¡Hola de nuevo!

Aquí vengo con el siguiente capítulo; pero, antes que nada, tanto la autora como yo queremos agradecer, de todo corazón, todos los favoritos, follows y reviews que hemos recibido. ¡Mil gracias, de verdad! Perdonad que no lo subiese ayer, pero tuve un día de locura en el trabajo...

Sin más dilación, os dejo leer…


Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a la grandísima JK Rowling, y la trama a WickedlyAwesomeMe. Yo sólo me encargo de traducir.


Capítulo 13: La invitación para cenar


Draco no sabía qué le había pasado, pero había decidido redactar un currículum para solicitar un puesto en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional. El impulso había nacido de una de sus fructíferas reuniones con el Director General de una empresa de Suiza, y por eso cruzó por su mente la repentina idea de pensar que podría trabajar bien en este departamento.

Desde luego, no le ofrecía su deseado puesto como un Rompedor de Maldiciones, pero dudaba enormemente que fuese aceptado en ese departamento. Pensó que sería mejor empezar estableciéndose a sí mismo en un trabajo inferior antes de pensar en ascender al trabajo de sus sueños. Además, pensaba que era bastante bueno socializando y fingiendo sonrisas con personas importantes del mundo mágico internacional. El trabajo parecía estar hecho para él.

—Tippy —llamó, y su elfo doméstico apareció en el acto—. Cancela todas mis reuniones para la semana que viene. Tengo cosas que hacer.

La criatura le miró de una forma extraña, pero asintió sin decir una palabra. Entonces, cuando Draco le indicó que podía irse, desapareció con un pop.

Ahora, todo lo que necesitaba era pensar en qué hacer con el negocio de los Malfoy. Seguía siendo, sin lugar a dudas, el Jefe de cada cosa que ocurría, y teniendo en cuenta que era el Jefe de la Casa de los Malfoy, dejarlo todo sin un plan estaba fuera de la ecuación. Los herederos Malfoy del pasado no habían trabajado en otra cosa que no fuese el negocio de los Malfoy, siempre aumentando el tesoro de la familia, así que Draco no sabía por dónde empezar. Mucho menos sabía cómo.

El mejor plan que tenía de momento era contratar a un Director General que se encargase de la empresa, uno que fuese lo suficientemente competente para actuar en su nombre y hacerse cargo de todas las responsabilidades de los Malfoy. Mentalmente, empezó a hacer una lista de candidatos, tratando de recordar enviarles cartas ofreciendo el puesto.

Tras asegurarse de que todo estaba arreglado, Draco dobló su currículum, puso un sello de cera en el sobre y lo envió por Lechuza al Departamento de Cooperación Mágica Internacional.

Y ahora, a esperar.


Draco se despertó de un sobresalto, teniendo la extraña sensación de que alguien le miraba. Estar tantos años haciendo misiones para la Orden del Fénix había incrementado sus sentidos, lo que era muy útil cuando el Lado Oscuro les atacaba por sorpresa.

Agarrando la varita con la mano, Draco se sentó lentamente en la cama y miró al lugar de donde percibía la fuente de su incomodidad. Con los ojos abiertos, se dio cuenta de que esa fuente era, en realidad, una bandada de lechuzas, que le miraban también con los ojos abiertos.

La mayoría golpeaba la ventana con sus picos, urgiéndole a que la abriese, y el ruido que hacían le sacó de su sorpresa.

Se levantó de la cama y dejó que las lechuzas entrasen. Había unas veinte, y todas ellas volaban sobre su cabeza y dejando caer trozos de pergamino.

Tan pronto como la última de ellas se fue, Draco se agachó y cogió una de las cartas. Decía:

"Querido Draco,

¿Cómo estás? Vamos a ir a Florean este sábado, ¿verdad?

Con cariño,

Rosie"

Alzó una ceja al leer la carta, sorprendido de que la hubiese escrito Rose. Casi tuvo un aneurisma al pensar que podría ser del Ministerio, pero generalmente utilizaban Lechuzas del Ministerio para enviar las cartas de negocios.

Draco cogió otra de las cartas y la leyó:

"Querido Draco,

Mamá ha dicho que puedes venir a visitarnos. ¿Cuándo puedes venir? Por favor, ¿puedes venir pronto? ¡Por favor, por favor, por favor!

Con cariño,

Rosie"

Una incrédula sonrisa apareció en su bonito rostro mientras leía el resto de las cartas. Todas ellas eran de Rose, pidiéndole que fuese a verla, diciéndole que le echaba de menos, e incluso contándole las cosas que había hecho desde que había llegado a casa.

Se preguntó si Rose sabía escribir, pero dudaba que la caligrafía de la carta estuviese hecha por una niña de seis años. Draco sospechaba que la magia tenía algo que, sobre todo teniendo en cuenta que la niña era brillante y poderosa.

Otra lechuza se coló por su ventana y dejó caer una carta en sus manos. Ululó con felicidad y se voló a la aún abierta ventana, desapareciendo de su vista.

Draco esperaba que la carta fuese también de Rose, pero se sorprendió enormemente al ver que era de su madre.

"Draco,

Me imagino que ya has sido bombardeado con las cartas de Rose. Te pido perdón, creo que te echaba demasiado de menos y su magia accidental ha hechizado la escritura de las cartas, así como a una bandada de lechuzas, y te las ha enviado.

Además de disculparme, esta carta también sirve como una invitación para que vengas el sábado a cenar. Puede que Harry venga también (no lo sé seguro), pero te sugiero que, si lo hace, te comportes adecuadamente.

No creo que puedas negarte. Rose ha estado incordiándome mientras escribo esta carta, e insiste en que vengas. Puede que las lechuzas no sean lo único que recibas si te niegas.

Hermione"

Draco sacudió la cabeza, sonriendo con incredulidad. ¿Por qué le habían maldecido a tener una relación con las personas más cabezotas que había conocido en su vida? Escribiendo una rápida respuesta diciendo que sí, iría, y añadiendo que sentía que no tenía otra opción, Draco envió la carta, sonriendo.

Inmediatamente recordó que tenía una reunión con el Director General de una empresa muggle en Londres ese sábado, pero decidió que la cena con ellas era más importante. Escribió una rápida carta de disculpas a dicho Director General y la envió, sin importarle que pudiese enfadarse.


Hermione no pudo reprimir una sonrisa al recordar la respuesta de Draco a su invitación. En ese momento estaba reparando la cena, y el invitado aún no había llegado. Rose estaba arriba, en su habitación, probándose con excitación sus mejores vestidos para enseñárselos a Draco. Sacudiendo la cabeza, Hermione se preguntó si el Malfoy era consciente de lo mucho que su hija le adoraba.

La chimenea se encendió, indicando una llegada, y Hermione escuchó a Rose gritar encantada.

—¡Draco está aquí, mamá! —gritó desde la sala de estar.

Hermione se aseguró de que todo estaba preparado en la cocina antes de lavarse las manos y quitarse el delantal. Al entrar en la sala de estar, no pudo evitar reírse al ver a su hija. Rose estaba saltando, excitada, con sus salvajes rizos balanceándose. Nunca estaba tan ilusionada cuando Harry venía a visitarlas, y no podía comprender qué le había hecho Draco a Rose para que le quisiese de esa manera.

—De acuerdo, de acuerdo, tranquilízate, cariño —dijo la madre, poniendo una mano sobre el hombro de Rose para parar sus frenéticos saltos.

Entonces, Hermione movió su varita para bajar las barreras de seguridad. Draco inmediatamente salió de la chimenea, demasiado impecable como para haber viajado por la Red Flu.

Antes de que Hermione pudiese saludarle, Rose ya se había abalanzado sobre el rubio.

—¡Draco! —exclamó. Entonces, Rose alzó sus pequeños brazos y movió sus dedos—. ¡Arriba, arriba!

Hermione trató de esconder su sonrisa, preguntándose cómo reaccionaría Draco ante la extraña petición de su hija. Supuso que el rubio se burlaría de su hija, diciendo cosas sin sentido como que llevar a niños en brazos era algo inferior a él; pero se sorprendió enormemente cuando Draco cogió a Rose con facilidad y práctica.

—Hola, Granger —saludó Draco amigablemente, sin darse cuenta de la sorpresa de la castaña. Entonces, alzó una pequeña bolsa de papel y sonrió levemente—. He traído vino a modo de regalo. También hay helados de Florean.

Hermione asintió sin decir una palabra y aceptó el regalo.

—¿Tienes un regalo también para mí, Draco? —preguntó Rose, con los ojos abiertos con esperanza y anticipación.

La castaña no creía que fuese posible que Draco volviese a sorprenderla, pero cuando hizo aparecer una pequeña caja del bolsillo de su túnica, rodando los ojos, ella supo que se había vuelto a equivocar.

—Sí, sí, amenaza —dijo, seguido por un fingido suspiro, que no fue creíble porque las comisuras de sus labios comenzaron a formar una sonrisa.

Draco la dejó en el suelo mientras Rose, con ansia, rompía el envoltorio del regalo. Hermione sentía mucha curiosidad, así que se acercó para observar mejor a su hija. Sus ojos se abrieron como platos, reconociendo de inmediato la figurilla del Capitán Birch de los Tornados. Rose abrazó la figurilla mientras su cara se iluminaba con una felicidad inmensa, y Draco se sintió orgulloso de sí mismo.

—Eso te debe haber costado una fortuna —dijo Hermione, recordando haber escuchado una conversación entre él y Harry sobre que cada estatuilla de jugadores de Quidditch le habían costado casi mil galeones.

—Me alegra saber que distingues la buena calidad, Granger —se burló con ese aristocrático acento suyo.

La castaña rodó los ojos.

—Quiero decir que no deberías darle a mi hija algo tan caro, Malfoy —contestó—. Por si no lo sabías, los niños tienden a romper cosas con facilidad.

—Creo que lo más importante de todo es que tu hija está contenta —dijo con una sonrisa.

Y era cierto. Rose se había ocupado a sí misma en el acto, y jugaba con el Capitán Birch y con su juguete de peluche, el Señor Ginger. El jugador de Quidditch no parecía estar demasiado contento por estar chocándose con el juguete mullido.

Hermione aún fruncía el ceño. Aunque amaba a su hija y lo significaba todo para ella, Hermione trataba con todas sus fuerzas no encapricharla demasiado. Hacía tiempo que Harry había aprendido que Hermione le mataría con la mirada si le regalaba cosas a su hija que ella considerase caras e innecesarias.

—Por Merlín, Granger, es sólo un juguete —dijo Draco, rodando los ojos—. No es como si hubiese afectado a mi cuenta de Gringotts.

Ella suspiró, decidiendo dejar el tema.

—Estaré en la cocina, terminando las cosas. Os llamaré cuando todo esté listo.

Draco asintió con la cabeza, pero Rose la ignoró: estaba demasiado inmersa en su nuevo juguete. Sin quererlo, Hermione sonrió. Podría pensar que el juguete era demasiado caro, pero la gran sonrisa en el rostro de su hija le hizo aceptar el regalo. Al menos por ese día.


Se sentó en el sorprendentemente cómodo sofá del humilde piso y observó a su alrededor. Aunque no tenía nada que ver con su lujoso apartamento, Draco admitió que su casa era muy acogedora. De alguna forma, una parte de él esperaba que se pareciese a La Madriguera, teniendo en cuenta que Ron Weasley vivió ahí. Un involuntario estremecimiento corrió por su espina dorsal cuando recordó la "casa" que los miembros de la familia Weasley tanto adoraban. Aunque había estado varias veces en esa cara durante la Guerra, nunca llegó a acostumbrarse a lo incómodo que le hacía sentirse esa desvencijada casa de madera.

Su pequeño piso, sin embargo, tenía definitivamente el toque de Hermione. Colores pastel decoraban la sala de estar y Draco estaba enormemente sorprendido de lo lujosa que era su moqueta. Estaba casi seguro de que era cara. Enfrente de la chimenea había una televisión, que era mucho más pequeña que la que él había instalado en su casa.

Sobre la chimenea había fotografías, tanto mágicas como muggle. Draco se levantó lentamente del sofá y se acercó para inspeccionarlas. Muchas de ellas eran de Hermione con sus mejores amigos. Incluso había una de sus años en Hogwarts, con unos jóvenes Harry Potter, Ron Weasley, Ginny Weasley y ella, riendo mientras se lanzaban bolas de nieve.

Una fotografía muggle de una pareja llamó su atención. A juzgar por su aspecto, Draco supo de inmediato que eran los padres de Hermione. Ella tenía la sonrisa de su madre, y los ojos y la nariz de su padre. Él se entristeció al pensar que, aunque su madre estaba enferma, aún le podía reconocer durante sus momentos más lúcidos. No podía imaginar lo que debía sentir Hermione, y se sintió feliz de que, al menos, tuviese a Rose a su lado.

También había una fotografía de Ron el día de su boda. Hermione sonreía en su precioso vestido de novia, y sintió que los celos crecían en su pecho cuando la fotografía mostraba una y otra vez a Ron besando la mejilla de Hermione. Gruñendo, dirigió sus ojos hacia la siguiente fotografía, que era de Hermione, Ron y una más pequeña Rose, todos saludando a la cámara.

La última fotografía era de Hermione y Rose. La niña era llevada en los brazos de su madre con cariño. Esta fotografía era muggle, pero él pudo sentir el amor que transmitían sus sonrisas. Draco cogió el marco de fotos y sonrió al observarla más de cerca.

—Draco, Draco.

Sus ojos se dirigieron a Rose, que le miraba con curiosidad.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó, mientras cogía su gran mano y le sonreía.

—Estoy mirando las fotografías.

—De acuerdo —contestó—. Pero puedes mirarlas luego. ¡Ven! Te quiero enseñar mi habitación.

La niña tiró de él enérgicamente, alejándole de la chimenea, y Draco no tuvo más opción que dejar la fotografía en su sitio y permitir que Rose le guiase a su habitación. Subieron las escaleras y Rose le llevó a la última habitación del pasillo.

Rose, con excitación, abrió la puerta, pero Draco no se pudo preparar para el aluvión de colores que invadió sus sentidos. Sintió náuseas durante un momento, pero Rose ya había tirado de él para que entrase. Corrió a su cama rosa y empezó a saltar sobre ella.

—¡Bienvenido a mi habitación! —gritó con felicidad, gesticulando a su alrededor.

—Es muy… colorida —comentó con un estremecimiento, mirando un enorme arcoíris pintado en el techo.

—¿Te gusta? —preguntó, saltando al suelo—. ¡La he decorado yo!

Draco dudó enormemente que Hermione le hubiese permitido a su hija diseñar su habitación con esos colores tan brillantes, que herían los ojos. Pero entonces, recordó la desastrosa fiesta del té que hizo en su sala de estar y dedujo que la magia accidental de Rose tenía algo que ver.

—Rosie, te dije que no llevases a Draco a tu habitación —exclamó la voz de Hermione de repente, anunciando su llegada. Draco debía estar levemente verde y con los ojos abiertos como platos, porque Hermione le miró, disculpándose—. Vamos, la cena está lista.

—¡Sí! ¡Comida! —exclamó Rose, corriendo hacia el piso inferior.

Hermione, rápidamente, dirigió a Draco hacia la salida.

—Perdón por su habitación —dijo la madre de Rose, avergonzada, mientras bajaban las escaleras—. El estado original de la habitación era adorable. No confié en Ron cuando se ofreció voluntario para decorarla, así que me encargué yo —Hermione puso una cara rara mientras un recuerdo resurgía en su mente—. Rose odió el resultado. Dijo que no era lo suficientemente bonita.

Draco soltó un bufido, recordando una conversación similar que tuvo con Rose sobre el estado de su sala de estar.

—Solía lanzar un Finite Incantatem cada vez que hacía eso con su magia accidental —continuó Hermione—. Pero, entonces, ella tenía una rabieta monumental y la habitación volvía a estar como ella quería. Ya ni siquiera me molesto en cambiarla.

—Le hizo lo mismo a mi sala de estar una vez —explicó, rodando los ojos.

—Lo siento —contestó Hermione, avergonzada—. Maldita sea, ¡es una amenaza!

El rubio se rio y asintió la cabeza, completamente de acuerdo.

—Dímelo a mí.

—¡Mamá! —se quejó Rose—. ¡Tengo hambre!

Hermione suspiró, aunque una pequeña sonrisa surgió en su rostro.

—Ya voy, amor —dijo. Girándose hacia Draco, continuó—. Es un detalle por tu parte haber venido, Draco. Rose no paraba de hablar de ti.

Por alguna extraña razón, esa frase hizo que su corazón diese un vuelco.

—Bueno —dijo con su famosa sonrisa ladeada—, ¿qué puedo decir? Soy impresionante. Era obvio que iba a echarme de menos.

Sus palabras hicieron que ella rodase los ojos.

—No llevas ni una hora en mi casa, pero tu ego la ha llegado por completo —dijo mientras sacudía la cabeza.

Draco se rio, sus mejillas se encendieron levemente al ver la sonrisa de Hermione, y siguió a la castaña hacia el comedor.


La cena estuvo buenísima, y Hermione no pudo recordar cuándo fue la última vez que se sintió tan relajada. No podía evitar sonreír al recordar la forma en la que Draco la miró cuando dijo que prefería lavar los platos de la forma muggle, pero tuvo la decencia de mantener la boca cerrada.

En ese momento, él y Rose estaban en la sala de estar, gracias a la insistencia de la pequeña niña, viendo El Mago de Oz. Podía escuchar la película desde la cocina, y tarareaba las canciones, sonriendo cuando escuchaba la risa de su hija.

Había sido un día muy surrealista, y Hermione no podía explicar lo raro que había sido. La versión de sí misma de hacía unos años se habría reído de cualquiera que hubiese sugerido que Draco Malfoy y ella podrían ser amigos en un futuro. Para ser sincera, estaba muy sorprendida de que Draco la hubiese aceptado como amiga voluntariamente (bueno, eso esperaba ella).

"La Guerra ha cambiado a las personas",pensó con una triste y pequeña sonrisa.

—Hemos acabado la película —escuchó decir a la molesta voz de Draco—. ¿Por qué demonios la estás rebobinando?

Su ceño se frunció ligeramente al escuchar a Draco usar esa palabra, pero decidió seguir escuchando en vez de entrometerse en la conversación y decirle lo que pensaba.

—¡Quiero volver a escuchar Somewhere Over the Rainbow! —exclamó Rose. Draco soltó un gruñido, quejándose, y Hermione supo que era una señal para que dejase de fregar los platos.

Tras secarse las manos en el delantal y desabrocharlo, Hermione caminó hacia la sala de estar, pero se paró al observar la escena frente a ella.

Rose cantaba en voz bajo, feliz, y su cabeza se apoyaba en Draco. Lo que más llamó su atención fue Draco, que sonreía a la pantalla mientras veía a Dorothy cantar la famosa canción.

Estaba relajado, y feliz… despreocupado. Ella nunca le había visto de esa forma, ni siquiera cuando era un niño pequeño que pensaba que dominaba el mundo. Siempre le habían atormentado sus pesadillas: había veces en las que la despertaba gritando cuando estaban en las misiones.

Hermione le deseó sinceramente lo mejor cuando acabó la Guerra. Había pasado por muchas cosas, y había sido lo suficientemente valiente para dejar atrás todo en lo que creía para luchar en el otro bando. El hombre necesitaba un maldito descanso, pero este cruel y discriminador mundo le había prohibido tener cualquier cosa que se pareciese a paz y normalidad.

Tal vez… tal vez Rose le hacía bien. Aún tenía muchísimas dudas sobre si era una buena idea exponer a su hija a tener una relación para el rubio. Sin embargo, si era sincera, la realidad era que su hija era quien le había estado ayudando a él. Hermione no se podía sentir más orgullosa de Rose.

Algo calentó su corazón mientras Draco tarareaba suavemente la canción con Rose y Dorothy.

El encanto del momento se rompió cuando la canción acabó y Rose la miró.

—¡Mamá! —le saludó.

Draco la miró y, por alguna extraña razón, no fue capaz de devolverle la mirada.

—¿Habéis acabado de ver la película? —preguntó, acercándose.

—¡Sep! —exclamó Rose.

Hermione se recompuso durante unos segundos antes de mirar a Draco.

—¿Qué te ha parecido? —preguntó.

El rubio se quedó pensativo unos segundos antes de responder:

—Bueno… ha estado bien. La magia, sin embargo, ha sido atroz. ¿Los muggles realmente piensan que la magia funciona así?

Su comentario hizo que ella se riese.

—Espera a ver las películas más antiguas —dijo—. Sin embargo, me sorprende que te haya gustado. Ron la odiaba.

—Déjame adivinarlo —dijo con burla—. ¿El león no era suficientemente valiente y eso hizo tambalear sus creencias sobre Gryffindor?

Ella sonrió ampliamente porque el rubio había acertado.

—Bueno…

Antes de que Hermione pudiese contestar, la chimenea rugió, tiñéndose de un color verde esmeralda, anunciando una llamada. Los ojos de los tres se dirigieron a la chimenea, y Hermione supo que la llamada era urgente, teniendo en cuenta que era ya tarde.

—Debo contestar —se excusó Hermione.

Al bajar las barreras de seguridad, la cara de Harry apareció de repente en el fuego.

—Lo siento muchísimo por llamarte tan tarde, Hermione, pero es urgente —le saludó con una expresión sombría.

Era lo que Hermione esperaba, pero aún así se alarmó. Miró a Draco y a Rose, que la miraban con curiosidad. Sonriendo al rubio, pidiéndole disculpas, murmuró un suave Muffliato para que la conversación fuese privada. Al ver la oscura mirada de Draco, supo que el hechizo había funcionado, antes de volver a mirar a Harry.

—Es sobre Lestrange, ¿verdad? —preguntó.

Harry suspiró y asintió.

—Sé que no es justo que te haga trabajar cuando no has vuelto oficialmente, pero necesito que le eches un ojo a unas cosas.

El fuego verde echó chispas, y Hermione supo que su mejor amigo estaba pasándose una mano por el pelo, alborotándolo más. No se lo tomó como una buena señal.

—Te escucho —dijo, urgiéndole a continuar.

—Es un riesgo hablar de esto por llamada, así que ya te he enviado unos documentos vía lechuza —dijo—. Los recibirás dentro de nada en tu despacho.

—Vale, vale, ahora lo miro.

El Niño Que Vivió la miró con preocupación.

—¿Estás segura de que estás bien, Hermione? —preguntó con sincera preocupación—. Sé que eres súper eficiente y competente, pero te necesitamos sana. Si aún necesitas descansar, se lo puedo pedir a…

Harry —dijo con un gran suspiró—. Estoy bien. No te preocupes.

Él no estaba del todo convencido, pero aceptó lo que ella decía.

—De acuerdo —dijo—. Pero voy a estar vigilándote. Un pequeño desliz será suficiente para que vuelva a mandarte a casa antes de que puedas decir "magia", ¿me entiendes?

—Sí, papá, lo tendré en cuenta —contestó rodando los ojos.

Harry sonrió con cariño.

—Buenas noches y descansa, Hermione. No te canses demasiado con los documentos. ¡Te lo digo en serio! —su cabeza desapareció entre las llamas, pero volvió a reaparecer—. Aún tengo trabajo que hacer. ¡Godric, odio el papeleo! Me muero de ganas de que vengas mañana y te encargues de todas esas cosas.

—Mis servicios no son gratuitos, Potter —dijo, y Harry le miró sorprendido.

—¡Pasar tanto tiempo con Malfoy te ha cambiado, mujer! —le acusó, haciendo que se riese—. Bueno, me necesitan en el trabajo. ¡Te veo mañana! Te quiero.

—Yo también te quiero —se despidió ella.

Las llamas verdes brillaron antes de volver a su estado original. Hermione murmuró un Finite Incantatem y se giró hacia su hija e invitado.

—¿Qué quería Potter? —preguntó Draco en cuanto el hechizo hubo desaparecido.

Hermione sonrió con timidez.

Rose saltó del sofá y corrió hacia su madre.

—¿Va a venir tío Harry, mamá? —preguntó con entusiasmo.

—Lo siento, cariño, tu tío tiene trabajo —contestó Hermione mientras cogía a Rose en brazos—. Tú, sin embargo, deberías irte a dormir.

—¡Nooooo! —se quejó Rose, retorciéndose en sus brazos—. Le he prometido a Draco que íbamos a ver Toy Story 3 después de El Mago de Oz.

Hermione frunció el ceño y miró al mago, que se encogió de hombros.

—Hace rato que ha pasado tu hora de irte a dormir —le dijo, pero su hija no parecía cansada. Sería un inútil intento tratar de hacer que se durmiera. Tal vez le hubiese dado demasiados dulces…

—Oh, está bien. Te dejaré quedarte despierta si Draco no necesita irse a casa aún.

Rose giró su cuello para mirar a Draco con sus grandes y brillantes ojos azules.

—¡Por favor, Draco, por favor! —le pidió—. Toy Story 3 es mi segunda película favorita. Podríamos ver Toy Story 1 y 2 otro día, pero Toy Story 3 es la más mejor de todas, ¡así que quiero que la veas primero conmigo!

—Se dice "la mejor", cariño —la corrigió Hermione, mirando a Draco, quien sonrió.

—No me importa quedarme unas horas más —contestó.

Hermione alzó una ceja y dejó a Rose en el regazo de Draco.

—¿Qué? ¿No tienes documentos que leer? ¿O cartas que enviar? ¿O pobres elfos domésticos a los que ordenar cosas? —le provocó.

—Muy graciosa, Granger —le contestó—. Pero, para contestar a tus ridículas preguntas, no, esta noche no estoy ocupado.

—Qué raro —dijo sonriendo—. Bueno, estaré en mi despacho, atendiendo unos asuntos del trabajo. Volveré en un par de horas.

Draco asintió con la cabeza mientras Rose saltaba emocionada, queriendo empezar Toy Story 3.

—No te canses, Hermione —le advirtió, con la justa cantidad de preocupación.

Hermione suspiró.

—En serio, tú tampoco eres mi padre —dijo, aunque no pudo evitar sonreír levemente al haber escuchado que él la llamaba por su nombre. Sospechaba que él ni siquiera se había dado cuenta—. Por favor, vigila a Rose durante unas horas más.

—Sí, sí, ahora vete —dijo, moviendo la mano.

Ella asintió y se dio la vuelta. Antes de desaparecer de la sala de estar, se giró con un extraño brillo en los ojos.

—Prepárate para esta película —dijo, sonriendo misteriosamente.

—¿Por qué? —preguntó con sospecha.

—Ya lo verás.


Todos los documentos que Harry le había enviado estaban embotando su cabeza, y Hermione supo que era hora de dejarlo estar. Mirando su reloj de pared mágico, se sorprendió de ver que era casi medianoche. Con los ojos abiertos como platos, se levantó rápidamente de la silla y salió de su despacho.

Con pasos grandes y rápidos, llegó a la sala de estar en un tiempo récord, pero se quedó quieta al ver la imagen frente a sus ojos. Rose ya estaba dormida, con sus rizos royos esparcidos por el regazo de Draco. La película había terminado, se veían los créditos en la pantalla, y Hermione se maldijo a sí misma por haber perdido la noción del tiempo y haber olvidado de que tenía un invitado.

—Siento haberme olvidado de ti —dijo Hermione con una sonrisa, avergonzada.

Su sonrisa se convirtió en un ceño fruncido cuando Draco se irguió en el sofá y se negó a mirarla. Se aclaró la garganta ruidosamente, evitando mirar a la castaña.

—Rose se ha dormido en la primera parte de la película —explicó—. Me he quedado a verla hasta el final porque estabas ocupada, así que no importa, Granger.

Su voz sonaba rara, y eso hizo que Hermione se diese cuenta de qué pasaba.

—¿Has llorado? —preguntó, sonando demasiado triunfante, pero no le importó en absoluto.

—Qué va —gruñó Draco, aun evitando convenientemente la mirada de Hermione. Entonces, cogió a Rose en sus brazos—. En fin, voy a dejar a esta amenaza en la cama y vuelvo enseguida.

Se dirigió con rapidez a las escaleras, con una dormida Rose en sus brazos. Hermione estaba demasiado sorprendida como para reñirle por zarandear tanto a su hija.

Cuando Draco volvió con la misma expresión arrogante en el rostro, Hermione decidió dejar estar el tema. Aún así, sus ojos seguían reluciendo con reconocimiento, y el rubio le dirigió la mirada más oscura posible.

No he llorado —gruñó.

—¡No he dicho nada! —le contestó riéndose, haciendo que su mirada se oscureciese más.

Entonces, alzó su puntiaguda nariz y la miró.

—Bueno, Granger, ha sido una velada agradable, pero me temo que debo retirarme —dijo regiamente, y Hermione no pudo evitar sonreír ampliamente.

—¡Espera! —le llamó cuando él empezó a recoger sus pertenencias. Cuando le miró, Hermione se sonrojó levemente, sin entender qué le estaba pasando—. Tal vez… ¿te apetecería tomar un té antes de irte?

Él frunció el ceño levemente ante su pregunte, pero después asintió con la cabeza.

—Supongo que un poco de té no hará daño —contestó.

—Genial —dijo Hermione, moviendo su varita para hervir un poco de agua. Le dirigió a la cocina y le invitó a sentarse en una de las sillas.

El té fue rápidamente servido, y Hermione se sentó en la silla al lado de Draco. Se permitió sonreír levemente ante el aromático olor de la bebida antes de beber un pequeño trago para calmar sus nervios.

—Potter tenía noticias de Lestrange, ¿no? —preguntó Draco casualmente mientras dejaba su taza humeante sobre la mesa y se apoyaba en ella.

Hermione apretó los labios y le miró.

—Para ser sincera, no puedo hablar de eso fuera del trabajo —dijo lentamente—. Su caso es… bueno, está clasificado, y tú no estás oficialmente al tanto de él, así que…

Draco bufó.

—Tú y Potter me habéis dado información antes —apuntó, cruzando los brazos sobre su pecho—. ¿A qué se debe el repentino secretismo, Granger?

Ella suspiró y se movió en la silla para mirarle de frente.

—Harry piensa, para que todos estemos seguros, que es mejor que sólo unas personas conozcamos el caso de Lestrange —contestó con calma—. Tanto tú como yo sabemos que es un hombre peligroso. Cuanta menos gente sepa de nuestro progreso, mejor.

—Así que hay progreso —apuntó triunfante, haciendo que ella frunciese el ceño—. Y, por lo que sé, has decidido excluirme porque solía estar en el mismo círculo que él.

Él no había querido decir eso, pero le sorprendió que la mirada de Hermione se endureciese.

—Eso es estúpido y falso, Draco Malfoy —escupió con una pasión que le hizo sentir cosas extrañas—. Yo, de entre todas las personas, sé lo mucho que has cambiado, y no eres como él.

Sus ojos se abrieron levemente, sonriendo ladeadamente.

—Por Merlín, Granger, cálmate —dijo con humor—. No te estaba acusando de nada. No es necesario que te pongas a la defensiva.

La dura mirada de sus ojos se desvaneció mientras dejaba escapar un suspiro.

—Yo… —hizo una pausa, mordiendo su labio inferior—. Deberías dejar de culparte por las cosas del pasado, Draco.

Hermione frunció el ceño levemente cuando él enmascaró sus emociones.

—No necesito una maldita charla, Granger —gruñó, y ella supo que lo mejor sería dejar el tema.

—Claro, por supuesto —dijo, frunciendo el ceño con tristeza—. Lo siento.

Él seguía mirándola con frialdad, pero asintió levemente y volvió a su té.

Desesperada por deshacer el incómodo silencio que había causado, Hermione preguntó:

—¿Cómo va el negocio de los Malfoy?

Le llevó unos segundos contestar, pero Hermione suspiró aliviada cuando su máscara desapareció.

—Bastante bien —dijo, mirándola por el rabillo del ojo—. Pero no te voy a aburrir con detalles que ni siquiera entenderías —se calló durante unos segundos, antes de que sus ojos se abriesen de repente al recordar algo—. Mierda. Me he olvidado de enviar una carta a Zabini.

—Blaise Zabini.

Él asintió.

Sus ojos se entrecerraron con sospecha. Le recordaba vagamente como un acosador, igual que el rubio que estaba sentado a su lado. Aunque Theodore Nott era silencioso durante sus años en Hogwarts, Blaise Zabini era un chico orgulloso, y ella recordaba a la perfección que no le gustaba ni un pelo.

—¿Por qué? —preguntó, sin poder calmar su curiosidad.

—No es de tu incumbencia, Granger —dijo Draco, haciendo que ella le fulminase con la mirada—. No necesito mantenerte al tanto de todo lo que hago.

—Está bien, como quieras. Simplemente estaba tratando de ser amigable —contestó descontenta, cogiendo la humeante taza de té entre sus manos. A veces era enormemente frustrante interactuar con Draco, y ella era siempre quien daba el primer paso.

Por el rabillo de sus ojos, vio la sorpresa de Draco ante su repentino cambio de humor.

—No te enfades conmigo, Granger —dijo, confundido y frunciendo el ceño—. Si vas a ser tan persistente, te diré que voy a hablar con Zabini para que lleve la mayor parte del negocio de los Malfoy si me aceptan.

—¿Si te aceptan? —preguntó ella—. ¿Dónde?

Las comisuras de su boca se alzaron.

—He enviado mi currículum al Departamento de Cooperación Mágica Internacional para que me acepten —respondió.

Los ojos de Hermione se abrieron como platos.

—¿De verdad? —preguntó, incrédula—. No me malinterpretes, pero no pensé que fueses el tipo de persona que elegiría discutir sobre aspectos mágicos con embajadores de otros Ministerios de Magia.

—¿Y por qué dices eso? —preguntó, sin ofenderse por lo que ella había dicho.

—Bueno… tú eres más de acción —contestó, recordando los días en los que cada fibra de Draco Malfoy vibraba con vida durante sus misiones. Siempre pensó que sería un magnífico auror, pero dudaba que le creyese si se lo decía.

—A decir verdad, siempre he querido ser un Rompedor de Maldiciones —confesó—. Pero tanto tú como yo sabemos que hay mucha competición en ese cambio, y, teniendo en cuenta que tengo un pasado… desagradable, pensé que sería buena idea empezar por ahí. Además, llevo prácticamente toda mi vida haciendo eso, desde que me puse al frente del negocio de los Malfoy, teniendo reuniones y demás por todo el mundo. Creo que se me da bastante bien, así que pensé que sería mejor que intentase optar a ese puesto en vez de perseguir mis otros intereses.

Ella estaba muy feliz por él, pero le molestaba que pensase que no tenía ninguna opción de trabajar como un Rompedor de Maldiciones. Era cierto, había mucha competición en ese cambio, pero él, sin lugar a dudas, sería muy bueno en ese puesto. No podía entender por qué el orgulloso Draco Malfoy que había conocido desde siempre dudase de poder ser aceptado en el trabajo de sus sueños.

Sin embargo, no podía transmitirle su opinión. Hermione sabía que había tenido un pasado duro, y era agradable saber que estaba tratando de romper la burbuja en la que había estado viviendo desde que terminó la Guerra.

—¿Cuándo tendrás la entrevista? —preguntó, dándose cuenta de que había estado en silencio demasiado tiempo.

—Dentro de una semana —contestó—. Aún tengo que arreglar unas cosas para que el negocio de los Malfoy siga floreciendo mientras me dedico a trabajar para el maldito gobierno.

Hermione se rio.

—Te acostumbrarás, lo prometo —dijo—. El papeleo burocrático cansa mucho, pero al menos te da dinero para comer.

Él alzó una ceja al escuchar sus palabras.

—¿Debo recordarte que prácticamente soy Realeza Mágica? —preguntó—. La comida nunca ha faltado sobre mi mesa, por decirlo de alguna forma.

—Por Merlín, odio a los esnobs ricos como tú —se burló, haciendo que él sonriese ladeadamente.

—Los campesinos como tú no nos entienden, Granger.

Hermione rodó los ojos.

—Claro, campesinos como yo —dijo suspirando—. Discúlpeme, su alteza.

Draco se rio entre dientes y miró su reloj.

—Aunque ha sido una velada encantadora, me temo que debo irme —dijo, levantándose de su silla. Hermione trató de esconder la decepción que sintió—. Mañana vuelves al trabajo y creo que debes descansar.

—Claro —dijo ella, levantándose también—. Gracias por venir a visitarnos, Draco —le dirigió la más brillante sonrisa, de nuevo pensando que había sido una noche malditamente rara, pero agradable y placentera al mismo tiempo—. Espero que puedas volver pronto.

—Estoy seguro de que Rose se asegurará de ello —dijo él con una pequeña sonrisa.

Hermione le dirigió hacia la sala de estar.

—Bueno, buena suerte en tus próximas aventuras, Draco —dijo—. Espero verte pronto en el Ministerio.

Él la miró, dudando enormemente sobre lo que había dicho, pero no le contestó. En vez de eso, le ofreció las buenas noches, cogió un pellizco de polvos flu y desapareció entre llamas verde esmeralda.


Nota de la Autora: Bueno, si seguía con la línea temporal, "Toy Story 3" no había salido en esa época. Pero, honestamente, era la primera película de dibujos animados triste que me vino a la cabeza, así que finjamos que la hicieron antes jajaja. ¡El siguiente capítulo incluirá la entrevista de Draco! También habrá algo sobre Theo y Luna (me gustan demasiado, no os hacéis a la idea de cuánto), y alguien va a hacer una aparición jeje.

¿Qué os ha parecido este capítulo de la primera visita de Draco al apartamento de Hermione? Me imagino a Draco dándole un infarto al entrar en la habitación de Rosie... ¿Y qué me decís de su reacción al ver Toy Story 3? ¿Un amor o no? ¡Contádnoslo con reviews, que nos hacen muchísima ilusión!

Con cariño,

WickedlyAwesomeMe y Pabel Moonlight.