Hola Gente!!!! Cómo estan???? Si, me fui de vacaciones a un lugar sin inet pero no me olvidé de BTH!!!! Em, bueno, el capitulo esta fuerte, estan advertidos. Cómo dice la puerta del infierno de Dante Alighieri ¨Los que aquí entran dejan toda la esperanza...¨ Asi que, los que entran a leer este capitulo dejaran todas sus lagrimas derramadas en el teclado, asi que les recomiendo tener una caja de pañuelitos descartables cerca n,n
Breaking the Habit
Capítulo 13: The Last Night.
-Ya casi esta listo el hechizo de rastreo, Batman.-
-Entonces comencemos…-
En la Atalaya, Zatanna terminaba de preparar los últimos ingredientes del conjuro para romper la magia de Circe. Bruce, apoyado en la pared, observaba en silencio todo el proceso. Habían pasado ya ocho meses desde que Diana había llevado a Raven a Themyscira y aún no habían podido sacarla de allí. Que Hipólita la hubiese aceptado en aquel lugar era demasiado sospechoso, generalmente las amazonas trataban de evitar los problemas dentro de la isla. No podía entender como Diana había dejado a la joven en aquel lugar, el lugar de donde su propia madre la había echado sin siquiera considerarlo dos veces.
Por otro lado estaba Circe. Había recurrido a sus contactos y habían hablado con la Justicia nuevamente y esta les había dicho que Circe no tenía ningún trato con los dioses, pero que no estaba del todo mal, porque si los dioses lo permitían entonces era algo justo. Le había costado aceptarlo, pero hacía tiempo ya que se había reconciliado con la idea de que existían entidades mágicas que jugaban con la vida de todos ellos a los que llamaban mortales. Difícil no aceptarlo trabajando con la gente que trabajaba en la Liga. No le gustaba nada esa sensación de que alguien estuviese tirando de los hilos de su vida, pero quizás esta vez él podría ser más inteligentes que ellos.
Ya era demasiado tarde para que Raven abortara…y la idea no le había gustado desde el principio. Recordó el golpe que Robin…, no, Nightwing le había asestado. Esa pelea había sido por todo lo que el joven había sufrido. Diana tenía razón, él era su hijo. Había estado meditando el asunto desde la muerte de Jason pero llegó a la conclusión de que no sabía como hablar con él. Apenas lo conocía en realidad. No podría decir qué cosas le gustaban y qué era aquello a lo que le escapaba durante las largas noches de insomnio. Serían tal vez sus padres…pero algo le decía que el muchacho no era como él. ¿Qué podría decirle? Se avergonzaba de su anterior conducta con su protegido, lo había ignorado demasiado durante toda su niñez. No se atrevía a hablarlo si quiera con Alfred.
Pero ahora, ahora estaba seguro de que las amazonas no tramaban nada bueno, no para Raven por lo menos. No pensaba dejarlos solos a los Titanes nuevamente, si la Liga no iba a hacer nada, él trabajaría por su cuenta, sin remordimientos, como siempre.
Unos fuertes golpes interrumpieron el ritual y luego la puerta se abrió. Wonderwoman entró a la habitación y se quedó petrificada ante lo que vio. Zatanna tuvo que frenar el conjuro, las velas que se encontraban en los vértices de la estrella sobre la que trabajaba se apagaron.
-Sabía que ibas a intentar algo así… ¿¡Porqué haces esto?!-
-Espera un segundo.- Zatanna trató de hablar, pero la amazona se apresuró a callarla.
-¡Silencio, ilusionista! ¡Están metiéndose con mi gente!-
-Diana, están haciendo tratos con Circe.-
-¡No puedes ser tan insensible!-
-No quiero que la joven aborte. Algo no está bien en esa isla…Circe no tiene ningún trato con los dioses.-
-¿Qué sabes tú?...Simplemente eres…- Wonderwoman lo miraba con odio, atrapada en el enojo que sentía en ese momento.
-Dilo.-
-Un simple mortal.-
-Eso no es una novedad, princesa. Algo esta pasando en Themyscira y tu madre debe saberlo muy bien.-La voz de Batman sonada dura, como si le estuviese diciendo una verdad que hasta ese momento ella no se dignada a aceptar.
Diana se arrepintió al momento siguiente del que las palabras salieron de su boca. No se jactaba de su ascendencia, ya que sabía que todos allí valían lo mismo, sin importar de donde viniesen fuesen mortales o inmortales. Bruce en especial…y le dolía saber que él no confiaba en ella. Pero no podía dudar de su madre, su madre siempre había hecho lo correcto para su pueblo. Los dioses eran justos.
-Voy a Themyscira a ver a Raven.-Se acercó a Zatanna y le arrancó de la manos el diario de Raven.- Y voy a devolverle esto.- Salió de la habitación con paso decidido, sin mirar hacia atrás.
-Deberías seguirla, por lo que pude sentir, Raven estaba haciendo un hechizo muy complicado pero algo salió mal.-
Batman asintió y salió rápidamente por la puerta. Circe estaba jugando nuevamente y eso no podía permitirlo. Pero tenía la impresión de que esta vez no podría solucionar las cosas cantando.
La piedra se sentía dura y fría contra su cuerpo. Sentía como si la hubiese tragado una oscuridad donde no percibía nada más que su débil conciencia. Trató de moverse y finalmente sus miembros respondieron, pero había algo extraño, su alma rechazaba su cuerpo, como si ese no fuese el propio.
Raven abrió los ojos y se encontró encerrada en una celda. Miró a su alrededor y no reconoció el lugar donde estaba. La cabeza le estallaba con cada movimiento que hacía y cada músculo de su ser le gritaba que dejara de moverse. En especial su vientre. Al sentir una punzada de dolor justo allí fue cuando el pánico cayó finalmente sobre ella. Estaba conjurando el hechizo para sellar sus poderes demoníacos en el medio del lago.... Estaba por tener a su hijo. ¿¡Dónde diablos se encontraba ahora?! El dolor en el vientre se hizo más profundo, como una cuchillada, como si le hubieran arrancado el abdomen. Buscó frenéticamente con los ojos alguna señal, algún indicio, pero apenas podía pensar, presa del miedo. Sintió su estómago revolverse al fijarse en el piso de su prisión. Sangre. Roja y fresca, emanaba un olor dulce y metálico, aumentando su sensación enfermiza. Tenía que salir de allí, tenía que saber que había ocurrido con su hija. Trató se invocar sus poderes, pero estos todavía se encontraban débiles. Estiró sus brazos para asir los barrotes pero lo que vio la dejó helada. En el lugar de sus manos había garras. ¡Ese no era su cuerpo! ¿En que clase de criatura se había convertido? Escuchó una risa y los pelos en su nuca se erizaron. ¿Cómo no lo había pensado antes? Circe, ella era la culpable.
-Así es, querida Raven.-La bruja habló, contestando a sus pensamientos.- Quería transformarte en algo más afín a tu nombre, pero un cuervo no era lo suficientemente grande para cuidar la puerta del Tártaro. Un lobo, por otro lado…-
Raven mostró sus nuevos dientes afilados y le lanzó un gruñido en una promesa de muerte. Circe solo se limitó a reírse y mirarla con desdén. En ese momento entró a la habitación Hipólita. La reina llevaba en brazos un bulto envuelto en una manta. Al sentir la presencia que se encontraba cobijada allí la demonesa sintió como el corazón le daba un vuelco. Allí estaba Lilith, allí estaba su hija. Gruño nuevamente y la mujer sonrió cruelmente.
-¿Realmente pensaste que íbamos a ayudarte así por qué si? No, no nos rebajamos a tratar con los de tu clase a menos de que los dioses lo ordenen, como fue el caso. Es realmente hermosa tu hija, lástima sus ojos. Amatista, como los tuyos. Esa será la marca que llevará por siempre, recordándole lo que realmente es… ¿Bruja, cuánto hay que esperar para que la transformación este terminada?-
-Un día completo. Después de eso podremos encerrarla en el Tártaro bajo nuestras órdenes. Jujuju. Parece que los dioses tienen sus internas y decidieron apoderarse del infierno, demasiado problema les trae.-La bruja caminó hasta la jaula donde Raven se encontraba y, esquivando un tarascón que esta le lanzó, la tomó fuertemente por la quijada.- ¿No serás lo suficientemente estúpida como para querer liberarte del hechizo, o sí? No tienes ni la fuerza ni el poder para hacerlo. Si lo lograses, no podrías frenar tu transformación y acabarías reduciendo este mundo a cenizas. Tu padre sólo no tiene la fuerza para volver, pero seguramente robaría tus poderes de demonesa y volvería a reducirte a la nada. La verdad que esta es la mejor solución, deberías dejar de mirarme con ese odio y agradecernos. Tu querida hija se quedará con nosotros y a partir de mañana nadie entra ni sale de esta isla.-
-Deja de jugar con fuego, Circe. No le reveles más de lo que tiene que saber a esa infeliz. Mañana completará su transformación y nada recordará de todo lo ocurrido. Su hija se quedará como sirviente de los dioses, como lección para estas criaturas oscuras que pretenden tener dominio sobre lo que no es suyo.- Hipólita dejó a la niña sobre una cuna improvisada y se marchó junto con la bruja.
Raven se dejó caer, rendida, sobre el piso de su jaula. ¿Qué más podía hacer? Estaba atrapada y en unas horas dejaría de ser ella misma para toda la eternidad. Este no era el final que ella esperaba. Esperanzas, esas estúpidas estrellas brillando en su conciencia la habían engañado. ¿Qué esperanza podía tener ella, un ser que había nacido de la oscuridad? Sintió una punzada de dolor en el pecho, Richard estaba equivocado. Pero no lo culpaba por haberla hecho creer. Creyó por unos años que realmente podía cambiar su destino, que ella era la dueña de su propia vida, que la justicia a la que tanto defendían era real. Pero todo era una mentira. ¿Qué más se podía esperar de un mundo donde los dioses están corruptos por el poder y donde los demonios tratan de hacer el bien? Todo estaba mal, todo estaba torcido.
En medio de sus oscuras cavilaciones sintió una débil palpitación dentro de su ser. Sentía como la sangre oscura quería tomar poder, pero no podía, restringida por una magia que no era la suya. Como ser de las sombras, buscaba volver a estas, así era como debía de ser. Este pensamiento cruzó por su mente como una sentencia realizada con profunda voz y terrible eco. Como todas las que había hecho sobre su vida, los titiriteros de esta eran realmente crueles. Nunca las había aceptado en el fondo de su alma, le parecían demasiado terribles para ser verdad. Pero en ese momento, ese momento que sentía que lastimarse y dejarse desangrar hasta la muerte era lo mejor que podía hacer, su alma comenzó a aceptar la verdad. Desde ese momento vio el camino claramente, por primera vez. ¿Y…si todo era como lo habían vaticinado los crueles titiriteros?
La palpitación volvió, con más fuerza, como contestándole a su pregunta. Había notado la tensión mientras hablaban Hipólita y Circe. Le temían. Hablaban con desdén sobre lo que era ella, pero en el fondo le temían. Tenían razón en hacerlo, ya que su magia, si bien poco explorada, era de una jerarquía mayor que la de la bruja. Leyendo en la biblioteca descubrió que su poder podía llegar a equivaler al de los dioses, si se entregaba al impulso natural que sentía dentro de ella. Por eso habían tratado de disuadirla de aquella manera y casi lo lograron. Pero no contaron con que tenía una parte humana dentro. Y los humanos se caracterizan por no rendirse en los momentos más insólitos e impensables. Se incorporó y miró hacía donde estaba su hija. No iba a dejarla pudrirse para siempre en esa isla maldita, al servicio de esas desalmadas fanáticas. El instinto de supervivencia se hizo más fuerte en ella y se sonrió macabramente por dentro. Si, era lo suficientemente estúpida como para romper el hechizo y entregarse a su destino. Pero no sin antes dejar todo arreglado.
Su sangre comenzó a fluir rápidamente y un orgullo que desconocía poseer la invadió. Nadie iba a jugar nunca más con ella. Nunca más. Nadie iba a poner sus manos sobre el destino de Lilith. Lo juraba aunque tuviese que destruir el mundo y en ese momento selló su destino. Sus ojos brillaron de color blanco y su poder comenzó a condensarse. Una rabia inhumana la invadía, un enojo inexplicable. No era como cuando se dejaba poseer por su padre, este era frío y provenía de ella misma. Lo había sentido antes, aquella vez que rehusó seguir las órdenes de Robin, o aquella vez que había atacado a Starfire. Pero ahora era diferente, ahora era plenamente conciente. El resplandor de sus ojos se expandió al resto de su cuerpo, iluminando el lugar de una luz pálida que recordaba más a muerte que a vida.
Probó primero sus piernas y estas le respondieron perfectamente, permitiéndole levantarse. Se miró y vio que las runas que tenía tatuadas en el cuerpo y la marcaban como hija del demonio habían vuelto a aparecer. Pero resplandecían ahora con esa luz blanca y no la roja fuego que representaba a su padre. Su capa y su traje habían vuelto, pero eran de un color rojo pálido. Detuvo su análisis ya que no tenía tiempo. Las runas palpitaban débilmente, pero sentía como su poder iba regresando de a poco. Era demasiado tarde ya para conjurar un hechizo y sellarlos. Pensó en la situación en la que se encontraba y se asustó al darse cuenta que apenas la conmovía por dentro. Su mente estaba trabajando con una frialdad que ella no habría soñado alcanzar en la época en la que se esforzaba por controlar sus sentimientos. Era como si su humanidad se estuviese desvaneciendo...
La conclusión la obligó a entrar en acción. Sus poderes destruyeron fácilmente el hechizo de barrera de la jaula y salió de esta sin tambalearse, su cuerpo estaba recuperado por completo. Se acercó rápidamente hacia donde estaba su hija y ninguna sangre oscura le impidió sentir la emoción de alzarla en brazos por primera vez. La niña abrió sus ojos y poseía una mirada inteligente. Se miraron durante unos minutos, ambas reflejándose en los ojos violáceos de la otra. Raven sintió la punzada de su poder y sus runas volvieron a brillar, recordándole su existencia. Lilith, como si reconociese ese poder comenzó a llorar. Ninguna sangre demoníaca le impidió entonces a la hechicera que la invadiese la tristeza. Su hija reconocía lo que estaba pasando y rechazaba ese ser en el que se estaba convirtiendo. La frialdad volvió a su mente cuando no pudo aguantar más la puñalada de dolor en su alma.
Unos pasos apresurados se escucharon y en ese instante la reina y la bruja entraron a la habitación. Ante sus ojos atónitos la demonesa les dedicó una sonrisa carente de alegría ni humor y desapareció de ese lugar. Ambas se estremecieron cuando leyeron algo peor que la muerte en su sombría expresión.
Raven corría a toda prisa ahora por los bosques en los que meses atrás se había encontrado con su padre. Debía dejar a Lilith en un lugar seguro, eso era todo lo que ocupada su mente por el momento. Sus poderes se estaban apoderando de ella rápidamente, como un veneno, y le quedaban apenas unas horas. Su sangre hervía ante el pensamiento de que por fin iba a destruir a su padre y sentía como su lengua pasaba inconcientemente por sus colmillos, en una actitud parecida a la de una bestia. Sabía que mientras más diera rienda suelta a esos pensamientos asesinos más rápido se transformaría. Por eso se enfocaba ahora en encontrar refugio para su hija y sabía que en aquel lugar la iba a encontrar. No era una casualidad el nombre que le había puesto ni la leyenda que le había contado a Nightwing. La hechicera Lilith de la que ella había hablado semanas atrás, realmente existía. Después de que su compañero le hubiese contado esa extraña historia sobre la manada de lobos que los había ayudado, estaba segura. Con ella podría dejar a su hija, si la hechicera optaba por ayudarla una vez más.
Continuó corriendo y llegó al claro donde se había encontrado con Trigón. Husmeó el aire y al mismo tiempo sus runas parpadearon nuevamente. Estaban reconociendo un poder que se alejaba de allí a gran velocidad. La había localizado. Invocó un hechizo y comenzó a seguir el rastro de la magia que la loba dejaba detrás hasta llegar a una cueva que ella supuso, sería donde Nightwing y ella se había resguardado de la tormenta de nieve. Esperó en la entrada pacientemente y finalmente apareció aquella a quien buscaba. Una loba negra y majestuosa salió de la cueva y clavó sus ojos verdes sobre ella.
-Sabía que ibas a venir a buscarme, Raven, hija de Trigón. Eres una hechicera inteligente.-
-Lilith…No me llames así.- Raven estuvo a punto de hacer una reverencia, pero sus inscripciones palpitaron nuevamente y el orgullo frío la quemó por dentro, impidiéndole hacerlo. Sintió una risa suave dentro de su mente y al fijarse vio que la loba la miraba, divertida.
-Está bien niña, no luches contra ti misma o la transformación se hará más rápida. ¿Por qué no, si eso es en lo que te estas convirtiendo? - Escuchó su risa nuevamente y no pudo evitar irritarse, logrando asomar el sarcasmo de la antigua Raven.
-Me alegro de que encuentres mi situación divertida.-
-Calma, calma. Estoy aquí para ayudarte. Tu túnica se oscurece rápidamente.-
-¿Qué debo hacer?- Miró hacia su cuerpo y vio que en efecto sus ropas se oscurecían lentamente mientras la transfiguración avanzaba. Por un momento la frialdad desapareció, dejando al descubierto la confusión en sus ojos. La loba cerró los suyos y negó con la cabeza.
-No puedo decirte qué debes hacer, eso es algo que debes decidir por ti misma. Si puedo darte cierta información y proteger a tu hija, que es lo que has venido a buscar.-
-¿Qué información?-
-Para eliminar a un demonio, este debe ser eliminado por otro demonio. El demonio que lo elimine pasará a tomar su lugar, manteniendo así la jerarquía de este mundo. Pero, como bien notaste, desde que los dioses se corrompieron y se encapricharon con los humanos todo se ha vuelto retorcido y complicado. Ahí reside tu esperanza. Las leyes de la magia están quebradas y todo puede ser posible. No puedes cambiar lo que eres ahora, pero sabes que no estás sola en esto.-
-…- Allí estaban nuevamente hablándole de esperanza cunado todo se venía abajo a su alrededor. Coincidían en el punto en el que los poderes que regían al mundo estaban fuera de lugar. Con decisión dejó a Lilith a los pies del animal, y en ese momento la niña le dedicó una última mirada y se durmió. Era una imagen tierna que planeaba guardar en su memoria el mayor tiempo posible. Hecho eso sintió como un peso se alivianaba de su corazón, sabía que aunque el mundo ardiese en llamas, su hija estaría bien. Giró sin decir nada más y se desvaneció en la noche, ahora solo le quedaba un paso más y sus poderes la apremiaban.
Nightwing patrullaba las calles de Ciudad Jump por última vez ese día. Se habían dedicado a buscar señales de Zatanna, pero era evidente que ella ya no volvería por ese lugar. Lo preocupaba enormemente no poder seguir los pasos de la ilusionista ni de su mentor. Pero faltaba poco, unos días más y podría sacar a Raven de esa isla. Esa noche planeaba viajar y quedarse allí hasta que ella diera a luz. A pesar de estar tan cerca del final no podía evitar pensar que el asunto se estaba volviendo oscuro. Confiaba ampliamente en Raven y sabía que ella tenía la fuerza para afrontar todo eso. Pero la impotencia lo invadía por dentro, se sentía nada más que un simple espectador de todo, al igual que la última vez. Estaba cansado de que en su vida ocurrieran estas cosas sobre las cuales no podía hacer nada más que mirar. Cómo la muerte de sus padres, como la ignorancia de Batman, como la muerte de Terra. Esos eran los momentos en los que se sentía más impotente, más inútil, más humano. Tenía que contar con que los demás sabrían resolver el asunto. Nuevamente tuvo la sensación de no saber por qué peleaba. Pero la respuesta estaba allí. Raven. Raven le daba esperanzas, Raven siempre se había mantenido fría en las situaciones complicadas (sacando cierta película de horror) al igual que él. Sin embargo, ella poseía algo que le daba la seguridad de que todo saldría bien al final, era como tener de su parte una deidad. Esa era su debilidad, no sentía justo dejar todo en manos de ella, siempre había estado sola, desde el comienzo. Por más poder que tuviese Raven, había cosas que escapaba de su control y eso los dejaba intranquilos a ambos. Se estremecía al pensar en que tal vez las amazonas descubriesen que ella se encontraba en perfecto estado. Y él nada podría hace por ayudarla, estando tan lejos. Pero ella había insistido en que iba a ser más necesario peleando junto a su amigos que postrado junto a ella.
Como la noche en la que se la encontró en aquel callejón oscuro, sintió como una sombra cubría toda la ciudad. Pero esta vez era diferente, lo sentía en el aire. La oscuridad era más espesa y apenas podía ver más allá de donde la luz artificial alumbraba. Raven había regresado. No pudo evitar sentir alegría por unos instantes, pero esta desapareció tan rápido como había llegado. Frunció en ceño. Sus sospechas se hicieron más fuertes y aceleró todo lo que pudo en dirección a la torre T. Cuando llegó dejó la moto tirada en el lugar y corrió escaleras arriba, en el ascensor tardaría demasiado. Por un momento pensó en despertar a los demás, pero si ella no lo había hecho era porque quería hablar a solas con él. Se dijo que todo iba a estar bien, que tal vez ella había logrado escaparse de la isla antes de tiempo. Tan centrado estaba en encontrarla que podía sentirla dentro de la torre y no tardó mucho en llegar a la terraza. Abrió la puerta de un golpe y se quedó petrificado ante lo que vio.
Raven estaba al borde del edificio, acurrucada en el suelo. Su cabello había crecido y sus ropas estaban hechas jirones. Una enfermiza sensación de deja vu lo asaltó y por unos momentos estuvo a punto de buscar con la mirada a Slade. Al escucharla gemir reaccionó y corrió hasta donde estaba ella, sosteniéndola en brazos. No pasaron desapercibidos su nueva ropa ni las runas que brillaban en su cuerpo. Su mirada se fijo en su abdomen y el pánico lo invadió.
-¡Raven! ¡Raven!-La llamó, pero esta no respondía, presa de un dolor que él no podía comprender. Sus ojos estaban apretados y respiraba entrecortadamente. No pudo hacer más que esperar, el grito de auxilio quedó atascado en su garganta. El dolor pasó, pero las inscripciones seguían brillando, cada vez con más fuerza. Él sentía la luz fría que emanaban rozarle la piel y quemarlo, pero se negó a soltar a su pareja. Ella finalmente abrió los ojos y le sonrió suavemente.
-Siempre terminamos en esta misma posición…-
-Raven.- Le habló en el mismo tono casi inaudible en el que ella le había hablado, por miedo a perjudicarla. Pero su propio temor se escuchaba también, no comprendía nada de lo que estaba pasando.
-Lo siento. Traté, pero no fue suficiente. Ellas lo descubrieron y no tuve otra opción.-
-¿De qué estas hablando?-Su mirada se desvió a su abdomen nuevamente.- ¿Dónde esta…?-
-Ella esta bien, esta a salvo. Pero me temo que ustedes no. Lo siento Richard. Me dijiste que siempre había que tener esperanzas, pero la verdad es que no hay ninguna para mí. Esta va a ser la última noche, todo se va a terminar finalmente.-
-Raven. ¿Qué es todo esto?-La miró nuevamente y finalmente su cerebro decidió aceptar lo que estaba negando con todas sus fuerzas.- ¡No! ¡NO! ¡Raven, no! Tenemos que ocultarte, despertaré a los otros, pelearemos contra él como la última vez.- Se incorporó de un salto con ella en brazos.
-Suéltame, te estoy lastimando.-
-No me importa.-
-Richard…-Ella suspiró y se deshizo de su abrazo. Se alejó unos pasos y con la voz quebrada siguió hablando.-Trigón no esta viniendo…yo…me estoy transformando…-
-No puedes…no… ¿Qué puedo hacer?- Se pasó una mano por el pelo, muestra de su confusión. Ella negó con la cabeza y lo miró con una ternura con la que nunca lo había mirado antes. En esa miraba había amor, pena, resignación y otros sentimientos fuertes que se sucedían desesperanzadoramente. Ella se estaba despidiendo.
-Nada. Ya esta hecho. Solo es cuestión de tiempo…y no hay mucho.-Raven se acercó y le sacó el antifaz del rostro. Quería mirar sus ojos añil por última vez. Posó su mano sobre su mejilla y continuó.-Gracias por estos años en los que me diste tu amistad. Gracias por estos meses en los que me diste tu amor. Pero ahora nada puedes hacer para cambiar lo que esta pasando. La oscuridad que me rodea ahora es tan fuerte que no puedo percibir la vida a través de ella. No hay vuelta atrás. Richard, tienes que prometerme que si sigo con vida después de esto, me matarás.- No había duda en su mirada ni en su voz y esto fue como una puñalada para Richard.
-No puedo hacer eso.-Cerró los ojos incapaz de mantenerle la mirada y puso su mano sobre la de ella, como si de esa forma lograse impedir que se alejara de él para siempre.
-Tienes que, no se cómo, pero tienes que hacerlo. No me queda mucho tiempo. Debo matar a Trigón y solo yo puedo hacerlo, si no, nunca dejará de acosar este mundo. Pero cuando eso ocurra, yo tomaré su lugar.-
-Raven, podría bajar hasta el infierno miles de veces, pero no me puedes pedir que te mate.- La última palabra salió de su boca en un susurro, como si temiese que con el simple hecho de mencionar la acción esta ocurriese y el cuerpo de su amada cayese sin vida en un instante.
-Probablemente también tengas que hacerlo, por favor. ¡Promételo! Y prométeme que una vez terminado esto, irás a buscarla, la encontrarás fácilmente.- Ahora la desesperación se hizo evidente en sus ojos y en su voz, necesitaba su promesa.
-No puedo hacerlo.-
-Tienes miedo de decir adiós, pero el camino ya esta trazado y no puedes hacer nada para cambiarlo.-
-Nunca pude hacer nada para cambiarlo…Raven, no voy a hacerlo.-
Ambos se acercaron a la vez y sus bocas se unieron en un adiós desesperado. Ella trataba de transmitirle la tranquilidad que no tenía y él lo único que quería era retenerla con sigo. La apresó en un abrazo y ella lanzó un quejido y se vio obligada a pegarse más contra su cuerpo. No podía seguir allí más tiempo, quien sabe que destrucción causaría su transformación. Repasó en su mente esos pocos años en los que había habitado en la torre, con sus amigos. Chico Bestia la había hecho reír algunas veces, a pesar suyo, Star había sido su primera amiga en la que podía confiar cosas que no le podría haber confiado a nadie más, Cyborg era como un hermano para ella y Richard…Había confiado en ella, le había dado su amistad y su amor. La había salvado y le había dado esperanzas pero sentía como si hubiese tirado todo eso que él le había dado al pozo más profundo del infierno. No podía seguir forzándolo de aquella manera, no cuando ya no había nada más que hacer. Puso toda su alma en ese beso, en ese último beso.
Sus manos se deslizaron hacia su espalda y separó las de él de ella deshaciéndose lentamente de su abrazo. Sabía que lo estaba quebrando por dentro, pero él era fuerte, confiaba en que se recuperaría y llevaría acabo su última voluntad. ¿La odiaría después de esto? El pensamiento de que tal vez, algún día iba a resarcirse por todo el daño que le estaba causando cruzó por su mente, y eso le dolió más que nada. Porque sabía que nunca podría hacerlo. No sabía que clase de atrocidades y horrores se encerraban en su retorcida sangre oscura, esperando por salir. Tal vez al final podría perdonarla…
Se separó de él y con una última mirada desapareció. Richard se quedó allí con un sentimiento de vacío llenando todo su ser y un gusto agridulce en los labios. El viento sopló frío, calmando las quemaduras que sentía por todo su cuerpo al haber estado en contacto con la terrible magia de la hechicera. Pero nada era peor que el dolor que sentía en su alma, solamente una vez en su vida hubiera sentido una herida tan profunda en su corazón y eso fue cuando había sido apenas un niño. Los rayos de la luna lo bañaron y en ese momento vio resplandecer algo en su mano. Sin que él se diera cuenta, ella le había deslizado un colgante en la mano. Lo miró y estuvo a punto de lanzarlo con furia hacia el mar, pero entonces vio las lágrimas en su pecho. Raven nunca lloraba. Sus lágrimas lo quemaron entonces más que cualquier magia, recordando lo que segundos atrás ella le pedía. ¿Realmente lo creía capaz? ¿Realmente creía que tenía esa fortaleza?
Pues no, no la poseía.
-¡No puedo matarte!-Gritó hacía la nada y se quedó allí, solo, sin saber que hacer, esperando.
Raven apareció en la isla y la estaban esperando. Un ejército de amazonas encabezado por su reina y la bruja Circe le impedían el paso al templo de Hades y a las puertas del Tártaro. Sonrió sepulcralmente y ambas mujeres se estremecieron, recordando la promesa que les había hecho antes de partir. Por más de que su miedo se sentía en el aire, Circe tuvo el descaro de hablar.
-Veo que fuiste lo suficientemente estúpida como para romper mi hechizo. ¡Y planeas destruir todo el mundo! Pues no te dejaremos pasar.-
Comenzó primero por una sacudida de hombros, después por una risita y finalmente terminó en una carcajada macabra que resonó por todo el lugar. En su mirada apenas había un rastro humano, y este era de cínica diversión.
-¡No me hagas reír, Bruja! Todas aquí sabemos que no tienen oportunidad contra mí, por más súper fuerza que tengan. ¡Someterme ante tus dioses! ¿Realmente creyeron que estaban a mi altura como para lograrlo?-Sus palabras sonaban crueles y lo poco que quedaba dentro de su verdadero ser se asustó de lo que se estaba convirtiendo.
-Deja de hablar, demonesa engreída. Ya verás como cae sobre ti la furia de los dioses.-Respondió la reina Hipólita con una valentía que no se la creía ni ella y dio señal de ataque. Las amazonas comenzaron la carrera hacia su objetivo mientras Circe inició la invocación de su magia. Pero Raven sonrió nuevamente y apenas con tres palabras liberó todo su poder sobre ellas. Las amazonas y la bruja cayeron paralizadas por tiempo indefinido en el suelo.
Raven lanzó un suspiro pero no pudo evitar la satisfacción que le producía ver a todas aquellas que la habían querido controlar atrapadas bajo su magia. Comenzó a caminar entre los cuerpos inertes mientras las runas palpitaban cada vez más seguido. Miró con indiferencia el rostro de sufrimiento de Antígona, que se encontraba al final de todo el ejército. Seguramente habría querido guardar la puerta, que ingenua pensó Raven, negando con la cabeza. Poco y nada quedaba ya de su humanidad. Las runas ahora brillaban constantemente. Se acercó finalmente a la puerta del infierno y el símbolo que la sellaba reaccionó a su magia, desarmándose lentamente. Entonces, allí, en el último momento de conciencia trató de llamar los recuerdos más valiosos que tenía. Pero por más que trató, ninguno de los chistes de Chico Bestia apareció en su mente, ninguna de las risas de Star, ninguno de los consejos de Cyborg. Lilith se rehusó a mirarla a los ojos de la memoria y las caricias de Richard eran apenas la sombra de un fantasma que asomaba por su mente. Nada. Estaba sola en la oscuridad que era suya propia y esa era la única seguridad que tenía ahora. Seguridad de que ya no tenía nada.
Llevó sus manos hacia su rostro y sintió las lágrimas que corrían por sus mejillas. Miró en sus manos esos cristales salados con extrañeza, como si nunca hubiese escuchado hablar del llanto. Lloraba porque ya no había esperanza, pero esto ya no le significaba nada, se sintió menos humana de lo que se podría sentir nunca a conciencia pero ya nada pudo hacer. De un empujón abrió las puertas y al atravesarlas todos sus sentimientos se transformaron en helada piedra. Su túnica, o lo que quedaba de ella, mostraba ya un color gris oscuro, casi negro. Comenzó a caminar dentro del Tártaro y las puertas se cerraron con un fuerte estruendo, llevándose con sigo para siempre a Raven, la mitad demonio, hechicera, madre, amante y Titán.
Bueno, queridos lectores....si me matan nunca sabran el final, asi que abstenganse de dañar a su humilde servidora, si? n,n Por favor no desesperen, en un mes viene el proximo capítulo, que ya esta empezado! Asi que no temais!!!
Sin más palabras, los dejo tristes.
Demoness Raven
