N/T: Holaa, siento no haber subido capítulo el viernes pero prometo que lo tenía traducido. Lo que pasa es que este fin de semana ha habido una convención de The Vampire Diaries en mi ciudad y desde el jueves hasta hoy he estado liada con ello y ni he pisado mi casa así que no pude colgar el capí /

A cambio, para compensar lo subo hoy y el jueves subiré el siguiente así que tendréis que esperar poquito entre uno y otro ;)

Espero que os guste :3


En el coche, la radio suena bajita y ahoga los pensamientos no dichos. El camino a casa es largo y pesado.

Finalmente, Cas habla. —Disfruto con nuestro trabajo.

Dean le mira.

—Me gusta tener algo que hacer —continúa Cas, mirando por la ventana—. Me da un propósito. Y me gusta trabajar contigo.

Dean mira la carretera y aprieta su agarre en el volante.

—Creo que tenías razón al rechazar el encargo —Puede sentir a Cas redirigiendo su mirada, taladrando a Dean, cortando a través de su piel—. Pero me gustaría seguir trabajando para Jody, si podemos.

—Lo siento —murmura Dean—. Siempre estoy jodiendo las cosas.

Cas le alcanza y le palmea el brazo. —Lo sé.

Hay un latido de silencio.

—Eso era una broma —dice Castiel—. Estaba bromeando.

—Eso no era una broma —replica Dean—. ¡Tú crees que lo jodo todo!

—Esa es una declaración muy amplia.

—¡Así que lo admites!

—Normalmente eres competente en la mayoría de áreas…

—¡Competente! ¡En la mayoría de áreas! Wow, Cas, para con los halagos…

—… pero tienes una tendencia a agravar las discusiones.

—Me peleo demasiado, ¿eso es lo que estás diciendo?

—Sí.

—De todas las cosas ridículas…

Paran delante de la casa aún discutiendo. Dean aparca el coche pero deja el motor al ralentí. —Son casi las 5 —dice—. Corre a dentro y coge tu libro y te llevaré a Becky's…

Jody no sabe que decirle a Bobby.

Al final deja escapar, —Hemos tenido una pelea. Dean y yo.

Bobby está ocupado devorando su estofado de pollo, llenándose la boca de cucharadas tan rápido como le es posible, pero ante sus palabras titubeantes sus manos se sacuden. Levanta la vista de su bol. —¿Cómo de grave?

Jody suspira. —Nada que no se pueda arreglar con una tarta en el momento oportuno —admite ella—, pero… ambos nos pusimos bastante intensos.

Bobby no la presiona para elaborar lo que ha dicho. Él nunca lo hace. Siempre va directo al corazón del asunto. —¿De quién fue la culpa?

—¡Suya! —responde Jody indignada. Entonces gruñe y apoya la cabeza en la mano—. Vale, mayoritariamente mía, pero… ¡Es muy terco, Bobby! No tiene ni idea de lo mucho que estoy intentando ayudar.

—Quizá sí la tiene —sugiere Bobby—. Quizá no quiere la ayuda. No puedes salvar a alguien que no quiere ser salvado.

Jody frunce el ceño y cruza los brazos. —Tonterías.

Bobby resopla. — Y dices que Dean es el terco.

—Oye, si veo a un chico en un alfeizar y no puedo convencerle para bajar, no voy a simplemente dejarle saltar —dice Jody—. Voy a estar esperándole abajo con un trampolín. Solo porque te rindas contigo mismo no significa que yo también tenga que rendirme.

Bobby la observa durante un minuto, con esa sabia mirada que siempre precede a algo que Jody no quiere oír. —Entonces sigue adelante, cariño —dice él—. Saca los trampolines. Solo estate preparada cuando él vuelva a subirse a ese alfeizar al día siguiente, y al siguiente, y todos los demás días.

Jody entrecierra los ojos.

Bobby vuelve a su estofado. —Gran trabajo con la cena.

—Es solo un estofado —refunfuña ella—. Un niño de guardería podría hacerlo —toma un poco de su propio bol, y tiene que admitirlo, está bastante bueno.

Es diez minutos después cuando ambos oyen un golpe en la puerta.

Jody empuja su silla hacia atrás. —Adivina quién debe ser.

—No seas dura con él —dice Bobby.

Jody le ignora y camina hacia la puerta principal.

Efectivamente, Dean Winchester está de pie en el porche delantero, con los pies torcidos hacia dentro y avergonzado y a pesar de ser bastantes centímetros más alto que ella, luciendo como un niño pequeño intimidado.

—Hey, Jody —le saluda él—. Acabo de dejar a Cas en su club de lectura, y me he dado cuenta de que estaba en el vecindario…

Jody alza una ceja. —¿Club de lectura? ¿Eso no es algo de persona de mediana edad con el nido vacío?

—Es… es Cas haciendo cosas de Cas —replica Dean a la defensiva—Él tiene el club de lectura, yo tengo el campo de tiro, y ambos conseguimos algo de espacio para respirar, así que puedes… —sacude la cabeza y ondea la mano—. Mierda, no, estoy yendo con mal pie. Jody, he venido a disculparme. Lo siento por ser un gilipollas.

Jody siente una punzada en su corazón, un deje de compasión que reprime y pisotea hasta que somete. —Ya sabes, Dean —dice ella en tono duro—, realmente me molestó, el modo en que hablaste en la oficina. Sé que no hace mucho tú eras mi superior, y nunca seré tan cercana a ti como Bobby, pero…

—No, tenías razón —le interrumpe Dean serio—. Eres familia, Jody. Sé que solo intentas cuidar de mí. Lo sé. Y sé que… —traga con fuerza y se mira los pies—. Cuando todo se derrumbó sobre mí, huí. Y dejé que todo cayera sobre ti. Eso no fue justo, y… entiendo el por qué estás enfadada. Tienes derecho a ello.

La punzada de compasión se derrite formando un charco. Hace una bola con la mayor parte de ello manteniéndolo en su interior pero un poco se escapa de todos modos, así que lo recoge con un último esfuerzo. —No te estoy pidiendo que lo arregles —dice Jody tranquilamente, sinceramente—. Solo te estoy pidiendo ayuda.

Puede ver las emociones enfrentándose en el rostro de Dean, la lucha allí, el conflicto grabado en las líneas de su boca y el ceño en sus cejas. —Lo siento —dice—, pero créeme cuando digo… que no puedo.

Jody suspira.

Ella le cree, lo hace. Desafortunadamente, a pesar de la ayuda de Dean, hay una red de narcotráfico expandiéndose en el condado que se ha convertido en su responsabilidad hace nueve meses y los periodistas y presentadores de noticias y madres preocupadas están arañando su espalda y ella ha estado ejecutando las andrajosas fuerzas intentando detenerlo, y la única herramienta que no ha usado está ante ella diciéndole que es inútil. Y de algún modo, se supone que debe aceptarlo.

Cuando Dean era sheriff, Jody solía preguntarse como el chico mantenía todo a raya. Desde que él se apartó, se ha dado cuenta de cuánto tiempo pasaba haciendo ver que todo estaba a raya. El Mago de Oz tras la cortina, una distracción, un juego de manos, un flash de luz y una nube de humo para cubrir las noches sin dormir y el licor en tu vaso.

No es culpa de Dean. Jody solo necesita convertirse en un mago mejor.

—Lo entiendo, Dean —dice Jody—. Y no te lo pediré más. Es solo que es muy difícil verte sentado al margen cuando te necesito tanto en el juego —se frota el codo—. El precio que pago por ser la mandamás, supongo.

Dean asiente, un asentimiento lastimero. —Trabajo de mierda, ¿eh?

Jody sonríe irónicamente. —Completamente mierdoso. Pero alguien tiene que hacerlo.

Ambos se quedan en la entrada y se observan el uno al otro.

—Por qué no entras —dice—. He hecho estofado de pollo.

Dean levanta la barbilla y entrecierra los ojos sospechosamente. —Así que… has descubierto mi debilidad.

Jody sonríe con suficiencia. —La comida es la debilidad de todos los hombres.

—¿Vosotros dos habéis acabado ya de cotorrear? —llama Bobby desde la otra habitación—. ¡Estáis dejando entrar la corriente!

Jody pone los ojos en blanco y Dean entra, y pronto están cenando juntos y hablando despreocupadamente y todo es como debería ser.

Dos horas más tarde, Castiel se despide de la mujer con el nido vacío y se desliza en el asiento del pasajero junto a Dean.

—¿Te has divertido? —pregunta Dean.

Cas sonríe y alisa la cubierta de su libro de tapa dura. —Me gusta Jane Eyre.

Dean resopla, y entonces se agarra a sí mismo y lo convierte en una tos.

Cas le mira.

—Genial —dice Dean—. Eso es genial.

—Es un buen libro —dice Cas serio—. Deberías leerlo antes de burlarte.

—Es solo que no parece de mi tipo —lo elude Dean—. No me van mucho los libros… de chicas.

Las cejas de Cas descienden y su rostro se oscurece. —No es un libro de chicas. Es un libro sobre una mujer. Hay una clara diferencia.

—¡Vale, vale! —Dean alza una mano en señal de rendición.

Cas le mira durante unos instantes. —Sabes que, me recuerdas un poco a uno de los personajes.

Dean frunce el ceño. —¿Quieres decir que Batman sale en ese libro?

Cas ignora su comentario. —Cuando Jane es una niña pequeña, es enviada lejos a una escuela de beneficencia —continúa él—. Allí le enseñan que las chicas desobedientes son enviadas al infierno. Cuando el director le pregunta a Jane si quiere ser enviada al infierno, ella responde que no. Entonces él le pregunta que hará para evitar ese destino. Ella se lo piensa, y le dice… "procurar no estar enferma para no morirme".

Dean tiene que reírse ante eso.

Cas sonríe y mira por la ventana. —Pensé que suena como algo que tú dirías.

—Sí —admite Dean—. Esa te la concedo.

—Pero lo que encuentro realmente interesante es Thornfield Hall —dice Cas. Está en un humor hablador, al parecer; Dean nunca le ha oído hablar tanto sobre su club de lectura.

Aunque por otro lado, Dean nunca había preguntado.

—Jane va a trabajar a Thornfield Hall, y se enamora del dueño de la casa, el Sr. Rochester. Durante un tiempo parece que el destino y sus posiciones en la vida los mantendrían separados, y entonces el Sr. Rochester finalmente le propone matrimonio. Están a punto de casarse, pero… —Cas baja la mirada hacia el libro en su regazo, una ligera arruga de preocupación aparece en su frente—. Pasa algo en Thornfield. Algo oscuro, y secreto. Mientras Jane y Rochester deberían ser felices, algo va mal. Hay señales. Presagios. Rochester actúa de forma extraña. Jane tiene sueños raros… —Cas se va apagando y desliza su pulgar sobre la cubierta del libro, perdido en sus pensamientos. Sus ojos están enfocados en algún punto de la cubierta y aun así en algún punto en la distancia, algún lugar lejano y profundamente introspectivo, y sus labios están ligeramente separados, como si se hubiera olvidado de las palabras a medio decir en su boca.

Dean para en un semáforo y palmea la pierna de Cas. —No te obsesiones demasiado, amigo —dice—. Es solo un libro. Estoy seguro de que acabará bien.

Cas mantiene los ojos fijados en la cubierta de Jane Eyre, incapaz de alejarse de sus pensamientos y unirse al mundo de los vivos.

El semáforo cambia a verde y Dean vuelve a conducir. —Me he pasado por casa de Bobby —le dice a Cas—. He hablado con Jody. Creo que las cosas están bien entre nosotros.

—Bien.

—No sé tú, pero yo me alegro de haber acabado con el caso de Yuri. Me vendría bien algo de descanso…

—¿Para jugar a más videojuegos? —pregunta Cas.

—¡No solo juego a videojuegos! —protesta Dean—. También… hago… modelos de coches y mierdas.

Cas alza las cejas.

—Lo hago —insiste Dean—. Solo que no lo he hecho… recientemente.

Las cejas de Cas se elevan incluso más.

—Cállate —suelta Dean— Estás celoso.

Cas se gira para mirar por la ventana, y una pequeña sonrisa tira de sus mejillas.

—He dicho que te calles —gruñe Dean.

Cas no dice ni una palabra, e incordia a Dean de igual modo.

Y Dean es afortunado de estar conduciendo, porque si no lo estuviera, probablemente haría algo realmente estúpido como sujetar a Cas contra un muro y besarle hasta sacarle toda la burla. Y entonces el hecho de que se le ocurra a Dean como un posible curso de los acontecimientos le hace sentir la cabeza ligera y la boca seca, así que se obliga a dejar de pensar en ello.

Paran en la entrada, los neumáticos del Impala crujiendo sobre grava helada. En la invernal oscuridad, la casa es hermosa, tiras de clásicas luces navideñas cuelgan del tejado, las del tamaño de un huevo que queman al tocarlas, reliquias que Dean encontró enredadas en el sótano. La noche ha envuelto el tejado totalmente con fina escarcha blanca que destella bajo las anaranjadas luces de la calle, y el césped está apelmazado también, cubierto con hielo, crujiente y pálido y brillante. Los dos se sientan en silencio durante un momento, bebiendo de la reluciente noche.

—Es casi Navidad —dice Dean.

Cas asiente.

Un extraño golpe frío de aire se cuela bajo el cuello de Dean, y tiembla.

—Vayamos a dentro —murmura—. Se me están congelando hasta las pelotas aquí fuera…