Disclaimer: Ninguno de los personajes de Naruto me pertenecen.
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Ahora si... ¡Feliz Navidad! A todos. ¿Cómo están? Espero que bien. Y espero que lo hayan pasado bonito con gente querida, que hayan recibido regalos y que hayan comido mucho y todas esas cosas que uno hace en Navidad. Y bueno, como prometí, acá está el capítulo del día. El cual espero les guste... Y como siempre, además de desearles una feliz navidad, quería decirles gracias. Sinceramente, gracias por siquiera darle una oportunidad a mi historia y por tomarse la molestia y el tiempo para hacerme saber su opinión. Gracias por agregarla también a Alerts, y a sus listas de Favorites. Me hace muy feliz. De verdad, les agradezco. Y sepan que cualquier opinión o crítica constructiva es bien recibida. En fin, espero que sea de su agrado. ¡Nos vemos y besitos!
El legado de Viento y la voluntad de Fuego
XII
"Exámenes preliminares"
Observó el lugar con lentitud, deslizando sus blancos ojos opacos por todo el sitio. Era familiar, por supuesto, pues se trataba del exacto lugar en que se habían desarrollado los exámenes preliminares chuunin ese año, y el año anterior y el primer año en que ellos se habían presentado ese examen. De hecho, el tablero que escogía al azar los nombres de los competidores aún seguía allí y en uso, y de hecho había dado su primer veredicto 10 minutos atrás. "Satou Katsu vs. Rock Lee", ese había sido el primer combate preliminar de las eliminatorias. Y por su puesto, viendo directo al terreno en el cual Hinata había combatido una vez con Neji –y perdido-, no pudo evitar sentir cierta admiración por el chico de traje de expándex verde. Cierto, Rock Lee era excéntrico a su manera, pero era sin duda alguna como ella misma lo había oído llamarse en varias ocasiones "un genio del trabajo duro". Era fuerte, y su determinación lo era igual o más. Y eso le agradaba. La amabilidad y cordialidad de Lee combinada con su fortaleza lo hacían un oponente formidable y admirable. Aquella vez, aquella primera vez, ella había sido incapaz de ver su combate (el cual había resultado el penúltimo) dado que su combate con Neji la había enviado al hospital con sus órganos internos dañados. Aún así, se había enterado por Shino, días después, de que Lee había luchado contra "ese sujeto de la arena" como le había llamado Kiba. Gaara. Y lo había hecho con todas sus fuerzas y toda su voluntad, negándose a perder por completo. Había liberado todo su poder para ello y había hecho técnicas que lo habían dejado muy dañado, sumado a los ataques de arena, y que casi lo habían forzado a resignar su modo de vida como ninja. Aún así no se había rendido, aún en contra de los diagnósticos negativos y aún en contra de todo, se había recuperado. Poco a poco. Y había acudido a ayudar a los demás en su misión de rescate de Sasuke. Y aún a pesar de todo, jamás había guardado rencor alguno contra Gaara, contra aquel que había intentado y deseado asesinarlo en dos ocasiones (el solo pensamiento le causaba escalofríos), aquel que había acudido luego a asistirlo a él. Por eso, viéndolo de pie; erguido, con un brazo tras la espalda y el otro extendido con la mano hacia arriba y la palma hacia él, en su característica pose; y con su contrincante de la aldea de la lluvia derrotado frente a él, sintió algo más de valor. Si Lee se había esforzado como lo había hecho, en el combate y a lo largo de su vida, y había triunfado, Hinata sentía que ella también debería hacer lo mismo. Que debería dejarlo todo en aquellas preliminares, tal y como había hecho en aquellos exámenes chuunin contra su primo, aún si no pasara a las rondas definitivas luego de eso.
A unos metros de ellos, una voz escandalosamente familiar resonó en el lugar —¡Ese es mi alumno! ¡Demuestra tu poder de la juventud! —gritó el Jounin vestido igualmente como Lee. Tenten, a su lado, se cubrió los oídos y negó con la cabeza, evidentemente desconforme con la conducta de este. Neji, quien también se encontraba presente, se cruzó de brazos y permaneció con la espalda contra la pared y los ojos cerrados.
Lee, desde el lugar de combate, alzó su pulgar en alto a su sensei —¡Gai-sensei!
—¡Lee! —respondió este, sonriendo sus destellantes dientes blancos, claramente orgulloso de la demostración de poder y fuerza en taijutsu que el chico había desplegado en el combate preliminar.
La chica castaña miembro del equipo chasqueó la lengua —Dejen de comportarse así —se quejó, pero ambos hombres vestidos de verde continuaron con los rituales característicos de su estrecha relación entre sensei y alumno, como si nadie hubiera dicho nada. Neji, tras ella, soltó un suspiro cansino.
—Ya ríndete Tenten —musitó, con voz profunda. Esta asintió resignada. No había demasiado más que hacer, después de todo. Lee y Gai siempre se habían comportado de esa forma, desde el inicio, y además estaba feliz por Lee. Por haber ganado. Quizá la próxima vez, se presentaría ella también.
—¡Bah! Que ruidosos que son esos dos —se quejó Kiba, con una sonrisa—. ¿No crees Hinata?
La chica asintió tímidamente, mirando de reojo a Lee subir las escaleras y de regreso a donde se encontraba el resto de su equipo. Le parecía un bonito gesto de parte de su primo el haber venido a ver el combate preliminar de su compañero de equipo. Aún cuando Neji no lo manifestaba abiertamente, Hinata sabía que se preocupaba por ellos. Incluso cuando fácilmente podría haberse apartado de su equipo tras convertirse en Jounin —Eso c-creo... —susurró, observando a Neji. Aunque quizá Lee y Gai lo habían obligado, porque eso parecía revelar su expresión. Que no tenía deseo alguno de estar allí. Aunque de todas formas, le parecía agradable. Ella no tenía a nadie que la observara, con la excepción de Kiba que también estaba allí para competir. Shino, por su parte, había debido marcharse el día anterior en una misión, por asuntos de su clan, y Kurenai debía cuidar de su pequeño hijo por lo que asistir para ella (al menos durante las preliminares) estaba fuera de las posibilidades. Lo que le recordaba... Naruto había partido con su equipo en una misión la semana anterior, el día exacto en que ella había terminado en el hospital, y aún no habían aparecido ninguno de los tres. Ni Naruto, ni Sasuke, ni Sakura para animarlos (dado que ella se había convertido en Jounin el año anterior).
Preocupada, observó en dirección a la puerta —Kiba-kun... ummm... ¿has visto a N-Naruto-kun...? —este parpadeó desconcertado, percatándose solo recién de que el ruidoso rubio aún no había dado señal alguna de presentarse a los exámenes o de estar vivo siquiera.
—Oy, ahora que lo mencionas... —masculló, observando también hacia la entrada del lugar. ¡¿Naruto, donde demonios te metiste?— todo esta demasiado callado... ¡Bah! Más le vale a ese idiota que venga o nosotros mismos lo buscaremos y lo arrastraremos hasta aquí, ¿verdad Akamaru? —el perro ladró afirmativamente. Y Hinata solo se sintió más nerviosa. Realmente quería que Naruto llegara. E-Espero... que llegues N-Naruto-kun...
—¡Naruto-kun vendrá! —parpadeando, la tímida Hyuuga se volteó a ver quien hablaba. Kiba hizo lo mismo, solo para encontrarse ambos con los ojos negros de Rock Lee llenos de seguridad y determinación, y su pulgar alzado hacia ellos—. De eso estoy seguro.
Yo no retiraré mis palabras... porque ese es mi camino ninja. Sonriendo suavemente, Hinata asintió. Lee tenía razón, Naruto jamás faltaría a sus palabras o a sus modos y jamás se retiraría de una competencia para probar su fortaleza. Menos aún si consideraba aquella necesaria para su próximo paso de convertirse en Hokage, y si tenía la posibilidad de competir con Sasuke, con quien más allá de la amistad mantenía una estrecha relación de eterna rivalidad —S-Si... —confiaría en él, y en sus instintos.
Kiba volvió a apoyarse sobre el barandal que daba a la pista de combates, dando la espalda al hombre vestido de verde una vez más, mientras este retomaba su camino hacia donde se encontraba su equipo —¡Mas le vale! Aún tengo que patearle el trasero con mi nueva técnica... —Akamaru volvió a ladrar impaciente, sintiendo la anticipación y ansiedad de su amo como propia.
Los exámenes Jounin no eran como los chuunin. Poseían, al igual que los anteriores, una instancia escrita pero esta no consistía en reunir información sobre las respuestas como la anterior sino en responder correctamente sobre conocimientos reales que un Jounin debía tener. O que se suponía debía tener. Naruto, según Kiba, había aprobado por pura suerte esta parte (y quizá porque Sakura lo había forzado a meterse todo el contenido en la cabeza a la fuerza, del cual solo había retenido una cuarta parte), y lo sostenía hasta aquel día. Aún cuando Shino le había señalado que él había obtenido las mismas calificaciones que el Jinchuuriki en este. El resto de ellos, afortunadamente, habían pasado con mayores o menores notas, siendo las de Sasuke de las mejores. Por supuesto (lo cual había fastidiado aún más al Inuzuka, y a Naruto). Por otro lado, no había instancia intermedia de supervivencia en ningún bosque de la muerte ni nada parecido, sino meros exámenes preliminares en caso de ser demasiados los aspirantes a ser Jounin. Mientras que los exámenes principales consistían en un único combate por cada participante, una única oportunidad para probar que realmente podían dejar de ser chuunins, frente a consejos de señores feudales de todos los países presentes y los Kages y líderes de las distintas aldeas.
El sonido del tablero les alertó que este una vez más estaba en movimiento, una vez más estaba cambiando, azarosamente alternando, entre los distintos nombres de los presentes. Kiba, a su lado, se removía inquieto y con los colmillos expuestos, demostrando sus ansias de competir abiertamente a los otros participantes. Ella, por otro lado, permanecía quieta en su lugar, jugando con sus dedos nerviosa. Haciéndolos girar y golpear como habitualmente solía hacerlo. Al menos estaba haciendo eso, cuando sintió una mirada sobre ella. Alzando sus ojos blancos, observó desde unos metros más allá una figura familiar. Esta, tal y como la recordaba, le devolvía la mirada con ojos negros y llenos de determinación. Solo en pocas ocasiones había visto aquel tipo de mirada, aquel tipo que se dedicaban Ino y Sakura mutuamente de niñas cuando se trataba de Sasuke, y solo en una única ocasión la había visto dirigida a ella. Solo en una única ocasión, y esa vez también la había recibido de la misma persona. Avergonzada, desvió la mirada al frente. M-Matsuri-san... Pensó, recordando a la joven castaña del año anterior. Esa vez, ella se había presentado a los exámenes chuunin –tal y como había hecho Hanabi también- y lo había hecho con éxito. Se había convertido en chuunin. Por esa razón también, le sorprendía que se encontrara allí nuevamente, habiendo tenido tan poco tiempo entre un examen y otro, pero Hinata suponía que la chica tendría sus razones, y suponía que estas serían probablemente las mismas que Hinata misma habría tenido aquella primera vez para presentarse a los exámenes chuunin. Eso era, el deseo de ser reconocida por alguien. Ese alguien que para ella era importante.
—¡Oy, ¿qué miras? —exclamó Kiba al verla desconcentrada, agitando una mano delante del rostro de la Hyuuga. El tablero aún no se había detenido.
Sonrojada, Hinata negó con la cabeza —A-Anou... Nada Kiba-kun... yo solo... —¿acaso la odiaría? No lo sabía, pero no quería que eso fuera cierto. La verdad era, que Hinata jamás había querido herir a nadie con sus acciones ni mucho menos. Y le entristecía la idea de que eso hubiera sucedido de todas formas, a causa de sus decisiones. ¿Estaría siendo egoísta? Porque una vez lo había sido, saltando entre Pain y Naruto, pero esa vez solo ella había salido herida. Nadie más. Y solo lo había hecho porque había querido ayudarlo, ayudarlo a él como lo había hecho Naruto, sin saberlo, con ella. No quiero...
—El tablero se detuvo —escuchó a Lee entonces exclamar, y alzando la vista nerviosa (conteniendo el aliento) se aseguró de que no fuera ella la elegida por el tablero. Exhalando, se relajó. No, aún no era su turno. No obstante, su vista se volvió a la joven castaña de la arena. Su nombre había salido, junto con el de un ninja de Konoha que ninguno de ellos conocía por ser bastante mayor.
—Perderá —comentó Kiba, casualmente. Aún así, había en su voz un ligero entretenimiento. Era obvio, por la forma en que se encontraba contorsionado su rostro, que el Inuzuka nunca había dejado ir el altercado con la chica y que aún le tenía cierto recelo. De hecho, su mero olor le fastidiaba. No era personal, o si lo era realmente. Odiaba que alguien lo contradijera, odiaba perder las discusiones y no le causaba ninguna gracia el haber sido insultado por una kunoichi de la Arena. Menos aún frente a Hinata y los hermanos de Suna. Por esa razón, y porque simplemente no dejaba pasar fácilmente las ofensas hacia su persona, su clan o su compañero canino, no le agradaba.
—K-K-Kiba-kun... eso no es muy a-amable... —susurró, viendo a la chica esforzarse con todas sus fuerzas. Desde aquella vez, desde aquella primera vez había sido obvio para Hinata que la muchacha admiraba a Gaara y lo apreciaba con todas sus fuerzas. Lo había notado en la forma en que lo miraba, y lo había hecho en la forma en que actuaba a su alrededor. Como lo había hecho ella estando cerca de Naruto. Con una sutil diferencia. Matsuri, a diferencia de ella, no era tímida ni rara ni vacilante (y si lo había sido en alguna ocasión Hinata jamás podría saberlo), sino alegre y determinada como Sakura. Y observándola luchar tan fervientemente, le hacía recordarse a sí misma. Como Hinata, Matsuri quería ser reconocida por ese que era importante para ella. Ese a quien admiraba.
Desafortunadamente, sus habilidades no eran superiores y su combate terminó en una derrota por parte de ella. Aún así, y como una suerte de fortuna, no salió gravemente herida ni dañada sino con algunos rasguños y raspones en el rostro, brazos y rodillas, y su nivel de chakra agotado. Jugando con sus dedos incómoda, Hinata la vio subir alicaída y arrastrando los pies en la dirección hacia donde se encontraban ellos y más allá, hasta el lugar en que había permanecido antes de que el combate comenzara. Rebuscando algo entre los bolsillos de su chamarra lavanda, se detuvo por un instante. Insegura de si debía hacer aquello o no. Finalmente, se decidió a hacerlo —A-Anou... —susurró, Matsuri se detuvo sorprendida. Sin duda alguna no había esperado que ella fuera a hablarle, al menos no había esperado que alguien le hablara no siendo de la aldea de la Arena—. Y-Yo soy... ummm... H-Hyuuga Hinata... —la chica la observó evidenciando que, obviamente, sabía quien era. Lo cual le causó aún más pudor a ella. Por un instante, se vio tentada a disculparse—. T-T-Toma...
La castaña parpadeó desconcertada, alternando la mirada entre la cabeza inclinada de la chica y las manos extendidas en su dirección entre las cuales había un pequeño pote de algo que parecía ungüento. Hinata aguardó sin moverse— p-pensé... esto... q-que podía s-servirte... para t-tus heridas... —susurró finalmente, rogando que la aceptara. La chica lo hizo finalmente, y tras decir gracias brevemente se marchó, dejando a Hinata algo más aliviada. S-Si... ummm... N-Naruto-kun... él... es como M-Matsuri-san... Matsuri-san... e-ella... e-esta enamorada de t-ti... G-Gaara-kun... Eso probablemente no cambiaría. Nada lo haría. Nada cambiaría su admiración hacia el que era su Kazekage, ni siquiera la presencia de ella.
—¡Ja! ¡Nuestro turno Akamaru! —oyó a Kiba decir, emocionado. Ni siquiera se había percatado de que el tablero se había puesto en movimiento una vez más, pero lo había hecho. El contrincante de Kiba era un shinobi de la aldea de la hierba. Sin aguardar otro segundo, Kiba saltó salvajemente sobre el barandal (montado en Akamaru) y a la pista. Su adversario también se dirigió a la pista. Y en tan solo segundos, el combate había comenzado, probablemente por el hecho de que Kiba parecía impaciente de comenzar.
—¡Gatsuuga! —lo oyó aullar con todas sus fuerzas, comenzando a girar a toda velocidad. Su adversario logró eludirlo, pero parte del ataque alcanzó una de sus piernas.
Hinata, nerviosa, contempló el combate en silencio. Q-Quiero... Quiero que Kiba-kun gane... Frente a ella, y una vez más, Kiba logró dar con uno de sus ataques al otro shinobi, el cual devolvió el ataque rápidamente aprovechando la oportunidad para escaparse de los feroces vórtices. El segundo golpe, dio de lleno en el hombro del Inuzuka.
—¡Grrrr! —lo oyó gruñir, tanto a Kiba como a Akamaru convertido en su amo. Los dos, una vez más, se abalanzaron sobre el sujeto. Golpeando con su Gatsuuga tanto el suelo, como las paredes y el techo, rompiendo parte del lugar a su paso. Cuando se despejó el humo del desastre finalmente, todos pudieron ver el cuerpo inconsciente del shinobi de la hierba tirado en el suelo. Tras confirmar la victoria, el examinador lo anunció junto con el nombre de su amigo. Kiba regresó orgulloso a su lugar junto a ella.
—¡Hah! Juego de niños ¿Verdad Akamaru? —fanfarroneó, a pesar de que un golpe le había dado en el hombro y otro en el estómago. Hinata, tímidamente, sonrió. Feliz de que su compañero de equipo hubiera logrado pasar también las preliminares. De alguna forma, ello también le daba más ánimos.
—Me alegro Kiba-kun... —susurró. A sus espaldas, el tablero se puso en movimiento una vez más. Esta vez, para detenerse en su nombre, solo que ella no pudo verlo.
Kiba, por otro lado, si —Oy, Hinata —señaló el castaño—, creo que es tu turno.
Los ojos níveos de ella se abrieron desmesuradamente y todo su cuerpo se endureció, tenso. Sus manos, inmediatamente, fueron a parar frente a su pecho como reacción a un peligro real, el cual aún ni siquiera existía, al menos no todavía. Aún así, no se movió, ni dijo nada. No dio un paso hacia delante ni hacia atrás. Las rodillas le temblaban ligeramente, y se juntaban en un intento de detener las vibraciones, pero en vano. Por su nuca, pequeñas gotitas perladas rodaban cuesta abajo. Dubitativa, miró de reojo a Neji, los ojos blancos grisáceos de este le devolvían la mirada por el rabillo del ojo. Como siempre, su semblante manifestaba suma seriedad. Antes que comience el combate... quiero advertirte una cosa, Hinata-sama. ¡Retírate! ¡No estás hecha para ser un ninja! Absoluta reserva. Por lo que ocultó su rostro tras su largo flequillo, bajando suavemente la cabeza. Eres demasiado amable... Te gusta la paz, evitar los conflictos, y siempre estás de acuerdo con todo el mundo sin oponerte... Además, no tienes confianza en ti misma. Siempre te sientes inferior. —Oy, ¡Hinata! ¿Me oíste? Te toca. ¡Oy! Tierra llamando a Hinata —Una perdedora como esa que es inferior a Hanabi que tiene solo cinco años... ¡no es lo que necesita el clan Hyuuga! Perdedora. Perdedora. Perdedora... —¡Hinata! —Siempre te sientes inferior.
—N-No... —susurró, bajando suavemente sus manos de delante de su pecho. Sus pequeñas y delicadas manos en puños abriéndose lentamente. Se había prometido, aquel día en el examen chuunin, que cambiaría. Se había prometido cuando había intentado salvar a Naruto que dejaría de acobardarse por todo, y se había prometido aquel día que Gaara se había marchado de regreso a su aldea, que no volvería a ser la niña que lloraba sola y olvidada en un rincón. No quería sentirse más de esa forma, inferior, no quería nunca más sentir que no servía para nada. Por eso y-yo... Yo... —alzó su vista, sus blancos ojos ya no lucían del todo triste, ni del todo inseguros. Ya no lucían del todo solitarios, sino que había algo más en el interior de ellos. Algo más en el interior de ella. Determinación. Viendo a Rock Lee y a Kiba, había sentido que ella también deseaba ser como ellos, capaz de proteger a aquellos que eran importantes para ella. Había sentido que deseaba, con todas sus fuerzas, demostrar que ya no era una derrotista y que ya no se rendiría jamás. Nunca más. Como el resto, como todos los demás. Por e-eso yo... yo t-también... lucharé... Suspiró, adquiriendo ya en el terreno de combate la pose característica de su taijutsu, el Juuken. Desde arriba, podía ver a Kiba observando el combate y también los ojos del resto en ella. Pero, por primera vez, la cantidad de personas no la inhibió. Sino que la hizo sentir que debería esforzarse duro, para poder ganar. Ganar por aquellos que la habían ayudado a entrenar para que ella estuviera allí. Por favor K-Kiba-kun... Neji-nii-san... v-véanme... Esta vez yo... Esta vez no... n-no q-quiero p-perder...
—Por favor, que comience el combate —anunció el examinador, y ella, activando su Byakugan se dirigió a su oponente a toda velocidad. Palmas listas y cargadas de chakra para atacar.
E-Esta vez... yo... Extendiendo la mano derecha, intentó golpear al shinobi, el cual se defendió usando el elemento Suiton para formar una barrera de agua que logró detener la fuerza del impacto de Hinata, logrando solo que esta golpeara el agua y cientos de partículas líquidas se esparcieran por el campo, salpicándole el rostro. Esta vez y-yo... no m-me rendiré... Un segundo impacto, con la mano izquierda, apuntado al rostro del shinobi de la aldea de la cascada fue a parar a la barrera de agua. N-No me retiraré... No r-retiraré... Un tercer golpe, con ambas manos, fue detenido por el agua, ...mis palabras. Sin embargo, agachándose rápidamente, fue capaz de desestabilizar a su oponente y durante su trastabillo impactar de lleno con su mano derecha en el hombro del sujeto, disminuyendo considerablemente su flujo de chakra a lo largo de este. El ninja contraatacó rápidamente, formando un sello con los dedos índice y medio alzados —¡Suiton: Mizurappa! —y liberando de forma inmediata de su boca un chorro de agua a presión. La misma que envió a Hinata hacia atrás, mojándola por completo y haciéndola caer de espaldas. Aún así, no permitió que esto la detuviera. No podía rendirse ahora, no aún. No cuando no había sido capaz siquiera de mostrar cuanto había entrenado, cuanto se había esforzado para llegar hasta allí. Yo n-no a-abandonaré... No volveré a... Tosió, vaciando el agua que había entrado a sus pulmones sobre el suelo a la par que se ponía de pie arduamente. Su larga cabellera adhiriéndose a su espalda y nuca, así como su flequillo a la frente.
Desde arriba, oyó a Kiba gritar preocupado —¡Hinata!
Volvió a toser, no m-me haré a un l-lado..., y un poco más de agua escapó de su garganta. Aún así, logró ponerse de pie, activar su Byakugan nuevamente, y retomar su posición característica. P-Por que e-este es mi c-camino ninja...
—¡Suiton: Daibakufu no Jutsu! —el agua comenzó a juntarse lentamente delante del usuario y a alzarse con la misma velocidad formando una gran pared de agua delante de Hinata. Una catarata, una que pronto caería sobre ella.
Acumulando rápidamente chakra en sus manos, la Hyuuga comenzó a agitar sus brazos a toda velocidad en el aire y en todas las direcciones. Concentrándose todo el tiempo en hacer su chakra más fuerte, más afilada y más grande. Una y otra vez, con los ojos cerrados, hasta que finalmente oyó el sonido del agua caer, rápidamente sobre ella. Y armándose de toda su concentración, abrió sus ojos una vez más y comenzó a rechazar el agua con sus manos. Con sus palmas, rechazándola con su chakra, con un fuerte splash, a toda velocidad. Moviendo sus manos a modo de escudo frente a su cuerpo. Y aún cuando la presión amenazaba con derribarla, con hundirla, hizo un esfuerzo mayor para no dejarse apabullar por la fuerza de la técnica que intentaba aplastarla. A-Aún no... Pensó, cerrando fuertemente los ojos e intentando acumular más y más chakra en sus manos ya que parecía que pronto la cascada terminaría aplastándola. M-Más... Más... U-Un poco.. Un poco m-más... Finalmente, el último monto de agua cayó al suelo con un gran splash aún más fuerte y el ataque termino. Jadeando, Hinata observó a su adversario y sin perder tiempo volvió a arremeter con las palmas alzadas. Una vez más, logró impactar, solo para que la figura de su oponente se convirtiera en agua. ¿C-Clon... de a-agua...? Parpadeó, volteándose lo antes posible, percibiendo la presencia de su enemigo tras ella. Afortunadamente, logró esquivar un chorro a presión dirigido a toda velocidad hacia donde se encontraba ella. Pivoteando sobre su pie derecho grácilmente, logró rechazar el siguiente ataque con su palma izquierda. El tercero, sin embargo, fue rápido y la presión demasiada y logró alcanzarla.
Poniéndose de pie con cuidado, una vez más, y con la fuerza en las rodillas comenzándole a fallar, se enderezó y volvió a correr hacia su enemigo. No importaba cuantos Mizu Bunshin hiciera, no importaba cuantas veces intentara atacarla y cuantas veces lograra acertar dichos ataques. No importaba cuantas veces se tuviera que volver a poner de pie, lo haría. Una y otra, y otra, y otra vez.
—H-Hakke... Sanjūni Shō —susurró, poniéndose en posición con su brazo izquierdo extendido y la palma hacia delante, y el derecho plegado junto a su cuerpo. Bajo sus pies, se aseguró de que el shinobi de Takigakure estuviera dentro de su alcance, dentro del círculo, y una vez que estuvo segura, atacó dando el primer par de golpes. D-Dos.Pero este logró eludirlos con su barrera de agua. Cuatro... El primero impactó contra el agua y el segundo lo eludió haciéndose a un lado. S-Seis... Ocho... Desafortunadamente, ninguno logró dar de lleno en su adversario. D-Dieciséis... El último logró alcanzarlo, y animada, Hinata apresuró los siguientes dieciséis golpes, logrando acertar todos y cada uno de ellos. T-Treinta y tres... Tras verlo caer, jadeando, susurró para sí —¿L-Lo logré...? —pero, una vez más, el cuerpo se convirtió en agua. Otro clon. Mirando hacia arriba, lo vio caer a toda velocidad hacia ella. Aunque logró esquivarlo saltando a un lado. Pero esta vez, sin perder tiempo ni dejarle a él tiempo alguno para formar sellos, lo atacó con todas sus fuerzas y toda su voluntad. Solo necesitaba un golpe, un único golpe en el lugar correcto y lograría dejarlo sin chakra y fuerzas. S-Si tan s-solo pudiera... Aumentó la cantidad de chakra en su palma. Esta vez, sería la definitiva. La última. S-se que no tengo el nivel de N-Neji-nii-san, aún a-así, debo concentrarme... en e-el enemigo... —Y-Yo se... —susurró, abriendo los ojos a la par que su mano impactó completamente en el pecho del ninja. La mano izquierda se sumó rápidamente, impactando exactamente al lado de donde había logrado golpearlo segundos atrás— ...q-que puedo... —el shinobi adversario cayó de espaldas, inconsciente. Jadeando, lo observó, incapaz de moverse. ¿Acaso había... ganado?
—El combate no puede continuar. La ganadora, Hyuuga Hinata —parpadeando, la chica observó desconcertada al examinador. ¿Lo había hecho? ¿Finalmente... había sido capaz... de vencer? ¿G-Gané...? Aún incrédula de su propio logro, regresó junto a su compañero de equipo, trastabillando en algunos escalones al subir las escaleras—. Y-Yo... ¿e-esta vez... lo l-logré...? —susurró, pequeñas gotas cayendo de su cabello, por su nariz y labios—. ¿E-Esta vez...
—¡¿Bromeas? ¡Eso fue genial! Le pateaste el trasero, Hinata —sonrojada, la chica observó al shinobi retirándose adolorido, ayudado por dos de sus camaradas. Aunque sabía, y estaba aliviada por ello, de que ningún daño había sido crítico para la vida de este. Hinata, deliberadamente, se había asegurado de eludir sus puntos vitales. De evitar golpearle el corazón. Después de todo, su intención jamás había sido herir mortalmente a nadie, sino tan solo demostrar que ella tampoco se quedaría atrás en relación al resto.
—G-Gracias... K-Kiba-kun... —susurró tímidamente. Sin embargo, en el instante en que terminó de decir las palabras, comenzó a toser frenéticamente, curvando su cuerpo hacia delante y rodeándose la cintura con un brazo. Agua y más agua escapó de entre sus labios, ascendiendo desde sus pulmones y quemándole a su paso.
—¡Eh, Hinata! ¿Estás bien? —exclamó, preocupado. Viéndola toser una y otra vez. Rock Lee, Tenten y Neji que aún estaban allí con Gai, se acercaron a ver de qué se trataba.
—Hinata-san... —dijo Lee, viéndola escupir agua. Tenten se agachó a su lado, al igual que lo había hecho Kiba minutos atrás cuando Hinata se había acuclillado en el suelo apoyándose sobre una de sus rodillas y colocó cuidadosamente una mano en la espalda de la Hyuuga. Neji permaneció en silencio, observándola, recordando el estado en que la habían encontrado aquella vez tras regresar a la aldea. ¿Por qué fue tan imprudente? Eso había pensado entonces, viéndola derrotada, inconsciente y con el mentón ensangrentado. Y se había preguntado, ¿porque siempre era tan imprudente? ¿Por qué siempre ponía su vida en peligro por otros? ¿Siempre arriesgándose aún cuando era conciente de sus limitaciones y de que sería para ella imposible ganar? Pero en el fondo, conocía la respuesta. La había observado demasiado tiempo, y había entrenado con ella lo suficiente para saber qué la movía. Porque se movía, constantemente, hacia delante. Como Naruto. Hinata, en ocasiones, también tenía mejores ojos que los de él.
—Oy, ¿estás mejor? —insistió Kiba, al verla desistir de su tos, Akamaru ladró junto a las palabras de su amo.
—S-Si... —musitó, avergonzada de que todos se hubieran acercado a ella—. Gracias... K-Kiba-kun, Tenten-san, L-Lee-kun... —bajó la mirada al suelo—, g-gracias Neji-onii-san...
Neji cerró los ojos lentamente, cruzándose de brazos —Yo no hice nada —y Tenten solo soltó una suave risita. Neji era increíble, realmente, pero a su modo, a su forma, la castaña sabía que se preocupaba por Hinata, como sabía que se preocupaba por ella y por Lee, e incluso por Gai también (más allá de sus ridiculeces). Aún cuando fuera muy orgulloso y estoico para demostrarlo. Y esa era su forma de decir que lo había inquietado y que le complacía saber que estaba bien.
Con cuidado, y ayudándose del barandal, Hinata se puso se pie, junto con Kiba y Tenten que permanecían a su lado. Entonces, todos se sorprendieron de ver que el tablero decía el nombre de Naruto. Pero este no estaba, aún no había llegado.
—¡¿Dónde demonios se metió ese cabeza hueca? —se quejó Kiba, observando el tablero y luego la entrada. Nada.
Lee dio una patada al aire —¡Naruto-kun vendrá!
—Pero... —exclamó Tenten, también mirando hacia la entrada del lugar. Lo extraño era que tampoco se encontraban Sakura y Sasuke. ¿Acaso les habría ocurrido algo en la misión?
—U-Uh... e-estoy segura... que N-Naruto-kun vendrá... —dijo suavemente ella, jugando nerviosa con sus dedos—, Lee-san tiene r-razón.
—¡Pff! Le conviene —refunfuñó el Inuzuka—, ¿verdad Akamaru? —el can volvió a ladrar en señal de asentimiento. Neji volvió a recostarse calmamente contra la pared.
Su compañera de equipo se volvió a él —¿Tú que crees, Neji?
—Parece improbable que fuera a ocurrirle algo en una misión que no sale de lo ordinario —musitó, abriendo sus blancos ojos.
Tenten sonrió —Tienes razón, Naruto no perdería tan fácilmente. Aún así...
Pero entonces, se oyó un grito fuerte. Y sumamente familiar. Del otro lado de la entrada, se escuchaban dos pares de pasos corriendo a toda velocidad hacia el lugar, y un par más rezagado, que aparentemente caminaba con calma —¡Ouch! Sakura-chan, eso dolió...
La otra voz, claramente femenina, replicó —Eso te sucede por idiota. ¡Te dije que no había tiempo para comer ramen!
Una tercera masculló secamente —Hmp.
—Pero- Pero- ¡Tenía hambre-ttebayo! —volvió a insistir la voz, y Kiba no pudo evitar soltar una carcajada.
Entonces se escuchó otro golpe, como una patada impactando con algo blando, y luego algo más rodando a toda velocidad por el corredor que daba a la entrada. Finalmente, el borrón de color anaranjado y amarillo se detuvo en medio del área de combate, con la cabeza en el pavimento y el trasero hacia el público. Sakura apareció segundos después, deteniéndose en seco y jadeando. Sasuke apareció un poco después, caminando calmamente; con sus ropas habituales y su espada tras la espalda.
Kiba volvió a soltar una carcajada animada —Heh. Ese idiota sabe como hacer una entrada... —se burló. Y Hinata solo sonrió tímidamente. Lee, al lado de ambos, comenzó a lanzar patadas nuevamente al aire, una tras otra, animadamente.
—¡Ese es el poder la juventud de Naruto-kun! —, exclamó Lee, Gai asintió. Orgulloso, añadiendo—. ¡Digno alumno de mi eterno rival de la juventud, Kakashi!
Tenten los miró y negó una vez más la cabeza de lado a lado. Una voz, con tono de completo aburrimiento, irrumpió en la escena —¡Tsk! Naruto es un idiota... Si no fuera tan problemático... —todos se voltearon a ver.
—S-Shikamaru-kun... Temari-san… —susurró Hinata.
Kiba al ver de quien se trataba también, sonrió. Sin duda alguna no había creído que Shikamaru fuera a aparecer por allí, aunque suponía que la rubia embajadora de la arena tenía algo que ver —¡Oy, Shikamaru! —lo saludó. Este sacó una mano de sus bolsillos y devolvió el saludo con un gesto perezoso. Su expresión aún una de completo aburrimiento. Temari, junto a él, lo miró desaprobadoramente—. ¿Qué hacen aquí?
El moreno bostezó —Bueno... los exámenes chuunin terminaron hace un rato y yo quería irme a dormir... —un nuevo bostezo escapó de su boca— pero esta de aquí me arrastró hasta aquí...
La rubia se cruzó de brazos —¡Cielos! Eres un holgazán, ¿qué clase de hombre eres? También trabajamos en los exámenes jounin.
Este asintió con pesar —Pero en los exámenes principales, estos son los preliminares... —objetó, claramente deseando estar en algún otro rincón del mundo observando en calma las nubes pasar por encima de su cabeza que en vez de estar allí. Por supuesto, la mujer endemoniada de la Arena no se lo permitiría. Temari, cuando quería, podía ser más problemática que Ino; en incluso que su propia madre. Lo cual ya era demasiado decir.
—También es parte de mi misión... —le reprochó ella, cruzándose de brazos.
—Exacto, de tú misión... mujer problemática —replicó el moreno—. No entiendo porque yo debo estar aquí...
Temari dedicó al Nara una mirada severa con sus ojos verde oscuro y ajustó su abanico tras su espalda, haciéndola lucir algo amenazante, volviéndose a la pista de combate. Shikamaru, comprendiendo que había perdido la discusión o de lo contrario, de seguir, perdería la cabeza (pues la mujer era una demente cuando quería), hizo lo mismo. Sumiso y completamente resignado a continuar algo que en definitiva no ganaría. Qué problemático... Las mujeres son aterradoras... Pensó, apoyándose contra el barandal también. Entonces, observó a Naruto ponerse de pie y sacudirse el polvo de sus pantalones anaranjados —La Hoja gana —comentó, aburrido. Desde su primer examen, y a lo largo de los exámenes chuunin que había pasado, había tomado la costumbre de hacer aquello. De analizar detalladamente el combate y anticipar quien ganaría. Aunque, en aquella ocasión, era sumamente obvio. De hecho, era una obviedad el siquiera decirlo.
—Sin duda —decretó al rubia, irguiéndose delante del barandal y observando al rubio aún limpiarse. Hinata, tímidamente, se acercó junto a la rubia a observar el combate por empezar. El resto hizo lo mismo. Justo en el instante en que Naruto sonrió, alzando el puño al aire como siempre solía hacer —Yo me convertiré en Hokage, ¡de veras! Solo véanme-ttebayo.
Modestamente, Hinata sonrió, observando la determinación brillar en los ojos azules del rubio. S-Suerte, Naruto-kun... e-esfuérzate... Ella también lo haría, volvería a hacerlo, en los combates principales. Aún no podía creerlo, no del todo, pero lo había logrado. Si, lo había logrado. Había sido capaz de dar un paso más, de estar un paso más cerca.
