Chiara

12 - ¿Sabes quién eres en realidad?

Jueves, 18 de Marzo.

Cuando llegaron los segundos veinte minutos de descanso me dirigí hasta el aula 203. Cuando entré allí estaba ella esperándome sentada sobre el piano.

- Hoy te me has vuelto a adelantar, ¿eh?

- Me parece divertido adelantarme a ti. Por cierto, perdona por irme ayer de tu casa tan de repente, pero lo de mi tía era urgente.

- Oh, no te preocupes, no pasa nada.

- Chiara, por cierto… ¿Cómo es que te apellidas Gabella y no Forsyths?

- Mis padres decidieron que preferían ponerme el apellido de mi madre, Gabella.

- Otra cosa, ¿puedes acercarte un segundo?

- Claro – Me dirigí hasta donde estaba la más alta sentada sobre el piano y me la quedé mirando- ¿Qué ocurre?

Entonces ocurrió lo inesperado. Se bajo del de un salto poniéndose delante de mí, me sacaba una cabeza más o menos. Con el brazo izquierdo rodeó mi cintura y coloco la mano derecha sobre mi mejilla. Mi corazón latía que parecía que me fuera a salir del pecho y mi cuerpo simplemente no respondía, estaba temblando. La morena inclinó un poco la cabeza y sin pensárselo dos veces me besó.

Yo estaba completamente paralizada por el repentino acto de la rusa. Aunque al poco…me acabé dejando llevar. Me abracé a ella como si fuera un salva vidas. Ella me acercó todavía más, hasta el punto de que no quedaba separación entre nosotras. Laika me acarició la mejilla y yo tuve que acabar separando nuestros labios para poder tomar algo de aire aunque esa separación no duró mucho ya que esta vez fui yo quien tomó la iniciativa y la beso. Nuestras lenguas acabaron jugando la una con la otra. Ella pasó de mis labios a mi cuello, tomándome por los hombros. Empezó a darme pequeños besos por este, después con la punta de la lengua muy suavemente se puso a lamérmelo y luego a darme pequeños mordiscos. Dejé ir un pequeño gemido y la aparté bruscamente.

-L-Laika…y-yo… - No podía decir palabra. Tenía una especie mezcla entre confusión, satisfacción y miedo. No me podía creer lo que había pasado…y un segundo, los ojos de Laika era de color negro, ¿Por qué ahora eran rojos…?

- Perdona, pero no sabía cuánto tiempo más podría esperar.

- ¿E-esperar…? – Ella sonrió de lado y dio un paso al frente poniéndose de nuevo a escasos centímetros de mí - ¿Y qué te pasa en los ojos…?

- Llevo bastante tiempo enamorada de ti, ¿nunca te has dado cuenta de ello?

- Laika, no me cambies de tema, haz el favor. – Estaba de los nervios, no sabía qué hacer, quería huir y al mismo tiempo volver a aferrarme a ella- ¿Quién eres…?

- Lo mismo que tú solo que tu eres la mitad de lo que soy yo, querida.

- ¿L-la mitad de que…?

- Adivínalo. Es más, hoy mismo se lo puedes preguntar a tu madre, seguro que ella te da una buena explicación.

- ¿Qué tienes que ver mi madre en esto?

- Pregúntale el porqué tu padre no salía nunca en ningún retrato familiar pero si en un cuadro de la época victoriana, te sorprenderá la respuesta.

- ¿Qué narices te pasa, Laika? ¿Por qué te estás poniendo tan borde conmigo? – Ella se limitó a sonreír, esta vez enseñando los dientes. Entonces lo entendí todo al ver esos colmillos afilados. Al principio no daba crédito a las imágenes. Era un vampiro o eso es lo primero que se me paso por la cabeza aún sabiendo que científicamente esa conclusión era poco correcta, es decir, ojos rojos, colmillos puntiagudos, el que antes me quisiera morder el cuello… - ¿E-eres un vampiro...? - Tragué saliva.

- Ajá, premio para la italiana. Chiara, prométeme que esto se quedará entre tú y yo ¿De acuerdo?

- Bien, yo te guardo el secreto, ¿pero que se supone que tenemos que hacer ahora? ¿Qué se supone que tengo que hacer yo ahora?

- No lo sé ¿Qué quieres hacer?

- Laika… - Cerré un momento los ojos y tome aire intentando calmarme un poco- Yo también te quiero, pero no sé como tomarme esto…Es de locos... - Entonces pude ver como una lágrima de sangre caía por su ojo derecho. Se me partió el alma en dos al verla así. Era extraño pero no sé como consiguió que se me encogiera el corazón.

- Ni una palabra sobre esto, no te pido más.

No pude evitarlo más, aún sabiendo que ella era un ser el cual podría acabar conmigo de un chasquido y encima beberse mi sangre en cualquier momento si le daba la gana, acabé abrazándola y esta vez la que se puso a llorar fui yo, cosa que hizo que le empapara a Laika la camiseta. Pude notar el cuerpo rígido de la rusa al ver que la abrazaba, supongo que por el hecho de que me acabará refugiando en ella para echarme a llorar aún sabiendo lo que era, seguramente ella hubiese esperado que yo saliera por patas o algo por el estilo, pero no lo hice, todo lo contrario. Entonces alcé la cabeza para poderla mirar a los ojos, que esta vez en lugar de negros eran rojos y lo cierto es que su mirada me parecía más intensa de ese color. Laika sonrió de lado mirándome, me secó las lagrimas con el pulgar y me dio un beso en la frente para acto seguido abrazarme con cariño.

Algo que tenía muy claro era que:

1) Ella me gustaba mucho.

2) Me daba igual lo que fuera.

3) Acababa de descubrir que era descendiente directa de un posible vampiro el cual era mi padre.

4) Cuando llegara mi madre a casa me iba a enfadar muchísimo con ella por tenerme engañada toda mi vida.

5) Después de esto necesitaría ayuda psiquiátrica...