CAPÍTULO 13: TERROR NOCTURNO.
(Voz de Isa)
Esta noche apenas dormí. A pesar de estar herida y cansada, no podía dormir. ¿Casualidad? No, deseo de proteger, deseo de ayudar… incertidumbre ante el peligro que se avecinaba.
Yo estuve tensa todo lo que quedaba de día. De hecho, poco antes de que anocheciese comencé a correr de un lado a otro para ir encendiendo faroles por todo el barco.
"Oye, ¿para qué pierdes tiempo en eso?" Me preguntó Zorro cuando me vio colgada de una cuerda. "Deberías estar descansando."
"Bueno, solo sigo un protocolo." Dije colgándome boca abajo como un mono para seguir encendiendo faroles. "Todas las luces encendidas antes de la noche."
"Eso es solo una tontería." Le dije yo. "¿Acaso te da miedo la oscuridad?"
"Cuando estemos fuera de aquí no me lo dará." Dijo cambiándose de cuerda para iluminar más área del barco. "Pero por ahora creo que lo más seguro es que hagamos esto."
"¿Pero qué manías son esas?" Preguntó Usuff a Zorro.
"Bah." Dijo Zorro. "No es más que una tía con unas manías muy raras."
Era divertido ver que esa gente pasaba de todo. No me importaba qué dijesen de mí, eran mis amigos. O eso quería yo pensar.
Antes de perder todo y asentarme en tierra, lo único que me importaba es que la gente a la que atacábamos no fuese muy malherida. Y me daba igual que la gente pensase que yo era un temible y masculino pirata; al fin y al cabo solo contribuían a que mi leyenda de ser un pirata sanguinario y muy peligrosa; y eso me beneficiaba.
"Oye, ¿ya no ves el anochecer?" Me preguntó Luffy desde el puesto de vigía.
"No, ahora no tengo tiempo." Contesté encendiendo el último farol de la parte trasera, ya solo faltaba encender los de la parte frontal. "Mierda… ha anochecido antes de lo que esperaba…"
Entonces oímos unos gritos extraños.
"Han debido de enterarse de que estamos en la ruta…" Murmuré yo.
"Quiénes." Preguntó Luffy estirando su cabeza hasta ponerla a mi lado.
"No lo sé." Contesté quedándome tan tranquila. "Pero sea lo que sea no me gusta, y estaba muy cerca."
Era cierto, antes de que pudiese darme cuenta o hacer nada para evitarlo, habían llegado a los alrededores de la nave.
"¡Volved todos a la luz!" grité tirando del cuello de Luffy para bajarlo a la cubierta mientras él se quejaba de mi brusquedad.
Nami y Sanji gritaron al ser atacados en la oscuridad. Entonces yo cerré mis ojos y me concentré colgada bajo uno de los faroles. Agarré la pistola de mi muñeca derecha y apunté a ciegas. Solo hice dos tiros y oí los gritos de mis compañeros al ser soltados de nuevo sobre la cubierta.
Entonces abrí los ojos. "¡Usuff, algo inflamable y rápido!"
"Vamos a cazar bichos." Dijo Luffy riendo.
"Ten." Dijo Usuff tirándome un paquetito de proyectiles inflamables.
Era algo que necesitaba rápidamente. Cargué los proyectiles en mi arma y comencé a disparar.
Entonces volví a cerrar los ojos y disparé. Apunté a los monstruos nocturnos.
(Voz de Zorro)
Como media hora tardó acabar de echar a los monstruos, lo justo que costó encender todos los faroles.
Y cuando esto pasó vimos a nuestra médico caer sobre lo que parecía un pajarraco con piel de murciélago y medio cuerpo humano sobre el cuerpo de pájaro.
Escalofriante.
"Por eso es importante encender las luces antes de anochecer." Dijo ella levantándose.
No me hacía especial ilusión verla sangrando por haber encendido los malditos faroles por todo el barco.
"Mientras halla zonas iluminadas los bichos no nos atacarán." Dijo ella. "Por eso convendría que hubiese alguien vigilando, capitán."
"No sé… también tenemos que dormir…" dijo Luffy.
"Yo misma me ofrezco a hacer el primer turno." Dijo ella. "Vigilaré por ocho horas, pero si no os importa, alguien debería relevarme después de ese tiempo."
"Pero al menos cena algo antes, ¿no?" Me dijo Sanji. "Te prepararé algo que te dé energía y sepa bueno."
Ella entonces sonrió y afirmó. Luffy también sonrió y se apoyó en la barandilla.
"Si no te importa, yo seré el que continúe con la vigilancia." Dije entonces sonriendo.
"Después de cuatro horas."
"Pues yo haré las siguientes cuatro horas." Dijo Usuff.
Así era, si Luffy lo permitía no íbamos a ser menos. Y lo de que una mujer hiciese un turno tan largo como lo que quería hacer la loca de la médico era algo que ninguno de nosotros (sin contar a Luffy que era un empanado de la vida) podíamos aceptar.
"Bueno, Sanji." Dijo Luffy. "¿Serán esos bichos comestibles?"
"Con una sartén suficientemente grande yo creo que podría hacer un buen estofado."
"No te comas la parte humana." Dijo la chica. "Ni las patas ni alas de el otro. Ningún ala. Son tóxicos."
"Bueno, pues yo me voy a acabar de hacer la cena." Dijo Sanji.
Cada uno se fue a continuar con sus tareas y en tanto, la pelirroja fue a curarse un poco. De nuevo usó productos que hacía ver a los que la viéramos que dolía que te tocasen esos bichos.
Después de eso, cenamos y tras cenar cada unos se fue a su cuarto para descansar y yo me quedé en cubierta. Pensaba dormir en cubierta para estar listo cuando me tocase el relevo.
Así pues vi cómo la chica cogía una daga y una tela de desecho y comenzaba a despellejar y cortar carne de los bichos uno a uno; con cuidado, como si estuviese operando a los bichos en vez de cortar trozos aprovechables.
Trozo a trozo, fue echando los trozos grandes de carne comestible a la tela para hacer un montón de comida.
En cambio echó sangre a unos botes y echó también garras, uñas, ojos y otros productos a diversos botes para a saber qué.
"Oye, deja que Sanji se ocupe de eso." Le dije.
Ella ni siquiera me miró pero sonrió. La cubierta estaba en silencio, así que podía oírse su voz aunque fuese tan suave como entonces.
"No quisiera que os intoxicaseis por comer lo que no debéis." Dijo sonriendo. "¿Quieres ayudar?"
"¿Por qué no?" pregunté incorporándome para ver cómo una daga volaba a clavarse junto a mi mano. "Gracias por eso."
Ya sabía que no pretendía darme, solo proporcionarme un cuchillo para trabajar.
Con cuidado y paciencia fue contándome dónde y cómo cortar la carne del otro bicho. Al cabo de un poco llegó Sanji y le cedí el puesto para echarme a dormir un rato.
(Voz de Sanji)
"Ahora cuando llegues a esa zona hay que tener cuidado." Me dijo la chica sonriendo mientras con cuidado cortaba un trozo. "Nunca cortes mucho por aquí porque tienen una bolsa de veneno… ah, aquí." Dijo palpando hasta encontrar lo que buscaba, entonces cogió un bote y le puso un tapón con aguja para recoger lo que parecía un líquido verduzco amarillento que comenzó a manar a la botella cuando ella pinchó entre sus dedos.
Era asombroso cómo ella parecía conocer todos los bichos con los que nos cruzábamos. No solo sabía curar, cocinar, cazar a mano, manejar armas de todo tipo y una larga lista de tareas y habilidades, sino que además parecía saber mucho sobre bichos que nosotros ni conocíamos.
Tras un buen rato teníamos ya una montaña de carne separada de los huesos limpios y ensangrentados, el pellejo y unas cuantas cosas que ella había separado porque no servían para comer y al parecer a ella le interesaba para convertir en otras cosas. Botellitas con sangre y veneno de los bichos…
Y Zorro estaba ya dormido profundamente.
"Vale, esto es todo lo que podemos aprovechar para comer." Dijo ella sonriendo cubierta de sangre y fluidos de los bichos. "En fin, talvez deberías ir a dormir."
"Bueno, bueno." Dije yo. "Me duele un poco ver que mis compañeras os rompéis los codos trabajando tan tarde…"
"A mí no me importa." Me contestó sonriendo mientras se limpiaba un poco con un trapo suelto. "Esto me recuerda a cuando yo navegaba en mi propio barco."
"Ah, claro. Olvidaba eso." Afirmé. "Debe ser duro para ti el ir en un barco como tripulante."
"No." Dijo tras pensarlo. "Ir como tripulante aquí tiene sus ventajas."
"¿Cómo?"
"Secreto." Dijo haciendo el gesto y guiñándome un ojo.
Esa chica era un poco rara, ocultaba algo y ni se molestaba en ocultar que ocultaba algo.
Aunque todas las mujeres si eran un poco misteriosas tenían doble encanto.
La vi trepando al mástil hasta el puesto del vigía.
"Zorro." Le dije al pasar por su lado reparando que había dejado de roncar. "Vigílala un poco tú también."
Pude ver cómo el espadachín sonreía pero no dijo nada. Talvez Nami no andara tan desencaminada al decir que eran tal para cual.
