MI VIDA ANTES DE TI
CAPITULO 13
Los personajes del manga/anime Inuyasha son de Rumiko Takahashi.
Inuyasha sintió verdadero pánico al escuchar la dulce voz de su compañera pronunciar su nombre, en ese momento no supo cómo actuar por ello opto por la decisión más fácil, huir.
─ Inuyasha. ─ repitió la mujer al verlo alejarse; el hombre aumentó el ritmo de sus pasos al sentirla muy cerca.
El corazón de Kagome latía muy a prisas, se sentía angustiada y muy frustrada, tenía ganas de llorar pues no entendía la mezcla de sentimientos en su ser lo único que sabía es que no quería alejarse nuevamente de él por lo que comenzó a correr siguiendo a ese hombre a quien no recordaba completamente pero que su corazón reconocía; necesitaba estar a su lado, no importaba nada más; él estaba lejos, demasiado y aunque ella gritaba su nombre él ni siquiera volteaba a verla. Repentinamente su visión se nublo y se sintió muy mareada.
─ Inu.. ─ susurró. Inuyasha detuvo su carrera al escuchar el fuerte impacto, desvió rápidamente la cabeza mirando hacia atrás y vio a lo lejos el cuerpo tendido de Kagome sobre el pavimento, el olor a sangre de la joven lo alertó por lo que corriendo volvió el camino que había hecho hasta ella.
Se arrodilló preocupado al lado de la mujer.
─ Oe Kagome. ─ musitó preocupado sin tocarla pero la joven no reaccionó.
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Kagome abrió lentamente los ojos al sentir el fuerte olor del alcohol, y al abrirlos a la primera persona quien notó fue a Rin que le sonreía ampliamente. Kagome correspondió la sonrisa hasta que recordó.
─ ¡Inuyasha!. ─ exclamó incorporándose rápidamente y sintiendo nuevamente el mundo girar por lo que pesadamente su cabeza cayó sobre la almohada sintiendo un punzante dolor. Kagome reconocía ese lugar sus ojos se llenaron de lágrimas al comprender que nuevamente estaría sola.
─ ¿Kagome te sientes bien?. ─ indagó Rin. Kagome desvió el rostro al lado contrario ignorándola; estaba frustrada y muy triste, tan solo deseaba estar sola. ─ Kag. ─ repitió.
─ Cállate, mentirosa, no pongas esa expresión de preocupación, ¿me siento bien?, sabes que no lo estoy, duele aquí. ─ musitó posicionando una mano sobre su corazón. Lágrimas abandonaron los ojos de Kagome y también los de Rin. Kagome nunca le había hablado de esa manera. Dolía.
─Kagome yo…─ susurró intentando explicarse.
─ ¡Vete! ¡Déjame sola!, ¡mentirosa, mentirosos todos!. ─ Gritó sentándose y aguantando la punzada de dolor. La puerta se abrió revelando a un Youkai furioso. Este miró a Rin y luego a la mujer en la cama.
─ Vete de mi casa ahora, estúpida humana. ─ gruño Sesshomaru con voz sádica; nadie hacía llorar a Rin, ni siquiera se lo permitiría a ella.
─ Sesshomaru. ─ gimió Rin.
─ Me iré, yo tampoco quiero estar aquí, solamente me han mentido, se aprovechan de mi falta de recuerdos, juegan con mis sentimientos. ─ masculló enfrentando al hombre parándose y caminando dificultosamente rumbo a la puerta.
─ Kagome, quédate por favor. ─ pidió Rin intentando caminar tras la joven pero un brazo extendido de Sesshomaru detuvo su camino. ─ ¿Dónde iras, donde vivirás?. ─ indagó Rin sollozando ella era muy sensible, todo eso la afectaba demasiado, más al ver a Kagome a quien en verdad había aprendido a querer como una hermana caminar dificultosamente.
Kagome bajó las escaleras lentamente ya no se sentía mareada, solo que no podía ver claramente por las gruesas lágrimas que surcaban sus mejillas y nublaban su vista. Al llegar abajo el sonido de risas infantiles logró que su corazón se contrajera más aún. No aguantaría despedirse por lo que caminó rápidamente rumbo a la salida.
Rin se abrazó al torso de Sesshomaru llorando como una niña pequeña, mientras este tan solo colocó una mano inmóvil en su espalda.
─ No es justo, no es justo, porque si ellos se quieren no pueden estar juntos. ─ gemía Rin entre sollozos. ─ Inuyasha también esta triste y no me dejas siquiera ir a abrazarlo. ─ lloraba aumentando la voz de sus lamentos.
─ Eso es un problema de ellos, no interfieras. ─ musitó gélidamente el Youkai.
─ No puedo hacer eso, los quiero, me duele. ─ masculló la mujer. Sesshomaru hizo una leve mueca de disgusto. ─ Kagome no tiene a donde ir, dormirá en la calle, ¿no te preocupa lo que pueda pasarle?.─ indagó Rin intentando persuadirlo a cambiar su decisión.
─ Deja de llorar. ─ ordenó el Youkai con una expresión inconmovible.
─ No puedo dejar de llorar, lo siento. ─ murmuró mojando con sus lágrimas la pulcra ropa blanca de Youkai.
Sesshomaru tomó su celular del bolsillo de su pantalón y aún con Rin pegada a su cuerpo discó.
─ Hola ¿Qué sucede, Kagome está bien?. ─ fue la frase rápida que emitió el hanyou. Nunca antes una decisión le había sido más difícil, dejar a Kagome enferma a cuidado de Sesshomaru y Rin. Sabía que solo fue un desmayo aún así estaba preocupado.
─ Quizá. ─ musitó gélidamente el Youkai. ─ Búscala y averígualo, esa humana insolente ya no puede vivir en mi casa, si en verdad te preocupa será mejor que corras rápido. ─ agregó antes de colgar. Rin se abrazó más a su cuerpo susurrando un débil "gracias" e intentando aplacar sus sollozos. Sabía que eso era lo máximo que el orgullo de Sesshomaru le permitía hacer, pero para ella era suficiente.
─ Kuso. ─ masculló Inuyasha quien estaba unas cuadras de la casa de Sesshomaru.
La espalda de la joven se apoyó contra la alta muralla que sostenía la reja que separaba la calle de la enorme residencia, e hizo lo único que podía; lo que su corazón suplicaba, lloró pegando su frente por la muralla para que nadie viera su dolor. La soledad pesaba y así también su cuerpo en ese momento.
Inuyasha desde lejos pudo percibir el aroma salado de las lágrimas de la mujer, no sabía que había pasado pero si sabía que Sesshomaru era cruel por ello deseaba llegar pronto; ya ni pensaba en que lo mejor para ella era no recordarlo, que era mejor para ella que se mantuviera alejado; anhelaba abrazarla y decirle que él estaba a su lado.
Kagome sintió una mano cálida en su hombro que logró brindarle cierta tranquilidad. Era algo sedante y a la vez la presión ejercida le hacía sentir segura.
─ ¿Kagome?. ─ su nombre pronunciada en forma interrogante por una voz familiar pero a la vez desconocida la dejó intrigada, quiso girar para ver de quien se trataba, pero se sentía avergonzada por la apariencia de su rostro. ─ ¿Te encuentras bien?. ─ Nuevamente esa voz retumbaba muy cerca de su cuello.
Inuyasha detuvo su carrera al ver a Kagome, pero ella no estaba sola; estaba acompañada por un joven hombre y dos mujeres.
Kagome limpió bruscamente sus lágrimas e intentó poner una sonrisa en sus labios al girar.
─ Etto…Tu…ustedes…etto quien son…me conocen─ tartamudeó examinando a las personas que la miraban fijamente.
─ Me siento menospreciado, todos estos tiempos juntos y ni siquiera recuerdas mi rostro o mi nombre. ─ musitó el hombre con voz demasiado empalagosa a criterio de cierto hanyou.
─ Lo siento. ─ se disculpó la mujer inclinando la cabeza en señal de respeto.
─ Soy Daiki. ─ Comentó esperando alguna reacción en la mujer que nunca llegó. ─ Mmm...Estudiamos en la misma universidad, estamos en la misma clase; me siento en el puesto frente tuyo. ─ comentó sonriendo; la incredulidad se plasmó en el rostro de la mujer.─ ahh…nunca antes me sentí tan invisible. ─ comentó revolviendo exasperado su flequillo. Recién en ese entonces Kagome se fijó en el hombre. Su cabello negro era tan largo como el de la mujer y brillaba hermosamente contra el sol. Su piel era blanca, excesivamente a su criterio, y resaltaban sus ojos color negro, así también la boca roja sobre su blanco rostro. Era un hombre muy apuesto esbelto y con un porte arrogante. Se preguntaba como en dos meses nunca lo había notado.
─ Daiki, nos vamos dijiste que nos invitabas con unos tragos. ─ musitó una de las mujeres poniendo una mano en el hombro del hombre. Este giró la cabeza mirando a la mujer y sonriéndole dulcemente, luego volvió a fijar su vista en Kagome.
─ Kagome, nos acompañas. ─ ofreció.
─ Lo siento, pero no puedo. ─ musitó. ─ debo encontrar un lugar para dormir antes de que se ponga el sol. ─ susurró más bien como un pensamiento, que fue absorbido por el hombre.
─ Si necesitas, puedes quedarte en mi casa. ─ ofreció el hombre sorprendiendo a las tres mujeres y enfureciendo a Inuyasha quien los observaba bastante cerca; si tan solo Kagome dejara de mirar al pelinegro y desviara su rostro lo encontraría.
─ ¿Necesitas hospedaje?. ─ indagó una de las mujeres, no entendiendo; ellos asistían a una universidad de gente adinerada, y de personas de familia muy estricta por lo que no concebían el hecho de que pudiera abandonar su casa tan fácilmente. Se miraron entre ambas mujeres y luego miraron la enorme residencia que se erigía tras las rejas.
─ Si. ─ susurró. ─ Trabajaré y pagaré por la habitación y la comida, lo juro, pero ahora mismo no tengo dinero. ─ musitó.
─ Entonces está decidido, junta tus cosas, y ven a vivir en mi casa. ─ musitó el hombre sonriendo.
─ Etto…no es mejor que tu Yuri la dejes quedar en tu casa, así no molestamos a Daiki sempai. ─ comentó una mujer a su amiga sosteniéndole el brazo, esperando su confirmación.
─ Imposible, mi padre no me permite ni que tú que eres mi amiga desde la infancia se quede a dormir, definitivamente no lo consentirá. ─ comentó con pesar. ─ ¿Que tal en tu casa Airi?. ─ indagó esperanzada; la mencionada quedó pálida pensando en su padre y negó efusivamente con la cabeza.
─ Tranquilas, yo ya he ofrecido mi casa, me sobran habitaciones y no me vendría mal un dinero extra. ─ aseguró el hombre.
─ ¿No molestaría a su familia?. ─ susurró Kagome.
─ No, vivo solo. ─ musitó sonriendo ampliamente las tres mujeres quedaron perplejas por un segundo e Inuyasha también. ─ ¿entramos a empacar?. ─ indagó con familiaridad como si hubieran sido amigos por años.
─ Yo…etto…─ susurró la mujer luego se ser expuesta al fulminante par de miradas femeninas.
─ Si no tienes donde ir, ven con migo. ─ comentó el hombre extendiendo una mano a la azabache. Kagome miró indecisa la mano extendida; no tenía donde ir, pero no conocía a ese hombre que le sonreía tan afablemente. ─ Soy un caballero, si es eso lo que te preocupa. ─ agregó.
Inuyasha vio impactado como la mano femenina se levantaba lentamente intentando tomar la del hombre.
─ Kagome. ─ La voz ronca del hanyou se escuchó molesta, Kagome tembló ligeramente al oír la voz con la que tanto había soñado; aunque esta vez era tosca, era la voz de Inuyasha. ─ ¡Que crees que haces perra tonta!. ─ regañó levantando la voz. Las dos mujeres emitieron un gemido de sorpresa por la ofensa y el joven desvió la mirada enfrentándose al furioso hanyou.
─ Yo…─ susurró Kagome mirando con sorpresa al hanyou; no sabía el por qué, pero muy en el fondo de su ser sentía miedo, miedo de los dorados ojos que creía amaba, miedo de su rostro contraído, miedo de sus garras. Kagome empezó a hiperventilar.
─ Nos vamos a casa, ahora. ─ ordenó acercándose a la mujer que se veía pálida.
─ Kagome, no quiere irse con…─ comentó el hombre intentando impedir que se acercara.
─ Apártate humano, solo me llevaré a mi perra. ─ musitó el hanyou cortando el dialogo del hombre. Se sentía furioso, él la dejaba por un tiempo y ella ya conseguía un reemplazo.
─ Está asustada, no quiere ir con usted eso es suficiente para mí, no permitiré que se la lleve. ─ aseguró el hombre y antes de que este siquiera pudiera proteger a la joven Inuyasha ya tenía a Kagome cargada sobre su hombro.
─ Suéltame por favor Inuyasha. ─ rogó.
─ Tsk…hace unos minutos me rogabas por que me quede a tu lado quién demonios te entiende. ─ gruñó empezando a caminar con la joven a cuestas, estaba enojado, demasiado para importarle las suplicas de la mujer y su olor a miedo.
─ Suéltela, llamaré a la policía. ─ Comentó el hombre tomando su teléfono. Su instinto de supervivencia le alertaba que corriera lejos de la mortífera mirada dorada, pero el miedo de Kagome le daba fuerzas.
─ Feh…haz lo que quieras. ─ musitó caminado rápidamente con la mujer a cuestas.
Inuyasha paró un taxi y subió a la mujer en el asiento de atrás y se sentó a un lado de ella. Cuando llegaron al apartamento Inuyasha la bajó tomándola del brazo ella ni siquiera se negó y camino atrás de hombre, quien prácticamente la arrastraba.
El sonido de la puerta azotándose, logró que la mujer diera un saltito de susto en su lugar.
─ Kuso. ─ gruñó el hombre viéndola temblar de miedo. Hubiera preferido mantener la expresión de un amor puro en el rostro de Kagome, de esa mujer que no lo recordaba. Pero no había podido contener sus sentimientos y la había asustado.
─ Lo siento, lo siento, lo siento. ─ susurraba la mujer. Inuyasha no sabía por qué estaba tan temerosa, él ya había actuado en más de una ocasión con ella así y no había pedido perdón ni llorado.
Inuyasha se acercó a la mujer y colocó una mano en el rostro femenino. Kagome temblaba sin parar, esperando impaciente la próxima acción del hombre.
─ Tranquila, nunca volvería a hacerte daño. ─ susurró sinceramente, calmando sus instintos y su ira. Y luego de eso eliminó nuevamente todo contacto. La suave voz del hanyou logró que el corazón femenino latiera, ella no lograba entender que era esa mezcla tan extraña de sentimientos en su ser; solamente sabía que en ese momento se sentía segura y que el miedo se había extinguido.
Kagome miró finalmente a su alrededor, lentamente giró la cabeza examinando, los muebles estaban destrozados por toda la habitación, aún así sintió por primera vez algo de familiaridad. Ese lugar le producía una nostalgia casi dolorosa.
Inuyasha enfocó su mirada en el rostro de Kagome nuevamente al percibir el aroma salino.
─ Estas triste por que querías irte con ese humano; estarías feliz con él en su casa solos. ─ musitó "deduciendo" el por qué de las lágrimas femeninas. Kagome tan solo permaneció callada, no negando ni afirmando nada. ─ Tsk. ─ bufó el hanyou cruzando sus brazos y mirando en dirección contraria a la joven.
─ Inuyasha. ─ susurró finalmente la mujer. ─ ¿yo vivía aquí?. ─ indagó dulcemente. Inuyasha no contestó. ─ ¿Qué somos exactamente nosotros? ¿Amigos?, ¿novios?, ¿conocidos?, ¿familia?. ─ preguntaba.
─ Keh, eso no es importante. ─ aseguró el hanyou.
─ Para mí lo es, mi cabeza está hecho un lio, no sé si estoy segura aquí. ─ susurró.
─ Lo estas, solo eso debes saber, yo siempre te protegeré. ─ aseguró el hombre mirándola finalmente. Kagome se sonrojó levemente por la seguridad de sus palabras y todo su ser le creía.
─ Gracias. ─ susurró la mujer. Había sentido miedo minutos antes, pero en ese momento sentía una seguridad que nunca antes había sentido, como si nada pudiera dañarla.
Ambos quedaron en silencio por varios minutos, simplemente observándose y no sabiendo que más hacer o decir.
─ Tienes hambre, sueño o quieres tomar un baño. ─ susurró el hanyou ofreciendo lo que se le ocurría.
─ Quisiera bañarme, pero todas mis cosas quedaron en casa de Rin. ─ susurró. Kagome sabía que no había nada mejor que un relajante baño para ayudarla a superar un mal día. Inuyasha sonrió de lado.
─ Acompáñame. ─ musitó caminando rumbo a su habitación la joven lo siguió, al ingresar en la habitación Kagome se quedó en el marco de la puerta.
─ kyaaaaaa. ─ el grito femenino asustó y aturdió al mismo tiempo al joven.
─ ¡Que te pasa perra escandalosa!. ─ regaño girando la cabeza.
─ Tu, tu y yo…─ tartamudeo.
─ ¿Tu y yo qué?. ─ indagó el hanyou extrañado por el comportamiento de la joven y más aun por el color rojo del rostro de la mujer.
─ Tu…─ susurró nuevamente parecía muy perturbada por lo que Inuyasha se acercó intentando tocar su frente. ─ Encima de mi desnudo. ─ agregó. Inuyasha quedó de color morado y renunció a todo intento por tocarla. ─ ¿somos amantes?. ─ indagó mirando la cama.
─ ¡No!. ─ aseguró enfadado el hanyou ella no era su amante era su compañera, su esposa, no una simple amante.
─ ¿Estás seguro?. ─ indagó.
─ Si. ─ contestó seguro Inuyasha.
─ Ahhh…que alivio. ─ susurró la mujer.
─ Tsk…en el ropero tienes toalla y tu ropa. ─ musitó enojado dirigiéndose rumbo a la puerta.
─ ¿Estas enojado?. ─ indagó Kagome pero él no contestó, tan solo abandonó la habitación azotando la puerta. Kagome miró la cama cubierta con una sabana negra pulcramente arreglada se acercó y posó una mano acariciando la suave tela. Se sentía extraña; en el momento que tuvo el recuerdo casi pudo sentir la piel de Inuyasha pegada a la suya, la respiración caliente y jadeante del hombre, y lo sentía muy adentro suyo. ─ Ahhh….─ gimió frotando con frustración su rostro. ─ Si es así porque él lo negaría. ─ pensó.
Se dejó caer pesadamente sobre la cama y el aroma del hombre impregnado en la sabana le brindo una sensación de confort.
─ Debo levantarme no es mi cama. ─ susurró reprochándose, pero estaba tan cómoda que su cuerpo se negaba a obedecer. ─ Solo un minuto. ─ pensó cerrando los ojos.
El sonido del timbre alertó a la mujer que se levantó de un salto, miró hacia todos los lados, pero estaba todo tan oscuro.
─ Me dormí. ─ pensó recordando que cuando ella había tocado la cama aun era de día. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz emitida por la luna, se paró de la cama.
─ Kagome donde estas. ─ el grito emitido por el hombre, logró que la mujer se asustara y más aun al salir en la sala y ver al hombre que decía ser su compañero de clases acompañado de tres policías. ─ ¿Kagome estas bien…no estás lastimada…no te hizo nada?. ─ indagaba el hombre rápidamente.
Kagome tembló ligeramente al ver la expresión furiosa del hanyou.
─ Yo…─ susurró la mujer.
─ Señorita necesitamos que venga con nosotros para formular la denuncia, el joven dice que el Señor Inuyasha la secuestró. ─ comentó el policía viendo a la mujer.
Kagome miró fijamente a Inuyasha, quien presionaba fuerte sus manos en puño haciéndolos sangrar.
─ Tengo miedo, tengo miedo, tengo miedo. ─ pensaba la mujer mirando la sangre que goteaba desde la mano masculina.
Continua….
Hola…hola… uf. Si que ha sido mucho tiempo la espera, me disculpo, he tenido un descanso de una semana, pero prioricé mi otro fic ya que hacía más tiempo que no lo actualizaba, ahora estoy en pleno exámenes finales pero me di un tiempo para escribir, ya que si soy cruel, me encanta ver a las personas retorcerse ante mi jeje (es mentira), sé como lectora que es horrible la espera, pero en verdad, escribir lleva su tiempo y si estas cansada y estezada tardas horas y no escribes nada. En fin espero que el capi sea de su agrado y muchas gracias por sus comentarios; la prox semana termino con mis finales y ya tendré más tiempo para actualizar. Espero me tengan paciencia y disfruten la lectura.
Mizune- Mei
