Disclaimer: Los personajes de Sherlock Holmes no me pertenecen, sino a su autor Sir Arthur Conan Doyle, la serie "Sherlock" pertenece a la BBC. Este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.

Personajes: Sherlock, John Watson y otros.

Aclaraciones y Advertencia: Este fic contiene Slash, lemon, y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.

Resumen:Sherlock, John y Sherly han formado una familia, ¿Qué sucede cuando la pequeña princesa decide que es tiempo de ingresar un nuevo miembro?

Beta: ChechuFujoshi.

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La familia de papá

Capítulo 12.- El caso más difícil de Sherlock Holmes

John se dirigió a la cocina para preparar algo rápido, pero Irene no lo dejó, argumentando que le debía una cena a Sherly (aunque Watson sospechaba que era una simple excusa para que Sherlock al fin aceptara su invitación a comer).

Fueron a un precioso restaurante italiano; ahora que estaban en público, John no podía evitar preguntarse, la razón por la que Irene seguía con vida y como ésta llegó a conocer a Sherly o como es que podía ir por ahí sin preocuparse de ser arrestada.

Al parecer, Sherlock había logrado salvarla de ser decapitada y por extraño (o más bien estúpido e irresponsable), que pareciera, decidió llevar a Irene a la casa donde su pequeña hija vivía y luego estaba Isabel, quien de una u otra manera había hecho que Mycroft usara sus influencias para que Irene pudiese caminar libre sin preocuparse por ser arrestada o asesinada y al parecer, lo había logrado en pocas semanas.

—Sherly, ¿Cómo vas con tus clases de karate? —dijo Irene mientras aguardaban a que el mesero les trajera la comida.

—Dejé de ir cuando me mudé con padre y papá, pero no importa demasiado, ya era cinta negra —John se sintió el peor hombre del mundo al no saber que su pequeña practicaba artes marciales, aunque, siendo hija de Sherlock, era lógico.

—Ganaste el campeonato dos veces seguidas, es una pena que no pudieses participar este año.

—Tal vez deberías intentar con el baritsu*—comentó Sherlock y su hija asintió con alegría —. La esgrima no estaría mal.

—¿Puedo aprender a usar un arma? —preguntó la niña con ilusión.

—Cuando cumplas dieciocho —dijo John inmediatamente, pues estaba seguro que Sherlock le diría que sí e incluso (y de alguna forma que no quería ni imaginar), le compraría una.

—Pero padre y tú tienen —se quejó la niña haciendo el mismo puchero y esos ojos de cachorro que el detective que en el 99.99 % de las veces, terminaba por convencer a John de cumplir sus caprichos, por más estúpidos que estos fueran. Oh, pero esta vez no iba a funcionar

—Sherlock es un adulto y yo fui militar —aunque la verdad, no estaba seguro de si su novio realmente calificaba como un hombre adulto pues en ocasiones actuaba como un niño de tres años.

—Puedo decirle a tío Mycroft que me dé una para mi cumpleaños —dijo Sherly ocasionando que Irene soltara una risita.

—Tal vez si le das un pastel de chocolate, lo haga —agregó Sherlock y la risa de La mujer, aumentó.

John fulminó a Irene y a Sherlock con la mirada, ese par podían ser dos de las mentes más brillantes del mundo, pero en algunos aspectos, eran unos completos idiotas y por supuesto que no pensaba permitir que malcriaran a su hija, primero les rompería el cuello.

La cena transcurrió con cierta tención de parte de John a Irene —aunque ambos Holmes y la misma Adler traban de ignorarlo —, al finalizar, La Mujer se despidió de ellos para dirigirse a su hotel (para alivio de Watson, quien estaba seguro que cometería un doble homicidio si se quedaba con ellos).

Al bajar del taxi frente al 221B, se encontraron con Mycroft, al verlo, Sherry corrió a abrazarlo y muy a pesar de no haber correspondido el gesto, la niña sabía que su tío también estaba feliz de verla.

—Sherlock, Doctor Watson —dijo el político a modo de saludo.

—Lo siento mucho Mycroft, pero estas perdiendo habilidades. Me temo que se nos ha terminado el pastel —comentó el detective con su típico tono burlón. El mayor puso los ojos en blanco.

—Entremos, hace algo de frío y no quiero que Sherly se enferme.

Era gracioso ver a John con el complejo de "mamá gallina", aunque Mycroft se alegraba por su sobrina (pero era obvio que jamás lo diría en voz alta).

—El tío Mycroft vino por mí, siempre me lleva a pasear un día antes de mi cumpleaños, desde que tengo menoría —respondió la niña.

—¿Y por qué no me habías dicho? Pude haberte ayudado a empacar ropa para ti —dijo un poco molesto.

—No te preocupes papá, padre me ayudó ayer a hacer empacar algo de ropa para mí y para Smaug, iré por ella.

—No te molestes, querida sobrina, ya se encuentra en el auto, junto con tu canino —dijo Mycroft, después miró a su hermano y a John —. La traeré el domingo por la mañana —Watson asintió con la cabeza.

—Cuídate cariño —John le besó la frente a su hija, quien escuchaba atentamente todas las recomendaciones de lo que debía hacer y de lo que no, dándole a Mycroft la razón sobre el complejo de mamá gallina.

Cuando Mycroft y Sherly se fueron, John subió al apartamento, sin siquiera esperar a Sherlock; estaba realmente enojado con el idiota e insensible que tenía como novio.

Sherlock observó a John mientras éste recogía algunos de los juguetes de Smaug y los libros que Sherly habían dejado en el suelo; el doctor parecía bastante molesto pero el detective sabía que no tenía nada que ver con todo el desorden de su hija, después de todo, él solía dejar el departamento de cabeza y no parecía que a John le enojara (mucho).

—Estás molesto, pero no por el desorden, ni tampoco por el hecho de que Mycroft se llevara a Sherly… al menos no es la razón principal —John detuvo su labor de limpieza para mirar a Sherlock con el ceño fruncido. —Oh, es por La mujer, desde ayer que Sherly dijo que vendría comenzaste a actuar extraño.

—¿Quieres saber si estoy molesto?, ¿celoso? —dijo John con sarcasmo, pues era obvio que el detective ya habría deducido las razones de su actual estado emocional. Cómo deseaba arrancarle la cabeza en ese momento —Es por que el idiota de mi novio, nunca tuvo la menor consideración de decirme que Adler seguía con vida, ¡y viviendo con su esposa e hija que tampoco me dijo que existían hasta que la niña perdió a su madre!, ¿te parece suficiente?

Sherlock estaba realmente sorprendido, nunca creyó que John le reprocharía el hecho de haberle ocultado la existencia de Isabel y de Sherly. No entendía porque debía habérselo contado a John, después de todo no tenían más de un mes de ser pareja, antes de eso, no le debía explicaciones de sus actos.

Siendo sinceros, tanto Sherlock como Isabel usaron su estado civil para librarse de sus respectivas familias, después, ella creyó lógico tener descendencia, idea que le surgió después de que ambos estuvieron a punto de morir en los Alpes suizos, durante unas vacaciones familiares (obligadas). Isabel temía que alguno de los dos pudiera fallecer sin tener a alguien que continuara con sus legados, en un principio creyó que un aprendiz sería suficiente, pero esto no garantizaba que el individuo continuara con sus trabajos o que lograran encontrar al adecuado, adoptar, les planteaba problemas similares, por otro lado, un ser que compartiera sus genes, parecía una mejor opción, e incluso les permitiría realizar experimentos sobre el desarrollo y superioridad de un individuo nacido de dos personas como ellos.

Sin embargo, cuando Sherly nació y Sherlock la sostuvo en sus brazos; no pudo evitar pensar en lo perfecta y hermosa que era, por primera vez se cuestionó si el experimento que él e Isabel comenzaron, sería lo mejor para su hija.

Con el tiempo, Sherly se convirtió en el tesoro más valioso e importante en la vida del detective —irónico que un sociópata pudiese amar, en especial a una creatura inocente, pero así era—, por eso, cuando comenzó a ayudar a la policía como detective consultor y uno de esos criminales intento dañar a su hija como venganza, decidió que lo mejor era alejarse y se juró que jamás le hablaría a nadie de Isabel y de su pequeña, ya no quería poner en peligro a su niña, por eso nunca se lo contó a John.

En cuanto a La Mujer; había sido idea de Isabel permitirle vivir con ella y con Sherly, incluso convenció a Mycroft de borrar todo rastro de Irene Adler y darle la bienvenida a su familia como Irene Wellington, hija ilegítima de Richard Wellington, hermano de su padre.

—John…

—¡Cállate! —Watson se pasó una mano por la cabeza, peinando sus cabellos. —Sólo guarda silencio… Me dolió que no confiaras en mí para contarme sobre Sherly y de Isabel, lo admito —dijo un poco más calmado —. Siempre has sido un maldito insensible de mierda, así que no me sorprendió, lo que sí no te perdono, es que me ocultaras que esa mujer seguía con vida.

—¿Qué habrías ganado con saberlo, John? La vida de Adler corría peligro, nadie debía saber de su paradero.

—Oh, y tú siendo el héroe que eres, decidiste salvar a la damisela en peligro —tal vez John estaba actuando como un idiota, pero no podía evitarlo, todo lo relacionado a Irene con Sherlock, le hacía hervir de celos.

—No soy un héroe y lo sabes, John —Sherlock no entendía la razón por la que el doctor actuaba así, ¿no le había dado ya suficientes muestras de amor?

—¡Admite que estabas enamorado de ella y que aún lo estás! —gritó enojado. Oh, así que de eso se trataba el asunto. Sherlock sonrió de forma gatuna, se acercó a John y lo abrazó, éste forcejeo tratando de soltarse, pero el detective no lo permitió.

—Escúchame bien porque no pienso volver a repetirlo otra vez —dijo Holmes y Watson lo miró enojado —. En mi vida he amado sólo dos veces, a Sherly y a ti. Sí, estaba intrigado por Irene pues sólo había conocido a una mujer con la inteligencia y astucia para poner de rodillas al imperio británico y esa fue Isabel (puedes preguntarle a Mycroft sobre eso si no me crees), por eso es que quería saber más de ella.

John guardó silencio, cerró los ojos; se sentía como un real imbécil al sentir celos y desconfiar de Sherlock. Lentamente se fue acercando y lo besó con cariño.

El beso se fue intensificando, hasta que ambos terminaron en el suelo, pronto las ropas esparcidas por la habitación. Fue una noche de entrega total, por primera vez, Sherlock experimentó ser el activo, disfrutando de cada centímetro en el cuerpo de John.

Ninguno de los dos supo cómo terminaron en la cama, tal vez fue en la cuarta o quinta vez que lo hicieron, no estaban seguros.

—Eso fue… wow… —el sexo de reconciliación era sin duda el mejor. John daba gracias de que Sherly no estuviera en casa, no quería causarle algún trauma a su hija, lo que le recordaba otra cosa. Sacó a Sherlock de una patada de la cama.

—¡John! —se quejó el detective, levantándose de un salto, enojado por haber golpeado su cabeza contra el suelo mientras estaba por quedarse dormido.

—Hoy duermes en la bañera y no intentes engañarme con irte al sofá, William Sherlock Scott Holmes —dijo John molesto. El detective levantó una ceja, confundido por el radical cambio de humor de su novio —. Ni creas que se me ha olvidado el que no me avisaras que Sherly se iría con Mycroft, yo también soy su padre, por si lo haz olvidado.

Sherlock abrió la boca para protestar, pero John no se lo permitió.

—Y nada de experimentos por un mes, mi casos (a menos que sean de vital importancia) y ni se te ocurra desobedecerme.

El domingo llegó, John y la señora Hudson se encargaban de limpiar y adornar el departamento para cuando llegara Sherly, por otro lado, Sherlock estaba enfurruñado en el sillón, dándoles la espalda; el detective aún no podía creer que había terminado durmiendo en la bañera, aunque no importaría si pudiera hacer sus amados experimentos o resolver algún caso, ¡pero ni eso!, ¿Por qué demonios se dejaba ordenar por John? Ni él mismo lo sabía

El cumpleaños de Sherly sería una reunión familiar, donde los únicos niños serian la festejada y la hija de Lestrade quien estaba de visita en Londres.

Conny Lestrade de 11 años, era un poco más alta, grades ojos verdes y cabellera castaña. Sherly y ella se conocieron el día anterior y ni bien fueron presentadas, la menor de los Holmes decidió que la otra niña sería su amiga y que juntas resolverían casos y atraparían criminales, como lo hacían sus padres. La chica Lestrade era divertida, aunque un poco idiota, pues no se había dado cuenta que su papá tenía una relación con Mycroft, a pesar de haberlos visto convivir todo un día (y casi comerse con la mirada), pero como decía Sherlock: las personas ven, pero no observan.

La fiesta transcurrió sin mayor contratiempo; Sherly recibió una gran cantidad de regalos, incluso de los miembros de Scotland Yard, quienes usaron a Anderson como el mensajero. Mycroft le prometió a su sobrina hacer lo necesario (incluido "accidentes"), para que Conny se quedara con Greg y así pudiese pasar más tiempo con ella, algo que le encantó a la menor de los Holmes.

John logró controlar sus celos hasta el final de la reunión, por suerte, Irene se iría el martes y ya no volvería a verla en un largo tiempo (esperaba que nunca).

Era sábado por la mañana, John estaba en la clínica, la señora Hudson había salido de la ciudad con unas amigas y no iba a regresar hasta el jueves, Mycroft estaba desaparecido (seguramente metiendo sus narices en el gobierno de otro país), Lestrade con él y Molly de vacaciones con su actual novio.

Sherlock estaba en la cocina realizando experimentos (John le había levantado el castigo después de la partida de Irene).

El piso se encontraba en relativa tranquilidad, ni siquiera se escuchaban los ladridos de Smaug, pero el detective no le prestó atención; seguramente Sherly y el can practicaban algún nuevo truco.

—¡Papá! —Sherlock se levantó de un salto y corrió por las escaleras, para llegar al cuarto de su hija. Desde un par de días atrás, la niña había insistido en que sus padres debían dormir en la misma cama, por ello, Sherly se mudó a la habitación de John y éste a la de Sherlock.

La niña estaba en el medio del cuarto, llorando y murmurando que se iba a morir. Su pantalón blanco estaba manchado de sangre que le escurría de la entrepierna. Sherlock abrió los ojos de par en par, se puso pálido; estaba frente a la peor pesadilla de un padre: la primera menstruación de su hija y estaban solos.

—Padre —volvió a llamar la niña tratando de contener el llanto. Sherlock se acercó a su hija con paso trémulo. En toda su vida, el detective había pasado por situaciones que ningún ser humano normal podría soportar sin volverse loco o intentar quitarse la vida, pero nada lo había preparado para algo como eso.

Una cosa era leer un libro y conocer la biología humana y otra muy diferente era tener que enfrentarse a ella.

—Tranquila Sherly, no te vas a morir, es sólo… —se aclaró la garganta visiblemente nervioso, asustando más a la niña —es tu primer periodo. Ve a bañarte yo… iré… ammm… algo para que… —volvió a aclararse la garganta —para que te pongas.

La niña asintió con la cabeza, un poco más calmada, tomó algo de ropa y se dirigió al baño, seguida de Smaug quien parecía seguir preocupado por su dueña.

Sherlock sacó su móvil para llamar a John pero no contestaba, le envío mensajes, nada, intentó con Molly, Lestrade, Irene, Anderson, incluso con su hermano y Donovan, pero sin éxito, ninguno parecía estar disponible. Finalmente se armó de valor, éste sería el caso más difícil al que se hubiese enfrentado, pero lo haría por su hija.

Salió del 221B para dirigirse a la tienda de autoservicio más cercana, entró en el pasillo de cuidado femenino y se quedó mirando los estantes por un rato; había una cantidad increíble de toallas sanitarias, había para flujo abundante, moderado, nocturnas, con alas, sin alas, pequeñas, grandes; era un verdadero infierno, aún peor que pasar la tarde tomando el té con su madre y Mycroft.

—¿Puedo ayudarlo? —una de las dependientas se había acercado al verlo frente a las toallas femeninas, pues comenzaba a asustar a las clientas por sus monólogos y amenazas de muerte a sus amigos y/o familiares.

—Necesito… amm —señaló el producto que deseaba. Era increíble que no le incomodara estar desnudo frente a otros, pero se sentía avergonzado de estar comprando algo tan mundano como unas simples toallas femeninas.

—¿Son para usted? —Sherlock levantó una ceja, ¿enserio?

La mujer no tenía más de 22 años, trabajo de medio tiempo para pagar sus gastos universitarios, su cuello tenía algo en particular que hizo al detective comprender, era un transexual.

—Para mi hija, es su primera vez con… —la "mujer" le sonrió comprensiva, escogió un paquete y se lo entregó al Holmes.

—Es usted un gran padre, ojalá muchos hombres hicieran esto por sus hijas —dijo. Sherlock bufó molesto y se dirigió a la caja para pagar y poder regresar a casa, cuando John regresara, lo regañaría por no atender su móvil, después se quedaría en su palacio mental por horas, dejando que su novio lidiara con la biología de Sherly, oh, sí, eso pensaba hacer.

Fin…

Bueno, aquí termina el fic (en parte), quedan dos capítulos de la boda de Sherlock y John con una Sherly ya adolecente y con algo de drama, angustia o lo que mi mente pervertida se le ocurra XD

Bueno, hasta la próxima!