Aviso: Habrán algunas escenas de sexo explícito, pero NO vulgar, así como también algunas palabras altisonantes en momentos requeridos durante la trama, pero NO serán frecuentes, si entiendes que esto es un inconveniente para ti, tienes la libertad de abandonar la lectura cuando gustes.
Inocente
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 13
—¡Ya! Ya está aquí...
Su doctora al fin le entregó a su hija, acabada de salir al mundo. La recibió entre llanto y carcajadas. Fue tanto el dolor, el cansancio, su sudor, pero al final, tenía a la niña más hermosa del planeta con ella.
—No, no se la lleve todavía...— Pidió llorando y la volvió a besar. La amaba tanto.
—Será sólo un momento. Te la devolveré lista para recibir a sus visitantes.
Y en un rato corto, que a Candy se le hizo eterno, le devolvieron a su bebé luego de haberla preparado también a ella.
—¡Qué hermosa eres!— Volvió a exclamar. Tenía una abundante matita de cabello oscuro en la pequeña bolita que era su cabeza, sus mejillas llenas, rosaditas y cuando abrió los ojitos, eran azules.
Con ayuda de una enfermera aprendía cómo colocarla para lactarla hasta que finalmente le agarró el truco al asunto, luego la dejaron sola con ella.
Candy no dejaba de contemplarla, de llorar. Era como si nada más importara, como si nada más existiera. Sólo ella y su preciosa niña.
—Yo lo sabía... sabía que te ibas a parecer mucho a él...
El momento era tan mágico, tan perfecto, que Candy pensó en Terry. Se había imaginado cómo sería que él estuviese ahí con ellas. Si él supiese el milagro que había creado, que tenía una hija preciosa, que le había dejado un pedazo de él por toda la eternidad. Una niña que era su vivo retrato.
—Tu papá tiene que conocerte. Él debe saber que tú existes... pero tengo tanto miedo, ¿sabes? De su reacción. Miedo de que me quiera hacer daño por haberte ocultado de él. Miedo de que por el contrario, le seas indiferente y un miedo aún más grande de que te ame tanto como yo y... quiera apartarte de mí. Le tengo miedo a tu papá...
La niña volvió a dormirse mientras Candy seguía pensando. En todo, de principio a fin.
—¿A caso es tan grande que no cabe?
—No nos hubiéramos tropezado si usted no estuviera hablando sola como una desquiciada.
Y esa fue la primera vez que se vieron. Corrección, la primera vez que ella lo vio. Porque de seguro ese accidente él debió haberlo planificado.
Y le atrajo de inmediato. A pesar del coraje, a pesar de que en ese momento sus pensamientos si nisiquiera estaban en orden. La atracción que sintió por él fue demoledora. Luego los encuentros, su risa burlona, su mirada misteriosa y dura en contraste con su tacto suave y cálido. Aunque a veces...
—Levantanta lo que tiraste.— Le sujetó fuerte el brazo, muy fuerte y la taladró con el azúl de su mirada, haciéndola temblar de miedo.
—¡No voy a levantar nada! ¿Tienes idea de quién soy?
Y por supuesto que la tenía. Ella había sido todo el tiempo una pieza más en su juego, un peón en su tablero que movió a su antojo.
Pero supo jugar muy bien. Ella jamás sospechó nada, al menos nada de esa magnitud. Había volado y caído con él. Terry le había abierto las puertas de un mundo que ella no conocía, con sus besos, sus caricias, con cada uno de sus arrebatos y de haber sabido que sólo era un juego, ella también habría procurado divertirse.
Pero él le había dicho que la amaba y ella no se tomaba esos sentimientos a juego, por más niña rica y mimada que fuera, siempre anhelaba amor. Había creído encontrar con él ese amor. Porque él le dijo que la amaba a cada momento, la miraba a los ojos, le retenía la mirada cuando se lo decía y se le veía cierta desesperación.
Miró a Jazmine otra vez. Un pedacito de su amor, la niña había sido hecha con amor y se le parecía tanto... sus ojitos curiosos trataban de enfocar lo que había a su alrededor. Los ojos de Terry... Tal vez fuera cierto, tal vez a pesar de las mentiras él sí la amaba. Le había confesado que amarla no estaba en sus planes, entonces... aunque no haya sido esa su intención, ¿sí se enamoró?
—¿Tú crees que le debamos dar otra oportunidad?— Al oir su voz, la bebé la comenzó a buscar con sus ojitos novatos y desorientados.
—¿Se puede?
—¡Oh! Claro, pasen.
Sus cavilaciones fueron interrumpidas por la señora Pony y todos sus compañeros de trabajo, alguno que otro conocido que llegaron cargados de flores y más regalos. Entre todos, había un ramo de rosas que sobresalía, el de Kayden.
—¡Qué hermosura! ¿Puedo cargarla?— Se acercó la señora Pony.
—Claro que sí, ¡faltaba más!
La señora tomó a Jazmine en brazos y la meció, como si fuera una verdadera abuela. Todos se desbordaron en elogios por la pequeña y eso le daba alegría a Candy. Sin duda, Terry se estaba perdiendo de tanto...
—¿Cómo te sientes, Candy?— Kayden se acercó y le dio un beso en la frente, luego le entregó las rosas.
—Creo que nunca he estado mejor. Están muy lindas las flores, por cierto.— Las olió y le brindó una sonrisa despampanante que iluminó la cara de ese apuesto chico.
—Te ves tan hermosa, Candy. Me has traído muy buenos recuerdos...— rozó su mano y por un instante se quedó pensativo.
Se había enamorado de ella desde que llegó a trabajar. Algo le atrajo, como siempre, algo en su delicadeza, en su fragilidad que le daba un toque exquisito a su belleza, se enamoró aún con la presencia de ese embarazo que se hacía más evidente, pero que la hacía más preciosa.
—¿Quieres cargarla, Kayden?— Ofreció otra compañera, todos sabían que Kayden la quería.
—Si a Candy no le molesta, me encantaría...
—¿Cómo va a molestarme, Kay?
El guapo mulato cargó a la pequeñita en sus Fuertes brazos y la miró con la adoración con que se mira a un ser tan hermoso e inocente. A Candy se le desprendieron un par de lágrimas porque no pudo evitar pensar en Terry. Sin duda, ese era un momento que le habría gustado vivir con él. Por un momento dejó de ver a Kayden para imaginarse a Terry cargando a su hija.
...
Pasaron dos semanas desde el estreno de Candy como mamá. Disfrutaba su labor, tranquila en su pequeño apartamento, la señora Pony le había dado los dos meses correspondientes a su maternidad y había sido generosa en la paga.
Acababa de dormir a la niña y la puso en su cunita. El cuarto que compartían ambas había sido transformado en la mitad para la niña, pintado y decorado sencillo, pero bonito. Dormía como un ángel, con ese respirar pausado y sereno, chupándose su dedito pulgar derecho.
—¡Pasen!— Emocionada, recibía a Anthony y su familia que habían viajado a conocer a Jazmine.
—¡Dios! Candy, estás regia. ¿Cómo le hiciste?— Preguntó Brenda.
—No lo sé... habré heredado el metabolismo de mamá.
—¿Y dónde está mi sobrina?
—Está en su cuna. Se acaba de dormir, pero vengan.
Todos la siguieron, incluso William que ya caminaba y de la mano de Yanira se encaminó a la habitación.
—¡Qué linda! Y tan grande...— Brenda la admiró y le acarició el pelito oscuro, abundante y suave.
—¡Se despertó!— Gritó Yanira espantando a la bebé que en seguida se puso a llorar.
—¡Yani!
—Tranquilos, Jazmine tiene el sueño liviano...
Ella la cargó para calmarla y Anthony la observaba risueño, ambas mujeres preciosas.
—Se parece a...
—Lo sé. Parece que yo me quedé dormida y él la hizo solo...
—Candy, ¿piensas decirle de la niña?— Ella suspiró largamente.
—No lo sé...— Dijo encrucijada entre el miedo y el deber.
—Candy, tienes que entender que es un asunto serio... que la niña es un caso aparte y...
—¡Lo sé! Le diré, pero... no estoy preparada aún. Tú no lo conoces, Tony... no querrás imaginarte su reacción cuando sepa que...
—Mientras más esperes, peor será y además... podría ser muy tarde.— Su tono desconcertó a Candy.
—¿Qué quieres decir?— Fue el rubio quien suspiró entonces.
—He visto a Terrence acompañado de una mujer en varias ocasiones... yo creo que, bueno, no te voy a mentir, está claro que tienen algo...
Brenda, con prudencia, retiró a los niños y dejó a los hermanos solos. Con la noticia, Candy luchó y no se descompuso, no lloró, aunque sus ojos le exigían liberarse del peso del llanto, mantuvo la cara en alto, en su gesto digno y orgulloso.
—No me extraña. Espero que le esté yendo bien.
—Candy, aún así, deberías...
—¿Cómo es ella?
—Eso no es importante...
—Quiero saber cómo es ella, Tony. Si Terry tendrá lazos con mi hija, de seguro que esa mujer entrará en la ecuación, quiero saber cómo es.
—Bien... sólo la vi un par de veces, creo que trabajan juntos, tal vez... bueno, es elegante, la he visto con ropa de oficina, rubia, muy guapa, no te voy a mentir...
—¿Es mayor, verdad?
—Bueno, ha de tener su edad más o menos, no lo sé...— Dijo haciendo un gesto desdeñoso.
—Guapa, profesional y madura...— murmuró con amargura.
—Ella no te llega ni a los talones, preciosa.— Le dijo Anthony y le alzó el mentón.
—Gracias, pero dudo mucho que yo le haga competencia.
—No es necesario. Eres preciosa y además la madre de su hija y... con todo y eso él se enamoró de ti...
—¡Mentira!— Gritó con rabia.
—Candy... él se acercó a mí desesperado, buscándote, él mismo confesó amarte, yo creo que era verdad porque...
—¿Ahora estás de su lado? ¿No será que te ha deslumbrado con un puñado de billetes?
—Voy a hacer de cuentas que no escuché eso, Candy.— Expresó dolido.
—Lo siento. Pero no puedo albergar esperanzas con él, no creo que me haya amado, ¿amarme y engañarme como lo hizo? Burlarse de mí de esa manera... Si lo ves, de mi parte, mándalo al diablo con todo y su maldita ejecutiva.— Sentenció y caminó hasta su hija para alimentarla.
...
—Terrence, no quiero arruinar el momento, pero... me gustan las cosas claras, así que quiero saber... ¿en qué plan estamos?
Tendidos en la cama, Hellen se apartó de su pecho para encararlo. Estaban en el apartamento de ella, porque el suyo estaba impregnado de recuerdos de Candy y él ya no quería hacerle más el amor a un fantasma.
—Esto irá a donde nos lleve. No quiero presionarte a nada, no quiero que me presiones tú, pero para serte honesto, sí me gustaría que esto llegara a convertirse en algo formal.
Los ojos de Hellen brillaron, amaron esa determinación, su forma directa de responder.
—Me alegra que esas sean tus intenciones, aún así, quiero que sepas lo siguiente: yo no te necesito, soy una mujer hecha e independiente, tú no eres mi escalera porque yo ya me hice. No soy lo que se diga una mujer soñadora que ansía ir de blanco al altar, pero no me entrego sin motivos, me respeto y respeto mi cuerpo, si me he entregado a ti es porque sentí hacerlo...
—¿Ya terminaste?— La interrumpió con su gesto arrogante y ella le devolvió una sonrisa.
—Por ahora sí...
Hicieron el amor una vez más. Terry no la amaba, estaba conciente de ello, pero le gustaba, la deseaba y la admiraba. Sabía que no tenía caso seguir adorando a Candy, pensar que ella regresaría, él tenía que continuar. Tenía treinta y un años y deseaba una relación seria, uno que terminara en un hogar, estaba harto de estar solo y sabía que Candy no regresaría a él, que su orgullo jamás lo perdonaría.
—¿Dónde estás?
—¿Eh?— Desconcertado, Terry la miró con los ojos perdidos, aún envueltos en las sábanas.
—En muchas ocasiones te quedas así, como ido...
—Lo siento, no me había dado cuenta...
—Siento que a veces te me pierdes...
...
Tres meses después
Candy se había disfrutado su maternidad a plenitud. Había aprendido tanto, su soledad había acabado y sus días estaban llenos. Jazmine estaba más grande, más gordita y más hermosa, el parecido con Terry era tanto que ella misma se impresionaba. Esa bebé era su réplica.
—Ya voy, ya voy... ¡Dios! Eres tan desesperada e impaciente...— Dejó los platos que estaba lavando y en seguida fue a pegar a Jazmine a su pecho. Su llanto era exigente y mientras se alimentaba, la miraba con sus hermosos y arrogantes ojitos.
—Es que hasta en eso te pareces a él...
Candy no había desistido en buscar a Terry, pero quería hacerlo preparada. Quería que él la encontrara firme y realizada, que había salido adelante. Por ello, había mantenido el trabajo y estaba haciendo un curso sabatino de uñas acrílicas, la señora Pony le había prometido rentarle otro pequeño local para que en él iniciara su propio negocio cuando completara el curso. De modo, que si le iba bien, podría tener más independencia económica y dejaría el pequeño apartamento por un sitio más grande, que si Terry decidiera pelear la custodia de la niña, no podría basarse en que ella no estaba en condiciones para tenerla.
—¿Están listas?
—Hola, Kay... sólo dame unos mintuos más, Jaz hizo que me retrasara.
—Todos los minutos que quieras.— Le sonrió con esos dientes blancos y derechitos, nerviosa, ella se echó un mechón de cabello hacia atrás de la oreja.
Lo dejó en el pequeño salón y fue hacia el cuarto para vestir a Jazmine. Le puso un conjunto fresco de verano y unas zapatillitas muy monas, su sombrerito, toda una monada. Ella se puso un jean también, una camiseta fresca y zapatillas. Se recogió el pelo en una coleta alta, el calor se sentía por todas partes.
A pesar de su sencillez, siempre se veía hermosa. Su vida había dado un giro de ciento ochenta grados desde Terry. A veces miraba con nostalgia a la que había sido hacía más de un año atrás. La niña caprichosa y altanera había quedado sepultada. ¿Quién diría que sólo tenía diecinueve años? Bueno, casi veinte, pensó aún con humor infantil. Tenía una hija preciosa y se abría paso por la vida.
—Ahora sí estamos listas.— Ambas chicas fueron a su encuentro.
—Entonces, nos vamos. Quiero que conozcan a alguien.
Juntos, caminaron hasta el parque. Parecían una pareja y la gente los miraba. Eran una pareja muy peculiar, la rubia y el mulato, por los ojos de azules que Jazmine y Kayden tenían en común, la gente sin duda pensaba que era hija de ambos.
—Aquí hay buena sombra.— Kayden las ubicó en una banqueta bajo un árbol que daba buena sombra y una vista hermosa hacia los columpios en los que niños de diferentes edades jugaban felices.
Mientras Kayden se fue un momento, ella se imaginaba a Jazmine con un par de años más, jugando también allí, trepando por todas partes, ensuciándose de tierra, teniendo una infancia feliz, como la suya. Sólo que... con muchísimos menos lujos.
—Pero tu papi sí tiene dinero y te podrá dar muchas cosas que yo no, no voy a privarte de ellas, ni de él... pero si mami no se prepara bien, él me derrotaría con un solo dedo...
—Candy...— Kayden interrumpió su conversación y apareció con una niña de unos siete años.
—¡Oh! Estábamos teniendo una conversación de chicas.— Respondió riéndose y mirando a la otra niña con inquietud.
—De ella era de quien te hablaba, Alex. Ella es Candy y esa bebé es Jaz, su hija.
—Hola...— Dijo la niña, pero miró a Candy con indiferencia.
—Hola, Alex. Mucho gusto. Me gusta tu muñeca.— Candy trató de ganarse algo de simpatía, pero al parecer la niña no era muy simpática o era muy tímida.
—¿Cómo se dice, Alexandra?
—Gracias...— soltó renuente.— ¿puedo ver a la bebé?
—Claro.— Candy levantó la cabecera del coche y Jazmine sonrió con el dedito en la boca.
—Es linda. Sus ojos se parecen a los de papi... pero si se sigue chupando el dedo se le van a dañar los dientes.— Candy se rió.
—Bueno, pero ella aún no tiene dientes...
—Pero cuando los tenga, estarán dañados y el dentista se los sacará, mira.— Le mostró a Candy el espacio que ella tenía donde habían estado sus dientes delanteros.
—Pero te saldrán otros más bonitos y fuertes...
—Alex, ¿quieres ir a los columpios?
—¡Sí!
La niña se retiró. Se parecía mucho a Kayden, tenía su tez, su pelo rizado y castaño, pero sus ojos eran cafés. Era delgadita y ágil.
—Es muy guapa tu hija. Me alegro que al fin te la hayan dejado ver...
—Sí, al fin. Su madre puede ser una arpía cuando quiere.— Dijo el joven de veintisiete años mientras le hacía moriquetas a Jazmine.
—Eres un buen chico, Kay... y por lo que se ve, un gran padre... ¿cómo su madre te dejó ir?— El mulató suspiró.
—Es una historia larga y aburrida...
—No creo que más que la mía.
—Al igual que tú... su madre y yo fuimos padres muy jóvenes, no lo planificamos... yo iba en mi segundo año de universidad y ella acababa de ingresar. Cuando nos enteramos que venía un hijo en camino, todo cambió, como te puedes imaginar. Nos casamos. Ella decía que nada iba a detenerla, ni siquiera un hijo, por lo que nunca dejó de estudiar, pero yo sí, porque tenía una hija y una mujer a la que mantener...
—Lo siento. Sé que no debió ser fácil, pero al menos estaban juntos, había un apoyo mútuo, ¿no?— Kayden por respuesta le dio una sonrisa débil e irónica.
—Yo conseguí un trabajo a tiempo completo, de vez en cuando nuestros padres no echaban la mano, en los apuros o cuidaban a Alex para que ella pudiera seguir estudiando. Y todo parecía ir bien, yo la admiraba. Éramos estudiante de leyes, pero ella siempre demostró más pasión que yo. Digamos que cuando obtuvo su meta, cuando cambió de aires y su círculo estaba compuesto de ejecutivos, compañeros profesionales... este guardia de pacotilla comenzó a parecerle poca cosa, yo ya no encajaba en su mundo, no estaba a su nivel...— Candy pudo percibir el dolor en su voz.
—¡Pero tú te sacrificaste por ella!— Expresó indignada.
—Y en recompensa gané un divorcio y un segundo trabajo para poder cumplir con la manutención que ella exige... la vida no siempre es justa, pero tampoco es tan mala. Cuando la veo, se me olvida todo...— Dirigió la mirada hacia donde jugaba su hija, la adoraba.
Pasó un señor vendiendo helados y en seguida, Kayden le ofreció a Candy y a Alex.
—¿Tú no te comerás uno?— Le preguntó Candy.
—Tengo que mantenerme por mi trabajo. Pero me basta verte a ti comiéndotelo con tantas ganas.— Su abierta sonrisa hizo que Candy se sonrojara.
—Papi, ya terminé, ¿puedo seguir jugando?
—Ve.— Y como un rayo, Alex regresó a jugar con unos amiguitos que había hecho en ese rato.
Candy disfrutaba su helado como si fuera el más grande los caprichos. No recordaba la última vez que se había comido uno tan delicioso.
—¿Qué?— le preguntó risueña y con la boca embarrada.
—¡Qué suerte tiene ese helado!— Ella se volvió a sonrojar y miró hacia el verde y cuidado césped.
Suave, él tomó su mentón y no encontrando ninguna señal de alerta por su parte, hizo lo que hacía tiempo se moría por hacer. Besarla. Ella se dejó envolver por un beso suave y respetuoso, un beso tierno.
Continuará...
¡Hola! No se preocupen, ya me puse el chaleco antibalas jajajajaja. Bueno, esta historia o fic, o como le llamen, dentro de lo novelístico tendrá siempre mucho de realidad, por eso es como es... y el que amemos a alguien con todo el corazón no significa que no continuemos con nuestras vidas (en la vida real) seguimos el curso, aunque tal vez el destino nos lleve luego de regreso a donde pertenecemos. He tocado temas que se viven, (dentro de la fantasía de la historia de venganza, odio-amor y etc.) También se incluyen temas reales y cotidianos, como lo que los hombres pierden por estúpidos, como el gran error que algunas mujeres cometemos al usar a los hijos como desquite o privarlos de sus padres por cualquier otra razón, y el abrirnos paso en la vida como madres solteras y normales, sin millones como en la vida real y ese proceso de volvernos a enamorar y confiar otra vez... Y tranquilas, no pasarán años, ni siglos, pero sí pasarán algunas experiencias que ellos mismos provocarán antes de lograr su amor, en fin, sigan leyendo!
Bueno, gracias por comentar:
Mabeth, lucero medina, Silvia E, zucastillo, Loca x Terry, Goshy, Anieram, Becky70, olgaliz, Alesita77, Zafiro Azul Cielo 1313, Monce Nol, yaya, Ana, Gina MC, alina, Dulce Lu, marla88, mryslayer, anaalondra28, bruna, Dalia, Guest, luz rico, cerezza0977, MARIA 1972, elisablue85, Claus mart, Maride de Grand, Sofia Saldaa, Yomar, Soadora, Elena Grandchester Andrew, norma Rodriguez, ELI DIAZ, Iris Adriana, Mirna, Azukrita, LizCarter, dany16, kira anima, skarllet northman, comoaguaparachoc, gatita
Hasta pronto!
Wendy
