí, incapaz de atender a la pregunta de Bella. Porque mi nombre había salido de ella como si estuviese preguntando algo. Lo que hizo que todo mi ser se pusiera alerta fue el que tocara mi piel—mis hombros, bajando por mis brazos, subiendo de nuevo por mi pecho y alrededor de mi cuello—y sus labios encontraron los míos casi con rudeza.
Perdí la noción de todo fuera de sus labios sobre los míos. Al parecer mi cuerpo tomó el control, y de alguna forma logramos enredarnos en el otro en medio de mi cama. La sensación de sus dedos en mi piel, sus piernas enredadas en mis muslos, y su lengua tocando, retorciéndose y probando la mía—era todo lo que podía ver, sentir, escuchar.
Rodándonos solo un poco, me eché hacia atrás para verla debajo de mí, y tragué saliva con nerviosismo. Era simplemente hermosa. No importaba que llevara sus habituales pantalones cortos para dormir y camiseta, y que raras veces usara maquillaje, pero el ver la apariencia sonrojada de sus mejillas que yo le había dado, me hizo sacudir mi cabeza despacio.
"Yo… Bella, quiero…" Mis ojos se alejaron de su perfecto rostro, y mis dedos no pudieron contenerse de estirarse para seguir ese sonrojo, bajando por su cuello hasta donde esa camiseta me lo permitiera.
Sus manos subieron a cada lado de mi torso, finalmente tomando mi rostro. "Edward, mírame."
Mis ojos se dispararon, desde donde sus pezones estaban duros y pegándose a la tela de su camiseta, de vuelta a los suyos.
"Cuando estemos aquí, así, quiero escucharte sin importar lo que estés pensando. Solo soy yo. Y créeme, lo que sea que esté cruzando por esa preciosa cabeza tuya, probablemente estoy más que dispuesta para ello en este momento."
Sonriendo, asentí. "Quiero… tocarte, chica hermosa."
"Nos estamos tocando," dijo tomándome el pelo y levantándose para besarme. "¿Dónde, amor? Dime."
"Por todas partes."
Se puso un poco seria pero entonces bajó sus manos para quitarse su camiseta. Había tocado su piel, sus senos debajo de su ropa, pero no la había visto en realidad. La confianza que tenía en mí era asombrosa, pero su paciencia era interminable, porque sabía que necesitaba un momento.
Su piel era hermosa, tersa, con suaves líneas de bronceado que podían verse en las áreas donde la cubría un bikini. Su estómago era plano, pero no era súper delgada, solo perfectamente curveada donde se veía muy bien en ella. Sus senos, sin embargo, eran fascinantes. No eran grandes, pero tampoco eran pequeños, y los pezones estaban duros, lo que me hizo encontrar su mirada.
"Eres tan… hermosa."
Sacudí mi cabeza asombrado al mismo tiempo que, con una mano temblorosa, la tomé. Su suave jadeo me hizo mirar de nuevo su rostro, pero su espalda se arqueó un poco cuando mi pulgar rozó ese pezón erguido y apretado. Suavemente, arrastré mi mano por su pecho hacia el otro para hacerlo otra vez, y recibí la misma reacción. Sintiéndome más valiente, extendí mi mano, bajándola en medio de su estómago, sonriendo cuando se tensó debajo de mi toque.
"¿Cosquillas?" Le pregunté en un susurro.
"Edward," me susurró en respuesta, pero dijo mi nombre con una risita. "Sí… ¡Sí! Está bien… un poco."
Se retorció un poco cuando subí por su costado apenas rozándolo y luego volví a su pecho. Mi mano deambuló cada vez más cerca de la cintura de sus pantalones cortos, a través de su cadera, y cuando titubeé solo un poco. La mano de Bella cubrió la mía, deslizándonos más abajo entre sus piernas. Jadeé al escuchar el suave y sexy gemido que se le escapó, mis ojos vieron su rostro cuando presionó mi mano, mis dedos donde los necesitaba. Podía sentir el calor, tanto calor viniendo de ella que no pude contenerme de agacharme para besarla.
Cuando presionó mi mano de nuevo, rompí nuestro beso para ver lo que estaba haciendo, pero entonces miré una vez más su rostro.
"Bella… Muéstrame qué hacer, qué te gusta."
Asintió, guiando nuestras manos nuevamente hacia arriba, y entonces clavó su mirada en mi rostro mientras nos deslizábamos por debajo del borde de sus pantalones cortos. No estaba preparado para sentirla. Había leído de ello, y mi hermano había tenido razón sobre mi computadora y lo que había visto, pero la realidad era muy diferente. Lo que era caliente y sexy en ficción, era emocionalmente abrumador en persona. Deseaba tanto hacerla sentir bien, darle lo que ella me había dado a mí más de una vez.
Mi frente cayó en su sien cuando hizo que mi dedo medio hiciera círculos. No estaba totalmente ignorante a lo que era—su clítoris—y ella giró nuestros dedos, volviéndolos a bajar hacia su entrada.
Cuando moví mi mano por mi cuenta, la cabeza de Bella cayó un poco hacia atrás al mismo tiempo que siseaba, "Oh, Cristo…"
Pegando mis labios en su mejilla, susurré, "¿Aquí?"
Asintió con vehemencia cuando sus caderas comenzaron a elevarse de la cama. Lo hice yo solo cuando apartó su mano para agarrarse de mi hombro.
"¡Justo ahí!" Dijo entre su aliento, agarrando mi rostro y sosteniéndome con fuerza. "No te detengas, no te detengas. Por favor…"
Hice exactamente lo que me dijo, y contemplé todo su ser con fascinación—su respiración, sus músculos tensos, y sus besos apenas presentes, sin mencionar el lugar donde mi mano desaparecía dentro de sus pantalones cortos. Había intensidad y humedad y calor. Había piel suave y cabello, pero sobre todo había movimiento bajo mi toque, y pronto todo empezó a contraerse a mi alrededor. Todo ello, incluyendo mi nombre dicho entre su aliento contra mis labios, hizo que mi polla palpitara bajo mis pantalones de dormir. Estaba magnífica, pero también estaba sudorosa y sonreía perezosamente. Era lo mejor que había visto en mi vida.
Sonriéndole, le pregunté, "¿Estás bien?"
"Oh, Dios, sí," suspiró, estirando sus manos hacia mí, hacia el borde mis pantalones, y tragué grueso cuando me tocó como había tratado de recrear más temprano en la ducha. "Tan duro, Edward."
Asintiendo, caí hacia atrás a la cama, y ella se movió conmigo, cerniéndose sobre mi rostro mientras su mano se movía sobre mí. Quería hablar, pero no podía. Había estado tan duro por ella mientras la tocaba que sus manos me estaban dejando mudo. No podía pensar, en especial cuando bajó mis pantalones lo suficiente como para que yo pudiera ver lo que me estaba haciendo. Se apartó, sin apartar su mirada de mí, pero mi respiración se aceleró más y más cuando su boca se acercó a la punta de mi polla.
"Oh, mierda, Bella… Si tú… No voy…" Apenas yo me entendía, de modo que no tenía idea si ella entendió lo que estaba tratando de decirle.
Su sonrisa fue suave y dulce, pero su aliento rozó mi piel cuando respondió, "El punto es correrse, cariño. Está bien."
No se necesitó mucho para hacerme perder el control. Su boca estaba mojada y caliente, y estaba totalmente convencido que su lengua era malvada. Y tan pronto como empezó a bajar sobre mí, tuve que luchar para no explotar en seguida, aunque no duré tanto como esperaba. Sin embargo, fue más de lo que había durado en la ducha.
Traté de empujarla hacia atrás, pero continuó—subiendo y bajando, arremolinando su lengua una y otra vez—hasta que sentí las sacudidas delatoras en mi vientre, mis bolas se apretaron, y mi respiración se detuvo. Mis ojos rodaron hacia atrás, y me perdí por completo, al instante sintiéndome mal de que le haya tomado un segundo ponerme de vuelta en mis pantalones.
"Maldición, me siento como gelatina," le dije, sonriendo cuando subió de nuevo por mi cuerpo para acurrucarse, y noté que la sensación de su pecho desnudo contra el mío era increíble y reconfortante. Pero me giré para verla. "Yo… Tú… tú eres… lo mejor que me ha pasado," le susurré, de pronto muy serio, pero no pude evitarlo. Su sonrisa fue dulce, pero sus ojos se humedecieron un poco. "En serio, lo eres. Yo… me estaba poniendo jodidamente nervioso, pero de repente estás medio desnuda en mi cama, y me olvido de por qué demonios estaba entrando en pánico."
Su risa fue adorable y musical, y besó mis labios. "Entonces, mi trabajo aquí está hecho, guapo." Se apartó un poco, subiendo sus manos para pasar sus dedos por mi cabello. "Yo… todavía no quiero volver a mi habitación. ¿Podemos leer juntos, solo por un rato?"
"Oh, sí, definitivamente." Alcancé el último libro que estábamos leyendo juntos. Habíamos terminado el de romance y nos movimos a un clásico. Bella nunca había leído nada de Alexandre Dumas, así que estábamos avanzando lentamente por El Conde de Monte Cristo.
Se volvió a poner su camiseta, pero nos acomodamos en nuestra posición normal para leer—con ella entre mis piernas y yo leyendo por encima de su hombro.
"Capítulo 13," le leí. "Un italiano académico. Dantès se lanzó a los brazos de su nuevo amigo…"
~ooo~AFTA~ooo~
(1) En México, mi país, se llaman ejotes pero por si la dudas les puse como las conocen en España, judías verdes, en Argentina 'chauchas'. O al menos eso leí :P
Cuando leí este capítulo quería abrazar a Bella y darle las gracias por decirle todo eso a su chico tímido. Queda más que demostrado que es la chica perfecta para él. Esperemos que toda esa terapia le sea de ayuda a Edward, que acepte que él no tuvo la culpa por el accidente, y que es su padre el que tiene un problema. Edward no quiere ir a su casa pero tiene que hacerlo por su hermana, y va necesitar recordar todas esas palabras de Bella. Espero que hayan disfrutado del capítulo y me lo hagan saber :)
Muchas gracias por dejar su review en el capi anterior y alegrar mi día: ginnicullenswan, Roxy Sanchez, LucyGomez, Marttha Cullen Dollanganger, LuluuPattinson, Marie Mars, aliceforever85, Anuca, JeniZuluCullenM, Nadiia16, cary, Wawis Cullen, Laura Katherine, Naruyi80, Deessa Whitlock, Hanna D.L, CindyLisse, liduvina, lauritacullenswan, Yoliki, Jocelyn907, freedom2604, Ericastelo, Tata XOXO, Klary Alice Cullen Swift, EmDreams Hunter, marieisahale, Sully YM, Dayis, Fran Cullen Masen, Gabriela Cullen, bellaliz, solecitopucheta, Iku cSwan, AleLupis, Marie Sellory, RobwardAsLife, Manligrez, Pam Malfoy Black. Gracias también por sus alertas y favoritos. Recuerden que un gracias no cuesta nada ;)
