CAPITULO 13:
"Un nuevo mundo"

Sentía un dolor de cabeza muy grande. Como si hubiera estado escuchando música con los audífonos por horas o hubiera tenido que estudiar a marchas forzadas para algún examen y luego no hubiera dormido lo suficiente.

Serena levantó la cabeza y la dejó caer de nuevo. Le dolía hasta el interior de los párpados.
Probó a abrir los ojos. Dolió.
Estaba tirada en el piso, un piso duro, pero con algo de césped.
¿Cómo llegué aquí? ¿Es que me caí? ¿Por qué no recuerdo?

Sólo una presencia tibia sobre su espalda, aunque pesaba, la hacía sentir reconfortada.
Abrió por fin los ojos. Estaba recostada en medio de algo que parecía un bosque. No había demasiada luz. Una mano inerte (que no era suya) colgaba de su hombro. Apenas vio que lo que tenía encima era Seiya, enrojeció y se deslizó hacia el lado violentamente.

El chico, que despertó con el golpe y quejándose, abrió también los ojos.
La visión que le ofrecía el horizonte habría sido celestial en otras condiciones y sin sentirse apaleado y confundido.

Su bombón, estaba sentada en el pasto, mirándolo. Sus mejillas estaban sonrosadas y su largo cabello dorado resbalando sobre su cuerpo y apenas la bata de hospital sobre su cuerpo casi desnudo.

Reprimió los pensamientos que venían incesantemente a su espíritu.

Se sentó, sobándose la cabeza.

-¿Dónde estamos?

-Ni idea, dijo Serena, muy nerviosa mirándolo extraño y señalándolo.

Seiya se miró. ¡Claro! Por eso ella lo veía tan raro… ¡Aún estaba vestido de enfermera! ¿En qué momento se destransformó? ¿Sería al perder el sentido?
Se puso de pie de un salto, estirando infructuosamente la diminuta falda sobre su ropa interior.

Ella había enrojecido y se tapaba los ojos aunque parecía mirar entremedio de sus dedos.

-Creo que será mejor que me transforme, de todas maneras, no sabemos dónde estamos, podría haber enemigos…

Sacó su transformador. Pronunció las palabras:
"Poder de Lucha Estelar" esperó que la magia viniera y … nada.

Lo intentó de nuevo. Sin ningún resultado. Se sintió como un tonto gritándole a la nada.

-¡Cielos bombón! Este chiche ha dejado de funcionar, dijo examinándolo con extrañeza.

-Lo intentaré yo, dijo Serena sacando su broche.

-¡Eternal Sailor Moon, Transformación"! Cerró los ojos para que el resplandor y las plumitas no la deslumbraran.

Nada.

Abrió los ojos.

-¿Qué se supone que ha pasado? Estaba aterrorizada.

-No lo sé, dijo el chico con preocupación, parece que hemos sido trasladados aquí con una magia poderosa, lo terrible es que estamos indefensos ante algún ataque enemigo.

-Tengo frío…
El atardecer se dejaba caer con crudeza. Oscurecía. Los árboles se veían tétricos, reflejando sombras engañosas.

-ARGUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU!

-¿Qué fue eso? La rubia comenzó a tiritar violentamente.

Él divisó el cobertor de su cama colgando de un árbol. Al parecer había hecho el viaje con ellos. Se estiró para cogerlo, mientras observaba a todos lados buscando el origen de los aullidos.

-Creo que tendremos que prender una fogata, no me gustan eso ruidos…
Aparte de los gañidos, unos rasguñones y crujidos parecían estar acercándose.

-AUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUHHHHHHHH!

Juntaron varios pedazos de madera y tras un angustiante lapso de estarlos frotando, lograron que prendiera.

Seiya envolvió a Serena en la manta y siguió buscando trozos de leña.
Cuando volvió, estaba aterido.

Se sentó junto a ella. Sin palabras, ella compartió el calor de la manta con él.
Sintió que sus mejillas ardían. Se sentía tan confortable. Estiró el brazo y luego lo pasó sobre el hombro de su amiga. ¡Estaban solos! En un lugar desconocido… ¡y sólos!

-Bombón, supongo que estás pensando lo mismo que yo, dijo volviéndose hacia la muchacha.

-Sí…

El la miró esperanzado.

-¡Por supuesto! Yo también quisiera tener algo de comer. Una pizza o unos pasteles… siquiera una rosquilla…

Seiya casi se desmayó de la impresión. Suspiró.

-Será una larga noche.
No nos conviene salir a buscar ayuda en medio de este bosque oscuro y desconocido. Podríamos caer o encontrar algún peligro… Creo que lo más acertado es esperar hasta la mañana.
¿Cierto, Bombón?

-…..
Silencio.

Sintió el peso de su cabeza dorada sobre el hombro.

Abrazó su cintura bajo la manta. Le besó la mejilla. Una vez más se había dormido en sus brazos.

Se mantuvo en vigilia toda la noche, para mantener el fuego encendido. Los ruidos exteriores seguían siendo bastante amenazadores.
¿Dónde estamos? Se preguntó. Algo se le hacía remotamente familiar… pero no estaba seguro.
Tenía algunas sospechas. Pero era mejor no decirle nada a su bombón de momento.

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A la mañana siguiente…

Llevaban caminando varias horas, arrebujados en el cubrecamas, buscando la salida del bosque cuando se dieron a boca de jarro con una edificación.

Parecía una casa, pero algo diferente de las que conocían de la Tierra. Era pequeña, pero tenía una torre en el centro, y el techo parecía estar hecho de paja. Atrás se veía una especie de granero y un cercado para animales.
Golpearon en la entrada.

-¡Hey! ¿Hay alguien en casa? Gritó Seiya impaciente.
En lo alto de la torre se asomó un hombre aún joven, de cabello azul.

-¡Buenas mañanas! ¿No sabe que es de mala educación molestar a la gente tan temprano?

-Necesitamos ayuda, señor, le gritó serena haciendo bocina con las manos.

-¡Espéreme que ya bajo!
Quince minutos después el desconocido, que vestía una túnica amarilla salió al umbral de su morada.
Los examinó de arriba abajo un buen lapso de tiempo.

-Soy Cuprimus, Consejero Real, dijo dándoles la mano.

-Yo soy Serena Tsukino, mucho gusto, y mi amigo es Seiya Kou, se adelantó la chica a corresponder al saludo, sacudiendo la mano del desconocido.

-No me digan nada, son extranjeros.

-¿Cómo se dio cuenta? Se asombró la rubia.

-¡No se necesita ser un genio para saber eso! Dijo el cantante, molesto, al menos ¿puede decirnos dónde estamos?

-Estamos al límite de la aldea de Civol, yo tengo mi granja un poco apartada, porque me gusta tener privacidad, pero mi trabajo, está en la Ciudad Grande de Resplandor.

Serena se rascó la cabeza. Nunca había sido muy ducha en geografía pero esos nombres no le sonaban de nada.
Su compañero estaba pálido. Y mudo.

El hombre lo miraba y se rascaba el mentón. Lo miraba con gran extrañeza.

-Su cara se me hace familiar, jovencito…

-Lo dudo bastante, somos de muy lejos.
Bombón, no sé como decírtelo, pero creo que estamos en Kinmoku…

-¿Kinmoku? ¡Pero entonces la Princesa Kakyu nos puede ayudar a volver a la Tierra! Se alegró Serena.

-Lo dudo mucho. No sabía como decírtelo, pero la Legendaria ciudad de Resplandor sólo figura en los libros de historia. ¡La Princesa ni siquiera ha nacido! ¡Creo que estamos en el Medievo!

-Medievo? ¡Esta es la edad de Oro de Kinmoku! ¡El Príncipe Lúmino está a punto de ser coronado!

-¿El Príncipe Lúmino? Vaya. Lamento haberme dormido en las clases de historia… Pero su nombre me suena.

El hombre se distrajo mirando sus atuendos.

-Debe ser muy extraña la ropa en su aldea, musitó, y deben pasar mucho frío vestidos de esa forma.

Seiya y Serena enrojecieron. Incluso él estaba obligado a andar descalzo y había abandonado los tacones blancos en el bosque porque ya no le cabían en sus pies masculinos.

-¡Sólo son algo así como disfraces! ¿No tendrá algo de ropa que le sobre?

-¡Pero que descortés soy! Dijo arreglándose los lentes en la punta de la nariz, pasen por favor.
Los dejó entrar en una estancia circular a cuyo extremo se divisaba la escalera que subía a la torre.

Mientras esperaban, el chico de coleta negra le dejó caer una sonrisa a la muchacha, que lucía abatida y confusa.

-¡Todo se solucionará Bombón! Ya lo verás.
Serena le devolvió una tímida sonrisa. Confiaba plenamente en ÉL.

Al rato volvió el joven, con un par de túnicas, roja brillante una y anaranjada la otra. Traía además un par de cinturones bordados y un par de escarpines de cuero para Seiya.
Se turnaron para vestirse en el diminuto recibidor de Cuprimus, atestado de mapas estelares, telescopios y maquetas del firmamento.

-¡Ya me siento mejor! Dijo Seiya satisfecho de haberse podido poner algo de ropa menos reveladora.

Él y Serena se veían muy bien, aunque las prendas se les hicieran algo extrañas.

-Así que han venido desde muy lejos… y no tienen idea clara de cómo llegaron aquí… Quizás podríamos pedir ayuda al Consejo Real, les indicó su nuevo amigo. Por hoy se quedarán en mi casa como invitados. En la noche es muy peligroso salir, los krestófanes son muy salvajes en estos bosques.

-¿Eso fue lo que escuchamos en el bosque? ¡Brrr…..! Sólo los he visto en grabados antiguos… Le señaló a Serena un dibujo de un enorme león negro de melena dorada y dientes enormes como de tigre dientes de sable. Tuvimos mucha suerte.

-Y justo en las noches salen a cazar a sus presas. Puede que esos medallones los hayan protegido aseveró Cuprimus. Son muy curiosos.

-La verdad fue culpa de ellos que estemos aquí. Se los compré a un anciano de Kinmoku, y creo que son mágicos.

El hombre los examinó con detención unos instantes, pero se detuvo a mirar a la muchacha.

-Chico, dijo dirigiéndose a Seiya, esta señorita se ve un poco verde…

-Es que no comemos nada desde ayer, pidió el joven, avergonzado.

-¡Vaya que soy un mal anfitrión! Cuprimus se dio un golpe en la cabeza. ¡Debería haberles ofrecido un desayuno! No soy pobre, pero sí muy descuidado y me gusta vivir con sencillez…

El cantante tomó en sus brazos a la desfalleciente Serena con gran delicadeza. Como siempre, la emoción se delataba en su repentino rubor.

Pasaron a un pequeño saloncito circular iluminado por claraboyas redondas. Cuatro sillas de un solo pie redondo rodeaban a una mesa circular.

El sabio sirvió para cada uno un gran tazón de leche de almizerac endulzada con miel de astroabejas, enormes hogazas de pan lai y generosas rebanadas de queso fresco.

-¡Mucho mejor! Dijo Serena con un suspiro satisfecho. ¡Estaba todo muy rico, gracias!
Su amigo también estaba satisfecho y ahora bebía a sorbos el restante de su escudilla.

-Háblenos del Consejo, por favor, pidió…

-El Príncipe Lúmino tiene cuatro consejeros, Arabea, Goldilaquia, Bronfario y su Servidor. Cada uno de nosotros tiene la protección mística de un metal en particular, y el poder de controlar un elemento primordial de la luz, Luminosidad, Espacio, Tiempo y Velocidad.
Somos estrellas de Casta Pura.

Ahora Lúmino se encuentra en pleno proceso de buscar una esposa, sólo así será reconocido como Rey de Kinmoku, para nuestra raza es muy importante la presencia de lo femenino y lo masculino, a pesar de que como descendemos de la raza de las estrellas, podemos tomar la forma que deseemos.

-Yo soy nativo de Kinmoku y ella del Planeta Tierra, expresó Seiya, pero aunque le parezca increíble… ¡venimos del futuro!

-¡En verdad es increíble!, dijo abriendo mucho los ojos, sin embargo…

-¿Qué ocurre? Preguntó Serena.

-Tendrán que ser muy discretos. No pueden decírselo a cualquiera. Yo guardaré su secreto.

-¿Porqué, qué sucede?

-Bueno… el pueblo estelar es muy superior a las razas que habitan otros planetas… y agregó bajando la voz, pero somos extremadamente supersticiosos. Cualquier señal que venga del Cielo da pie para conjeturas, interpretaciones, o incluso ser considerado de "mala estrella". Será mejor que me dejen a mí gestionar sus averiguaciones. Incluso los detractores del Príncipe podrían reconocer en ello alguna señal negativa…

-Pero esto ha sido un accidente… ¿O no? Seiya parecía preocupado.

-Esos medallones… de verdad son muy extraños ¿y en verdad no pueden quitárselos?

-En serio… cuando comenzaron a chisporrotear no pudimos hacer nada, le contó Serena.

-Deberán dejarme investigarlos, quizás así pueda serles de ayuda, agregó Cuprimus, pensativo.

Continuará ^_^